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16 La lectura y el problema de la sensación

Si Weil parte del ejemplo de la lectura de un texto escrito para, a partir de allí, extraer conclusiones acerca de la vivencia del significado que define a la experiencia en general, es también porque intentará establecer un paralelo entre el par que conforman la materialidad del signo y el significado y el que conforman la sensación y el sentido percibido. Pero no se trata de afirmar sin más la realidad de esta duplicidad en ninguno de los dos casos. Weil observa que aquello que aparece y que nos toma en la lectura son directamente los significados. El color del papel de la carta, el color de la tinta o las letras mismas desaparecen tras la significación que se nos impone. “Sólo lo que leemos nos es dado; no vemos las letras.”.[1] El sentido es dado inmediatamente en la lectura.[2] Es cierto, indica Weil, que podemos enfocar nuestra atención en las letras, como hace el corrector de un texto, pero aun en ese caso no hemos dejado de leer un significado, el cual ya no es el de la frase o el de la palabra, sino el de las letras del alfabeto.

En sus Cahiers y en sus notas en torno a la redacción de su “Essai …” Weil utiliza frecuentemente la distinción sensación-sentido para definir la lectura: ésta consistiría en “leer significados en las sensaciones”.[3] Sin embargo, en el “Ensayo …” Weil intenta subrayar la inmediatez propia del darse del sentido en la vivencia, inmediatez que el análisis de la vivencia en términos de sensación y sentido parece ocultar. Lo leído inmediatamente es el sentido. “Inmediatamente” o “directamente”, es decir, como si no existiera un término “intermediario”, la sensación o la materialidad del signo. Y no es posible, por otra parte, dejar de leer inmediatamente sentidos, no hay experiencia posible de la sensación: una letra suelta, los grafos considerados como meros dibujos, el color negro de la tinta, el aspecto más “material” que intentemos aislar seguirá tornándose siempre, al ser percibido, en uno u otro sentido. Podría pensarse que tanto Rimbaud, al pretender descubrir el color de las vocales y la forma y el movimiento de las consonantes, como Baudelaire al descubrir “correspondencias” entre perfumes, colores, sonidos (perfumes verdes como los prados o dulces como el oboe) no harían más que subrayar poéticamente este hecho de que la materialidad sígnica, tal como los datos sensibles, no pueden ser experienciados como tales: sólo leemos sentidos.[4]

Y sin embargo, se debe observar que esta inmediatez en que el sentido es dado en la lectura es enfatizado y señalado con asombro por Weil debido precisamente a una especie de conciencia de cierto término intermedio que no es percibido (ni puede serlo), es decir, que si bien está siempre oculto en la lectura, sin embargo de algún modo se manifiesta como oculto. Solamente con el propósito de expresar más claramente el problema, podríamos compararlo, en un sentido laxo, con los términos que Heidegger usa al definir su concepto de “intepretación” (Auslegung).[5] En la interpretación así como en la lectura se da sentido a algo: ambas tienen la estructura del interpretar o leer “algo como algo” (etwas als etwas).[6] En el análisis de Heidegger la interpretación consiste en un desarrollo o apropiación de lo “comprendido” (en el sentido heideggeriano de Verstehen): a través de mi comportamiento interpreto lo “a la mano” como mesa, escalera, etc. de modo previo a toda expresión lingüísitica (el hermeneutisches Als o “como hermenéutico” es originario frente al apophantisches Als o “como apofántico” de la proposición).[7] El segundo término de esta estructura hermenéutica clave de la experiencia (“algo como algo”) correspondería al sentido leído o interpretado. El primer término, que haremos corresponder en los ejemplos de Weil al texto en su materialidad, o en la percepción, a lo que ella denomina a veces “sensación” o “apariencia”, no puede aparecer nunca en sí mismo como tal, porque siempre es aquello “interpretado como” o “leído como” algo distinto, siendo esto último lo que aparece inmediatamente en la lectura o la interpretación. Una vez más: aun si ponemos la atención en las letras de las palabras de un texto y no en el sentido las “leemos como”: les otorgamos un sentido que no es el que les correspondía al estar integradas a las palabras y a la frase sino que ahora proviene de su inserción en el contexto significativo del alfabeto. Es necesario reconocer entonces que es originariamente propio de la experiencia la lectura inmediata del sentido, aun si luego podemos ser llevados mediante la reflexión a reconocer algo distinto de él, una especie de componente tácito de la vivencia. Dice Heidegger que “un aprehender algo sin intervención del ‘como’ [del ‘sentido’], por decirlo así, ha menester de una cierta trasposición. El ‘no más que tener ante sí’ algo, […] este aprehender sin intervención del ‘como’ es una privación del simple ‘ver’ comprensor, no más original que éste, sino derivado de él” .[8] Heidegger expresa aun más claramente esta cuestión en torno al oír (aspecto de importancia en su análisis, puesto que el oír es constitutivo del habla, existenciario de igual originariedad que la disposicionalidad y la comprensión a las que articula). Escribe Heidegger:

“ ‘Inmediatamente’ nunca jamás oímos ruidos ni complejos de sonidos, sino la carreta que chirría o la motocicleta. […] Es menester ya una actitud muy artificial y complicada para ‘oír’ un ‘puro ruido’. […] También en el expreso oír el habla del otro comprendemos inmediatamente lo dicho […]. No oímos, por lo contrario, inmediatamente lo expresado fónicamente en cuanto tal”.[9]

Ahora bien, una vez reconocida la originariedad del darse inmediato del sentido, podemos notar que este primer “algo” (del “algo como algo”), que tiene el caracter de “material sensible” en el análisis de Weil, de algún modo “aparece en su misma ocultación”. Esta última paradójica y confusa expresión reproduce la misma dificultad de Weil para expresar más claramente este punto:

“Esta palabra [“lectura”] implica que se trata de efectos [“sentido”] producidos por las apariencias [sensación o materialidad del texto escrito], pero apariencias que no aparecen, o aparecen apenas; aquello que aparece es otra cosa que es a las apariencias como una frase a las letras; pero esto aparece como una apariencia, de golpe, brutalmente, desde fuera, y casi irrecusable a fuerza de evidencia”.[10]

El ejemplo del “cambio de lectura” en que una lectura reemplaza y sucede a otra muestra claramente este “aparecer sin aparecer” de la materialidad sígnica o sensible, primer término de la estructura “algo como algo”:

“Si a la noche, en un camino solitario, creo ver en lugar de un árbol un hombre acechante, una presencia humana y amenazante se me impone, y como en el caso de la carta, me hace temblar antes de que sepa de qué se trata; me acerco, y de pronto todo cambia, dejo de temblar, leo un árbol y no un hombre”.[11]

Lo que llamamos una ilusión de los sentidos corregida, concluye Weil, se trata en realidad de una lectura modificada: la sucesión de dos lecturas diferentes. Volveremos más adelante sobre otras consecuencias de este ejemplo relativas a la “inconmensurabilidad” de las sucesivas lecturas. Pero ya es posible observar que el asombro frente a esta diversidad de lecturas proviene de que estamos leyendo sentidos distintos en algo que es por sí mismo invariante, aunque nunca podamos dejar de leerlo como una u otra cosa distinta en cada caso para apreciarlo en su mismidad. El asombro de Weil proviene de que al leer en algo primero un hombre y luego un árbol estamos leyendo “algo” idéntico “como algo” distinto cada vez. Así es como este elemento idéntico, entonces, “aparece sin aparecer”.

Una vez más, es posible comparar en parte el itinerario teórico de Weil con el de los inicios de la fenomenología. Husserl observa en un temprano artículo que un mismo material puede ser interpretado de distintos modos, tomando el ejemplo de un arabesco que, según se conozca o no el idioma, es leído como una mera figura o como una palabra. Pronto observará que todo acto de conciencia consiste en la intepretación de un material mediante la introducción de un excedente, el sentido o forma organizadora de ese material, que mienta un objeto.[12] En Ideas … hallamos ya que la noesis interpreta el “dato hilético” de la sensación intencionando un noema. El problema que se evidencia en Weil del status de la “sensación” -¿es real o es un supuesto teórico necesario para explicar el “cambio de lectura”?; si bien es claro que no aparece por sí misma, desligada de un sentido, ¿es algo por sí misma?- puede verse también representado en la “indecisión” de Husserl al exponer el tema en Ideas … :

“Sobre estos elementos sensibles hay una capa, por decirlo así, ‘animadora’, que les da sentido […], capa mediante la cual se produce de lo sensible, que en sí no tiene nada de intencionalidad, justo la vivencia intencional concreta. Quede aquí indeciso si semejantes vivencias sensibles soportan en la corriente de las vivencias siempre y necesariamente alguna ‘apercepción animadora’ […] o, como también decimos, si se hallan siempre en función intencional. Por otra parte, dejamos también indeciso por lo pronto si los caracteres esencialmente originadores de la intencionalidad pueden tener concreción sin una base sensible”.[13]

De todos modos, es claro tanto en la fenomenología de Husserl como en la teoría de la lectura de Weil, que el énfasis está puesto en la inmediatez del darse del sentido como característica esencial de toda vivencia.[14] Así, por ejemplo, ha podido sostener D. Carr que

“aun la muy restringida noción de sensación que Husserl sostiene en estas tempranas obras [Investigaciones Lógicas; Ideas] tiene poca importancia para la totalidad de su teoría, y gradualmente se pierde totalmente de vista. Él parece reconocer que aun en su forma más limitada, la noción de sensación es un híbrido que ha quedado precisamente de la concepción cuasi-fisiológica y causal de la experiencia que trata de superar”.[15]

Ya vimos cómo, desde sus primeros escritos, Weil reconocía que la sensación no es más que una abstracción en relación con la experiencia vivida en la que experimentamos directamente el sentido. Pero ya no podía tratarse entonces de un sentido “ideal” o “espiritual” como opuesto a la materialidad de la sensación: el abandono de un término del par no puede dejar al otro intacto sino que subvierte la dualidad misma. Por eso observábamos con Merleau-Ponty que en la experiencia vivida “el signo y su significación [o la sensación y el sentido] ni siquiera son idealmente separables”.[16]

La primera teoría de la percepción de Weil ya había echado las bases de esta descripción de la inmediatez de la experiencia propia de la posterior teoría de la lectura, al poner como clave del proceso perceptivo a ese cuerpo espiritual o inteligencia encarnada pre-lingüística y preconceptual que es el cuerpo percipiente y habituado, cuya disposición a moverse de determinada manera constituye a la vez el objeto que percibe.[17] Si de ese modo Weil ha ido más allá de la dualidad de cuerpo y espíritu para describir la experiencia, se hace evidente que quedan por reformular las oposiciones asociadas a ésta, tales como podrían serlo las de actividad y pasividad, inmediatez y mediatez, forma y materia, aísthesis y nóesis, sensibilidad y entendimiento, sensación y significado. Por eso dice Weil en su “Essai …” que es posible hablando de la experiencia como lectura de un “sentido” a condición de atribuirle a este sentido las características de una “sensación” física: la de ser recibido pasiva e inmediatamente; tan pasivamente “como un golpe en el estómago” y tan inmediatamente “como un déclic [“trinquete” accionado por un resorte, automáticamente], de golpe, sin transición”.[18] O también a la inversa, la experiencia es la lectura de “sensaciones” a condición de que se atribuyan a la sensación características que parecen ser “intelectuales”. A un ruido oído, por ejemplo, le es inherente una forma u orden significativo, un sentido; el significado está “con el ruido, […] en el ruido”, y aun más, cierta “necesidad de actuar […] se impone de manera evidente e inmediata, como el ruido, con el ruido”[19], de modo que la sensación se asociaría, contrariamente al concepto tradicional, no a mi pasividad sino también a mi actividad. Podría decirse, siguiendo a L. Landgrebe en sus “Principios de la teoría de la sensación”, que “toda adquisición de impresiones sensibles no es simplemente una admisión pasiva de datos, un mero padecer y ser afectado, sino que ya es, por su parte, el resultado de una actividad ejecutada como un ‘yo me muevo’ “.[20] En términos del “Essai …” la sensación de la lectura es correlativa de una acción o esbozo de acción.


  1. S. Weil, “Essai sur la notion de lecture”, ibid., p. 14.
  2. Una referencia filosófica mediante la cual quizá podríamos acercarnos a esta inmediatez o este carácter de “súbito” propio del darse de la significación sería también Bergson. G. Deleuze en su trabajo El Bergsonismo (Madrid, Cátedra, 1987, pp. 56-58) ha mostrado la importancia de la expresión “de golpe” en Matière et Mémoire, aplicada no sólo al salto al pasado propio de la memoria sino a la percepción y al lenguaje: “La forma de comprender lo que se nos dice es idéntica a la forma de encontrar un recuerdo. No sólo no recomponemos el sentido a partir de los sonidos que escuchamos y de las imágenes a ellos asociadas, sino que nos instalamos de golpe en el elemento del sentido y después en una región de ese elemento.[…] Hay como una trascendencia del sentido”.
  3. Cf., por ejemplo, S. Weil, OC VI 1, p. 410.
  4. La referencia a los poetas (en un sentido análogo) aparece en E. Levinas, Humanismo del otro hombre, México, Siglo Veintiuno Editores, 1970, pp. 21, 23.
  5. Weil utiliza el término “interpretation”, como sinónimo de “lecture”, en su “Ensayo …” (S. Weil, “Essai …”, p. 15).
  6. Heidegger define la estructura en cuestión en el § 32 (“El comprender y la interpretación”) de Ser y Tiempo (Ibid., pp. 166-172). Cuando el Dasein comprende e interpreta a los entes intramundanos, decimos que éstos “tienen sentido”. Pero en la exégesis existenciario-ontológica del concepto de “sentido” “el sentido es un existenciario propio del ‘ser ahí’, no una peculiaridad que esté adherida a los entes, se halle ‘tras’ de ellos o flote como un ‘reino intermedio’ no se sabe dónde” (Ibid., p. 170).
  7. En adelante tomamos de Heidegger sólo la forma de esta estructura hermenéutica pero no el contenido recién referido: sólo pretendemos utilizarla para elucidar el problema tal como se presenta en la teoría weiliana de la lectura.
  8. M. Heidegger, Ibid., p. 167.
  9. Ibid., p. 525.
  10. S. Weil, “Essai …”, ibid., p. 15.
  11. S. Weil, “Essai …”, ibid., p. 15.
  12. Nos referimos al artículo “Estudios psicológicos sobre la lógica elemental” (1894), y luego a las Investigaciones Lógicas (1900-1901), I; V, §14.
  13. E. Husserl, Ideas …, ibid., p. 203. Parece claro que la figura del dato hylético aparece sólo mediante la reflexión. Husserl notará que el modo directo propio de la vivencia perceptiva originaria se ve modificado en la reflexión fenomenológico-trascendental que la toma por objeto: “[…] la reflexión altera la vivencia originaria. […] En efecto, esta última pierde su originario modo directo precisamente por el hecho de que la reflexión convierte en objeto lo que antes era vivencia […] “ (Meditaciones Cartesianas, México, FCE, 1984, §15).
  14. “Es su esencia [la de toda vivencia intencional] albergar una cosa como la que llamamos ‘sentido’, y eventualmente un múltiple sentido, llevar a cabo sobre la base de este dar sentido y a una con él nuevas operaciones que resultan precisamente “con sentido” por obra de él” (E. Husserl, Ideas…, ibid., p. 213). (Esto es así aun si para Husserl el “sentido” no agote el pleno nóema ni el “dar sentido” el lado noético de la vivencia intencional).
  15. David Carr, Interpreting Husserl. Critical and Comparative Studies, Phaenomenologica 106, Dordrecht/Boston/Lancaster, Martinus Nijhoff Publishers, 1987, p. 29. También L. Landgrebe considera que “el concepto de “hyle sensual”allí estudiado [en Ideas] no está aún totalmente libre de restos de la tradición sensualista” (“Principios de la teoría de la sensación”, en El camino de la Fenomenología, (trad. de M. Presas), Buenos Aires, Ed. Sudamericana, 1968, p. 174.
  16. M. Merleau-Ponty, Fenomenología de la Percepción, ibid., p. 60.
  17. Habría que hablar más bien de una “inter-constitución” de sujeto y objeto atendiendo a la conjugación de actividad y pasividad, sentimiento de sí y de lo otro, que Weil subraya en textos como “Science et Perception …”.
  18. S. Weil, “Essai …”, ibid., p. 16, 17.
  19. S. Weil, ibid., p. 16.
  20. Ludwig Landgrebe, “Principios de la teoría de la sensación”, en El camino de la fenomenología, Buenos Aires, Sudamericana, 1968.


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