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14 Notas sobre el desarrollo económico y las corporaciones
en Japón, Corea y China

Giuliana Guaglianono (UAI-GEAP), Ignacio Almirall (UAI-FDyCP)
y Antonela Pedroza (UAI-FDyCP)

Introducción: génesis del proceso de cambio económico

En los países del Este Asiático hubo cambios políticos, económicos y sociales durante los siglos XVII y XVIII que influyeron en los distintos sistemas que predominaron en esta región. Para comprender las particularidades de cada país, describiremos las principales características y marcaremos las diferencias entre Japón durante el shogunato Tokugawa, y el confucianismo en China y Corea.

En Japón existía un poder imperial donde dominaba una autonomía aristocrática, que fue reproducida por siglos, según la cual el sucesor era elegido a través del linaje masculino. Así, el poder pasaba de hijo mayor a hijo menor. Este esquema se reprodujo por generaciones dando lugar al sistema feudal japonés.

Además, existían los samuráis, que estaban por debajo del sector burocrático y aristocrático y que no pertenecían a una clase superior pero que conformaban el grupo militar educado y conocedor de las artes mixtas. También desempeñaban tareas de recaudación de impuestos, entre otras actividades relacionadas a su profesión militar. Japón no era una sociedad confuciana, a diferencia de China y Corea, lo que permitía que los mercaderes, que formaban parte de una clase social inferior, tuvieran contacto con sus superiores aristocráticos. De esta forma, Japón tuvo la particularidad de permitir el ascenso de los comerciantes en la jerarquía social.

En Japón el sistema era más descentralizado respecto a China y Corea debido a su fuerte tendencia de centralización; en estos dos últimos no se aprobaban las relaciones de negocios que no fueran por parentesco, por lo que las relaciones sociales y comerciales eran más cerradas, aceptando únicamente a aquellas que vinieran de la mano de la familia. Esto se debió a la prioridad ideológica que tenía el confucianismo en ese momento, ya que todo se regulaba a partir del seguimiento de las bases morales y religiosas de esta filosofía espiritual. En Japón, por otra parte, sucedía todo lo contrario, es decir, los japoneses tenían un mayor nivel de confianza y solidaridad entre aquellos que no tenían parentesco alguno con ellos.

Con respecto a la burocracia interna, en Corea y en China la falta de confianza con los propios funcionarios generó que estos sean fácilmente destituidos y cambiados continuamente a fin de evitar levantamientos militares; mientras que en Japón había un mayor grado de confianza, de hecho, se les cedía cierto grado de autoridad a familias pertenecientes a la clase aristocrática con el objetivo de que mantuvieran su fidelidad al emperador y aseguraran el orden al interior de los diferentes poblados.

Tanto en China como en Corea existían dinastías burocráticas que reinaban a través del conjunto de doctrinas morales y religiosas del confucianismo, de tal modo que solo aquellos que eran letrados podían acceder a la lectura de los textos confucianos, con el prerrequisito de pertenecer a la clase social privilegiada. Los no confiables en este tipo de sociedades eran los comerciantes, aquellos que no tenían acceso a las lecturas confucianas y por ende se los consideraba incultos, los que por su pertenencia a otra clase social no eran considerados como suficientemente dignos. La movilidad social era inexistente: ser campesino y convertirse en burócrata era prácticamente imposible ya que una condición para ingresar a la aristocracia era tener algún tipo de título nobiliario.

Aportes teóricos para analizar los procesos económicos

La élite confuciana controlaba absolutamente toda la condición jurídica del reino, por lo que tenía la misión de evitar que se quebrantara la ley. Además, la tierra era trabajada por los campesinos pero poseída por los aristócratas, lo que impedía el ascenso en la jerarquía social por parte los propios trabajadores, que nacían y morían perteneciendo a la misma clase social a la cual habían pertenecido por generaciones.

La introducción del capitalismo en el Este de Asia comenzó de la mano de Japón, debido a que sus mandatarios mantuvieron una postura mucho más abierta al cambio de tendencias ideológicas que en China y en Corea, donde sus gobernantes tenían una filosofía espiritual basada en un conjunto de doctrinas morales y religiosas confucianas que tendían a ser más cerradas respecto de la apertura al mundo. Esto dio como resultado que el capitalismo no pudiese instaurarse tempranamente en estos dos últimos países.

De todas maneras, Japón no emprendió su modernización por una motivación autónoma, sino porque sus mandatarios entendieron que si no lo hacían, su país quedaría atrasado respecto de occidente, ya que las potencias podían ejercer una gran presión para abrir las relaciones comerciales. Japón al plazo de un año del aviso estadounidense de tener intenciones de comerciar aceptó la propuesta, principalmente teniendo en cuenta el declive que presentó el Imperio Chino tras las Guerras del Opio que aún así no pudieron evitar una apertura forzada.

De esta forma, la mentalidad abierta japonesa permitió su acelerado desarrollo económico mientras que el Imperio Chino, a causa de sus tendencias confucianas, optó primeramente por cerrarse al mundo y una vez abierta al comercio por la fuerza, se negó por completo a la occidentalización, lo que le provocó un atraso económico, social y tecnológico. En 1911, China, pasó de ser una monarquía a una república y para 1949 tras el golpe de Estado liderado por Mao Tse-tung pasó a ser la República Popular Democrática China con un sistema comunista apoyado incondicionalmente por la Unión Soviética. Sin embargo, en la historia china reciente, desde las reformas de 1978, China creció exponencialmente a tal punto que para 1990 logró sacar de la pobreza a 150 millones de campesinos. Todo esto nos lleva a que en la actualidad China sea una de las mayores potencias económicas a nivel mundial.

Por otra parte, en el caso de Corea del Sur, se generaron fuertes aspiraciones nacionalistas como consecuencia de los períodos de ocupación extranjera que motivaron a la población a perseguir el mismo objetivo en común: un proceso de industrialización eficiente para, de esta forma, estar en permanente competencia con sus países vecinos: Corea del Norte y Japón.

Los antecedentes de mayor relevancia para explicar la trayectoria económica reciente de Corea se remontan a los dos períodos de ocupación extranjera. El primero de ellos ocurrió bajo la égida de Japón, a partir de 1876 y se materializó con la ocupación militar en el período 1910-1945. Este hecho tuvo una incidencia importante en la modernización coreanas que hasta aquel momento eran de carácter feudal. A la centralización del poder político le sucedió una reforma agraria que tendría un efecto importante al debilitar a la clase terrateniente, la única que podía erigirse en un eventual opositor al dictador Park y su plan de industrialización. Otro efecto fundamental de la reforma agraria tuvo que ver la mejora en las condiciones de distribución de la riqueza y el ingreso. (Amsden, 1989: 191).

Con el pasar de los años hasta llegar a la actualidad las relaciones de trabajo fueron evolucionando en China, Corea y Japón. En China se pasó de una mentalidad laboral ligada solamente al parentesco a una mucho más abierta, donde no necesariamente había que mantener una relación de familia dentro de las empresas, con el fin de obtener un mayor rendimiento productivo sin tener restricciones irrelevantes. Esto posibilitó el ascenso del campesinado a una clase media donde la calidad de vida fue superior a la clase baja de la que estaban acostumbrados. En Corea, el nepotismo sigue en vigencia en las grandes corporaciones debido a que las chaebols más renombradas son empresas familiares. En cambio, en Japón, los vínculos no se basan tanto en el parentesco, sino que de hecho se le da al trabajador la posibilidad de rotación permitiendo que conozca las distintas etapas de producción, es decir, para que posea un mayor conocimiento en todas las áreas. Por otro lado, los trabajadores mantienen el mismo puesto por años, negándoles de esta forma un conocimiento general sobre cómo actúan las distintas plantas de la empresa.

Para Dicken (2011) la diferencia que hay entre Japón y Corea también exhibe la importancia de la configuración de las organizaciones en redes como de dimensión analítica. En los dos países existen formas típicas de grupos empresariales con características de redes sumamente importantes: en Corea las chaebols y en Japón las keiretsu. Para Dicken, la coherencia entre los dos grupos no se constituye simplemente por los lazos financieros y funcionales entre los mismos sino también por el parentesco, amistad y, por sobre todo, por la confianza y el compromiso que llevan a una cooperación de largo plazo.

Al comparar las relaciones de trabajo en Asia y América Latina podemos remarcar dos grandes diferencias en cuanto a lo económico y a lo social. En cuanto a lo social, las relaciones de trabajo en Asia son vínculos de confianza entre los grupos laborales, se trata de generar una franqueza que permita la existencia de relaciones duraderas entre los trabajadores y las empresas. Es decir, que el trabajo en Asia está ligado al honor y a la superación de la persona mientras que, en América Latina, la mayoría de las personas lo ven como algo tedioso y momentáneo.

Estas consideraciones son una reflexión indispensable en el caso de América Latina, luego del decepcionante rendimiento del radicalismo de mercado en las agendas económicas de la región desde mediados de los ochenta. En este momento cuando parecen triunfar múltiples formas de populismo y estas tampoco ofrecen una salida adecuada a los problemas adecuados de la región, es necesario repensar los mecanismos de interacción entre el estado y su actual productivo privado, con el fin de evitar excesos ideológicos sean estos de izquierda o de derecha. (Cuéllar Escobar, 2009: 10).

Con respecto a lo económico, en Asia no se siguen tendencias políticas ideológicas como en América Latina, ya que se persigue un objetivo en común que es el de desarrollar una mejora económica y social independientemente de dichas tendencias. Por otra parte, en Asia las políticas de Gobierno continúan independientemente del cambio de mandato. En América Latina no se siguen políticas de Estado, sino que se implementan políticas de gobierno que generalmente acaban con el fin de una administración; con lo cual una línea política no perdura en el tiempo como sucede en Asia.

Un claro ejemplo de que no se siguen dogmas ideológicos en la implementación de modelos económicos en Asia es el caso del desarrollismo en Corea.

Corea no podía dejar su proceso de desarrollo únicamente en manos de las fuerzas del mercado y de las ventajas comparativas. Frente al comercio internacional, las ventajas comparativas terminan profundizando patrones estáticos de comercio, que impiden escalar la pendiente hacia el desarrollo de nuevas industrias. Algunos de los escenarios en donde se hace necesaria la intervención del Estado para la canalización de recursos tienen que ver con las características del sistema financiero y cambiario de las economías con bajos índices de productividad. En el mercado financiero se requieren que coexistan simultáneamente altas tasas de interés que incentiven el ahorro, bajas tasas que estimulen la inversión. Se necesita también una tasa de cambio subvaluada que aporte competitividad a las exportaciones, junto con una tasa de cambio sobrevaluada que reduzca el costo del endeudamiento externo y proteja simultáneamente a la economía de las importaciones. (Citado en Cuéllar Escobar, 2009: 20).

En consecuencia, podemos deducir que el modelo de desarrollo económico estuvo condicionado ampliamente por las tendencias culturales y políticas de los países del Este Asiático. Debido a esto, sus economías tuvieron una amplitud desigual; se desarrollaron en distintas épocas y de distintas formas.

La superioridad económica japonesa se fue atenuando a través del tiempo y hoy en día podemos afirmar que ese lugar fue ocupado por China, dado que este país ha presentado un mayor crecimiento económico en las últimas décadas que otros países asiáticos, que si bien también han crecido exponencialmente, lo han hecho en menor medida que el gigante oriental. El desarrollo chino es indiscutible, China no es solamente un país exportador, sino que también es un país importador, incrementando cada vez más sus compras a otros países de diferentes latitudes que se muestran ansiosos de profundizar con él tanto sus relaciones diplomáticas como comerciales.

Como dice Cuéllar Escobar (2009) el caso coreano resulta paradigmático a la hora de comparar la cooperación estratégica que puede construirse entre el sector público y privado para la transformación económica, ya que supera la antinomia entre Estado y mercado: zanjando la discusión de qué espacios deben ocupar cada uno de ellos, la idiosincrasia coreana considera que ambos sectores tienen el mismo objetivo en común que es el desarrollo económico y social.

Ahora bien, luego de haber analizado los factores históricos e institucionales que llevaron al desarrollo económico de Asia, podemos preguntarnos, ¿qué llevó a las empresas asiáticas a internacionalizarse? Antes de responder esa pregunta, debemos realizar una advertencia metodológica, retomando a los autores Hemmert & Jackson (2016): se trata de una aproximación a la temática, dado que los abordajes utilizados son occidentales, por lo cual las explicaciones necesariamente serán parciales y enfocadas a ejemplos puntuales. Los autores escogidos resaltan la necesidad de generar teorías autóctonas, que tengan en cuenta las particularidades culturales que influyen en las decisiones gerenciales de las corporaciones asiáticas.

En este sentido, creemos indispensable tener en cuenta, como occidentales y latinoamericanos, que los modelos de desarrollo asiáticos en los que están insertas las corporaciones y que determinaron su modo de internacionalización, particularmente el modelo de desarrollo coreano, parten de una política que propone el binomio sustitución de importaciones más exportaciones. En cambio, en el planteamiento occidental la razón para que las empresas busquen internacionalizarse es la previa saturación del mercado interno.

Para explicar la internacionalización de las corporaciones asiáticas, primero que nada, recorreremos brevemente las dos grandes líneas teóricas de la internacionalización de empresas: por un lado, aquellas que ponen el acento en las condiciones presentes en el país de origen (push factor) y por el otro, las teorías que se centran en las condiciones buscadas en el país de destino (pull factor). Luego, intentaremos esbozar cuáles podrían ser los factores más influyentes a la hora de analizar la internacionalización de los conglomerados asiáticos.

Según Yang, Lim, Sakurai & Seo (2009) y retomando a Porter, el enfrentamiento con desventajas competitivas en el entorno nacional lleva a las empresas a internacionalizarse en búsqueda de aquellos factores clave que el autor llama “diamantes”, que son deficientes o inexistentes en el país de origen. Dichos factores son los que posibilitan o impiden la creación de ventajas competitivas nacionales en determinada industria y por ende el posicionamiento de la misma en el nivel de competencia internacional.

Los factores “diamantes” en la teoría de Porter son: la dotación de factores, las condiciones de la demanda, la existencia de industrias relacionadas y de soporte y la estructura, estrategia y rivalidad de la firma. En cuanto a la dotación de factores, de acuerdo con Yang et al. (2009), quienes retoman a Porter, la inexistencia o escasez de factores de producción (recursos naturales, humanos e infraestructura) lleva a las empresas a recurrir a la inversión extranjera en otros países a fin de suplirse de lo necesario para la producción, así como también para utilizarla como puente a la adquisición de nuevos conocimientos y tecnologías. Respecto de la demanda en el mercado de origen, si este es muy pequeño o cambian las preferencias de los consumidores, las firmas se verían empujadas hacia mercados extranjeros. El trabajo conjunto con los proveedores, por su parte y de acuerdo a Porter, ayuda a aumentar la competitividad tanto de la empresa como de estos últimos. Hay que tener en cuenta, además, que la rivalidad de las firmas con otras que ofrecen productos similares las lleva a expandirse más allá de las fronteras nacionales, además de estimular la competitividad a nivel doméstico.

Por otra parte, Yang et al. (2009) agregan que las reglas de juego impuestas por el gobierno pueden modificar la demanda, alterar la rivalidad entre firmas y afectar inclusive los factores de producción. En el caso asiático, este último factor es muy importante, dado que las firmas chinas y coreanas se ven o no motivadas a expandirse dependiendo del apoyo gubernamental que reciba la industria en la que se desenvuelven (regulaciones, préstamos, etc.), de la permisividad del gobierno en la concentración del sector (monopolios, oligopolios), y de la inversión del mismo en la creación de factores productivos (educación para la creación de valores humanos, desarrollo de infraestructura, etc.).

Para la teoría de la internacionalización sostenida por Michael Porter y retomada por Yang et al. (2009), entonces, el acento estaría puesto en los factores push, que los autores consideran poco estudiados en el caso de la internacionalización de las multinacionales asiáticas: “concluimos que las desventajas competitivas domésticas pueden ser útiles para predecir la propensión de las firmas originadas en economías emergentes a expandirse internacionalmente” (Yang, Lim, Sakurai & Seo, 2009: 49). De esta manera, puesto que es la carencia o insuficiencia de las condiciones “diamantes”, léase, la disponibilidad o no a nivel doméstico de una o más ventajas competitivas que permiten a determinada industria nacional ser líder a nivel internacional, es lo que llevaría a las empresas a buscar suplir ese/esas condiciones faltantes a nivel local en el extranjero.

Como ejemplo de este modelo de internacionalización, los autores Yang et al. (2009) retoman la relocalización del sector de manufactura liviana de Corea a principios de los noventa. Debido a que entre 1988 y 1993 se cuadruplicó la IED en Corea, y más de la mitad se invirtió en el sector manufacturero el gobierno decidió liberalizar las inversiones para evitar la apreciación de la moneda. Esto, sumado al aumento de costos y disputas laborales, cruciales en los costos de producción en industrias mano de obra intensiva, estimuló a las firmas a relocalizar las actividades de manufactura y ensamblaje en otros países del Sudeste Asiático, como Indonesia y Vietnam, a fin de no perder competitividad internacional.

Por otro lado, Hemmert & Jackson (2016) realizan un recorrido por otras teorizaciones pull de la internacionalización de empresas aplicables a los casos asiáticos tales como el paradigma OLI de Dunning, el modelo de Uppsala y la teoría IPLC de Vernon. Según los autores, y como ya adelantamos anteriormente, el bagaje teórico occidental sobre la materia no es suficiente para dar cuenta de los casos de internacionalización de empresas asiáticas; que además presentan matices y son explicados por las diferentes teorías ya existentes solo de manera parcial. De todos modos, los autores elegirán el modelo de Uppsala como el más adecuado para dar respuesta a los casos de las empresas asiáticas.

El paradigma OLI de Dunning (conocido por sus siglas en inglés como ownership, internalization, localization advantages’ model) conocido como paradigma ecléctico, realiza una triangulación de información que intenta analizar y predecir la manera en la que las multinacionales colocan y programan la inversión extranjera. Toma una determinada economía nacional como destinataria de inversión extranjera directa y los retornos esperados de la misma. Las ventajas de ownership hacen referencia a las patentes, a los derechos de propiedad intelectual, a las capacidades tecnológicas, humanas, de know how y de experiencia positiva conquistando mercados de una empresa; mientras que internalization es la estructura con la que cuenta la empresa para paliar influencias negativas del mercado y del ambiente local; mientras que localization, se refiere a poder predecir los resultados de la competencia con otras empresas, en cuanto a mano de obra, provisión de insumos, incentivos, etc. Según este paradigma, a las multinacionales les es más sencillo penetrar nuevos mercados por su posicionamiento internacional (tamaño, marca, relaciones estratégicas, etc.). Es el ejemplo de Hyundai y su producción automotriz en China, acorde a Hemmert & Jackson (2016) que gracias al trabajo de networking realizado previamente con grandes accionistas e integrantes del gobierno chino y al prestigio que la marca ya tenía en el país, logró penetrar exitosamente ese mercado. Sumado a esto, debemos tener en cuenta que en China el modo de ingresar en el mercado es mediante joint ventures o empresas conjuntas, con lo cual las multinacionales asiáticas pudieron realizar con éxito la internacionalización, es decir, el hecho de no competir sino de asociarse con las empresas chinas neutraliza en parte la cuestión de la competencia.

La teoría IPLC de Vernon (por sus siglas en inglés Product Life Cycle Theory) o teoría del ciclo de vida del producto, de acuerdo con Hemmert & Jackson (2016), se basa en la idea de que si una empresa encuentra y llena un hueco tecnológico, tendrá ventajas en el mercado. Este empuje tecnológico, asume esta teoría, encontrará una respuesta en el mercado de parte de segmentos de consumidores cuyas actitudes y comportamientos son influenciados por las condiciones micro y macroeconómicas. La clave de este paradigma yace en que las decisiones de la multinacional a nivel local son esenciales para evaluar la sustentabilidad del aprovechamiento de las ventajas en dicho mercado. Esto se traduce en que la decisión más importante tiene que ver con dónde localizar la producción. La dificultad, sin embargo, radica, según Hemmert & Jackson (2016), en que es una teoría que no colabora en el mapeo de los patrones de producción internacionales, esencial en el análisis de las cadenas de valor de las multinacionales asiáticas. Un ejemplo que demuestra que no siempre un empuje tecnológico se traduce automáticamente en una respuesta positiva en el mercado de destino, y que es necesario tener en cuenta la variable innovación, es el caso de Sony. Esta empresa fue superada en el mercado chino tanto por Apple, que promocionaba lifestyle, como por Huawei que promocionaba utilidad.

El modelo de Uppsala, según Hemmert & Jackson (2016), por su parte, enfatiza dos patrones de internacionalización: primero, el compromiso de la empresa con un mercado extranjero en particular en pos de establecer una cadena de establecimientos de inversión y control. Es por ello que es conocido como un modelo gradualista: la actividad en el exterior se dará en etapas, comenzando por exportaciones ocasionales hasta la instalación de fábricas en el mercado de destino. Es por ello que los autores resaltan que es un modelo que puede ser utilizado perfectamente para explicar la internacionalización temprana de una empresa o inversión, como fue el caso de las empresas asiáticas, primeramente las japonesas en los 80, y luego las coreanas en los 90 y chinas en los 2000.

El segundo patrón de internacionalización es el de inversión, dicen los autores Hemmert & Jackson (2016), fundamentado en la distancia geográfica y psíquica del mercado de origen elegido y medido por quienes toman las decisiones en la firma. La distancia psíquica tiene que ver con diferencias lingüísticas, culturales, políticas, etc. Una vez que la empresa adquiere experiencia penetrando un mercado, busca replicar el modelo en mercados de características similares. Un caso muy representativo fue el de Samsung en el mercado chino: la firma tuvo que esperar que se restableciera el vínculo diplomático de Corea con la República Popular China para poder ingresar a ese mercado. Cuando lo logró, buscó replicar el modelo en Taiwán y Hong Kong.

Como ya mencionamos, dado que la base de las estrategias de internacionalización occidentales es el aprovechamiento del mercado interno para luego, una vez saturado, enfocarse en el mercado externo para colocar la producción, dichas estrategias discrepan con los ideales empresariales asiáticos. Los modelos asiáticos, sobre los que aún se cuenta con un pobre desarrollo teórico desde nuestras latitudes, priorizan el desenvolvimiento comercial tanto en el mercado interno como en el externo desde un principio. Los casos más representativos de esta tendencia fueron el de la industria electrónica, y posteriormente, el de la industria automotriz.

La industria de la electrónica se ha convertido en una de las industrias más importantes de Corea, y representa una parte cada vez mayor de la producción, las exportaciones y el empleo. Su crecimiento espectacular se puede atribuir en gran parte a su rápida expansión de las exportaciones. Desde 1970, la electrónica ha sido una de las cinco principales exportaciones de Corea. En 1988 superó a los textiles para convertirse en la exportación dominante, representando más de una cuarta parte de las exportaciones totales. Esto también convirtió a Corea en el sexto mayor exportador de productos electrónicos del mundo. (Castley, 1998: 29).

Si bien la industria electrónica coreana mantuvo un período de desarrollo inicial debido a los estímulos del gobierno y a la creación de una tendencia exportadora, según Castley (1998) la principal base de crecimiento provino de las fuentes externas, ya que la economía coreana en ese momento era una economía recientemente industrializada, principalmente de las empresas niponas y, en segundo lugar, las políticas nacionales solo fueron eficaces en la medida en que fueron respaldadas por factores externos. El crecimiento original se dio durante los años 1967 hasta 1976, denominado período de los “3 primeros pasos”, y posteriormente un período de “crecimiento sostenido” desde 1977 hasta 1981 que fue el de mayor interés para los países en vía de desarrollo que buscaron emular la industrialización coreana.

El flujo de inversiones en la industria electrónica de Corea no puede atribuirse únicamente (o principalmente) a los incentivos a la inversión de Corea. Cualquier evaluación de la causa de la inversión extranjera directa (IED) debe evaluar los efectos no solo de las políticas del país “anfitrión” sino también de las políticas del país “donante”. Dado que la mayor parte de la IED en la década de 1970 era japonesa, es necesario examinar los motivos de los inversores japoneses, en lugar de los otros inversores. Las razones de las inversiones son muy importantes porque determinan las ventas por destino y las compras por fuente. Los japoneses hacen una distinción entre objetivo u objetivo y motivos. (Castley, 1998: 34).

Durante estos años empresas japonesas como Sony instalaron sus plantas productoras en Corea buscando mano de obra barata para así poder reducir los costos de producción. Esta estrategia fue seguida por empresas electrónicas estadounidenses como Motorola, Signetics, Fairchild y Control-Data buscando poder hacerle competencia a las empresas niponas que bombardeaban el mercado americano con éxito.

En una encuesta sobre los motivos de los inversores japoneses en Corea, la Junta de Planificación Económica (1974) descubrió que las principales razones para la inversión eran los bajos salarios, lo que llevaba a mayores ganancias y las ubicaciones de las plantas productoras. El motivo del mercado interno solo representó el 21% del total, dado que el motivo de los salarios bajos era mantener los bajos costos de producción y así mantenerse con precios competitivos en el mercado internacional y poder obtener ganancias mediante el uso de Corea como base exportadora.

Se puede observar que el apoyo brindado por las empresas japonesas al desarrollo de la industria electrónica coreana fue vital para su éxito internacional que se mantiene hasta el día de hoy, debido a su rentabilidad comercial en los mercados globales. Este desarrollo no solo afectó a la República de Corea, sino que también al resto de la región gracias a un patrón de comercio triangular, en gran medida formulado por los japoneses que fomentó el crecimiento de la industria de alta tecnología en la zona.

A modo de conclusión

Las principales similitudes que se pueden encontrar entre China, Corea y Japón con respecto a la internacionalización de las empresas es que en todos estos países anteriormente mencionados el rol del Estado jugó un papel fundamental para el crecimiento e incentivo de las mismas. El Estado ayudaba a estas corporaciones dándoles créditos y licencias y de esta forma las incentivaba para que sigan creciendo y expandiéndose.

Tanto en Corea como en China podemos distinguir cuatro etapas históricas para el proceso de internacionalización. En el caso coreano podemos distinguir su primera etapa de internacionalización desde 1968 hasta 1981, otra dirigida por el gobierno desde 1982 hasta 1987, una primera etapa de liberalización parcial desde 1980 hasta 1997 y finalmente un período de liberalización total desde 1998 en adelante (Cuéllar Escobar, 2009: 22).

Según Cuéllar Escobar (2009) otra característica fundamental en la que se ha hecho sentir la influencia del Estado coreano tiene que ver con el elevado nivel de concentración de la propiedad, lo cual ha repercutido en la organización interna y la forma en la cual se adoptan las decisiones.

Mientras en China se distinguen otros períodos de internacionalización de las empresas pero que buscaban al fin y al cabo el mismo objetivo. La primera etapa de internacionalización se gestó desde 1979 hasta 1985, la segunda etapa dirigida por el gobierno como en el caso coreano y japonés desde 1986 hasta 1991, la tercera etapa desde 1991 hasta 2001 y la última desde 2001 en adelante.

En Japón, según Nishijima (2009), se dieron distintos períodos económicos: un período de reconstrucción de 1945 a 1950, y de 1946 a 1948 un período donde se generó el Plan de Producción Preferencial, con el cual el gobierno daba preferencia a empresas siderúrgicas y carboníferas en materia prima y recursos financieros. En 1948, en el que se formó la política de estabilización llamada Plan Dodge, en el cual hubo muchos controles gubernamentales, nuevos proyectos de préstamos y subsidios se suprimieron y el presupuesto fue controlado. De 1951 a 1960 un período de perseguimiento y establecimiento, donde se volvieron a los objetivos de racionalización para alcanzar a nivel internacional algunas industrias. Para lograr este objetivo el gobierno adoptó varias medidas políticas, como el Programa de Inversión Financiera y Préstamos del Estado, en el que las industrias fueron altamente protegidas e incentivadas. Aunque los empresarios entendían que dichas herramientas políticas eran temporales. De 1961 a 1972 se desarrolló un período de alto crecimiento, pero la crisis del petróleo (1973) estancó el modelo de crecimiento y desde 1983 hasta la actualidad persiste un desequilibrio en la balanza comercial.

Para Cuéllar Escobar (2009) es necesaria una breve comparación entre los chaebol y los grandes conglomerados industriales japoneses llamados keiretsu (anteriormente denominados zaibatsu). La comparación es pertinente, ya que ambos tipos de organización comparten el hecho de haber surgido como instrumentos de una estrategia de desarrollo fraguada desde el Estado.

Otras de las similitudes entre estos tres países fue la ubicación estratégica, ya que buscaban instaurarse en países donde hubiese disponibilidad de recursos de producción, recursos naturales y recursos humanos (personal capacitado). Japón por ejemplo buscó expandirse en el mercado estadounidense, mexicano y canadiense proveyéndolos de insumos electrodomésticos y tecnológicos con marcas como Toshiba, Panasonic, Sanyo y Hitachi, mientras tanto en la industria automotriz sus mayores representantes fueron los grupos Nissan, Honda Motor Company, Mitsubishi Motors, Toyota, Mazda, entre otros grandes productores. Corea siguió el ejemplo de Japón al expandirse en el mercado automotriz, pero en menor medida, con empresas como Asia Motors Industries, Proto Motors, Daewoo, Ssangyong y el grupo Hyundai-Kia, aunque también se desarrolló en el mercado textil, electrónico y mecánico. China, por su parte, si bien se abrió a todo el mundo, buscó mercados específicos por sus propios intereses privados, por ejemplo, en América Latina se expandió principalmente en Argentina, Brasil y Venezuela. En Argentina por la soja, en Brasil por los minerales, y en Venezuela por el petróleo.

Si bien no podríamos encasillar a este gigante asiático como proveedor de un determinado producto debido a que China comenzó a ser conocida como la “fábrica del mundo”, anteriormente se creía que solo producía industria textil. Pero pasando los años comenzó a ser el proveedor no solamente de teléfonos móviles sino que también de acondicionadores de aire, lámparas de bajo consumo energético, paneles solares, calzado, carne de cerdo, carbón y hasta construcción naval.

En palabras de Lattemann (2012: 145) el impacto de la globalización en China ha sido espectacular: más del 10% del crecimiento anual del producto interno bruto (PIB) en los últimos 10 años, miles de millones de dólares de inversión extranjera directa y una reputación mundial como el principal fabricante global. A raíz de la crisis financiera mundial de 2008-2009, China estuvo lista para convertirse en la banca del mundo y pasar de ser un fabricante a ser un innovador.

China se abrió al mundo en la década de los 90 en el proceso conocido como la Go Out Policy que se trataba básicamente en los incentivos para las inversiones chinas en el extranjero. El gobierno buscaba internacionalizarse y expandirse sobre los mercados nacionales e internacionales, aumentar la diversificación de la producción industrial, mejorar la calidad de los proyectos de inversión, crear nuevos canales financieros y generar marcas chinas que sean fácilmente reconocidas en el extranjero.

Algunas de las principales diferencias que se pueden hallar en los distintos procesos de internacionalización de las empresas de Japón, China y Corea, fueron que China, por ejemplo, a diferencia de Corea y Japón, tuvo un proceso de internacionalización más tardío debido a la modernización controlada y moderada por el gobierno, que si bien fue más lenta que en los otros procesos, una vez que se produjo se expandió por todo el mundo alentada por la estrategia de Go Out Global. Corea y Japón, por su parte, aunque compartían industrias de producción similares, buscaban mercados específicos distintos a la hora de internacionalizarse: Corea buscó desarrollarse mayormente en América Latina y Japón en América del Norte. China se proyectó en diversas partes sin ningún destino en particular, por lo que su ausencia de preferencias la convirtió en la fábrica del mundo.

Referencias bibliográficas

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