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EL DIARIO

Jueves 12 de Noviembre de 1908

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, octubre 16.

 

Circula desde hace días un luminoso folleto con este título:

“La propiedad literaria y artística en la Argentina”.

Está en francés y el subtítulo agrega: “en sus relaciones internacionales”.

Es “pro” Francia.

Sería un pleonasmo decir que está escrito dominando el asunto, con peculiar elegancia y una cierta ironía desde que lleva la firma de E. Daireaux[1], abogado en ese mundo y en este.

Pero como ya está dicho ni una jota le quito a lo consignado. Al contrario. Le remacho el clavo.

Agrego: que Daireaux pertenece a los raros escritores que saben colaborar en la “Revue des Deux Mondes[2]” (que no admite en su casa sino gente selecta), y en los papeles chicos y grandes del Río de la Plata.

Es raro, en efecto, no pecar, qué digo, brillar en dos lenguas manejándolas con maestría, que es el caso Daireaux.

Desde luego que su escrito tiene que ser bien recibido por todo aquel que no esté enrolado en las filas del filibusterismo literario, artístico, etcétera.

Uno de los actos más trascendentales, bajo el punto de vista jurídico (según se lo recordaba no ha mucho a Ferrero[3]), ha sido el que se realizó en Montevideo en agosto de 1888[4].

Me estoy refiriendo al Congreso Sud Americano, que presidido por el eminente jurisconsulto Manuel Quintana[5] (q. e. p. d.), reunió en torno suyo un cenáculo de sabios en derecho sudamericano, distinguidísimos.

No diré que aquello fue una revelación para este Mundo Viejo. Afirmo sí que fue una sorpresa. Siempre lo será que el joven le diga al anciano: aquí está el quid o he ahí la senda recta del derecho en la igualdad.

Fue ese gran Congreso, en efecto, el que proclamó que el ingenio y sus creaciones son cosas que caen dentro del dominio del mandamiento.

Daireaux se lo recuerda a y Francia y le dice con la Constitución Argentina en las manos: en aquella tierra cosmopolita y libre existen leyes protectoras inviolables… pues si los filibusteros os salen al paso, ¡pedid socorro! que “hay jueces en Berlín” y en la Argentina también, y buenos.

Daireaux, como se ve, pidiendo para su santo rinde pleno homenaje al suelo donde halló mujer dignísima, y que se ha proyectado como buen colono sembrando prole meritoria.

Una plumada final:

Francia (y otros) no tienen más que adherirse a lo que indica Daireaux, es decir, apelar a las declaraciones del referido congreso, no hay rémora legal, al contrario, si quieren amparar las producciones de la inspiración, del talento de la labor incesante y fecunda de sus hijos.


La crisis financiera que atraviesa en este momento la Alemania no impide que los partidarios de los armamentos, hasta reventar, dejen de formular nuevas exigencias.

¿Contra quién esos armamentos?

No hay augurio que se atreva a pronosticarlo.

Lo positivo es que la liga naval reclama nuevos cruceros, acorazados, así como que se aumente la reserva de la flota.

Las críticas, naturalmente, ya se han hecho oír contra ese programa.

Se ha observado que el momento no es propicio, y que los impuestos son ya no poco pesados. Nada. Los armamentos seguirán. Diríase que el nuevo imperio alemán tiene que cumplir un testamento por el estilo del que se le ha atribuido a Pedro el Grande, de Rusia.

Es interesante con este motivo, hacer notar en qué proporciones se ha aumentado en Alemania los presupuestos de guerra durante los últimos veinte años.

En 1888 el presupuesto era de 688 millones.

Esta cifra subía, con los gastos del rubro, marina y colonias a 820 millones, de marcos, claro está.

A esto, enorme ya, hay que hacer notar lo que es prodigioso; que el presupuesto de guerra de 1908, subió a 1067 millones (un millar sesenta y siete millones).

Pues bien, los que son especialistas en materia de plétora de armamentos, afirman que el presupuesto de guerra del imperio no tardará en subir a la suma fabulosa de dos millares.

Y ahí tienen ustedes como la razón de estado responde a las idealidades pacifistas.

Más adelante veremos, si como ya lo está poniendo en evidencia lo que pasa en Oriente, veremos si hay alguna ventaja (habla el “Times[6]”), para la moral internacional en estos homenajes pagados por el vicio a la virtud.


¿La huelga debe ser decidida por una minoría o por la mayoría de los que la harán?

He aquí el problema que desde hace algún tiempo se viene agitando.

Piensan muchos que la justicia y el buen sentido reclaman que los interesados sean consultados.

Nada más natural, ¿no les parece a ustedes?

Pero los “libertistas” (libertaires), por no decir liberticidas, los revolucionarios sostienen que la decisión corresponde a los caudillejos.

El escritor socialista Keufer[7], muy conocedor de los obreros, sostiene en artículos razonados, que los sindicatos deben ser consultados.

Los principales fundamentos de opinión pueden resumirse así:

Cuando se trata de una cesación de trabajo que puede traer consecuencias imprevistas, provocar medidas represivas por parte de los patrones, “lock-outs”, etc., etc., la Federación, dice aquel, no se cree “autorizada a cargar con tamaña responsabilidad, por sus consecuencias morales y financieras”.

No quiere esto decir que el “referéndum” deba ser empleado en toda ocasión (ya otra vez me ocupé un poco en esto).

Pero desde que se quiere proceder a una organización cualquiera, una de dos, o hay que recurrir a medidas dictatoriales o a la consultación.

En el fondo los libertistas están por los privilegios anti-igualitarios de las minorías violentas.

Como lo hace notar Keufer en una doctrina que no está de acuerdo con las ideas democráticas modernas, es imposible, en efecto, sustraerle hoy en día al uso del referéndum siempre que se trate de cuestiones fundamentales de la vida corporativa, en las que el interés de todos está en juego.

Con tanta más razón parece paradójico que los destinos generales de los sindicatos sean dejados en manos de las minorías libertistas y anarquistas, exactamente, como ahora sucede con la C.G. T[8].

Los sindicatos obreros, por consiguiente, día más, día menos, tendrán que resolver la cuestión. Por el momento la discusión está abierta. A pesar de la intransigencia de los socialistas irreductibles, triunfará la buena doctrina: las minorías no gobiernan.

(Eso de que las minorías no gobiernan es el principio que debe ser. En el hecho, los escrutinios apócrifos otra cosa dicen).


En política suele acontecer lo que en la vida de familia, que más gastan los de afuera que los de adentro, es decir, que en la oposición están los que preferiríamos.


Me escriben, es una mera coincidencia, dos amigos diciéndome casi textualmente lo mismo: leo las “Páginas breves” con gusto.

Pero, ¿por qué no nos habla usted nunca de la política?

Su experiencia le da mucha autoridad. Créamelo. Escriba.

A esos s amigos y a otros que como ellos pudieran pensar les diré:

Viendo el desarrollo material de nuestro país, cuya prosperidad ya se computa, acumulando millones sobre millones, me pregunto: ¿estamos maduros para entrar en la senda de las transformaciones que hace un gran pueblo?

Porque en estos casos, no se puede separar la causa del efecto, según la historia de la humanidad nos los enseña. Y por si lo dicho contiene, como lo creo, alguna nebulosidad, me explicaré un poco más. ¿No creen ustedes que sería bueno atacar decididamente algunas cosas concretas hereditarias, idiosincrasias casi cristalizadas por razón de origen etnológico?

¿Qué cosas?

Por ejemplo, y que me baste una, las demás las dejaremos para después… por ejemplo, ¿aplicar un poco de álcali a los ácidos políticos a fin de neutralizarlos?

Estando ustedes tan cerca del fenómeno nuestro más habilitados que yo se hallan para ver sus efectos con mayor prontitud y decidir…

Me quedo pensando en los escándalos de los Estados Unidos, escándalos que amenazan la misma forma del gobierno en vísperas de una elección presidencial, que, bien examinada, más que cuestión de principios y de tendencias, es cuestión de hombres.


Se están publicando, como ustedes habrán leído ya, algunas cartas ignoradas hasta ahora de Saint Beuve[9].

Aunque traducirlo sea espinoso, he aquí un pensamiento suyo que, espigándolo, ha llamado, entre muchos otros, particularmente mi atención.

“Los grandes hombres, los grandes escritores y poetas, que han llegado a un cierto punto de su carrera, son como esos ríos desmesuradamente anchos en su embocadura y muy abiertamente navegables. Todos los conocen y ellos conocen a todos.

Es una banalidad su gloria. ¡Oh! Y cuánto los prefiero ya más arriba, más cerca de su origen, casi intransitados, cuando su curso es tan misterioso, tan velado todavía, que dos viejos sauces llorones inclinándose sobre cada lado de la ribera pueden como tocarse de frente y servirles de cuna”.


Pasó el “Congreso del frío” sin fresco.

Mucho calor excepcional ha hecho estos días.

Setiembre y lo que llevamos de octubre son la estación al revés.

Hemos estado como en verano.

Mucho ha sonado la Argentina en el frígido Congreso. No hace tanto, apenas diez años, que los automóviles eran una rareza.

Ahora, en todas partes pululan.

Los globos, los aeroplanos, lo más pesado y lo más liviano que el aire son cosas que ocupan y preocupan. Pero nadie dice al contemplarlas “nunca”. Al contrario. No tardaremos en ir “volando” a Nueva York, a Río Janeiro, a Buenos Aires, es lo que se dice. Con que así estén ustedes atentos, que el día menos pensado les cae ahí como un aerolito algún aeroplano.

En cuanto a las maravillas que del “frío” deben esperarse, ya verán ustedes los primeros resultados el día menos pensado.

Hasta aquí se ha canalizado el gas, productor de calor, y la electricidad, fuente de energía, e indirectamente de calor.

Poco hemos de esperar para ver el calórico mismo “vehiculado” al domicilio de los particulares.

Y, ¿por qué no ha de suceder lo mismo con el frío?

Quiere decir entonces que estamos en vísperas de ver que un verano nos refresquen las casas, así como un invierno las calentamos.

No es solo la alimentación la que tiene que ganar con las aplicaciones del frío. Se habla ya de una sociedad anónima que se propone cristalizar los cadáveres.


El correo se va; tengo que poner punto redondo.

Las cosas de Oriente por el telégrafo deben ustedes saber qué curso siguen.

Las entienden ustedes bien. Aquí mismo no son muchos los que pueden explicarlas. Confieso que no domino la cuestión.

Pero en obsequio de ustedes voy ver si puedo resumirla en una plumada.

El arribo al poder del partido “Jóvenes Turcos[10]” sustituyó la influencia alemana, aniquilándola casi.

La Alemania tenía desde hace algún tiempo grandes intereses en Oriente.

“Inde irae[11]”, y toda clase de maniobras a punto que la actualidad europea, no vacilo en decirlo, es, en este momento de crisis internacional, una feria de hipocresías y de perfidia.

Todos los apetitos están en juego.

¿Habrá o no habrá un congreso que vuelva a ratificar como el de Berlín las fronteras de influencia? Lo veremos sin tardanza. Pero lo que no veremos es que el que algo le haya tomado a la Turquía lo “suelte”.

Pero lo que no veremos es que en el reparto de despojos no ganen algo, sacando su tajada, tanto los que no son como los que son o se dicen amigos de la Turquía. Pero lo que no veremos es que haya guerra por la Turquía aunque esta pueda tenerla con Austria-Hungría.

Pero lo que no veremos es una gran lección de rectitud dada por la vieja Europa a la joven América.

Quedaremos como estamos. Los débiles no podrán sino temporalmente darse el gobierno que quieran y, tuerto o derecho, tendrán que aceptar protectorados extranjeros, con el mismo gusto con que se toman píldoras repugnantes.

Y el protectorado acabará por traducirse en anexión; y la anexión hará barullo, y el barullo hará un areópago sapientísimo, que a su vez hará un tratado, obra magna de prudencia, obligatorio, en fin, mientras convenga.


  1. Ver nota al pie de PB.10.01.06 o índice onomástico.
  2. Ver nota al pie de PB.22.05.06 o índice de publicaciones periódicas.
  3. Ver nota al pie de PB.12.01.06 o índice onomástico.
  4. Se refiere al Primer Congreso Sudamericano de Derecho Internacional Privado, celebrado en Montevideo del 25 de agosto de 1888 al 18 de febrero de 1889. Durante dicho congreso, se aprobaron ocho tratados y un protocolo adicional que abarcaron prácticamente todo el derecho conflictual de aquel momento, ratificados por varios de los países participantes. Estos tratados fueron de los primeros tratados de derecho internacional privado en entrar vigencia en el mundo. Las actas de dicho congreso pueden consultarse en: https://bit.ly/2GZLA2a.
  5. Ver nota al pie de PB.30.04.06 o índice onomástico.
  6. Ver nota al pie de PB.08.03.06 o índice de publicaciones periódicas.
  7. Auguste Keufer (Sainte-Marie-aux-Mines, 1851 – Paris, 1924), fue un tipógrafo y sindicalista francés. Es considerado uno de los militantes más importantes del movimiento obrero francés. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/199823105).
  8. Hay información sobre la Confédération Général du Travail en la PB. 03.09.08 y en el índice de eventos históricos.
  9. Ver nota al pie de PB.09.04.07 o índice onomástico.
  10. Sobre la Revolución de Turquía, ver nota al pie de PB.03.09.08 o índice de eventos históricos.
  11. “Luego, la ira”.


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