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EL DIARIO

Sábado 12 de Septiembre de 1908

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

Boulogne, 14 agosto 1908.

 

Conociéndole personalmente, como le conozco, cito siempre con complacencia al conspicuo académico Emilio Olivier[1].

Vds. conocen al que fue notable ministro de Napoleón III; orador de alto vuelo, escritor impecable, historiador sin prejuicios ni prevenciones. Más todavía: justo o indulgente con los que han sido sus detractores. Basta este rasgo prominente para hacerlo simpático, estimable.

Su labor es considerable. La edad no le acoquina; lo estimula.

Acaba de dar a luz el XIII volumen de su gran historia “L’Empire liberale”[2], tanto más interesante cuanto que en el vasto teatro contemporáneo que abarca no habla de lo que le han dicho sino como actor activo y espectador sereno de lo que ha visto y oído.

Si no es el primero de les historiadores modernos está a la altura de los más encumbrados y, a mi parecer, tiene sobre Taine[3] una ventaja: que no se aferra a la tesis, no siendo por consiguiente lo llamado un unilateral.

No es, en efecto, un filósofo ni un doctrinario: es un narrador envidiable que no peca de “chauvinismo”, como Thiers[4]; analítico a la manera de Mommsen[5] sin sus prevenciones y sus tendencias germánicas.

Me apresuro a decir que no voy a hacer ni siquiera superficialmente una crítica del mencionado volumen. Nada de eso. Lo tomo en un detalle; que me cuadra, detalle importante como argumento de algo que vengo diciéndoles a ustedes con insistencia: no se atengan sino hasta por ahí a las palabras; la hora es de anarquía en las opiniones y de verbalismo. Justamente. Ya Larra[6] exclamaba: “¡¡Si habrá épocas de palabras, como las hay de hombres y de hechos!! ¡Si estaremos en la época de las palabras!”.

Soy insistente, y lo soy sobre este capítulo por el explicable interés que ustedes me inspiran, amados lectores del Río de la Plata. Por eso insisto y persisto en decirles, aprovechen la “bonanza”, pensando siempre y constantemente, al examinar lo propio y lo ajeno, esto y otro:

“Time is money and money is time

And don’t you be forgetting it.

Mind you get all the money you can.
But don’t get time for getting it”[7].

“L’ Empire Libéral” contiene en este volumen la historia del ministerio del señor Olivier desde enero 2 de 1870 hasta el mes de julio. El lapso de tiempo no es mucho; pero los sucesos se desenvolvían con precipitación latente y palpitante, subrepticia y visible a la vez. En tales momentos de crisis histórica las horas son días. Fuerzas ocultas empujan.

Expone el Sr. Olivier con una claridad convincente sus vistas sobre la actitud que Francia debió observar con relación al movimiento de Alemania, hacia la unidad, después de vencida el Austria Hungría en Sadowa. No fue oído. Otras opiniones prevalecieron.

Pero, y aquí llego a donde quería: el pero es todo un señor pero, perdóneseme lo trivial de la frase, pero y basta: ni el señor Olivier ni sus colegas se daban cuenta exacta del peligro que les amenazaba. Y no porque faltaran avisos, notificaciones, hechos de diversa especie. Todos ponderativamente hablando veían, excepto ellos. Sus presentimientos en todo caso no eran inquietudes. Es que hay situaciones así: los miopes ven mejor que los que manejan el telescopio de los negocios públicos; el sordo rumor no llega a sus oídos, percibiéndolo solamente el instinto popular.

En 1870 (se lee más o menos “in extenso en este XIII volumen) el señor Hammond, subsecretario de relaciones exteriores de Inglaterra, le decía el 5 de julio a lord Granville[8], contestando a una interpelación: que no recordaba un momento de más tranquilidad en Europa, que nunca había habido menos peligro de serias complicaciones.

Al día siguiente mismo el duque de Gramont[9], ministro de relaciones exteriores de Francia, hizo declaraciones tan pesimistas que solo los que vivían, como dicen los ingleses, en “a fool’s paradise” (un paraíso de inocentes) pudieron no ver que la guerra era inminente.

¡Qué cambio en un día!

Si hacía cuatro años que Moltke[10] personalmente inspeccionaba el país donde en 1870 tuvieron lugar las primeras batallas de la lucha formidable que desmembró la Francia, obligándola a pagar, para desocupar su territorio, la contribución más fuerte de guerra que los anales de la historia registran.

Convenido: la situación de las cosas en general era otra en la Europa de 1870. Pero bien examinada la actualidad, no es posible afirmar sino cerrando los ojos a la evidencia, que los problemas de la hora presente son más que entonces, y más complicados y más alarmantes. A no ser así no se hablaría tanto de paz y de guerra.

¡Cómo quieren ustedes entonces que no inculque en lo dicho!


El nombre es otro, pero en el fondo la cosa es la misma: una perturbación del orden social.

Si la cosa pasa en la América del Sud aquí la llaman revolución. Si la cosa pasa aquí la cosa se llama “émeute[11]. Es decir, movimiento tumultuoso e insurreccional. De donde resulta que nosotros somos revolucionarios porque hay un bochinche cualquiera, con más ruido que nueces, y que aquí no son revolucionarios aunque como en Villeneuve Saint George, otro día, haya cuatro muertos y cien heridos; gente del pueblo y de tropa, obligando al gobierno a declarar en estado de sitio la región.

Los fondos públicos no bajan por esto. Ni Francia deja de ser por eso el foco luminoso de la cultura más exquisita en el estado actual de la moderna civilización.

Respecto de la América del Sur el cantar es otro. Nosotros no pasamos por pueblos civilizados del todo. Estamos esperando la hora en que aparezca con Ricordeau.

¿Saben ustedes quien es este personaje?

Un agitador que acaba de declarar ante el juez del crimen que ese es su oficio, mientras no hay elecciones; y que por difundir el virus de la anarquía entre los creyentes de la boca abierta gana 8 francos 50 céntimos diarios, como tres nacionales y pico nuestros, salvo error u omisión.


El celo socialista o, por mejor decir, la campaña socialista es formidable, no solo por su fanatismo sino por su actividad.

Piensa el “Daily Mail[12]”, como los jacobinos de antiguo y como dice Taine, que los socialistas modernos están convencidos de la fuerza de sus motivos y de su nobleza y que en procura de apropiarse lo ajeno matarán por pura filantropía.

¡Arre! anden ustedes con cuidado.

El socialismo es planta como la cicuta; no necesita cultivo, todo terreno es bueno para su crecimiento, teniendo el extraordinario vigor de desalojar las yerbas sanas que crecen a su alrededor.


Al mejor cazador se le va la liebre, o por definición, a Henri Rochefort[13].

Tiene este hombre el raro privilegio de estar en la brecha periodística hace más de cincuenta años llamando siempre la atención.

Hay solo que rebajar de su labor diaria lo que no pudo producir mientras estuvo en las cárceles del destierro.

Actualmente escribe todos los días, y tiene cerca de ochenta años, un artículo de medida en “La Patrie[14]”. Y digo de medida porque nunca pasa de lo que cabe en media columna de cualquiera de nuestros grandes diarios.

El asunto se refiere indefectiblemente a las cosas políticas, administrativas, judiciales, municipales, sociales del momento, y el modo y forma, estilo y vocabulario es, ya se sabe, sencillo, al alcance de todo lector, irónico o procaz, insolente o desvergonzado según el caso.

También escribe semanalmente en “Le Figaro[15]” un artículo de dos columnas, sobre temas a la moda. Este producto es elucubrado con más cuidado literario.

No me parezco a Rochefort en el físico, sino remotamente, pesándole a él y a mí no poco los “abriles. Pero unas cuantas veces me han detenido en la calle diciéndome: “Pardon monsieur! Seriez-vous monsieur Rochefort?”.

Lo mismo me pasaba en vida de ambos con el general Cialdini[16] y con mi amigo el general Turr[17], los que sí, en algo se parecían a mí por fuera, pudiendo confundirnos.

Cuestión de pera larga canosa, estatura y chambergo.

Un detalle sobre Rochefort. Si mañana se muriera no habría necesidad mayor de hacerle un monumento. Su estatua en mármol y su retrato al óleo, de mano maestra, como se concibe, después de algunas disputas, están ya en el “Petit Salon”.

Pues según la expresión popular del Río de la Plata, el hombre se la ha pisado el otro día escribiendo sobre materia internacional. Le han caído, como ustedes dicen también, de todos lados, con más o menos sal y pimienta. No es un argumento contra su talento, como el “Sarmenticidio” de Villergas[18] no fue un argumento contra el talento de Sarmiento; como no lo fue contra el de Monsieur Thiers que el notable orador dijera que Montevideo está sobre la margen derecha de la embocadura del gran Río de la Plata.

Henri Rochefort se hace viejo; le dicen. Vive diez años atrás.

Ya no sabe lo que pasa ni lo que ha pasado. En uno de los últimos números de “La Patrie”, apreciando el viaje del señor Falliéres[19], escribe:

“No se sabe en verdad qué servicios pueden prestarnos el rey Oscar y Cristian”.

Estos dos soberanos han muerto, el uno en diciembre de 1907 y el otro en febrero de 1906.

Evidentemente no pueden prestarle servicio alguno a la Francia.

Me trae esto a la memoria una “Causerie” mía (¿la han leído Vds?) sobre el entierro del distinguido argentino don Facundo Zuviría[20].

¡José María! ¡José María!, decía el orador, en su fúnebre alocución, confundiendo al padre con el hijo, vivo, José María no responde, señores…

“Y cómo ha de responder”, le observó, espiritualmente en voz baja el general Guido[21] a un amigo que estaba a su lado entre los concurrentes: “¡Y cómo ha de responder si se llamaba Facundo!”.


A propósito de Henri Rochefort.

Parece que algo sabe de la República Argentina y sus hombres. Varias veces he notado que la cita en sus filípicas.

La última ha sido en un discurso que ha pronunciado en Burdeos con motivo de la “prisión del periodista Hilaire Darrigrand”.

El asunto es largo y no les interesa a ustedes mayormente. Las opiniones están divididas. ¡Qué milagro!

En dicho discurso Rochefort ha introducido la frase siguiente:

“J’ai subi de longues années de prison et d’exil; mais j’avoue n’avoir jamais supposé qu’un journaliste français aurait, comme l’a eue M. Gounouilhou[22], l’idée de mettre fin à une polémique de presse en faisant appliquer la contrainte par corps à son adversaire. Cette façon de lui clore la bouche est tout à fait neuve et originale. C’est le mot du président Rosas, l’ancien et farouche dictateur de la République Argentine: “Je ne discute pas avec mes ennemis. Je les supprimé”[23].

Aunque casi todos ustedes saben francés lo mismo que yo, traduciré sin embargo por las dudas el período final:

“Es la palabra del presidente Rosas, el antiguo y feroz dictador de la República Argentina: “Yo no discuto con mis enemigos; los suprimo.”

Así se escribe la historia exclamó el célebre paisano de Rochefort en cierta ocasión, y así se mezclan las especies “presidente” con “dictador.”

En cuanto al dicho de Rozas, si ustedes lo conocían, mejor para la verdad. Yo confieso mi ignorancia; a pesar del estrecho parentesco de familia nunca jamás tuve noticia de la tan expeditiva fórmula.


Lo mismo que el hombre aislado las naciones, lo colectivo, tienen sus devaneos.

La entente entre Inglaterra y Francia está dando frutos de ternura.

En su entusiasmo el “Daily Graphic[24]” escribe con motivo de las fiestas de Quebec:

“Está a la moda el designar con complacencia a nuestra raza anglo-sajona como la depositaria exclusiva del secreto de la colonización. Mientras buenos amigos del otro lado de la Mancha tienen razón cuando protestan contra tan arrogante aserción”.

Es un problema que ha dado muchas veces lugar a las especulaciones de los historiadores filósofos, el que consiste en saber hasta qué punto la Inglaterra es una colonia que la Francia ha perdido.

Por su parte los franceses, teniendo por órgano al señor Morizot Thibault[25], miembro del Instituto, ha declarado el otro día en la fiesta del Trocadero distribución anual de premios– que no hay nada comparable a los ingleses por su respeto a la ley, su culto de la libertad y muchas otras cosas, todas ellas muy buenas (da rabia no ser inglés), haciendo notar particularmente esto: “el recto concepto inglés de la igualdad y su tendencia a elevar las clases sociales en vez de rebajarlas”.

¡Cambio semejante en tan poco tiempo nunca se vio!

He ahí por qué es prudente regla política el no pronunciar palabras irrevocables.


Con más frecuencia vemos mejor las equivocaciones ajenas que las propias.


El profesor alemán Delbruck[26] califica la actualidad de “sofocante”.

Después de hacer alusión a los recientes encuentros de jefes de estado plantea varias cuestiones. Entre ellas esta: ¿esos encuentros son “simples” diversiones o anuncian un nuevo 70?

No contesta perentoriamente. Pero sí declara, sin embargo, que no faltan motivos serios de alarma y, como causa principal de inquietud, señala lo que él llama “los celos de Inglaterra”.

En cuanto esos celos desaparezcan, ¿y cómo?, todas las demás cuestiones serán resueltas pacíficamente.

El profesor Delbruck examina en seguida la razón de los celos de Inglaterra, y no vacila en decir que “residen en las manías.”

Pasando después al estudio de la “constelación de las grandes potencias”, declara que el árbitro de la situación es la Rusia, que está animada del más vivo deseo de hacerle la guerra a la Alemania con Inglaterra y Francia como aliados. Esto no obstante Rusia y Francia tienen tanto que “perder” en una guerra e Inglaterra tanto que “ganar”, que Rusia ha de vacilar mucho antes de tomar tan terrible determinación.


Estos ecos alemanes no son aislados en cierto sentido; porque en Francia un antiguo oficial que durante varias semanas ha estudiado la vida militar inglesa escribe: el ejército inglés está mal preparado, las tropas son mediocres, el cuadro de oficiales es poco instruido –no así los jefes superiores–, en una palabra, no hay comparación entre el ejército inglés y el ejército alemán, cuyos oficiales conocen el terreno de guerra inglés mejor que los mismos ingleses. Ítem más: los alemanes están en aptitud de desembarcar en las costas de Inglaterra 350.000 hombres, a los que solo se les podría oponer una resistencia de poco momento.

Por lo que hace a las últimas grandes maniobras navales inglesas, satisfactorias en un sentido, dejan sin solución el magno problema: ¿la flota inglesa puede evitar una invasión?


Post-Data: Me persiguen, es un modo de hablar, los escritores del Río de la Plata.

No haré como el avestruz que esconde la cabeza para no ver el peligro, no.

Lo afronto, me he visto en trances más apurados.

Pero como he venido a Boulogne (sobre el mar) para veranear y bañarme haciendo como tantos otros, ruégoles a los últimos remitentes en prosa y en verso de Montevideo, de Buenos Aires y del Rosario que tengan paciencia hasta que regrese a París.

Allí vivo en la Avenida Víctor Hugo número 184, lo repito, para que no me bombardeen, escribiéndome a la legación argentina.

Otro si digo: no me hagan pagar multa por no franquear debidamente sus cartas, algunas con folletos voluminosos; todo lo cual es un exceso de previsión.

Las cartas, lo mismo que los impresos, no se extravían sino rarísima vez. Nuestro correo es tan bueno como el de estos mundos viejos.


  1. Ver nota al pie de PB.01.02.06 o índice onomástico.
  2. Se trata de una obra de dieciocho volúmenes que el estadista francés publicó entre 1895 y 1918.
  3. Ver nota al pie de PB.16.03.06 o índice onomástico.
  4. Louis Adolphe Thiers (Marsella, 1797 – Saint-Germain-en-Laye, 1877) fue un historiador y político francés. Fue repetidas veces primer ministro bajo el reinado de Luis-Felipe de Francia. Después de la caída del Segundo Imperio, se convirtió en presidente provisional de la Tercera República Francesa, ordenando la supresión de la Comuna de París en 1871. Desde 1871 hasta 1873 gobernó bajo el título de presidente provisional. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/71424155).
  5. Ver nota al pie de PB.18.12.06 o índice onomástico.
  6. Ver nota al pie de PB. 13.02.07 o índice onomástico.
  7. “El tiempo es dinero y el dinero es tiempo. Y no lo estés olvidando. Procura obtener todo el dinero que puedas. Pero no inviertas tiempo en obtenerlo”.
  8. George Granville Leveson-Gower, 2º conde Granville (1815- 1891), fue un político liberal británico. Ocupó diversos cargos en su carrera, entre ellos el de secretario de Asuntos Exteriores (1851-1862, 1870-1874, 1880-1885) y líder de los liberales en la Cámara de los Lores, por casi 30 años. Durante su gestión mantuvo una actitud pacifista respecto a las relaciones exteriores de Gran Bretaña. (Extractado de VIAF: 13068670).
  9. Antoine Alfred Agénor, Décimo Duque de Gramont, Prince de Bidache (1819 –1880) fue un diplomático y hombre de Estado francés. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/71488781).
  10. Ver nota al pie de PB.20.02.07 o índice onomástico.
  11. “Insurrección” en francés.
  12. Ver nota al pie de PB.19.08.08 o índice de publicaciones periódicas.
  13. Ver nota al pie de PB.10.06.08 o índice onomástico.
  14. Ver nota al pie de PB.15.03.07 o índice de publicaciones periódicas.
  15. Ver nota al pie de PB.16.03.06 o índice de publicaciones periódicas.
  16. Creemos que se refiere a Enrico Cialdini (Castelvetro di Modena, 1811 – Livorno, 1892), un general y político italiano que participó en la Unificación italiana. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/42591032).
  17. Podría referirse a István Türr (o Stefano Türr, o Étienne Türr, según la lengua), (Hungría, 1825 – Budapest, 1908) soldado y revolucionario húngaro. (Extractado de VIAF: 76305442).
  18. Villergas Martínez, J.M. Sarmenticidio o a mal Sarmiento buena podadera. París: Agencia General de la Librería Española y Extranjera, 1853. El libro se encuentra disponible en Google Books.
  19. Ver nota al pie de PB.16.03.06 o índice onomástico.
  20. Facundo de Zuviría (Salta, 1794 – Paraná, 1861) fue un jurisconsulto y político, opositor a Rosas, diputado y presidente del Congreso Nacional que culminaría con la sanción de la Constitución Argentina de 1853. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/39749836).
  21. Ver nota al pie de PB.25.11.08 o índice onomástico.
  22. Gustave Gounouilhou (1821-1912) fue un imprentero y agente de prensa francés, fundador del periódico “La Petite Gironde”. (Extractado del sitio de la Biblioteca Nacional de Francia: https://bit.ly/3bYs4i3.
  23. “Soporté largos años en prisión y exilio, pero admito que nunca di por sentado que un periodista francés hubiera tenido, como lo hizo el Sr. Gounouilhou, la idea de poner fin a una controversia de la prensa aplicando la restricción corporal a su oponente. Esta forma de cerrar la boca es completamente nueva y original. Esta es la palabra del presidente Rosas, el antiguo y feroz dictador de la República Argentina: “No discuto con mis enemigos. Los eliminé”.
  24. The Daily Graphic fue un periódico de Nueva York fundado en 1873 por una firma canadiense de grabadores que comenzó a publicar en marzo de ese año hasta 1889. Está considerado el primer diario ilustrado de los Estados Unidos que utilizó la fotografía en toda su dimensión. (Extractado de https://bit.ly/3iIIBt3).
  25. Charles Morizot Thibault (Nièvre, 1853 – Nièvre,. 1926) fue un historiador y académico francés, miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas desde 1907 hasta 1926, y autor de varias obras de derecho. (Extractado de la página del Comité de Trabajo Histórico y Científico: https://bit.ly/3mnW1fW).
  26. Clemens Ernst Gottlieb von Delbrück (Halle an der Saale, 1856 – Jena, 1921) fue un político conservador alemán, convertido noble en 1916. (Extractado de VIAF: https://bit.ly/33qnQvv).


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