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EL DIARIO

Lunes 17 de Febrero de 1908

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, enero 22.

 

Los tribunales ventilan en este momento dos asuntos que, en resumidas cuentas, son uno solo.

Me refiero al pleito que le ha puesto Sardou[1] al diario “Le Matin[2]” por haber dado cuenta anticipadamente de su drama “L’affaire des poisons[3]”, y madame Régine Martial[4], al mismo diario, por lo mismo, en cierto sentido, puesto que también como Sardou cobra daños y perjuicios, no porque hayan hablado a destiempo sino porque a su entender han abusado de lo que se ha convenido en llamar “los derechos de la crítica” al ocuparse de su melodrama “Sacha” representado en el Gymnase[5].

Como ustedes ven se trata de un punto muy espinoso, que de mucho tiempo atrás se discute: ¿Dónde se detiene el derecho de la crítica?, ¿cuál es su límite? ¿Dónde se detiene la libertad de la prensa?

¿Hasta dónde puede admitirse lo que ha pasado el otro día en Múnich? Los músicos de la orquesta Kaim repentinamente dejaron de tocar porque el doctor Louis, crítico musical del Munchener Neweste Nachrichten[6]” que los había vapuleado, estaba en la sala. Aquí a más de los pleitos Sardou Martial hay otro contra el diario “Comedia[7]”, siendo el demandante la gran Opera (!!).

Creo que Sardou está en lo justo, persiguiendo, como persigue, a “Le Matin” que, me valgo de una expresión ajena, ha “desflorado” mediante una crítica anticipada “L’Affaire des Poisons”.

No tiene este drama histórico policial, diré, mayor mérito, y la crítica “avant la lettre” le ha remachado el clavo. Perdone el maestro.

En cuanto a madame Regine Martial el caso es otro completamente.

Editar un libro, hacer representar una pieza de teatro, es lo mismo que exhibir un cuadro, una estatua; vale tanto como decirle al público: aquí estoy a su disposición, observen, juzguen, fallen.

El público más o menos competente, aplaude, elogia, silba o censura.

En el teatro unas veces se grita: ¡que salga autor!, otras veces la representación no puede seguir siendo la unanimidad de la protesta aplastadora.

De la prensa todo lo más que el autor puede esperar es que se diga: el público estuvo excesivo exigiendo que le devolvieran el valor de la entrada (caso raro; pero que acontece).

En cuanto al cuadro, a la estatua, los derechos de la crítica son los mismos; más extensos en cierto sentido, más limitados en otro; y la extensión y la limitación de esos derechos provienen de que ya que no es permitido romper una tela, o destrozar un mármol que al menos pueda la crítica evitar que se explote al público intentando hacerle pasar gato por liebre.

Es tanta la gente que paga por ignorancia y falta de escuela lo que no vale un pito, ¡que lo mismo estima una oleografía que una pintura al pastel!

Por lo demás hay un consuelo para todos los silbados ya, o en perspectiva de serlo: Víctor Hugo fue silbado.

“Hernani[8]”, “Ruy Blas[9]” pasaron por horcas caudinas de la crítica apasionada, violenta, ignorante. A qué citar otros ejemplos antiguos y modernos.

No hay qué hacer, esos polvos traen esos lodos. ¡Ayme! en esto de escribir, de pintar, de esculpir, también la mejor suerte de los dados es no jugarlos; si de antemano no está resignado a una triste suerte el que aspiró a la gloria soñando dormido.


Vivo en tal comunión mental con ustedes que suelo restregarme los ojos diciéndome: estoy allá o estoy acá.

Siento así una necesidad constante de comunicarles a ustedes las cosas más triviales. Pido excusas. Pero no puedo dominar la tentación de decirles (no se lo imaginan), que leyendo el extraordinario libro de Rudyard Kipling[10] “Kim”[11] he sabido que la palabra castellana “padre” o “padres”, según los casos, se usa en las Indias Orientales para señalar a los sacerdotes europeos. Por todas partes en un sentido o en otro se halla el rastro de cuando no se ponía el sol en los dominios del rey de España. Los Países Bajos son al respecto una prueba evidente del dominio de los Moncada y otros más terribles. ¡Qué mezcla de rubio y moreno como para inspirar eso que tanto trastorna!


Necesito que ustedes me ayuden con su buena memoria.

Yo no recuerdo nada parecido y no soy nene de ayer.

Estoy seguro de que este modo de entrar en materia está picando ya la curiosidad del lector.

El caso es este: murió días pasados repentinamente el ministro Guyot Dessaigne[12], hombre asaz entrado en años. Siendo miembro del gobierno se le hicieron grandes funerales. Y, siguiendo la costumbre, sobre su tumba se dijeron y se leyeron discursos oficiales, políticos, admirativos.

Hasta cuando se ha vivido poco nunca falta algo que decir que enaltezca la memoria de un amigo o de un correligionario, que ha pasado a mejor vida; y que vivirá, mucho o poco, en la posteridad.

Positivamente no tengo opinión sobre el ministro este que ya se fue para siempre.

Me inclino a creer que de uno y otro lado han de haber exagerado su actuación: estos ponderando méritos; aquellos acumulando cargos.

He visto algo de esto; ustedes también ¿no es verdad?

Lo que no había visto, lo que no recuerdo al menos, y son cosas que no se olvidan, es lo que acabo de ver.

¿Y ustedes? ¿Harán memoria de ello, refiriéndome como estoy al vituperio “post mortem”; es decir, apenas frío el cadáver que con pompa solemne llevan a la última morada?

Se me antoja pensar que no.

Ni los sentidos y agraviados, ahí, en nuestra tierna Argentina, y en otras tierras sudamericanas, así como acá se desbocan ante los despojos de un adversario.

Esperan siquiera unas cuantas horas para maldecirlo públicamente.

Sí, ahí, no me cansaré de repetirlo: la gente es muy buena, olvida y perdona pronto. En todo caso si no perdona ni olvida así parece.

Y algo es ya salvar las apariencias.

No voy a moralizar. Expuesto el hecho, moralicen ustedes sacando las consecuencias.

Y, me reduzco a decir: me repugna oír que lapidan con palabras a un muerto, por más enemigos mortales que hayamos podido ser en la hora del entrevero de las agitaciones que conturban.

Sí, me repugnan frases como estas que acabo de leer. El cortejo fúnebre desfilaba y los vendedores de diarios gritaban ofreciéndolo el diario que las contiene:

“… Guyot Dessaigne acaba de morir de un ataque de apoplejía después de haber vivido de ataques a la constitución… a este justiciero las tres Parcas le han hecho justicia al fin… ahí va a reunirse con su patrón imperial (¡fue empleado en tiempo de Napoleón III…!)”.

Y como si esto no bastara para calmar la saña de tanto odio, todavía hay que leer una larga paráfrasis en la que, por mucho que se pase y se pase sobre ella el esfumino, el ojo más miope puede descubrir que el difunto no fue muy escrupuloso que digamos en la observancia del séptimo mandamiento.

La civilización sin entraos, ¡que espectáculo tan antipático!

Ella le arrancó a Macaulay[13] el grito que a mí me inspiró los “Ranqueles”: “No hay peor mal que la civilización sin clemencia”.

Vivan ustedes perdonando, y hallarán fruiciones inefables en el roce con sus semejantes.


Doscientos tres miembros del grupo electoral partidario de la reforma en esta cámara de los diputados franceses han firmado una resolución (ya era tiempo de que el desengaño dijera ¡basta de esto!), declarando que están porque se vuelva al escrutinio de lista con la representación proporcional, disminuyendo también el número de los diputados.


“Napoleón III” es el título de un nuevo drama. Asistí a la “répétition générale[14]”.

Todavía el malhadado sobrino no había sido puesto en escena, apareciendo apenas como una sombra, un instante, en una pieza que se representó en el teatro Rejeane.

Comienza “Napoleón III” con Luis Napoleón prisionero en Ham y concluye en Sedan.

No me gusta, porque no me gustan estas representaciones cuando viven los personajes que se quiere exteriorizar a lo vivo. Me hacen el efecto de caricaturas, por muy buenos que sean los actores; como generalmente lo son en Francia. ¡Cuántas piezas no salvan ellos de un naufragio total con su talento!

Los que hemos conocido, y conocemos todavía, a Eugenia Montijo[15], emperatriz de los franceses después; los que ahora la vemos en el Hotel Continental de París, ya muy entrada en años, agobiada, vestida como cualquier señora sencilla, francamente no sé cómo no nos reímos, perturbando al público cuando la ex emperatriz se presenta en las tablas joven, hermosísima (como lo era en sus días), embutida en la crinolina de la época.

Digo lo mismo de otros personajes, sin excluir al mismo Víctor Hugo, que aparece el 2 de diciembre provocando a Luis Napoleón en su gabinete de trabajo del Eliseo. Así se escribe la historia.

A Emilio Ollivier[16], a quien tan de cerca conozco, comí con él no hace mucho en casa de Garnier, el gran editor, me repugna verlo, aunque no se le nombre, tan maltratado, sin el más mínimo miramiento por su edad y su gran talento de escritor.

No se le nombra llamándolo “el señor ministro” decía, en la pieza; pero no es posible dejar de reconocerlo: la estatura, los anteojos verdes y la cabeza de búho, del actor que lo imita están diciendo: soy el trasunto de Emilio Ollivier.

Los autores Julien y Marcel Priollet[17] le abren quizá con su “Napoleón III[18]” una ancha puerta al teatro político. ¿Resucitará Aristófanes?


Una fuerza nos mueve. Está dentro de nosotros mismos. Queremos adquirir ciencia. Las ventajas materiales no las tomamos en cuenta. Nuestra satisfacción consiste en ver tarde o temprano triunfante la verdad. ¿Veremos el fruto? Sea lo que sea estamos convencidos. Los que vengan lo aprovecharán, completando la evolución de la cultura.


En nuestra tierra todos somos más o menos militares. Creo que el verbo “mariscalear” lo hemos inventado nosotros.

En todo caso no está en el diccionario de la lengua castellana. Sentada pues la premisa, excusen ustedes si la consecuencia es que es incruste aquí una noticia referente a la que fue hermana y esposa de Marte a la vez. ¡Cómo han cambiado los tiempos!

El coronel norteamericano Sargent[19], autor, como se sabe, de un libro estimado sobre las campañas de Napoleón acaba de dar a luz otra obra titulada “La campaña de Santiago de Cuba[20]”. Y una de las cosas que más llama la atención en este trabajo concienzudo, es precisamente la circunstancia, rara en estos casos, de que el autor no padeciendo mayormente de prejuicios raya, a veces, en la alta imparcialidad.

Colosal fue el esfuerzo que hizo España. Llegó a tener en Cuba 200.000 hombres contra 25.000 insurgentes. Sus desastres en tierra fueron debidos, insiste el coronel Sargent, a su “táctica defensiva”, teniendo buenas tropas. Se puede agregar repitiéndolo aquí en otra forma el dicho de Napoleón: “no hay malos regimientos sino malos coroneles”.

En la comparación de las fuerzas navales el coronel Sargent sin dejar de ser imparcial no es exacto; así, prescindiendo del factor moral, no es posible comparar la escuadra de Cervera con la que la venció. Era en el orden material lo inevitable; así mismo habría sido lo inevitable que los americanos no hubieran andado tan felices, como anduvieron en tierra (sin tener doscientos mil hombres), si su táctica hubiera sido, en vez de lo que fue, como la de los españoles.

Claro está que si no cabe en la estrechez de estas mis páginas, por un lado, y que si por otro no hace a mi propósito extenderme, todo lo contrario; claro está que habiendo ya llamado la atención hacia este libro, útil para la gente del oficio correspondiente, lo que debo hacer es apresurarme a concluir el parágrafo.

Voy a ello, y, resumiendo, he aquí lo que tengo que observar. Es una lección. Lo que resulta claramente y lo que más interés ofrece, no es la descripción de las batallas terrestres y navales, sino lo que se relaciona con la “estrategia nacional” de los respectivos países. Esas dos palabras lo dicen todo implicando que el esfuerzo y los sacrificios de un pueblo (¡cuánto no hizo España!) no bastan para coronar la victoria. Generales que se hagan matar no es el desiderátum, sino generales que aniquilen a los generales enemigos.


Quién sabe si alguien no exclama “crambe repetita” después de leer lo que por aberración de recuerdos quizá reproduzco ahora. Es muy femenino.

“Yo no tengo la memoria de las cosas pasadas, de lo que he hecho o dicho; lo único que sé es que cuando escribo soy sincera.”


Me despido. En mi próxima hablaremos de un cuadrúpedo al que le tengo miedo y que, por esta razón suficiente, me es antipático.

El asunto preocupa en estos momentos a hombres distinguidos de Inglaterra, como sir James Crighton Browne[21], tanto quizá como la cuestión de Marruecos, que si ustedes la entienden bien, los felicito por su comprensión. Yo he renunciado a ello.

También los moros que poco se bañan, me son antipáticos (herencia española; ¡bien haya quien a los suyos se parece!) aunque este detalle de “toilette” no tenga quizá la importancia higiénica que los hidrópatas intransigentes le atribuyen. Conozco longevos que no aman las abluciones prefiriendo al agua el vino.


  1. Victorien Sardou (París, 1831–París, 1908) fue un dramaturgo francés, autor de La Tosca (1887), Cléopâtre (1890), Thermidor (1891), entre otras obras. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/17229248).
  2. Ver nota al pie de PB.29.01.07 o índice de publicaciones periódicas.
  3. L’affaire des poisons fue un escándalo que consistió en una serie de conspiraciones por el poder y asesinatos por envenenamiento ocurridos en el reinado de Luis XIV, en Francia, entre 1677 y 1682. Tras un juicio, varios aristócratas fueron condenados a muerte. Hay varias piezas teatrales, películas y libros en torno al tema. (Extractado y traducido de la Enciclopedia Británica: https://www.britannica.com/event/Affair-of-the-Poisons).
  4. Actriz francesa. Sin datos biográficos. En sus registros en VIAF, figura bajo: http://viaf.org/viaf/2731379).
  5. Théâtre Royal du Gymnase, ubicado en el Distrito 10 de París, se inauguró en 1820 por Delestre-Poirson, y ofició originalmente de conservatorio o teatro de formación para jóvenes estudiantes. A partir de 1844, y bjao la dirección de Montigny, se amplió el repertorio y los usos del teatro a la representación de obras abiertas a todo tipo de público. (Extractado y adaptado de https://www.francetvinfo.fr/culture/spectacles/humour/david-serero-humoriste-et-baryton-au-theatre-du-gymnase_3393245.html).
  6. Münchner Neueste Nachrichten [Últimas noticias de Munich] fue un diario alemán publicado en Munich entre 1848 y 1945. Sus archivos pueden consultarse en la Biblioteca Nacional de Alemania: https://portal.dnb.de/opac.htm?method=simpleSearch&cqlMode=true&query=idn%3D4243715-5.
  7. No hemos hallado información sobre este diario.
  8. Hernani es una obra teatral de Víctor Hugo, estrenada en el Théâtre Français de París en 1830. Hugo describió la tragedia del bandido aragonés Hernani y su amante Doña Sol. Con sus elementos góticos y su énfasis en el amor natural, es una obra estándar del movimiento romántico. Es famosa la «batalla» entablada entre los románticos y los clasicistas en su nombre al momento de su estreno. La obra constituyó la base de la ópera Ernani de Verdi (1844). (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/309278552).
  9. Ruy Blas es una ópera en cuatro actos con música de Filippo Marchetti y libreto en italiano de Carlo d’Ormeville, basada en la pieza teatral de Victor Hugo. Se estrenó en La Scala de Milán en 1869 y sólo duró en cartel dos funciones. (Extractado de https://bit.ly/32pNWj4).
  10. Ver nota al pie de PB.11.06.06 o índice onomástico.
  11. Kipling, Rudyard. Kim. London: 1901.
  12. Edmond Guyot-Dessaigne (Haute-Loire, 1833 – París, 1907) fue un abogado y político francés, ministro de Justicia en tres ocasiones (el último período, el de 1906-1907, es al que refiere aquí Mansilla). (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/250672615).
  13. Ver nota al pie de PB.18.12.06 o índice onomástico.
  14. “Ensayo general”.
  15. María Eugenia Ignacia Agustina de Palafox Portocarrero y Kirkpatrick, condesa de Teba, más conocida como Eugenia de Montijo (Granada, 1826–Madrid, 1920), fue una aristócrata española y emperatriz consorte de los franceses como esposa de Napoleón III. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/39510739).
  16. Ver nota al pie de PB.01.02.06 o índice onomástico.
  17. No hemos hallado información biográfica sobre los autores: sólo sus registros de obras. Priollet, Marcel (1884-1960): autor de Mon ennemi chéri, La Dernière danse: roman sentimental et dramatique inédit, Le chasseur d’aveux. Por su parte, Priollet, Julien (1877–19 ?), escribió: Lathamau camélia: comédie bouffe en un acte, Rends-moi mère!: vaudeville en un acte, Un enfant de masseur: vaudeville en un acte. (Extractados dehttps://bit.ly/2H0mobR y de https://bit.ly/3bTDHGU).
  18. Priollet, Juien et Marcel. Napoléon III: pièce historique en cinq actes, dont un prologue, et huit tableaux. Paris: Librairie théâtrale, 1908.
  19. Sargent, Herbert Howland (1858-1921) fue un militar inglés, autor de obras sobre historia militar. Además de la que menciona Mansilla, cabe agregar: Napoleon Bonaparte’s first campaign (1895), The strategy on the western front (1914-1918), Marengo Campaign 1800: the victory that completed the Austrian defeat in Italy (sin fecha). (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/93892381).
  20. Sargent, Herbert Howland. The Campaign of Santiago de Cuba. London, 1907.
  21. No hemos hallado información asociada a este nombre.


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