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EL DIARIO

Miércoles 25 de Noviembre de 1908

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, octubre 28.

 

En casi todos los dramas hay un lado joco-serio, a veces bufo.

Es un recurso para que descansen los nervios sobreexcitados del espectador.

El drama de los Balcanes –de Oriente con más propiedad– no falta a la regla y la diplomacia gira alrededor del acto cómico.

(Es claro que escribo con una fecha anterior a la anotada al comienzo).

Ese acto es la conferencia internacional, conferencia que cuando estalló la bomba del “imbroglio[1]” todos parecían muy bien dispuestos en la dirección de realizarla.

Se buscó y se buscó, las vacilaciones se presentaron, este dijo a ello, aquel no, así es mal camino, y, por último, cavilando, casi se arribó sin discrepancia a pensar que lo mejor sería que no hubiera conferencia.

En todo caso, dijeron algunos órganos autorizados de lo que se llama “la opinión”, que suele ser no poco crédula, si conferencia ha de haber que sea pro forma, no para discutir.

Se inventó esto: todas las cuestiones que la conferencia tenga que examinar serán previamente discutidas entre ellos, por las naciones interesadas.

(Que son todas las que firmaron el tratado de Berlín, cual más cual menos, por eso muy sesudamente alguien ha observado que la política de las “compensaciones” acaba por traducirse en “liquidación” general).

Lo dicho significa que antes de toda intervención tendrían que explicarse el Austria, la Turquía y la Bulgaria.

Pero esto es grotesco.

El principio mismo al parecer siquiera de las Conferencias es aplanar las dificultades que se alzan entre los adversarios, y no colocar a estos cara a cara en el momento precisamente en que se disponen a romperse los cascos.

Finalmente después de muchas divagaciones, visitas, zigzags, hoy de este, mañana de aquel, la idea de la Conferencia parece triunfante.

Como triunfe la equidad, o algo aproximado. En cada una de estas grandes crisis el resultado ya se ha visto; le han sacado a la Turquía una tajada. Esperemos…


Un robo nada banal es el que acaba de ser descubierto.

Méjico le ha mochado una isla a la Francia.

El caso no es nuevo.

También los ingleses nos han agarrado a nosotros, sin por eso dejar de ser buenos amigos, las Malvinas.

En vano Rozas y otros han gritado ¡ladrones! Nada, “beati possidentes[2]”.

¿Gritarán en vano los franceses?

Porque el hecho aunque inverosímil es cierto a pesar de lo grande del bocado.

Se trata en efecto de una isla en la Oceanía, que era posesión francesa desde 1845, la isla de Clipperton[3], según el diario francés la “Depeche Coloniale[4]”.

De la noche a la mañana se ha visto que en vez del pabellón francés que en ella flameaba desde hace sesenta años y pico lo que flamea es el pabellón de Méjico.

¿Y por qué no ha de poder la gente de ese hemisferio hacer, teniendo puños, lo que la gente de este ha hecho en ese?

Según el nuevo derecho público que en este momento le está haciendo pito catalán al tratado de Berlín firmado por las grandes potencias, lo que netamente resulta es el ejercicio del proverbio francés y nada más: “je prends mon bien ou je le trouve[5]”.

La isla esa, por la que no habrá otra vez guerra entre Méjico y Francia, contiene minas riquísimas de “fosfato”, a lo que hay que agregar, como razón perentoria, para el que posee que son sus amigos los que las explotan.

¿A qué seguir?

Se nombrarán árbitros o se irá a La Haya[6]. Méjico difícilmente soltará la prenda.


Un académico decía la semana pasada hablando de Pierre le Blois[7]: “…pero hay celebridades que al cabo de ocho siglos necesitan ser refrescadas”.

Pues señores, yo creo, y ustedes conmigo probablemente: que hay celebridades que es menester para que no mueran refrescar con frecuencia su memoria.

Causas del conflicto o enredos de Oriente en las menos posibles palabras.

La inercia no les conviene, se comprende, a los diplomáticos que han recibido del cielo un gran valor personal y que tienen la legítima ambición de ponerlo en evidencia.

Por otra parte la diplomacia ama las dificultades, como el soldado ama la guerra.

El sucesor del conde Golouchosky[8], en Viena, el baron Aerenthal[9], tenía la obsesión de hacer algo.

En la primavera última cuando todo dormitaba, el ministro austro-húngaro sacaba de su letargo lo que todo el mundo creía muerto: la cuestión de Oriente.

Le pedía a la Turquía la conjunción del camino de hierro de Macedonia, que parte de Salónica, con la línea construida por el Austria en la Bosnia Herzegovina y que había sido prolongado hasta la frontera misma de Novi-Bazar.

¡Era la expansión del Austria en plena Macedonia, nada menos que en un abrir y cerrar de ojos, digamos, la transformación de Salónica en un nuevo Trieste!

Tamaña ambición concordaba mal con el sexagésimo aniversario del reino de un monarca que parecía querer acabar sus días en paz.

Los rusos consentían en no hacer nada en los Balcanes, pero a condición de que otros se estuvieran quedos.

El ministro Isvolsky le salió al paso al austriaco, y así he aquí maniobrando por su lado, rusos, ingleses y franceses contra el Austria Hungría, que cuenta con la Alemania, descontenta de la Turquía regenerada por el momento.

La Italia espía todos los movimientos de aquellos potentados en conflicto de expansiones, de influencias, de intereses pensando: cualquiera que sea el reparto, por la paz o por la guerra, que algo me tocará me debo esperarlo.

Tal es el “génesis” de esta nueva etapa de la cuestión de Oriente, cuestión que tiene un perfil curioso, instructivo, como todas las ironías de la historia: la Rusia está con la Turquía. Sus escuadras del Mar Negro no tardarán en poder pasar libremente por los Dardanelos.


Querer que lo que ha pasado, que un hecho no se sepa es casi como pretender que un cuerpo no gravite sobre su propio peso. Más tarde o más temprano se sabe.

Se dijo no ha mucho que el archiduque Ferdinando, heredero presuntivo de la corona austro-húngara y promotor de la anexión de la Bosnia Herzegovina, había manifestado en conversación reservada: que el Austria Hungría iba a poner a prueba la amistad de la Alemania.

Que el Austria-Hungría iba a poder juzgar, según la actitud de la Alemania con relación a la anexión proyectada, si estaba o no en su interés el continuar fiel a la alianza austro-alemana.

Que si la Alemania sostenía al Austria-Hungría, con lealtad, en la misma moneda se le pagaría.

Finalmente que el archiduque estaba decidido a abandonar la alianza si la Alemania no tomaba parte, en favor de Austria, con motivo de las provincias anexadas.

Y esto que llamó mucho la atención: en caso de que el Austria-Hungría se viera obligada a denunciar su alianza con Alemania, le sería fácil entenderse con las potencias occidentales, y con la Rusia que estarían encantadas de procurarse la amistad del Austria Hungría.

Todo ello se negó y se negó.

Ahora se hace el siguiente comentario: tienen que ser ciertas, y lo son, las palabras atribuidas al archiduque Ferdinando, puesto que el emperador de Alemania ha declarado, lo que no se desmiente, estando en el “Times[10]” y en el “Daily Telegraph[11]”: la Alemania se mantiene con firmeza al lado del Austria-Hungría, no solo en razón de la alianza, sino porque, a más de eso, los intereses de ambos países están de acuerdo.

El “Morning Post[12]” completa la página afirmando que el emperador Guillermo había aclarado su pensamiento así: apruebo la anexión de la Bosnia Herzegovina, y apoyaré de todos modos, y con mi ejército, al Austria Hungría.

Con que así “qui vivre verra[13]”. La Alemania no ha de renunciar a la política de Bismarck, y de sus antecesores, al “do ut des” histórico, es decir, doy según lo que me dan.

El kaiser sigue un plan. Sus contradicciones son aparentes. ¿La política no será el arte de contradecirse?

El kaiser, por lo que de él conozco, no es hombre de caer en la suerte engañosa de sus propias palabras.

Tomarlo al pie de la letra sería exponerse a confundir las apariencias con la realidad.


Hasta muy tarde de la noche había tertulia de ambos sexos en casa del ilustre general Guido[14].

Misia Pilar[15], su consorte, una Spano, chilena de origen, mujer encantadora decía:

–Ahora, cuando venga Tomás[16] (el que fue coronel y escritor de marca y clásico estilo), tendremos noticias del teatro.

En el único que entonces había en Buenos Aires, en el teatro Argentino, allá por 1838, daban por primera vez el gran drama de Alejandro Dumas[17] “La Torre de Nesle o Margarita de Borgoña”[18].

No estará demás decir que dicho teatro quedaba frente a la iglesia de la Merced, Reconquista y Cangallo en la esquina en que actualmente hay un pasaje.

Ni tampoco será ocioso agregar que en donde se alzaba la famosa torre de Nesle, está ahora el instituto de Francia.

¡Inescrutables leyes del tiempo y del destino!

Donde pasaban horrores hace siglos, los ecos del saber y de la ciencia resuenan, en los tiempos que alcanzamos, por todos los ámbitos del mundo civilizado, con magistral elocuencia.

Tomasito entró. Era un muchachón formal para sus pocos años, de modo que podía tener permiso para ir solo a la comedia.

–¿Y qué tal el teatro?, ¿mucha gente?

–Magnífico, estaba todo el mundo.

–¿Y la pieza?

–Muy entretenida, han aplaudido mucho a la Trinidad (Ladrón de Guevara)[19] y a Casacuberta[20].

–Y el argumento, a ver, cuenta en dos palabras.

–¿Argumento? –repuso con su modito pedantesco.

–Sí, pues.

–Argumento no tenía.

Precisamente lo contrario de lo que ahora digo yo, con motivo de la reciente producción de Anatole France[21], o sea “La Isla de los pingüinos[22]” (pájaros niños).

Sí, pero no con la idea de diluir el asunto, trabajo que a Vds. les dejo, rogándoles que se contenten con la apuntada indicación.

Anatole France es un prestigio. Tiene que encaminarlos a la librería. ¡Y qué buenos y qué provechosos ratos van a pasar!

Sabe mucho este hombre con el que no siempre conjugamos la misma filosofía.

¡Y cómo no ha de saber! Nació en una librería. Y, según él mismo lo dice, “los muelles de París con sus librerías al aire libre, innumerables, son mi tierra adoptiva”.

En efecto, el que en su domicilio no le halle por aquellas cercanías puede sacarlo en limpio, monologando o charlando con algún “bouquiniste[23]”.

Que hable de tiempos lejanos o presentes, es lo mismo. Nada ignora.

Es suya esta palabra: “La discordia civil”. Y la considera condición necesaria de la vida nacional y del progreso moral. (No discuto). Seguramente que la vida nacional, como toda otra vida, tiene bueno y malo, y que sin lo malo no sería lo bueno, lo mismo que sin el frío no experimentaríamos la sensación del calor. Pero, ya lo he dicho, no discuto, “si el mal es la única razón de ser del bien”, quizá, puede ser que el amor no florezca sino en el dolor.

En lo que sí estamos de perfecto acuerdo es en que este es el mejor de los mundos posibles, que mejorarlo sería empeorarlo; no así en que “detesta los libros”. Es una paradoja. Los hace y vive entre los suyos y los ajenos. No tiene predilecciones perturbadoras. Su musa es la Ironía y la Piedad. Por eso puede escribir: que desprecia al hombre con ternura. Su género son las antítesis. Lo quiere disimular, pero su pasión es Maupassant porque ha creado sin criticar, como él, que no tantaliza al lector.

Con que lectores míos, “illico” a los pingüinos con argumento.

Y con un prefacio, lo que es raro, del mismo autor, que solo adolece de una deficiencia: ser muy corto.

Dice en él: que como los primeros libros del hombre fueron las piedras, en ellas ha estudiado lo que puede considerarse como los anales primitivos de los Pingüinos.

Después dirán que las piedras no hablan. ¡Eh! todo depende del respeto que tienen porque las interrogan o del fragor que las estremece.


Con algunas nebulosas filosóficas no tardarán Vds. en recibir lo que se anuncia: un prefacio de Victor Hugo, sobre “Los Miserables”.

Ha sido hallado entre un montón de manuscritos del poeta.

Pensaba él, lo dice en esta forma: Resumamos lo que acaba de ser indicado. No hay sobre la tierra un ser que piense en el espectáculo del universo que no haga una lenta construcción de Dios. De algunos espíritus considerables que resisten o que protestan, puede decirse que muy probablemente es porque para ellos la contemplación no ha sido bastante prolongada o bastante asidua y la dosis de soledad bastante grande… el universo hace más que demostrar, muestra… muestra primero lo palpable, después lo visible, después lo inaccesible, después lo incomprensible…


El movimiento feminista gana terreno en Inglaterra.

No es como en Francia una especie de sport.

Las mujeres inglesas revindican el derecho de votar con toda la tenacidad del carácter que las distingue.

No hay en su acción ni en su propaganda intermitencias de desaliento.

Condenadas a pagar una multa pecuniaria o a la cárcel, optan por la prisión.

Y no les repugna confundirse con los “pickpocks[24]”, siendo de notar que no son matronas de edad madura las que se exponen a las molestias del cautiverio sino jóvenes que sacrifican su coquetería natural a sus convicciones irreductibles.

Acabarán por forzar las puertas del Parlamento.

De modo que los dos proverbios tan conocidos, recibirán el uno su sanción; el otro un desmentido.

El Parlamento podrá pues hacer de un hombre una mujer; porque “ce que femme veut Dieu le veut[25]”.

No hay qué hacer.


El canciller de la tesorería ha dicho el otro día hablando en Inglaterra que el número total de pedidos recibido por la oficina que se ocupa de las “pensiones para la vejez”, ha alcanzado a 468.164, de los cuales 273.862 provienen de Inglaterra, 131.610 de Irlanda, 49.077 de Escocia y 13.615 de Gales.

El cálculo del ministro Asquith[26] fue de medio millón de pensiones, el primer año.

Como se ve, los pedidos alcanzan casi a esa cifra. Pero es posible que al hacer el escrutinio se rechace un gran número por no estar en las condiciones de la ley: “Viejos pensionados”.

El número relativamente alto con el rubro Irlanda proviene, es probable del hecho, que en Irlanda hay más personas que pasan de 65 años que en Inglaterra y en Escocia.

Muy hombres los irlandeses.

Y esto sí que es ayudar a la vejez.


A la pregunta que me hace el amigo X.X. contesto (¡y qué empeño en hacerme hablar de política!): el mejor candidato será el que menos divida… “rara avis”.


  1. “Embuste”.
  2. “Feliz posesión”.
  3. La Isla Clipperton o Isla de la Pasión (Île de Clipperton o Île de la Passion) es un atolón coralino deshabitado de 6 km² de superficie y 11,1 km de línea costera,​ localizado en el océano Pacífico norte, 1120 km al sudoeste de Punta Tejupan, en Michoacán (México),​ que es el punto más cercano a tierra firme. Es una posesión francesa administrada desde la Polinesia Francesa por un alto comisionado de Francia. (Extractado dehttps://bit.ly/3mj11Tb).
  4. La Dépêche Colonial Illustré fue un periódico francés publicado entre 1901 y 1924. (Extractado de https://www.worldcat.org/title/depeche-coloniale-illustree/oclc/472324672). Sus archivos pueden consultarse en Gallica, el repositorio digital de la Biblioteca Nacional de Francia: https://bit.ly/2FGj7NW).
  5. “Tomo mi propiedad o la encuentro”.
  6. Ver nota al pie de PB.02.04.07 o índice de eventos históricos.
  7. Pedro de Blois (en latín Petrus Blesensis, en francés Pierre de Blois) (c. 1135 – c. 1203) fue un diplomático y poeta latino de la Edad Media. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/24572572).
  8. El Conde Agenor Romuald Gołuchowski (Skala-Podilska, Polonia Austríaca, 1812–Lwów, Polonia Austríaca, 1875) fue un político conservador, miembro del Parlamento de Austria. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/35216715).
  9. El conde Alois Lexa von Aehrenthal (Gross-Skal, 1854-Viena, 1912) fue un diplomático austrohúngaro, Ministro de Exteriores durante la mayor parte de la primera década del siglo XX. (Extractado de VIAF: https://viaf.org/viaf/44445932/).
  10. Ver nota al pie de PB.16.03.06 o índice de publicaciones periódicas.
  11. The Daily Telegraph es un periódico matutino de gran formato en idioma inglés británico, publicado en Londres y distribuido en todo el Reino Unido e internacionalmente. El periódico fue fundado por Arthur B. Sleigh en junio de 1855 como The Daily Telegraph and Courier. (Extractado de: https://bit.ly/3mkOv5w).
  12. The Morning Post fue un diario conservador publicado en Londres entre 1772 y 1937, cuando fue adquirido por The Daily Telegraph. (Extractado de https://bit.ly/3hoVIxW).
  13. “Quien vive verá”.
  14. Tomás Guido (Buenos Aires, 1788 – Buenos Aires, 1866) fue un militar, diplomático y político argentino. Actuó en las Invasiones Inglesas y adhirió a la Revolución de Mayo de 1810. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/40603333).
  15. María del Pilar Spano Ceballos (Concepción de Chile, 1800–Buenos Aires, 1868), casada con Tomás Guido, madre de Carlos Guido y Spano; Eduardo José Faustino de la Santísima Trinidad Guido y Spano; Pilar Guido y Spano and José Guido y Spano. (Extractado de https://bit.ly/3bUVptC).
  16. José Tomás Guido Spano (1834–s/f) fue el primogénito del matrimonio entre Tomás Guido y Pilar Spano. Sus hermanos fueron: Eduardo, Pilar, y el poeta Carlos Guido y Spano. (Extractado de https://bit.ly/3huUzVI).
  17. Ver nota al pie de PB. 13.03.06 o índice onomástico.
  18. La Tour de Nesle es un drama en cinco actos y nueve cuadros, inspirado en el escándalo conocido como la Tour de Nesle, escrito por Frédéric Gaillardet, reescrito por Alexandre Dumas y presentado por primera vez en el teatro Porte-Saint-Martin en 1832. (Extractado de https://bit.ly/3kibhcx). En Gallica, el sitio de la Biblioteca Nacional de Francia, puede consultarse el archivo del texto: https://bit.ly/3bW4a6y).
  19. Trinidad Ladrón de Guevara Cuevas (Santo Domingo Soriano, Banda Oriental del Virreinato del Río de la Plata, 1798 – Buenos Aires, 1873) fue una actriz uruguaya de teatro que tuvo una extensa carrera artística. (Extractado del Archivo de la Presidencia del Gobierno de la República Oriental del Uruguay: https://bit.ly/2Fz4zQk).
  20. Juan José de los Santos Casacuberta, o Juan Aurelio Casacuberta (Buenos Aires, 1798 – Santiago de Chile, 1849) fue un actor, pionero del teatro argentino, el más destacado en ese país en la primera mitad del siglo XIX. Militó en el Partido Unitario, por lo que terminó su vida exiliado en Chile. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/70903835).
  21. Ver nota al pie de PB.18.05.06 o índice onomástico.
  22. France, Anatole. L’île aux pingouins. Paris: Calmann-Levy, 1908.
  23. “Librero de segunda mano”.
  24. “Carteristas”.
  25. “Aquello que la mujer quiere Dios lo quiere”.
  26. Ver nota al pie de PB. 08.03.06 o índice onomástico.


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