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El rol de la mujer en los procesos educativos regios de finales del siglo XVIII según Madame de Genlis

María del Pilar Bageneta[1]

Introducción

Desde hace algunos años los estudios sobre la construcción de la feminidad en los ámbitos cortesanos y aristocráticos franceses han recibido un impulso significativo. Si bien estos se han dedicado tradicionalmente a analizar procesos relacionados a las “grandes figuras”, actualmente esta tendencia ha sido revertida, recuperando a mujeres que por diversas razones habían sido relegadas. Sin embargo, a pesar de esta proliferación de estudios, aún resta realizar un análisis exhaustivo sobre la figura de la “gobernadora” que implique repensar, entre otras cuestiones, cómo se configuraba su rol social y educativo, qué capacidad de agencia tuvo y cómo se condujo en función de la misma, qué ideas y discursos reprodujo a la hora de educar a los niños cortesanos/aristocráticos y cuáles construyó en relación a este proceso. Pero también, qué significaba ser “mujer gobernadora”, qué expectativas se imprimieron sobre ellas y cómo se manifestaron éstas en la construcción y reproducción de discursos sociales y educativos.

Ahora bien, ¿por qué estudiar a las gobernadoras de mediados y fines del siglo XVIII? Principalmente debido al rol fundamental que desempeñaban estas mujeres en los procesos educativos de los niños de la nobleza francesa. Este rol, no siempre ponderado y muchas veces relegado a un segundo plano en relación al hombre instructor, contribuye a dar cuenta de las ideas y los discursos que se ponían en práctica en la educación noble, la forma en la cual se conformaron ciertos roles en relación a las redes de relaciones familiares en las altas esferas sociales, así como de las identidades sociales femeninas construidas.

Las gobernadoras eran mujeres elegidas particularmente por sus valores y habilidades, cumplían un rol fundamental en la educación y la crianza de los niños de la nobleza y la familia real. Particularmente en la corte, este cargo se conjugaba con el de las vicegobernadoras y las femmes de chambre, entre otras, y era uno de los más importantes al que una mujer podía aspirar, principalmente porque a través de él obtenía un poder excepcional fundamentado en su constante cercanía con los futuros soberanos. Era nombrada por el rey (o por los padres, fuera de la corte) al que debía prestarle juramento personalmente, y requería una “dedicación considerable y comportamiento moralmente ejemplar”[2], así como una pérdida completa de libertad de acción personal.

Una vez finalizada su labor debía pedir permiso al rey para enseñarle el oficio a otra mujer de su familia, generando una red de relaciones que permitía mantener el cargo por generaciones dentro de un mismo círculo social. Tanto en la corte como fuera de ella, las gobernadoras eran las encargadas de regular y cumplir horarios, clases, apariciones públicas, etc. Esta ordenaba y supervisaba las tareas cotidianas de los niños a su cargo, y también se hacía cargo del presupuesto destinado a la educación de los mismos. También se ocupaba del personal que debía cumplir las tareas específicamente relacionadas con este proceso. Además, ponían en práctica una serie de ideas y preceptos educativos acordes a, por un lado, las necesidades personales de cada familia, pero también (y fundamentalmente durante la segunda mitad del siglo XVIII) según a aquellos discursos que circulaban y que generaron y reforzaron ciertos cambios sociales en relación al rol del infante.

Es así que este trabajo pretende ser una primera aproximación a esta problemática a través del estudio de los escritos de Madame de Genlis, quien se convirtió en la gobernadora de los hijos del Duque de Chartres (y por consecuencia del futuro rey Luis Felipe) a finales del siglo XVIII, y desarrolló una exitosa carrera como escritora. En ese sentido, su trayectoria permite seguir a una mujer que dispuso de una capacidad de agencia singular, al mismo tiempo que sus numerosas obras nos brindan la posibilidad de dar cuenta de ciertas experiencias sociales particulares y discursos compartidos. Sin embargo, aunque su figura y sus escritos han sido abordados desde una miríada de problemáticas[3], los historiadores no se han detenido a analizar sus construcciones femeninas y la forma en la que presentó a sus mujeres, además de los roles que estas asumieron.

De esta manera, en las páginas que siguen se analizarán los tratados de educación, novelas y memorias autobiográficas que escribió. Consideramos que esta línea de trabajo resulta interesante puesto que echa luz sobre la significancia de ser una mujer de la elite en la Francia del siglo XVIII, los valores socialmente atribuidos a ellas, a los roles que asumieron y a la forma en la cual construyeron la idea de feminidad. Pero, además, contribuye a generar un dialogo entre realidad y ficción, entre discursos literarios y procesos educativos, entre expectativas construidas y marcos de acciones individuales y sociales.

Los roles femeninos en la obra de Madame de Genlis: entre realidad y ficción

Stéphanie Félicité du Crest, condesa de Genlis (1746-1830), fue una mujer con una trayectoria verdaderamente singular. Habiendo crecido en el período de las Luces, su educación y su carrera como escritora reflejan claramente este proceso. Cuando niña, se instruyó en la escritura, la lectura, las lenguas extranjeras, las artes teatrales, la música y el dibujo. Autodidacta, se convirtió en educadora en su juventud, y desarrolló su carrera en el seno de la familia de los duques de Chartres. Fue una ávida defensora del rol de la educación y de la religión como pilares fundamentales del desarrollo personal y la función política, pero a la vez supo cuestionar el lugar de las mujeres en la sociedad francesa. Dejó, como legado de su experiencia, un sinfín de obras literarias y sobre educación.

Para comprender las concepciones sobre las mujeres presentes en estas obras, debemos remarcar dos grandes hechos en la vida de Mme. de Genlis. El primero, su llegada a la familia de los Duques de Chartres en 1772, que se produjo gracias a los contactos que propició su tía y que devino en una situación particular. Lejos de seguir la etiqueta general de la educación aristocrática, Genlis se convirtió en la gobernadora de niñas y niños de la familia, a los que educó conjuntamente con sus propios hijos. Como Dominique Julia[4] ha demostrado este suceso fue un verdadero escándalo en la época, ya que las mujeres sólo educaban a los varones hasta que estos cumplían siete años, y quien había sido electo para realizar esta labor, Bernard de Bonnard, fue relegado del cargo en pos de Genlis, quien se convirtió en maîtresse absolue[5]. Este proceso resulta significativo puesto que brindó a la autora un marco de acción propio y singular que se vería retratado en sus obras sobre educación, pero también es interesante si consideramos que la llevó a liderar el proceso de educación de quien, gracias a las particulares circunstancias que se sucederían, se convertiría en soberano en 1830: Luis Felipe.

El segundo hecho es su lucha abierta contra el status quo masculinizante que imperaba en la Academia Francesa en el año 1784, y que Anne Schroder ha analizado elocuentemente en su trabajo[6]. Si bien no profundizaremos aquí en los detalles, si es importante tener en cuenta su lucha por el reconocimiento de sí misma y sus colegas, y la defensa de las mujeres artistas en general para comprender como fue cambiando su discurso en torno a la figura femenina.

Es así que debemos contemplar, por adelantado, que su concepción de la mujer y de sus roles sociales como el de gobernadora no fue lineal ni, por lo tanto, resulta tan sencilla de comprender, sino que se construyó y reconstruyó a lo largo de su vida y de sus obras. Esta, además, implicó rupturas y continuidades, además de algunas controversias.

En 1782 Madame de Genlis publicó Adèle et Théodore ou Lettres sur l’éducation y Essais sur l’Éducation des hommes, et particuliérement des princes, par les femmes. En ellas, la autora no cuestionó profundamente el lugar tradicionalmente adjudicado a la mujer, pero sí reivindicó la figura femenina en función de ciertos dones intrínsecos a su condición que, perfeccionados mediante el estudio, pondrían a la misma en su rol fundamental: dedicarse a lo que ella denomina el “imperio del hogar”[7]. En este marco sí creía en fomentar las virtudes femeninas y atender a sus necesidades, las cuales debían superar imperiosamente sus intereses personales o las expectativas que sus parejas pudiesen tener de ellas. Contrario a las ideas de Rousseau que afirmaban que las mujeres debían cautivar al hombre del cual dependerían (por lo cual cultivar su espíritu natural sería contraproducente), Genlis apeló a eliminar las actividades frívolas que la ciudad proveía, las cuales las hacían descansar en la constante ignorancia. Además, adhirió a la necesidad de suprimir la coquetería como rasgo de la personalidad, promoviendo su acercamiento a las ciencias, las cuales, en cierta medida, las “singularizaban” y las “despegaban” de la simplicidad de sus deberes domésticos.[8] Aquí debemos remarcar que este tipo de instrucción cultivaba en ellas lo que la autora definió como el genio, el cual devenía “un don inútil y peligroso” que sacaría de “su estado” [9] a una mujer cuyo rol sería el de salvaguardar la integridad de su hogar. ¿Es esto una respuesta irónica a autores como Rousseau, quien, acorde a la misma autora, negaba que las mujeres tengan talentos superiores y un genio, acusándolas de “artificiales” y de “coquetas”[10]? Asumiríamos que sí, considerando que esta idea sería desarrollada con más precisión en sus escritos posteriores.

Ante el rol de educadora, Madame de Genlis reivindicó el lugar fundamental que las mujeres tenían en los procesos educativos de los niños, aduciendo que si los hombres hubiesen sido verdaderamente conscientes de la importancia de este proceso no habrían cedido su lugar a las mujeres[11]. Además, estableció una diferencia fundamental entre instrucción y educación; la primera podía ser llevada a cabo y dirigida por el hombre, pero la segunda, acorde a ciertas pautas que desarrollaremos a continuación, estaba hecha necesariamente para las mujeres.

Es por ello que remarcó constantemente la existencia de ciertos valores “naturales”, es decir, intrínsecamente conformados en relación a su sexo: la dulzura, la paciencia, la ternura, la flexibilidad, el talento para agradar y construir vínculos de amor y amistad, y finalmente la capacidad de generar una autoridad indiscutible que pusiera de manifiesto su sensible fortaleza. Estos valores conformarían la base moral de la labor educativa de una mujer institutriz (o una gobernadora, en términos más amplios). Se le asignó, además, un lugar fundamental a la cultura, la cual perfeccionaría la obra que la naturaleza, las necesidades individuales y las instituciones sociales habrían construido.

Esta imagen de la mujer educadora es un pilar fundamental de muchos de sus escritos, representando fuertemente la relación directa entre, lógicamente, educación y sujeto femenino. En gran parte de su obra (fundamentalmente en aquella representativa del final de su carrera, como veremos) cuestionó la instrucción que recibían las féminas puesto que sería gracias a ella que las mismas habrían quedado relegadas al hogar[12]. Este discurso, en concordancia con muchos de los que circulaban en la época[13], complejiza la lectura al momento de pensar la figura de la gobernadora.

Entre el análisis de Adèle et Théodore y el de su obra de 1790, Discours sur l’éducation de M. le Dauphin et sur l’adoption, se aprecia una diferencia fundamental entre la gobernadora de los Hijos de Francia, y aquella, cualquier otra fuera, que tuviera niños pertenecientes a la realeza, pero de rango inferior a éstos. En relación a la primera, su rol era incuestionable puesto que su labor encerraba una responsabilidad singular: los gobernadores, con el riguroso seguimiento de los padres/reyes (pero también a los ojos de la nación), debían educar a los futuros soberanos franceses en el marco no siempre favorable de la corte. Por otro lado, siguiendo su propia experiencia y sus principios sobre educación e infancia[14], era la madre quien debía liderar fundamentalmente la crianza e instrucción de sus propios hijos, niños y niñas por igual, atendiendo particularmente a sus necesidades.

Esta figura de madre-gobernadora, merced de una reformulación crítica de las ideas sobre infancia y crianza que circulaban en la época, también implicaba que la misma debía contar un cierto nivel de educación y perfeccionamiento de aquellas características intrínsecas a las que hicimos referencia. Podemos remarcar aquí una singularización particular de la figura de la mujer, puesto que no todas estaban lo suficientemente educadas como para formular y poner en práctica un plan educativo para infantes.

En relación a esta idea se ve plasmada otra imagen femenina en la obra de Madame de Genlis: aquella de las mujeres que se entregaban a los placeres mundanos y no se ocupaban de sus hijos y alumnos. Existe, a lo largo de su obra, una crítica abierta a las madres y gobernadoras que habrían relegado a sus infantes: en el primer caso contrapuso aquellas “sensibles” con las que no lo eran y que, por consiguiente, no estarían en condiciones de seguir y liderar su plan de educación[15]. En cuanto a las segundas, las criticó y cuestionó no sólo por su ignorancia, sino también por sus malas maneras, su estatus social inferior y sus incompetencias[16].

Ahora bien, hacia el final de su carrera, su discurso parece tomar un tinte más radicalizado y autocrítico en relación al rol de la mujer. A merced de su ya instalada lucha contra el status quo masculinizante de la Academia y su consecuente defensa de las artistas femeninas, Genlis publicó, en 1811, De l’influence des femmes sur la littérature française. Aquí la autora reconoció que el rol de la mujer estaba socio-históricamente construido, en base a “reflexiones profundas, la experiencia de siglos, el acuerdo unánime de todos los pueblos civilizados”, que habían fijado “la destinación verdadera de las mujeres, y por consecuencia su estado en la sociedad”[17].

Además, asumió nuevamente que existía una superioridad de hecho del hombre sobre la mujer, específicamente fundamentada en acciones reales y concretas en relación a la falta de estudios y educación[18] y que estos mandatos también determinarían que aquellos valores y habilidades presuntamente naturales e intrínsecos de la mujer serían los que debían educarse y perfeccionarse. Sin embargo, -e incluso entrando en contradicción con lo que había venido sosteniendo hasta aquí-, la autora reconoció que los juicios o características tradicionalmente atribuidas a las mujeres tales como la delicadeza eran, en realidad, contradictorias o carecientes de sentido, y que habían sido naturalizados gracias a su reproducción tanto en la educación como en la literatura realizada por estas[19].

En este sentido, si bien siguió sosteniendo que el rol fundamental para el que había sido creada y educada la mujer era el gobierno del hogar, reconoció abiertamente que este camino “natural” podía ser modificado si la mujer se entregaba a la escritura. Es así que buscó poner en tela de juicio el cuestionamiento socialmente instalado que dictaba que la mujer, al escribir, restaba tiempo de sus tareas domésticas y maternales. El genio del que hablaba casi treinta años atrás, peligroso e insensato, podía ahora aportar a la mujer una cierta alternativa a la monotonía de la vida familiar y no por ello debía ser cuestionada. Es interesante remarcar como, en el final de su carrera, la autora se despegó de este discurso moralizador sobre las mujeres que ella misma había contribuido a construir “con ese sentimiento de justicia que lleva la imparcialidad hasta la exageración”, asumiendo que ahora podía “hablar más libremente” porque se sentía “desinteresada en una causa que ya no miro como mía”[20].

Algunas consideraciones finales

Como analizamos, las concepciones sobre la significancia del ser mujer educadora de la elite francesa en los escritos de Madame de Genlis fue mutando acorde al paso del tiempo, la construcción de nuevos discursos y la vivencia de sus propias experiencias como gobernadora de una familia de la nobleza. Estas concepciones, con sus continuidades y modificaciones, construyeron un discurso particular que, si bien no logró separar completamente a la mujer de aquellas expectativas construidas sobre ella, sí denunció abiertamente las injusticias sociales a las que estaba siendo sometida y buscó aportar herramientas para lograr el despegue de las féminas de sus cotidianeidades hogareñas. En este sentido, podemos considerar que, a pesar de sus muchos matices, este discurso fue verdaderamente revolucionario en su época, y le valieron a su autora reconocimientos y críticas por igual.

En general, el análisis de las obras de educadoras y escritoras como Madame de Genlis contribuye a echar luz sobre una temática imperante y necesaria, en relación a los roles sociales atribuidos y construidos por las mujeres en las sociedades europeas del siglo XVIII. En este caso -y mediando entre literatura y realidad-, esta línea aporta además a desentrañar las experiencias vividas por algunas mujeres que supieron correrse de los marcos de acción socialmente esperados de ellas, generando así espacios de agencia propios y particulares.

Lógicamente, no debemos apresurarnos a afirmar que en los escritos de Madame de Genlis se ve representado fielmente cómo fueron mutando (para ella, y en general) las concepciones de lo que significaba “ser mujer”, porque entendemos que resulta más complejo arribar a conclusiones certeras. Para ello se requiere interpretar en profundidad las relaciones existentes entre ficción y realidad, pero a la vez también ponerla en diálogo con otras escritoras y educadoras analizando sus discursos, y fundamentalmente seguir pensando situaciones individuales y colectivas en relación a las mujeres.

Por otra parte, consideramos que el estudio de las gobernadoras permite situar en una perspectiva de larga duración a los procesos que luego de la Revolución Francesa fueron puestos en práctica por la burguesía en la construcción de un orden republicano que educara a los ahora ciudadanos. En esa línea, este trabajo intenta ser un primer gran acercamiento a la temática que sin dudas busca abrir el juego y plantear nuevos interrogantes para pensar a futuro.


  1. Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires.
  2. KAISER T.E., “Scandal in the Royal Nursery: Marie-Antoinette and the Gouvernantes des Enfants de France”, Historical Reflections / Réflexions Historiques, 32, No. 2, 2006. p. 408.
  3. Existen numerosas obras y trabajos que han abordado a Madame de Genlis. Además de los analizados en este trabajo, citaremos a ARDEN ROBB, B., Félicité de Genlis. Motherhood in the Margins, Newark, 2008; BESSIRE, F., y REID, M., (comp.) Madame de Genlis. Littérature et éducation. Universités de Rouen et du Havre, 2008; BROARD-ARENDS, I., “Trajectoires de femmes, éthique et projet auctorial, Mme de Lambert, Mme d’Épinay, Mme de Genlis”, Dix-huitième Siècle n°36, Femmes des Lumières, 2004, pp. 189-96; BROCHENEK-FRANCZAKOWA, R., “L’éducation du “prince pour faire régner” selon Madame de Genlis: réalité et fiction”, En : MORTIER, R. HASQUIN, H., Portraits de femmes in Etudes sur le XVIIIe siècle, vol. XXVIII, Université de Bruxelles, 2000, pp. 99-108; CLARK SHANEMAN, J., “Rewriting “Adèle et Théodore”: Intertextual Connections between Madame de Genlis and Ann Radcliffe”, Comparative Literature Studies 38, n°1, 2001, pp. 31-45; PASTEUR, P., et al., Genre & Éducation. Former, se former, être formée au féminin, Mont-Saint-Aignan, 2009; ARAGON, S., “Un Discours féministe? Les Représentations de lectrices dans les romans pédagogiques de Louise d’Epinay, Caroline de Genlis et Isabelle de Charrière”, Women in French Studies 10, 2002, pp. 144-52; PLAGNOL-DIÉVAL M.E., “Aimer ou Haïr Madame de Genlis?”, En: MORTIER, R. HASQUIN, H., Portraits de femmes in Etudes sur le XVIIIe siècle, vol. XXVIII, Université de Bruxelles, 2000, pp. 90-98; WHABA, M. «Madame de Genlis in England», Comparative Literature 13, n°3, 1961, pp. 221-38; WALKER, L.H., “Producing Feminine Virtue: Strategies of Terror in Writings by Madame de Genlis”, Tulsa Studies in Women’s Literature 23, n°2, 2004, pp. 213-36; entre otros.
  4. JULIA, D, “Bernard de Bonnard, gouverneur des princes d’Orlèans et son journal d’éducation (1778-1782)”, Mélanges de l’Ecole française de Rome. Italie et Méditerranée T. 109, N°1. 1997. pp. 383-464.
  5. Carta de Madame de Genlis al Cardenal de Bernis, 4 de enero de 1782. En: BRITISCH, A, La maison d’Orlèans à la fin de l’Ancien Régime. La jeunesse de Philippe-Égalité (1747-1785). Payot, Paris, 1926, pp. 364-365.
  6. SCHRODER, A.L, “Going public against the Academy in 1784: Mme. De Genlis speaks out on gender bias”, Eighteen-Century Studies, Vol. 32, No. 3, Constructions of Femininity, 1999, pp. 376-382.
  7. GENLIS, S. F., Essais sur l’Éducation des hommes, et particuliérement des princes, par les femmes, Amsterdam, 1782. p. 8.
  8. GENLIS, S. F., Adèle et Théodore ou Lettres sur l’éducation, Libro I, Carta IX, 1782. pp. 43-44.
  9. Ibid.
  10. Ibid., pp. 190-191.
  11. GENLIS, S. F., op. cit., p. 6.
  12. GENLIS, S. F., Adèle et Théodore. Entre otros muchos ejemplos en sus obras, uno de sus personajes, la Vicomtesse de Limours, reconoce que sus defectos están dados por la educación negligente que ha recibido: “…je vous assure que mes défauts viennent moins de mon caractère, que de l’éducation négligée que j’ai recue.” p. 23.
  13. Este discurso responde a las reflexiones educativas desarrolladas durante del periodo de las Luces, en el cual las niñas devinieron el objeto y las destinatarias del discurso educativo preponderante. Muchas de las escritoras de este momento, dentro y fuera de Francia, concordaron al remarcar que niñas y jóvenes eran educadas vanidosamente con el solo objeto de agradar, en detrimento de una instrucción sólida. BÉRENGUIER, N. (…), “Mères, gouvernantes et libres de conduite: guerre ou alliance?”, BROUARD-ARENDS, I., PLAGNOL-DIEVAL, M.E., Femmes éducatrices au Siècle des Lumières, Rennes, 2007.
  14. Mme. de Genlis era una ávida lectora de muchos de los autores populares del momento, fundamentalmente de Locke y de Rousseau, a quienes siguió de manera crítica en sus planes de educación.
  15. Como lo remarca Brouard-Arends, en las obras de Genlis existen “las otras”, personajes como Mme. De Gerville o Mme d’Olcy, quienes, acorde al modelo de Rousseau, son presentadas como “mujeres desnaturalizadas, pervertidas por la sociedad mundana” por no inmiscuirse en el proceso de crianza de sus hijos. BROUARD-ARENDS, I. (2009), “Adèle et Théodore ou Lettres sur l’education de Mme. De Genlis, une proposition au féminin pour le modèle éducatif des Lumières?”, pp. 299-306, PASTEUR, P. et al. Genre & Éducation. Former, se former, être formée au féminin, Mont-Saint-Aignan, 2009.
  16. BÉRENGUIER, N., “Mères, gouvernantes et libres de conduite: guerre ou alliance?”, BROUARD-ARENDS, I., PLAGNOL-DIEVAL, M.E., Femmes éducatrices au Siècle des Lumières, Rennes, 2007, p 24.
  17. GENLIS, S. F., De l’influence des femmes sur la littérature française, comme protectrices des lettres et comme auteurs, Paris, 1811, p. XIX.
  18. Ibid., p. III.
  19. Ibid, p. XI.
  20. Ibid., p. XXI.


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