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La virtualidad: entre el espacio de los lugares y el espacio de flujos

Claudia Tomadoni[1]

Situarnos en contexto de pandemia

Comienzo a escribir estas líneas mientras transcurrimos el segundo año de pandemia del Covid-19. Nunca como hoy es necesario situarnos en tiempo y lugar para enfrentar un fenómeno de dislocación de espaciotiempo como no habíamos experimentado hasta ahora en la historia. Es cierto, a lo largo de siglos hubo pandemias pero esta parece ser diferente.

Pese a ser el Covid-19 nuevo, la crisis actual por él generada no es un fenómeno aislado o de generación espontánea, sino que posee una génesis y se sustenta en un sistema que condiciona su evolución. El Covid-19 no solo es un problema de un virus atacando a personas en todo el planeta sino un catalizador del (des)orden social desigual, combinado, contradictorio y complejo (Di Cione, 2007) de las sociedades actuales. Sociedades donde los más vulnerables padecen el virus de manera agravada, en tanto son víctimas de la(s) crisis[2] previas no resueltas relacionadas con la calidad de vida, el hábitat, el trabajo, el ambiente, la salud pública, el trabajo informal y precario, etc. La actual crisis no es pandémica sino sindémica (Singer, 2009), producto de sociedades desiguales e injustas sin políticas públicas que promuevan la calidad de vida. La(s) crisis ha ido una forma de transitar y mantener el statu quo de situaciones sin resolución.

En este contexto, las sociedades están experimentando transiciones de manera desigual, en virtud del grado de acceso a bienes y servicios. En este escrito reflexiono sobre la virtualización de la sociedad vinculando la transición tecnológica con la cuestión territorial. Conceptualizo la primera como el paso de formatos analógicos a digitales y al territorio como una porción de espacio en el cual convergen el espacio de los lugares y el espacio de los flujos (Castells, 1997). Milton Santos (2000) definió el espacio como forma y contenido, que constituye por sus dinámicas un híbrido. Este espacio en coordenadas precisas es lo que denomino: territorio.

El territorio como un híbrido de formas-contenidos atraviesa un proceso creciente de virtualización de las relaciones sociales que no son una novedad en época de pandemia. Lo que es novedad es la reorganización de los vínculos familiares, laborales y sociales, el incremento exponencial del uso de tecnologías virtuales y el acceso limitado de muchos a las tecnologías. Para comprender estas novedades reviso desde cuándo arrancó este proceso de virtualización y cómo la pandemia solo ha puesto al descubierto y ha profundizado situaciones en ciernes.

Reflexiones territoriales en tiempos prepandémicos

Hoy la comunicación virtual a través de videoconferencias mediante plataformas permiten compartir ideas y relacionarnos en un acá-allá sin fronteras que rompre toda escala geográfica conocida. En 2008 me preguntaba: ¿cuán nuevo era el proceso de virtualización? ¿Cómo localizarnos en ese proceso? ¿Qué era el allá y el acá y quién lo definía? Esas preguntas surgieron de la lectura de un libro de Michel Serré, quien ya en 1994 se había cuestionado sobre cómo habitar nuevas virtualidades. Como un adelantado en los aires del nuevo milenio, el filósofo francés proponía construir nuevos atlas ante un mundo cambiante, y señalaba:

… ahora todo cambia: las ciencias, sus métodos y sus inventos, la forma de transformar las cosas; las técnicas, es decir el trabajo, su organización y el vínculo social que presupone o destruye; la familia y las escuelas, las oficinas y las fábricas, el campo y la ciudad, las naciones y la política, el hábitat y los viajes, las fronteras, la riqueza y la miseria, la forma de hacer niños y de educarlos, la de hacer la guerra y la de exterminarse, la violencia, el derecho, la muerte, los espectáculos. ¿Dónde vamos a vivir? ¿Con quién? ¿Cómo ganarnos la vida? ¿A dónde emigrar? ¿Qué saber, qué aprender, qué enseñar, qué hacer? ¿Cómo comportarse? En suma, ¿cómo encontrar puntos de referencia en el mundo global, que se está alzando y parece sustituir al antiguo, bien clasificado en espacios diversos?

En 2015 reescribí aquellas ideas que nunca publiqué y algunas de las cuales quiero compartir como parámetro de reflexión sobre la creciente virtualización de estos tiempos pandémicos. Escribí entonces: ¡Necesitamos “nuevos atlas”! El espacio no es un escenario, no es make up, es cuerpo que se construye a través del tiempo en y por las personas en sociedad y se revela en sus espacios reales (construidos y percibidos) y en sus espacios concebidos (imaginarios y representados), y en su suma, en sus espacios vividos (Lefebvre, 1976). Espacios vividos que necesitan, como señala Soja (1997) en una invitación a expandir la imaginación geográfica, de una praxis emancipadora para descubrir el espacio de los otros, la heterogeneidad, las heterotopías que bien señalaba Foucault (1986).

El Espacio es lo cercano y lo lejano, lo contiguo y lo discontiguo. El tiempo es el ahora y el después, lo continuo y lo discontinuo. En ambos casos pensamos en lo próximo. La sociedad es uno y nos(otros), el otro, es el conmigo y el contigo, es pensar en el prójimo. El espaciotiempo es una construcción social. Para aprehender estas construcciones es necesario construir atlas para ubicarnos nos(otros) en un lugar y para localizar a otros en relación con nos(otros). Habitamos entre horizontalidades y verticalidades (Santos, 2000). En el primer caso, necesitamos atlas horizontales para ubicarnos en la continuidad y contigüidad, atlas que representan las nociones tradicionales de lugar y de región. En el segundo, necesitamos atlas verticales para localizar a los otros en la discontinuidad y discontigüidad del espacio de los flujos. Un espacio de complejas redes que se burlan de los obstáculos naturales y construidos, de las fronteras y de las aduanas.

Hasta hace unas décadas los atlas se componían de papeles en los cuales se referenciaban objetos y relaciones mediante puntos, líneas y trazos diferentes, y sus formas cambiaron al compás del avance tecnológico. Estos mapas sirvieron en sus principios para guiar y orientar a viajeros, al mismo tiempo que servían para la conquista, el despojo y la colonización.

Estas representaciones en papel con el avance del siglo XX fueron cambiando de soportes, el papel se transformó en una antigüedad y el soporte digital fue la nueva forma de representación de las relaciones espaciales. Atrás quedaron los formatos analógicos. Los soportes digitales se hicieron comunes y también más accesibles, claro está, para quienes pudieron acceder a las computadoras. Hoy existen programas en internet que permiten localizarnos rápidamente e inclusive con fotografías satelitales. Estas nuevas cartografías construidas en principio con fines de conquista militar y económica comenzaron a comercializarse masivamente en versiones más simples a través de internet dadas las ganancias que reportaron.

A fines del siglo XX el mundo sufrió una nueva prolongación. Si al comienzo de la globalización del sistema mundo entre los siglos XII y XV, el mundo descubrió nuevos espacios “físicos”, nuevos lugares, en la actual fase de la globalización, el mundo descubre nuevos espacios virtuales que superan los límites conocidos de los anteriores. Nuevas formascontenidos emergen entre el espacio de los lugares y el espacio de los flujos. Pero ¿cuáles son las características de los nuevos espacios virtuales? ¿Qué rol juega la sociedad en su construcción, aceptación o rechazo? ¿Se puede a través de estos espacios construir herramientas de emancipación social (Habermas, 1989)?

La sociedad del nuevo milenio está inserta en un proceso de aceleración en el cual el espaciotiempo parece hacerse añicos ante el proceso de reestructuración productiva del capitalismo global, en el cual las innovaciones tecnológicas, informáticas y telecomunicacionales son variables coadyuvantes. En este sentido, “simultaneidad”, “reticularidad”, “instantaneidad” son cuestiones distintivas del proceso. Así, “en paralelo”, “en red” y “en segundos”, respectivamente, los agentes sociales construyen su historia. Si bien no todos tienen esta concepción, percepción y vivencia del espaciotiempo, será vital en los próximos años observar las estrechas relaciones entre el tradicional espacio de los lugares y espacio de los flujos y la virtualización creciente en y entre ambos.

Esta virtualización se está construyendo bajo una lógica espaciotemporal donde espacio y tiempo se muestran como una unidad (Santos, 1996; Hawking, 2005; Harvey, 2004; Capra, 2002). La virtualización no existe independiente de los lugares y los flujos, estos son sus puntos de anclaje. Las personas habitamos el espacio de los lugares y discurrimos simultáneamente por el espacio de los flujos. Los negocios, la educación, las relaciones familiares, el amor, los amigos se desarrollan tanto en uno como en otro espacio y las ligazones entre ambos cada vez son más intensas y allí transcurre nuestra vida cotidiana. Entonces, la virtualización vence al tiempo. Los flujos inducen al tiempo sin tiempo pero los lugares sí tienen un tiempo. El tiempo tirano del reloj que controla nuestros rendimientos como homo faber y que indica nuestra incorporación al mundo del trabajo.

Habitamos en los lugares e inmediatamente cuando nos saturamos de la virtualidad de computadoras que nos hacen perder la noción de espaciotiempo, el espacio de los lugares, el mundo del contacto con el otro, que es parte del nos(otros), es una tabla de salvación para entrar al mundo de la sensibilidad cotidiana. Si bien no todos tienen esta concepción, percepción y vivencia de espaciotiempo, ¿cómo habitar, cómo discurrir en el territorio? Lo estamos aprendiendo, experimentando y aún debemos construir nuestros propios mapas y atlas. Estas percepciones y vivencias personales sumadas a la de cientos de personas marcan cambios en las relaciones sociales.

Somos suma de individualidades pero ellas están regidas por sistemas. Hoy el capitalismo rige las relaciones de producción económicas, sociales, científico-tecnológicas, políticas, ideológicas, etc. Este sistema marca ritmos y conductas que condicionan nuestra reproducción a esquemas impuestos desde un mercado, donde el consumo orienta las prácticas sociales y nos sumerge en lo que he denominado: glocaldependencia (Tomadoni, 2009). Así, la glocalización dependiente es el resultado de sofisticadas herramientas de dominación que se recrean a través de un mercado ilimitado de consumo. Capitalismo, mercado, consumo son las palabras que el neoliberalismo ha implantado en el sentido común y con las cuales construimos nuestros mapas para orientarnos en el territorio. Así, la virtualidad creciente se ha tornado en una forma más de dependencia.

Necesitamos construir nuevos atlas que nos hagan conscientes de las realidades territoriales para que las virtualidades ayuden a la emancipación (Habermas, 1987) social con sustentabilidad incluyente, que preserve de manera dinámica con uso y sin agotamiento los recursos naturales y sociales de una humanidad que necesita transformaciones. Con la frase “el nuevo nos(otros) nos está esperando” terminé aquella reflexión que guardé en un cajón de mi escritorio.

2020-2021: los años pandémicos. ¿La transición?

Sin haber construido nuevos atlas sociales para ubicarnos y habitar en aquellos territorios híbridos entre los espacios de los lugares y los espacios de los flujos nos alcanzó la pandemia; y de repente, con una aceleración poca veces vista en la historia, la virtualidad ya existente se convirtió en la tabla de salvación para continuar con los contactos que necesitamos en tanto seres sociales que somos.

La pandemia ha causado ya millones de muertos y enfermos en todo el mundo y transcurre en un momento de múltiples transiciones: de transición tecnológica acelerada por nuevas y múltiples plataformas y aplicaciones, de transición ambiental con graves problemas por el cambio climático y de transición social con incremento global de las desigualdades. Los individuos atravesamos estas transiciones envueltos en restricciones, principalmente a nuestra movilidad, lo que nos ha llevado a reorganizar nuestros atlas cotidianos y a que, en menos de dos años, estos se hayan tornado día a día más virtuales. No obstante, no todos tienen acceso a la virtualidad y el territorio, ese híbrido de lugares y flujos revela situaciones de exclusión agravadas.

Así, la reorganización de los vínculos familiares, laborales y sociales, el incremento exponencial del uso de tecnologías virtuales y el acceso garantizado de muchos a las tecnologías son los grandes desafíos que enfrentamos. Podemos y debemos construir herramientas para superarlos porque ya no volveremos a lo que fuimos y tampoco queremos aquella “normalidad” tan injusta. Al menos ese es el deseo: lograr territorios inclusivos en lo social e integrados físicamente. Es aquí donde las políticas públicas y el ejercicio de lo político, tanto desde los ciudadanos como desde sus representantes, tienen el poder para promover, gestionar y defender una transición transformadora que dé lugar a una glocalización emancipadora. Construir atlas pospandémicos para transitar sociedades más justas e igualitarias es el desafío. ¿Cómo lograrlo? ¿Quiénes pueden construir este nuevo modelo de sociedad? ¿Qué estrategias construir? ¿Cómo desde las individualidades podemos sumar a lo comunitario lo social material, afectivo y emocional? Dejo aquí estas preguntas para que cada lector pueda responderse y responderme como un ejercicio reflexivo entre escritor y lector.

Bibliografía

Capra, F. (2002). Las conexiones ocultas, Editorial Anagrama, Barcelona.

Castells, M. (1997). La Era de la Información. Economía, sociedad y cultura, Editorial Alianza, Madrid.

Di Cione, V. y Santos, M. (1997). Geografías por venir. Cuestiones Epistemológicas, Cooperativa Editora Universitaria, Buenos Aires.

Habermas, J. (1987). La acción comunicativa. Volumen I, Editorial Taurus, Madrid.

Harvey, D. (2003). “The right to the city”, International Journal of urban and regional research, Vol. 27, N°4, pp. 9-39.

Hawking, S., Milodinow, L. (2005). Brevísima historia del tiempo, Editorial Crítica, Barcelona.

Foucault, M. (1986). “Of other spaces”, Diacrities, N° 16, pp. 22-27.

Lefebvre, H. (1976). Espacio y política, Ediciones Península, Barcelona.

Serré, M. (1994). Atlas, Editorial Cátedra, Madrid.

Soja, E. (1997). “El tercer espacio. Ampliando el horizonte de la imaginación geográfica”, Conferencia en Geographikós, Nº 8, 2º semestre, Buenos Aires.

Santos, M. (2000). La naturaleza del espacio. Técnica y tiempo. Razón y emoción, Editorial Ariel, Barcelona.

Singer, M. (2009). Introduction to syndemics: a critical systems approach to public and community health, CA Jossey-Bass, San Francisco.

Tomadoni, C. (2007). “A próposito de las nociones de espacio y territorio”, Revista Gestión y ambiente, Vol. 10 N° 1 mayo, pp. 53-67, Editorial Universidad Nacional de Colombia, Medellín.

Tomadoni, C. (2009). Los autos no compran autos… Territorio, reestructuración y crisis en la industria automotriz, Encuentro Grupo Editor, Córdoba.

Tomadoni, C., Romero Grezzi, C., Chirino, S. (2018). “Impensar las crisis socioambientales. Producción cooperativa de un hábitat inclusivo”, Revista Nueva Sociedad, N° 273, pp. 55-71, Buenos Aires.


  1. Doctora en Filosofía por la Universidad Bauhaus de Weimar, doctora en Geografía por la Universidad Nacional de La Plata, magíster en Impactos Territoriales y Ambientales de la Globalización de la Universidad Internacional de Andalucía, y licenciada y profesora en Historia por la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. Es coordinadora científica del Centro Internacional de Estudios Transdisciplinarios Argentina/Cono Sur (ARCOSUR) de la Universidad Friedrich-Schiller de Jena y coordinadora del Centro Maria Sibylla Merian de Estudios Avanzados Latinoamericano (CALAS) en la sede Cono Sur, con asiento binacional en la Universidad Nacional de San Martín y la Universidad Friedrich-Schiller de Jena. Es miembro de la Oficina Científica de Asesoramiento Legislativo de la H. Cámara de Diputados de la Nación Argentina, miembro de la Red de Científicos Argentinos en Alemania y fundadora de la Red de Mujeres en Diálogo Ambiental.
  2. Se utiliza la expresión “la crisis” para referir al momento agudo de tensión actual (2020-2021) y “la(s) crisis” para referir al proceso, crónico, de multiplicidad acumulada de tensiones no resueltas (Tomadoni, 2018).


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