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18 Lectura, “ver como” y juegos de lenguaje

Hasta este punto una interpretación que podríamos llamar fenomenológico-hermenéutica ha guiado esta exposición de la teoría weiliana de la lectura.[1] Esta interpretación encuentra apoyo en las referencias explícitas de Weil y ha primado entre los intérpretes que se han ocupado de esta temática, entre quienes pueden mencionarse especialmente a R. Kühn, E. Gabellieri, M. Sourisse, B. C. Farron-Landry.[2] Sin embargo, en el área de la filosofía inglesa y norteamericana se desarrollaron otras vertientes de interpretación que se acercaron a la idea weiliana de la lectura con los instrumentos conceptuales provistos por otra tradición filosófica. Entre los más importantes de estos autores pueden citarse a D. Allen, E. Springsted, D. Wisdo y especialmente P. Winch. Estos dos últimos han observado algunos evidentes puntos de contacto entre aspectos de las filosofías de Weil y L. Wittgenstein. Si bien en este caso no existen referencias de Weil, quien probablemente no tuvo ningún tipo de contacto con la filosofía que Wittgenstein desarrollaba de modo paralelo en el tiempo, el comparar el tratamiento común de ciertas temáticas resulta enriquecedor para precisar las tesis de Weil, como lo ha mostrado Winch en una de las obras exegéticas más completas referidas a la filosofía de Weil. Existe, por otro lado, una fuente de inspiración común para ambos pensadores, a la que ya nos referimos en el caso de Weil: la filosofía de William James. Existen, en fin, ciertos aspectos y problemas de la teoría weiliana de la lectura (tales como los de la diversidad e “inconmensurabilidad” de las lecturas, la “intensidad significativa”, etc.) que se hacen especialmente visibles mediante su confrontación con algunas nociones wittgensteinianas.

Antes de resumir los puntos principales que permiten un acercamiento entre ambas filosofías, puede advertirse que existen ciertas claras diferencias que pondremos entre paréntesis pero no dejarán de permanecer subyacentes a estos desarrollos. En primer lugar, aunque se evidencia tanto en la filosofía de Weil como en la de Wittgenstein una tendencia “descriptivista” y “no normativa”[3] -y al decir “descriptivista” aludimos también a la descripción del comportamiento observable y la crítica de la introspección compartida por ambos-, Weil llegó a concebir la filosofía de un modo mucho más pragmáticamente “terapéutico” que Wittgenstein, aun si este último aludió de ese modo a su filosofía en sus Investigaciones: “el filósofo trata un problema como una enfermedad”.[4] Para Weil la filosofía es en definitiva “un trabajo sobre sí. Una transformación del ser”.[5] En sus Cahiers escribió: “La filosofía (incluyendo los problemas cognitivos, etc.) es exclusivamente una cuestión de acción y práctica. Es por eso que es tan difícil escribir sobre ella. Es difícil en el mismo sentido que lo es escribir un tratado de tenis o de atletismo, sólo que mucho más”.[6] Y al decir “acción y práctica” Weil se refiere también y especialmente al cuerpo, que, como ya vimos, está en el centro de su descripción de la experiencia humana. En este sentido, si bien Weil desdeñó explícitamente la discusión de códigos normativos de conducta debido a que la voluntad y la conciencia no son en su visión las claves de la decisión y la acción humanas, sí se preocupó, a diferencia de Wittgenstein, por suministrar por medio de su filosofía una especie de “manual” que provea algunas indicaciones útiles para la acción.

En segundo lugar, es evidente que mientras que la reflexión de Weil intenta atender primeramente a la experiencia vivida, la reflexión de Wittgenstein se centra en el análisis del lenguaje, aun si entendemos como él llegó a hacerlo en su filosofía más madura que “la práctica da a las palabras su sentido”.[7] Es decir que aun si pudiera afirmarse que para ambos filósofos los significados remiten y se fundan en sentidos prelingüísticos (lo cual ya sería, de todas maneras, un modo muy particular y discutible de interpretar la teoría wittgensteiniana del significado como uso), a Weil le interesó en mayor medida investigar este dominio trascendental no lingüístico, mientras que Wittgenstein se interesó en “formas de vida” sólo en cuanto estas situaciones prácticas sirven para elucidar el significado o uso de las expresiones lingüísiticas. No parece probable, por otro lado, que Wittgenstein hubiera considerado un ámbito de experiencia organizado y con sentido que no estuviera ya atravesado por el lenguaje, mientras que Weil sí reserva claramente una esfera semejante a la motricidad dadora de sentido propia del cuerpo habituado. Sin embargo, como veremos, la noción wittgensteniana de Sprachspiel que es el núcleo de su tematización madura del significar se extiende más allá de las expresiones verbales: no sólo el lenguaje escrito y hablado toma un cariz pragmático y significa por lo que “hace” o según cómo es usado de múltiples modos (lo cual impide hablar de “un” lenguaje), sino que a la vez todas las prácticas sociales, culturales o corporales se hacen significativas, lo cual permite al menos relativizar la magnitud de las diferencias recién marcadas. Estas consideraciones serán ampliadas en el desarrollo mismo de la exposición paralela que ahora emprendemos de algunos conceptos de Weil y Wittgenstein.

Tras citar un extenso pasaje del “Ensayo sobre la noción de lectura” Peter Winch señala en una nota de su libro Simone Weil. The Just Balance[8] el asombroso paralelo existente entre esta teoría weiliana de la lectura y los conceptos vertidos por Wittgenstein en la segunda de las dos partes que componen sus Philosophische Untersuchungen en torno a lo que él denomina “ver como” o “ver un aspecto”.[9] Examinaremos en esta sección la plausibilidad de tal paralelo. Uno de los ejemplos más usados por Wittgenstein para ilustrar el concepto de “ver como” es la cabeza-C-P (cabeza de conejo o de pato) de Jastrow. La conocida figura se puede “ver como” una cabeza de conejo o “ver como” una cabeza de pato.

Puede atenderse en primer lugar la metodología seguida por ambos pensadores en la investigación de estos conceptos. El propósito de Wittgenstein es sacar a la luz la “gramática” de ciertas expresiones, en este caso la de “ver como”. Esto significa determinar aquellos rasgos que son “lógicamente” indisociables de ese concepto, sin que esto signifique emprender un análisis lógico en sentido tradicional. Wittgenstein dirá, por ejemplo, que ciertos “finos matices del comportamiento” están “lógicamente” asociados al concepto de “ver como”, entendiendo por ello que no pueden ser disociados del “significado” o “uso” de la expresión “ver como”. Para realizar esta investigación su método consiste en configurar una especie de álbum de ejemplos (descriptos en tercera persona) en los que se usa tal expresión, para que el significado se haga patente por sí mismo.[10] Aquello que es necesario evitar como fuente de confusiones es el análisis introspectivo de la vivencia en uno mismo, dirá siguiendo a James tal como hacía Weil en sus primeros escritos.[11]

En el análisis de Weil de la noción de “lectura” prácticamente no se encuentran determinaciones metodológicas previas de manera explícita. Sin embargo, al igual que Wittgenstein, su investigación no recurre a la introspección sino que se sirve de ejemplos y observaciones del comportamiento de terceros. (A veces se trata incluso de ejemplos similares o idénticos, tales como el de “leer” o “ver” un hombre donde antes se “vio” o “leyó” un arbusto en la oscuridad, lectura que es observable en las reacciones corporales). En este sentido Weil parece a veces más cercana al análisis “gramatical” en el sentido particular que Wittgenstein concede a este término que al espíritu biraniano de los filósofos franceses de la “escuela de la percepción” o la reflexión fenomenológica. Así, Winch ha realizado con su obra Simone Weil: The Just Balance una interpretación integral de la filosofía de Weil a partir de considerarla como una investigación filosófica de la “gramática” de ciertas expresiones en el sentido de Wittgenstein.

“De hecho -escribe Winch- S. Weil misma a veces se expresa de modo similar. Cuando lo hace tiene en mente el modo en que nuestro uso de estas expresiones debe ser entendido no meramente en términos de su relación con otras expresiones lingüísticas que usamos, sino en términos de los roles que cumplen en relación con las actitudes y aspiraciones, actividades, vidas y relaciones humanas. Eso también está incluido en lo que Wittgenstein entendía por ‘gramática’”.[12]

Para definir su noción de “lectura” en el “Essai …” Weil había analizado sucesivamente varios ejemplos a los cuales esta noción se aplicaría. Estos ejemplos indican que la noción de lectura sirve a la vez como descripción de varios tipos de fenómenos, entre ellos: a) ciertas vivencias asociadas a la percepción visual, tales como la de percibir en la oscuridad un hombre donde antes se percibió un árbol; b) la vivencia del significado de un texto escrito (ejemplos de la carta, de las letras, etc.) ; pero fundamentalmente: c) la experiencia humana en su originariedad y totalidad, tomando en cuenta sus aspectos pragmáticos, sociales, corporales, valorativos, etc.: “A cada instante de nuestra vida somos tomados como desde el exterior por los significados que nosotros mismos leemos en las apariencias”; “el cielo, el mar, el sol, las estrellas, los seres humanos y todo nuestro entorno es asimismo algo que leemos”.[13]

También la noción wittgensteiniana de “ver como” está ligada al menos a estos tres ámbitos:

a) La mayoría de los ejemplos de “ver como” de Wittgenstein remiten a vivencias perceptivas visuales (como la de la cabeza-C-P, la figura de un cubo, la súbita aparición de algo que reconozco instantáneamente como un conejo, etc.). A pesar de que Wittgenstein intenta en ocasiones delimitar este concepto respecto del de “percepción”, tratándolo como a un caso particular, el hecho de que uno de los ejemplos de “ver como” más analizados sea el de percibir espacialmente (“ver al objeto como espacial”) hace evidente en qué medida toda percepción parece estar asociada a un “ver como”.[14]

b) El concepto de “ver como” o “ver un aspecto” se aplica también a la vivencia del significado de un texto o una palabra (o una letra) escrita. Wittgenstein analiza el “ver un aspecto” u otro de unos extraños trazos escritos, un símbolo de escritura que puede ser “visto como” (o “leído como”) una letra de un alfabeto extraño escrita correctamente, o una letra mal escrita, o escrita por un niño, o escrita con florituras burocráticas. “Y según la fantasía con que yo la rodee, la puedo ver en diversos aspectos. Y aquí hay un íntimo parentezco con la “vivencia del significado de una palabra”.[15] Más adelante reflexiona sobre el “ver un aspecto” de una palabra, por ejemplo, “sino” considerada en el contexto de una frase o como sustantivo (el “sino” como destino): “La importancia de este concepto – escribe- radica en la conexión entre los conceptos de ‘ver un aspecto’ y ‘vivir el significado de una palabra’”.[16]

c) Como es sabido el “significar” es tematizado por Wittgenstein en este segundo período de su pensamiento al que pertenecen sus Investigaciones Filosóficas de modo particular. El que una frase “signifique”, por ejemplo, no significa exclusiva ni primariamente que las palabras que la componen se refieran a objetos (como sostendría la teoría más tradicional del significado como referencia que Wittgenstein ve representada, por ejemplo, en Agustín) ni a imágenes mentales. Tampoco significa exclusiva ni primariamente que la proposición sea una “figura” (i.e., reproduzca la “forma lógica”) de un hecho de aquellos que componen el mundo (como sostuvo Wittgenstein anteriormente en el Tractatus Logico-Philosophicus). “Significar” significa de diferente modo según los diversos “usos” de las unidades de lenguaje que corresponden a los diversos “juegos linguísticos” (Sprachpiele). “El significado de un término es su uso en el lenguaje” (i.e., su uso en cada juego linguístico).[17] Podría decirse que la noción de juego linguístico es, más aún, la clave de la descripción wittgensteiniana de la experiencia humana, ya que cada juego está esencialmente ligado a una determinada Lebensform: “Imaginar un lenguaje equivale a imaginar una forma de vida”.[18] El “ver un aspecto”, escribía Wittgenstein, está íntimamente ligado a la vivencia del significado. Por lo tanto, está también íntimamente ligado al concepto de “juego lingüístico” (y nociones asociadas como las de “uso”, “contexto”, “forma de vida”) que define para Wittgenstein el significar y es la clave de su descripción de la experiencia humana. Es evidente que Wittgenstein observa esta estrecha relación cuando en pasajes cercanos (§ VI; § IX) analiza paralelamente cómo una palabra puede ser acompañada de diferentes vivencias o sentimientos de significado y cómo una misma expresión significa de modo diferente según es usada en juegos diversos.[19] Sin embargo, esta siempre presente relación no permite una equiparación de ambos términos: Wittgenstein hace primar el uso, propio del juego lingüístico, como fenómeno originario.

En suma, el “ver como” wittgensteiniano es entonces, al igual que la noción de “lectura” weiliana, una clave apropiada para describir a la vez ciertas vivencias perceptivas, vivencias del significado textual pero también, fundamentalmente, la totalidad de la experiencia humana en su multiplicidad de aspectos. En este último sentido, la noción de “ver como” (que Wittgenstein a veces denomina “vivir como”[20]) y a su vez la de “lectura” se relacionan con la de “juego linguístico”. Esta intención de dar mediante sus nociones de “lectura” y “juego lingüístico” una descripción originaria de la diversidad de la experiencia se muestra en la multiformidad de los ejemplos utilizados por ambos pensadores, variedad que evidencia la dificultad de dar una definición unívoca y precisa de estas nociones y a su vez de la experiencia humana que describen.[21] Escribe J. Hartnack: “Los límites del juego lingüístico no parecen, en efecto, demasiado firmes. Difícil resultaría, pues, dibujar una línea de estricta demarcación entre lo que pertenece al lenguaje y lo que no”.[22] Lo mismo podría afirmarse respecto de la noción de “lectura”, en cuanto provee un modelo de descripción fundado en el “sentido” que se aplica a todo el ámbito de la acción humana.

Ya se observó que Weil enfatiza en sus ejemplos el hecho de que la lectura de un sentido está indisolublemente ligada a reacciones anímicas (temor, odio, interés, etc.) : el sentido leído, así se trate de un texto escrito, de la percepción visual o de la experiencia en general, no es primariamente neutro. Esto está ligado a que toda lectura implica, antes que una actitud teórica de conocimiento, cierta disposición pragmática: la lectura de algo como algo es simultánea de cierta actitud práctica o de cierto espectro determinado de actitudes posibles respecto suyo, por ejemplo, la huida o el estar al acecho frente a lo leído como peligroso, o el sentarse frente a lo leído como una silla agradable: “Si en un ruido leo algún beneficio a ganar corro hacia ese ruido; si sólo leo peligro, corro lejos de él. En los dos casos, la necesidad de actuar, aun a mi pesar, se me impone de modo evidente e inmediato, como el ruido, con el ruido; yo la leo en el ruido”.[23] Recuérdese que de este modo Weil sólo amplía y profundiza lo que ya expresaba, por ejemplo, en una de sus lecciones de filosofía de Roanne: “Todo lo que vemos nos sugiere algún tipo de movimiento, aunque sea imperceptible. (Una silla nos sugiere sentarnos, una escalera subir por ella, etc.)”.[24] Podría decirse también que la lectura de algo como algo nos posibilita actuar respecto suyo de ciertas maneras o ilumina un determinado “poder hacer” respecto de él. Así, por ejemplo, el aprender a manejar instrumentos o vehículos significa aprender a “leerlos” de determinada manera, lecturas que hacen posible el ejercicio de cierta habilidad -un ejemplo recurrente en Weil es el del ciclista-. También escribe: “El trabajo en el sentido ordinario del término es un ejemplo [de lectura], pues cada útil es […] un instrumento a leer, y cada aprendizaje el aprendizaje de una lectura”.[25] También Wittgenstein es sensible a esta disposición anímica que acompaña a todo “ver un aspecto”. Aún cuando consideramos, por ejemplo, palabras sueltas, cada una en tanto significa va acompañada para nosotros de cierta disposición afectiva y cierta valoración, como si se tratara de retratos de rostros conocidos.

“El rostro familiar de una palabra, la sensación de que recogió en sí su significado, de que es el retrato vivo de su significado -podría haber seres humanos a quienes todo eso fuera ajeno. (Les faltaría el cariño por sus palabras.) – ¿Y cómo se manifiestan estos sentimientos entre nosotros? – En que escogemos y valoramos las palabras”.[26]

Otros dos ejemplos que Wittgenstein considera muestran cómo el ver (o leer) algo como algo es indisociable de cierta disposición pragmática o “poder hacer” respecto de lo leído. El primero se refiere a las actitudes del comportamiento de los niños al jugar con una muñeca como si fuera un bebé o con una caja como una casa. “¿Y ve el niño la caja como casa? ‘Se olvida por completo de que es una caja; para él es realmente una casa’ (Para ello hay ciertos síntomas). ¿No sería entonces correcto decir que la ve como casa? [….] la expresión de la voz y las muecas es la misma que si el objeto hubiera cambiado”.[27] Un segundo ejemplo en este sentido es el de leer cierta figura plana (un cubo dibujado en un papel, por ejemplo) como espacial:

“Lo que nos convence de que se ve el dibujo espacialmente [de que se ve o lee algo como algo] es cierta forma del “sabérselas todas” [con él]. Ciertos gestos, por ejemplo […] finos matices del comportamiento”; “Sólo se diría de alguien que ahora ve algo así, luego así, si es capaz de hacer fácilmente ciertas aplicaciones de la figura. El substrato de esta vivencia es el dominio de una técnica.[…] Sólo de alguien que puede hacer esto o lo otro, que lo ha aprendido, dominado, tiene sentido decir que lo ha vivido [o ‘visto como’]”.[28]

Es una parte esencial de la definición del concepto de lectura tanto como del de ver un aspecto el que existe una diversidad de lecturas o de aspectos de lo mismo, lo cual lleva a la tematización, respectivamente, del “cambio de lectura” y del “cambio de aspecto” (cambio que Wittgenstein hace preceder de lo que denomina el “fulgurar de un aspecto”). Prácticamente todos los ejemplos usados por Weil y Wittgenstein apuntan a mostrar esta diversidad. En el caso de Weil: la lectura de la misma carta como terrible o insignificante, de la misma configuración oscura como un árbol o como un hombre, del mismo bien como ajeno o propio. (Ya se aludió a esta posibilidad de leer lo mismo de distintos modos que es clave en el concepto de lectura en relación con el problema de la sensación: si bien la inmediatez del darse del sentido implica cuestionar la dualidad sensación-sentido, por otra parte al reflexionar sobre el caso en que se leen sentidos distintos de lo mismo aparece la necesidad de postular, aunque sólo sea hipotéticamente y no como parte de la experiencia vivida, cierta materialidad sensible). En el caso de Witggenstein, puede recordarse el ejemplo de la figura esquemática de un cubo que puede ser vista sucesivamente como un cubo de vidrio, una armazón de alambre, una caja opaca, tres tablas que forman un ángulo, etc. Comenta Wittgenstein: “El cambio de aspecto. ‘¡Ciertamente dirías que la figura ha cambiado ahora completamente!’”.[29] Asociada al cambio de aspecto aparece la situación de una misma palabra, por ejemplo, “casa”, al ser usada como verbo conjugado o como sustantivo.[30] Cambia el “rostro” con que la palabra nos mira, según la imagen de Wittgenstein. Aun una misma expresión como “tengo dolor” puede significar algo semejante a un grito, a una descripción o algo distinto según el contexto: “¿Es pues tan asombroso que yo use la misma expresión en juegos diversos?”.[31]

Ya se observó también que Weil considera que el hecho de que se lean determinados significados y no otros obedece a un aprendizaje en el cual desempeña un papel central el hábito. También Wittgenstein escribe:

“¿Podría yo decir cómo tiene que estar constituida una figura para producir este efecto [para ser leída de tal manera]? No. Hay modos de pintar, por ejemplo, que a mí no me comunican nada de esta manera inmediata, pero sí lo hacen a otras personas. Creo que aquí tienen algo que ver el hábito y la educación”.[32]

Por otro lado, la lectura de algo como algo, así como el significar en Wittgenstein, implica cierto contexto pragmático social, cierta situación o modo de vida (Lebensform) que determinará el significado leído en cada caso. Los ejemplos de Weil hacen patente esta relación: durante la guerra se aprende a leer a ciertos hombres de determinada manera, los obreros leen los elementos de la fábrica de modo distinto al capataz y al visitante, etc.

Aquello que llama primeramente la atención de Weil en la vivencia de la lectura es, como ya fue analizado aquí, el hecho de que parecen en ella conjugarse una dimensión pasiva e inmediata en que el sentido nos toma como desde fuera con una dimensión activa y mediata de constitución del sentido. Esta doble dirección implicada en la lectura es la que causa el asombroso hecho de que la misma carta puede golpear de tal manera a una lectora (como si el sentido la tomara desde fuera) y sin embargo no producir nada en alguien que no sabe leer (lo cual denota la actividad constitutiva de la primera lectora, que parecía recibir pasivamente el “golpe” del sentido). La siguiente reflexión de Wittgenstein se refiere a una situación idéntica a la que expresa el ejemplo de la carta en Weil : “¿puede separarse este sentimiento de la frase? Y sin embargo, no es la frase misma; pues alguien la puede oír [o leer] sin ese sentimiento”.[33] Lo que asombra a ambos pensadores en este caso es que en la lectura la vivencia inmediata en que recibimos pasivamente el significado como si proviniera del exterior parece estar asociada simultáneamente a cierta actividad interpretativa del sujeto: “¿Pero cómo es posible que se vea una cosa de acuerdo con una interpretación?” -se pregunta Wittgenstein-. Y continúa: “La pregunta lo presenta como un hecho singular; como si aquí se hubiera forzado algo a tomar una forma que no le convenía. Pero aquí no ha habido ningún presionar ni forzar”.[34] En algunos textos de Weil (correspondientes más bien al período de su filosofía denominado “de transición”, cuando la noción de lectura aun está en gestación) esta imbricación pasividad-inmediatez/actividad-mediatez es expresada diciendo que la lectura es la combinación del un ver (inmediato) con un pensar (mediato), formulación en la cual, por otra parte, es posible oír el eco de la teoría kantiana de la experiencia como resultado de la cooperación de la pasividad de la sensibilidad y la actividad del entendimiento: “Conciliación de la intuición inmediata y del razonamiento = leer una cosa en otra”.[35] Paralelamente, escribe Wittgenstein en torno al “ver como”: “Si ahora reconozco a mi conocido entre la multitud, después de haber estado mirando quizá largo tiempo en su dirección – ¿es esto un ver particular? ¿Es un ver y un pensar? ¿O una fusión de ambos -como casi quisiera decir?”[36]

En suma, la tematización weiliana y la wittgensteiniana del significar exhiben notorios paralelos: ambos pensadores desarrollan un modelo de descripción de la significación que no se limita a una aplicación lingüística sino que alcanza por ejemplo a la descripción de la percepción de los objetos en el espacio, el manejo de útiles y vehículos, las conductas sociales, etc.; ambos atienden a las disposiciones anímicas y pragmáticas (conductas y movimientos corporales), a los aspectos intersubjetivos y al papel del aprendizaje y el hábito en la vivencia del sentido; al describir la experiencia humana como multiplicidad de “lecturas” y de “juegos de lenguaje” ambos enfatizan la diversidad que es propia de aquella. Estos paralelos resultarán útiles para elucidar ciertos problemas de la teoría weiliana de la lectura, y sobre su base podrán surgir otros puntos de posible acercamiento entre ambas filosofías.


  1. Aludimos así a los paralelos esbozados en los puntos anteriores con la fenomenología de Husserl y la hermenéutica de Heidegger. La denominación de “fenomenológica-hermenéutica” se justifica en cuanto, como dice B. Waldenfels, existe “cierta vecindad entre las fenomenologías hermenéutica y trascendental puesto que el ‘análisis existenciario’ analiza sentido, al igual que el ‘análisis intencional’; por consiguiente, toma el ‘algo como algo’ y no retoma ningún ‘algo’ puro, y dado que el análisis existenciario -al contrario de posteriores análisis de textos y análisis lingüísticos- obtiene sus elementos constructivos una y otra vez a partir de la comprensión directa de las cosas. En esta medida, hablar de una ‘fenomenología hermenéutica’ no significa un simple tópico” (B. Waldenfels, op. cit., p. 60).
  2. En la bibliografía final incluimos las referencias a los trabajos citados y consultados de estos autores.
  3. En el §124 de sus Investigaciones Filosóficas dice Wittgenstein: “El filósofo no puede, en modo alguno, incidir en el uso real del lenguaje; sólo puede, en suma, describirlo”. Winch compara este descriptivismo con el de Weil: “uno de los más llamativos rasgos de la descripción de Weil del concepto del ser humano y de cómo esta descripción es formada […] es que sus raíces están en los modos según los cuales los seres humanos de hecho se relacionan [o reaccionan] unos con [o respecto de] otros. […] En el pasaje citado de ‘La Ilíada o el Poema de la Fuerza’ ella habla de la diferencia entre los modos en que de hecho nos comportamos respecto de un ser humano y respecto de una valla [por ejemplo]. Pero no hay alusión allí a algo ‘normativo’, sólo la descripción de ciertos hechos familiares” (P Winch, Simone Weil. The Just Balance, Cambridge, Cambridge University Press, 1995, p. 113).
  4. L. Wittgenstein, Investigaciones Filosóficas, § 255.
  5. S. Weil, OC VI 1, p. 174.
  6. S. Weil, First and Last Notebooks, (trad. de R. Rhees), Oxford, Oxford University Press, p. 362.
  7. L. Witgenstein, Culture and Value, (trad. por Peter Winch), Oxford, Blackwell Publisher, 1980, p. 33.
  8. Peter Winch, Simone Weil. The Just Balance”, Cambridge, Cambridge University Press, 1989, p. 214 (nota 6), p. 220 (nota 15). Tras notar el paralelo aludido, agrega esta apreciación de las ventajas comparativas de cada una de las dos exposiciones del problema: “Wittgenstein discute con más detalle [que Weil] el rol de tales fenómenos en el concepto de percepción; pero él no hace la conexión explícita con cuestiones de ética que encontramos aquí [en Weil]”.
  9. L. Wittgenstein, Investigaciones Filosóficas, (trad. de A. García Suárez y U. Moulines; versión bilingüe), Barcelona, Ed. Crítica, 1988, pp. 408-527.
  10. “¡Deja que el uso te enseñe el significado!” (Ibid., p. 487). Respecto de la función de los ejemplos: “Con todos estos ejemplos no pretendo dar una lista completa. […] Su finalidad es sólo poner al lector en situación de ayudarse ante las oscuridades conceptuales” (Ibid., p. 473).
  11. Aunque a lo largo del análisis el filósofo se lamenta a veces de estar próximo a incurrir en ese error; las advertencias parecen a veces dirigidas a sí mismo: “No te preguntes ‘¿Qué pasa conmigo?’ – Pregúntate: ‘¿Qué sé del otro?’ “ (Ibid., p. 473).
  12. P. Winch, op. cit., p. 4.
  13. S. Weil, op. cit., pp. 14, 15.
  14. Cf. por ejemplo L. Wittgenstein, op. cit., p. 455.
  15. Ibid., p. 483.
  16. Ibid., p. 491.
  17. Ibid., §43. Estas ideas acerca del significar se encuentran expuestas especialmente en la Parte I de las Investigaciones Filosóficas.
  18. Ibid., p. §19.
  19. Obsérvese también la relación establecida en el siguiente párrafo entre “vivencia del significado” y “uso”: “Con las palabras ‘Cuando escuché esa palabra, significó para mí …’ él se refiere a un instante y a un modo de emplear la palabra.” (Ibid., p. 411)
  20. Ibid., p. 479.
  21. Algunos de los ejemplos más significativos son, en el caso de Weil (“lectura”): leer malas noticias en una carta; leer luego la apariencia misma de la carta al verla entre otros papeles como dolorosa; leer un texto como lo haría un corrector, atendiendo a las letras; leer el contacto de la lapicera con el papel en las sensaciones de la mano; leer la naturaleza; leer una configuración oscura como un hombre y luego como un árbol; leer a alguien como odioso; leer algo como peligroso; leer durante la guerra en los colores del uniforme enemigo la necesidad de matar; leer un útil de determinado modo en el trabajo; leer los movimientos del barco durante la tempestad como caos (en el caso del pasajero) o como indicaciones para maniobrar (en el caso del capitán); leer algo como propio o como ajeno; leer a alguien como algo; etc. Algunos ejemplos provistos por Wittgenstein para “ver un aspecto” y conceptos relacionados son: ver una semejanza entre dos rostros; ver una figura de un cubo como caja, armazón, etc.; ver la cabeza C-P como conejo o como pato; ver una forma humana donde antes se veían unas ramas; ver algo como un conejo que atraviesa de repente el paisaje; reconocer de pronto a un conocido en una multitud; ver espacialmente; ver aspectos de un triángulo (verlo como agujero triangular, apoyado en su base, colgado de su punta, como cuña, etc.); ver una figura de un caballo como al galope, en movimiento; ver un gesto de alguien como una sonrisa o no; tratar una caja como una casa en el juego de los niños; vivenciar el significado de una palabra; sentir una palabra como “delgada”, “grasosa”, etc.; sentir una vocal como “roja”, “verde”, etc.; etc. Algunos ejemplos para “juegos de lenguaje” de Wittgenstein son: dar órdenes y actuar siguiendo órdenes; relatar un suceso; presentar los resultados de un experimento mediante tablas y diagramas; inventar una historia; leer; actuar en teatro; contar un chiste; traducir de un lenguaje a otro; etc
  22. J. Hartnack, Wittgenstein y la filosofía contemporánea, Barcelona, Ariel, 1972, p. 113.
  23. S. Weil, “Essai …”, ibid., p. 16.
  24. Cit. por Winch, op. cit., p. 44.
  25. S. Weil, ibid., p. 18.
  26. L. Wittgenstein, ibid., p. 499. También: “Lo trato como esto; ésta es mi actitud hacia la imagen. Esto es un significado de llamarlo ‘ver’ “ (Ibid., p. 471); “Reaccionamos de manera distinta a la impresión del rostro de aquel que no la reconoce [no la “ve” o “lee”] como tímida” (Ibid., p. 481).
  27. Ibid., p. 473, 474.
  28. Ibid., pp. 467; 479. Los ejemplos de Weil y Wittgenstein enumerados en este punto podrían servir también, por otra parte, para ilustrar las nociones heideggerianas de disposicionalidad y comprensión cuya relación con la teoría de Weil ya fue observada más arriba.
  29. Ibid., p. 451.
  30. Ibid., p. 491 (hemos adaptado el ejemplo a una forma más evidente en español).
  31. Ibid., pp. 436, 437.
  32. Ibid., p. 463.
  33. Ibid., p. 425.
  34. Ibid., p. 461.
  35. S. Weil, OC VI 1, p. 80.
  36. L. Wittgenstein, op. cit., p. 455.


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