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Vida virtual

Eugenia Mitchelstein[1]

Trabajo remoto, clases por videollamada, terapia por Skype. Ninguno de estos conceptos era nuevo en marzo de 2020, cuando una epidemial viral confinó en su casa a gran parte de los habitantes de la Tierra. Y aunque algunos aspectos de nuestras vidas ya transcurrían online (nos informábamos a través de Twitter, mostrábamos nuestro desayuno en Instagram, coordinábamos reuniones laborales por WhatsApp), en esos primeros meses de pandemia, casi todos los planos de interacción pasaron de los átomos a los bytes, de la ciudad a las pantallas. Se virtualizaron. Vacunas mediante, la pandemia va a terminar. Volveremos a encontrarnos cara a cara, a trabajar en oficinas con otras personas, a cursar en aulas atestadas. Pero la vuelta a la interacción cotidiana llevará consigo los rastros de esta virtualización.

En el libro The Digital Environment: How we live, learn, work and play now (MIT Press, 2021) (El ambiente gigital: cómo vivimos, aprendemos, trabajamos y jugamos ahora), escrito con Pablo Boczkowski, proponemos que el entorno digital se suma a los otros dos ambientes en los que los seres humanos nos hemos desarrollado durante miles de años. Primero, el ambiente natural, en el que los recursos materiales como el suelo y el clima determinaban gran parte de la existencia de los seres humanos. Luego, el entorno urbano, desde las primeras ciudades, surgidas hace cinco mil años, hasta las megalópolis de millones de habitantes en las que vivimos ahora. La epidemia de Covid-19 visibilizó una tendencia que la precedía: la creciente mediatización de nuestra vida social, familiar y laboral. Como argumenta el teórico de los medios Mark Deuze en su libro Media Life (Vida mediática),

Los medios son para nosotros como el agua es para para los peces. Esto no significa que nuestra vida esté determinada por los medios, solo sugiere que nos guste o no, todos los aspectos de nuestras vidas tienen lugar en los medios.

El ambiente digital envuelve toda nuestra vida, desde los encuentros familiares hasta el entretenimiento audiovisual, desde las citas románticas hasta el trabajo. Este ensayo retoma los argumentos del libro The Digital Environment respecto a las prácticas relacionadas con la participación ciudadana, como el consumo de noticias, el activismo político y las elecciones.

La virtualización ha transformado tanto la producción de noticias como las prácticas de acceso a la información. Hasta finales del siglo XX, periodistas y editores tenían pocos competidores y trabajaban con tiempos predecibles y relativa libertad para ignorar las preferencias del público. En las última dos décadas, el periodismo pasó a competir con múltiples fuentes de información, en un contexto en el que el ciclo de noticias predeterminado (mañana, tarde y noche) pasó a ser, en palabras del sociólogo Eric KIinenberg, “un ciclón de noticias”, y en el que los editores reciben información constante sobre qué artículos son más populares, más likeados y más compartidos en redes sociales.

Luego del optimismo inicial respecto a las posibilidades de la tecnología para la participación de las audiencias, el periodismo entró en crisis, debido a la dificultad de establecer un modelo de negocios para la nueva era, que llevó a varios medios a la quiebra. El surgimiento y popularización de plataformas como Google y Facebook debilitaron aún más la posición de las empresas periodísticas. Las audiencias cambiaron su manera de acceder a noticias. En algunos casos, la multiplicidad de contenidos disponibles les permitió dejar de informarse sobre la actualidad. En otros, pasaron a consumir noticias de manera incidental y fragmentaria, como parte de su recorrido en redes sociales, y no como un fin en sí mismo (Gil de Zúñiga et al., 2017; Boczkowski, Mitchelstein y Matassi, 2018). Los cambios en las prácticas del público plantean nuevos desafíos a la producción de información.

El ambiente digital también hizo posible una mayor participación política de grupos poco visibilizados por los medios o la política tradicional. Expresiones como #NiUnaMenos en la Argentina, #UnVioladorEnTuCamino en Chile, o #BlackLivesMatter en Estados Unidos dan cuenta del potencial de las redes para coordinar acciones y difundir reclamos de larga data. Sin embargo, Marwan Kraidy, en su libro The naked blogger of Cairo (La bloguera desnuda de El Cairo), advierte sobre la importancia del cuerpo como medio de protesta: “la tecnología permite publicitar la disidencia, pero el cuerpo humano es el medio indispensable de protesta”.

Las campañas electorales son otro aspecto de la política transformado por la virtualización. Las plataformas digitales permiten a los partidos políticos comunicarse de manera más directa con el electorado y recolectar información sobre las preferencias de las y los votantes. Estas nuevas formas de comunicación han permitido que candidatos y candidatas con menor nivel de conocimiento aumenten sus posibilidades de llegar al electorado y ganar una elección, como en el caso de Alexandria Ocasio-Cortez en Estados Unidos. Más allá del rol de las plataformas, las elecciones todavía requieren boletas en papel, metidas en urnas o enviadas a través de una de las tecnologías de comunicación más antiguas: el correo.

La pandemia de Covid-19 aceleró e hizo evidentes muchos cambios en la participación ciudadana y en las prácticas políticas. Por ejemplo, los Poderes Legislativos de varios países, como Argentina, Brasil, Chile, Estados Unidos o el Reino Unido, modificaron sus reglamentos para permitir participación en sesiones por vía remota, incluyendo votaciones a distancia, mientras que, en otros países, la virtualización se limitó al trabajo en comisiones. Algunos de esos cambios se abandonarán con el fin de la pandemia. Otros, como la mayor flexibilidad para el trabajo remoto, o la posibilidad de participar en un seminario a distancia, tal vez hayan llegado para quedarse. Así como los seres humanos creamos las ciudades y las modificamos de manera constante, también somos artífices del ambiente digital y responsables por su arquitectura y sus reglas. Hagamos de nuestra vida virtual un entorno que favorezca la participación, la colaboración y la creatividad.

Bibliografía

Boczkowski, P. J. y Mitchelstein, E. (2021). The Digital Environment: How we live, learn, work and play now, MIT Press.

Boczkowski, P. J.; Mitchelstein, E., & Matassi, M. (2018). “News comes across when I’m in a moment of leisure”: Understanding the practices of incidental news consumption on social media, New media & society20 (10), pp. 3523-3539.

Deuze, M. (2012). Media Life, Polity.

Gil de Zúñiga, H.; Weeks, B., & Ardèvol-Abreu, A. (2017). Effects of the news-finds-me perception in communication: Social media use implications for news seeking and learning about politicsJournal of computer-mediated communication22 (3), pp. 105-123.

Klinenberg, E. (2005). “Convergence: News production in a digital age”, The Annals of the American Academy of Political and Social Science, 597 (1), 48-64.

Kraidy, M. M. (2016). The naked blogger of Cairo, Harvard University Press.


  1. Doctora en Medios, Tecnología y Sociedad por la Northwestern University, licenciada en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires y magíster en Medios y Comunicación en la London School of Economics and Political Science. Es profesora asociada de la Universidad en San Andrés y codirectora del Centro de Estudios sobre Medios y Sociedad en dicha universidad.


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