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Séptima narrativa: lenguaje oral y gestual como reproductor de binarismos en la motricidad

Lorena Berdula y Agustín Chiberry

Palabras claves: lenguaje oral, lenguaje gestual, masculinidad, feminidad, motricidad binaria.

Situación a compartir: un profesor de primaria entra al aula y comienza su clase de este modo: dice “Hola, chicos”, y pregunta cómo pasaron el fin de semana, pasa lista primero a los varones y luego a las mujeres, los lleva al patio y automáticamente se forman en hileras de mujeres y varones. Uno de los varones se ubica en la hilera de las mujeres y un compañero le dice: “No se puede formar allí porque es varón”. Otra compañera le contesta: “No importa que sea varón o mujer, tenían ganas de estar juntos”. El profesor no interviene en ese diálogo y sigue caminando hacia el patio. Cuando otro estudiante le pide al profesor llevar las pelotas y otra estudiante le pide lo mismo, le dice a la chica: “No, lo pidió antes el compañero”. Entonces ella le pide llevar los aros y el profesor le dice nuevamente: “No, porque son muy pesados”. La estudiante pone cara y sigue dirección al patio.

Comienza con la clase propiamente dicha en el patio de la escuela y reparte el material deportivo. Los varones se pelean por las pelotas y las mujeres se organizan con los aros. Luego de que jueguen por separado, se observa que los varones ocupan la mayor parte del patio, mientras que las mujeres solo un lateral. Las mujeres se cansan de jugar con los aros y disputan las pelotas con algunos de los varones que no las quieren compartir; los varones les dicen a las mujeres: “Las chicas no juegan a la pelota, no molesten más, dejen jugar en toda la cancha”. Las mujeres que estaban interesadas en jugar con la pelota les dicen: “Nosotras también queremos jugar, tenemos ganas de jugar”. Una les cuenta que la tía juega en Boca (el equipo de Primera División de Fútbol profesional de AFA), otra dice: “La profesora del otro primero es directora técnica”. Van a reclamarle al profesor.

El profesor les invita a jugar juntos con las pelotas y los aros, y algunos varones manifiestan no querer jugar con las chicas porque no saben, algunas chicas dicen no querer jugar con ellos porque son brutos, y una minoría compartió sin problemas juegos entre quienes tenían pelotas y quienes tenían aros. Se observa algunas intervenciones orales del profesor durante el desarrollo de la clase: “Jugás tan bien con la pelota que pareces un varón”, mientras que le palmea la espalda; “Las chicas no se pegan”, mientras que los varones sí lo hacen con frecuencia, y se lo toman como un atributo masculino; “Andá a compartir los aros con tu compañera” (se lo dice a una estudiante que es muy introvertida, mientras la lleva protegiéndola con su cuerpo por delante, de donde venían las pelotas, hacia el sector de los aros); “No jueguen los varones de manos con las mujeres”, mientras que las estudiantes lo hacen con frecuencia; “¿Por qué no jugas con tus compañeros varones?, “Los hombres no lloran, no pasó nada, levántate y seguí jugando”, cuando un compañero le pegó un pelotazo en la pierna a un chico; “No corras como una niña”, mientras hace el gesto con sus manos y piernas…

El profesor termina su clase y manda a juntar las pelotas a los varones y los aros a las mujeres. Les pregunta: “¿Cómo la pasaron?”. Los varones gritan “¡Bien!”, mientras que las mujeres le decían: “No nos dejaron jugar”. Y el estudiante que se formó con las mujeres no jugó nunca con los varones ni en la propuesta mixta. El profesor culmina su práctica diciendo: “¡Nos vemos la próxima clase, chicos!”.



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