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Palabras de bienvenida a cargo del Arq. KIM ​Young Jun,
presidente de la Cámara Argentina de Comercio, Industria y Agropecuaria Coreanas (CACIAC)

Estimado Sr. embajador Lim Ki-mo, miembros de la Asociación Argentina de Estudios Coreanos, respetadas, respetables autoridades de la Universidad Abierta Interamericana, apreciado presidente de nuestra comunidad Sr. BAIK, Chang Ki, Dr. Luciano Bolinaga director general del XI Congreso Nacional de Estudios Coreanos, profesores, estudiantes y participantes aquí presentes en el Congreso. Es un gusto poder expresar algunas palabras a modo de bienvenida y al mismo tiempo de presentación de esta obra de estudios coreanos.

Las relaciones bilaterales entre la República Argentina y la República de Corea se propician en la presidencia de Arturo Frondizi y tienen como fecha del establecimiento de relaciones diplomáticas el 15 de febrero de 1962. Posteriormente, la embajada coreana en Argentina se inauguró en diciembre de 1963. Ya para marzo de 1966 se realizaba la apertura de la embajada de Argentina en Seúl. De la mano de las relaciones diplomáticas entre ambos países se fue desarrollando progresivamente nuestra inmigración, que se asentó a mediados de los años 60 en la Provincia de Rio Negro, principalmente como agricultores, y en la Ciudad de Buenos Aires, pero ya vinculados al sector de servicio.

Para la década del 70 se produce la masiva inmigración de coreanos en Argentina, emerge el barrio coreano con 109 pequeñas fabricaciones textiles como subcontratistas para las empresas textiles de Once. Posteriormente y de forma gradual, el incremento del poder adquisitivo permitió la expansión de la actividad comercial a lo largo de los años 80. Ya en la década del 90 nuestra comunidad coreana teje, cose y vende los diversos productos textiles a escala nacional. La comunidad ya cuenta por ese entonces con negocios propios, algunos propietarios otros aún inquilinos.

En vista de diferentes necesidades del momento comenzaron a emerger comercios vinculados al sector de servicios como inmobiliarias, restaurantes, agencia de viajes, entre otros tantos. Y, a modo exploratorio, comienza a desarrollarse también la actividad comercial vinculada a la importación de alimentos, venta de artefactos del hogar, agua envasada, agencia de turismo. Simultáneamente, la planta textil ya opera a gran a escala.

Entrando ya en el siglo XXI, las relaciones comerciales bilaterales se expanden. Mientras que en el año 2000 el nivel comercial representaba unos 700 millones de dólares anuales para el año 2008 la cifra más que se duplicó, alcanzando los 1.500 millones de dólares. Para ese entonces, las empresas textiles en la zona de Flores y Floresta toman fuerza alcanzando aproximadamente un número de entre 600 y 700 comercios. Acorde al Censo de 2010, la comunidad coreana asiende a 23.000, siendo ya entonces una fuerza social, política y económica establecida en el país. La estabilidad económica de la comunidad coreana fue la clave del incremento de nuestro bienestar, constatado no solo en la salud, sino también en el nivel educativo alcanzado y hasta en el poder adquisitivo logrado. Toda sociedad debe estar organizada; así tenemos las distintas agrupaciones en nuestra comunidad: la Asociación Civil de Coreanos en la Argentina, las cámaras empresariales, las iglesias, las agrupaciones culturales y deportivas, entre otras. Esta ha sido la semilla fundamental de la comunidad y su progreso porque nos da representatividad y, fundamentalmente, “identidad”.

Nuestra comunidad ya lleva más de cincuenta años, contamos con una tercera generación de coreanos en Argentina. En mi opinión personal, estamos en camino de una mejor comunidad. Nos estamos integrando a esta Argentina que nos da mucho, trabajamos duro para consolidarnos económicamente, entendemos mejor a la Argentina, opinamos, nos preocupamos por las generaciones futuras. Lejos está nuestra la preocupación de nuestros padres por el hoy y el año siguiente en una situación paupérrima social y económica; positivamente, estamos mejor.

Ahora contamos con la capacidad de organizar convenciones empresariales, culturales y deportivos con iniciativas propias a todo nivel y con el apoyo incondicional de los representantes de Embajada de Corea del Sur. Por ejemplo, la Cámara Argentina de Empresarios Coreanos es sponsor de UTN y estudios coreanos de diversas casas de altos estudios del país. Definitivamente, hemos progresado en comparación a las primeras épocas de la colectividad coreana asentada en el país; pensamos más a nivel “comunidad”, hemos entendido la idea del bien común, nos hemos integrado mejor, nos vamos fusionando.

No obstante, aún tenemos un largo camino por recorrer. Las barreras idiomáticas y de las costumbres persisten, necesitamos más profesionales, cubrir más oportunidades comerciales. Las empresas de la comunidad coreana no están aún con el nivel de vínculo esperado con las empresas multinacionales coreanas tales como Samsung, LG o Hyundai. Será tal vez que no compartimos las mismas inquietudes. Es de esperar una mayor expansión económica de empresas de nuestra comunidad a nivel internacional desde nuestra Argentina que nos ha recibido con los brazos abiertos, para luego poder devolver lo que hemos logrado con tanto esfuerzo y sacrificio.

Para finalizar, no quiero dejar de mencionar la importancia de la reciente visita de Moon Jae-in con motivo de la cumbre del G-20, que también propició el encuentro bilateral con el presidente Mauricio Macri. El diálogo político al más alto nivel siempre dinamiza el vínculo y es una importante fuerza motriz de las relaciones bilaterales. Debemos promover más, desde nuestra comunidad, ese tipo de encuentros.

Agradezco al Dr. Luciano Bolinaga, nuestro anfitrión del Congreso, la oportunidad de poder expresar estas palabras y les dejo mis mejores augurios para el desarrollo de los estudios coreanos de la mano de esta tradición ya instaurada por medio de los Congresos Nacionales de Estudios Coreanos desde 2005, en esta misma ciudad, cuna de la bandera argentina.

Muchas gracias.



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