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5 Las relaciones sino-coreanas desde 1990 a la actualidad

Vicisitudes, dificultades actuales y tendencias a futuro

Javier Peralta y Lucas Alvarado (UNT)

Introducción. El fuerte crecimiento económico de la región
Pacífico Norte

Según el profesor David Scott (2007) la evolución de la economía en el Noreste de Asia puede analizarse a través de “tres paradigmas” formulados a lo largo del siglo XX, los cuales proponen una reorientación de la economía mundial hacia Asia y el Pacífico. El primero de ellos surge en 1970: por aquel entonces se vislumbraba el siglo del Pacífico. Frente a la Europa ensombrecida y asediada por las crisis, resultaba más atractivo el desarrollo estable y sostenible de la región del Asia Oriental. El expresidente estadounidense George Bush sostenía que el éxito de la zona del Pacífico es de primordial importancia para el mundo entero, y que el siglo XXI sería el del Pacífico. Al parecer, el desarrollo de la región, sobre todo su marcado éxito en contraste con la difícil situación económica en el resto del mundo, demuestra lo acertado del pronóstico del exmandatario estadounidense. El segundo paradigma, ya en la década de los 80, postulaba que el nuevo siglo tendría por eje económico al continente asiático. Y el tercer paradigma surgió a comienzos de los 90 y aseveró que el siglo XXI sería específicamente de China.

Esto puede ser comprobado en los hechos, ya que a lo largo de las últimas dos décadas, el conjunto formado por las economías asiáticas en desarrollo (quince economías del Este, el Sudeste y el Sur de Asia) han logrado sostener ritmos de crecimiento del PBI muy superiores a la media de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Entre 1990 y 2009, los países asiáticos en desarrollo registraron una tasa de crecimiento medio anual del 2,0% en el conjunto de los países de la OCDE.

El nuevo siglo tiene por eje económico al continente asiático, porque el hecho de ser el continente más extenso y poblado del mundo le ha permitido en pocos decenios convertirse en una región económica de enorme poder e influencia. En las últimas décadas, un buen número de países asiáticos ha atravesado períodos de crecimiento intenso y sostenido, y en la actualidad tres de las siete mayores economías del mundo se hallan en Asia. China es la segunda economía por tamaño con 11 billones de dólares, o el 14,8% de la economía mundial, tras Estados Unidos con 18 billones de dólares que representa una cuarta parte de la economía mundial (24,3%); le sigue Japón que ocupa el tercer lugar con una economía de 4,4 billones de dólares, lo que representa casi el 6% de la economía mundial y la India ocupa el séptimo lugar con 2 billones de dólares (Banco Mundial, 2017).

Desde 1960, diversas economías del Este y el Sudeste de Asia han logrado ritmos de crecimiento muy superiores a los del resto del mundo. Entre las razones de su notable crecimiento se halla la ventaja propia del atraso económico, que ofrece un amplio potencial de convergencia, pero también unas características geográficas y estructurales favorables, como el acceso al mar o las notables dotaciones de capital humano iniciales. O el impulso económico de las transformaciones demográficas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, que al originar un incremento del peso de la población en edad de trabajar, favorecieron el ahorro y la inversión. Finalmente, el aspecto más distintivo fue la estrategia de desarrollo seguida por numerosos países asiáticos. A diferencia de lo ocurrido en otras regiones en desarrollo, los países que más rápido crecieron reconocieron el imperativo de abrirse a la economía mundial, promoviendo las exportaciones de manufacturas intensivas en mano de obra.

Resumen histórico de las relaciones sino-coreanas

Las relaciones diplomáticas entre la República Popular China y la República de Corea (Corea del Sur) se establecieron formalmente el 24 de agosto de 1992. Durante las décadas que van desde 1950 a 1980, en el marco de la Guerra Fría, China solo reconocía a Corea del Norte, mientras que Corea del Sur solamente reconocía la República de China en Taiwán. Esto tiene su origen en la Guerra de Corea, durante la cual la República Popular de China apoyó al bando comunista con base en Pyongyang, mientras que Corea del Sur mantenía fuertes vínculos con el régimen de Chiang Kai Shek en Taiwán, aliado cercano de los Estados Unidos y de un anti-comunismo efervescente. Si bien las relaciones formales entre ambos países comenzaron en 1992, en años anteriores sí existió comercio entre ellos, pero era insignificante en relación con los valores que alcanzaron tiempo después.

Entre el período 1961-1988 Corea del Sur vio un intento de restablecimiento de las relaciones con China y la Unión Soviética, el cual fue iniciado por el presidente surcoreano Park Chung-Hee y continuó el presidente Chun Dooh-Wan. Además, ambos intentaron mejorar el vínculo con Corea del Norte.

China y la Unión Soviética tuvieron una influencia significativa en la determinación del futuro de la península de Corea. Tener buenas relaciones con los antiguos aliados de Corea del Norte era por lo tanto parte integral de la política bautizada por analistas alemanes como Nordpolitik. Esta política tenía como objetivo acercarse a los aliados de Corea del Norte, para normalizar las relaciones bilaterales con China comunista y con la Unión Soviética, no tan solo desde el punto de vista económico, sino que también pretendía aislar a Corea del Norte para reducir las tensiones en la península coreana.

El contacto oficial de Seúl con Pekín comenzó con el aterrizaje de un avión civil chino secuestrado en mayo de 1983. El gobierno de Seúl aprovechó esta oportunidad para abrir un canal de comunicación con China, lo cual no había sido intentado en los últimos 33 años. China, por su parte, envió a una delegación de treinta y tres oficiales a Seúl para negociar su retorno. Esto marcó el comienzo de una serie de intercambios ocasionales de ciudadanos. Por ejemplo, en marzo de 1984, un equipo surcoreano de tenis visitó Kunming para un partido de la Copa Davis contra un equipo chino. En abril de 1984, un equipo de baloncesto chino de treinta y cuatro miembros llegó a Seúl para participar en el Octavo Campeonato de Baloncesto Junior de Asia. Se informaba que algunos funcionarios chinos discretamente visitaban Corea del Sur para inspeccionar sus industrias en el país, mientras que funcionarios surcoreanos visitaron China para asistir a una serie de conferencias internacionales. Desde el inicio indirecto del intercambio comercial entre China y Corea del Sur en 1975, el volumen de comercio ha aumentado de forma constante.

Establecimiento de relaciones diplomáticas y desarrollo del vínculo comercial sino-coreano

Es en este contexto en que comienzan a concretarse las relaciones formales entre Corea del Sur y China, específicamente el 24 de agosto de 1992. Ambos países establecieron embajadas y se puso así fin a cuatro décadas de tensión basada en rivalidades ideológicas y políticas derivadas de la Guerra de Corea y la Guerra Fría. En esa fecha también se hizo el intercambio formal de embajadores de ambos países y se requirió que Corea del Sur rompiera relaciones diplomáticas con el gobierno de Taiwán, similar a la política de Una Sola China de Estados Unidos.

El establecimiento de las relaciones entre Beijing y Seúl tiene causas políticas y económicas concretas; desde China se postulan diversos elementos como ser: la constante competencia con el sistema político taiwanés, la creciente interdependencia comercial y la posibilidad de afianzar su presencia diplomática y política en la península de Corea. Desde el gobierno de Seúl las causas fueron: atenuar el apoyo político, diplomático y militar chino a Corea del Norte y optimizar la interdependencia comercial.

Uno de los principales motores para el acercamiento de ambos países fue la economía y la necesidad de comerciar. Las oportunidades que ofrecían el uno al otro en cuestión de mercado fueron fundamentales, y significaron un rápido crecimiento para sus industrias. China pasó a ser uno de los principales socios comerciales de Corea del Sur en pocos años.

Mientras que en 1994 había aproximadamente 400 empresas surcoreanas asentadas en China, la cifra se expande a más de 40.000 hacia el año 2006 (Gine, Davi, 2008). De acuerdo a la información publicada por el Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Corea, la inversión coreana en China asciende a 17.000 millones de dólares (2008). Las inversiones coreanas en China han superado las efectuadas en los EE. UU. También siguen creciendo los intercambios turísticos.

Tabla 1: Comercio bilateral de Corea del Sur con China
Año Exportaciones surcoreanas Importaciones surcoreanas
1992 2.654 3.724
1995 9.144 7.401
1998 11.943 6.483
2001 18.190 13.302
2004 49.763 29.584
2006 69.459 48.556
2010 116.837 71.573
2013 145.869 83.052
2014 145.287 90.082
2015 137.123 90.082
2016 124.432 86.980
2017 142.120 97.869

Unidad: millones de USD / Fuente: Korea International Trade Association.

De acuerdo a los datos recolectados de la Oficina de Información Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación de Corea del Sur, este país disfrutó de un claro superávit comercial en general a lo largo de la historia de las relaciones entre ambos países. En el año 2013 fue cuando el superávit comercial a favor de Corea del Sur alcanzó los valores más altos, ya que fue de 62 miles de millones de dólares; sus exportaciones a China sumaron 145 miles de millones de dólares, frente a unas importaciones por un valor de 83 miles de millones de dólares.

En cuanto a la composición de los intercambios comerciales, hay que tener en cuenta que Corea del Sur, durante la década del 1970, experimentó un gran crecimiento en su sector manufacturero debido a los bajos costos laborales, pero empezó a ver durante la década del 90 un descenso de su competitividad debido al fortalecimiento de los sindicatos de trabajadores y el consiguiente aumento de los salarios, que trae consigo un descenso de la rentabilidad debido a mayores costos laborales. Así, los chaebol[1] más importantes de Corea del Sur empezaron a deslocalizarse, principalmente hacia China por la cercanía geográfica, produciéndose un verdadero éxodo de la industria manufacturera. Esto fortaleció el comercio entre ambos países, siendo una gran parte de las exportaciones surcoreanas hacia China lo que en inglés se conoce como processing exports, es decir, partes que son ensambladas en China, donde se les agrega valor para luego ser exportadas como productos terminados hacia un tercer país.

La ola de inversiones coreanas hacia China no fue uniforme en el tiempo, sino que fluctuó correspondiéndose con dos eventos macroeconómicos mayores. El primero fue la crisis financiera de 1997. Durante este año, el won surcoreano vio una gran devaluación, lo que provocó que recuperara parte de su competitividad para las exportaciones. Esto le permitió a la industria surcoreana expandir sus exportaciones hacia Norteamérica y Europa, por lo que las inversiones hacia China quedaron relegadas temporalmente.

Sin embargo, para el año 2001 se dio otro evento macroeconómico de mayor importancia que terminó con este resurgimiento de las exportaciones surcoreanas. En ese año China se unió a la Organización Mundial de Comercio, y además fijó el yuan al precio del dólar, de forma que la moneda china siempre se mantenga más baja que la estadounidense para favorecer exportaciones. Esto provocó que China se volviera extremadamente competitiva en el sector exportador, por lo que las empresas surcoreanas iniciaron un nuevo éxodo masivo hacia China a través de la deslocalización.

Mientras que la mayor parte de las Inversiones Extranjeras Directas (IED) en China se concentran en la costa sur y este, específicamente en Guandong, Fujian, Zhejiang y Shanghái que concentran el 50% de las IED, en el caso de las inversiones de origen coreano en China, estas se concentran en las provincias de la costa del Mar Amarillo, especialmente en Shandong, Jiangsu, Beijing, Tianjin y Liaoning, hacia donde en 2004 fueron destinadas el 76% de las inversiones surcoreanas (Lee, Rodrigue, 2004).

El comercio entre estas dos naciones se da principalmente por vía marítima, debido a la falta de conexiones por tierra y además para aprovechar la enorme infraestructura portuaria de la que gozan ambos países, que también tienen un amplio litoral marino. Busan, que es el mayor puerto de Corea del Sur y se encuentra sobre el Mar del Este o de Japón, ha empezado a sufrir lo que Lee y Rodrigue llaman el “efecto China”: Una reorientación en los flujos comerciales de Corea del Sur hacia el Mar Amarillo o del Oeste. Así, los puertos de la costa oeste, especialmente Incheon, Kunsan, y Pyeongtaek se vieron beneficiados y han visto expandir su rol en el comercio internacional surcoreano. Utilizar a Busan en lugar de Incheon para conectarse con China representa un costo adicional por el transporte terrestre necesario, lo cual minó su competitividad. Además, el puerto de Incheon se vio fuertemente favorecido por su proximidad con Seúl.

Cabe destacar que para el año 2007 el marco jurídico tanto fiscal como laboral fue modificado en China. Con respecto a la situación laboral en el gigante asiático, en este tiempo se produjeron una serie de escándalos debido a numerosos despidos que llevaron a que se produzcan leyes de contratos laborales y legislación de empleo, lo que desencadenó un aumento del costo de la mano de obra. Como consecuencia, algunas PYMES coreanas empezaron a tener problemas para hacer negocios en suelo chino, a tal punto que habían cerrado o se planteaban cerrar sus fábricas en China para trasladarse a otros países asiáticos como Vietnam y la India. Muchas PYMES coreanas se habían establecido en Quingdao, un puerto situado en el noreste chino frente a la península coreana, para aprovechar el bajo costo de la mano de obra y las ventajas fiscales. Pero a partir de las leyes laborales han visto reducir drásticamente sus anteriores beneficios y tuvieron dificultades para mantener sus negocios en China.

Para 2008 Lee Myung-bak, el presidente pro business, buscaba incrementar el comercio y las inversiones en China y ampliarlo con la firma de nuevos acuerdos de cooperación bilateral, especialmente en el campo energético y medioambiental. El presidente surcoreano tuvo como prioridad de su política exterior reforzar la alianza estratégica con Estados Unidos y, a la vez, ampliar las relaciones con Japón, China y Rusia.

Lee Myung-bak reconocía que el comercio exterior es el motor económico del país y las empresas son los principales actores internacionales, claves en un mundo globalizado. Desarrolló una intensa agenda internacional realizando constantes visitas oficiales por todos los continentes para apoyar enérgicamente las estrategias de expansión internacional de las empresas surcoreanas.

Durante su presidencia los mandatarios de China y Corea se reunieron en diferentes oportunidades para lograr el objetivo de fortalecer la cooperación económica entre ambos países. Citamos así al presidente del Consejo para la Promoción del Comercio Internacional de China Wan Jifei, afirmando en una de estas reuniones que:

Desde 1992, la magnitud y diversificación de la cooperación económica entre ambos países ha crecido de manera muy rápida y en un lapso muy breve; me gustaría exhortar a las empresas coreanas a que sigan trabajando de manera excelente, toda vez que son importantes socias comerciales de las empresas chinas.

China ha jugado un papel dual en los asuntos de la península coreana, por un lado no traiciona a su antigua afinidad socialista con el norte y por el otro profundiza sus relaciones económicas con el Sur, con el que tiene una relación estrecha en cuanto a inversiones y el comercio en que China provee a su mercado y su mano calificada de bajo costo, al tiempo que Corea ofrece una alta capacidad tecnológica, experiencia en los sistemas de ventas y distribución de productos, en especial en los mercados occidentales y alto nivel de capitalización de sus empresas.

Tratado de Libre Comercio y crisis del escudo antimisiles THAAD (2012-2017)

A partir de mayo del año 2012, empieza una nueva etapa en las relaciones bilaterales China-Corea del Sur con el inicio de charlas para establecer un Tratado de Libre Comercio entre ambas naciones. Las negociaciones duraron tres años, hasta que finalmente fue ratificado en 2015 y entró en vigor en diciembre de ese mismo año.

Durante los tres años en los cuales se realizaron más de una decena de charlas diplomáticas para ajustar detalles del acuerdo, los intercambios comerciales entre China y Corea del Sur aumentaron hasta niveles sin precedentes, teniendo su pico en 2014. El Tratado propone que durante los primeros diez años del acuerdo, Corea del Sur elimine sus aranceles en un 79% mientras que China lo haga en un 71%. Contrastado con otros Tratados de Libre Comercio surcoreanos como el que tiene con los Estados Unidos, se trata de porcentajes bajos, vale recordar que el tratado con el país norteamericano establecía una meta de un 95% de todo el comercio entre sendos países sin barreras arancelarias. En el caso del Tratado con la Unión Europea, el porcentaje que se busca alcanzar es aún mayor, cerca del 99%.

Otro aspecto importante a destacar es que Corea del Sur buscaba incluir en el Tratado a los bienes producidos en el Complejo Industrial Kaesong, que compartía con Corea del Norte dentro del Área Desmilitarizada, pero dentro de territorio norcoreano. Según el analista Troy Stangarone, la estrategia del gobierno surcoreano era articular a Kaesong con las Zonas Económicas Especiales de Corea del Norte, específicamente Rason, donde operan una gran cantidad de empresas chinas. De esa forma, podían por un lado obtener un incentivo para la construcción de mayor infraestructura en la Corea de los Kim, y por otro lado reducir el riesgo político de que los norcoreanos decidieran cerrar el complejo de Kaesong. Esto no se cumplió, pues en el año 2016 en medio de crecientes tensiones por el Programa Nuclear de Kim Jong-un, finalmente Kaesong fue clausurada.

A pesar de que el Tratado de Libre Comercio finalmente fue consumado y desde diciembre de 2015 está en vigencia, los intercambios comerciales entre ambos países lejos de crecer se han reducido durante los últimos tres años. Los motivos son de índole político: con la decisión de Corea del Sur de aceptar el emplazamiento del Termal High Altitude Defense Area (THAAD) las relaciones bilaterales sino-coreanas se vieron muy perjudicadas. Según Seúl, el escudo antimisiles fue diseñado con el fin de poder neutralizar cualquier ataque con misiles que pudiera ser perpetrado por los norcoreanos. Sin embargo, el Gobierno chino asegura que el THAAD va contra sus intereses de seguridad nacional. Para el exviceministro de Relaciones Exteriores chino Wang Yi:

La cobertura del THAAD, y en particular el alcance de monitoreo de su radar X-Band, van mucho más allá de las necesidades de defensa de la península coreana. Alcanzan zonas en lo profundo del continente asiático, lo que no solo daña directamente los intereses geoestratégicos de China, sino también de otros países de la región. (Swaine, 2016).

Cuando Wang Yi habla de “otros países”, se refiere específicamente a Rusia, que también se ha opuesto al THAAD. Este sistema de defensa antimisiles es tan solo uno de tantos que han sido impulsados por los Estados Unidos en áreas de interés estratégico; similar es el caso del sistema de defensa AEGIS en Europa Oriental.

Diversos artículos publicados en el Diario del Pueblo de China por el autor Zheng Zhong (el cual, según Swaine, es en realidad un seudónimo y se trata de varios autores que publican bajo el mismo), argumentó en contra del emplazamiento del THAAD lo siguiente: el THAAD no le sirve a Corea del Sur pues solo tiene como blanco a misiles que viajan a muy altas altitudes y son de largo alcance, y Pyongyang no utilizaría misiles de este tipo para atacar a Corea del Sur, pues son misiles diseñados para alcanzar blancos a distancias mucho mayores. El propósito del escudo sería entonces mejorar el sistema de defensa anti-misiles global de los Estados Unidos y aumentar la capacidad de los norteamericanos de contener a China y Rusia.

Swaine considera que la decisión de Seúl de implementar el THAAD marca un quiebre en la manera de relacionarse con China. Durante los años anteriores a la crisis del escudo antimisiles, Corea del Sur se había cimentado como un importante aliado comercial y económico del gigante asiático, sin oponerse al crecimiento de su poderío militar, el cual sí era temido por países como los Estados Unidos y Japón. Pero con el THAAD, Corea del Sur se alejaría de Beijing y empezaría a incorporar algunas de las políticas de contención contra China propuestas por Estados Unidos.

Impacto comercial

A pesar de que el Gobierno chino evitó sancionar formalmente a Corea del Sur, urgió a sus ciudadanos a través de los medios de comunicación a expresarse en contra de Seúl. En un país donde las manifestaciones se encuentran estrictamente controladas, a los ciudadanos chinos se les permitió congregarse para mostrar su enojo contra el país peninsular. Se llevaron a cabo numerosos boicots contra productos y empresas de origen surcoreano. Estas acciones tenían como principal blanco al conglomerado Lotte, el cual le había entregado al gobierno surcoreano un terreno de gran extensión donde funcionaba un campo de golf para que sea emplazado el THAAD. Tanto fue el impacto de este boicot, que Lotte se vio obligado a vender la mayoría de sus 99 hipermercados chinos por una fracción ínfima de lo que había invertido (Reuters, 2017).

Al mismo tiempo las inversiones directas chinas con destino surcoreano cayeron significativamente, debido a la decisión de Beijing de restringir las transferencias en moneda extranjera. Esto supuestamente para conservar sus reservas. Las inversiones cayeron un 63% a 608 millones durante los tres primeros trimestres del año 2017, en comparación con el mismo período del año 2016, según el Ministerio de Comercio surcoreano.

Beijing suspendió en 2017 muchos paquetes de viajes hacia Corea del Sur, cortando con el flujo de turistas chinos, particularmente aquellos de alto poder adquisitivo que viajan a Corea del Sur a realizarse operaciones estéticas. Recordemos que Corea del Sur tiene una muy grande industria cosmética y de cirugías estéticas. Son comunes en la región los procedimientos de rinoplastía y blefaroplastía (operación de nariz y párpados respectivamente). A su vez, los clientes chinos contribuían a más del 50% de las ventas de artículos cosméticos en free shops (Bloomberg, 2017), lo cual impactó fuertemente en la economía de las mayores empresas cosméticas surcoreanas, como es el caso de Amorepacific Corp. Este gigante vio una baja del 21% en sus acciones durante el mes de septiembre de 2017.

Muchas rutas aéreas fueron suspendidas temporalmente desde China hacia Corea del Sur, aunque para la segunda mitad de 2017 ya habían sido restauradas. Uno de los principales destinos del turismo chino en Corea, la isla de Jeju, sufrió fuertemente el impacto al ver reducido en un 70% el número de turistas chinos que llegaron a esa isla durante 2017, en comparación con el año anterior. Esta isla había recibido nada menos que 3 millones de turistas chinos durante el año 2016 (Bloomberg, 2017). Según el Director de Turismo de la isla Kim Nam-jin, se esperaban mejoras recién para febrero de 2018.

El sector automotriz fue uno de los más afectados. Las ventas de Hyundai y Kia en China vieron un escabroso descenso después de que se hiciera pública la decisión del gobierno surcoreano de emplazar el escudo antimisiles. Las ventas de Hyundai vieron una baja de 64% en el segundo trimestre (Bloomberg, 2017), mientras que las disputas con las concesionarias por las pocas ventas llevaron a que se parara la producción de automóviles de dicha empresa en las plantas chinas.

Por si esto no fuera poco, se registraron hechos de vandalismo contra vehículos de marcas coreanas en China durante 2017. Esto nos remite a incidentes similares que se dieron en 2012 pero contra las empresas japonesas Nissan, Toyota y Honda, luego de escaladas en la disputa por las islas Diaoyu o Senkaku entre Beijing y Tokio.

Además de ello, hay que tener en cuenta el contexto de los años recientes de la industria automovilística en el Noreste de Asia. Durante el 2016, las ventas de automóviles autóctonos producidos por automotrices chinas como Geely y GWM mejoraron notablemente, esto en detrimento de las automotrices extranjeras que producen en el país. Gracias a importantes avances en la calidad de los productos, cada vez una mayor porción del mercado chino empieza a volcarse hacia las marcas nacionales. A su vez, actualmente el gigante asiático está llevando a cabo grandes esfuerzos para reemplazar su parque automovilístico por vehículos eléctricos, lo cual también ha lastimado a las automotrices tradicionales.

El impacto de la instalación del THAAD se vio incluso en la industria del entretenimiento. Según Bloomberg, las mayores empresas chinas de streaming quitaron de la rejilla de programación a las producciones coreanas, de las cuales son muy populares las telenovelas y los dramas históricos.

Problemáticas actuales

Hacia 2018 las relaciones comerciales entre ambos países han mejorado notablemente, y se están curando las heridas que dejó la crisis del escudo anti-misiles. Corea del Sur es un país sumamente dependiente de China para el comercio, siendo este su principal socio y destino de sus exportaciones. A su vez, el sector exportador representa una parte muy importante de la economía surcoreana, lo que acrecienta aún más la dependencia.

Aunque el volumen de los intercambios es importante, también lo es su composición. Cerca de tres cuartos de las exportaciones surcoreanas a China son destinadas al procesamiento, es decir que se trata de partes que son ensambladas en China y luego son exportadas hacia un tercer país, el cual es realmente el que impulsa la demanda de las exportaciones coreanas hacia China. Esto necesariamente significa que al estar la mayoría de las exportaciones coreanas hacia China ligadas a la demanda de un tercer país, el impacto que ejerce el mercado chino en la demanda es limitado. Por ello, los boicots que fueron llevados a cabo contra firmas surcoreanas en China no repercutieron tanto en las cifras de exportaciones totales de origen coreano con destino al gigante asiático.

Quien sí puede llegar a repercutir fuertemente en el volumen de exportaciones coreanas con destino chino son los Estados Unidos de América. Este país importa una gran parte de la producción china, quien es su principal socio comercial. Con la llegada de Donald Trump, las relaciones económicas entre las dos economías más grandes del mundo se han desgastado. La suba de aranceles a las importaciones chinas impulsada por Trump ha despertado la preocupación de Corea del Sur por el daño colateral que podría generar en su economía. Esto muy a pesar de que los Estados Unidos sostenían que las compañías surcoreanas serían beneficiadas al poder desplazar a sus competidores chinos. Mun Byung-ki, investigador del Instituto de Comercio Internacional de Seúl, sostiene que esa probabilidad es baja. Así los Estados Unidos, quienes son el principal aliado de Corea del Sur, paradójicamente están perjudicando indirectamente a Seúl con estas medidas anti-China.

Principales socios comerciales y… ¿principales rivales?

De igual modo que Corea del Sur llevó a la bancarrota a muchos de sus competidores europeos en los años 1990, China ahora está amenazando con hacerle lo mismo a la industria de los astilleros surcoreana.

En la primera década del siglo XXI, Corea del Sur gozó de ser el más grande constructor de buques del mundo, seguido de cerca por China y Japón. Estos tres países concentran el 90% de la industria de construcción naval. Pero en la actualidad los astilleros surcoreanos representan tan solo la mitad del tamaño de los chinos en porcentaje de la producción total mundial.

El sector de construcción naval es el tercer mayor exportador después del sector de semiconductores y el automotriz. Su crisis empezó con la crisis financiera de 2008, que provocó un enfriamiento del comercio internacional. Los astilleros surcoreanos se beneficiaban de tener una mejor calidad que los chinos y mejores costos que los japoneses, siendo de una gama media. Pero en la actualidad la industria de construcción naval china ha ido achicando la brecha en calidad con Corea del Sur a medida que avanza velozmente en la carrera tecnológica. A los astilleros surcoreanos, los cuales se concentran en su mayor parte en el puerto de Busan, los ha estremecido también una amenaza proveniente del otro lado del Mar del Este. La competitividad de la industria naval nipona ha mejorado en los últimos años y por lo tanto sus precios son más atractivos, también perjudicando así a los astilleros surcoreanos.

El presidente Moon Jae-in declaró que Corea del Sur “no puede rendirse” en sus intentos de ser el líder mundial de construcción naval. Por ello en enero creó un plan para apoyar a la industria, ordenando rompehielos, patrullas costeras y molinos de energía eólica offshore. De todas maneras, los analistas sostienen que los esfuerzos del presidente para elevar por un 16,4% el salario mínimo llevarán a que el sector pierda aún mayor competitividad y muchos astilleros cedan ante sus competidores chinos, teniendo un impacto negativo en el empleo. Un reporte del Mercator Institute of China Studies en Alemania identificó a Corea del Sur como aquel país que tiene más para perder en materia comercial frente al crecimiento del gigante asiático.

A su vez la industria automotriz se ha visto muy perjudicada por la competencia china. Las exportaciones hacia China estaban viendo un descenso incluso antes del boicot a medida que la calidad de los vehículos chinos aumentaba, y las compañías surcoreanas no pudieron tampoco competir con otras de mayor prestigio y atractivo, específicamente las europeas y japonesas, que también se reparten una porción importante del mercado chino. En este caso al igual que en el de los astilleros, las empresas surcorenas ocupaban cómodamente la gama media en cuanto a precio y calidad, pero están siendo alcanzadas por las chinas. El único sector que parece ser muy resiliente a la competencia es el de semiconductores.

Por si esto fuera poco, las dificultades que se han generado desde la llegada de Donald Trump al Despacho Oval ponen en una situación aún más vulnerable a la industria de Corea del Sur. El presidente estadounidense ha pedido que se revea el Tratado de Libre Comercio que tienen con Seúl, lo que eliminaría las ventajas que tienen las empresas surcoreanas para exportar al mercado norteamericano frente a las chinas. De hecho, una de las medidas impuestas han sido unos aranceles punitivos del 50% contra las lavadoras importadas de Corea del Sur, medida que ha sido denunciada por Seúl frente a la OMC (The Economist, 2018).

Frente a todas estas dificultades, el gobierno de Moon Jae-in está buscando expandir el comercio con el Sudeste Asiático de manera que los chaebols puedan diversificar sus bases de producción y sus mercados de exportación. Seúl busca así alejarse tanto de los Estados Unidos de Trump como de China, quienes a pesar de ser por un lado su mayor aliado militar y por el otro su mayor socio comercial, han empezado a transformarse en competidores y rivales.

Corea del Sur se convirtió así en el principal inversor extranjero en Vietnam, quien ha desplazado en los últimos meses a Estados Unidos como segundo mayor socio comercial de Corea del Sur, detrás de China.

Conclusión

China continúa siendo el mayor socio comercial de Corea del Sur en la actualidad. Se trata de una relación de dependencia (y no interdependencia), debido a la marcada asimetría en los tamaños de ambas economías, y que sufre vaivenes causados por las fluctuaciones de la política internacional y la intrusión de los Estados Unidos en la región. A pesar del gran volumen de los intercambios comerciales entre ambos países, como se vio a lo largo de este trabajo, la relación está condicionada fuertemente por la demanda de terceros países, particularmente los Estados Unidos de América y la Unión Europea, destinos principales de las exportaciones chinas.

Así, la influencia del mercado doméstico chino propiamente dicho en las exportaciones surcoreanas no es tan grande. También hay que destacar el vínculo comercial entre China y Corea, que se encuentra fluctuando constantemente entre una dependencia y una competencia, siendo preeminente esta última en rubros como la industria pesada donde las ventajas comparativas pesan más fuerte y las posibilidades de deslocalización son menores. Además de ello, quien fuera el principal aliado de Corea del Sur, los Estados Unidos de América, en su intento de iniciar una guerra comercial contra China está dañando de manera colateral a la economía surcoreana.

A esto hay que sumarle que la alianza militar con los Estados Unidos, y especialmente la instalación del escudo anti-misiles THAAD han desgastado fuertemente los vínculos comerciales través del Mar Amarillo. Ello ha llevado a que en los últimos años Seúl intente alejarse tanto de su aliado norteamericano, el cual parece generarle más inconvenientes que beneficios, como también de la propia China, y buscar nuevos horizontes en otros mercados emergentes. En especial es muy grande el interés que generan en Corea las oportunidades económicas que representa la ASEAN y específicamente Vietnam, hacia donde han empezado a volcarse la mayor parte de las inversiones de Corea del Sur. Es ahí donde parece que se enfocará la política comercial de Seúl en el futuro cercano, lejos de las aguas turbulentas del Pacífico Norte.

Referencias bibliográficas

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  1. Los chaebol son grandes conglomerados de empresas privadas controladas por clanes familiares coreanos y con una participación mínima del Estado.


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