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EL DIARIO

Miércoles 2 de Diciembre de 1908

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, noviembre 6 de 1908.

 

Cuando estas líneas lleguen a esas lejanas tierras, ya sabrán ustedes por el cable que el vencedor en la gran contienda electoral de los Estados Unidos de América es Taft[1], el simpático “Bill[2]”.

Siendo, como son, tan distintas de las americanas del Norte nuestras costumbres electorales, no está demás que ustedes lean un parrafito auténtico sobre la última lucha presidencial.

Decía el “Times[3]” del otro día refiriéndose a su corresponsal en Nueva York:

La campaña, no por culpa de los candidatos, parece degenerar en una prueba de resistencia física parecida al “finale” extenuante de la carrera Maratón.

El señor Bryan[4] es el que parece de más aguante.

A todo escape, vertiginosamente se ha hecho llevar de sitio en sitio.

El señor Taft casi sucumbió anoche en Brooklyn.

Evidentemente sufre mucho de la garganta.

Cuando apareció ante su auditorio, unos trescientos mil, alguien gritó: “Taft is no counter feit bill”. Es decir: “Taft no es un billete falso”. “No, but he is a pretty badey worn out Bill.” “No”, repuso Taft, “pero es un Bill (diminutivo de William, Guillermo) bastante gastado (usado)”. Y lo dijo sonriendo. Es sorprendente el aguante de estos dos candidatos.

¡Qué tensión moral y física nunca vista!

No exagero cuando digo que se ha hecho un espectáculo casi penoso el ver a estos dos aspirantes, extenuados, tratando de hacer oír.

(Pero esto es mejor que el silencio).

Hoy el señor Bryan comenzó a hablar a las 3 p. m., dirigiéndose a los trabajadores nocturnos, y ya tiene compromiso para hacerlo en veinte (¡20!) lugares distintos. Su último discurso será pasado mañana a las 12 y 15 ante meridiano.

El señor Bryan dirigió la palabra anoche a una multitud de 15.000 almas en el jardín de Madison Square.

Afuera otros tantos lo esperaban para saludarlo.

Habló dos horas seguidas.

Todavía tenía doce discursos más que pronunciar.

El señor Taft no ha estado menos locuaz y en varias ocasiones su auditorio no ha bajado de 50 mil partidarios entusiastas.

No es tan fecundo como el señor Bryan. Pero con su talla agigantada ejerce en la multitud una verdadera fascinación.

¿Quién vencerá?

Estas campañas, aquí, están preñadas de sorpresas.


Sin precedente o sin paralelo es el documento publicado por el “Daily Telegraph[5]”.

Se explica así perfectamente que la prensa europea se venga ocupando de él, sin interrupción, hace más de diez días.

Ni en Alemania tiene el kaiser[6] una buena presa.

Es en extremo dificultoso reducir a pocas palabras los diversos comentarios.

Haciendo un esfuerzo, he aquí lo que me parece sustancial. Los corresponsales de índole y propósitos que no son los míos, les darán a ustedes con prolijos detalles lo que yo omito.

La opinión es unánime, lo digo desde luego, en declarar que los efectos de la interview han sido contraproducentes: ni han aflojado los nuevos lazos entre Inglaterra y Francia, ni han sido bien acogidos en Rusia, todo lo contrario; ni han tranquilizado, ¡qué digo!, la opinión en Inglaterra, alarmando al Japón.

El “Times” ha escrito:

“La última vez que el kaiser vino a Londres, dijo en la City que los alemanes eran amigos de los ingleses, que los querían, por razones de origen y de sangre; y ahora declara que no son los alemanes los poseídos de esos sentimientos, sino él; y que su afán es inducir a su pueblo en una dirección confraternal.

El “Standard[7]” escribe: ningún gobierno inglés, llámese como se llame, puede ya abrigar la más mínima duda sobre el decantado amor alemán. Estamos notificados, y por el mejor conducto.

En cuanto a la dimisión del príncipe de Bulow[8], la más general interpretación de este caso, casi inverosímil el criterio popular sanchezco dice: al jefe se le ha chingado el “omelette”, y se lo pasa al principal marmitón para que lo dé vuelta lo mejor posible y lo sirva diciendo: la culpa es mía si no está presentado como se debe.

En Rusia no creen una palabra de la composición de lugar. Es cuento que da sueño. La interview no hace sino una cosa, dicen: el grado de confianza que se puede tener en la palabra y en las promesas escritas de la Alemania, no solo respecto de lo pasado sino en lo que se refiere al porvenir.

La prensa austro-húngara, sin discrepar, sintetiza su juicio así: El negocio se pone oscuro cuanto más se procura penetrar en él, solo una cosa aparece clara: que la Alemania está gobernada hoy día con excepcional poco buen sentido. Lo han escrito en francés como sigue: es “une maladresse[9]”, agregando: la falta más grande que se ha cometido en estos últimos veinte años –reforzando la “entente” franco-inglesa, en vez de aflojar sus lazos lo que se intentó.


Estoy recordando el adagio: a perro muerto gran lazada, al ver que los diarios que no ha mucho tanto defendían al príncipe Bulow, viéndolo en mala postura escriben como el “Berliner Tageblat[10]”:

“Se le han perdonado las más increíbles torpezas en política interior y exterior, inclusive el negocio de Marruecos, el viaje a Tánger, la campaña de opereta de China y otras manifestaciones análogas de nuestra política mundial”.

No sabemos bien si hasta no se le habrían perdonado las medidas que ha tomado en la reforma electoral de Prusia, y si no habría logrado su pesca milagrosa de medio millar de marcos de nuevos impuestos.

En realidad la posición se hace insostenible para el príncipe de Bulow, porque nosotros caminamos hacia una situación nueva más liberal, en tanto que él ha amoldado el viejo régimen personal.


Casi en los momentos de cerrar estas páginas escribo sintetizando mis impresiones sobre los asuntos de Oriente (ya no hay cuestión de Oriente, sino cuestiones).

Parecen un caleidoscopio; desde luego que no se ve muy bien lo que pasa; pedazos de todos colores se agrupan y se dislocan después para dejar surgir nuevas agrupaciones multicolores.

Así es como después del golpe teatral de Sofía, hemos tenido los ruidos de guerra entre la Turquía y la Bulgaria, y en seguida entre Serbia, el Montenegro y el Austria.

A la hora de ésta, la lucha cambia de cara: son las relaciones entre Austria y Rusia las que bruscamente se ponen tan tirantes que es de temerse una ruptura.

Los ruidos lejanos más graves han circulado esta mañana. Son todos exagerados. Hay que oírlos un poco más de cerca. Todo puede suceder, repercutiendo lo de Oriente en Occidente.

No se olvide que la Alemania es aliada del Austria-Hungría, y que la Francia es la aliada de la Rusia. Una complicación austro-rusa tendría como consecuencia forzosa algo parecido a un rompimiento franco-alemán, con la “entente” anglo-francesa como factor y por añadidura con el fastidio inglés, efecto de la malhadada interview del kaiser.


Mauricio Mayer[11], que nada tiene que hacer con los otros Mayer, Edelmiro y Carlos, finados ya, era teniente en el batallón 12 de línea cuando la guerra del Paraguay.

El teniente general Racedo[12] era el mayor; yo el jefe. La fortuna militar ha querido que me dejara atrás. Mas no por esto ha sufrido nuestra cariñosa por amistad. Al contrario. Tuve así oportunidad de asistir a una comida opípara que me dio la última vez que estuve entre ustedes. Rodeado de su interesante y numerosa prole, frente a frente de la amable Desideria, su virtuosa consorte, el camarada de tantos peligros y pellejerías, envuelta la nevada cabeza varonil entre sedosas crenchas, parecía un patriarca venerando.

Yo me llamaba “Tourlouson” como corresponsal de “La Tribuna[13]”, de Héctor y Mariano Varela[14]. Lo dice con oportuna explicación del pseudónimo Francisco Seeber, en su reciente publicación.

Mayer escribía; yo dictaba. Era esto en el campamento de Tuyu-Cué[15]. Mayer y yo, fatigados, nos habíamos quedado dormidos a pesar de la proximidad del enemigo. Hacíamos servicio de avanzada permanente. De repente ¡brrrun! La tierra se estremece… era un torpedo paraguayo que había reventado en el río Paraguay, aguas abajo de Humaitá.

Nos despertamos. No era para menos. Nos miramos. Nos sentimos vivos. Nos echamos a reír…

Si Vds. quieren detalles más prolijos, ahí acaba de llegar Mayer, después de un viaje vertiginoso a los cuatro vientos.

Bajo idénticos o parecidos auspicios, fueron escritas la mayor parte de las correspondencias que el que fue capitán, Francisco Seeber[16], acaba de coleccionar. Es una exhumación luminosa de un pasado glorioso.

Los hombres y las cosas desfilan con naturalidad, ante los ojos del espectador ideal, siendo la sencillez una de las recomendaciones del estilo de Seeber.

El entusiasmo juvenil no le hace magnificar extremadamente los hechos. Se siente a veces, leyéndolo, el olor acre de la batalla. Pero la nube de polvo y de pólvora que se forma no desfigura los objetos, permitiendo verlos casi distintamente al través de su identidad transparente.

Con estos documentos y otros por el estilo, se han de construir los míos, el “échafaudage[17]”, que al historiador le faciliten la difícil tarea de reflejar con correcta exactitud lo que fue.

Francisco Seeber es así un precursor (lo ha sido en otro orden de ideas). Luego le deben Vds. reconocimiento.

Mucho más podría decir encomiando sus tan vivaces “Cartas sobre la guerra del Paraguay”.

Dos quejas amistosas, naturalmente, me contienen por un lado; por otro los lindes reducidos de que dispongo en estas páginas.

Me explicaré.

Seeber al consignarme su libro me pone una dedicatoria tan en extremo ponderativa que me estoy preguntando si no será ella la que me ha estimulado a decir algo de lo que queda estampado.

Porque no es generalmente en vida cuando oímos semejantes o similares elogios. No. La regla es que los oigamos, un poco tarde, cuando ya estamos envueltos en sudario de la eternidad. ¡A buena hora! Cierto que se vive en la posteridad. Es la compensación, sobre todo si dejamos herederos. Plata es lo que plata vale, y la buena reputación tiene cotización esterlina.

La otra queja es más seria y formal que la apuntada.

Protesto contra el retrato, la fotografía, en la que aparezco acoplado con el valeroso coronel Rivas.

Estamos los dos a cual más feo, casi borrados, me alegro.

Hay en esto un anacronismo artístico e histórico. Él, mi querido Rivas y yo, éramos mejorcitos de cara. Yo, no tenía toda la barba cuando la guerra del Paraguay. Ese adorno de los carrillos lo eliminé después de la campaña de Pavón[18]. Me quedé pues, como Vds. me conocen ahora, con pera y con peros, se me antoja decir. ¡Quien no los tiene!

Agregaré que durante la guerra del Paraguay no usé levita sino chaquetilla, a veces de tropa, como tantos otros compañeros.

Eran muy buenas, de confección francesa, siendo el que las introducía, como proveedor en este ramo, el malogrado Eduardo Madero.

La espada con que aparezco en la tildada fotografía no es la que usé en el Paraguay, sino la que tenía cuando Pavón.

Esta había sido de mi señor padre[19]; la que tuvo en Ituzaingó[20] y en Obligado[21], con gran tasa de metal amarillo y dos inscripciones en la hoja toledana. Si mal no recuerdo ha ido a parar la empuñadura al Museo Histórico del gran trabajador Carranza[22].

Si todo esto último resultare pueril, o demasiado personal y sin importancia alguna para la historia, que el bondadoso lector me tenga en caridad.

En cuanto a mi querido amigo Francisco Seeber, no he de concluir sin decirle que está perdonado por lo del retrato.

¿Y cómo no?

Me da margen para referir un rasgo que pinta los generosos sentimientos del que murió, general Ignacio Rivas[23].

No he conocido un soldado con más imán que él, ni más apasionado de “Don Bartolo[24].” No lo disminuyo dándole su nombre popular. Creo que después de Martina, así se llamaba la bella y excelente esposa de Rivas (¿vive?, ojalá); creo que después de ella lo que más admiraba y amaba era el general Bartolomé Mitre. A “Don Emilio[25]” también lo quería mucho.

Tenía Rivas marcada predilección por el capitán Mansilla (este seguro servidor de Vds.). Gratísimo a su memoria referiré una anécdota.

Estábamos en el Rosario a raíz de la gran batalla de Pavón. Mejor dicho, estábamos campados en San Lorenzo con hermosa vista al río Paraná. Por allí lidiaron los granaderos de San Martín contra las armas de España.

Andábamos de la cuarta al pértigo. El mismo “Don Emilio”, mi general y amigo, no se movía del campamento, se lo pasaba leyendo; porque si no había con qué ni a qué ir al Rosario.

Llega Rivas una mañana, muy bien montado, alegre, siempre lo estaba. Se apea, jaraneando. Nos da la mano, nos abraza. Nos incita a dar una vuelta por el Rosario. Nos negamos. Bueno, me voy, ¡adiós, adiós! dijo y se marchó.

Al rato, Don Emilio se apercibió que en el bolsillo de su blusa habían nacido quinientos pesos.

Yo descubrí en el mío doscientos.

El causante era, ya sospecharán ustedes quién. Su hermano, comerciante en el Salto Oriental le había enviado la víspera un poco de eso “que nunca está demás”.

Me apercibo que este párrafo va muy largo. Voy a concluir con Seeber y su cronología de campamento, metódica como un índice ilustrado.

Paseábamos el otro día con Salustiano Zavalía[26], que es un hombre de admirable energía, va mucho mejor, está casi bueno, y de nuestra charla por la Avenida de las Acacias, resultó lo que sigue:

Querido Lucio: Para responder a tu pregunta sobre mi parentesco con López del Paraguay a que hace referencia una carta de Santiago Alcorta a Francisco Seeber que éste ha publicado, tengo que evocar recuerdos de más de medio siglo, lo que no es fácil para una memoria como la mía debilitada por setenta años de edad.

En 1850, estudiante en Córdoba, iba de viaje a Tucumán a visitar a mi familia en las vacaciones y me detuve en Santiago algunos días. Allí tuve ocasión de conocer a muchos parientes por mi madre. Doña Genuaria Iramain era santiagueña y también mi abuela paterna, doña María Josefa Lamí López de Velazco y, entre ellos, a una señora anciana que me dijo ser mi tía, doña Sandalia López, y fue muy afectuosa conmigo; fue esta señora quien dándome noticias de mis parientes en Santiago me dijo que Carlos Antonio López uno de ellos, muchacho travieso y turbulento se había escapado de la casa paterna y había ido a dar al Paraguay donde supo granjearse el cariño del dictador, el célebre don Gaspar Francia[27], con cuya hija se casó y de quien heredó por testamento el gobierno del Paraguay. Fácil sería verificar la exactitud de este dato examinando el libro parroquial de la Iglesia de la Merced, en Santiago pero López II Francisco Solano[28], el odioso tirano que nos hizo la guerra, ha hecho poco envidiable el parentesco y no he querido tomarme el trabajo de averiguarlo. Tu affmo. amigo. Salustiano J. Zavalía, París, noviembre 2 de 1908.


Vamos bien por España, como decía Eugenio Blanco, el de mi cuento (que Vds. dirán ¡por Dios no lo repita!).

En las elecciones municipales que acaban de tener lugar en Inglaterra y Gales, los conservadores y unionistas han ganado 118 asientos y los liberales solo 31. Los socialistas 9, el partido obrero 1 y los independientes 4.

Ganan pues terreno poco a poco los conservadores en el Norte.

¿Y las mujeres?

Ellas no pierden nunca del todo.

Dos han sido elegidas: una en Oxford, otra en Manchester.


  1. Ver nota al pie de PB. 06.04.06 o índice onomástico.
  2. Se refiere al conflicto en torno al Education Bill: ver nota al pie de PB. 27.03.06.
  3. Ver nota al pie de PB. 08.03.06 o índice onomástico.
  4. Ver nota al pie de PB.14.11.08 o índice onomástico.
  5. Ver nota al pie de PB. 25.11.08 o índice onomástico.
  6. Ver nota al pie de PB.08.05.06 o índice onomástico.
  7. Creemos que se trata del Evening Standard (también conocido como London Evening Standard): un periódico vespertino publicado en Londres, desde 1827. Sus archivos pueden consultarse en The British Newspaper Archive: https://bit.ly/2DZ4YLq.
  8. Ver nota al pie de PB.19.01.06 o índice onomástico.
  9. “Una torpeza”.
  10. Ver nota al pie de PB.30.05.06 o índice onomástico.
  11. Coronel Mayer, Mauricio (1842-1917). No hemos hallado información biográfica sobre este militar, pero sí su registro en VIAF: http://viaf.org/viaf/11680173.
  12. Eduardo Racedo (Paraná, 1843 – Buenos Aires, 1918) fue un militar y político argentino. Participó en la batalla de Pavón y en la Guerra del Paraguay. En 1880 participó en la guerra contra la rebelión porteña, en las batallas de Olivera y Puente Alsina. Desde 1883 a 1886 fue gobernador de la provincia de Entre Ríos. Más tarde fue ministro de Guerra y Marina de la Nación, durante las presidencias de Miguel Juárez Celman y Roque Sáenz Peña. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/16455483).
  13. La Tribuna fue un diario fundado por tres de los hijos del publicista Florencio Varela: Héctor, Mariano y Rufino. Se editó desde el 7 de agosto de 1853 hasta el 27 de septiembre de 1880. Sus redactores
    principales fueron Juan Ramón Muñoz, Héctor y Mariano Varela. (Extractado de Sujatovich, Luis. “La prensa periódica y el nuevo presidente: Los editoriales de La Nacion Argentina, La Tribuna y EL Nacional a fines de 1868”. Revista Internacional de Historia de la Comunicación 10 (2018): 222-242.
  14. Ver nota al pie de PB. 30.04.06 o índice onomástico.
  15. La Batalla de Tuyú Cué, ocurrida durante la Guerra del Paraguay, fue una emboscada preparada por el teniente coronel Bernardino Caballero contra las vanguardias aliadas al mando de Bartolomé Mitre el 11 de agosto de 1867. En esta batalla, vencieron los paraguayos.
  16. Francisco Seeber (Buenos Aires, 1841 – Buenos Aires, 1913) fue un militar y político argentino, capitán del ejército argentino en la Guerra del Paraguay, Intendente de Buenos Aires durante el período 1889 – 1890 y empresario de la construcción. Se lo considera además el fundador del actual barrio porteño de Villa Urquiza. Una plaza de la ciudad de Buenos Aires honra su memoria. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/19299308).
  17. “Andamio”.
  18. La batalla de Pavón, librada en el sur de la provincia de Santa Fe el 17 de septiembre de 1861, fue un combate clave de las guerras civiles que dividieron a la Argentina durante el siglo xix. En ella se enfrentaron las fuerzas de la Confederación Argentina (las provincias, al mando de Urquiza) con el Estado de Buenos Aires, al mando de Mitre. Significó el fin de la Confederación Argentina, y la incorporación de la provincia de Buenos Aires en calidad de miembro dominante del país, con una mayor influencia de Mitre sobre todo el territorio. (https://bit.ly/3mo8JLG).
  19. Ver nota al pie de PB.23.05.06 o índice onomástico.
  20. La Batalla de Ituzaingó fue un enfrentamiento ocurrido el 20 de febrero de 1827, que se desarrolló en lo que actualmente es el centro-oeste del estado de Río Grande do Sul y durante el transcurso de la Guerra del Brasil, durante la cual las tropas de las Provincias Unidas del Río de la Plata vencieron a las tropas del Imperio del Brasil, enfrentadas por el control de la Banda Oriental en manos brasileñas desde 1820. Fue una victoria táctica del ejército oriental que contribuyó a la Convención Preliminar de Paz que se firmó en 1828 y que culminó con el reconocimiento de Uruguay como estado libre, independiente y soberano. (Extractado de Revisionistas.com.ar: https://bit.ly/3hw3aak).
  21. La Batalla de la Vuelta de Obligado se produjo el 20 de noviembre de 1845, en aguas del río Paraná, sobre su margen derecha, en un recodo conocido como Vuelta de Obligado, en lo que hoy es la localidad de Obligado (partido de San Pedro). La Provincia de Buenos Aires, liderada por el brigadier Juan Manuel de Rosas (1793-1877) –quien nombró comandante de las fuerzas porteñas al general Lucio N. Mansilla (1792-1871), padre de Lucio Victorio– se enfrentó con la escuadra anglo-francesa, cuya intervención se realizaba bajo el pretexto de lograr la pacificación ante los problemas existentes entre Buenos Aires y Montevideo. Los europeos pretendían establecer relaciones comerciales directas con las provincias de Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes, sin pasar por Buenos Aires ni reconocer la autoridad de Rosas como encargado de las relaciones exteriores de la Confederación. (Extractado de https://bit.ly/3ixXm1v).
  22. Ver nota al pie de PB.29.04.07 o índice onomástico.
  23. Ignacio Rivas (Paysandú, 1827 – Buenos Aires, 1880) era un militar argentino de origen oriental-rioplatense, que inició su carrera en el Uruguay y posteriormente luchó a favor de la Confederación Argentina, en la guerra del Paraguay y secundó a Bartolomé Mitre en la revolución de 1874. (Extractado de VIAF: https://bit.ly/32rKK6z).
  24. Se refiere a Bartolomé Mitre: ver nota al pie de PB. 16.03.06 o índice onomástico.
  25. Emilio Mitre (Carmen de Patagones, 1824 – Buenos Aires, 1893) fue un militar argentino, hermano del presidente Bartolomé Mitre, que participó en las guerras civiles argentinas, en la Guerra del Paraguay y en las campañas contra los indígenas del sur de su país. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/218252002).
  26. Salustiano Zavalía (Tucumán, 1806 – Tucumán, 1873) fue un abogado y político argentino. Luchó contra Juan Manuel de Rosas, fue uno de los redactores de la Constitución Nacional Argentina y gobernador de la provincia de Tucumán. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/108110329).
  27. Ver nota al pie de PB.10.02.08 o índice onomástico.
  28. Ver nota al pie de PB.16.04.07 o índice onomástico.


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