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27 Consideraciones sobre cambios en los paradigmas alimentarios desde la antropología ecológica de la novela
La Vegetariana, de Han Kang

Gladys Contino (UNT)

La autora

¿Puede una persona ser completamente inocente?, ¿qué sucede cuando nos planteamos el firme propósito de no dañar a nadie? ¿Qué es la culpa y la redención? ¿Qué es la belleza, la vida, la muerte? Estos son los interrogantes que Han Kang solía hacerse desde su adolescencia. Leía mucho y exploraba incansablemente en textos literarios de su interés, pero nunca pudo obtener respuestas certeras. Comprendió entonces que los escritores eran vulnerables y, al igual que ella, no tenían ni la más mínima idea de cómo responder a esos interrogantes, así que comenzó a visualizarlos como sus iguales, a sentir cierto grado de empatía y cercanía con la tarea de los escritores. Comprendió que en su rol de autora debía plantear las mismas preguntas sin aspirar a responderlas. Sintió que eso sí era posible de realizar. De allí surgió su relación con la literatura.

En una entrevista realizada a la revista de revisión literaria denominada Literature Translation Institute of Korea, la autora de esta novela indica que su propósito fundamental al escribirla era la de explorar la violencia y averiguar asimismo si era posible la inocencia humana, qué dificultades tendría uno que superar para llevar a cabo una vida impecable sin causar dolor a otros.

Han Kang, oriunda de Gwangju, Corea del Sur, es autora de diez libros de ficción y poesía, escritos en su lengua nativa. Paulatinamente, el interés internacional respecto de la literatura coreana incrementó y esto hizo que se llevaran a cabo traducciones en hasta 25 lenguas extranjeras. En el año 2017 Han Kang estuvo en Buenos Aires para presentar esta novela en la Feria del Libro. Sus obras fueron merecedoras de prestigiosos premios.

La novela

La protagonista y su marido están casados desde hace cinco años. Llevan una vida aparentemente apacible, sin peleas ni conflictos serios, aunque ambos saben que no están enamorados. La crisis se desata cuando, a partir de un sueño sangriento y revelador, Yeong-hye decide hacerse vegetariana.

Yeong-hye es una mujer corriente, “insulsa” a ojos de su esposo, quien reconoce haberla escogido precisamente por su falta de cualidades, por su opacidad. Estaba convencido de que alguien tan vulgar cumpliría con las obligaciones femeninas, acatando un rol secundario en el hogar y en la sociedad. Solía plantearse, cito: “¿quién prefiere el sobresalto cuando puede vivir en paz haciendo lo que le plazca con una servidora eterna?”. (Hang Kang, 2016: 9). Sin embargo, esta vida sin sobresaltos da un vuelco y se convierte en una perturbadora pesadilla. En su efectivo despliegue narrativo, la autora entremezcla las dimensiones de lo real y lo imaginado, fluctúa entre el estado onírico y el de vigilia y va así armando paulatinamente un intrincado juego que desnuda temores, obsesiones y memorias. Observamos entonces de qué manera los personajes traspasan los límites demarcatorios entre uno y otro, entre los ámbitos de la conciencia/inconsciencia, la actividad real/onírica, lo objetivo/lo subjetivo, lo razonado/lo soñado y, sobre todo, la cordura/la demencia. Sin duda, todos vivimos rozando fuerzas que no dominamos donde lo enigmático e inabordable, aquello que jamás podremos conocer o contar, persistentemente nos asecha e invita a develar sus misterios. Según la óptica de Joseph Campbell:

El inconsciente manda a la mente toda clase de brumas, seres extraños, terrores e imágenes engañosas, ya sea en sueños, a la luz del día o de la locura, porque el reino de los humanos oculta, bajo el suelo del pequeño compartimiento relativamente claro que llamamos conciencia, insospechadas cuevas de Aladino. No hay en ellas solamente joyas, sino peligrosos genios: fuerzas psicológicas inconvenientes o reprimidas que no hemos pensado o que no nos hemos atrevido a integrar a nuestras vidas, y que pueden permanecer imperceptibles. (Campbell, 1984: 14).

El psicoanálisis, la disciplina moderna que se ocupa de los sueños, nos ha enseñado a prestar atención a estas imágenes insustanciales pero de indiscutible poder generador. Como el mismo Freud señala, el psicoanálisis va “de la interpretación de los sueños al análisis de las obras de la imaginación y finalmente al análisis de sus creadores” (1914b: 36). En suma, esta obra aborda tales tropos como la dicotomía verdad/ilusión, la rebeldía, la violencia, el erotismo y la tortuosa metamorfosis de un alma.

Juegos de dominio y resistencia

En las relaciones intersubjetivas, la condición del sujeto se va configurando merced a dos “órdenes”, el de la “palabra” y el de lo “visible”. Ordenados a partir del registro de lo “visible”, estamos condenado a ser mirados y a mirar (pulsión escópica).

La mirada y la voz pertenecientes a los registros escópico y vocal constituyen desde el origen dos “coordenadas” esenciales para la construcción de la subjetividad. Un otro nos mira y es necesario indagar acerca de su mirada y representación. ¿Cómo es mirada del esposo de la protagonista y qué noción tiene este de su cuerpo y de su mundo interior? Prestemos atención a la siguiente cita:

Antes de que mi mujer se hiciera vegetariana, nunca pensé que fuera una persona especial. Para ser franco, ni siquiera me atrajo cuando la vi por primera vez: ni muy alta ni muy baja […] vestía ropas sin color como si tuviera miedo de verse demasiado personal […] Si me casé con ella fue porque así como no parecía tener ningún atractivo especial, tampoco parecía tener defecto particular. Su manera de ser sobria, sin ninguna frescura ingenio ni elegancia, me hacía sentir cómodo. (Hang Kang, 2016: 9).

Y notemos que en ese mirar está implícita la mirada de sí mismo.

Ni mi panza que había comenzado a engrosarse ni mis piernas, ni mis brazos flacos que no se tornaban musculosos, ni siquiera mi pene pequeño que era la causa de un secreto sentimiento de inferioridad, me preocupaban en lo más mínimo frente a ella. (Hang Kang, 2016: 9).

En las relaciones intersubjetivas se establecen muchas veces vínculos conflictivos, impregnados de violencia. Sinsabores y rechazos cimentan a menudo relaciones de dominación y subordinación fuertemente asimétricas. El sometimiento implícito de la mujer puede ser distinguido con claridad en la siguiente cita:

A veces pensaba que no era tan malo vivir con una mujer algo extraña: Vivíamos como si fuéramos extraños o, mejor dicho como si fuera una hermana o empleada doméstica que hacía la comida y limpiaba la casa. (Hang Kang, 2016: 3).

¿Podía Yeong- Hye seguir sosteniendo este rol de sumisión? La decisión de rechazar la carne y todo lo relacionado con ella, como por ejemplo artículos de vestimenta (cuero, pieles) o el uso indirecto de componente animal en cremas y productos lácteos produce una serie de modificaciones en su conducta de rebeldía. Manifiesta su rechazo y lo sostiene aun a pesar del enojo de sus familiares. Lo que más resentía a su marido era que se negara a tener relaciones sexuales, porque argumentaba ella “le resultaba insoportable su olor a carne”.

Al hombre le resultaba difícil de soportar esta larga abstinencia sexual, de modo que cuando volvía tarde a casa de alguna reunión:

Me abalanzaba sobre mi mujer ayudado por el alcohol. […] Lanzándole insultos en voz baja mientras ella se me resistía con todas sus fuerzas, lograba penetrarla en una de tres oportunidades. Entonces se quedaba mirando el techo con los ojos vacuos en medio de la oscuridad, como si fuera una esclava sexual forzada por los nipones. (Hang Kang, 2016: 34).

Traducción intercultural

Para comprender el alcance de la cita anterior es necesario recurrir a conocimientos sobre la historia de conquista, saqueo y abuso impuesta por la Ocupación Japonesa sobre Corea (1910-1945) y sobre el concepto de “Mujeres de confort” (mujeres surcoreanas secuestradas y convertidas en esclavas sexuales). Necesitamos apelar también a la traducción intercultural para abordar la marcada influencia confuciana respecto de la delimitación de los roles femeninos y masculinos. Como es sabido, Confucio concebía a la mujer como representante de un polo receptivo (acogedor y fecundo) de la vida; por eso debía hallarse sometida al polo racional o masculino. Según esta tradición, su rol se restringía a los trabajos de la casa y el equilibrio de la sociedad. Aparte, en lo que respecta a la comunicación gestual, el habitual saludo de reverencia oriental requiere la mirada baja y la inclinación corporal para indicar respeto y sumisión. Por otra parte, la voz femenina, suave, obediente y casi inaudible era lo socialmente deseable. Consideremos a continuación una de las escenas más crudas de la novela, resaltemos los silencios, la firmeza de las alocuciones, el sentido asertivo, breve y contundente de lo expresado en ciertos casos y el nerviosismo e impotencia en otros. El grito, el llanto, la mudez impotente, lo silenciado:

–No voy a comer –habló por primera vez mi mujer, con voz firme.

–¡¿Qué?! –gritaron al unísono mi suegro y mi cuñado, que tenían el mismo carácter explosivo. […] ¡Come de una vez! […]

–Yo no como carne. Fluyó un silencio tenso.

Entonces mi suegro tomó los palillos y cogió un trozo de cerdo agridulce. […]

–Come, hazme caso que soy tu padre. Te lo digo por tu bien. ¿Qué harás si te enfermas por seguir así?

–Padre, yo no como carne […].

Repentinamente la recia palma de mi suegro cruzó el aire. Mi mujer se llevó la mano a la cara. […] El golpe había sido tan fuerte que le había dejado una mancha de sangre.

–¡Sujétenla de los brazos! […]

Mi suegro le estampó el cerdo agridulce en la boca de mi mujer, que se agitaba penosamente. Ciego de cólera, mi suegro volvió a pegarle una bofetada.

–¡Déjame!

Se agazapó como si fuera a salir corriendo por la puerta, pero en lugar de eso se dio vuelta y tomó el cuchillo […]. La voz quebrada de su madre cortó temblorosamente el brutal silencio. Los niños estallaron en llanto. Un chorro de sangre brotó de la muñeca de mi mujer. (Hang Kang, 2016: 43).

Luego, en el hospital donde se recupera después de haberse cortado las muñecas:

Mi muñeca está bien, no me duele, lo que me duele es el pecho… Tengo algo atragantado en la boca del estómago. No sé que es. Siempre está ahí. […]. Por más que respire profundamente, no se me libera el pecho.

El resurgir de lo oculto, lo sepultado en el olvido

Los sentimientos reprimidos que pasan por el tamiz de la censura y las emociones silenciadas no solo no desaparecen, sino que tienden incesantemente a reaparecer en la conciencia por caminos insospechados. Veamos de qué manera irrumpen en la novela, justo en el momento en el que la protagonista está hospitalizada luego del intento de suicidio:

Son gritos, alaridos apretujados, que se han atascado allí. Es por la carne. He comido demasiada carne. Todas esas vidas se han atorado en ese lugar. No me cabe la menor duda. La sangre y la carne fueron digeridas y diseminadas por todos los rincones del cuerpo y los residuos fueron excretados, pero las vidas se obstinan en obstruirme el plexo solar. Por una vez, una sola vez, quisiera gritar con todas mis fuerza. (Hang Kang, 2016: 50).

Otro vehículo para que emane lo reprimido se produce mediante esa actividad psíquica, esa “vía regia”, en términos freudianos, que constituye uno de los mayores caminos de accesos al conocimiento del inconsciente: el sueño. Inmediatamente después de este incidente dramático de atentar contra su propia vida, desde las brumas del olvido, llega a la protagonista un recuerdo doloroso penosamente sepultado. Recuerda que cuando era una niña de unos nueve años tenía una mascota, un perro, que solía ser apreciado por su inteligencia, hasta que la mordió. Su padre fue implacable con el castigo con el que sometió al animal: lo ató a su motocicleta e hizo que corriera hasta rendirse extenuado, con espuma en su boca y gemidos de dolor.

“La carne de los perros que mueren corriendo es más tierna”, sostenía su padre y “luego esa noche hubo un banquete. Se reunieron todos los hombres conocidos del mercado: como decían que debía comer para que se me curara la herida, yo también comí un bocado. No, en realidad, me comí un cuenco entero del guisado mezclado con arroz. El olor a perro me llenó la nariz. Recuerdo sus ojos temblorosos sobre la sopa, los ojos con los que me miraba cuando vomitaba sangre con espuma. No me importó, de verdad, no me importó en absoluto. (Han Kang, 2016: 44).

En el capítulo dos, “El tabú y la ambivalencia de las nociones de sentimiento”, del libro Totem y tabú, Freud define lo que es el tabú.

Se trata, pues, de una serie de limitaciones a que estos pueblos primitivos se someten; esto o aquello se prohíbe, no sabemos por qué, y ni se les ocurre preguntarlo, sino que se someten a ello como a una cosa obvia, convencidos de que una violación se castigaría sola con la máxima severidad. […] Hay informes dignos de crédito sobre casos de violaciones involuntarias de esta clase de prohibiciones, que luego, de hecho, fueron castigadas automáticamente. El inocente infractor que, por ejemplo, comió de un animal prohibido, cae presa de una depresión profunda, espera su muerte y luego se muere de verdad. (Freud, 191: 33).

La autojustificación enunciada por la niña “No me importó, de verdad, no me importó en absoluto” cuando se da cuenta de que fue una inocente infractora que consumió a su propia mascota no la exculpó de la acción ante sus propios ojos. De modo que lo reprimido y escondido vuelve a reaparecer con más potencia que nunca. De allí su determinación de abstenerse de consumir carne.

El vegetarianismo: cambios de paradigmas en la alimentación desde la perspectiva de la Antropología ecológica

La alimentación tiene un carácter polisémico y por ende existe muchas perspectivas desde las cuales abordarla. Es por ello que recurrimos a la antropología ecológica, que desde las últimas décadas del siglo XX se ha abocado a estudiar la alimentación como un fenómeno complejo relacionado con el proceso de industrialización y con la industria agroalimentaria. Esta disciplina invita a reflexionar sobre el modelo occidental hegemónico de alimentación (omnívoro/carnívoro) y los nuevos modelos alternativos (vegetariano-naturista y ecológico-biodinámico). Los movimientos ecológicos buscan enfatizar las relaciones que existen entre animales, plantas y seres humanos y el medio ambiente donde viven. Desde esta perspectiva se considera que los alimentos tienen una función fisiológica y una función social, expresan representaciones simbólicas, sociales y culturales, articulan relaciones, entre grupos, entre naciones y entre correspondencias socioeconómicas. Los alimentos, su preparación, consumo y las ceremonias y rituales en los que intervienen, son medulares para definir diferentes comunidades de sentidos. Para las diferentes culturas cobran un significado especial en lo que respecta a la construcción de subjetividad individual y colectiva y la interrelación de reciprocidad y de expresión de sentimientos entre distintos grupos. Desde esta perspectiva, los alimentos son concebidos como una mediación. En algunos casos, los vegetarianos son considerados como grupos minoritarios y su lucha contra el maltrato animal corresponde a una moda, a una tendencia efímera y a la vez criticada ofensivamente como algo extraño y fuera de lo común. Esto devela que en la sociedad aparece la obstinación y el rechazo a todo lo diferente

Esta novela nos lleva a plantear los desafíos que se ponen de manifiesto al respetar o transgredir los límites dentro de una misma cultura. Grimson introduce la noción de la “configuración cultural” como un espacio en el cual hay tramas simbólicas compartidas, hay horizontes de posibilidad, hay desigualdades de poder, hay historicidad.

En atención a lo expresado, las prácticas alimentarias son indudablemente prácticas de significación. Los esquemas alimenticios que incluyen a los consumidores habituales de carne y que se ha cimentado durante años pueden también ser socavados y puestos en cuestión. En especial si se considera que el debate sobre el maltrato animal ha adquirido relevancia recientemente. A partir de los 60, se impulsa una alimentación ecológica. Las voces actuales denuncian los efectos de la industrialización, el agotamiento de los recursos, el envenenamiento de la tierra, el agua y el aire con productos químicos de uso agrícola, la cría intensiva de animales de granja que implica sufrimiento y estrés para los animales que son sacrificados en mataderos sin ningún tipo de compasión humana.

Fronteras cuestionadas

Las fronteras de significados comienzan a permearse y a perder su infranqueabilidad dado que se da acceso a un reclamo de validez de otra forma de alimentación: el vegetarianismo, lo macrobiótico, lo natural etc. Citas del texto:

–Yo no como carne.

–¿Entonces es vegetariana? –le preguntó con tono jovial el presidente de la empresa–. En el extranjero hay vegetarianos estrictos y en nuestro país me parece que están comenzando a aparecer algunos. Sobre todo últimamente que los medios de prensa atacan tanto la ingesta de carne… no me parece exagerada la idea de que hay que dejar de comer carne para poder vivir más tiempo. (Han Kang, 2016: 27).

La conversación gira naturalmente hacia el vegetarianismo, reproducimos el desconcierto que trae aparejado el tema:

–¿Por qué razón es vegetariana ¿Por salud? ¿O quizás por cuestiones religiosas?

[…] Es que tuve un sueño. La verdad es que nunca he comido hasta hoy con un vegetariano. ¿No les parece terrible comer con alguien a quien puede parecerle atroz el verme comiendo carne? El ser vegetariano por cuestiones espirituales equivale a tener repugnancia por los que comen carne. ¿No es así? (Han Kang, 2016: 28).

El método de autoafirmación y rebeldía que encuentra Yeong-hye consiste en renunciar primero a la carne y luego a todo tipo de alimentos manifestando así un rechazo radical a la crueldad ejercida por los humanos. Tuvo que enfrentarse a una sociedad que mira con desdén a quienes eligen una opción que no es la mayoritaria y, por consiguiente, se ve obligada a una constante autojustificación. Cabe preguntarnos acerca del cuerpo anoréxico de una mujer. ¿Intenta acaso la autora perfilar una alegoría del enfrentamiento de una mujer sumisa ante un mundo moderno que la oprime y la borra? ¿Constituye una búsqueda de fuga de una realidad agobiante o de autodestrucción? ¿Es una búsqueda de purificación personal o nos permite repensar la complejidad de la naturaleza humana? La novela da cuenta de una mujer que ya no quiere formar parte de la humanidad. Un ser que pone en juego su vida para no dañar a nadie ni a nada, un ser a quien un día deja de importarle en absoluto vivir o morir. Su cuerpo comienza a experimentar una metamorfosis, las pulsiones de vida o de autoconservación se van apagando al tiempo que se intensifica su deseo de convertirse en vegetal. Así, se van afirmando las pulsiones de autodestrucción y se va consolidando la pugna por devolver un ser vivo al estado inorgánico. Observemos cómo se va produciendo esta metamorfosis tanto en la mente como en el cuerpo de la protagonista. Ingresada ya en el pabellón de confinamiento de un hospital psiquiátrico, con diagnóstico de esquizofrenia y rechazo total a los alimentos y medicamentos, Yeonghye accede a un nivel diferente de conciencia:

Como si fuera uno de los árboles bajo la lluvia, la habían encontrado inmóvil y de pie en una pendiente recóndita y apartada de la montana. (Han Kang, 2016: 123).

 

Huye de las instalaciones hospitalarias y se la encuentra en contacto con la naturaleza, “de pie como un alma en pena. Amalgamada a la oscuridad y a la lluvia”. (Han Kang, 2016: 124).

Me puse cabeza abajo y entonces me comenzaron a nacer hojas en el cuerpo y también me salieron raíces de las manos… Las raíces se fueron metiendo bajo la tierra […] más y más […]. Y como me quería nacer una flor en el pubis, abrí las piernas, las abrí bien… (Han Kang, 2016: 125).

Conclusión

Desde la perspectiva de la traducción intercultural, en el cuerpo del presente trabajo analizamos la producción de sentido derivada de la cultura coreana. Vimos el alcance que cobra en este contexto el rol de la mujer, la adaptación o resistencia para incluir o excluir nuevos paradigmas. Para que la comunicación y el entendimiento prospere entre los individuos o grupos minoritarios a nivel intra e intercultural se hace necesaria la intermediación, un factor individual o institucional de conexión que sea capaz de hacer inteligible al otro diferente. El puente o mediador en la novela es la hermana de la protagonista, quien se permite manifestar empatía y acceder las vivencias y emociones pasadas que dan cuenta del estado actual de las cosas. La autora expresa, en la página 139, que en el fondo sentía rencor por su hermana ya que no podía perdonarle “la irresponsabilidad de perder la cordura. Que se hubiera marchado al otro lado de todos los limites” tras haber sumergido su vida en un lodazal.

Referencias bibliográficas

Assoun, Paul Laurent. Lecciones psicoanalíticas sobre masculino y femenino. Buenos Aires: Nueva visión, 2006.

Asssoun, Paul Laurent. Lecciones psicoanalíticas sobre la mirada y la voz. Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión, 2004.

Campbell, Joseph. El héroe de las mil caras. Psicoanálisis del mito. México: Fondo de Cultura Económica, 1984.

Han Kang. La Vegetariana. Traducido por Sun-me Yoon. Buenos Aires: Bajo la Luna, 2016.

Mellino, Miguel: La crítica poscolonial. Descolonización, capitalismo y cosmopolitismo en los estudios poscoloniales. Buenos Aires: Paidós, 2008.

Payne, Michel (comp.). Diccionario de teoría crítica y estudios culturales. Buenos Aires: Paidós, 2002.



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