Otras publicaciones:

Book cover

9789877230253-frontcover

Otras publicaciones:

9789877230543-frontcover

Book cover

Una mirada a la Colonia del Sacramento

El relato del jesuita Florián Paucke sobre la fortaleza portuguesa
en el Río de la Plata (1748)

Paulo Cesar Possamai[1]

La Colonia del Sacramento fue fundada en 1680 por los portugueses en la orilla norte del Río de la Plata, obedeciendo a intereses económicos y expansionistas de la Corona lusitana. Desde entonces, Sacramento fue el principal foco de tensión entre portugueses y españoles en la América meridional hasta la firma del Tratado de Santo Ildefonso (1777), por el cual fue cedida definitivamente a la Corona española. Hasta ese momento la Plaza de guerra había sido tomada cuatro veces por los ejércitos españoles y tres veces devuelta a los portugueses por medio de sucesivos tratados de paz.

Aunque haya sido un sitio muy visitado por tratarse del principal centro de contrabando en la costa atlántica de la América del Sur, pocos viajeros dejaron descripciones de su pasaje por Colonia.

En 1722, pasó por la Colonia del Sacramento el fray dominico Domingo de Neyra, que seguía de Buenos Aires hacia Europa con el objetivo de conseguir junto a las cortes española y pontificia la creación de la provincia dominica del Río de la Plata. Él describe sobretodo el estado ruinoso de las chacras que fueron destruidas durante la tomada de la fortaleza en 1705 por las tropas españolas, como consecuencia de la oposición entre Portugal y España durante la Guerra de la Sucesión Española: “[…] su recinto es pequeño, pero se dexa registrar pulidamente construido. Pues trayendo las maderas de los Brasiles primorosas, y hallandose alli con la piedra: hazen las viviendas imitando á lo moderno como gustan.”[2]

En diciembre de 1748, rumbo a las misiones del Paraguay, desembarcó en Colonia el padre jesuita, Florián Paucke, que nos dejó sus memorias sobre su viaje y su misión entre los indios macobíes en el Gran Chaco. En este artículo utilizamos dos traducciones: la de A. Rabuske[3] al portugués y la de E. Wernicke[4] al castellano. Para las citas utilizamos la traducción de este último.

Paucke nació el 24 de septiembre de 1719 en Silesia, hoy parte de Polonia, pero entonces una provincia del imperio de la Casa de Austria. A los 17 años, en 1736, ingresó en la Compañía de Jesús con el objetivo de trabajar en las misiones americanas.[5] En 1748 el padre Paucke recibió el permiso de Roma para viajar a América y convertirse en misionero en la Provincia Jesuítica del Paraguay. En su anhelo de convertirse en un misionero y partir lo más pronto posible se despidió de la ciudad de Öllmuz el 16 de enero y ese mismo día fue ordenado sacerdote en Brünn, desde donde partió junto con otro jesuita, con destino al puerto toscano de Livorno, al que llegaron el 11 de febrero. Como el buque en que pretendían embarcar ya había salido, embarcaron en un navío mercante sueco que llevaba cereales a Lisboa.[6]

El 14 de marzo, tras una navegación muy difícil, el buque entró en el puerto de Málaga, donde los padres pudieron desembarcar y conocer el colegio de los jesuitas. El 21 el capitán llamó a todos a bordo y el navío intentó proseguir el viaje hacia Lisboa, pero no consiguió pasar el estrecho de Gibraltar por los vientos contrarios y tuvo que volver a Málaga el 29. Ante el miedo de que las dificultades en llegar a la capital portuguesa por mar a tiempo de embarcar en la flota del Brasil o quedarse en España hasta que la paz tornase los mares seguros para los buques españoles, Florián Paucke y siete compañeros tomaron el camino de Lisboa por tierra.[7] Entonces España estaba en guerra contra el Reino Unido en el conflicto de la Guerra de Sucesión Austríaca y por eso era más prudente viajar a América en un buque neutral, pues Portugal no se involucró en dicho conflicto, lo que le valió una invitación a mediar en favor de la paz.[8]

Los padres llegaron a Lisboa el 12 de abril y allá se quedaron hasta el 17 de septiembre, cuando finalmente el tiempo fue propicio para el viaje marítimo. Paucke registró el aspecto de las ciudades, las costumbres y las comidas de la gente que conoció en su camino, siempre haciendo comparaciones entre los españoles y los portugueses, siendo que los últimos no eran sus preferidos. Describió la capital portuguesa y su corte, de la cual rescató positivamente los encuentros con la reina María Ana que era austríaca como él, muy piadosa y de gran valía para los religiosos, especialmente los misioneros.[9]

El 18 de septiembre la flota del Brasil zarpó de Lisboa. Fue acompañada hasta las islas Canarias por cuatro navíos de guerra que la defendían de los piratas del Norte de África. El 17 de noviembre el buque pasó la línea del Ecuador y el 24 pasó cerca del cabo de Santo Agustín, en Pernambuco.

El 4 de diciembre pasaron frente a Rio de Janeiro y e día siguiente pararon en la zona del trópico de Capricornio. El 16, temprano por la mañana, el buque entró en le Río de la Plata, donde casi encalló en un banco de arena. En los últimos días del año de 1748 la embarcación finalmente llegó a su destino: la Colonia del Sacramento.

El 29 de diciembre vimos las costas del Brasil, no lejos de la Colonia, levantamos el ancla para hacer nuestra última jornada hasta la Colonia en cuyo puerto entramos con felicidad a la tarde. Saludamos a la ciudad con todos nuestros cañones, pero ellos respondieron con cinco. Todos desembarcamos con regocijo, fuimos en parejas a la iglesia grande donde el Te Deum fue cantado con música tras lo cual nos presentamos al Gubernator, le agradecimos el cuidado recibido; después nos trasladamos todos a la residencia donde ya nos esperaban con un magnífico almuerzo portugués por el cual todos los orantes de nuestro buque abandonado fueron introducidos a la Residencia. El 30 de diciembre permanecimos en esta ciudad y fuimos visitados por los portugueses más notables; recibimos de ellos un gran testimonio de aprecio. A la tarde contemplamos todo en la ciudad, fuimos invitados también a uno que otro jardín de recreo.[10]

Por encontrarse en una posesión portuguesa, el autor describe la orilla norte del Plata como “costas de Brasil” y vuelve a describir la orilla dónde se encuentra como brasileña cuando deja Colonia, diciendo […] Ha de saberse que Buenos Aires está situada en la banda paraquariense y la Colonia en la brasiliana está casi in paralelo y que en los días claros se puede ver desde una pequeña colina la margen de la Colonia y hasta la misma ciudad como yo mismo he visto”.[11]

Quizás por no haber pasado por Montevideo o por pensar que corresponde la soberanía de la costa a la nación que la ocupa siempre sitúa Sacramento en la orilla brasileña. Lo que no deja de ser cierto, pues la Colonia del Sacramento formaba parte del virreinato de Brasil y dependía del gobierno de Río de Janeiro.

Los jesuitas portugueses estaban presentes en la Colonia de Sacramento desde su fundación, en 1680. La Carta Anua de 1728 describe las actividades ejercidas por los padres de la Compañía de Jesús en la Residencia de Colonia: “Escuela para enseñar los rudimentos, las letras y las buenas costumbres. Se hace la catequesis de los esclavos y de los indios. Doctrina para los soldados para contenerlos en sus deberes de cristianos”.[12]

La descripción del aspecto general del pueblo, que entonces estaba envuelto en fortificaciones, pues el fuerte se había fundido con la población, es bastante sencilla y corta:

Esta ciudad junto con el puerto se encontró antes bajo la soberanía española, pero fue adjudicada a la corona portuguesa. Es chica y en su mayor parte habitada por comerciantes portugueses. Las casas son bajas y edificadas en buen orden. La plaza es cuadrada y chica. La iglesia parroquial da frente [a ella]; en el centro de la plaza está la guardia principal a cuyo lado se avecina la residencia del Gubernator. Todas las casas son de muralla.[13]

El gobernador de entonces era Antonio Pedro de Vasconcelos, que administraba Colonia desde 1722 y que cumplió su mandato en 1749. Durante el gobierno de Vasconcelos, Sacramento se desarrolló mucho con el comercio, la agricultura y la explotación del ganado cimarrón. Ese período de prosperidad fue interrumpido por la fundación de Montevideo y, principalmente, por el establecimiento del campo de bloqueo español en 1735. En este año de 35 el pueblo estaba formado por 327 casas distribuidas en dieciocho calles, dieciséis callejones y cuatro plazas. Entonces, la población estaba estimada en dos mil seiscientas personas, entre las cuales se incluía a los de la guarnición.[14]

Aunque Paucke llame “ciudad” a Colonia ella jamás tuvo este título mientras estuvo bajo la Corona de Portugal. Algunos intentos de crear un cabildo fueron hechos en 1721 y en 1731, pero nunca contaron con el apoyo de los gobernadores, que detenían los poderes civil y militar y alegaban que no había gente de condición, fuera los militares, para formar un cabildo.[15] El jesuita austríaco se interesó mucho más en describir las fortificaciones que visitó, en las cuales puso mucho interés pues nos da de ellas una descripción detallada:

Hacia el lado de la tierra la ciudad está guarnecida por trincheras de altas murallas y un profundo foso seco abierto [a pólvora] en la roca, ocupados por piezas [de artillería] de hierro. Hacia el lado del puerto hay igualmente un alto bastión sobre el cual [hay] seis cañones de hierro que protegen el puerto. Esta ciudad tiene un pequeño arsenal que guarda el vestuario junto con las armas para un solo regimiento de coraceros. Me pareció más bien un museo de armaduras [Rüsthammer] que un arsenal [Zeughaus], pero en Las Indias, aun entre los portugueses como entre los españoles nacidos allí, era una maquinaria notable y la mostraban como una cosa extraordinaria; lo sería para los ojos de ellos, pero no para los míos, mas era preciso alabar todo para no tener algún choque.[16]

Por su descripción y la comparación que hizo entre los armamentos usados en Europa y América nos parece que tenía buenos conocimientos sobre asuntos militares. No deja de ser interesante que ocultó eso de sus anfitriones para que no se sintiesen heridos en su orgullo con sus observaciones sobre la falta de capacidad de los armamentos que tenían a su disposición. Pero el principal problema de los gobernadores de Colonia no era la falta o las malas condiciones de las armas, pero las frecuentes deserciones que constantemente reducían el número de integrantes de la guarnición. El cotidiano de los soldados estaba marcado por fuertes tensiones que se asociaban a los constantes retrasos en el sueldo y en la precariedad de la distribución de uniformes y alimentos. Esas tensiones cotidianas desencadenaban un proceso de reacción, en la cual la deserción era el medio más utilizado. Los desertores eran perseguidos como si se tratara de esclavos en fuga. Los que eran arrestados tenían que trabajar en las fortificaciones en grilletes por dos años.[17]

Pero lo que más impresionó a Paucke fue el cordón de bloqueo español que impedía el libre transito de los portugueses por la campaña de la Banda Oriental y que les obligaba a guardar su ganado en la plaza durante la noche para evitar que fuera apresado por los guardias españoles.

En horas de la noche se encontraban sobre la plaza cerca de la guardia principal las vacas y otro ganado de asta del gubernator. De ahí puede deducir cualquiera cuán limpia estaría la plaza a la mañana temprano. Nosotros los misioneros a lo menos no debimos quejarnos que pisábamos sobre lo duro aunque por mucho tiempo no habíamos caminado sobre el suelo. Pero esto no puede ser de otro modo: el ganado jamás está dentro de establos sino bajo el cielo libre durante día y noche en invierno y verano. Ahora como sólo la ciudad pertenece por completo a los portugueses y [éstos] no tienen fuera de la ciudad más que cien pasos [otros quieren decir que cuarenta] fuera de los cuales no les corresponde derecho alguno, es necesario que el gubernator en horas de la noche guarde su ganado dentro de la ciudad; de otro modo ya que en el deslinde hay una guardia española, el ganado sería apresado como de contrabando y conquistado como una presa fuera de la ciudad. Mas el gubernator ha recibido permiso de dejar pasar su ganado durante el día fuera del deslinde si bien no muy lejos, pero de arrearlo a la ciudad para el tiempo nocturno[18].

Efectivamente, entonces la situación de Colonia era bastante parecida a la de los presidios portugueses en la costa marroquí, donde, según C. Boxer, “[…] las guarniciones de las plazas solo controlaban el terreno alrededor de las murallas, hasta donde alcanzaba el cañón. En ese terreno, cultivaban los cereales, vegetales, frutas y pastoreaban los caballos y el ganado”.[19] Lo mismo ocurría en Mazagán, la última de las posesiones portuguesa en el norte de África, donde uno de los portones se llamaba “puerta de los bueyes” justamente por ser utilizado para conducir el ganado para el pasto del campo vecino.[20]El sacerdote también comparó la condición de los portugueses en el Río de la Plata a la que enfrentaban los judíos en Europa.

A mí me parece que los portugueses viven tan estrechados y son mantenidos por los españoles tan entre barreras como actualmente los judíos en nuestros países. Yo mismo he visto los centinelas en derredor de la ciudad; me pareció como si la ciudad estuviere bloqueada de continuo. No es posible que desde el lado de la tierra pueda colarse alguna cosa si —bien entendido— los centinelas no son pillos e intermediarios. Yo no sé si tal cosa ocurre, pero es probable sea así.[21]

La sospecha que tenía era cierta, pues el contrabando seguía floreciente a despecho del bloqueo, por tierra y por el río. Además de la plata y de los cueros, principales productos del comercio ilícito en el Plata, los españoles también intercambiaban las mercaderías traídas por los portugueses por productos de la región. Los trueques por alimentos como harina, carne, aves y frutas creo una nueva demanda que colocó en el tráfico a los pequeños productores de la campaña bonaerense, pues la plata se concentraba en la mano de los grandes comerciantes de la ciudad.[22]

Paucke también describió la isla de San Gabriel, situada cerca de Colonia y entonces poblada por los portugueses. La isla había sido ocupada en la última guerra por las tropas del gobernador de Buenos Aires, D. Miguel de Salcedo, que la mandó evacuar cuando llegó una flota portuguesa, en enero de 1736. El gobernador de Colonia, Pedro de Vasconcelos, mandó construir una batería de seis cañones y muros de fajina y tierra para la defensa de la guarnición que mandó instalar en el lugar.[23]

Durante la visita del jesuita la isla de San Gabriel presentaba el siguiente aspecto:

Este peñasco dista de tierra a un buen tiro de fusil; tendrá en su circuito apenas unos doscientos pasos. Sobre este peñón hay una casita que es la casa de guardia ocupada apenas por seis soldados portugueses. En derredor de la casita hay un muro bajo y fuera del muro apenas se puede pisar sin peligro de caer al mar.[24]

Los jesuitas se quedaron pocos días en Colonia. Desembarcaron el 29 de diciembre y el primer día de enero embarcaron por la mañana para Buenos Aires, donde desembarcaron por la tarde.[25]

Durante el reinado de Fernando VI, cuando Paucke visitó Colonia, la paz entre las Coronas ibéricas aligeró el bloqueo a los portugueses de Sacramento pues la reina de España, Bárbara, era hija del rey Juan V de Portugal. Ya en el reinado de Carlos III la situación cambió mucho. Entonces, el campo de bloqueo – bajo el mando de Don Pedro de Cevallos – se hizo cada vez más fuerte hasta la conquista de 1762. Aunque restituida a Portugal en el año siguiente Colonia se quedó aún más controlada por la construcción de una empalizada en su entorno. Francisco Millau, en su Descripción del Río de la Plata, de 1772, describe una fuerte empalizada que, de una playa a otra, confinaba a los portugueses en la península ocupada por la Colonia del Sacramento. En el cordón de bloqueo estaba siempre disponible un destacamento de tropa que hacía parte de la guarnición de Buenos Aires.[26]


  1. Universidade Federal de Pelotas (Brasil).
  2. NEYRA, D. Ordenanzas, actas primeras de la moderna provincia de San Augustín de Buenos Ayres, Thucumán y Paraguay. Buenos Aires, 1927, p. 21.
  3. RABUSKE, A. Pe. F. Paucke, SJ. O grande missionário dos mocovis. São Leopoldo, 2005.
  4. PAUCKE, F. Hacia allá y para acá. Santa Fe, 2010.
  5. ZANETTI, S. “Las memorias de Florián Paucke: una crónica singular de las misiones jesuíticas del Gran Chaco argentino”. América sin nombre, 18, 2013, p. 180.
  6. PAUCKE, F., op. cit. p. 13.
  7. Ibid., p. 31.
  8. CLUNY, I. D. Luís da Cunha e a ideia de diplomacia em Portugal. Lisboa, 1999, p. 219.
  9. PAUCKE, F., op. cit., p. 43.
  10. Ibid., p. 78.
  11. Ibid., p. 90.
  12. LEITE, Serafim. História da Companhia de Jesus no Brasil. Rio de Janeiro,1945, tomo 6, p. 546.
  13. PAUCKE, F. Hacia allá y para acá. Santa Fe, 2010, p. 78.
  14. SYLVA, S. Relação do Sítio da Nova Colônia do Sacramento. Porto Alegre, 1993, p. 71.
  15. POSSAMAI, P. A vida quotidiana na Colónia do Sacramento. Lisboa, 2006, pp. 326-327.
  16. PAUCKE, F., op. cit., p. 79.
  17. POSSAMAI, P. Colonia del Sacramento, la vida cotidiana durante la ocupación portuguesa. Montevideo, 2014, pp. 109-111.
  18. PAUCKE, F., op. cit., p. 80.
  19. BOXER, C. R. A Mulher na Expansão Ultramarina Ibérica. Lisboa, 1977, p. 33.
  20. FARINHA, A. História de Mazagão durante o Período Filipino. Lisboa, 1970, p. 67.
  21. PAUCKE, F. Hacia allá y para acá. Santa Fe, 2010, p. 79.
  22. PAREDES, I. Comercio y contrabando entre Colonia del Sacramento y Buenos Aires en el período 1739-1762. Universidad de Luján, 1996, p. 36.
  23. SYLVA, S. Relação do Sítio da Nova Colônia do Sacramento. Porto Alegre, 199, p. 93.
  24. PAUCKE. F., op. cit. p. 84.
  25. Ibid., p. 90.
  26. MILLAU, F. Descripción de la Provincia del Río de la Plata. Buenos Aires, 1947, p. 112.


Deja un comentario