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La colonización española de Florida: de iniciativa real a gestión privada

Malena López Palmero[1]

La colonización de Florida a manos españolas, luego de medio siglo de frustrados intentos, tuvo lugar en 1565 como ofensiva contra los hugonotes franceses que habían instalado un precario asentamiento colonial al norte de la península un año antes. La corona española encomendó al general Pedro Menéndez de Avilés (1519-1574) la fundación de una colonia permanente en lo que sería el fuerte San Agustín, para lo cual daba licencia para atacar el Fuerte Carolina y erradicar “la mala seta” protestante en aquellos territorios considerados bajo su jurisdicción.

El artículo analiza la documentación manuscrita, conservada en el Archivo General de Indias, con el propósito de contrastar los imperativos oficiales inscriptos en los asientos y cédulas[2] con los mecanismos de negociación con agentes particulares, que se evidencian en los contratos[3]. De este modo, se propone contribuir a la discusión sobre la pretendida autoridad real en los asuntos de ultramar, demostrando la importancia de los canales de negociación con agentes particulares, los cuales, consolidados en una amplia red de intereses comerciales y personales, interferían con los planes de la corona y la ponían en una situación, por momentos, subordinada.

Este estudio de las estrategias coloniales de la monarquía hispánica en Florida se inserta en la crítica al paradigma estatalista, al presentar una serie de elementos que permiten complejizar las interpretaciones reduccionistas que toman como supuesto que la dinámica de expansión colonial estuvo dirigida y coordinada desde un centro burocrático complejo y supeditado a la autoridad del monarca[4]. La base de apoyo de este enfoque está dada por la documentación jurídica que, para el caso de las iniciativas de conquista de Florida, se encuentra en las cédulas reales de colonización. No obstante, existen algunos instrumentos jurídicos como los asientos, que develan la intervención de ciertas corporaciones en la planificación de la aventura atlántica. Incluso documentos oficiales como lo son las órdenes del monarca a los oficiales de la Casa de Contratación[5] señalan la incapacidad de hacer cumplir las órdenes. Así lo demuestran los reiterados reclamos de Felipe II por el pronto despacho de una flota a la Florida, demorada casi dos meses por falta de financiamiento y de hombres, lo cual dependía de agentes privados.

El análisis del corpus de manuscritos dedicado a la empresa española en Florida aquí brevemente desplegado pone de manifiesto la intensidad de redes informales en la conformación de la estrategia colonial en esa península del norte de América. Ello permite considerar al fenómeno de expansión colonial en Florida como una manifestación de la descentralización generalizada de las formas de ejercicio de la autoridad real o, como sostuvo António Hespanha para el caso de Portugal en el siglo XVII, de la pertinaz influencia de las corporaciones en la “distribución informal del poder”[6].

El caso del ascenso social de Pedro Menéndez de Avilés (1519-1574), navegante asturiano devenido en general de la Armada de la Carrera de Indias, luego adelantado de Florida y más tarde gobernador de Cuba, ejemplifica una dinámica ya señalada por Bartolomé Yun Casalilla, en la que “la movilidad geográfica de las élites del imperio está en la base de procesos de ascensión social”[7]. Menéndez de Avilés se ennobleció con la obtención de la Orden de Santiago en 1549, en reconocimiento por sus servicios militares, personificando así “el modelo de hombre de Armas”[8]. Menéndez de Avilés se destacó desde muy joven en la persecución de corsarios franceses en el mar Cantábrico, lo cual lo elevó a escolta de la flota de Felipe II en su viaje a Inglaterra para consumar el matrimonio con María Estuardo en 1554.

Cuando el problema por la ocupación de Florida se convierte en una prioridad para Felipe II, habida cuenta de la instalación de los hugonotes franceses en el Fuerte Carolina (1564), Menéndez de Avilés va a concentrar más atribuciones en su persona. De su grado de general pasa a ser adelantado de la Florida. El rey le ordena asegurar allí una plaza española que sirviera, además, para resguardar el envío de metálico americano a España, cuya ruta atravesaba el Canal de Bahamas. En una carta del 1° de mayo de 1565 dirigida a su embajador en Francia Felipe II expresa su urgencia por fortificar Florida, encomendando la empresa a Pedro Menéndez de Avilés como adelantado de la Florida:

 

Ya devéis saber cómo algunos franceses con navíos, gente y municiones han ydo a la Florida y diz que an hecho uno o dos fuertes, queriendo poblar y asentar allí, teniendo fin a estenderse y llegar a la canal de Bahama, que es el paso de la navegaçión de la Nueva Spaña, y Nombre de Dios, y por donde vienen todas las flotas. Y entendiendo de la sustançia que es, havemos proveído a Pero Menéndez para que vaya a aquella tierra, y la pueble y procure de asegurarla y de hechar allí aquella gente, el qual partirá en todo este mes de mayo [9].

La iniciativa real

La determinación de la corona de Castilla en “descubrir y fundar” Florida se había tomado en 1563, una vez que llegó la noticia de que los franceses se habían instalado en ese territorio que consideraban jurisdicción del Virreinato de Nueva España. En marzo de 1565, después de algunos desencuentros entre españoles y franceses[10], Felipe II concedió a Pedro Menéndez de Avilés el asiento para la fundación de Florida, junto con el nombramiento de adelantado. El documento detallaba las condiciones que debía cumplir la flota, la cual debía partir en mayo de ese año:

[…] para partir con el primer tiempo, seis chalupas, de cada cincuenta toneles, poco más o menos, y quatro zabras ligeras, con sus remos, armas y muniçiones, cargadas de bastimentos, puestas a punto de guerra y que llebaréis quinientos hombres: los çiento labradores y los çiento marineros, y los demás gente y offiçiales de mar y guerra y otros offiçiales de canteros, carpinteros, serradores, herreros, barveros, çurujanos (sic), todos con sus armas, arcabuzes y vallestas y municiones y rodelas, y las demás armas ofensivas y defensivas que os pareçiere que fuere convenientes para dicha jornada, y dos clérigos de missa [11].

El asiento revela ciertas prerrogativas inusuales en favor del adelantado Menéndez de Avilés. Como bien señaló Eugene Lyon, a Menéndez de Avilés le fue concedido un repartimiento de indígenas por dos generaciones (y por tres generaciones a sus hombres), lo cual no se había autorizado a Lucas Vázquez de Ayllón en su asiento, nunca ejecutado, de fundación de Florida de 1563. También se admitía el envío de quinientos esclavos[12], lo cual era atípico para este tipo de contratos, además de otros privilegios concedidos[13]. Esto sugiere una relación de fuerza favorable a Pedro Menéndez de Avilés, sobre quien recayó la responsabilidad de “recuperar” Florida y quien habría capitalizado la ansiedad del rey para negociar en mejores términos. Otro ejemplo de ello es la asignación del título nobiliario de marqués, que como consta en el asiento, habría sido una pretensión del propio Menéndez de Avilés:

[…] y por cuanto nos aveis suplicado os hagamos merced de dar titulo de marques destas veynte y çinco leguas en quadra que os mandamos dar, dezimos que acabada la jornada y cumpliendo vos en todo lo contenido en este asiento, vos haremos la merced que oviere lugar conforme a vuestros servicios”[14].

En diciembre de 1564 llegó a oídos del rey que un grupo de hugonotes había dejado Florida para atacar a posesiones españolas en La Española y en Cuba, por lo que se ordenó que los gobernadores de Puerto Rico y Cuba apoyaran militarmente a Menéndez de Avilés, además del capitán de Nueva España, Pedro de las Roelas. La urgencia también llevó a Felipe II a tomar créditos de entidades privadas para pagar el sueldo del adelantado. Como la Casa de Contratación de Sevilla no disponía de recursos genuinos, el rey dispuso que tomara préstamos particulares para solventar los costos de la empresa floridana. Los problemas que afectaron la preparación de la flota de Pedro Menéndez de Avilés, según se advierte en los manuscritos inéditos de la Casa de Contratación, son un indicio más de las limitaciones de la burocracia imperial. La Casa de Contratación no logró recaudar los fondos para el pago de los “quinze mill ducados para que os podais aprestar”[15], es decir, para que Menéndez de Avilés provea a su flota de los bastimentos necesarios para partir hacia Florida.

La situación se agravó cuando Felipe II, a través de su maquinaria de inteligencia apostada en los puertos franceses, tomó conocimiento de que otra flota hugonota, la comandada por Jean Ribault, se preparaba para reforzar el Fuerte Carolina. El rey escribió a los funcionarios de la Casa de Contratación: “[…]conviene que Pero Menendez parta a lo de la Florida y ahora ymporta mas la brevedad por algunos nuevos avisos que se tienen”[16]. Desde entonces, la maquinaria institucional, a través del Consejo de Indias y de la Casa de Contratación, puso a Florida en el centro de sus preocupaciones. La pronta partida de la flota de Pedro Menéndez de Avilés, que se prepara en Cádiz y en Vizcaya, constituye el bajo continuo de las misivas del rey a sus funcionarios. En carta del 5 de abril de 1565, Felipe II insistió a los funcionarios de la Casa de Contratación de Sevilla para que erogasen los 15.000 ducados que el asiento prescribía para abastecer la flota de Menéndez de Avilés[17]. Las dificultades para reunir los fondos previstos por el asiento han sido remarcadas por Eugene Lyon[18], quien afirmó que esta fue la razón por la cual se demoró tanto la partida de la flota, siendo prevista para el primero de mayo y finalmente despachada el 27 de junio.

La premura por llegar a la Florida antes de que lo hicieran los franceses, de quienes se sabía que se aprestaban en Normandía, hizo que cayera en manos de Menéndez de Avilés la tarea de reclutar soldados. De esta manera, y para evitar dilatar más el despacho de la flota, el rey acordó “que el dicho Pero Menendez levante y lleve consigo por el presente dozientos soldados armados[19]. Ello presenta al adelantado “menos como un agente de una autoridad estatal que como un empresario de guerra”, condición que Jean-Frédéric Schaub atribuye a los conquistadores del siglo XVI[20]. Si bien esta fuerza de doscientos soldados respondería directamente a Menéndez de Avilés, el rey dispuso que la Casa de Contratación proveyese armamento, municiones y herramientas[21]. A fines de mayo, el rey vuelve a reclamar a sus oficiales que erogasen el pago de 15.000 ducados para pagar el sueldo del San Pelayo, que según consta de mano del propio rey, es una nave superior a la que la armada real había asignado previamente[22].

Las reclamaciones del rey a la Casa de Contratación no se agotan en el pago de sueldos y abastecimiento de la flota. Felipe II agrega que su general asturiano “tambien nos ha hecho relaçion que, aunque os ha pedido estandarte de seda como siembre se le ha dado y se ha dado a los otros generales, no se lo aveis dado, siendo cosa que ymporta a la flota y armada[23]. La falta de colaboración de la Casa de Contratación con la empresa de Menéndez de Avilés se explica por la oposición de sus funcionarios, ligados a la elite comercial de la Carrera de Indias. Estos veían a los privilegios de Menéndez de Avilés pero también a sus prácticas clandestinas, especialmente la de utilizar los barcos de la armada de ultramar para actividades de contrabando, como una competencia desfavorable a sus propios intereses.

La gestión privada

La empresa de colonización de Florida, a pesar de la trascendencia religiosa que implicaba “eliminar la mala seta” protestante de sus dominios americanos y de la importancia política de extender los dominios coloniales de la corona de Castilla, también involucraba objetivos más pedestres, no ya asociados a la gloria del imperio o a la defensa del catolicismo, sino a los intereses privados de Pedro Menéndez de Avilés y su círculo más cercano. La autorización para comerciar estaba contenida, como otras concesiones ya mencionadas, dentro de las prerrogativas del asiento de marzo de 1565. Este contrato eximía a los pobladores de Florida del pago de almorifazgo y averías por el comercio de bienes (no así de metal precioso) que se autorizaba a realizar[24]. El adelantado preparó a la nave capitana, su galeaza San Pelayo, para comerciar en las Indias Occidentales, “una oportunidad que no se resignó a perder”[25] y que provocó la reacción de los mercaderes monopolistas de Sevilla, abroquelados en la Casa de Contratación.

Las prerrogativas comerciales de Menéndez de Avilés, tan inusuales en una empresa militar y de conquista como la que le fue asignada, eran también un estímulo importante a la hora de reclutar hombres y preparar los barcos, ya que la corona se encontraba en bancarrota. Las fuentes de financiamiento genuinas era la recaudación fiscal de la Casa de Contratación o las remesas de plata, pero estas no llegaron a tiempo para abastecer la flota del asturiano. Por lo tanto, se conformó un sistema mixto en el que participaron comerciantes acaudalados, como es el caso de Pedro del Castillo, también regidor de Cádiz, quien actuó como banquero y factor de la empresa de la Florida. Pedro del Castillo fue el acreedor principal de Pedro Menéndez de Avilés a título privado, pero también subrogando parte del monto que debía erogar la Casa de Contratación para proveer a la flota. En carta de finales de octubre de 1565, el rey intercedió para agilizar el pago a:

Pedro del Castillo, vezino de la çiudad de Cadiz, que quedo por agente de Pero Menendez de Aviles, [quien] nos ha scripto una carta en que pide se le pague el sueldo de çierto galeón y otras cosas, como mas particularmente lo entendereis por el treslado della que con esta os mando embiar. El acudira a vosotros y sobre lo que pidiere le hareis justiçia conforme a los recaudos que dello tubiere, de manera que no reçiba agravio[26].

Además de Pedro del Castillo fueron acreedores de la Casa de Contratación el propio adelantado y su hermano, como consta en “las quentas del dicho Pero Menendez de lo que en essa cassa dize que se le debe a el y a Bartolome Menendez, su hermano[27]. Los inversores privados contaban con los futuros beneficios comerciales como prenda o “fianza” para recuperar el monto destinado. La oposición de la Casa de Contratación a esta actividad lucrativa se manifestó en requisas de los barcos, embargos, presiones impositivas o incluso en sanciones judiciales, como la que ocurrió a raíz de un numeroso grupo de viajeros no declarados y por ello no autorizados por la Casa de Contratación. Este tipo de sanciones perjudicaba el armado de la flota de Menéndez de Avilés, como queda demostrado en otra misiva de Felipe II a la Casa de Contratación:

Como los que avian de ser sus fiadores an visto que vosotros ympidiades (sic) el llevar de las mercaderias a Cadiz para cargar en su galeon San Pelayo, no se atrevieron a hazer la fianza, y que asi hasta agora no se los aveis dado, y que todos los bastimentos se le an comprado a credito y le an costado mas por esta razón [28].

En otras palabras, si la Casa de Contratación, como el ente corporativo de los comerciantes de la Carrera de Indias que era, estorbaba los objetivos comerciales de Menéndez de Avilés, ello automáticamente la enfrentaba a la corona, que presionaba por “relajar” la normativa en pos de aligerar el abastecimiento y partida de su flota.

Conclusión

Este trabajo, que cubre una pequeña fracción de la documentación disponible, permite de todos modos ilustrar los conflictos de intereses que atravesaron la organización de la empresa de colonización de Florida. Pedro Menéndez de Avilés y su red de banqueros, comerciantes, militares, armadores vizcaínos, capitalizó la urgencia de la corona de Castilla por desalojar a los hugonotes franceses de Florida e instalar un asentamiento permanente. Esa coyuntura, que va siguiendo el ritmo de las informaciones provenientes de ultramar, pero también las que llegaban de los espías en los puertos franceses, no tenía posibilidad de resolverse con recursos (humanos, financieros y materiales) genuinos de la corona.

Tal como se deduce del epistolario de la Casa de Contratación aquí analizado, Felipe II actuó como ventrílocuo de las demandas de Menéndez de Avilés, para reclamar el pago de su sueldo (el propio y el de sus factores) y la protección de sus privilegios, especialmente los comerciales. Estos privilegios, que constaban en el asiento de población y conquista de Florida que lo declaró su adelantado, fueron también arrancados por Pedro Menéndez de Avilés en una negociación de la cual se cree que tuvo, sin mediación, con el rey[29].

Los funcionarios de la Casa de Contratación se encontraban en la compleja situación de tener que proveer los medios para armar a la flota de Menéndez de Avilés, por pedido expreso e insistente del rey, contrariando así a los intereses de la corporación de mercaderes de la Carrera de Indias en su firme oposición a las actividades comerciales que preparaba el capitán asturiano. Una de las soluciones a la que la Casa podía recurrir para cumplir con las exigencias de Felipe II era la de tomar crédito de los propios socios de Menéndez de Avilés, como Castillo y Bartolomé Menéndez.

De este modo, queda en evidencia una trama de poderes concurrentes, a la que asisten los agentes privados, las instituciones regias y el propio rey, que parece no tener otra herramienta para llevar adelante su plan de conquista de Florida que la de insistir sobre los funcionarios de la Casa de Contratación. Precisamente son estos los que despliegan una maquinaria normativa (requisas, embargos, imposiciones fiscales), no tanto como ejecutores fieles del poder regio, sino como socios o protectores de la elite comercial de Sevilla, mientras que el monarca interviene para relajar los controles que pudieran afectar el pronto despacho de la flota. La conquista y colonización de Florida, por lo tanto, impuso una agenda inviable para los resortes burocráticos de la monarquía y los intereses asociados a ella, habilitando y favoreciendo así el funcionamiento de las redes informales de agentes particulares.


  1. Universidad de Buenos Aires, Universidad de San Martín.
  2. Archivo General de Indias (en adelante, AGI), Patronato.
  3. Archivo General de Indias, Casa de Contratación.
  4. Esta aproximación coincide con aquella que sostiene la vigencia del concepto de estado en su tránsito de progresiva consolidación de los aspectos modernos (desarrollo de la justicia monárquica, debilitamiento de las estructuras representativas de los cuerpos políticos, el derecho real de gracia, la afirmación legal de la soberanía y el retorno a la paz civil y la organización territorial). Esta tesis también encuentra asidero en quienes han visto una progresiva eliminación de poderes corporativos rivales a la monarquía. SCHAUB, J-F. “La penisola ibérica nei secoli XVI e XVII: La questione dello Stato”, Studi Storici, año 36, 1, enero-marzo de 1995 (9-49), pp. 14-15.
  5. Estos documentos son de carácter oficial pero no normativo y atañen a toda comunicación epistolar entre el monarca y los funcionarios reales. Un ejemplo de las capas jurisdiccionales superpuestas se encuentra en una carta del embajador español en Francia, don Francés de Alava a Felipe II (Bayona, 18/06/1565), donde desarrolla el “parescer de los del Consejo de Indias sobre lo de la Florida y derecho que su magestad tiene en aquella provincia”. Archivo General de Simancas, Estado, leg. K 1504, n° 19, p. 2v.
  6. Según la denominación de Hespanha, estas son “formas alternativas y autónomas de organización político-administrativa y judicial”. HESPANHA, A. M. Vísperas del Leviatán. Instituciones y poder político (Portugal, siglo XVII). Madrid, Taurus, 1989, pp. 31, 39.
  7. YUN CASALILLA, B. “Introducción Entre el imperio colonial y la monarquía compuesta. Elites y territorios en la Monarquía Hispánica (ss. XVI y XVII). En B. YUN-CASALILLA (ed.). Las Redes del Imperio: Elites sociales en la articulación de la monarquía hispánica, 1492-1711. Madrid, 2009 (11-35), p. 19.
  8. Así es descripto Menéndez de Avilés en un sitio web asturiano, a quinientos años de su natalicio: “Adelantado de La Florida, región que exploró, conquistó y colonizó, personifica el modelo de hombre de Armas. Diez veces Capitán General del Mar Océano, lo cruzó en más de veinte ocasiones, siempre en fiel servicio del rey Felipe II. Caballero del hábito de Santiago, fue comendador de Santa Cruz de la Zarza, gobernador de Cuba y quinto Adelantado de La Florida, territorio que dominó y en el que creó asentamientos y misiones, empeño en el que antes habían fracasado ocho conquistadores”. En https://bit.ly/2U4JRQ4. Consultado el 27 de octubre de 2019.
  9. “Felipe II a Don Francés de Alava, Simancas, 1 de mayo de 1565”. En RODRÍGUEZ, P. (ed.). Don Francés de Álava y Beamonte: correspondencia inédita de Felipe II con su embajador en París (1564-1570). Donostia-San Sebastián, Grupo Dr. Camino de Historia Donostiarra, 1991, p. 153. Este documento se halla en la colección Archivo de San Millán, localizado en el Archivo Histórico del Ayuntamiento de San Sebastián. Otra carta de Felipe II al mismo destinatario, del 2 de julio de 1565, expresa satisfacción por la diligencia con que se llevó a cabo la inteligencia en los puertos normandos y ordena elevar reclamaciones a la reina Catalina de Médicis por la instalación de los hugonotes franceses en Florida.
  10. El primer fuerte francés fue fundado por Jean Ribault en Port Royal (Charles Fort, en la actual Parris Island, Carolina del Norte) a mediados de 1562. Ribault dejó al resguardo un grupo de soldados mientras volvía a Francia en busca de refuerzos. Los soldados abandonaron el fuerte en una precaria pinaza rumbo a Francia y fueron rescatados en estado crítico por un barco inglés en el Mar del Norte, mientras el lugarteniente de Ribault, René Goulaine de Laudonnière, relanzaba la fundación de la colonia. Muy poco antes de su arribo (mayo de 1564), el gobernador de Cuba, Manrique de Rojas, cumplió la orden de destrozar Charles Fort. En junio, Laudonnière instaló el Fuerte Carolina sobre el río Mayo (Saint John) y la noticia llegó a Felipe II muy pronto (a instancias de un piloto portugués de apellido Mimoso, quien informó a la Audiencia de Santo Domingo en agosto de ese año). En abril de 1563, Felipe II había dictado un asiento para poblar Florida a Lucas Vázquez de Ayllón, pero este terminó por dirigirse a Perú. Entretanto, Pedro Menéndez de Avilés, por entonces capitán de Tierra Firme y Nueva España, se encontraba en las Indias Occidentales. Al retornar a Sevilla, en agosto de 1563, fue enviado a prisión por contrabando en las atarazanas de la Casa de Contratación. Recién en febrero de 1565 concluyó el juicio a su favor y en marzo recibió el asiento para el “descubrimiento y población de las provincias de la Florida”. Asiento a Pedro Menéndez de Avilés, 15/03/1565. AGI, Patronato 19, R15, p. 1r.
  11. Ibid., p. 1v.
  12. “Otrosi os obligais de meter dentro de dichos tres años en dicha tierra quinientos esclavos para vuestro serviçio y de la gente que aveis de llevar, y para que con mas façilidad se edifiquen los pueblos y se cultive la tierra, y para plantar cañas de açucar para los yngenios que se hiçieren, y para hazer los dichos yngenios”. Ibid., p. 3v.
  13. Menéndez de Avilés también obtendría veinticinco leguas cuadradas de tierra, dos pesquerías y dos tercios de los beneficios de la corona a perpetuidad, como así también una licencia comercial por seis años, con exenciones impositivas notables. El cargo de adelantado y de capitán general serían heredables, con un sueldo anual de 2000 ducados. LYON, E. The Enterprise of Florida. Pedro Menéndez de Avilés and the Spanish Conquest of 1565-1568. Gainesville, 1976, pp. 51-55.
  14. AGI, Patronato, op. cit., p. 5r. Seguidamente, el asiento muestra otra pretensión de Menéndez de Avilés, esta vez sobre el usufructo de las riquezas minerales: “Otrosi vos hago merced de quinze partes, la una de todas las rentas, minas, oro y plata, piedras y perlas, y fructos que nos aveis suplicado de las tierras y provincias de la Florida, perpetuamente para vos y para vuestros herederos y sucesores, quitas las costas. Ídem.
  15. Ibid., p. 4v.
  16. AGI, Contratación 5012, Leg. 1565, 1r, 5 de mayo de 1565.
  17. “Ya saveis que se os ha embiado a mandar sobre los quinze mill ducados que estan dar a Pero Menendez de Aviles y en lo que toca al sueldo de sus galeones, y porque ynporta mucho anzu servicio lo uno y lo otro, vos encargo y mando que asi se haga y cumplais, porque es necessario que el dicho Pero Menendez se pueda ayudar y aprestar deste dinero para la jornada que le hemos mandado haga y como ansi se hiziere”. Carta del rey a Casa de Contratación, 5 de mayo de 1565, AGI Contratación 5012, Leg. 1565, s/p.
  18. LYON, E. op. cit., p. 64.
  19. Carta del Felipe II a la Casa de Contratación, op. cit., s/p.
  20. SCHAUB, J-F. “Violence in the Atlantic. Sixteenth and Seventeenth Centuries. En: N. CANNY y P. MORGAN (eds.), The Oxford Handbook of the Atlantic World, 1450-1850, Oxford, 2013 (112-129), p. 118.
  21. “[…] asy os mandamos que le proveais del hartilleria que oviere en las ataraçanas que vosotros teneis a cargo de la que os pareçiere, y alguna polvora y pelotas, y de algunos picos y açadas, yde las otras cosas que su magestad manda…”. Carta de Felipe II a la Casa de Contratación, 7 de mayo de 1565. AGI Contratación 5012, Leg. 1565, p. 1v.
  22. “[…] la nao que se os embió a mandar que tomasedes para que llevase de armada Pero Menendez de Aviles, con los doçientos soldados que su magestad mando que hiciese para yr a la Florida, no se hallava aparejada ni del porte que convenia para el dicho effeto…”. Carta de Felipe II a la Casa de Contratación, 22 de mayo de 1565. AGI Contratación 5012, Leg. 1565, p. 1r.
  23. Ibid, pp. 2r-2v.
  24. “[…] damos liçençia y facultad para que desde el dia en que partieres destos reinos para ir a la dicha tierra de la Florida, en el año primero siguiente, podais traer en la navegaçion de las nuestras Yndias por termino de seis años, dos galeones de porte de quinientos o seisçientos toneles y dos patajes de çiento y çinquienta a dosçientos toneles armados y artillados, merchantes o de armada, en flota o fuera della, como a vos mejor os estuviere y pareçiere…”. AGI Patronato 19, op. cit. pp. 5v-6r.
  25. LYON, E. op. cit., p. 64.
  26. Felipe II a la Casa de Contratación, 31 de octubre de 1565. AGI Contratación 5012, Leg. 1565, p. 1r.
  27. Felipe II a la Casa de Contratación, 26 de mayo de 1565. AGI Contratación 5012, Leg. 1565, p. 1v.
  28. Felipe II a la Casa de Contratación 22 de mayo de 1565. AGI Contratación 5012, Leg. 1565, p. 1v.
  29. El vínculo directo entre el rey y Menéndez de Avilés se constata en 1563 cuando, acusado de contrabando, este último evadió la prisión Sevilla para dirigirse a Madrid y allí encontrar asilo en la propia corte. Felipe II intercedió para que fuese absuelto, aunque el proceso judicial demoró casi dos años, tiempo en el que debió cumplir una prisión de tipo domiciliaria en Sevilla.


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