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Diplomacia parlamentaria, herramienta relevante de la política exterior

Gustavo Martínez Pandiani[1] y Ariel Sotelo[2]

Históricamente, la diplomacia parlamentaria surge como una respuesta a las nuevas realidades del ámbito global, que hacen que los Estados nacionales deban interactuar en un mundo cada vez más interdependiente y conectado. En este contexto, el rol protagónico de los Congresos en la arena diplomática se enmarca en la necesidad de poner en marcha estrategias innovadoras de relacionamiento externo que complementen la función y las responsabilidades de la diplomacia tradicional.

Un instrumento central de la diplomacia parlamentaria es la composición de delegaciones multipartidarias de legisladores que inician un vínculo directo con sus pares de otra nación a efectos de acompañar, sostener y profundizar los vínculos y las negociaciones entre Estados. La composición multipartidaria de estas comitivas resulta clave toda vez que garantiza el carácter de políticas de Estado de sus iniciativas. Además, al no estar ejecutadas sus acciones por representantes de los Poderes Ejecutivos, sus actividades poseen mayor flexibilidad y amplitud, rasgos ambos que no siempre se encuentran disponibles en los escenarios que deben afrontar los actores de la diplomacia tradicional. En ocasiones los congresistas pueden desarrollar diálogos informales –y muchas veces más fructíferos– con sus pares, intercambiar ideas y buenas prácticas, y aportar soluciones innovadoras que no suelen estar al alcance de los negociadores de las cancillerías.

No obstante, lo antedicho no implica de ningún modo un avance sobre las funciones exclusivas de los Poderes Ejecutivos. Éstos retienen la responsabilidad primaria de diseñar y ejecutar la política exterior de sus países. En rigor, la irrupción de los Poderes Legislativos en las conversaciones diplomáticas obedece a un fenómeno más amplio de inclusión de nuevos actores estatales y no estatales, públicos y privados, que aportan nuevos lenguajes y lógicas al quehacer diplomático. Queda claro entonces que tanto la diplomacia tradicional como la parlamentaria cuentan con su propia legitimidad y naturaleza institucional. Cada una de ellas, desde perspectivas complementarias, busca afianzar y darles coherencia a los lazos bilaterales y multilaterales sobre los que se construyen las relaciones internacionales del Estado moderno.

Inicialmente las acciones de diplomacia parlamentaria se limitaban a la inclusión de un número acotado de diputados y senadores en las delegaciones nacionales que participaban de los foros habituales de los organismos internacionales. Posteriormente los Congresos fueron incorporando nuevos mecanismos de interacción. Junto con los conocidos Grupos Parlamentarios de Amistad (GPA), es habitual hoy ver en acción comisiones parlamentarias binacionales que se constituyen en torno a una o varias temáticas que resultan trascendentes para ambos países. A ello se suman organismos interparlamentarios regionales y globales tales como la Unión Interparlamentaria (UIP), conformada por 162 Parlamentos del mundo, la Confederación Parlamentaria de las Américas (COPA) y el Parlamento Latinoamericano (Parlatino), entre otros. Estas organizaciones han surgido ante la necesidad de cooperación y colaboración que experimentan las instituciones legislativas. Esta ampliación de roles de los Congresos ha resultado también en la creación de grupos parlamentarios birregionales, como la iniciativa Eurolat, que incluye países europeos y latinoamericanos. Finalmente, se observan delegaciones parlamentarias que toman contacto directo con entidades transnacionales, tales como la ONU, la OEA, la OCDE y el G20, para citar solo algunos ejemplos.

En las últimas décadas la revolución digital ha dotado a los Parlamentos de nuevas herramientas y plataformas de vinculación. Bajo el espíritu del “Parlamento abierto” los legisladores han iniciado una serie de acciones de transparencia que los acerca de un modo más directo a la ciudadanía. Puntualmente, la situación excepcional que atraviesa el mundo como consecuencia del Covid-19 ha significado nuevos desafíos de cooperación como resultado del cierre de las fronteras físicas y la impostergable necesidad de coordinación de cara a la pandemia.

En el caso del Congreso argentino este proceso ha significado que la Cámara de Diputados y el Senado de la Nación deban tomar consciencia de la oportunidad que representa aprender de la experiencia que tuvieron que atravesar sus pares de otros países. En este contexto, se ha fortalecido el rol de la Dirección General de Diplomacia Parlamentaria, oficina cuya función es asistir al presidente de la Honorable Cámara de Diputados (HCDN) y a los 256 legisladores y legisladoras en pos de profundizar las relaciones económicas, políticas, culturales y sociales con todas las regiones del mundo. Adicionalmente se generaron mecanismos institucionales de diálogo con Congresos de la región. Por ejemplo, el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación Argentina, Sergio T. Massa, y la presidenta de la Cámara de Diputados de México organizaron de manera conjunta en mayo de 2020 un conversatorio para intercambiar experiencias sobre el abordaje multidimensional de la pandemia del que participaron las máximas autoridades de los Parlamentos de América Latina y el Caribe.

Con un espíritu similar, se llevaron adelante reuniones tanto en Argentina como en Brasil de los presidentes de las Cámaras de Diputados, acompañados en ambas oportunidades por delegaciones parlamentarias multipartidarias. En tal ocasión el mandatario argentino y su par brasileño firmaron la “Declaración Parlamentaria de Buenos Aires”, un documento cuyo objetivo es afianzar la cooperación legislativa entre ambas naciones. A este tipo de acciones particulares se suman los convenios de cooperación internacional con organizaciones civiles y políticas, encuentros entre funcionarios, embajadores y parlamentarios extranjeros con el presidente y los miembros de la Cámara de Diputados, y las misiones oficiales al exterior tanto para profundizar agendas bilaterales como para colaborar como observadores electorales en procesos democráticos, tal como fueron las misiones recientes para acompañar los comicios presidenciales de 2020 en Bolivia y las elecciones legislativas de 2021 en el Salvador, en negociaciones de procesos de paz y en foros de protección de derechos humanos y libertades individuales, solo por mencionar algunos casos prácticos del trabajo cotidiano.

En resumen, la diplomacia parlamentaria ha dejado de ser una acción de acompañamiento formal, muchas veces subestimada en el ámbito diplomático, y se ha transformado en una potente herramienta de complementación con que cuentan los Poderes Ejecutivos del mundo globalizado. Sin invadir los espacios decisionales propios y exclusivos de las presidencias y sus Cancillerías los Parlamentos ofrecen espacios renovados y flexibles como esferas alternativas de diálogo interestatal. Este fenómeno, que en la Argentina se encuentra muy consolidado, promete transformarse en las próximas décadas en una arena crucial de la diplomacia moderna.


  1. Diplomático de carrera egresado del Servicio Exterior de la Nación, licenciado en Ciencia Política de la Universidad del Salvador, magíster en Administración Pública por la Universidad de Harvard y máster en Administración de Negocios en la Universidad Estatal de Georgia. Fue embajador argentino en Barbados, San Cristóbal y Nieves, Dominica, Santa Lucía y la Organización de Estados del Caribe Oriental (OECO). Fue decano de la Facultad de Ciencias de la Educación y la Comunicación Social de la Universidad del Salvador, docente en instituciones educativas locales e internacionales, y publicó numerosos libros sobre diplomacia pública y comunicación política.
  2. Licenciado en Comercio Internacional por la Universidad Nacional de Quilmes y magíster en Economía y Desarrollo Industrial por la Universidad Nacional de General Sarmiento. Fue asesor senior en la Cancillería Argentina y asesor en políticas educativas de vinculación internacional en la Universidad Nacional de Hurlingham. Actualmente, cumple funciones como director general de Diplomacia Parlamentaria, Cooperación Internacional y Culto de la H. Cámara de Diputados de la Nación Argentina.


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