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16 La política coreana de seguridad energética

Políticas pasadas, dilemas y posibles alternativas actuales

Romina Tejeda (UAI-GEAP)

Introducción

Las marcadas diferencias en las economías energéticas de ambas naciones son obvias, por lo que este artículo parte del planteamiento de que la economía energética de Corea debe verse como un todo analítico. Muchos de los problemas de la península son comunes tanto en el Norte como en el Sur. Comparten el problema fundamental de la dotación limitada de recursos naturales. Por tanto, en ambas la energía nuclear tiene una cierta lógica natural en términos energéticos, cuestiones político-militares a un lado.

Las circunstancias energéticas de Corea del Norte son diferentes de Corea del Sur de una manera masiva: el aislamiento del Norte del sistema internacional como resultado de sus excéntricas políticas exteriores, su beligerante postura militar, y sus persistentes intentos de desarrollar energía nuclear para armas y otros instrumentos de destrucción masiva han tenido impacto en su desarrollo energético. Además de una falta subyacente de reservas nacionales de petróleo (asociadas, en el caso de Corea del Norte, con una imposibilidad para asegurar importaciones convenientes) otro dilema energético básico une a las dos Coreas: proporcionar un suministro adecuado de energía eléctrica.

Habiendo expuesto la problemática anterior debemos preguntarnos: ¿A que nos referimos cuando hablamos de seguridad energética? En este artículo se toma la conceptualización proveniente de la Agencia Internacional de Energía: “La disponibilidad ininterrumpida de las fuentes de energía a un precio asequible” (IEA, International Energy Agency, 2014). En este concepto confluyen aspectos de la seguridad nacional, por lo cual afecta a todos los sectores, el civil, militar, institucional y empresarial, por esta cuestión multidimensional del concepto es que para los gobiernos es vital una agenda nacional que contenga políticas de seguridad energética. La política energética de la península coreana será el objetivo principal de este artículo en donde se desglosará por un lado un breve panorama de la seguridad energética de ambas coreas, los dilemas por los que atraviesan y las alternativas que se les presentan en el horizonte. Al tener en cuenta la situación energética como punto de equilibrio e igualdad en cuanto a las necesidades de lograr el suministro de energía seguro se plantea como objetivo final la cooperación energética como una de las alternativas superadoras para la unificación de la península.

Las políticas de seguridad energética de Corea del Sur

Corea del sur continúa trabajando en la dirección de la política energética que tenía desde la década de 1990 donde el objetivo político era garantizar un suministro de energía estable y asequible necesario para su crecimiento económico, vida cotidiana y producción industrial. El sector de la energía estaba dominado por monopolios públicos, y los precios de la energía[1] eran directamente regulados por el gobierno, como una prioridad para lograr un rápido crecimiento económico. En los primeros años del 2000 el gobierno promovió la competencia en la industria energética con reformas estructurales de la industria de la energía. Permitió que el mercado decidiera la oferta y demanda de energía y los precios de esta. Pero con la llegada del Primer Plan Maestro de Energía (2008) se planteó como principal objetivo de la política energética a medio y largo plazo lograr un desarrollo sostenible, considerando simultáneamente la seguridad energética, el crecimiento económico y el impacto medioambiental. Tenía como objetivo maximizar el uso de la energía nuclear y renovable en paralelo por primera vez. Este plan ha proporcionado la base para una variedad de medidas destinadas a lograr el crecimiento “verde” desde 2008, incluida la promulgación de leyes, el establecimiento de comités, y establecer como propósito nacional la reducción de gases de efecto invernadero (GEI)[2] (Motie, 2014: 13). Lo transgresor de este plan es que estimuló la sostenibilidad en la industria energética y presentó un paradigma nuevo y avanzado para crear un nuevo motor de crecimiento a través de tecnologías “verdes” que se tradujo en el crecimiento en empresas de energías renovables[3].

Al depender en gran medida del combustible importado, contrarresta esta situación con los subsidios en energía. Principalmente, se trata de instrumentos económicos que se utilizan para impulsar el cambio, como el Estándar de Cartera de Renovables y los Esquemas de Comercio de Emisión. Los subsidios también se utilizan en gran medida para promover nuevas tecnologías y la implementación de infraestructura inteligente para la eficiencia energética dentro del país y bajar en algunos parámetros los altos índices de importación energética.

En el año 2014 se presenta el Segundo Plan Maestro de Energía, cuyos principales objetivos son: 1.Transición a políticas energéticas centradas en la gestión de la demanda, por lo cual se intenta reducir la demanda de electricidad en un 15% para 2035; 2. Suministrar más del 15% de la potencia de generación distribuida para 2035; 3. Lograr un equilibrio con las preocupaciones ambientales y de seguridad para mejorar la seguridad nuclear y fortalecer la respuesta al cambio climático; 4. Mejorar la seguridad energética y la estabilidad del suministro de energía, aquí son fundamentales los recursos en el exterior; 5. Establecer un sistema de suministro estable para cada fuente de energía como petróleo y gas para diversificar las rutas de suministro, ampliar la capacidad de almacenamiento interno, etc. Y por último 6. Dar forma a la política energética para reflejar la opinión pública en cuanto a mejorar el bienestar energético, responder proactivamente a las controversias relacionadas con la energía, etc. (Motie, 2014).

El trasfondo de la implementación de este plan energético tiene que ver con que la energía consumida en el sector industrial ha ido en constante aumento y actualmente excede el 60% del consumo de energía final. La materia prima, como la nafta y el carbón de coque, representa más de la mitad del consumo en el sector industrial y más del 35% del consumo total de energía final. Por lo que la energía utilizada como materia prima fue el mayor contribuyente al aumento en el consumo de energía. La intensidad energética (energía utilizada por unidad de PIB) de la economía coreana es relativamente alta debido a la gran proporción de industrias intensivas en energía en comparación con otros países (Motie, 2014: 22).

Sin embargo, entre los dilemas coreanos, se debe tener especial inflexión en el aumento constante en los precios de los combustibles fósiles ya que tendrá un gran impacto negativo en todo el mercado coreano. No nos olvidemos que su economía es altamente dependiente de las importaciones de este combustible, los altos precios del petróleo continuarán acelerando el desarrollo de energía alternativa y mejoras en la eficiencia energética.

a. Dilemas de la política energética actual

El dilema principal es que la distribución de los recursos es ineficiente, sobre todo en una de las vitales producciones de energía coreana como lo es la electricidad. Esto se debe a una política de bajo precio motivada por preocupaciones sociales y económicas que ha reforzado los patrones de consumo excesivo y acelerado la tendencia hacia el uso desproporcionado. Si bien se puede conservar un suministro estable de otras fuentes de energía almacenando e importando, el aumento inesperado de la demanda de electricidad puede dar lugar a un desequilibrio entre la oferta y la demanda si el suministro es insuficiente. Una expansión de las instalaciones de generación podría causar problemas ambientales, sobrecargar la red de transmisión, y provocar una reacción negativa de los consumidores. Los bajos precios de la electricidad también son un obstáculo significativo para el surgimiento de nuevos mercados, como la energía renovable. Los desequilibrios en la oferta-demanda en el área metropolitana de Seúl han llevado a un deterioro de las condiciones operativas en la red eléctrica y la red de transmisión.

Por otro lado, con el objetivo de lograr una “autosuficiencia nuclear rápida”[4], se tuvo como resultado una disminución de la transparencia dentro de la industria, no hubo la suficiente inversión en seguridad y en el sistema del mismo. Es por eso que el gobierno tuvo que crear un organismo regulador independiente, el Comité de Seguridad Nuclear y Seguridad, en octubre de 2011 después del accidente de Fukushima.

Con respecto a las preocupaciones por la seguridad nuclear, el 19 de junio de 2017, el presidente Moon anunció la transformación de la seguridad energética, en donde lo primordial será la conexión de la energía y los ciudadanos a través de la mejora en la seguridad nuclear y un mejor medio ambiente, a través de la cual se prioriza reforzar la norma de seguridad y el comité de seguridad nuclear enfocándose en cancelar el plan de construcción de 6 reactores y prohibir la renovación de las licencias a las antiguas centrales nucleares. Y a través de encuestas fomenta el consenso social sobre la construcción de dos reactores, para de esta manera hacer partícipes a todos de las decisiones energéticas y legitimar la política de energía nuclear con el aval ciudadano. Sin embargo, la eliminación de las centrales nucleares llevará mucho tiempo, se estipula que más de 60 años. De todas maneras, el uso energético nuclear está en su pico de producción y consumo.

En lo referente a las energías renovables el gobierno las plantea como una opción frente a la producción de carbón, por ejemplo, ya que prevé detener la construcción de plantas de carbón de alto grado contaminante, y que se inspeccione las ya existentes 9 plantas, e ir eliminando gradualmente las antiguas plantas de carbón, como uno de los objetivos asumidos en los planes y así aumentar la proporción de renovables en un 20% para 2030 (Motie, 2014: 26).

Todas estas cuestiones marcan que la política de transición energética carece de políticas a corto plazo para alinearse con los cambios del precio de la energía y de la reforma del mercado de la electricidad, tampoco cuenta aún con un vínculo estrecho con el nuevo plan sobre energías renovables y cambio climático, ya que el objetivo de electricidad renovable es un 20% para 2030, y recién para el año 2017 alcanzó un 7%. De todos modos, este objetivo no es alto en comparación con los Estados de la OCDE[5]. Actualmente, la capacidad de la energía solar fotovoltaica ronda los 5.5GW y la del viento es de 1.1GW (Motie, 2014: 14), por eso el objetivo puede ser muy ambicioso para Corea del Sur y debería rever sus estándares en las energías renovables.

b. Alternativas y posibilidades que emanan de ambos planes energéticos

Ambos planes significan la apertura de políticas de gobierno con respecto a la seguridad energética coreana y cómo solucionar los dilemas energéticos, donde se opta por mejorarla desplegando no solo impulso interno sino también la capacidad para el desarrollo de recursos en el extranjero: este cambio de enfoque conlleva a que empresas públicas de fusiones y adquisiciones compartan las compras con la exploración y el desarrollo de actividades y derechos de operación; ampliar el apoyo para alentar la inversión privada y el ingreso a industrias relacionadas, como la construcción de plantas; establecer un sistema de suministro estable para cada fuente de energía, con respecto al petróleo lograr reducir la dependencia de ciertos países exportadores mediante la diversificación de las rutas de importación de petróleo y mejorar la estructura industrial estableciendo un centro petrolero en el Noreste de Asia.

La cuestión del Gas responde agresivamente a los cambios en el mercado global en cuanto a los precios del petróleo en suba y por otro lado en ampliar la infraestructura de suministro para la acumulación doméstica. En lo pertinente a la electricidad, será importante la construcción de plantas de energía de manera oportuna, maximizar el uso de las plantas disponibles y de los recursos de generación para asegurar una capacidad de suministro estable en tiempos de desequilibrio de oferta-demanda.

La alternativa en la cuestión nuclear es priorizar la seguridad en toda la operación de las centrales nucleares inmediatamente mediante la expansión de la inversión, mejorando la gestión de las plantas envejecidas y fomentando la planificación y prevención inspecciones para mejorar la seguridad nuclear a gran escala. Pero sobre todo promover la innovación en la industria nuclear, promulgar leyes sobre regulación y supervisión nuclear y formar un panel gubernamental para la administración de instalaciones nucleares públicas.

En conclusión, se podría recomendar como alternativas cuatro puntos clave para llevar adelante los planes energéticos:

  • Participación de la comunidad local: ciudadanos, agricultores y poder comunitario.
  • Reforma del procedimiento de planificación para proyectos de Energía Renovable.
  • Promover parques eólicos marinos, ya que la extensión del territorio es limitada.
  • Gestión eficiente de la demanda del mix energético.
  • Reforzar y expandir el mercado de seguridad energética. Cooperación energética.

Los cambios deben ser estructurales y graduales, tiene que ver con responder de manera proactiva a los conflictos relacionados con la energía: mejorar la transparencia en todo el proceso e implementación. Será menester fortalecer la cooperación con los gobiernos locales y consolidar la base institucional a través de la optimización en el proceso de establecimiento de los planes regionales de energía; y promulgar ordenanzas relacionadas con la política energética regional.

Corea del Norte y las posibilidades de una seguridad energética desde el dilema del aislamiento

Desde el colapso de la Unión Soviética, su último aliado permanente, a fines de 1991, la infraestructura energética de Corea del Norte, al igual que su economía nacional en general, se ha deteriorado drásticamente. Corea del Norte, como Corea del Sur, históricamente ha tenido una economía de alto consumo de energía (Noland, 2000: 143). En el caso de Corea del Norte, esto fue causado por su cartera industrial, que se centró en productos pesados ​​y químicos industrias tales como productos químicos, metales, maquinaria y minería que fueron legadas en gran parte por Japón. El sesgo industrial pesado subsiste e incluso se intensifica durante las dos primeras décadas después de la Guerra de Corea.

Esta orientación energética de la economía, junto con la deficiente dotación de recursos y la necesidad de energía de las fuerzas armadas de Corea del Norte hacen de esta cuestión una preocupación prioritaria para el liderazgo político-militar de la RPDC. Kim Il-sung observó a mediados de la década de 1980 que “[sin] electricidad, no podemos producir nada, ni en tiempos de paz ni en tiempo de guerra” (Ahn, 2003: 118). Actualmente la preocupación ya no solo es por la cantidad de insumos energéticos para la economía, sino cada vez más, por su calidad también.

La energía eléctrica es el talón de Aquiles, donde se juntan los problemas de energía y el factor que afecta más directamente el funcionamiento de la economía. Los problemas energéticos que confronta en todas estas áreas están interrelacionados. Las restricciones energéticas de Corea del Norte son muy similares a las de Corea del Sur, Taiwán y Japón, ya que no posee ningún yacimiento petrolífero en tierra firme, aunque en agosto de 2002 Sovereign Ventures Pte. Ltd. (SVPL) de Singapur anunció que había encontrado reservas menores de petróleo y gas, cerca de la frontera con China a lo largo del río Tumen. También cuenta con depósitos de petróleo en el mar, ubicados en el fondo del mar al oeste de Anju en el Mar Amarillo, con potencial reservas de hasta 12.000 millones de barriles de petróleo (Harrison, 2005: 44), por lo que ha tratado de desarrollar estas reservas en alta mar en cooperación con China (1965-80); los soviéticos (1986); Australia (1988-90); Suecia (1993); Malasia (1997); Singapur (2001); y Reino Unido (2004) (Harrison 2005, 13). Una exploración de estas prometedoras reservas de petróleo en alta mar tendrá que esperar una resolución de la crisis nuclear coreana. La proximidad y los problemas territoriales con respecto a China dejan en claro que la exploración real también requeriría de la aprobación de esta última.

Corea del Norte, sin duda, tiene una importante capacidad hidroeléctrica; su terreno montañoso y las relativamente abundantes lluvias proporcionan un potencial inusual desde un punto de vista comparativo global. Proporciona más de la mitad del suministro eléctrico actual, y la producción claramente podría aumentar con capital adicional, inversión y aplicación de tecnología más sofisticada. También tiene significativos recursos de carbón, esencialmente antracita y carbón de lignito, en su mayoría producido a partir de minas subterráneas (Von Hippel, 2001: 12). Este carbón doméstico es el principal combustible para la generación de electricidad. Sin embargo, la extracción de carbón requiere electricidad para iluminación, martillos neumáticos, y sacar carbón de las minas. Además, el carbón que se puede producir es desigual en calidad, lo que crea problemas operacionales significativos, especialmente para las nuevas plantas a carbón. En 2001, el carbón proporcionó aproximadamente el 86% del consumo de energía primaria, cifra que viene en aumento marcadamente desde la década de 1990, a medida que se intensificó el aislamiento internacional. Tras el cese de los envíos de petróleo crudo KEDO en diciembre de 2002, Corea del Norte recurrió aún más intensamente al carbón como el único combustible que podría aumentar a través de sus propios esfuerzos. En 2003, por ejemplo, incrementó las asignaciones presupuestarias a la producción de carbón en más del 30%. Es el mayor incremento en el presupuesto no militar del país (KEDO, 2004: 40).

La generación de energía eléctrica ha sido una prioridad central del régimen y se ha destacado en el núcleo del primer Plan de Siete Años (1961-70). Ese plan hizo hincapié en el desarrollo de la generación de energía térmica para complementar la energía hidroeléctrica en la que se basaba para el 90% de su suministro total de electricidad en el momento. La expansión de la generación de energía también fue una prioridad constante del Plan de Seis Años (1971-76); el segundo Plan de Siete Años (1978-84); y el tercer Plan de Siete Años (1987-93). Aunque no ha elaborado planes económicos completos desde que se completó el último de ellos, su intento más reciente de configurar su futuro económico, el plan trienal de combustible y energía (2003-2005), se centra específicamente en ese sector (Ahn, 2004: 97-121).

Sin embargo, la generación de energía permanece en una seria restricción económica interna; las plantas hidroeléctricas generan aproximadamente dos tercios de la electricidad y las centrales térmicas aproximadamente un tercio. Todos, excepto la central térmica de Pyongyang, que dependía del combustible pesado que se cortó cuando se suspendió el acuerdo KEDO en 2002, son de carbón. Por lo tanto, el suministro de electricidad sufre indirectamente de una serie de dificultades relacionadas con la producción y el transporte de carbón. Una es la calidad del material rodante que transporta el 90% del carbón por ferrocarril. El propio gobierno está concentrando rotundamente una parte importante de los recursos nacionales que dedica a actividades no militares en el sector de la energía eléctrica (Ahn, 2004: 99). Sin embargo, este tratamiento prioritario no está deteniendo eficazmente el deterioro constante de un sector crucial.

En el marco acordado, celebrado entre Corea del Norte y Estados Unidos en octubre de 1994, Corea del Norte debía suspender la construcción de sus sospechosos proyectos nucleares. A cambio, dos 1.000 megavatios los reactores de agua ligera (LWR) debían ser provistos a la RPDC por una fecha objetivo de 2003, así como 500.000 toneladas métricas de fueloil pesado anualmente hasta que los reactores entraron en operación. Estas disposiciones estaban destinadas a reemplazar el suministro potencial de energía de los proyectos nucleares sospechosos, incluido Yongbyon. Una vez completados los reactores y después de un período de gracia de tres años, Corea del Norte debía comenzar a pagar el costo de estos nuevos reactores durante 17 años. La construcción en realidad comenzó en uno de los reactores, en Kumho, con Corea del Sur y Japón gastando aproximadamente mil millones cada uno en apoyo del proyecto a través de KEDO, que se estableció bajo el Marco Acordado (KEDO, 2004: 5).

En lo que respecta a las energías renovables con la ayuda del Nautilus Institute, ha construido 7 generadores propulsados ​​por energía eólica, aunque la capacidad de generación es de solo 9 kilovatios por unidad (Ahn, 2003: 122). También cuentan con el desarrollo de una planta de algas. Las imágenes satelitales de Google Earth muestran numerosas ubicaciones de estanques abiertos e incluso canales para el crecimiento de algas que datan de principios de la década de 2000. La hoja informativa de la CIA estima que el consumo diario de petróleo de Corea del Norte es de aproximadamente 17,000 barriles (basado en datos de 2014). Por lo general, no llama la atención cuando, en 2 años, más de 25 acres de estanques abiertos son cavados, irrigados y cultivados con algas. Después de todo, 25 acres tienen el potencial de producir solamente el equivalente a 350-600 barriles de petróleo por año. Sin embargo, una nueva instalación de investigación de algas en las afueras de Wonsan sugiere un interés creciente en desarrollar algas como recurso estratégico para diversificar suministros de energía y mejorar la producción agrícola, lo que en un futuro podría reducir las sanciones internacionales. (Jacobs, 2017).

Otra energía alternativa muy usada por la población es la solar, debido a los continuos apagones por la ineficiente red eléctrica. Mayormente son producciones caseras de materiales que suelen ser contrabandeados desde China. Esta acción de la ciudadanía por ahora no ha replicado en políticas de Estado concretas.

Para concluir este apartado es interesante exponer la visión de Kim Jong-un de lo que proyecta para la seguridad energética, en su discurso del año nuevo de 2014, en donde señaló que:

Deberíamos dar una prioridad definitiva a las industrias de energía eléctrica y minería del carbón. Al tomar medidas para generar electricidad al máximo en las estaciones de energía existentes, debemos elaborar planes prospectivos correctos para aliviar radicalmente la tensión en el suministro de electricidad y esforzarnos para llevarlos a cabo. Es importante producir más electricidad dando prioridad a los recursos hidráulicos y utilizando energía eólica, geotérmica, solar y de otro tipo de energía natural. Deberíamos aumentar proactivamente la producción en las minas de carbón y resolver drásticamente el problema del ferrocarril y otros tipos de transporte. Las industrias de la energía eléctrica y la minería del carbón y el sector del transporte ferroviario deberían hacer innovaciones coordinadas y así dar un fuerte impulso al desarrollo de la economía nacional. (Melvin, 2014: 33).

a. Alternativas energéticas

Las opciones a favor del petróleo y el carbón están, en cierta medida, insertas en ambas partes de la península, pero no son necesariamente las opciones más atractivas para el futuro de Corea. En términos generales, la estrategia óptima para ambas Coreas, desde una perspectiva de seguridad energética, es pasar del carbón y el petróleo al gas natural, la energía nuclear y la energía alternativa.

La energía nuclear también será una opción económicamente atractiva tanto para el Norte como para el Sur o, por igual, para una Corea reunificada en el largo plazo. Por lo tanto, no sería sorprendente, desde un punto de vista microeconómico, que Corea del Norte esté ansiosa por una planta nuclear civil, incluso aparte de sus claras aspiraciones militares en el área nuclear.

La energía alternativa es una tercera opción relativamente atractiva. Proporciona una gran medida de seguridad energética y también es amigable con el medioambiente. Tanto los costos de capital como los costos operativos son relativamente bajos. Sin embargo, la economía de la producción de energía alternativa es tal que no puede convertirse fácilmente en el tipo de alternativa principal al petróleo y el carbón que potencialmente pueden ser el gas natural y la energía nuclear. La alternativa a futuro está en la Academia Estatal de Ciencias, el “Silicon Valley” coreano, en la ciudad de Pyongsong, que es considerada la capital científica del país y el epicentro del desarrollo de la energía renovable.

El gas natural es atractivo porque es altamente eficiente y genera poca contaminación ambiental. El gas es relativamente rentable para usar en plantas de energía eléctrica; de hecho, las denominadas centrales térmicas de ciclo combinado a base de gas se consideran las plantas de energía más atractivas desde el punto de vista económico en el mundo actual, cuando se tienen en cuenta tanto el capital como los costos operativos. En Corea del Norte, el uso de gas es insignificante. Los altos costos de infraestructura para líneas troncales, tuberías regionales y tuberías de distribución son claramente una razón importante por la cual una red de gas coreana no ha avanzado más rápido. Los factores de riesgo político son una consideración adicional con respecto al gas por tubería si se pensara en una cooperación con Rusia. Es importante seguir afianzando los lazos de las relaciones estratégicas que ya tiene hasta esperar que se logre resolver la cuestión de las sanciones internacionales.

Otra alternativa se encuentra con su otro socio, China. En donde la colaboración energética continúa a pesar de ciertas rispideces en la relación bilateral, incluidas las sanciones. El “nuevo” proyecto de cooperación energética más significativo es la construcción de 2 centrales eléctricas adicionales en el río Amnok / Yalu, que limita con la provincia nororiental de Jagang y la provincia china de Jilin. En enero de 2010, celebraron el “IX Encuentro sobre la construcción chino-norcoreana de represas del río Yalu en Wangjianglou y Wenbing” y concertaron edificar 2 plantas de energía, cada una capaz de producir 154 millones de kilovatios-hora por año (Melvin & Bermudez, 2017).

b. La cooperación como alternativa superadora de la península coreana

El sector energético es clave para transformar la economía de Corea del Norte en una economía en paz con otras naciones, no depende de las exportaciones de armas ni de actividades ilícitas para obtener divisas fuertes, y es autosuficiente dentro de sus limitaciones. La recuperación de la infraestructura energética es una condición necesaria, aunque insuficiente, para cualquier escenario plausible en la que esta abandone su programa de armas nucleares. Corea del Norte no puede desarrollar una economía moderna sin asistencia del sector energético, y no cesará su política de provocación sin algún acuerdo que aborde el estado fundamental de inseguridad energética que prevalece en el país, como fueron en su momento KEDO. Dada la necesidad urgente de modernizar su economía energética, los proyectos regionales de intercambio de recursos energéticos que podrían abordar algunas de las necesidades urgentes y ganar divisas podrían interesar a todas las partes en negociaciones renovadas.

En caso de que finalmente se logre una solución viable al problema nuclear norcoreano, en todas sus dimensiones, existe mucho potencial para continuar la cooperación para abordar los problemas energéticos de la RPDC. Dadas las perspectivas de creciente interdependencia y reunificación final, Corea del Sur tiene fuertes incentivos para cooperar e invertir fuertemente en la infraestructura de Corea del Norte. Japón posee tecnología relevante, especialmente en la transmisión de energía a larga distancia y la eficiencia energética, y se espera ampliamente que haga una significativa contribución financiera al desarrollo económico de Corea del Norte en algún momento a fin de normalizar las relaciones políticas y resolver problemas históricos. Los incentivos de Rusia para cooperar, y su contribución potencial, también son sustanciales. Además de su gran potencial a largo plazo como proveedor de gas natural e hidroelectricidad, Rusia construyó la mayoría de las centrales térmicas que actualmente operan en Corea del Norte, y su apoyo con la generación de energía y el cableado sería natural. China es favorable a cualquier desarrollo del sector energético norcoreano, particularmente, se manifiesta un potencial en el área de cooperación en lo que atañe a la restauración de los oleoductos que conectan ambas naciones, como así también la construcción de infraestructura energética. Un papel de los EE. UU. En el desarrollo de la energía de Corea del Norte, obviamente siguiendo la resolución completa de la crisis nuclear, incluido el claro abandono de la RPDC de su programa nuclear militar, podría ser importante para razones diplomáticas, y la contribución económica también podría ser significativa. El apoyo de los EE. UU. también podría ser crucial para la prestación de asistencia por parte del Banco Mundial y otras instituciones financieras mundiales.

Es probable que los cambios en el Norte también estimulen un mayor comercio Norte-Sur, dando como resultado un crecimiento adicional y una demanda de energía en el Sur también. Ese crecimiento de la demanda de energía bien podría estar sesgado hacia la gasolina para el transporte de camiones y automóviles, sin duda en mayor medida que en la actualidad. En conjunto, los patrones emergentes de energía en el norte y el sur, dentro de una Corea más unificada, podrían significar una dependencia aún más profunda del petróleo, al menos hasta una infraestructura energética regional alternativa.

Un cambio político importante y sostenido en el Norte significaría, a largo plazo, una demanda de energía sustancialmente mayor. En efecto, la RPDC apenas podría consumir menos que en la actualidad. Una reconciliación Norte-Sur más institucionalizada implicaría una mayor integración global de Corea con la economía mundial, mayores entradas de capital y, por lo tanto, un desarrollo más rápido para toda la península.

Conclusión

Las inseguridades energéticas de Corea, como hemos visto, no son problemas sencillos y no pueden clasificarse fácilmente como militares económicos o políticos. Corea del Norte y Corea del Sur difieren en prácticamente todos los aspectos político-económicos imaginables, sin embargo, son similares en las configuraciones de su dilema energético: son economías de alto consumo de energía, con significativas bases industriales pesadas, que prácticamente no tienen suministro local de petróleo o gas. Afortunadamente, esta situación que las iguala le da al Norte y al Sur un interés común a largo plazo en optimizar suministro de energía, ya sea gas, energía nuclear o energía alternativa; y es aquí donde renuevo la cuestión de afianzar lo que la cooperación energética les puede proporcionar.

En medio de la controversia nuclear simultánea y la profundización de la crisis energética, la península de Corea se encuentra en una encrucijada histórica. Ambos gobiernos coreanos, junto con la sociedad, deben tomar medidas decisivas para resolver la crisis nuclear y enfrentar los problemas energéticos cada vez más profundos de la península, al tiempo que son sensibles a los vínculos entre el Norte y el Sur y las implicaciones a largo plazo que ha tenido esta separación.

Tanto la diversificación de los suministros de energía como la resolución de la crisis nuclear demandan una seria atención a los esquemas regionales cooperativos de energía. China, Rusia, Japón, como los Estados Unidos, tienen un interés en la consecución, no solo para persuadir a Corea del Norte de que abandone sus pretensiones nucleares sino también en un nuevo comercio de suministro de energía que se abriría en una de las regiones más importante de los últimos tiempos, el Sudeste Asiático.

Referencias bibliográficas

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  1. En el caso de los productos derivados del petróleo, los precios se liberalizaron en 1997. Sin embargo, los precios continuaron siendo regulado para electricidad, gas, calor, etc.
  2. Objetivo de reducción de GEI del 30% para 2020.
  3. Entre 2007 y 2011, el número de empresas en el mercado aumentó dos veces, el número de empleados cuatro veces, el volumen de ventas ocho veces y el volumen de las exportaciones y la cantidad de inversión privada siete veces (IEA, 2009).
  4. (1978) Kori 1 → (1999) Uljin · 4 (OPR1000) → (2014) Shin Kori · 4 (APR1400)
  5. La proporción de electricidad renovable representa alrededor del 24% en la generación de electricidad de la OCDE.


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