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8 Crisis en Corea

Consecuencias del desarrollo nuclear coreano

Lautaro Pagaburu (UAI-GEAP)

Introducción

Con la firma del armisticio de Panmunjom del 27 de julio de 1953, se daba fin a la guerra de Corea. Mediante este armisticio, ambas partes del conflicto se vieron incapaces de satisfacer sus objetivos. En el caso puntual de Corea del Norte, quien había instigado el inicio de las hostilidades, fue incapaz de unificar la península bajo su régimen. Ciertamente, debemos destacar que una de las consecuencias principales de la guerra es el establecimiento de una presencia fuerte por parte de los Estados Unidos en la región. Este hecho no solo disuade al régimen del norte a intentar otra escaramuza, sino que pone en juego su supervivencia.

Al poner en riego su supervivencia, Corea del Norte va a desarrollarse militarmente en términos convencionales. Además, va a emprender el desarrollo de sus capacidades nucleares y balísticas, recibiendo tutelaje tanto de la Unión Soviética como de China. De la mano de esta carrera armamentista va a implementarse una táctica de disuasión.

Así es como el Estado de Corea del Norte se va a embarcar en una cruzada que tiene como objetivo desarrollar sus capacidades nucleares para reafirmar y asegurar su supervivencia en el sistema internacional. Este proceso va a desarrollarse a principios de la guerra fría hasta nuestros días, desafiando el statu quo nuclear establecido.

Desarrollo nuclear

Ya desde 1948, Pyongyang requiere asistencia soviética en la prospección del uranio, ya que Corea del Norte no poseía las capacidades materiales, científicas y técnicas para extraer el material (Casal, 2016).

La concepción real del desarrollo nuclear norcoreano se puede evidenciar en 1955, con la creación de la Academia de Ciencia del Instituto Atómico y Física Nuclear, gracias al alto grado de tutelaje soviético (Liesa y Lafuente, 2013).

Durante la década de los 60, la península coreana experimentó una serie de sucesos que provocaron un aumento de las tensiones entre las dos Coreas. Por estos motivos, Corea del Norte intensificaría el desarrollo balístico y nuclear. Esto se lograría realizando tres pasos. El primero de ellos fue enviar a distintos individuos a que vayan a formarse en las academias de la Unión Soviética. Un segundo paso fue el establecimiento conjunto de dos centros de investigación de energía atómica, ubicados en Pakchon y Yongbyon, entre la Unión Soviética y Corea del Norte. Un último paso fue la reorganización de la infraestructura industrial-militar, el establecimiento de un segundo comité económico y una academia de ciencia militar con el objetivo de investigar, diseñar y producir armas nucleares (Bermudez, 2012). A pesar de contar con el apoyo soviético, en cuanto a la capacitación de estudiantes norcoreanos, tanto China como la Unión Soviética se van a negar a asistir directamente a Corea del Norte con la cuestión nuclear (Casal, 2016).

Ya finales de los 70 y principios de los 80, Moscú accede a asistir activamente a Pyongyang en materia de desarrollo nuclear; esto va dar apertura a la segunda fase en el programa nuclear norcoreano. En esta fase, se va a dar la apertura y establecimiento de nuevos centros de investigación y de nuevos reactores. A mediados de los 80, ya se pudo especular que Corea del Norte poseía las capacidades para producir prototipos de cabezas nucleares y dispositivos de implosión (Bermudez, 2012).

Para finales de los 90, los estudiantes que Pyongyang había enviado para capacitarse se reincorporaban a los programas nucleares o balísticos dentro del país. Esto daría apertura a una tercera fase de desarrollo de infraestructura nuclear, creándose nuevas instalaciones de investigación y nuevos reactores nucleares. Además, se comenzaría la construcción de la infraestructura que permitiría la producción de misiles balísticos de mayor calidad, aumentando considerablemente su alcance. Desde este punto en adelante, el ejército popular de Corea comenzaría a adoctrinarse en tácticas de guerra nuclear, tomando como tutores a los Estados Unidos, Rusia y China (Bermudez, 2012).

Sin embargo, los altos mandos dejarían de pensar a su arsenal nuclear solamente como armas para diezmar a sus enemigos, sino que comenzarían a pensarlas y utilizarlas como herramientas políticas y diplomáticas. Este cambio de razonamiento le permitiría a Pyongyang plantear objetivos y metas a largo plazo (Congressional Research Service, 2017).

Mariani (2017) explica que la diplomacia nuclear de Corea del Norte no busca crear conflicto sino evitarlo completamente, argumentando que la posesión de artefactos de destrucción masiva no solo le otorgaría al régimen norcoreano un mecanismo de disuasión contra cualquier tipo de agresión, asegurando su supervivencia. También, adquiriría un cierto nivel de negociación con los Estados Unidos.

Desarrollo balístico

Mariani (2017) indica que Corea del Norte comienza a desarrollar sus capacidades balísticas en los 60. En un principio, el programa de desarrollo balístico tenía dos objetivos: en primer lugar, era auto suplirse de un arsenal; y en segundo lugar, fue la posibilidad de exportar misiles balísticos para financiar el proyecto. Ya en los 70, se comenzó con la fabricación de misiles tácticos, los cuales son de corto alcance, tomando como base el sistema soviético Scud. Esto derivó en la construcción del Hwansong-5 (300 km) y el Hwansong-6 (500 km) en los años 80. Luego de este éxito se comenzaría a proyectar la construcción de misiles de medio alcance, siendo su primer éxito la construcción del misil Rodong-1, el cual fue probado en febrero de 1993, llegando a alcanzar la distancia entre 1300 y 2000 km.

Esta hazaña alarmó a la comunidad internacional en su conjunto, al ver que Corea del Norte había alcanzado estas capacidades de desarrollo balístico. Ya el 18 de agosto de 1998, realizó la prueba del Taepodong-1 que fue capaz de llegar entre 2500 a 3000 km, y sobrevoló territorio japonés. En junio de 2006 se realizó la prueba del Taopodong-2, que resultó un fracaso. Luego en abril de 2009 se lanzó el satélite Kwangmyongsong-2. Utilizando un sistema de propulsión parecido al del Taopodong-2 se construyó el Unha-2, se sugiere que fue un éxito y logró atravesar los 3000 km. Sin embargo, ningún estado pudo divisar el satélite norcoreano, imposibilitando concluir su éxito o fracaso. El 12 de diciembre de 2012 se realizó una prueba de lanzamiento del Unha-3, el cual fue un fracaso. El 12 de diciembre de 2013 se lanzó el satélite Kwangmyongsong-3, utilizando un cohete Unha-3. Las fuentes occidentales no pudieron confirmar nuevamente la puesta en órbita del satélite. Sin embargo, este lanzamiento supuso la prueba secreta de un misil balístico intercontinental; este cohete tuvo el alcance de 10000 km. Esto alarmó gravemente a la comunidad internacional. Para empeorar la situación, existió la presencia de observadores iraníes en la prueba. Corea del Norte también desarrolla misiles de corto alcance, los cuales alcanzan los 150 km, esto es preocupante para Estados como Japón, ya que estos misiles son de rápido despliegue y difíciles de interceptar. A pesar de esto, Estados Unidos menospreció la prueba de estos misiles en mayo y junio de 2007, con el objetivo de rebajar las tensiones en la península (Liesa y Lafuente, 2013).

En el 2016, el programa de desarrollo balístico va a tener cuatro nuevas metas a perseguir: la primera de ellas es el desarrollo de un nuevo misil terrestre; la segunda consistía en la producción de misiles que puedan ser lanzados desde submarinos; la tercera meta va ser la implementación de un programa espacial de doble uso; y finalmente desarrollar tecnología de cohetes de combustible sólido. Además, se va a producir en este mismo año la mayor cantidad de pruebas de misiles, siendo un total de 21 pruebas realizadas (Mariani, 2017).

Consecuencias

Estados Unidos desde el comienzo de la guerra fría subestima el accionar del Estado norcoreano, un hecho que evidencia esto es cuando los norteamericanos comienzan a estructurar una política de seguridad a comienzo de 1945. Dicha política se limitó a los territorios europeos occidentales, dejando desprotegidos los enclaves asiáticos como Corea del Sur, claro ejemplo de esto fue la retirada de las tropas de ocupación norteamericana en 1949. Después de la Guerra de Corea, Estados Unidos tuvo que comenzar a desarrollar una política de contención contra el Estado norcoreano (Kissinger, 1994).

Desde que Corea del Norte comenzó el desarrollo de armas de destrucción masiva, Estados Unidos utilizó sanciones, disuasión militar y diplomacia para tratar de persuadir a Pyongyang de abandonar su carrera armamentista (Congressional Research Service, 2017). Corea del Norte firma el Tratado de No Proliferación (TNP) el 12 de diciembre de 1985, esto le permitiría enviar científicos o investigadores a capacitarse a distintos puntos del mundo, sin restricciones, dentro del marco de cooperación nuclear, con fines pacíficos, del TNP. Esta situación no se prolongaría mucho en el tiempo, debido a que las instalaciones de Yongbyon fueron descubiertas por los norteamericanos. Ante esta situación, Pyongyang respondió que era una instalación con fines pacíficos, pero la potencia que producía la instalación poseía mayor energía de lo necesario para que solo sea utilizada para usos pacíficos (Casal, 2016).

Ya en 1991, Corea del Norte y Corea del Sur hicieron una declaración conjunta para desnuclearizar la península. Ambos Estados se comprometían a restringir el uso, almacenamiento, prueba y construcción de armas nucleares, señalando que la tecnología nuclear sería utilizada con fines pacíficos. Pero esta declaración no fue perecedera ya que no evitó que Corea del Norte siga desarrollando sus capacidades nucleares (Liesa y Lafuente, 2013).

En 1992, la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) denunció que Corea del Norte había violado el TNP, ante esto el régimen norcoreano firma un tratado de salvaguarda para permitir la inspección de las instalaciones. En 1993, Pyongyang les niega la entrada a los inspectores, pero finalmente permitiría su acceso en 1994. Sin embargo, el Estado norcoreano terminaría abandonando efectivamente el TNP el 10 de enero de 2003, debido a varias desavenencias (Casal, 2016).

A la hora de señalar las razones por las cuales Corea del Norte abandona el TNP, Liesa y Lafuente (2013) señalan que: “Lo que ha habido en Corea del Norte es el deseo de continuar con su programa nuclear, en la consideración implícita de que es la única base que le permite negociar con fortaleza…” (p. 122).

Los Estados Unidos habían conseguido llegar un acuerdo con Pyongyang en el año 2000, en el cual Corea del Norte se comprometía a aplazar los lanzamientos de misiles de alcance medio o intercontinental. También Japón y Corea del Norte habían firmado la declaración de Pyongyang que establecía una moratoria en el lanzamiento de misiles (Liesa y Lafuente, 2013).

La administración Bush condenó al régimen coreano del norte, negándose a negociar con Pyongyang. Esto queda claro en el discurso del “eje del mal”, del 29 de enero de 2002, que deterioró más aún las relaciones entre ambos Estados. A pesar de la negativa norteamericana de entablar conversaciones, Corea del Norte mantuvo la moratoria e intentó nuevamente un acercamiento entre ambos gobiernos. Ante la negativa de los Estados Unidos, Corea del Norte se desligó de la moratoria y continuó con sus pruebas en 2006. La comunidad internacional, en especial Japón y Estados Unidos, presionaron fuertemente a Corea del Norte con sanciones y solicitaron a China y Corea del Sur su participación en el asunto. Bush llegó hasta la implementación de un sistema antimisiles que fuera capaz de derribar los misiles en cualquier momento; Japón también reforzó sus capacidades aéreas (Liesa y Lafuente, 2013).

Con el objeto de resolver el problema nuclear de Corea del Norte, la administración Bush decide abandonar las negociaciones bilaterales con Pyongyang. Resolvió ampliar el número de participantes en las negociones, adhiriendo a China, Rusia, Corea del Sur y Japón, conformándose lo que se conocería como “El Diálogo de los Seis” (Six Party Talks, en inglés), que tenía como objeto dar fin a esta crisis. Sin embargo, no se llegó muy lejos con este modelo de negociación, ya que Corea del Norte no se comprometió con este (Congressional Research Service, 2018).

El 4 de julio de 2006, los norcoreanos lanzaron siete misiles, siendo seis de estos de corto alcance y uno de largo alcance. Se concluyó que la prueba fue casi en su totalidad un éxito. Ante esta prueba, la comunidad internacional se vio conmocionada, esto derivó en una junta del Consejo de Seguridad. En esta, se exhortó a Corea del Norte a que desista de desarrollar y probar sus misiles balísticos, en caso contrario se ejercería la fuerza para imponer orden. Por supuesto, esto fue vetado por Rusia y China, donde el gobierno chino argumentó que solo empeoraría el estado actual de la península. Luego, el 12 de julio, China y Rusia presentaron en conjunto otro proyecto, en el que se incitaba a Corea de Norte en moratoria a la prueba de misiles pero que limitaba las sanciones, siendo este proyecto una clara oposición de las políticas implementadas por los Estados Unidos contra el régimen de Pyongyang. Este proyecto también seria vetado, esto va a dar lugar a un último proyecto propuesto por el Reino Unido. Este incitaba a Corea del Norte acabar con su programa balístico, a establecerse nuevamente el diálogo y que regrese al Tratado de No Proliferación. Este proyecto sería aprobado, siendo conocido como la resolución 1695 del Consejo de Seguridad. Ante la aprobación e implementación del proyecto, el representante norcoreano abandonó el Consejo de Seguridad, mostrando un claro rechazo a la resolución. A pesar de que el régimen norcoreano decide ignorar y desatender estas nuevas obligaciones, se logra un cierto éxito ya que se consiguió el compromiso tanto de Rusia como de China en la problemática (Liesa y Lafuente, 2013).

Japón fue mucho más duro con Corea del Norte, prohibiendo el ingreso de oficiales norcoreanos al archipiélago, cancelando todos los vuelos entre ambos países y se restringieron las relaciones comerciales entre ambos países. Además, este conflicto suscitó y reavivó los debates sobre los cambios de la constitución japonesa en materia de autodefensa. Estados Unidos decidió confrontar al régimen norcoreano desde el aspecto comercial, aplicando sanciones, para que debilitara gravemente al gobierno de Pyongyang. Sin embargo, esta situación resulta ser difícil debido a la cercanía geopolítica entre China y Corea del Norte. Corea del Sur va a continuar con su acercamiento amistoso con su vecino del norte, cabe decir, que las constantes amenazas de Japón fueron fuertemente desaprobadas por Seúl (Liesa y Lafuente, 2013).

Hemos de destacar que tanto la resolución del Consejo de Seguridad y las constantes presiones de los distintos Estados contra el gobierno de Pyongyang no han sido un impedimento para que esta continúe con sus pruebas de lanzamiento de misiles. Es más, tal situación ha provocado un sentimiento de unión en el pueblo norcoreano hacia la figura de Kim Jong-un, como aquel que desafía a las grandes potencias. Las pruebas de misiles balísticos de abril de 2009 provocaron el fin de las negociaciones pacíficas, la expulsión de los inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica y el anuncio de la continuidad de su programa nuclear (Liesa y Lafuente, 2013).

La primera prueba nuclear de Corea del Norte ocurre el 9 de octubre de 2006, en Hwaderi. Esta fue un éxito, ya que demostraba que disponía de los medios para producir artefactos de destrucción masiva. En el año 2007, Corea del Norte propone voluntariamente desmantelar todo su programa nuclear, a cambio de 400 millones de dólares. En septiembre, se llega a un acuerdo de 12 medidas que tenían como objetivo dar fin al programa nuclear y permitir una inspección. De estas medidas, cuatro de ellas estaban concentradas en el desmantelamiento del reactor de Yongbyon. Estas cuatro medidas consistían en inhabilitar el circuito secundario de refrigeramiento, retirada de la torre de refrigeración, descarga del combustible gastado y retirar el mecanismo de control de accionamiento de las barras de control. También se firmó otro acuerdo entre Corea del Norte y Corea del Sur, donde se establecían 10 puntos. Entre esos puntos podemos destacar el cumplimiento del anterior acuerdo con el G-6 y la firma de un tratado de paz entre ambas Coreas. Este pacto provocó una reactivación económica entre ambos Estados, floreciendo una gran cantidad de proyectos económicos (Casal, 2016).

En respuesta a esta prueba nuclear, el Consejo de Seguridad se reúne y libra la resolución 1718 que dicta:

Que todos los Estados Miembros impidieran el suministro, venta o transferencia de artículos relacionados con material de guerra y otros susceptibles de ser usados en el desarrollo del programa nuclear, congelar los activos financieros que pudieran ser empleados para estos fines así como el asesoramiento en materias relacionadas con esta cuestión… (Liesa y Lafuente, 2013: 128).

Cuando el 27 de junio de 2008 el régimen norcoreano desmantela el reactor de Yongbyon, Corea del Norte deja de figurar como un Estado que apoya el terrorismo. Sin embargo, a finales del 2008 la situación toma un giro inesperado y Pyongyang les niega la entrada a los inspectores internacionales. A principios de 2009, Corea del Norte anuncia que ha comenzado el emplazamiento de cabezas nucleares. Ya el 25 de mayo se realiza la segunda prueba nuclear que concluyó en un éxito, siendo 5 veces más poderosa que la primera prueba. Esto derivó en la resolución 1874 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que prohibía la venta de armamento a Corea del Norte (Casal, 2016).

Durante la administración del presidente Barack Obama se implementó la política de Strategic Patience, la cual consistía en presionar fuertemente al régimen de Pyongyang y que este volviera a incorporarse al grupo de los seis. Los puntos más relevantes de esta política fueron la articulación de la alianza entre Estados Unidos, Japón y Corea del Sur. Otro fue la intención de convencer a China de que ejerza presión sobre Corea del Norte. Y finalmente, que el régimen de Pyongyang comience el proceso de desnuclearización que se había comprometido en el grupo de los seis. Esta política sería claramente acompañada por fuertes sanciones, no solo del lado bilateral, sino que también multilateral. Además de realizar grandes ejercicios militares entre los Estados Unidos y Corea del Sur, para mostrar sus capacidades convencionales (Congressional Research Service, 2018).

En el 2010, Corea del Norte va a ofrecer nuevamente desmantelar el plan nuclear a cambio de alimentos y se establecen negociaciones. Sin embargo, el 17 de diciembre de 2011 se da la muerte de Kim Jong-il, quien va ser sucedido por su hijo Kim Jong-un, provocando un corte en las negociaciones. A dos meses de ocupar el cargo, en febrero de 2012, Kim Jong-un llega a un acuerdo con los Estados Unidos respecto de una moratoria para el lanzamiento de cohetes de medio y largo alcance. Sin embargo, esta situación no perduró mucho, ya que 3 meses después del acuerdo de moratoria, los satélites surcoreanos detectaron que Corea del Norte se preparaba para realizar una prueba nuclear. Esta se desarrolló el 12 de febrero de 2013. La explosión fue 2,5 y 3 veces más poderosa a la anterior, concluyéndola como un éxito. En respuesta a esto, el Consejo de Seguridad aprueba la resolución 2094, esta consistía en la aplicación de sanciones financieras y amplía la lista de artículos prohibidos en relación con actividades nucleares, misiles balísticos y otras armas de destrucción masiva (Casal, 2016).

En el mismo año, la presidenta de Corea del Sur, Park Geun-hye, va a adoptar la trustpolitik o “política de confianza”, que consistía en establecer el diálogo pacífico con Corea del Norte. En el marco de esta política, Park va impulsar la creación de la Northeast Asia Peace and Cooperation Initiative (NAPCI) con objeto de abordar la crisis nuclear desde una perspectiva multilateral. Sin embargo, tanto la NAPCI y la trustpolitik de la presidenta Park no detuvieron el desarrollo nuclear del régimen de Pyongyang, en caso contrario, aumentaron las pruebas (Mariani, 2017).

En 2015, funcionarios norcoreanos anuncian, después de varias pruebas balísticas, la capacidad de sus misiles balísticos de alcanzar la costa de los Estados Unidos. El gobierno norteamericano subestima este enunciado como una simple provocación (Casal, 2016).

En represalia, en febrero de 2016, Corea del Sur y Estados Unidos aumentaron los ejercicios militares. Además, cerraron todos los canales de cooperación, como fue el cierre del complejo de las industrias Kaesong, que otorgaba empleo a 50.000 ciudadanos norcoreanos. A partir de esto, tanto Estados Unidos como Corea del Sur debieron sortear distintas opciones sobre cómo proceder. Una de ellas era el emplazamiento de un escudo antimisiles, el sistema Terminal High Altitude Area Defense (THAAD), en la península coreana. El sistema anti-misiles tendría solo éxito contra misiles de corto y medio alcance. Sin embargo, el emplazamiento del THAAD solo provocó el aumento de las tensiones en la región. Esto se debe a la negativa de China a la instalación del sistema, argumentando que con su radar de 1.000-2.000 km podría no solo espiar las actividades aéreas de su territorio sino contrarrestar sus capacidades nucleares. Una segunda opción era desarrollar y potenciar el programa nuclear de Corea del Sur. Esta iniciativa nace de la mano de algunos miembros del partido Saenuri, quienes crearon un Foro Nuclear. En este se discutía la opción de abandonar el TNP y comenzar a desarrollar armamento nuclear, con objeto de disuadir a Corea del Norte de continuar su política nuclear. Ante el tema, los Estados Unidos rechaza la idea ya que quiere evitar cualquier tipo de escalada nuclear en la región. Una tercera opción de Corea del Sur es el uso de sus fuerzas militares convencionales, siendo mucho mejor equipadas y preparadas las fuerzas de Seúl que las de Pyongyang, además de aumentar la presencia militar estadounidense en Corea del Sur. Sin embargo, esta estrategia tiene una principal debilidad. Esta es el pensamiento de que las fuerzas estadounidenses se instalaron de forma permanente en el Estado surcoreano. Esta es una falacia, ya que su presencia es meramente temporal, y su retirada del territorio puede verse acelerada por los costos de mantenimiento de las operaciones y ejercicios militares tan lejos de su “hogar”. Este hecho es potenciado aún más por la llegada de la administración Trump al poder, quien ha manifestado su preocupación por el costo de estas operaciones militares (Mariani, 2017).

Durante la asunción de la presidencia de Donald Trump, las políticas adoptadas contra Corea del Norte iban a ser una mera extensión de las que había adoptado la administración de Obama. La mayor distinción entre ambas administraciones era que la de Trump enfatizaba la idea de una intervención militar al régimen de Pyongyang. Sin embargo, a principios de 2018 se va a dar un cambio significativo en las políticas hacia Corea del Norte. El hecho disruptivo va a ser el acercamiento entre el presidente Moon Jae-in y Kim Jong-un, permitiendo relaciones más cordiales entre ambos Estados. Esto va a derivar en una reunión en Singapur el 12 junio de 2018, siendo una suerte de mediador el gobierno de Corea del Sur (Congressional Research Service, 2018).

El 6 de enero de 2016 Corea del Norte lleva adelante la prueba de explosión de una cabeza termonuclear, la cual concluyó en un supuesto fracaso. El 9 de septiembre del mismo año realizó su quinto ensayo nuclear, el cual era la explosión de una cabeza termonuclear; esta concluyó en un supuesto éxito, alcanzando los niveles esperados (Casal, 2016).

El instituto de armas nucleares de Corea del Norte concluyó que el régimen de Pyongyang ya se encontraba en capacidad de manufacturar cabezas nucleares a voluntad, siendo estas capaces de colocarse en los misiles balísticos (Casal, 2016).

Actualmente, la administración Trump ha hecho del desarrollo nuclear norcoreano su principal enfoque, ya que se teme de que el régimen del norte comience a exportar su capacidad balística y nuclear a otros países, creando un dilema para la seguridad internacional (Congressional Research Service, 2017).

La Federación Rusa y Corea del Norte se ha deteriorado en gran medida después de la desintegración de la URSS. A pesar de esto, el presidente Vladimir Putin ha realizado una ofensiva diplomática con objeto de afianzar su relación con el gobierno de Pyongyang. Sin embargo, el gobierno de Moscú no tiene intenciones de reconocer a Corea del Norte como Estado nuclear. Los objetivos de Rusia son seis: el primero de ellos es evitar la proliferación de armas nucleares en la región; el segundo de ellos es profundizar la integración en el noroeste asiático para fortalecer las relaciones comerciales; el tercero es resolver la crisis nuclear de la península coreana mediante medios pacíficos; el cuarto es mantener una buena relación tanto con Corea del Norte y los actores más importantes de la región; el quinto es evitar la manipulación de la política exterior de los dos Estados coreanos por el de otras potencias; y sexto es la prosperidad e integración de las dos coreas. Moscú es muy crítico de las acciones realizadas por los Estados Unidos, describiéndolas como contraproducentes y que benefician a la desestabilización de la región (Foreign Policy Research Institute, 2017).

China es uno de los pocos aliados de Corea del Norte, además de ser su principal socio comercial. También Beijing considera a Corea del Norte como un aliado estratégico, ya que cumple la función de Estado tapón que separa a China de los Estados Unidos y sus aliados. A pesar del valor que ocupa el gobierno de Pyongyang, el gobierno de Beijing no está de acuerdo con el desarrollo nuclear del régimen de Pyongyang, haciendo que China imponga algunas sanciones al comercio con Corea del Norte pero no al nivel que los otros Estados sugerían. Sin embargo, se va a producir un revés en la relación entre ambos Estados cuando Kim Jong-un asciende al poder en el 2011. Se van a producir una serie de hechos, como la ejecución Jang Song-taek en 2013, que van a recrudecer las relaciones. Finalmente, China va a implementar plenamente las sanciones contra Corea del Norte, se especula que esto se debe a que Beijing desea evitar el ataque preventivo que suscitaba el gobierno de Donald Trump. A partir del acercamiento entre Kim y Trump en el 2018, Pyongyang va a buscar conciliar su relación con su principal aliado, dándose la visita de Kim a Beijing. China toma esto como una victoria, ya que se ha evidenciado una desescalada de las hostilidades en la región y se está optando por una resolución pacífica del conflicto (Congressional Research Service, 2018).

Con esto podemos definir que tanto las políticas de China como las de Rusia están alineadas con respecto a la situación norcoreana. Pero hay una gran diferencia entre ambas. China busca ocupar el lugar de Estados Unidos como hegemón de la región, en cambio, Rusia busca un balance multipolar de poder entre los distintos Estados (Foreign Policy Research Institute, 2017).

Conclusión

A pesar de que Corea del Norte fue presionada constantemente por la comunidad internacional para que desmantele su programa balístico y nuclear, este llegó a consolidar un armamento nuclear moderno y efectivo, comparable al de potencias nucleares como Estados Unidos y Rusia.

También se ha hecho notable y palpable las victorias diplomáticas y políticas que le ha conseguido el desarrollo de armas de destrucción masiva, como lo fue la reunión entre Kim Jong-un y Moon Jae-in, donde ambos líderes de las distintos Coreas tuvieron un reencuentro histórico. Otra victoria podría ser la reunión entre Kim Jong-un y Donald Trump, quien desde que asumió la administración de la Casa Blanca ha tratado de desestabilizar constantemente el régimen de Pyongyang.

Sin embargo, debemos concientizar que es muy poco probable que el gobierno de Pyongyang deje de desarrollar, almacenar y probar artefactos nucleares de forma voluntaria, ya que estos artefactos son los principales artífices de la supervivencia y del poder de decisión internacional del régimen. Hemos de suponer que hasta que el gobierno de Kim no encuentre otra forma de garantizar su futuro en el orden internacional es poco probable que la crisis nuclear sea resuelta.

Referencias bibliográficas

Bermudez, Joseph S.: “North Korea’s Development of a Nuclear Weapons Strategy”, US-Korea Institute at SAIS, 2012.

Congressional Research Service: “North Korea: U.S. Relations, Nuclear Diplomacy, and Internal Situation”, 27 de julio de 2018, disponible en: www.crs.gov.

Congressional Research Service: “The North Korean Nuclear Challenge: Military Options and Issues for Congress”, 6 de noviembre de 2017, disponible en: www.crs.gov.

Fernandez Liesa, Carlos R.; Borque Lafuente, Emilio: El conflicto de Corea, Universidad Carlos III de Madrid. Instituto de Estudios Internacionales y Europeos Francisco de Vitoria, Ministerio de Defensa, Madrid, 2013.

Foreing Policy Reasearch Institute: “Nuclear Weapons And Russian-North Korean Relations”, 2017, disponible en: https://www.fpri.org/.

Instituto Español De Estudios Estratégicos: “Corea del Norte, diez años de explosiones nucleares”, Casal, Marcos Gómez, “Corea del Norte, diez años de explosiones nucleares”, en Instituto Español de Estudios Estratégicos, 10 de octubre de 2016, disponible en: http://www.ieee.es/.

Kissinger, Henry, (1994): Diplomacy, New York: Simon & Schuster Paperbacks, 1994.

Mariani, Lorenzo: “Assessing North Korea’s Nuclear and Missile Programmes: Implications for Seoul and Washington”, Istituto Affari Internazionali, marzo de 2017, disponible en: http://www.iai.it/it.



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