Otras publicaciones:

Book cover

9789871867974-frontcover

Otras publicaciones:

12-4388t

9789877230147-frontcover1

30 La recuperación económica en Corea y en Argentina
luego de la crisis

Camila Duré Cabrera (UAI-FCPyRI) y Malena Franicevich (UAI-GEAP)

Introducción

Este trabajo pretende comparar la recuperación económica de Corea luego de la crisis de 1997-1998, también llamada “la crisis del FMI”, y de Argentina, luego de la crisis ocurrida en los años 2001-2002, teniendo en cuenta las principales medidas económicas adoptadas por ambos países.

Ambas crisis se vieron precedidas por un aumento considerable de las entradas de capital extranjero, en un contexto de tipo de cambio semifijo en Corea, por el deseo de atraer más capital extranjero y totalmente fijo en Argentina para combatir la inflación desde 1991. Pero sus principales diferencias recaen en que el proceso que condujo a la crisis en Corea fue la sobreinversión del sector privado, es decir de los chaebol, que se traduce en el problema central de la crisis, mientras que en Argentina fue un profundo endeudamiento. El tipo de capital extranjero entrante en Argentina fue principalmente inversión en cartera, en otras palabras, compra de acciones o valores por parte de extranjeros y en Corea fue principalmente préstamos bancarios. Además, la estructura de la deuda fue fundamentalmente pública en Argentina y privada en Corea.

Es preciso mencionar que, antes del comienzo de la crisis en Corea, era difícil detectar las anormalidades en los principales indicadores macroeconómicos, ya que las únicas señales de inestabilidad provenían del sector externo. Por otro lado, en Argentina, la crisis fue totalmente previsible. Ya desde el año 1998 los indicadores económicos y sociales no dejaron de retroceder constantemente y los problemas comenzaron a agravarse, desembocando así en la implosión de la crisis del 2001. A partir de este año Argentina vivió una crisis económica, política y social de enorme envergadura y de grandes consecuencias.

Antecedentes de la crisis económica en Corea

La estrecha relación entre el Estado y los conglomerados fue el principal obstáculo con el que se toparon los impulsos reformistas. La culpa mayor recae en el ineficiente sistema financiero, donde comenzaron a cometerse prácticas corruptas, y el cual fue la pieza fundamental de un arsenal cada vez más reducido de armas para que el Estado controle y oriente las actividades de un pequeño grupo de grandes conglomerados, importantes para la producción industrial y el dinamismo exportador (Gutiérrez, 2001, p. 9).

Como se mencionó anteriormente, los únicos indicadores de una verosímil inestabilidad procedían del sector externo. Ya que como destacan SaKong y Koh (2012), “tanto el aumento de la producción como la masa monetaria, la tasa de interés, la inflación, el tipo de cambio y el saldo fiscal se encontraban en sus niveles de tendencia” (p. 85). El déficit en cuenta corriente aumentó repentinamente al 4,0% del PBI en 1996; también tuvo una importancia particular el aumento de las obligaciones externas a corto plazo, que correspondieron al 280% de la reserva de divisas en 1996. En su mayor parte, el aumento podría explicarse por los préstamos denominados en divisas emitidos por instituciones financieras, las cuales, debido a la deficiente gestión del riesgo, se hicieron cada vez más vulnerables a las conmociones externas (SaKong y Koh, 2012, pp. 85-86). Hahm y Mishkin (citados en SaKong y Koh, 2012) estiman que los préstamos improductivos en 1996 componían el 22% del crédito financiero total del sector empresarial, lo que reflejó la baja rentabilidad de las empresas.

Los 30 chaebol más grandes registraron una rentabilidad media de los activos del 0,2% y el –2,1% en 1996 y 1997, respectivamente. A principios de 1997, algunos chaebol fueron a la bancarrota y la deficiencia general de liquidez empezó a afectar a las empresas (SaKong y Koh, 2012, p. 86). Esta inestabilidad también aumentó en los mercados financieros internacionales, produciéndose un efecto contagio en la región asiática. Según Gutiérrez (2001), la crisis cambiaria y financiera que afectó a Asia estuvo marcada y acentuada en Corea por los problemas estructurales y de largo plazo que enfrentó su sector manufacturero y exportador: excesiva concentración de la producción y del comercio exterior, más una competencia muy aguda en los mercados internacionales y en el sistema financiero doméstico.

Crisis económica en Corea (1997/1998)

Gutiérrez (2001, p. 66) postula:

El epicentro se localizó en el sector industrial, gravemente afectado por la caída en los precios internacionales inducidos por una sobreoferta, justo en el momento en que se concretaba una fuerte expansión coreana en esos sectores. Una serie de quiebras de grupos intermedios (Sammi, Jinro, Dainong) y de algunos grandes como Hanbo y Kia, esta última rescatada gracias a una controversial intervención del Estado y luego adquirida por Hyundai, estaban presionando al mercado financiero, generando una escasez de divisas y de capitales, que obligó a los conglomerados a endeudarse en recursos financieros internacionales de corto plazo.

Pero la verdadera causa del problema debe buscarse en la crisis que comienza en el Sudeste Asiático, precisamente en Tailandia, generando una recesión que se extendió al Este de Asia, el principal mercado regional de productos e inversiones coreanas. Dicha crisis sorprendió al país en un momento de extrema fragilidad industrial (reflejada, entre otros indicadores, en la tasa de endeudamiento de los chaebol) y de la economía nacional, muy arraigada a la expansión de los mercados internacionales y vulnerable a las crisis cambiarias y financieras (Gutiérrez, 2001, p. 66).

Según Gutiérrez (2001), en este momento de contracción económica para el país, el empleo y los salarios fueron uno de los principales recursos utilizados por los grandes conglomerados coreanos para enfrentar los enormes problemas presupuestarios. El desempleo alcanzó un nivel histórico, el nivel de salarios nominales en el sector manufacturero había empezado a disminuir en el cuarto trimestre de 1997. La caída más relevante fue en la industria automotriz. Pero las PyMES[1] también se vieron fuertemente afectadas por la recesión en 1998, donde se registró una cifra record de quiebra de 22.826 pequeñas y medianas empresas, lo que para Corea significaba, en materia de fuerza de trabajo, el despido de millones de personas. La fuerte concentración de la economía coreana significó que las PyMES fueran desplazadas en la captación de recursos financieros internos. En julio de 1998, por ejemplo, 80% de los bonos emitidos eran de los cinco chaebol más grandes. Eso motivó al gobierno a restringir la emisión de bonos por parte de los grandes grupos económicos ya que, a corto plazo, las PyMES se verían perjudicadas nuevamente.

En el momento más crítico de la crisis coreana, la tasa del crecimiento del PBI fue de –5,80%; el desempleo, de un 8,6%; la tasa de interés alcanzaba el 31,3%; el tipo de cambio era de 1.964,80 por USD americano; la deuda externa a corto plazo superaba los 30.000 millones de dólares, y la reserva extranjera era de poco más de 48.000 millones de dólares (SaKong y Koh, 2012). Como establecen SaKong y Koh (2012), se han propuesto muchas explicaciones para la crisis financiera, las cuales se pueden clasificar en dos escuelas distintas. Según la primera escuela, la incongruencia entre la política cambiaria y la política monetaria y fiscal, la debilidad financiera de los sectores empresarial y bancario, las garantías estatales implícitas a empresas e instituciones financieras y los déficits insostenibles en cuenta corriente, es decir, los principales índices macroeconómicos, son parte esencial de cualquier crisis cambiaria. La segunda escuela asevera que los mercados financieros internacionales demuestran un alto grado de inestabilidad intrínseca. Cuando un acreedor supone que otros acreedores se retirarán de un país, muchos huirán también, con el efecto de deprimir la moneda y generar quiebras. Una acción colectiva de este tipo puede arruinar un Estado, aunque sus índices macroeconómicos sean adecuados.

De todas maneras, no hay suficientes evidencias definidas para respaldar ninguno de estos dos puntos de vista opuestos, lo que implica que cada uno puede contener cierto grado de veracidad.

Antecedentes de la crisis económica en Argentina

El último gobierno militar en Argentina produjo una transformación profunda de las reglas de funcionamiento del sistema financiero, una apertura irrestricta al mercado internacional y un acelerado proceso de desindustrialización (Rapoport, 2006). El endeudamiento externo tenía varias causas: la especulación financiera, los autopréstamos, los gastos militares y la corrupción.

La derrota de Malvinas condujo al fin de la dictadura, asumiendo en las elecciones presidenciales Raúl Alfonsín. Pero las “herencias” recibidas limitaron el accionar del nuevo gobierno, que no supo responder al desafío que se le presentaba de convalidar la democracia y salir de la crisis económica. Los problemas generados por el endeudamiento externo, el estancamiento económico y la inflación no se resolvieron. La creación del austral fracasó y derivó en una hiperinflación. Alfonsín dejó el poder en 1989, antes de terminar su mandato, con una deuda externa que superaba los 60.000 millones de dólares y una economía en estado crítico (Rapoport, 2006, pp. 40-41).

La llegada de Menem al poder en 1989 implicó, a su vez, la llegada del liberalismo económico. La política económica se alineó con los postulados del Consenso de Washington y siguió los consejos del Fondo Monetario Internacional (FMI) y de otros organismos financieros internacionales, con la firme decisión de adaptarse a los cambios de la época. Se instaló una economía de mercado: liberalización de la economía mediante la apertura comercial y la libre circulación de capital; reforma del Estado a través de las privatizaciones de las empresas públicas; y la desregulación de los mercados, que implicaba una mínima intervención económica del Estado (Quiroga, 2005, pp. 117-118).

Siguiendo la línea de Quiroga (2005), con la llegada de Cavallo al Ministerio de Economía en 1991 comenzó una nueva etapa en el país con la implementación de reformas estructurales como la sanción de la Ley de Convertibilidad. La clave del nuevo programa económico consistió en un sistema que combinaba la libre convertibilidad del peso con un tipo de cambio fijo sobrevaluado, siendo un dólar igual a un peso. Se exigió que el Banco Central mantuviera reservas en divisas que totalizaran el 100% de la base monetaria interna y se prohibió la emisión de moneda sin respaldo en divisas. Primeramente, al restablecer la confianza en la moneda, la convertibilidad redujo la inflación y restauró la estabilidad macroeconómica. Pero a principios de 1995 se hicieron evidentes los aspectos negativos de la convertibilidad (Quiroga, 2005, p. 126). Como explica Rapoport (2006), en un sistema así, con apertura irrestricta de los mercados, la única forma de controlar el déficit externo y el déficit fiscal era un continuo flujo de capitales o mediante la aplicación de políticas de ajuste recesivas para lograr bajar los costos laborales y obtener competitividad, acatando las medidas impuestas por el FMI. Asimismo, el rendimiento del plan de convertibilidad dependió de los préstamos extranjeros, dificultando la competitividad de la economía. Esta crecía solo con el endeudamiento externo público y privado. Al final de su gobierno, la deuda externa superaba los 140.000 millones de dólares y la fuga de capitales los 120.000 millones.

Crisis económica en Argentina (2001/2002)

En el 2001 se produjo la peor crisis económica de la historia argentina, la cual no lograba resolverse con las políticas económicas que el gobierno se comprometió a seguir en aquel entonces. El sistema de “convertibilidad”, bajo el cual el peso argentino fue fijado a un tipo de cambio de uno a uno con el dólar, se convirtió en una carga insoportable para la economía, una “camisa de fuerza” para la política monetaria. El tipo de cambio y la economía se sustentaban a través de un creciente endeudamiento externo, resultando en la acumulación de un nivel insostenible de deuda pública. En 1998, Argentina ingresa en un período de recesión y, a fines del 2001, la economía estalla en una depresión total.

Durante el período más profundo de la crisis, la tasa de crecimiento del PBI fue de un -20%, el desempleo de 18%, se estableció un tipo de cambio comercial de 1,40 $/US$ y otro tipo de cambio libre que comenzó cotizando a 1,70 $/US$, la deuda externa de 95.000 millones de dólares y la reserva extranjera de $65.601 millones, cayendo un -21,8%. A su vez, se destacan dos variables que no tuvieron suficiente influencia en Corea: la tasa de inflación, que alcanzó un 25,9%, y el índice de pobreza, que de acuerdo con la Encuesta Permanente de Hogares el 25% de los hogares y el 35% de las personas del Conglomerado Gran Buenos Aires se encontraban por debajo de la línea de pobreza, mientras que el 8,3% de los hogares y el 12,2% de las personas se hallaban en estado de indigencia.

En diciembre de 1999, Fernando De la Rúa sucede como presidente a Carlos Menem. Rápidamente su gobierno establece el primero de los tres paquetes de incrementos de tasas, el cual comienza a regir en enero del 2000. Los indicadores económicos se vuelven negativos ante este incremento aniquilando la incipiente recuperación económica. El presidente De la Rúa designó como ministro de economía a Domingo Cavallo, quien adoptó medidas diferentes a las implementadas en el gobierno menemista. Ambos obtuvieron la autorización del Congreso argentino para dos nuevos paquetes de incrementos impositivos, el primero en abril y el segundo llevado a cabo en agosto de 2001. Los ingresos generados por cada paquete de medidas fueron inferiores a las proyecciones realizadas (Saxton, 2003, pp. 3-4).

La investigación realizada por Saxton (2003) expone que, en política monetaria, el gobierno cometió los errores claves en abril y junio de 2001. El 17 de abril, Cavallo introdujo una ley para cambiar el tipo de cambio peso-dólar a una combinación entre el dólar y el euro. El 15 de junio, Cavallo anuncia un tipo de cambio preferencial para la exportación. El cambio especial fue un paso importante hacia las prácticas intervencionistas, mediante la utilización de un decreto gubernamental para la aplicación de tipos de cambio diferenciales para distintas categorías de compradores o vendedores, en lugar de permitir a todos el acceso al mismo tipo de cambio.

El gobierno argentino ingresó a una “trampa de endeudamiento” a mediados de 2001. Los nuevos impuestos sobrecargaron aún más la difícil situación económica. Los cambios en política monetaria redujeron la confianza en el peso. Incluso la tasa de interés en dólares dentro de Argentina se elevó sustancialmente debido a la preocupación de que los depósitos y préstamos en dólares también fueran riesgosos a causa de las políticas gubernamentales (Saxton, 2003, p. 5).

Las políticas del gobierno contagiaron al sector privado a fines del 2001 y principios del 2002. En diciembre de 2001, la crisis ingresó a su fase final. El gobierno propagó sus problemas al sector privado por medio de varias políticas en lugar de minimizarlos (Saxton, 2003, p. 5).

Rapoport (2006), afirma que el FMI intentó sostener el sistema creando más endeudamiento y facilitando la fuga de capitales, lo que se conoce como “blindaje” financiero. Además, aconsejó nuevos ajustes, pero fue imposible impedir la crisis.

Según Saxton (2003), el 30 de noviembre se producen fuertes retiros de depósitos de los bancos. Como respuesta, Cavallo anunció el congelamiento de los mismos el 1 de diciembre. El nivel de reservas no era suficiente para sostener una corrida bancaria en dólares y se produjo la bancarización forzosa, que congeló los haberes de los ahorristas en divisas. Esto ocasionó que muchos sectores de la actividad privada se paralizaran, debido a que, bajo estas normas, las compañías y las personas individuales no podrían utilizar sus depósitos para efectuar pagos de ningún tipo, excepto a otros depositarios del mismo banco. La economía se desplomó.

El intento final de salvar a los bancos de una corrida bancaria mediante el llamado “corralito”, llevó a un estado de extrema asfixia a la actividad económica (Aronskind, 2011). Al declarar el presidente Fernando de la Rúa el estado de sitio, se genera el estallido del 20 de diciembre. Este mismo día el presidente y el ministro Cavallo presentan su renuncia, tras los disturbios ocasionados por la contracción económica y el congelamiento de los depósitos.

Políticas económicas adoptadas por Corea luego de la crisis

Pese a la crisis, existe un aspecto importante para destacar: la rápida y efectiva recuperación de Corea. Las respuestas a esta problemática por parte del gobierno coreano se centraron en reestructurar los sectores empresarial y financiero para remediar las debilidades esenciales, y en recabar ayuda internacional para lidiar con la falta de liquidez (SaKong y Koh, 2012, pp. 87-88).

Siguiendo lo establecido por SaKong y Koh (2012), las principales medidas tomadas fueron:

Políticas monetarias y fiscales

Facilitaron las reformas microeconómicas al reducir los riesgos macroeconómicos.

Reformas del sector financiero

Se planificó una rápida reestructuración de las instituciones financieras capaces de crear riesgos sistémicos. Se cerraron o fusionaron todas las instituciones financieras débiles, salvo los grandes bancos. Desaparecieron 29 de cada 30 merchant banking corporations, que fueron responsables directas del comienzo de la crisis. En cuanto a otras instituciones financieras no bancarias, como las empresas de seguros, cajas mutuas de ahorros, cooperativas de crédito y empresas de arrendamiento, más de la mitad suspendieron sus operaciones. El número de bancos también disminuyó en la mitad y la salud financiera de los bancos restantes mejoró pronunciadamente.

Reformas del mercado laboral

Buscaron poner fin a los conflictos nacionales en relación a los despidos, los derechos básicos de los trabajadores quedaron restablecidos con esta reforma y se desmantelaron las restricciones excesivas a los despidos colectivos.

Reformas del sector público

Se preparó un programa de privatización a gran escala, se realizaron esfuerzos para redefinir la función del gobierno y mejorar su capacidad, se introdujo un sistema de remuneración basado en el desempeño y se hizo hincapié en las mejoras de la calidad del servicio. Con la privatización de las empresas estatales previstas, se redujo en un 64% el número total de ellas, de 98 a 35, las cuales generaron ingresos por 24,3 billones de won. Asimismo, en todo el sector público, el empleo se redujo en un 20% entre 1997 y 2001.

Políticas de bienestar social

Al aumentar el desempleo del 2,6% en 1997 al 7,0% en 1998, muchas personas quedaron por debajo de la línea de pobreza. Por este motivo, el gobierno amplió subsidios salariales a las empresas que retenían a trabajadores, y se introdujo un programa de obras públicas para crear empleo. A su vez, el gobierno introdujo importantes cambios en el sistema de seguro de empleo y el programa de asistencia pública.

Por último, las reformas más influyentes fueron las del sector empresarial. Según Lee (2000), los chaebol siempre estuvieron en el centro del problema económico, por eso era necesario un planteo diferente. El FMI impulsó este cambio y el gobierno de Kim Dae-Jung, quien asumió la conducción del país en la etapa más crítica de la crisis, accedió a sus demandas promoviendo, primeramente, cinco reglas para la reforma de los chaebol: transparencia en la gestión empresarial, eliminación de garantías recíprocas, mejoramiento de la estructura del capital, concentración en las líneas de negocios e intensificación de la cooperación con las pymes, y aumento de la rendición de cuentas de los accionistas mayoritarios y los gerentes. Luego se agregaron tres reglas más, pasando a ser conocidas como the five plus three rules, las cuales fueron: la reducción de la propiedad indirecta, la prevención de las transacciones anticompetitivas y el comercio ilícito, y la prevención de la evasión de impuestos.

Así, los chaebol y el gobierno consiguieron notables logros en términos de reducción en el número de afiliados, tasas de endeudamiento y atracción de capital extranjero. En el sector empresarial, se estimó que los activos improductivos equivalían solo al 3,4% del PIB, a fines de 2001, coeficiente muy inferior al nivel observado antes de la crisis, siendo este más del 20%. Los coeficientes de endeudamiento y otros indicadores financieros también mejoraron marcadamente (SaKong y Koh, 2012, p. 94).

Ante la desaparición de Daewoo[2] y otros chaebol, las empresas se apresuraron a deshacerse de las líneas de negocios no rentables y reducir las deudas, y se hicieron más prudentes en sus decisiones de inversión. La raíz del problema de los chaebol desapareció (SaKong y Koh, 2012, p. 94). Como estipulan SaKong y Koh (2012), a lo largo del proceso de reestructuración, las empresas e instituciones financieras mejoraron significativamente su salud financiera.

Cabe destacar que, siguiendo la línea de Gutiérrez (2001), Corea del Sur, en 1998 realizó el ajuste más riguroso desde el despego de su economía en la década de los sesenta. Las severas medidas adoptadas por el Ministerio de Finanzas (MOFE[3]), permitieron ubicar a Corea a la cabeza en la recuperación de los países asiáticos que se vieron directamente afectados por la crisis.

El período 1997-1998 ha tenido un gran impacto en la economía coreana, en términos absolutos y en términos relativos. Gutiérrez (2001) afirma que:

En términos comparativos, significó un quiebre radical de expectativas en una economía que había recuperado niveles de tasas de crecimiento superiores a 7% en 1995 y 1996, y que en el plano social se había traducido en el acceso de la mayoría de la población a los beneficios del desarrollo. La crisis rompió este ciclo y en el segundo trimestre de 1998, el consumo privado se contrajo en 12,9%. Fue además muy fuerte en términos relativos si comparamos las cifras del ajuste coreano con las demás economías asiáticas en crisis. (pp. 67-68).

Por último, Gutiérrez (2001) establece que el gobierno de Kim Dae-Jung, quien asumió la conducción del país en la etapa más crítica de la crisis, supo impulsar resueltamente la modernización del sistema financiero coreano y la apertura de la economía del país a los inversionistas extranjeros. A su vez, siguió implementando los compromisos de liberalización asumidos por Corea, en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OCDE) y con ocasión del paquete de rescate negociado con el FMI, y otras instituciones financieras multilaterales.

Políticas económicas adoptadas por Argentina luego de la crisis

Luego de la crisis del 2001, Argentina debió adoptar distintas políticas para lograr una recuperación y salir del estado de recesión. Se sucedieron una serie de presidentes que no pudieron estabilizar la situación. Hasta la llegada de Eduardo Duhalde quien asumió como presidente el 1 de enero de 2002, resolviendo algunos de los mayores problemas económicos.

Citando a Weisbrot y Sandoval (2007), para el segundo semestre de 2002, el gobierno intervenía en el mercado cambiario en dirección opuesta, comprando dólares para desacelerar la apreciación del peso. Ya con la llegada de Néstor Kirchner, en 2003, el gobierno comenzó a articular lo que se convertiría en la política cambiaria del Banco Central durante el resto de la recuperación; es decir, la política de mantener “un tipo de cambio real, estable y competitivo”. Otras de las políticas importantes implementadas por el gobierno argentino fueron la cesación de pagos (default) y la renegociación de la deuda externa pública. La primera mencionada parece haber sido necesaria para que el país cambiara sus políticas macroeconómicas y lograra restablecer el crecimiento económico.

En los años después de la cesación de pagos, el gobierno argentino estuvo sujeto a grandes presiones por parte del FMI para que el país ofreciera mejores términos a los tenedores de deuda en moratoria. Pero al final, se acordó un canje de deuda en 2005 que significó un recorte de la deuda externa de USD 63.700 millones. Este fue un recorte de deuda récord de 65,6 por ciento y fue muy importante para la recuperación económica de Argentina (Weisbrot y Sandoval, 2007, p. 11).

El gobierno creó dos impuestos de carácter heterodoxo, los cuales fueron importantes para la recuperación económica. Uno de estos fue el nuevo impuesto a las exportaciones, que permitió captar parte de las ganancias obtenidas por los exportadores como resultado de la devaluación. El otro impuesto, que ya existía anteriormente, fue para las transacciones financieras (Weisbrot y Sandoval, 2007, p. 11).

Según Weisbrot y Sandoval (2007):

Otra política que contribuyó a la recuperación económica fue el programa que le brindaba un ingreso mensual (150 pesos) a los jefes de hogares (el plan “Jefas y Jefes de Hogar”) que se encontraban en condición de desempleo con menores de hasta 18 años de edad (o discapacitados de cualquier edad), así como a aquellos en donde la jefa o jefe de hogar tenía alguna enfermedad. En su punto máximo (2003), el programa alcanzaba el 20% del total de hogares y el 97,6% de los beneficiarios se encontraba por debajo de la línea de pobreza. (p. 11)

Cada una de las medidas implementadas resultaron imprescindibles para que Argentina logre salir del período de recesión, destacándose entre ellas la política cambiaria.

Crecimiento económico en ambos países

Al hablar de crecimiento económico, se puede determinar que en Corea este crecimiento ha sido sostenido durante las últimas tres décadas y, por el contrario, en Argentina la economía crece unos años y luego se desmorona, haciéndose imposible el mismo resultado (George, 2013).

Las diferencias en ambos países recaen en que en Corea la tasa de inversión privada es de aproximadamente un 30% del PBI, mientras que en Argentina representa solo la mitad. La reforma económica en Corea, es decir, la liberación del comercio, fue lenta y selectiva, por otro lado, en Argentina las reformas han sido implementadas sin demasiada planificación y análisis, lo que ha generado constantemente inestabilidad económica. Además, se puede destacar que la política económica en Corea es claramente keynesiana con tasa de cambio competitiva y con tasa de interés baja y estable. En Argentina predominan, por lo general, políticas económicas neoliberales.

Como define Justo (2012), luego de la crisis económica de 1997-1998, Corea del Sur comenzó a aplicar una política de acuerdos de libre comercio, los cuales se estaban propagando con rapidez por todo el mundo. De esta manera, se hacían necesarios para mejorar su eficiencia económica. Por lo tanto, en las últimas décadas Corea adoptó medidas destinadas a reducir los aranceles y eliminar parte de las barreras no arancelarias para avanzar con la liberación del mercado. Las exportaciones y la apertura del mercado contribuyeron al fortalecimiento de la eficacia y la competitividad, y el aumento de la productividad total de los factores. Es decir, la apertura tuvo un papel decisivo en el aumento de la productividad.

Con respecto a Argentina, a lo largo de la historia, la política exterior no logró convertirse en una verdadera política de Estado. Las políticas económicas adoptadas se van modificando a medida que cambia el gobierno de turno. Estos avatares económicos y cambios políticos frecuentes imposibilitan que el país logre establecer una estrategia sostenida que le permita ganar autonomía en el escenario internacional. En los 90, Argentina logró un importante crecimiento económico, pero no duró más de una década. Para lograr este indispensable crecimiento, el gobierno argentino debe orientarse hacia reformas estructurales aún pendientes. De todas maneras, actualmente, se busca inversión extranjera directa para poder ahorrar y luego invertir en capital.

Conclusión

En Corea, la deuda contraída con el FMI se saldó antes de lo previsto y pudo librarse por fin de las estrictas condiciones impuestas por dicha entidad. Fue un duro proceso, pero sirvió para cambiar las estructuras económicas ineficientes, así como asentar las bases del nuevo crecimiento económico. El actor de rescate pasó de ser un organismo internacional a ser el gobierno coreano mismo. En la actualidad, Corea del Sur se encuentra en el puesto 28 de los 196 países del ranking de PIB per cápita[4] y es la economía número 11 por volumen de PIB. Es una economía que en el curso de un par de generaciones saltó del Tercer al Primer Mundo como muy pocos lo han logrado.

Por otra parte, en Argentina, el colapso del aparato productivo, bancario y de las finanzas públicas fue solo la expresión económica del derrumbe de toda la sociedad. Sus consecuencias se pueden observar aún en la actualidad, ya que existen problemáticas que el país no ha podido resolver, a pesar del paso de los años. Estas son: la representatividad política que ocasiona una brecha enorme entre los ciudadanos y los gobernantes; la inflación, con una de las tasas más altas del mundo, la cual se encuentra cerca de un 30%; la pobreza, de las más altas de América, llegando a un 25,7%; la tasa de desocupación que es de un 7,2% aproximadamente; y la relación de desconfianza de los mercados internacionales, dado por la gran inestabilidad del país, que imposibilitan la entrada del capital extranjero.

Desde ya, la economía argentina desde sus inicios ha sido débil, cayendo constantemente en períodos inestables que afectan a toda la población. Como resultado, la confianza financiera en el gobierno argentino se evaporó.

Para finalizar, es posible decir que mediante este trabajo se logra apreciar claramente dos consecuencias opuestas de una crisis económica: salir de ella y convertirse en una potencia a nivel mundial o estar permanentemente en situaciones que hagan aumentar el temor de la sociedad de volver a revivir ese infame 2001.

Referencias bibliográficas

Aronskind, Ricardo: “Las causas de la crisis de 2001”, Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN), 6 de diciembre de 2011. Recuperado de https://bit.ly/2HBHs3U.

Bustelo, Pablo: “Las crisis financieras en Asia y en Argentina: un análisis comparado”, Información comercial española. Revista de Economía, 2004. Recuperado de https://bit.ly/2KMjJjt.

“Corea del Sur: Una potencia tecno-económica emergente. Relaciones económicas, comerciales y de cooperación con América Latina y el Caribe”, 2017. Recuperado de https://bit.ly/2jGOhqj.

George: “Aspectos comparados entre Asia y América Latina”, Diario ContraInfo, publicado el 26 mayo de 2013. Recuperado de https://bit.ly/2K6awkS.

Gobierno de la Nación Argentina: “La Economía Argentina durante 2001 y su evolución reciente”. Recuperado de https://bit.ly/2rsG4ue.

Gutiérrez, Hernán: “Corea en los 90: Las estrategias de las economías asiáticas industrializadas ante la globalización”, Instituto de Estudios Internacionales Universidad de Chile, 2001.

Justo, Marcelo: “¿Por qué América Latina no crece como Asia?”, Diario BBC, publicado el 9 de julio de 2012. Recuperado de https://bbc.in/2FWJEB2.

Lee, Phil-Sang: “Economic Crisis and Chaebol Reform in Korea”, APEC Study Center, octubre del 2000. Recuperado de https://bit.ly/2I40UX1.

Quiroga, Hugo: La Reconstrucción de la Democracia Argentina, Sudamericana, Buenos Aires, 2005.

Rapoport, Mario: Historia Económica, Política y Social de la Argentina (1880 – 2003), EMECE, Buenos Aires, 2006.

Sakong, I. y Koh, Y.: “La Economía Coreana: Seis Décadas de Crecimiento y Desarrollo”, KDI, Bangok-dong, 2010.

Saxton, Jim: “Crisis Económica de Argentina: Causas y Cura”, Comité Económico del Congreso de los EEUU, junio de 2003. Recuperado de https://bit.ly/2HZd4V7.

Weisbrot, Mark y Sandoval, Luis: “La recuperación económica argentina: políticas y resultados”, Center for Economic and Policy Research, octubre de 2007. Recuperado de https://bit.ly/2HZCMZI.


  1. Pequeñas y medianas empresas.
  2. Conglomerado empresarial de Corea del Sur, fundado el 22 de marzo de 1967 por Kim Woo-jung.
  3. Ministry of Strategy and Finance.
  4. Según el Fondo Monetario Internacional, año 2017.


Deja un comentario