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EL DIARIO

Jueves 8 de Octubre de 1908

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, septiembre 10.

 

En los momentos en que estas líneas escribo tiene lugar en Londres la reunión del gran congreso eucarístico.

Es el “rendez vous” del mundo católico. Concurren a la histórica cita de Westminster: cardenales, arzobispos, obispos, abates, generales de diferentes órdenes religiosas y otros dignatarios de la iglesia católica; así como distinguidos hermanos legos y seglares que han aceptado la honorífica invitación de monseñor Bourne, o sea el arzobispo de Westminster, que, como ustedes sabrán, fue nombrado arzobispo a los 42 años de edad, teniendo ahora cuarenta y siete.

¡Qué interesante figura!

Ya a los treinta y cinco años monseñor Francisco Bourne[1] fue preconizado obispo titular de Epifanía.

De origen humildísimo, ha llegado a tan altas dignidades movido por irresistibles fuerzas morales.

Desde el debut de su carrera y, sobre todo, en el episcopado se reveló administrador de primer orden; mezcla feliz de firmeza, de paciencia, de dulzura, en una palabra, una alma destinada a cautivar.

La catedral de Westminster es el punto de reunión.

Habrá comunión general en todas las iglesias de Londres.

Misa pontificia, con sermón por S. E. el cardenal Gibbons[2], arzobispo de Baltimore.

Vísperas solemnes, procesión en las calles de Londres.

Tedeum, clausura del congreso.

Acabo de escribir “procesión en las calles de Londres” y como ahí, en nuestra tierra libre están prohibidas, quiero hacer constar que en Inglaterra entienden la libertad de otra manera.

La policía está, pues, encargada, y ¡cuidado con que no lo haga como es debido! de mantener el orden más estricto.

En cuanto al público en general, el “pueblo” inglés, por aquello de hoy por mí mañana por ti, él también hará de policía.

Se ha deseado y manifestado por las autoridades eclesiásticas de Inglaterra, que los padres de los países católicos que vayan a Londres, lo hagan revistiendo la “sotana” para que así no haya error, y se han tomado medidas para que no les falten altares en qué decir misa.

Con motivo de lo de la “sotana”, corre un dicho del rey Eduardo[3].

Dicen que le preguntaron:

–¿Podrán los que vienen al congreso eucarístico andar con “sotana” para hacerse distinguir?

A lo cual el rey contestó:

–La Inglaterra es un país de libertad.


Una cosa sobre la que se viene discutiendo, filosofando digamos, desde que hay seres capaces de reflexionar, a saber: ¿qué es la razón?

Son varias las explicaciones que desde las edades más remotas hasta Darwin y sus contradictores se han dado.

Ninguna satisface, y, quién sabe si no hay animales que se ríen de nosotros viéndonos empeñados en penetrar todos los misterios de la creación.


Tenemos la debilidad de creer que lo que nos divierte puede entretener a los demás.

Y tenemos otra debilidad, ponga cada cual la mano sobre su conciencia: la de ser indulgentes con los que conocemos y viceversa.

En esa situación me hallo.

Me pone en ella un librito que, anunciándome otro, he recibido del Rosario.

Autor o remitente, lo mismo da uno que otro, se llama Dermidio T. González[4].

En cuanto al librito, es una novela de 90 páginas que con otro tipo y más espacios y más interlíneas fácilmente habrían podido resultar 200.

Con esto de los productos del arte de imprimir sucede algo parecido a la anécdota del holandés que vendía una vaca lechera.

–¿Y cuántos litros de leche puede dar bien alimentada? (pregunta el interesado).

–Veinte.

–Nada más…

–Pero yo vendo cuarenta con toda seguridad.

¿Y el título de la novelita? dirá el lector. Allá voy.

El título no está en armonía con el asunto.

Aquel es el de una desgraciada, la heroína, que se llamaba “Iris”. Este el relato de un drama social, que, por cierto, no puedo recomendar como lectura de viaje a las damiselas que buscan novio.

Es una circunstancia, parecida a un defecto, que a quien ha debido dañar, desde luego, es al autor.

Las producciones de esta índole, cuadros de la realidad, o de una imaginación fecunda, se venden poco.

La excepción que confirma la regla corresponde a una forma que no es la del molde de Iris.

No pertenece González a ninguna de las escuelas, procedimientos, que se llaman simbolistas, decadentes, egolistas, escuelas de las que alguien ha escrito poco más o menos, cito de memoria: todas ellas debieran llevar a manera de exergo una palabra escrita con letras cubitales: ¡mistificadores!

No pertenece tampoco a lo que se conoce por romanticismo; ni a la escuela naturalista, que suele meter la pluma en la inmundicia; ni a la que la esgrime como escalpelo, penetrando en los más ocultos y misteriosos repliegues del corazón humano.

González es sencillamente un narrador de lo que ha pasado, o ha podido pasar. Hace ver los actos, nada más. La lucha de las pasiones, el juego psicológico, es el lector quien debe imaginario. De manera que siendo la materia primera rica, abundante, hay una deficiencia artística.

El diálogo y un poco de más color, algunas descripciones del medio ambiente en general, de lo interior y de lo exterior, habrían subsanado en parte esa deficiencia, dándole mayor realce a las situaciones.

No le faltan recursos a González, cuya pluma corre con facilidad. Si se resuelve a cultivar el género tome en cuenta la observación.

Esta mi franqueza en vez de desanimarlo debe infundirle alientos al autor, que si sigue mi consejo, pondrá tarde o temprano su pica en Flandes.

Escribir no es difícil. Pero escribir bien cuesta mucho. Si el poeta nace y el orador se hace, el escritor en prosa, sea cual sea su tendencia, no llegará, no digo al pináculo de la perfección, lo que es rarísimo; no llegará, siquiera, a ser elegante, lo que no es poco, sino a fuerza de castigar el estilo.

A Balzac, para solo citar un maestro, no le bastaban diez pruebas. Y no es un estilista, como por ejemplo Goethe.

Si George Sand corregía poco, o nada, deleitando sus formas no eran académicas.

Larra, el admirable “Fígaro” que ya no leen ustedes (hacen mal) pulía y repulía cuanto le era dable, apurado como siempre estaba casi por el hambre.

Decía él en un artículo exquisito, “Por ahora”, que hay “palabras” que parecen “cosas”, es decir, que hay “palabras buenas”.

Agregaba: “A primera vista parece que buenas deben ser todas las palabras, puesto que sirven todas para hablar, o sea para gastar conversación, que es el fin que parecemos proponernos; esto es un error y muy grave”.

De aquí que el empleo adecuado de las palabras sea el Rubicón literario que más cueste pasar; o de otro modo, que la gran dificultad estriba en elegir las palabras no digan más ni menos de lo que nos proponemos, y, desde luego en no emplear más palabras de las necesarias, a fin de que la frase no resulte llena de excrecencias que desfiguren la fisonomía del concepto, o de la descripción sintética del cuadro que se ha intentado trasuntar.


Rectifico, aunque la cosa no tenga importancia mayor.

Pero se trata de un “lapsus” mío, y no de un error de tipos.

Le he atribuido a Carlyle[5] una palabra de Pascal al citar de memoria y escribiendo al galope.

Voltaire contestaba a la crítica de cierto aristarco: “no se trata de saber con precisión en que año fue eso, sino de si fue o no”, y fue.

Yo he escrito “como dice Carlyle” en alguna parte: todo el mundo podría haber sido Mahoma; solo Dios ha podido ser Jesucristo.

Creyendo pues que así ha sido, lo mismo da que fuera este o aquel el autor de la observación.

Lo interesante es el hecho milagroso en sí mismo, lo repito, y al repetirlo queda hecha la rectificación.


Otro obsequio literario que estimo en extremo.

Y cómo no si tácitamente me dice: paisano, ¡aquí no le olvidamos!

¡Es tan desagradable ser olvidado!

Marmontel[6] decía: “L’oubli ressemble au néant[7]”, o por si me lee algún criollo que no sea versado en gabacho: el olvido se parece al caos.

Consiste el obsequio en un volumen titulado: “Lecturas Argentinas para uso de las escuelas y colegios de la República[8]”, agrega Tomás E. Estrada[9], que es quien ha hecho la selección del variado florilegio, con tanto criterio y buen gusto.

Natural herencia en un joven que se apellida Estrada, son esas cualidades.

Si “nuestras opiniones son el resultado de la idea que a pesar nuestro nos hacemos de las cosas, es difícil que el que se hace una muy alta idea de Dios, de su nación, no sea un teísta y un patriota”.

Tomás E. Estrada comienza la vida, y al recto y sano criterio y al gusto de lo útil, reúne el patriotismo.

Su lindo libro en él se ha inspirado, con desinterés y alta imparcialidad; puesto que la nomenclatura de escritores en prosa y en verso donde ha espigado resulta un precioso mosaico de la mayor parte, de todo quizá, cuanto el pensamiento literario y la pasión política ha producido desde el día en que el pueblo de Mayo cantó:

“Oíd mortales el grito sagrado…”.

¡Oh! dolor, y por qué se han ido tantos!

Ya sé que viven y seguirán viviendo en la posteridad.

Pero algunos se fueron tan prematuramente que si me conformo con tan duro decreto de lo alto es solamente por el misterio impenetrable que en tamaño arcano, la vida, la muerte se contiene.

Los niños, al leer estas páginas, gozarán, reirán y llorarán, meditando.

Los viejos se sentirán como rejuvenecidos pensando: ¿cómo, qué, todavía somos en este mundo?

Unos y otros deben reconocerse deudores de Tomás E. Estrada, a quien ayer abracé con efusión, en su noble padre.

Casualmente nos encontramos en la Avenida de los Campos Elíseos. Él iba con su hermana Sara. Yo iba con mi mujer.

Es extraordinario cómo los argentinos, ¡hay tantos! se ven y se cruzan ahora en este colosal hormiguero.

En mi tiempo cuando por primera vez vine a París, eso acontecía por milagro.

Pues que sigan viniendo, así la ilusión de estar allá estando acá será como una gratísima realidad.

Que sigan, sí.

Cierto personaje de Dickens diría: Hay tan poca gente en este mundo que uno se cruza y se vuelve a cruzar cruzándose sin cesar… hasta con los que nos fastidian.

Yo no digo sino que para cruzarse es menester moverse, y que siendo paisanos a todos los veo, con más o menos satisfacción.


El “Solresol”. ¿Saben ustedes quién es?

Un tercero en discordia, o sea el profesor.

Boleslas Cagewski[10], es decir, el apóstol de una lengua así llamada.

Sol.

Re.

Sol.

Es en efecto una lengua musical, telefónica, oculta y muda, filantrópica.

El volapuk y el esperanto andan de capa caída, según dicen los que las otras noches asistieron a la conferencia de la calle Crozatier.

El conferenciante dejó con la boca abierta a cuantos le escucharon.

Rindió primero homenaje al inventor del Sol-re-sol, lo que significa que puso por los cuernos de la luna a Francois Sudre[11], el genial inventor.

Explicó el apóstol ya mencionado no pocas cosas, dijo que la lengua del porvenir se compone de solo 2660 palabras, palabras que se forman combinando las siete notas, do, re, mi, fa, sol, la, sí; y para ser de una claridad transparente citó estos ejemplos: “migraine” en francés es en la lengua esta “solsolredo” y “magistrature”, “solsidosol”.

El más típico de esos ejemplos es este (los diarios están llenos del invento):

“L’ennemi a une trés grande quantité de troupe, (traduzcan ustedes) se dirá: “Sidomi famisol famifare fasi”.

Se ve, pues, que del punto de vista de la sintaxis, el sol-re-sol realiza una brevedad sintética cuasi eléctrica.

No es esto todo (estoy desocupado y puedo seguir, y concluir la noticia).

Sí, hay algo más. La lengua novísima se puede poner en música.

Y también en cifras, reemplazando el do, re, mi, etc., etc., con 1, 2, 3, etc., etc.

Y todavía hablarla por señas; tocarla en el violín, en el piano y otros instrumentos de música.

En fin, hasta los siete colores del arco se pueden aprovechar.

“Han comprendido ustedes”, en francés se dice como ustedes saben: “avez vous compris y con solresol: Famisol domi falafa.

Que estoy de broma pensará algún chusco. Lo veremos. El conferenciante de la otra noche dice que allá va, y que públicamente explicará su método; método que entre otras ventajas registra esta: permitirá que los miembros de la “cruz roja” se entiendan a la cabecera del paciente sea cual sea la tierra de donde vengan.


Una nota formal para los que consideren que la anterior no lo es (yo me lavo las manos), y al mismo tiempo una buena, una excelente noticia para Tucumán, tierra florida, y para los tucumanos, como que de azúcar se trata.

Se ha hecho el experimento en España donde no escasea la caña dulce.

Los experimentos se han hecho por los húsares de Pavia acuartelados en Madrid. Basándose en la alimentación que se emplea en la caballería alemana llamada “molasses”, “melasa”, sustancia que contiene un 40 por ciento de azúcar, y siguiendo el consejo de que dan los tratados modernos de alimentar los caballos de la caballería con materias lo más azucaradas, el coronel del susodicho regimiento ha obtenido el resultado que sigue.

Doscientos “pingos” fueron sometidos al régimen azucarado, durante cuarenta días, lo que quiere decir que no comieron cebada (eso es la base de la alimentación en España).

Los resultados fueron: transformación completa de los cuadrúpedos, que ganaron a la vez peso y vivacidad.

Uno de ellos aumentó 31 kilos. Algunos que tenían mala digestión, expelieron lombrices intestinales, normalizando las funciones digestivas.

El regimiento de Pavia, por tanto, ha abandonado el antiguo régimen de alimentación, y con la “melasa” realiza una economía también de casi un cincuenta por ciento.

Industriales y hacendados tucumanos, a quienes les deseo salud y prosperidad, ¡ensayen ustedes! Yo creo que el método este debe ser bueno siendo dulce.

En política, desde luego lo prefiero al otro, al acre.


El último discurso del emperador más elocuente de este continente europeo ha hecho llorar a no pocos corazones sensibles.

La espada “afilada” no es para ellos un arma fratricida sino la espada misma del arcángel lista para exterminar la hidra de la guerra.

“La pólvora seca” solo servirá para borrar los protocolos.

Todos los espectros de la devastación desaparecen.

Un inmenso ramo de olivo se alza, diré así, con la aurora de un siglo apaciguado.

De veras que hay algo insondable en la ingenuidad humana. Renuncio pues a tocar el fondo, y cierro estas páginas, últimas del verano, recordando el verso de Racine:

“Et d´un trone si saint la

Moitie n’est fondée

Que sur la foi promise,

A rarement gardée[12]”.

Y al recordarlo les hago presente a ustedes que ya en tiempo de Chamfort[13] este escribía: “se cuentan cincuenta y seis violaciones de la fe pública en el espacio transcurrido entre Enrique IV y el ministerio de Lemenie inclusive”.

56 he dicho, y los hombres de ahora no son, me parece, más seguros que los de antaño. Con que así sigamos anhelando la paz del mundo; pero preparados para todas las sorpresas que lo que menos se espera eso es lo que sucede.


  1. Francis Alphonsus Bourne (1861–1935) fue un prelado ingles de la iglesia católica, cuarto arzobispo de Westminster desde 1903 hasta su muerte en 1911, cuando fue elevado a cardenal. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/39370745).
  2. James Gibbons (Baltimore, 1834 – Baltimore, 1921) fue un cardenal y arzobispo estadounidense de la Iglesia católica. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/68922932).
  3. Ver nota al pie de PB. 04.07.08 o índice onomástico.
  4. Ver nota al pie de PB.27.05.08 o índice onomástico.
  5. Ver nota al pie de PB.14.01.07 o índice onomástico.
  6. Marmontel, Jean François (Corrèze, 1723 – Saint Aubin sur Gaillon, 1799) fue un poeta, narrador, dramaturgo, filósofo y traductor francés de la Ilustración. Cultivó casi todos los géneros literarios que estuvieron en boga en su tiempo, fue discípulo de Voltaire (1694-1778) y miembro de la Academia Francesa (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/7393886).
  7. “Lo olvidado se parece a la nada”.
  8. Estrada, Tomás (ed.). Lecturas argentinas: para uso de las escuelas y colegios de la República / selección hecha por Tomás Estrada. Buenos Aires: Estrada, 1908.
  9. Tomás Eduardo de Estrada Biedma (Buenos Aires, 1874 – Buenos Aires, 1936), hijo del editor Ángel Estrada, (https://bit.ly/2E0cS7) restuvo a cargo de la conducción de la casa de imprenta Estrada desde 1904 hasta 1932. También fue director y presidente del Banco de la Nación Argentina en los primeros años del siglo xx, presidente de la Archicofradía del Santísimo Sacramento de la Catedral de Buenos Aires y del Jockey Club de Buenos Aires, y miembro de la Legislatura de la provincia de Buenos Aires. (Extractado de https://bit.ly/3bV3r5M).
  10. Podría tratarse de Boleslaw Krajewski (1885-1947).
  11. Jean-François Sudre (1787-1862) fue un músico, autor e inventor francés, inventor del lenguaje artificial Solresol, basado en las notas musicales. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/25378065).
  12. “Y de un trono tan sagrado, la mitad se funda solo en la fe prometida, rara vez guardada”.
  13. Ver nota al pie de PB.19.01.06 o índice onomástico.


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