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13 Conclusiones de la Primera Parte

Tal como fue observado al comienzo, en estos primeros escritos de Weil se halla esbozada una diversidad de problemas y múltiples direcciones de análisis que no permiten una sistematización exhaustiva y muchas veces resultan aun contradictorias. Weil intenta expresar intuiciones originales utilizando el lenguaje filosófico heredado de Descartes y de Kant por la mediación de Alain, y así duda en el empleo de términos tales como “sensación” e “imaginación” o los utiliza con una carga semántica totalmente nueva. Algunos aspectos de estos primeros escritos que, como Weil ya percibe, llevan a fuertes contradicciones, serán directamente dejados de lado en los escritos posteriores. Entre estos pueden contarse los recursos biologicistas y psicológicos del reflejo congénito y reflejo condicionado, y aun más globalmente la confusa modalidad de descripción del proceso perceptivo mediante un mito de tres etapas que induce a suponer elementos o posibilidades abstractas de la percepción, las cuales -precave la misma Weil- no se dan nunca efectivamente en la experiencia vivida. La tematización de otras nociones tales como las de “atención” y “trabajo” presenta ambigüedades no resueltas por Weil: no es posible a veces distinguir cómo y en qué medida se trata de componentes necesarios de toda percepción ordinaria de un objeto o de excepcionales posibilidades de una experiencia perfecta de la verdad. Aparecería entonces un problema aun más importante: en la medida en que la atención y el trabajo, condiciones de la verdad, son a la vez indispensables en la conciencia de todo objeto, resultaría quizá indeterminable el límite entre la ilusión y la verdad. No puede hallarse en estos primeros escritos una respuesta única y clara a estas cuestiones, una explicación unívoca de la verdad y la ilusión en la percepción, sino sólo una diversidad de desarrollos no confluyentes que se refieren por ejemplo a la mezcla y la distinción del sujeto y el objeto de la experiencia (estados semejantes al sueño y la vigilia), a la ambigüedad de la imaginación como fuente de ilusión y de verdad, a dos tipos de imaginación (una más ligada a la sensibilidad y otra al entendimiento), a una acción arbitraria frente a una acción metódica, al azar y la arbitrariedad del lenguaje y el pensamiento librados a sí mismos frente a una experiencia encarnada que arraiga en el orden y la necesidad “geométricos” propios de “lo real”.

Sin embargo, es posible retener algunas ideas centrales que guían estas primeras reflexiones de Weil y que serán básicas para el desarrollo de su pensamiento maduro. En primer lugar, aparece aquí la definición del sujeto de la percepción como un cuerpo habituado, un cuerpo que ya no permite una mera definición física o biológica porque es en definitiva un cuerpo que sabe o un pensamiento encarnado y en acción. Se trata de una razón anterior a la razón que es también un encuentro con el sentido anterior al lenguaje. El aprendizaje de ciertas disposiciones corporales a actuar o hábitos es la clave de la captación inmediata del objeto como un sentido o figura a la que corresponde la posibilidad estructurada de una serie de movimientos, “una especie de danza”. La experiencia humana es, ante todo, la experiencia del sentido, y si en estos escritos prima el modelo teórico del trabajo y del útil para describirla (recuérdese el bastón del ciego), también se ve claramente anticipado aquí que es un mismo modelo el que se aplica a la descripción de la percepción de todo objeto (oficiando como “útil originario” el cuerpo propio) y a la lectura de un texto escrito (siendo en este caso el “útil” la materialidad del signo). Por eso en sus escritos de madurez dirá Weil que la experiencia humana puede definirse sin más como “lectura de significaciones”.

Por otro lado, el “mito de la percepción” tomado en su significación general sugiere un problema importante y que conservará su validez en la reflexión ulterior de Weil: la experiencia humana lleva en sí misma como una marca la orientación hacia una trascendencia, no puede ser definida más que aludiendo a cierta dirección que le es propia y que sin embargo señala más allá de la experiencia misma. Si la experiencia es la experiencia del sentido, esta orientación puede ser descripta como una aspiración a la verdad entendida como sentido pleno y último del mundo y la experiencia. Esta direccionalidad propia de la experiencia aparece de modo peculiar, según estos escritos, en el arte, la acción moral, el trabajo y, en cierto modo, en la ciencia. Todos estos temas seguirán estando presentes en los escritos de madurez filosófica de Weil, donde serán objeto de una reflexión más profunda.



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