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Beda el Venerable y Juan Eck

Alberto Asla[1]

No hay duda alguna de que el siglo XVI fue un periodo de cambios absolutamente significativos para el devenir de la humanidad[2]. Una de esas alteraciones fue la denominada Reforma Protestante[3], que, si bien sus raíces pueden retrotraerse al Medioevo, no fue hasta la llegada de Martín Lutero que el movimiento reformista cobró presencia.

Estos reformadores, en mayor o menor medida, fueron objeto de incontables mecanismos de contraofensivas por parte de la Iglesia de Roma. Desde disposiciones papales hasta encuentros para debatir no solamente su participación en la iglesia sino también sus posturas que claramente se hallaban en el borde de la insubordinación institucional. Uno de esos encuentros se generó en 1519 y fue conocido como el Debate de Leipzig.

Las argumentaciones y contra argumentaciones estuvieron plasmadas de fuertes justificaciones tanto dogmaticas como teológicas, e independientemente de qué bando sean estos hombres, se utilizaban las mismas fuentes y autores de referencia. Es decir, textos vetero y neotestamentarios, además de Padres de la Iglesia y otros escritores cristianos medievales.

Unos de los participantes del encuentro fue Juan Eck, un eminente representante y defensor de la Sede Apostólica; cuyo ensañamiento con el monje agustino no se detuvo jamás. Incluso en escritos donde no había una acusación directa hacia él, como puede leerse en su Eckii pro Hieronymo Emser contra malesanam Luteri Venationem responsio de 1519. Es precisamente en esta obra que nuestro objetivo se hace presente y es analizar el uso que Eck hace de un monje anglosajón del siglo VIII, Beda el Venerable.

Johann Eck[4], fue un teólogo alemán y principal oponente de las ideas de Martín Lutero. Nació el 13 de noviembre de 1486 en la ciudad de Egg en la región de Suabia y falleció el 10 de febrero de 1543 en Ingolstad, Bavaria. Desde muy temprana edad, Johann Maier, –como realmente se llamaba–, adoptó el nombre de su pueblo natal, Egg (o Eck), como su apellido. Estudió en las universidades de Heidelberg, Tubinga, Colonia y Friburgo de Brisgovia. Fue ordenado sacerdote en 1508 y obtuvo su doctorado en teología en 1510. En ese mismo año inició su carrera como profesor de teología en la Universidad de Ingolstadt. Los primeros tratados de Eck llamaron la atención, entre ellos su Chrysopassus (1514) donde desarrollaba su teoría sobre la predestinación.

Eck fue amigo de Martin Lutero[5] hasta la aparición en 1517 de las Noventa y cinco Tesis de este último que consideró como heréticas en un tratado publicado en 1518. En la celebrada disputa de Leipzig de 1519, Eck debatió con Lutero y su discípulo, Andreas Karlstadt, sobre temas como la primacía papal y la infalibilidad de los concilios de la iglesia. En 1520 visitó Roma, donde ayudó a componer la bula papal Exsurge Domine (junio de 1520), en la que el pontífice condenó 41 de las tesis de Lutero y lo amenazó a con la excomunión. Posteriormente, le encargó a Eck que publicara y aplicara la nueva bula por toda Alemania.

Eck continuó escribiendo en defensa de la autoridad papal y la doctrina tradicional. Ejemplo de ello es su tratado Enchiridion locorum communium adversus Lutherum et alios hostes ecclesiae de 1525. Peregrino de toda Europa, organizó la oposición católica romana al protestantismo alemán y redactó la refutación católica (1530) del credo luterano contenido en la Dieta de Augsburgo además de haber sido el principal polemista católico en debates públicos con los reformadores John Oecolampadius en Baden (1526) y Philipp Melanchthon en Worms (1541).

Desde 1518, se venía gestando una controversia teológica de forma escrita entre Eck y los reformadores, por lo que se sugirió entonces un debate para aclarar las cosas y se organizó un debate[6] en la Universidad de Leipzig, del 27 de junio al 26 de julio de 1519. Los principales temas abordados fueron el poder del papa y la autoridad de la Iglesia en cuanto a doctrina, el libre-árbitro del hombre ante la gracia divina y las indulgencias.

Eck defendió con vehemencia a la autoridad papal y conciliar, mientras que Lutero afirmaba que eran hombres con falencias y que solamente a partir de la Escritura (Sola Scriptura) que se debía intentar justificar la primacía del papa. La respuesta de Eck no se hizo esperar y ese mismo año publicó su obra De primatu Petri, una verdadera apología del papado contra los planteos luterano.

El 15 de julio Johann Langius Lembergius, rector de la Universidad de Leipzig, pronunció el discurso de clausura, donde cada uno de los dos grupos reivindicó la victoria para sí mismo. Desde un punto de vista histórico puede decirse que a partir de Leipzig se definieron claramente las principales diferencias entre las doctrinas católicas y protestantes.

Beda[7] el Venerable ha sido una de las mayores eminencias del siglo VIII que no puede ser comparable con otros escritores. Todo lo que sabemos de él se encuentra en su autobiografía al final de su HE:

Y es así que, muy interesado en la historia eclesiástica de Bretaña, especialmente en la raza de los ingleses, yo, Beda, sirviente de Cristo y sacerdote del monasterio de los benditos apóstoles San Pedro y San Pablo, el cual se encuentra en Wearmouth y Jarrow, con la ayuda del Señor he compuesto, cuanto he logrado recabar de documentos antiguos, de las tradiciones de los ancianos y de mi propio conocimiento. Nací en el territorio del monasterio ya mencionado, y a la edad de siete años fui dado, por el interés de mis familiares, al reverendísimo abad Benedicto Biscop, y después a Colfrido, para recibir educación. Desde entonces he permanecido toda mi vida en dicho monasterio, dedicando todas mis penas al estudio de las Escrituras, a observar la disciplina monástica y a cantar diariamente en la iglesia, siendo siempre mi deleite el aprender, enseñar y escribir. A los diecinueve años, fui admitido al diaconado, a los treinta al sacerdocio, ambas veces mediante las manos del reverendísimo obispo Juan, y a las órdenes del abad Colfrido. Desde el momento de mi admisión al sacerdocio hasta mis actuales 59 años me he esforzado por hacer breves notas sobre las sagradas Escrituras, para uso propio y de mis hermanos, ya sea de las obras de los venerables Padres de la Iglesia o de su significado e interpretación[8].

Beda murió como vivió, enseñando y rezando. Una carta de su discípulo, Cutberto, describe los últimos días del monje, remarcando: “Yo no vi ni oí a ningún hombre tan diligente y agradecido al Dios viviente”[9]. Incluso el día de su muerte (la vigilia de la Ascensión de 735) el santo estaba ocupado dictando una traducción del Evangelio de San Juan. Al atardecer, su amanuense Wilberto, que la estaba escribiendo, le dijo: “Hay todavía una oración, querido maestro, que no está escrita”. Y cuando la hubo entregado, y el muchacho le dijo que estaba terminada,

Habéis hablado con verdad – contestó Beda – está terminada. Tomad mi cabeza entre vuestras manos, pues es de gran placer sentarme frente a cualquier lugar sagrado donde haya orado, así sentado puedo llamar a mi Padre. Y dejándolo en el piso de su celda, cantando Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo, cuando nombró al Espíritu Santo, el dio su último aliento; y así paso al reino celestial[10].

Podemos leer en estos fragmentos -aunque relato biográfico completo para el siglo VIII[11]– su espiritualidad y su desapego a la vida material, y aunque su vida haya estado circunscripta a los muros de su monasterio en Jarrow[12], sus trabajos trascendieron más allá de los mismos. Dicha producción ha sido tanto abundante como heterogénea, pues ha escrito sobre comentarios bíblicos, historias, obras de carácter pedagógico, hagiografías, cartas, un martirologio e himnos[13].

Luego de la disputa de Leipzig, el capellán del duque Jorge de Sajonia, Jerónimo Emser, escribió un opúsculo titulado De disputatione Lipsicensi, quantum ad Boemos obiter deflexa est, dirigido como una carta abierta al jefe de la asediada Iglesia Católica en Praga. El trato de Emser hacia Lutero en este folleto fue extremadamente cortés, y constantemente minimizó cualquier culpabilidad de su parte. La respuesta de Lutero fue: Ad aegocerotam Emserianum additio[14], con un tono muy diferente y recordó repetidamente lo que él vio como un acto similar de traición literaria de la iglesia primitiva, cuando Rufinus, bajo el color de la amistad, implicaba que Jerónimo era partidario de la herejía origenista.

A finales de 1519, el oponente de Lutero en Leipzig, Juan Eck, publicó en defensa de Emser una carta abierta conocida como Eckii pro Hieronymo Emser contra malesanam Luteri Venationem responsio[15]. Si bien los jueces de la disputa de Leipzig (las universidades de Erfurt y París) todavía estaban considerando sus veredictos, Lutero y Eck continuaron el debate en un intercambio de panfletos y también explotaron disputas literarias secundarias para promover sus respectivas causas.

Eck tenía varios objetivos al escribir la Respuesta. Específicamente, deseaba socavar la reputación pública de Lutero de un heroico desvalido, para retratarlo en su lugar como un matón demente que había lanzado una “cacería loca” viciosa y no provocada de Emser, que se presenta aquí como un sacerdote modelo: santo, erudito y sincero. En términos más generales, deseaba negar la ventaja que la causa de Wittenberg había obtenido de la campaña de panfletos posteriores a la disputa.

Eck bien pudo haber ganado el debate en sí, arrinconando a Lutero para defender una posición herética, pero en la batalla mediática que siguió, se le presentó como un oscurantista y un escolástico, mientras que Lutero fue considerado un defensor del humanismo. La solución que Eck propuso, en dos ocasiones en la Respuesta, era desafiar a Luther a otro debate “en vivo”, esta vez ante jueces que pudieran dar un veredicto instantáneo con el perdedor pagando los costos. Sabiendo que Lutero no aceptaría el acuerdo después del ataque que recibió en Leipzig, Eck dirigió su atención a asegurar algo mucho más definitivo que la condena de Lutero por parte de una universidad, y al año siguiente lo vería en Roma asesorando sobre la emisión de una bula papal.

Las referencias sobre los trabajos de Beda estuvieron vinculados a la historia de Inglaterra, por un lado, y por otro a sus comentarios bíblicos, ya sean directa o indirectamente (nos referimos a la Glossa ordinaria). El movimiento reformista del siglo XVI, no fue ajeno a tal figura y varios se basaron en sus escritos para rebatir las contradicciones del idealismo papal, hallando claramente en Lutero un exponente sagaz pero ambiguo[16].

Eck por su parte también utilizó al monje anglosajón, pero para desentrañar las mentiras del reformista y sus erróneas interpretaciones de las Escrituras; aunque al igual que el monje agustino solo menciona al Venerable por su nombre, sin indicar la obra por la cual es citado, resultando casi imposible su rastreo.

Las otras dos referencias se enmarcan en una disputa con Jerónimo Emser, quien hasta 1519 participaba de los planteos reformadores tanto de antaño como los de Lutero, aunque con el tiempo se inclinaría más hacia un humanismo al estilo erasmiano. Para mediados del mencionado año, sus diferencias comenzaron a ser cada vez más irreconciliables y definitiva cuando el witerbingense realizó la traducción del Nuevo Testamento, pero que a criterio del ex compañero tenía errores y mentiras[17].

Los fragmentos que aquí indicamos reflejan un aspecto de esa pelea, más específicamente el pasado “husita” de Emser al decir “¿Por lo tanto, cuál es para ti la autoridad de Beda, si niegas falsamente la doctrina de Jan Hus de la que vienes?”[18]. La pregunta viene a colación de los propios escritos del checo, ya que éste cita al monje anglosajón, aunque solo para refrendar la postura del papa al decir que es la única guía divina[19]. Unos renglones más adelante le hacen recordar con ironía, cómo el ahora administrador de la Iglesia Católica de Bohemia y perseguidor de los “errantes”, era un hazmerreir para ella, por ser un hereje “tal como lo expresan los artículos condenatorios del Concilio de Constanza y la autoridad de Beda”[20].

En su Respuesta, Eck menciona Beda dos veces. En el primero de ellos indica que el monje agustino no solamente que interpreta mal las palabras del teólogo, sino también las de las Santas Escrituras concluyendo que “Sabemos suficientemente bien que nadie es tan débil (o tan erróneo) en espíritu que nada de lo bueno puede complacerlo, como afirman Emser y Beda[21]. En el segundo pasaje Eck continuando con la controversia e incluso diciendo que Hus decía algunas cosas correctas, señaló que “Emser afirmó, bajo la autoridad de Beda, que los herejes mezclan verdad y falsedad. Agustín, Jerónimo y Gregorio dicen lo mismo”[22].

Como podemos observar la mención del monje benedictino del siglo VII, es ciertamente desconcertante y difícil de indicar a cuál o cuáles obras hace referencia. Sin embargo, David Bagchi ha sugerido que hace referencia a una de sus obras llamada Homilías sobre Lucas, ya que […] había declarado que los herejes suelen incluir la verdad ortodoxa en sus escritos, para hacer que los incautos acepten sus falsedades”[23]. A esta referencia que podría resultar aislada debemos sumarle otra que es propia y tiene que ver con la visión que Beda tenía sobre las herejías, nos referimos a la Historia ecclesiastica gentis anglorum[24]. Por ejemplo: “En su tiempo el britano Pelagio difundió a lo largo y a lo ancho los venenos de su perfidia en contra del auxilio de la gracia celestial […], o […] al oír Teodoro que en Constantinopla se había perturbado gravemente la fe de la iglesia por las herejías de Éutiques”[25].

Las referencias a Beda el Venerable en teólogos y filósofos de los siglos XV y XVI no es de sorprender; sin embargo, como hemos indicado en otro trabajo, uno no esperaría encontrarlo entre algunos autores tildados de “herejes” como Hus o Lutero[26], o incluso al propio Enrique VIII[27]. Lo cierto es que su obra que llega al continente con Alcuino de York, será estudiada, analizada y transcripta constantemente tanto en los monasterios, así como también en las universidades.

Ahora bien, sea cual fuera la naturaleza, lo desconcertante es su citación, ya que no es un autor de referencia para los tópicos que Eck analiza. Existen otras “autoridades” eclesiásticas y patrísticas que justificarían mejor sus argumentos desde el punto de vista teológico y referencial sobre las herejías y demás vinculaciones. Ejemplo de ello son las menciones de Agustín de Hipona y el papa Gregorio Magno, cuya visión sobre la temática es mucho más clara, precisa y condenatoria que Beda.

Los pasajes citados son muestra de conocer autores, pero no de usarlos expresamente, esto no es una falencia de Eck, sino incluso de Lutero que hace lo mismo. El motivo quizás sea que ser exquisitos al momento de establecer un debate constante no siempre resulta eficiente si se quiere obtener una victoria inmediata.

En síntesis, a quinientos años del debate de Leipzig, Lutero continúa dando de qué hablar, no solamente entre los académicos o los propios protestantes sino también en la Iglesia Católica como lo ha indicado Bergoglio en una de sus conferencias de prensa[28].

Las menciones al Venerable ciertamente dejan un sabor amargo, ya que nos transmite más dudas que certezas, pero a pesar de ello abre la puerta para un estudio mucho más amplio entre un monje benedictino del siglo VIII y los hombres de la Reforma y Contrarreforma.


  1. Universidad Nacional de Mar del Plata.
  2. POTTER, G. R., y HAY D., Eds), The New Cambridge Modern History, Vol. 1: The Renaissance 1493-1520, Cambridge, Cambridge University Press, 1975 [1957]; ELTON, G. R., (Ed.), The New Cambridge Modern History, Vol. 2: The Reformation 1520-1559, Cambridge, 2004 [1990]; MACKENNEY, R., La Europa del siglo XVI. Expansión y Conflicto, Madrid, 1996 [1993]; BENNASSAR, M. B., JACQUART, J., LEBRUN, F., DENIS, M., BLAYAU, N., Historia Moderna, Madrid, 1998 [1980], pp. 3-136; CAMERON, E., The Sixteenth Century, Oxford, 2006.
  3. LLORCA, B., GARCÍA VILLOSLADA, R. (Eds.), Historia de la Iglesia Católica III Edad Nueva. La Iglesia en la época del Renacimiento y de la Reforma católica, Madrid, 1987, pp. 659-698; VILLANOVA, E., Historia de la Teología Cristiana. Tomo segundo Prerreformas, Reformas y Contrarreformas, Barcelona, 1989, pp. 205-326; ELTON, G. R. La Europa de la Reforma 1517-1559, Madrid, 2016 (1999); KÜNG, H. El cristianismo. Esencia e historia, Madrid, 2006 (1997), pp. 531-634; CORTÉS PEÑA, A. L., Historia del Cristianismo III. El Mundo Moderno, Madrid, 2006, pp. 17-186.
  4. Sobre Eck ver: ISERLOH, E., En: Neue Deutsche Biographie (NDB). Band 4, Duncker & Humblot, Berlin 1959, pp. 273–275; BENINI, M., “Johannes Eck als achtsamer Liturge. Sein Ingolstädter Pfarrbuch als liturgiehistorische Quelle unter besonderer Berücksichtigung der szenischen Liturgie des Osterfestkreises”, En: Archiv für Liurgiewissenschaft 57, 2015, pp. 72-95; Johannes Eck – Kontroverstheologe und Pfarrer. Sein Pfarrbuch als Quelle für Liturgie und Frömmigkeit in der Reformationszeit. St. Ottilien, Druckerei, 2017.
  5. FEBVRE, L. Martín Lutero. Un destino, México-Bs As, 1956 [1927]; ATKINSON, J., Lutero y el nacimiento del protestantismo, Madrid, 1971 [1968]; BUSQUETS, J., ¿Quién era Martín Lutero?, Salamanca, 1986; VANDIER, E., KEEN, R., FRAZEL, T. D., (Trad. y notas), Luther´s Lives. Two Contemporary accounts of Martin Luther, Manchester, 2002; MULLET, M., Martin Luther, London-New York, 2005; KOLB, R., Martin Luther. Confessor of the Faith, Oxford, 2009; HENDRIX, S. H., Martin Luther. Visionary reformer, New Haven-London, 2015; MARSHALL, P., 1517 Martin Luther and the Invention of the Reformation, Oxford, 2017; GRAHAM, M.P., BAGCHI, D. (Eds.), Luther as Heretic. Ten Catholic Responses to Martin Luther, 1518-1541, Oregon, 2019.
  6. Sobre el debate ver: SEIDEMANN, J. K., Die Leipziger Disputation im Jahr 1519. Aus bisher unbenutzten Quellen historisch dargestellt und durch Urkunden erläutert, Dresden und Leipzig, 1843. SEITZ, O.,  Der authentische Text der Leipziger Disputation zwischen Luther und Eck, Berlin, C.A. Schwetschke, 1903; DAU, W. H.T, The Leipzig Debate in 1519, St. Louis (Mo), 1919; SHUBERT, L., “Disputandi: Luther und die Leipziger Disputation als akademisches Streitgespräch”, En: Zeitschrift für Theologie und Kirche Vol. 105, No. 4, 2008, pp. 411-442; ILLESCAS, F., “La disputa de Leipzig, momento culminante en el rompimiento de Martin Lutero con la iglesia romana (1517-1521)”, En-claves del pensamiento, año IV, núm. 7, junio 2010, pp. 11-31; RAMÍREZ GONZÁLEZ, E., “Sola fides, sola Scriptura” La disputa de Leipzig y el rompimiento de Martín Lutero con la Iglesia romana (1517-1521), En-claves del pensamiento, año VIII, núm. 15, enero-junio 2014, pp. 147-170;MATTOX, M., SERINA Jr., R. J., MUMME, J. (Eds), Luther at Leipzig. Martin Luther, the Leipzig Debate, and the Sixteenth-Century Reformations, Leiden, 2019.
  7. Sobre Beda hay mucho y continúa en aumento, aquí una muestra solamente: BROWNE, G. F., The Venerable Bede: His Life And Writings, New York, Society for Promoting Christian Knowledge, 1919; CAMPBELL, J., “Bede I” y “Bede II”, en Essays in Anglo-Saxon History, London-Roceverte, 1986, pp. 1-48; WORMALD, P., BAXTER, S. (Eds.), The Times of Bede, India, 2006; DE GREGORIO, S. (Ed.), Innovation and Tradition in the writings of The Venerable Bede, Virginia, 2006; DE GREGORIO, S. (Ed.), The Cambridge Companion to Bede, Cambridge, 2010; HARDIN BROWN, G, A Companion to Bede, Woodbridge, 2010.
  8. BEDA, HE, V, 24. Version utilizada: CRÉPIN, A, LAPIDGE, M., MONAT, P., ROBIN, P., Bède le Vénérable, Histoire Ecclésiastique du Peuple Anglais, Vol. I-III, París, Édition du Cerf (Source Chrétiennes), 2005.
  9. CUTBERTO, Cuthberti epistola ad Cuthium, en Baedae opera historica, with the translation by J. E. KING, in two volumes, London, 1954, p. XXIV.
  10. CUTBERTO, Cuthberti epistola ad Cuthium, en Baedae opera historica, with the translation by J. E. KING, in two volumes, London, William, 1954, pp. XXIV-XXXV, (cita pp. XXXII y XXXIV).
  11. HIGHAM, N., (Re) Reading Bede. The Ecclesiastical History in Context, Londres-New York, 2006, p. 6.
  12. WOOD, I., “The foundation of Bede’s Wearmouth-Jarrow”, En: DE GREGORIO. S. (Ed.), The Cambridge Companion to Bede, Cambridge, 2010, pp. 84-96.
  13. Si bien la bibliografía es abundante referimos al lector al texto de HARDIN BROWN, G., op. cit., pp. 17-116.
  14. LUTERO, M., D. Martin Luthers Werke, Weimar, 1883-1929. Tomo II, pp. 658-679. En adelante MLW.
  15. La versión utilizada para la lectura del texto en latín y alemán es la que ofrece Peter Fabisch en su web: https://bit.ly/2Vl3MdE. Además, revisamos la edición de BAGCHI, D., “Johann Eck, Response on Behalf of Hieronymus Emser”, En: GRAHAM, M. P. & BAGCHI, D., (Eds.), Luther as Heretic. Ten Catholic Responses to Martin Luther, 1518-1541, Oregon, 2019, pp. 47-73. [En adelante Respuesta].
  16. ASLA, A. “Beda el Venerable y Martín Lutero: algunas reflexiones teóricas” (artículo en prensa).
  17. BLUHM, H., “Emser’s “Emendation” of Luther’s New Testament: Galatians”, MLN. vol 81, 4, 1966, pp. 370-397; IPÉREZ MARTÍNEZ, H. “Misiva de Martín Lutero sobre el arte de traducir”, En: Relaciones. Estudios de historia y sociedad, vol. XXXV, 138, 2014, pp. 153-178.
  18. MLW p. 666.
  19. De ecclesia. The Church by John Huss. Translated, with note and introduction SHAFF, D.S., New York, 1915, pp. 157, 168 y 194.
  20. MLW p. 666. Como bien sabemos en el Concilio de Constanza (1414-1418) se debatieron el fin del Cisma de Occidente, las reformas y vida de la Iglesia y las acciones ante las herejías, entre las que se encontraban, las condenas al ya fallecido Wycliff, a Jerónimo de Praga y a Jan Hus. Ver: PROVIDENTE, S. “La causa Hus entre plusieurs traditions académiques: conciliarisme, studia hussitica et pratiques juridiques dans le Moyen Âge tardif”, en Annuarium Historiae Conciliorum. Vol 47. Issue 2, 2015, pp. 131-152; HABERKERN, Ph. N., Patron Saint and Prophet: Jan Hus in the Bohemian and German Reformations, Oxford, 2016; HORNÍČKOVÁ, K., ŠRONĚK, M. (Eds.), From Hus to Luther Visual Culture in the Bohemian Reformation (1380-1620), Turnhout, 2016.
  21. ECK, “tam ve errore, cui non et plurima bona placeant uti Emser et Bedam”; “Wir wissen, daß »niemand so schwachen Geistes ist – auch im Irrtum -, dem nicht auch vieles Gute gefällt«: in diesem Sinn zitiert EMSER auch BEDA”; BAGCHI, D., “We know well enough that no-one is so weak (or so erroneous) in spirit that nothing that is good can please him, as Emser and Bede state”, p. 54.
  22. ECK, “Dum Emser autoritate Bedae asseruit haereticos vera falsis miscere, quod et Augustinus, Hieronymus et Gregorius”; “EMSER hat indes aufgrund der Autorität BEDAS behauptet, daß »die Häretiker Wahres mit Falschem mischen«: auch AUGUSTINUS, HIERONYMUS und GREGOR haben das gesagt”; BAGCHI, D., “Emser asserted on the authority of Bede that heretics mix truth and falsehood. Augustine, Jerome, and Gregory say the same”, p. 60.
  23. “nulla porro falsa doctrina est, quae non aliqua vera intermisceat.” Ver: Beda Homilia sobre Lucas 17:12, En: GILES, J.A. (Ed.), The Complete Works of Venerable Bede, in the Original Latin, Collated with the Manuscripts and Various Printed Editions, Accompanied by a New English Translation of the Historical Works, and a Life of the Author, Vol 5. Homilías, London, 1843, p. 97.
  24. Versión utilizada: Historia eclesiástica el pueblo de los Anglos Beda el venerable. Edición de MORALEJO, J. L., Madrid, 2013. En adelante HE.
  25. BEDA, HE, L I, 10:1; 17:3; L II. 13:2-4; L III. 15:3; L IV. 15:3.
  26. HALL, F. P., “Influences in Luther´s reforms”, En: BALLOR, J.J., SYTSMA, D.S., ZUIDEMA, J. (Eds.), Church and School in Early Modern Protestantism. Studies in honor of Richard A. Muller on the Maturation of a Theological Tradition, Leiden-Boston, Brill, 2013, pp. 49-66.
  27. HARDIN BROWN, G., op. cit., pp. 132-133.
  28. Conferencia de prensa Bergoglio durante el vuelo de regreso a Roma. Domingo 26 de junio de 2016. https://bit.ly/3fdCmxm.


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