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15 La teoría weiliana de la lectura como opción por el sentido

Alrededor del año 1940 la reflexión de Weil sobre la experiencia perceptiva se organiza en torno a una idea que, afirma, “no ha recibido aún un nombre conveniente”, noción a la que podría convenir el nombre de “lectura”.[1] Esta noción, que ya aparecía aplicada circunstancialmente a la descripción de la experiencia perceptiva en “Science et Perception dans Descartes” (1934), es tematizada en el “Essai sur la notion de lecture” (1940), en los Cahiers y en otros escritos (recogidos en Intuitions Pré-chrétiennes, Attente de Dieu, Sur la Science, etc.) pertenecientes a esta etapa que se ha calificado “de madurez” en la evolución de la filosofía de Weil. A partir del segundo Cahier (1941) que redactara Weil la referencia a la noción es tan recurrente que la filósofa comienza a utilizar la sigla L como abreviatura o, en el margen, para mostrar que lo tratado se relaciona con su teoría de la lectura. Por esta época Weil llega a concebir el proyecto de escribir un libro dedicado específicamente a exponer su teoría de la lectura, del cual se conservan algunas notas.[2] Esta intención no realizada -las notas para el libro sólo darán lugar al “Essai …” ya mencionado- muestran la importancia que Weil otorgaba a esta temática, sólo comparable quizá al interés y el aprecio expresado por Weil por sus Réflexions sur les Causes de la Liberté et de l’ Oppression Sociale y por los escritos que conformaron L’ Enracinement.

Ya no recurre en esta etapa, como lo hacía en sus primeros escritos, a la progresión mítica de un pasado, un presente y un futuro de la percepción como recurso descriptivo. Siguiendo aquel modelo Weil se había visto llevada a adoptar problemáticamente términos y conceptos de tinte empirista e intelectualista reconociendo a la vez que ambos eran inadecuados para dar cuenta de la experiencia tal como es vivida (en sus Leçons aludía así a la insuficiencia propia tanto del “punto de vista materialista” como del “espiritualista” para dar cuenta de la percepción). Al leer el “Essai sur la notion de lecture” nos encontramos en cambio con algo más semejante a una “descripción fenomenológica” del modo fundamental según el cual se da la experiencia humana: el hombre -dice allí Weil- se halla en el mundo primariamente abocado a una ininterrumpida lectura de significaciones. No somos usualmente concientes de este fenómeno en nuestra experiencia cotidiana, aunque está a la base de ella. Podría pensarse, a la manera de la filosofía fenomenológica, en una especie de particular epoché por medio de la cual se nos manifiesta este modo originario de nuestra experiencia: Weil habla de un “elevarse a la noción de lectura”.[3] No se trata -dice Weil- de explicar este “misterio” de la lectura sino de contemplarlo y describirlo, o, podría decirse, simplemente “mostrarlo” o “hacerlo ver”.[4] El replantear la experiencia en términos de lectura de significaciones, al igual que la reducción propia de la actitud fenomenológica, sustituye la cuestión del ente tal como se plantea en la actitud natural propia de la experiencia cotidiana, por la del sentido.[5] La experiencia abordada como lectura aparece como una peculiar relación inmediata que se da entre una subjetividad primaria a la que Weil se refiere en ocasiones como a un “yo trascendental”[6] y las significaciones que constituye o que le son dadas: el punto de partida de la descripción de la vivencia es la relación misma y no un sujeto o un objeto separados según el clásico dualismo moderno. El “yo trascendental” de la lectura, podría decirse, no es un trozo del mundo, ni tampoco el mundo un trozo del yo, puesto que la lectura es el mismo “estar dirigido hacia” un sentido trascendente que es correlativo del yo trascendental.[7]

En cuanto a las fuentes filosóficas históricas a partir de las cuales Weil desarrollará esta idea en un sentido propio, ya fue mencionada la referencia explícita de la filósofa a la teoría cartesiana de las sensaciones como signos, la cual se continúa de modo particular en Leibniz. El modelo de la lectura fue también referido por Kant para resumir su concepción trascendental crítica de la experiencia: “nuestra facultad de conocer siente una necesidad mucho más elevada que la de sólo deletrear fenómenos, según la unidad sintética, para poderlos leer como experiencia”.[8] Pero resulta más justificado, tanto conceptual como históricamente, atender a la relación de la noción weiliana de lectura con la filosofía fenomenológica. Si bien Weil sólo conoció el pensamiento de Husserl indirectamente, por medio de su amistad con Gaston Berger y la posterior lectura de su obra de 1941 (Le Cogito dans la Philosophie de Husserl) la influencia que este contacto pudo tener en su pensamiento no puede ser desestimada: ese mismo año escribirá que ve representada la “verdadera filosofía” en las figuras de Platón, Descartes, Kant, Alain, Lagneau y Husserl.[9] Por otro lado, si bien no se hallan referencias explícitas en la obra de Weil a M. Heidegger, sabemos que Weil conocía su filosofía, en torno a ella había discutido con S. Pétrement[10] y aun en uno de sus últimos Cahiers se halla la siguiente nota breve pero reveladora: “Parentezco entre mi noción de lectura y el ‘Dasein’ de los existencialistas”.[11] La fenomenología de Husserl y la hermenéutica de Heidegger resultan entonces en muchos casos, como lo han visto la mayoría de los intérpretes que se han dedicado a la temática, referencias obligadas para iluminar el sentido de la tematización weiliana de la lectura, al punto que en la anotación de la edición definitiva de las obras completas de Weil se hace constar sin más el cariz fenomenológico de la noción: cuando el término aparece mencionado ocasionalmente en los primeros escritos, por ejemplo, se observa que “se trata sin duda de una anticipación del empleo semiótico de esta noción de ‘lectura’ cercana a la fenomenología que desarrollará ulteriormente”.[12]

Ya se vio anticipada la intuición básica de esta teoría de la experiencia como lectura en la teoría de la percepción que Weil desarrolló en sus primeros escritos: la percepción y la experiencia humana en general, el manejo de un útil o de un vehículo y la lectura de un texto escrito responden a un mismo modelo descriptivo caracterizado como el contacto con una significación. Del mismo modo que en su memoria de licenciatura, Weil hablará nuevamente alrededor de una década más tarde del bastón del ciego en su “Ensayo sobre la noción de lectura”:

“el bastón del ciego […] provee una imagen análoga a la de la lectura. […] Si la lapicera tropieza con alguna saliencia del papel este tropiezo de la lapicera es inmediatamente dado y las sensaciones de los dedos, de la mano, a través de las cuales lo leemos, no aparecen. […] Y sin embargo este tropiezo de la pluma es solamente algo que leemos. El cielo, el mar, el sol, las estrellas, los seres humanos, todo lo que nos rodea es igualmente algo que leemos”.[13]

Mediante esta imagen del bastón toda vivencia puede ser definida como una dirección hacia un sentido, un contacto directo o una correlación con una significación inmediatamente dada a través de una materialidad sensible que no aparece por sí misma. Nuevamente, Weil se acerca de este modo al concepto fenomenológico clave de “intencionalidad” o “estar dirigido a”, el cual, según recuerda H. Plessner, Husserl solía representar en charlas informales justamente mediante su propio bastón: “ ‘Toda mi vida -[decía Husserl] y sacaba su delgado bastón con muleta de plata y lo ponía inclinado contra el portillo- he buscado la realidad.’ De manera insuperablemente plástica el bastón representaba el acto intencional y el portillo su satisfacción”.[14]

En la tematización madura de la noción de lectura vuelven a hallarse igualmente otros conceptos básicos que en los primeros escritos de Weil se asociaban al ejemplo del bastón, como el del aprendizaje por medio del hábito o el del cuerpo propio como clave de la experiencia (como “bastón de ciego” originario): en este sentido no parece posible sostener, como se ha hecho, que “un mundo separa a la alumna de Alain, nutrida de Descartes, de la autora […] de Attente de Dieu” (recopilación de escritos de madurez).[15] Se trata más bien en esta evolución del intento de abandonar cierta terminología que ya era vista como problemática en los primeros escritos, y de una ampliación del espectro de la reflexión, que pasa a considerar ahora bajo el título de “lectura” aspectos de la experiencia (por ejemplo, como veremos, emocionales, intersubjetivos, aporéticos) que en la anterior teoría de la percepción no habían merecido tanta atención.

En su “Ensayo sobre la noción de lectura” Weil se sirve de varios ejemplos para caracterizar la particularidad de esta noción de lectura, siendo el primero de ellos, punto de partida de la reflexión, el de la lectura de una carta que contiene una noticia grave. Antes de detenernos en el ejemplo, recordemos que Weil utiliza la lectura del texto escrito, en este caso la carta, como recurso descriptivo paradigmático de la totalidad de la experiencia humana. La reflexión weiliana en torno a la lectura no trata entonces primariamente de una teoría semiológica del signo lingüístico, ni de una teoría literaria, sino de una descripción del nivel más originario de la experiencia humana, el cual se da como lectura de significaciones. Como ya vimos anticipado en los primeros escritos, Weil atiende a un nivel primario de la experiencia que se desenvuelve prelingüísticamente y del cual el significar del lenguaje es deudor, aun cuando use para describir esta experiencia prelingüística un modelo y una terminología (“significar”, “sentido”, “lectura”) derivados del lenguaje. De modo similar advertía Husserl que

“originalmente tienen estos términos [“significar”; “significación”] una exclusiva relación con la esfera del lenguaje o del ‘expresar’. Pero es prácticamente inevitable […] ensanchar y modificar adecuadamente la significación de estos términos, con lo que resultan aplicables en cierta forma a toda la esfera noético-noemática. […] Estamos ante un peculiar medio intencional [el de la expresión] que tiene por su esencia el privilegio de espejar, por decirlo así, la forma y contenido de cualquier otra intencionalidad”.[16]

Atendamos ahora al ejemplo mencionado, el cual expone de forma narrativa algunos de los rasgos más importantes que definen el concepto de lectura. Dos mujeres reciben cada una una carta, anunciándoles que sus hijos han muerto. Una de ellas, tras poner la vista en la carta se desvanece y nunca más, hasta su muerte, sus ojos, su boca o sus movimientos serán como eran antes. La segunda mujer permanece sin inmutarse, ni su mirada ni su actitud cambian para nada: no sabe leer.

En la lectura, observa Weil al comienzo de su análisis, los significados parecen tomarnos como desde fuera, inmediatamente, de golpe, brutalmente, sin nuestra participación, a pesar nuestro. La noticia que la mujer lee en la carta es como un golpe en el estómago que recibiera por sorpresa: frente al significado que aparece y la toma, la lectora se encuentra absolutamente expuesta, pasiva e indefensa. Y sin embargo, existe un aspecto subjetivo y activo de la lectura, que en este ejemplo se revela en la diferencia de la lectora respecto de la segunda mujer, que no sabe leer. La lectura es entonces la eclosión de un sentido que toma y arrastra a un lector absolutamente pasivo, pero a la vez la instancia actual de la lectura es el resultado de una génesis en la que el sujeto aprendió a leer determinados sentidos y no otros. La lectura tiene entonces también una dimensión mediata y activa que se imbrica con su dimensión inmediata y pasiva. “Elevarse a la noción de lectura” significa entonces acceder a una nueva descripción de la experiencia en la cual ésta se da como una ininterrumpida relación entre una subjetividad expuesta, sensible y receptiva de significaciones, y estas significaciones, las cuales son a su vez constituidas subjetivamente, estando estos dos aspectos de dirección contradictoria conjugados en la vivencia.

En “Le monde comme texte. Perspectives hermeneutiques chez S. Weil”, Rolf Kühn ha observado que Weil desarrolla estas ideas en forma bastante independiente del contexto filosófico de su época, al menos si nos guiamos por sus referencias explícitas. Sin embargo, la noción de lectura, dice Kühn, podría verse tematizada contemporáneamente a Weil en los trabajos de diversos autores inscriptos en la línea de una fenomenología reflexiva y hermenéutica.[17] Kühn resume globalmente el espíritu de tales desarrollos teóricos en el intento de evitar la oposición entre una filosofía de la donación del sentido y de una lectura del sentido, o, en otras palabras, la disyuntiva entre un “idealismo crítico” y un “realismo interpretativo”:

“El primero constituiría una vía de la certeza, lo que significa […] que la verdad es inmanente al alma o, dicho de otro modo, que el sentido reposa en la conciencia. […] La otra perspectiva […] admite que el sentido reside en lo real, que hay un ‘en-sí de la cosa’ que se ofrece a la lectura en tanto ‘reactivación de sentido’. […] Lo que está potencialmente en el objeto ‘pasa al acto en la interpretación’”.[18]

Como observa Kühn, la noción weiliana de lectura revela una particular articulación de estas dos direcciones, ya que el sentido dado (constituido subjetivamente) y el sentido leído (como trascendente a las operaciones subjetivas) no resultan ser excluyentes sino uno y el mismo sentido, el cual define el modo que en cada caso asume la relación originaria de sujeto y mundo. Sin embargo, la reflexión weiliana no tiende simplemente a reconciliar ni a superar tales dos aspectos (acentuados, según Kühn, por dos tendencias filosóficas opuestas), sino a mostrar su inevitable y conflictiva confluencia -y aun su colisión- en la experiencia vivida:

“En cada instante de nuestra vida somos tomados como desde fuera por las significaciones que nosotros mismos leemos en las apariencias […]; lo que llamamos el mundo, son significaciones que leemos; eso no es entonces real. Pero nos toma como desde fuera; es entonces real. ¿Por qué querer resolver esta contradicción, si la tarea más alta del pensamiento […] es la de definir y contemplar las contradicciones insolubles, las cuales, como decía Platón, empujan hacia lo alto?”[19]

Tal como lo expresa Weil y luego se hará más evidente, un carácter clave de la experiencia al ser redescripta como lectura o aparecer de un sentido es que lo experienciado sea a la vez “real” y “no real”, tan “real” como “no real”, originalmente indecidible en su valor de realidad. Weil hace patente este carácter de la lectura mediante el caso común que puede darse al caminar por la noche de distinguir la figura de un hombre y al avanzar reconocer que se trataba de un árbol. Desde la perspectiva de la lectura, a diferencia de lo que inmediatamente observaríamos desde una perspectiva ordinaria, no se trata de una ilusión que se ha corregido sino de “la sucesión de dos lecturas diferentes”. Una es tan “real” o “no real” como la otra, no las ponemos en tanto “lecturas” de una u otra manera sino que sólo atendemos a la sucesión de dos sentidos leídos.[20] Una vez más, podemos comparar esta situación teórica con la que resulta de la práctica de la epoché fenomenológica que pone entre paréntesis el ser de veras del mundo para describir la percepción en su aspecto noemático, esto es, desde la perspectiva del sentido vivenciado.

“Es posible que la fenomenología tenga algo que decir […] respecto a alucinaciones, ilusiones, percepciones engañosas en general; pero es evidente que éstas, aquí, en el papel que desempeñaban en la actitud natural, sucumben a la desconexión fenomenológica. Aquí no tenemos que hacer a la percepción [….] ninguna pregunta como la de si le corresponde algo en ‘la’ realidad”.[21]

Este aspecto de la teoría de la lectura que ahora simplemente describimos, siguiendo el orden de exposición de Weil en su “Essai ….”, aparecerá más adelante como problemático, puesto que representa la “arbitrariedad” de una experiencia que, sin embargo, está dirigida a la necesidad y a la verdad.


  1. “Essai sur la notion de lecture”, publicado en Etudes Philosophiques, No. 1, Janvier- Mars 1946, p. 13.
  2. Recogidas en Oeuvres Complètes. Tome VI 1. Cahiers. (en adelante OC VI 1), París, Gallimard, 1994, pp. 409-411.
  3. S. Weil, OC VI 1, p. 309. También Béatrice C. Farron-Landry ha sostenido y desarrollado, si bien en un sentido un poco distinto, la idea de que “habría en Simone Weil un bosquejo [ébauche] de reducción fenomenológica” (“Lecture et non-lecture chez S. Weil”, en Cahiers Simone Weil, III, 4, 1980, pp.233, 234, sección 4: “Rencontre avec la phénomenologie”); sin embargo, sólo es posible aludir a este paralelo en un sentido muy laxo y no es posible insistir en él, no habiendo en Weil alusiones claras en este sentido.
  4. S. Weil, “Essai sur la notion de lecture”, ibid., p. 13. “Intento mostrar, no describir, lo que veo”, dice también Husserl en la Krisis, §8.
  5. Por esto decimos que la noción de lectura implica una “opción por el sentido”. (La expresión es tomada de P. Ricoeur quien la utiliza para marcar que la hermenéutica supone este reconocimiento del sentido que establece el corte entre la actitud fenomenológica y naturalista en Du texte à l’ action. Essais d’ herméneutique II, París, Du Seuil, 1986, pp. 55-57).
  6. Cahiers II, p. 146; cit. por R. Kühn, “Le monde comme texte. Perspectives herméneutiques chez S. Weil”, en Revue des Sciences philosophiques et théologiques, 64, 1980, p. 512. La expresión “je transcendantal” reaparece en el Cahier VI (OC VI 2, p. 355); los anotadores entienden que comporta un sentido cercano al kantiano, como “noción necesaria a la representación del mundo”; sin embargo, hay que notar que Weil ya había leído para esta época “Le cogito dans la philosophie de Husserl” de G. Berger, por lo que una interpretación fenomenológica de la expresión no puede ser excluida.
  7. Parafraseamos aquí a E. Husserl, Meditaciones Cartesianas, §11.
  8. I. Kant, Crítica de la Razón Pura, trad. de M. García Morente y M. Fernández Núñez, México, Ed. Porrúa, 1991, p. 174.
  9. Cit. por R. Kühn, ibid., p. 512.
  10. Según narra S. Pétrement en La vie de S. Weil I, ibid., p. 419.
  11. S. Weil, Cahier 6 en OC VI 2, p. 288. Como anotan los comentadores (ibid., pp. 611, 612) esta nota de Weil fue probablemente sucitada por la lectura de la filósofa de un trabajo de B. Fondane en que se compara la terminología filosófica utilizada por Heidegger con la de Kierkegaard.
  12. S. Weil, OC I, p. 423, n. 282.
  13. S. Weil, “Essai sur la notion de lecture”, ibid., p. 14, 15.
  14. H. Plessner, “Husserl en Gotinga”, en Más acá de la utopía, Buenos Aires, Alfa, 1978, p. 165.
  15. B. C. Farron-Landry, op. cit., p. 237.
  16. E. Husserl, Ideas … , ibid., . 296, 297. Weil utiliza indistintamente los términos sens y signification (que traducimos alternativamente como “sentido” y “significado” o “significación”), mientras que Husserl reserva el término “significación” (Bedeutung) para el significado de la expresión y utiliza “sentido” (Sinn) “en la más amplia latitud” (ibid., p. 296). El paralelo notado entre el significado de la expresión y el noema de la vivencia intencional, que ha sido particularmente estudiado en referencia a la posible relación entre aspectos de la filosofía de Husserl y Frege, comporta sin embargo ciertos límites (cf. R. Walton, “El noema como entidad abstracta”, en Análisis Filosófico, IX, No. 2, 1989, pp. 119 ss.).
  17. R. Kühn, ibid., pp. 509-530. Entre estos autores, este intérprete se refiere a M. Merleau-Ponty, H. Duméry, P. Ricoeur, M. Henry y J.-P. Sartre.
  18. R. Kühn, op. cit. , pp. 512-513. M. Merleau-Ponty pone esta oposición en términos de un movimiento centrífugo y centrípeto de la significación, correspondiendo el primero a la perspectiva idealista de la significación como Sinn-gebung y el segundo a la perspectiva realista, según la cual las conciencias están insertas en el tejido del mundo objetivo. Tal alternativa (así como aquella derivada de ésta entre azar y razón absoluta: ¿es el sentido producto del encuentro de hechos independientes o la expresión de una razón absoluta?) es superada en la concepción de Merleau-Ponty del mundo, “cuna de las significaciones”, como “inseparable del sujeto, pero de un sujeto que nada más es proyecto del mundo; mas el sujeto es inseparable del mundo, pero de un mundo que él mismo proyecta. El sujeto es ser-del-mundo y el mundo sigue siendo ‘subjetivo’” (Fenomenología de la percepción, Barcelona, Ed. Planeta, 1994, pp. 436-438). La noción weiliana de lectura supone una misma conjugación de movimientos contrarios entrelazados.
  19. S. Weil, “Essai sur la notion de lecture”, ibid., p. 14. Sobre el sentido de la contradicción en Platón, noción a la que Weil otorga gran importancia en su pensamiento, cf. por ejemplo República 524 d – 525 a.
  20. S. Weil, “Essai …”, ibid., p. 15.
  21. E. Husserl, Ideas …, ibid., pp. 214, 215. J. Gaos utiliza para ilustrar esta “abstención de la posición” el mismo caso utilizado por Weil de la percepción de “un hombre siniestramente al acecho en el camino oscuro” que luego cambia su sentido (“Historia y Significado”, Prólogo de E. Husserl, Meditaciones Cartesianas, ibid., pp. 22, 23).


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