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Sexta narrativa: de chiquilín te miraba de afuera…

Fabián de Marziani

Palabras claves: educación física, alumnos, alimentación deficiente, adaptaciones, ropa, calzado.

Este relato se inspira en un clásico tango del genial Cacho Castaña, no transcurre en un café, no hay cigarrillos, pero abundan los amigos, no hay ni dados ni timba, pero se aprende de filosofía y es muy probable que, para muchos de nuestros alumnos, la clase de educación física sea lo único en la vida que se pareció a la vieja…

El turno mañana ha terminado, el profesor se encuentra en la puerta de la escuela, esperando que lleguen sus alumnas y alumnos. Está en horario, de a poco comienzan a aparecer, algunos llegan solos, otros en grupo, se cruzan desde la plaza que está enfrente de la escuela, algunos pudieron comer algo que pudieron comprar, otros no. Cuando se acercan, saludan al profesor, algunos le dan la mano, otros le dan un beso, otros solamente con la voz, o simplemente meneando sus cabezas. Luego de este momento, varios lo encaran al profesor y le comentan: “Hoy no corremos, estamos muy cansados”, “¿Podemos jugar al fútbol?”, “¿Tiene algo para comer?”. El profesor los escucha muy atentamente y solamente dice: “Matías, cuando saludas al profe de Matemáticas, ¿vos le decís ‘Profe, hoy no hagamos problemas, ni ecuaciones, hoy estamos cansados’? Si bien la clase de educación física es un lugar diferente, no se olviden de que es una asignatura igual a las demás materias, con la diferencia de que aquí se mueven, conocen su cuerpo, se relacionan con sus compañeros, y a veces, también se divierten, comparten, juegan y la pasan bien”. Luego de esto, ingresan a la escuela y comienzan la clase. Lo que se observa es que los alumnos participan de la clase de una manera muy responsable, realizan todas las actividades que el profesor propuso, la relación entre el profesor y los alumnos es muy respetuosa, cordial y amena.

En este último tiempo, podríamos decir muchos meses, casi dos años, se ha empezado a observar que un gran porcentaje de alumnos no se alimenta como realmente corresponde para la edad. Esto repercute principalmente en el desarrollo de los contenidos propios de la materia de educación física, ya que cada vez más profesores y profesoras tienen que ir adaptando los contenidos al estado, en este caso alimentario, de sus alumnos, a si comieron o no comieron. Algunos pueden realizar la clase sin inconvenientes, otros con intermitencias, pero se percibe y se observa que las alumnas y alumnos tratan de realizarla. Los profesores y profesoras manejan las pausas y cargas de otra manera, estas son más largas y más livianas, respectivamente.

Las demás disciplinas escolares no se preguntan si lo alumnos comieron antes de sus clases, gran parte de la educación física sí, y es algo fundamental para poner en movimiento nuestro cuerpo, para poder mejorar nuestras capacidades condicionales, poder entender los diferentes juegos y deportes practicados. Si las alumnas y alumnos no comen, no están en condiciones de poder aprender ningún contenido, ya sea corporal, motriz o intelectual. Hoy podemos decir que las características de nuestras alumnas y alumnos han cambiado en estos últimos años, en cuanto a la alimentación; no solamente hay algunos que no comen, sino que un alto porcentaje ha cambiado sus hábitos alimentarios por otros que no son propios de la edad. También notamos la cuestión de la ropa que se utiliza para la clase y el calzado, ya que un alto porcentaje solamente tiene un par de zapatillas, no siempre en buenas condiciones, y un solo pantalón o calza para la realización de actividad física; esto también repercute de manera considerable en el dictado de la materia, ya que, si no se tiene el calzado en condiciones y la ropa adecuada, los profesores y las profesoras tienen que ir adaptando sus contenidos con diferentes estrategias.

Existe un grupo de chiquilines en las clases de las escuelas de gestión pública que, a pesar de venir a las clases y participar de ellas, cada vez se encuentran más afuera de las posibilidades reales de concretar sus sueños, como si se vieran a ellos mismos con la ñata frente al vidrio…

Entre tantos matices diferentes en los que transcurren las clases de educación física, esta realidad nos interpela, la célebre canción termina diciendo que en ese viejo cafetín nuestro chiquilín nació a las penas; nosotros esperamos sinceramente que, en las clases, nuestros alumnos y alumnas encuentren un espacio donde aprender desde el movimiento compartido a soñar con un mañana mejor.



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