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25 La Revolución Rusa en la filosofía de la historia de György Lukács

Nahuel Alzu[1]

Resumen

El presente trabajo tiene por objetivo mostrar el lugar que ocupa el acontecimiento de la Revolución Rusa en la concepción de la historia que subyace a dos textos de György Lukács: su célebre Historia y conciencia de clase [HCC] (1923) y su monografía sobre Lenin (1924). Me propongo demostrar cómo este acontecimiento histórico se presenta allí como modelo de la conjunción dialéctica entre teoría y praxis que constituye el núcleo del materialismo histórico lukácsiano. Comenzaré así por desarrollar la filosofía de la historia que podemos encontrar en HCC fundada en dos concepciones del trabajo, para poder dar un marco a la “teoría de la revolución” que a ella subyace. De este modo, delimitaré el marco teórico para el cual la Revolución rusa aparece como el modelo histórico que encarna el pasaje desde una concepción burguesa y reificada de la historia, hacia una concepción de la historia basada en la correcta comprensión de las relaciones humanas y con miras a la emancipación del hombre. En este contexto, la división bolchevique del Partido y su principal exponente, Lenin, se revelarán como los únicos que fueron capaces de guiar a las masas hacia la realización concreta de esta “nueva y auténtica historia” y de interrumpir así por primera vez el curso ciego de la historia reificada del hombre moderno.

1. Introducción

Sin lugar a duda, la Revolución Rusa constituyó un acontecimiento fundamental para la formación no sólo política sino también teórica y filosófica de György Lukács. El presente trabajo tiene por objetivo mostrar el lugar que ocupa este acontecimiento histórico en la concepción de la historia que subyace a dos de sus textos de la década del 20: Historia y conciencia de clase (1923) y su monografía sobre Lenin (1924). Para ello, propongo la hipótesis de que la Revolución Rusa se presenta en ambos textos como un acontecimiento histórico que actúa como modelo de la conjunción dialéctica entre teoría y praxis que constituye el núcleo mismo del materialismo histórico tal como es concebido por Lukács. Así, comenzaré por analizar HCC, para mostrar cómo se pueden encontrar en esta obra dos concepciones de la historia vinculadas a dos concepciones del trabajo: el trabajo abstracto, tal como se presenta en la inmediatez reificada de la modernidad capitalista, y el trabajo concreto, captable sólo dialécticamente y cuyo despliegue es la clave para la emancipación del proletariado y con él, de la humanidad. Así, cada una de estas concepciones se mostrará estrechamente ligada a una forma de comprender la historia: una primera forma, vinculada al trabajo abstracto, que se expresa en la realidad inmediata de la historia moderna capitalista y cuyo despliegue es inconsciente para los sujetos que la hacen; y una segunda forma, ligada al trabajo concreto, que podríamos vincular a una idea de historia como realización de la libertad del hombre. En este contexto, el pasaje de una de las formas de comprender la historia a la otra para el joven Lukács sólo podrá ser llevado a cabo por el proletariado a través de la toma de conciencia de la totalidad dialéctica que comprende a la sociedad moderna y su devenir histórico. En esta instancia, el lugar del Partido como mediador de esa toma de conciencia resulta fundamental, pues sólo a través de su acción podrá el proletariado llegar a trascender la inmediatez propia de la cotidianeidad capitalista; en este marco, se verá que puede considerarse con justeza que la Revolución Rusa y su principal exponente teórico-práctico, Lenin, se presentaron a Lukács como el modelo histórico que supo encarnar la conjunción de la teoría y praxis que permitieron el desgarramiento del velo de reificación capitalista, e inauguraron así, un nuevo rumbo en la historia.

2. La concepción de la historia en HCC

Para entender el lugar que la Revolución Rusa ocupa tanto en HCC como en el Lenin de Lukács, se hace necesario presentar la comprensión de la historia que opera en ambos textos. Partiré de la concepción desarrollada por Antonino Infranca según la cual HCC ofrece una perspectiva fenomenológica del despliegue de la conciencia proletaria, una “ciencia de la experiencia de la conciencia” (Infranca, 2005, p. 263) similar a la Fenomenología del espíritu hegeliana, de modo que la exposición del concepto central de esta obra, la reificación (Verdinglichung), presupone “ontológicamente” una concepción del trabajo que es posible reconstruir a partir del texto. Considero que podemos rastrear una doble concepción del trabajo (Arbeit) dentro del texto lukácsiano que actuará de motor/fundamento del accionar de los hombres que constituye la historia: el trabajo comprendido en su sentido abstracto, tal como lo encontramos inmediatamente en la sociedad capitalista; y el trabajo considerado en su sentido concreto, el cual será la clave para pensar la emancipación del proletariado y con él de todo el género humano.

En primer lugar, nos encontramos con el trabajo abstracto, “propio de la división capitalista del trabajo (…) medible con exactitud siempre creciente por el tiempo de trabajo socialmente necesario” (Lukács, 2013, p. 193), aquel aspecto del trabajo que, como mostró Marx en El capital determina el valor de las mercancías[2]. Este sentido del trabajo tiene la particularidad de ser a la vez producto y presupuesto de la producción capitalista de mercancías, pues si bien puede ser considerado como efecto de la abstracción y racionalización del proceso de reificación que permea todas las formas objetivas y subjetivas de la sociedad moderna, dicho proceso no deja de estar guiado a su vez por el principio del cálculo surgido históricamente con la concepción del trabajo propia de este modo de producción. Frente a esta forma del trabajo, nos encontramos también en HCC con una segunda concepción que podemos vincular al trabajo entendido en un sentido emancipador: el trabajo concreto,

el especial carácter objetivo del trabajo como mercancía, su ‘valor de uso’ (su capacidad de suministrar plusvalía), que, como todo valor de uso, desaparece sin dejar huellas en las categorías cuantitativas del trueque capitalista (Lukács, 2013, p. 295).

Ahora bien, sólo al captar la totalidad de las mediaciones que constituyen lo empírico en la sociedad capitalista podemos acceder a su comprensión y desgarrar así el velo de la reificación que nos presenta los productos de las relaciones sociales como meras relaciones entre cosas.

Estas dos concepciones del trabajo traen aparejadas dos formas de comprender la historia. En la inmediatez de la sociedad moderna vemos el proceso histórico como producto del despliegue ciego de las fuerzas productivas expresado en la forma del trabajo abstracto, pues en la sociedad capitalista el hombre se enfrenta con su propio trabajo enajenado como si fuera algo completamente independiente de él; de esta manera conforma una objetividad que “lo domina a él mismo por obra de leyes ajenas a lo humano” (Lukács, 2013, p. 191). Frente a este proceso, al individuo sólo le queda reservado el lugar de la mera contemplación de los hechos, la total pasividad; de modo que la facticidad de “la existencia y el ser-así (Dasein und Sosein) de la sociedad burguesa cobra el carácter de una ley eterna de la naturaleza”, completamente ajena al hombre. Así, el pensamiento burgués, inmerso en la reificación, sólo puede acercarse a la comprensión del presente ahistóricamente, sin poder darle sentido a los hechos históricos en tanto sólo puede tomarlos como independientes e inconexos.

Frente a esta situación, sólo es posible darle sentido a los diversos acontecimientos mediante la captación de la totalidad del proceso histórico, a través de la comprensión de que los hechos de la realidad inmediata son momentos de la totalidad, el resultado de múltiples mediaciones, y poder desgarrar así el velo de la reificación. Es precisamente la concepción concreta del trabajo, en tanto nos muestra su capacidad de suministrar plusvalía, la que nos permite ver las relaciones sociales que constituyen la totalidad histórica y que se esconden bajo las supuestas relaciones entre cosas que se nos presentan de manera inmediata (Lukács, 2013, p. 295). En este contexto, sólo una clase se revela capaz de captar de esta manera el todo histórico: el proletariado[3].

3. La “teoría de la revolución” en HCC

Ahora bien, como plantea Lukács, la historia se muestra como “el producto inconsciente hasta ahora (…) de la actividad de los hombres mismos” (Lukács, 2013, p. 316); esto implica que, para captar la posibilidad de que el curso de la historia pueda direccionarse hacia la emancipación, nuestra comprensión del rol de la consciencia de la clase trabajadora será fundamental. Como vimos, la emancipación del proletariado y con él de todo el género humano, no se encuentra en la continuidad del despliegue de las “leyes históricas”, pues:

la acción no obstaculizada de esas leyes (…) no llevaría a la desaparición del capitalismo, a la transición al socialismo, sino que, pasando por un largo período de crisis, guerras civiles y guerras mundiales imperialistas a niveles cada vez más generales, conduciría ‘a la catástrofe simultánea de las clases en lucha’, a una nueva barbarie. (Lukács, 2013, p. 440).

En este punto se muestra crucial la cuestión de la decisión, Entscheidung, del proletariado en cuyas manos queda el destino de la sociedad (Lukács, 2013, p. 446). El desarrollo de las fuerzas productivas del capitalismo, es decir, el trabajo abstracto que opera en la realidad reificada, pone en las manos del proletariado la posibilidad objetiva –el momento de crisis del capitalismo– que hace posible dar el primer paso hacia el socialismo. En esta circunstancia la novedad es que

el proletariado (…) tiene la posibilidad de utilizar conscientemente las tendencias existentes del desarrollo para dar al desarrollo otra dirección, (…) la regulación consciente de las fuerzas productivas de la sociedad. (Lukács, 2013, p. 448).

es decir, de iniciar el camino hacia el socialismo.

El único capaz de dar este paso conscientemente es el proletariado; ahora bien, confiar en la posibilidad de que éste pudiera hacerlo en la sociedad capitalista, donde vive preso del proceso de reificación, es caer en el idealismo y la mitología. Frente a este problema, surge la necesidad de un tercer elemento mediador: el partido. Así, la toma de conciencia del proletariado –el “punto práctico de transición” (Lukács, 2013, p. 306)– sólo es posible a través de la mediación necesaria de la vanguardia consciente. Su función es precisamente poder captar las condiciones objetivas que posibilitan la revolución y preparar al proletariado para su intervención activa en la historia, facilitándole así la tarea que está destinado a realizar: inaugurar la verdadera historia humana, el comienzo de la era en la que las fuerzas productivas y todo su potencial quedan al servicio de la liberación humana.

4. El modelo de la Revolución Rusa

Como sabemos, la Revolución Rusa fue un acontecimiento de un peso importantísimo en la biografía intelectual de György Lukács[4], tal que puede ser considerada como la causa de una “conversión” del pensador al marxismo. Si bien al comienzo de este proceso su pensamiento mantuvo aún un fuerte sesgo idealista -lo que marcó su etapa “mesiánico-revolucionaria”- ya en diciembre del año 1918 Lukács ingresa al Partido Comunista Húngaro y apoya enérgicamente al bolchevismo. En este contexto, la Revolución Rusa puede ser interpretada como modelo de los siguientes desarrollos teóricos lukácsianos, presentes tanto en HCC como en su Lenin de 1924. En ambos textos, la Revolución rusa puede ser vista como la encarnación histórica de la unidad buscada entre teoría y praxis, que la sociedad capitalista y su reflejo teórico, la filosofía burguesa, intentan constantemente sin éxito alcanzar.

En Lenin, Lukács se propone mostrar la superioridad del máximo dirigente de la URSS no sólo como político sino también como teórico, justamente por haber sido el único hombre de su época capaz de comprender la intrínseca unidad entre la teoría y la práctica a la hora de pensar la sociedad contemporánea. El texto comienza con un análisis de la situación de Rusia en los años previos a la revolución; allí nos dice que el estado de cosas presenta las condiciones objetivas para la irrupción de una revolución, sólo que el sentido que esta pudiera presentar depende, precisamente, de la decisión del proletariado de asumir su destino. Así, una vez que se hubiera asumido la actualidad de la revolución –cuya comprensión al ver las tendencias históricas tras los meros acontecimientos fue el gran aporte del genio de Lenin (Lukács, 2014, p. 33)– la cuestión central era “establecer qué clase social está llamada a ser el verdadero motor de la revolución rusa” (Lukács, 2014: 41). Nuevamente aquí, la particularidad de la situación del proletariado es lo que determina su misión histórica de convertirse en el agente de la revolución y así dirigir las tendencias de la historia hacia la emancipación. En el contexto ruso, es el proletariado frente a los otros sectores sociales oprimidos, principalmente el campesinado, el único sector capaz de obtener una auténtica consciencia de clase y de dar a la revolución un sentido realmente beneficioso para todos estos sectores (Lukács, 2014, p. 47).

En este sentido, como detalla Lukács en su defensa de HCC, el campesinado se muestra como un sector vacilante ya que “la relación entre su ser social y su conciencia (…) es esencialmente distinta a la de las otras clases” (Lukács, 2015, p. 59), pues, parafraseando a Marx, el campesino como dueño de los medios de producción es capitalista, pero como trabajador es a la vez su propio asalariado (Lukács, 2015, p. 57). Sin embargo, si bien el proletariado está destinado a vehiculizar a las otras clases oprimidas, tal como se consigna teoréticamente en la “teoría de la revolución” de HCC, éste no se muestra capaz de realizar su misión sin la mediación del partido, pues vive preso de la reificación y su conciencia inmediata encuentra innumerables obstáculos para captar el todo histórico. En esta situación, la conciencia del movimiento bolchevique de que la mera evolución de las fuerzas económicas nunca lleva a la revolución, y de que una situación revolucionaria no aprovechada termina por decantar en la dirección opuesta (Lukács, 2014, p. 60), hace su consagración como auténtico partido dirigente. Como tal, su función no es crear la situación de la revolución, pues esta situación es un producto del despliegue histórico de las fuerzas productivas, de la historia producida por los hombres de manera inconsciente, movida por trabajo abstracto. El rol del partido consiste en, en palabras de Lukács: “prever la dirección que tomará el desarrollo de las fuerzas económicas objetivas [y] en función de esta previsión, (…) preparar, dentro de lo posible, a las masas proletarias para los desarrollos futuros (…) en el plano intelectual y organizativo” (Lukács, 2014, p. 59). Es justamente ésta la manera de volver la teoría puramente dialéctica: en manos del partido “la teoría tiene que convertirse en guía de cada paso práctico de la vida cotidiana” (Lukács, 2013, p. 470), es decir, debe realizar la superación de la contraposición entre teoría y práctica en tanto se ha tornado una teoría puramente dialéctica. Y es Lenin “el primer líder teórico importante que encaró el problema central desde el punto de vista teórico y decisivo desde el punto de vista práctico: desde el ángulo de la organización” (Lukács, 2014, p. 52).

Precisamente, la escisión entre teoría y praxis, propia del pensamiento no dialéctico y producto de la reificación, es profundamente estudiada en varios ensayos de HCC. Su formulación teórica más clara se presenta en la filosofía kantiana (Lukács, 2013, p. 241) pero su influencia alcanza a varios partidos que se presentan a sí mismos como socialistas. En el contexto de la Revolución Rusa, el ala oportunista del menchevismo se presenta como la representación de esta escisión en el plano organizativo, tal como previamente lo supo exponer Rosa Luxemburgo en su crítica a la Revolución Rusa (Luxemburgo, 2013, p. 28). De este modo, Lukács define a los partidos mencheviques como “la expresión organizativa de esa crisis ideológica del proletariado” (Lukács, 2013, p. 449): sus alianzas no resultan de una visión estratégica de la situación sino de la falta de claridad para constituir una línea de clase autónoma (Lukács, 2014, p. 57). Frente a ellos, sólo la rama bolchevique es capaz de unir dialécticamente teoría y praxis y orientar así al movimiento obrero.

5. Algunas consideraciones finales

Como pudimos ver, la concepción de la historia del joven Lukács y su teorización de la revolución, expuestas en los dos primeros apartados, encuentran en la Revolución Rusa un modelo de histórico: la teoría se torna dialéctica, se hace práctica, en el instante en que acontece la decisión del proletariado para actuar conscientemente y aprovechar las tendencias de la historia en su favor, en el instante en que triunfa el movimiento bolchevique y toma el poder político. Sin embargo, este momento dista aún mucho de la realización del socialismo: como plantea Lukács en Lenin, la lucha contra la burguesía aún no ha terminado, “la conquista del poder estatal es tan sólo una fase de esa lucha” (Lukács, 2014, p. 98), pues “el proletariado continúa, dentro del sistema soviético estatal, la lucha que había llevado antes contra el poder del Estado capitalista” (Lukács, 2014, p. 96). En este punto la educación de las clases explotadas para su intervención autónoma en la vida del estado es una tarea fundamental del nuevo estado soviético. Sólo a través de la concientización de las masas se podrá vencer la reificación que aún continúa presente, pues la conciencia es sin duda para Lukács la mediación necesaria entre los hombres, su trabajo y la historia. La toma del poder por parte del proletariado se muestra así como el primer paso hacia el socialismo, hacia la realización del reino de la libertad; por este motivo, Lukács mostrará un compromiso con el socialismo a lo largo de toda su vida, compromiso que no se presentará como un apoyo acrítico a las políticas de la URSS[5], pues como plantea en las últimas páginas de su obra de 1923, los miembros del partido “están en situación de y están incluso, obligados a empezar inmediatamente su crítica, a formular inmediatamente sus experiencias y sus reservas” (Lukács, 2013, p. 474).Sólo a través de la autocrítica –tanto a nivel partidario como a nivel persona– puede evitarse la cristalización del pensamiento y la caída en el dogmatismo.

Referencias

Infranca, Antonino (2005), Trabajo, individuo, historia. El concepto de trabajo en Lukács. Buenos Aires: Herramienta.

Löwy, Michäel (2014), El marxismo olvidado (R. Luxemburg y G. Lukács). La Plata: Dynamis.

Lukács, György (1989), El hombre y la democracia. Buenos Aires: Contrapunto.

Lukács, György (2013), Historia y conciencia de clase. 2ª edición. Buenos Aires: RyR.

Lukács, György (2014), Lenin, 2° edición. Buenos Aires: RyR.

Lukács, György (2015), Derrotismo y dialéctica: una defensa de Historia y conciencia de clase. Buenos Aires: Herramienta.

Luxemburgo, Rosa (2013), La Revolución Rusa. Buenos Aires: Anagrama.

Marx, Karl (2000), El capital, vol. 1. Madrid: Akal.


  1. Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. Email: nahuel.alzu@gmail.com.
  2. Sobre la doble caracterización del trabajo, explica Marx en El capital: “Por un lado, todo trabajo es gasto de fuerza de trabajo humana en el sentido fisiológico, y en esta calidad de trabajo humano igual o de trabajo abstractamente humano constituye el valor de las mercancías. Por otro lado, todo trabajo es gasto de fuerza de trabajo humana en forma específica y determinada por su fin, y en esta calidad de trabajo útil concreto produce valores de uso” (Marx, 2000, p. 70).
  3. Esta concepción de la historia como totalidad es accesible sólo al proletariado por dos razones. En primer lugar, porque es justamente la constitución del trabajo abstracto mediante el proceso por el cual el trabajador se objetiva en mercancía la que produce una escisión del ser del trabajador entre objetividad y subjetividad, y vuelve así esta situación susceptible de conciencia (Lukács, 2013, p. 294). En segundo término, la posición que ocupa el proletariado como mera mercancía, la “pura negatividad abstracta de su existencia” (Lukács, 2013, p. 299), permite que su autoconocimiento se revele, en tanto conocimiento, como algo práctico, pues altera por sí mismo la estructura objetiva del objeto de su conocimiento (Lukács, 2013, p. 295). Sólo así, el proletariado puede mostrarse como sujeto-objeto de la historia, y darle así una orientación emancipadora a su curso, en tanto descubre su sentido dialéctico.
  4. Según testimonios recogidos por Michel Löwy, el joven ensayista romántico Lukács saluda a la revolución rusa en 1917 como la realización de los primeros pasos para llevar a la humanidad hacia una instancia superadora del orden burgués, “hacia un mundo libre, en el que de nuevo reina el Espíritu y en el que el Alma puede, al menos, vivir” (Löwy, 2014, p. 53).
  5. Hacia el final de su vida Lukács siguió expresando su preocupación por que los estados soviéticos recuperen el proyecto de la “democracia socialista” que es el único camino “hacia el fin de la prehistoria de la humanidad”, tal como expresó en su póstumo Demokratisierung heute und morgen (Lukács, 1989, p. 176).


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