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La diplomacia europea en las primeras décadas del siglo XVIII

Carla Guerrico[1]

El siglo xviii ha sido sin duda un período clave en la Historia de España. Los sucesivos hechos que marcaron esta centuria despertaron, y continúan hasta el presente, un profundo interés en diversos historiadores especializados.

Si nos centramos en el estudio sobre la política española a comienzos del siglo xviii, la llegada al trono de Felipe de Anjou será un hecho trascendental para el análisis de la Monarquía de España.

En este sentido, el cambio dinástico implicaba una serie de variantes en cuanto a la estructura de la Monarquía, hecho que quedó evidenciado en la administración borbónica y su política diplomática.

Siguiendo esta línea el presente trabajo tiene como fin desarrollar una primera aproximación al estudio del funcionamiento y la constitución de la diplomacia española a comienzos del siglo xviii; centramos nuestra atención en los mecanismos de actuación de la Monarquía, en palabras de Ozanam: “Los esfuerzos prodigados por los Borbones para recuperar una parte del terreno perdido, y para devolver a la Monarquía española su dimensión europea, se apoyarán en una diplomacia restaurada y modernizada”[2].

Las líneas de estudio sobre el poder dentro y fuera de la corte, es decir aquellos trabajos que reflejan un renovado interés en cuanto a la historia política del siglo xviii y que son indispensables para la comprensión de la política exterior de Felipe V[3], permiten indagar sobre el funcionamiento y la constitución de la diplomacia española durante su reinado. Dentro de los aportes más recientes, en los que se engloban los aparecidos a finales del siglo xx y principios de nuestro siglo actual[4], se amplía el panorama historiográfico que destaca la visión acerca de las relaciones con Gran Bretaña y Francia, y la importancia de los hombres de la época, figuras claves en el funcionamiento del gobierno de la Monarquía, como lo son los secretarios tal es el caso de José de Grimaldo y Gutierrez de Solórzano y de José Patiño.

La nueva etapa creada por el conflicto sucesorio, observa los primeros impulsos reformistas de cambio con la instauración de la Casa de Borbón en el trono español[5]. Es así como las relaciones exteriores serán una pieza clave en el futuro gobierno.

En este sentido, Rafael Olaechea define en base a la política exterior de España, que la misma,

[…] se servía de un instrumento fundamental para ir realizando sus proyectos en el área internacional. Esta herramienta material era la Diplomacia, que constituía un Cuerpo –el Diplomático-, cuyos miembros (embajadores, ministros plenipotenciarios, encargados de negocios, secretarios) dependían directamente del Ministro o Secretario de Estado, que en el siglo xviii tenía a su cargo la gerencia de la Política Exterior hispana [6].

La formación de los estados vino a generar una diplomacia más profesionalizada y estrechamente relacionada con las intenciones políticas de los dirigentes modernos, de acuerdo a Rodríguez, “El siglo xviii es el siglo de la diplomacia”[7]. Es así como la diplomacia establece y reafirma normas y reglas que destacarán su profesionalización, y permitirán facilitar el contacto entre los Estados.

Como ya mencionamos, con el advenimiento de la nueva dinastía, se configura un Estado administrativo, político y militar que conlleva una importante renovación en los cargos[8]. Así lo describe la Dra. López Cordón en base al decreto de 1714 y los que siguieron al mismo, en cuanto a los negocios que se establecen en cada despacho, afirma:

Supone un cambio sustancial, que transforma radicalmente el régimen de la administración central de la Monarquía, poniendo bajo la autoridad de los secretarios de Estado y del Despacho no sólo los consejos sino al personal del respectivo ramo, dependiente hasta entonces de aquellos. Así, del de Estado pasan a depender ´los embajadores del Rey, enviados, residentes y sus secretarios´; del de Justicia ´el estado de todos los consejos, cancillerías, audiencias y demás tribunales, corregidores, alcaldes y otros inferiores´ [9].

La política exterior, constituida por el gobierno de la monarquía y preparada por las oficinas de la Secretaría de Estado, como destaca Didier Ozanam al desarrollar su trabajo sobre la diplomacia de los primeros borbones (1714-1759), “es llevada a cabo en el extranjero por representantes pertenecientes, en la mayoría de los casos, al cuerpo diplomático o consular. Las misiones que recaen sobre estos funcionarios son de naturaleza muy variada”[10].

Es necesario destacar en este período la relevancia de las Secretarías, en particular, para entender la nueva configuración del Estado: “a diferencia de lo que ocurrió en otras instituciones, su estilo y su modo de despachar se transforma, a la vez que las personas que trabajan en ellas, en un esfuerzo constante por racionalizar las tareas que tenían encomendadas”[11]. Los secretarios, hombres fuertes del sistema, introdujeron un nuevo estilo de gobierno; particularmente con el secretario de despacho se estableció la denominada “vía reservada” que permitía una comunicación directa entre el rey y el secretario, quien estaba facultado para tomar decisiones bajo su única responsabilidad, “el oficio de secretario como personal, público e imprescindible, destacando los acentuados rasgos de profesionalidad que presenta desde su origen”[12].

El caso particular de algunos secretarios, como José de Grimaldo y Gutiérrez de Solórzano[13], refleja el rol fundamental que comienzan a tener estos agentes[14], que con cierta autonomía operativa serán los promotores de la introducción de estas nuevas instituciones.

Se abría paso una fórmula nueva, el rey con los ministros, mucho más capaz de dirigir la reestructuración del Estado, que todo el mundo veía necesaria, y en la que el papel del rey era todavía más importante que en el régimen anterior. Ahora, el poder regio, era también el legitimador del de sus ministros [15].

La evolución de las Secretarías se vería reflejada en la figura de los hombres que mantendrían un acceso directo con el monarca, con privilegio en su capacidad decisoria, lo que permite afirmar su autoridad por sobre el resto de las instituciones. Si bien los secretarios eran personajes reconocidos por su gran eficacia y habilidad para resolver los asuntos de gobierno y así ocupar los cargos administrativos más importantes, se destaca el acceso a una relación de confianza del rey para con su secretario a raíz de su fidelidad (tal es el caso de Grimaldo), alcanzando así al máximo de su poder y afianzándose como el hombre central en la consolidación del nuevo sistema de Secretarías inaugurada con la nueva dinastía. En el caso particular del mencionado secretario, supo consolidar su poder como hombre de confianza del rey, admirado por sus contemporáneos por su capacidad de negociar, su habilidad y eficacia en el trabajo, con gran capacidad, entendimiento y experiencia en cuestiones del gobierno; es así como Grimaldo, ministro y hombre de confianza del monarca, se destaca como figura clave en la Secretaría de Estado, y en particular en Asuntos exteriores, con lo que se inaugura un nuevo sistema político-administrativo en el que las secretarías serán los ejes centrales de la nueva centuria, “quien siendo más burócrata que político y puede que precisamente por eso, contribuyó eficazmente a consolidar la figura de los Secretarios de Despacho”[16].

Los esfuerzos por devolver a la Monarquía española su dimensión europea se apoyarán en la diplomacia restaurada y modernizada, y en la nueva organización gubernativa, puesta en marcha en 1705 y consolidada en 1714. La Secretaría de Estado, era la encargada de las correspondencias con las cortes extranjeras, tratados con las demás coronas, decretos fuera del reino, entre otros.

Esta Secretaría del Despacho de Estado para asuntos extranjeros estaba considerada, según la jerarquía europea de la época, como la primera en categoría de todas las secretarías de Estado. De esta forma no tardó en llamarse “primera Secretaría de Estado” o simplemente “Secretaría de Estado” [17].

La presencia del secretario ha quedado evidenciada en una variedad de fuentes documentales y tratados, como es el caso del Tratado de alianza defensiva firmado en Madrid el 27 de marzo de 1721, entre las coronas de Francia y España, en el cual José de Grimaldo, Secretario de Estado en nombre de Felipe V y el embajador francés Jean-Baptiste Luis Andrault, en representación de Luis XV, acuerdan una alianza defensiva mutua. Se destaca este caso entre los tratados que se celebraron entre España y las potencias extranjeras desde la llegada de la dinastía de los Borbones, y en particular con Francia,

Con la mira de cimentar aun y afirmar más sólidamente, si fuese posible, algunas disposiciones, no menos convenientes a la gloria y a la reciproca seguridad de una y otra corona, que conformes al bien y a la tranquilidad de toda la Europa, han tomado sus Majestades católica y cristianísima la resolución de unirse estrechamente, de suerte que de hoy en adelante obren en todo como si no tuviesen más que un mismo objeto y un mismo interés [18].

Teniendo en cuenta este caso se puede observar la solidaridad dinástica y la búsqueda común de intereses entre ambos territorios, que conformará la base esencial de la política de estos estados a partir de un entendimiento mutuo.

En dicho acuerdo, Francia se comprometía a restituir los territorios como San Sebastián, Pensacola y Fuenterrabía, por su parte España devolvería los lugares de la Cerdeña. En este mismo año, el 13 de junio, Gran Bretaña se adhiere a la alianza franco-española, con el embajador británico William Stanhope, en representación del rey Jorge I.

El pleno poder otorgado a José de Grimaldo, marqués de Grimaldo, caballero de la orden de Santiago, comendador de Ribera, gentil-hombre de cámara de su Majestad católica, de su consejo de las Indias y su primer secretario de Estado y del despacho, para tratar en nombre del rey no algo casual ni espontáneo. Reconocido por su gran eficacia y habilidad para resolver los asuntos de gobierno, y por ocupar uno de los cargos más importantes en los nuevos cuadros administrativos, Grimaldo supo ganar la confianza del monarca y establecer relaciones cordiales con los más poderosos de la corte, lo que le permitió una continuidad a pesar de los cambios políticos que agitaron a la Monarquía.

La nueva organización gubernativa, iniciada ya en 1705, había previsto que una de las Secretarías de Estado debería correr con toda la correspondencia de las cortes extranjeras y nominación de ministros para ellas; tratados con las demás coronas o príncipes; representaciones, quejas y pretensiones de los que no son mis súbditos o de los ministros de los príncipes extranjeros en materias pertenecientes a Estado o regalías; decretos que se hayan de hacer por razón de Estado. Esta Secretaría del despacho de Estado para asuntos extranjeros estaba considerada, según la jerarquía europea de la época, como la primera en categoría de todas las Secretarías de Estado [19].

Consideraciones finales

Para finalizar debemos señalar que el estudio sobre la política española a comienzos del siglo xviii, con la llegada de Felipe V al trono, nos acerca al análisis de una serie de variantes en cuanto al desarrollo de su gobierno. Las principales medidas llevadas a cabo por los Borbones tendientes a organizar la política administrativa de la Monarquía bajo un modelo más fuerte y centralizado, encontrará en la política exterior uno de sus mayores desafíos.

Es a través de los inicios del período de gobierno del primer Borbón, donde encontramos necesario el análisis de la diplomacia española. Las relaciones internacionales llevadas a cabo serán un punto clave para su estudio, ya que nos permitirán abordar desde diversas fuentes el sistema de alianzas y redes vinculares con otros territorios. En este sentido no solo se ponen en juego cuestiones políticas, sino sociales y de relación personal.

Es así como partimos desde la historia de la política exterior española para analizar, a futuro, las transformaciones de los planteamientos historiográficos en esta perspectiva de análisis. Por otra parte, y continuando con trabajos previos, no debemos perder el foco de atención puesto en el proceso de reorganización de la administración central, en el que se destaca la figura del secretario como una pieza relevante en el funcionamiento de la Monarquía; quien actuó con capacidad de decisión en el proceso de elaboración y ejecución de la acción exterior del Estado como uno de los personajes más influyentes de la nueva dinastía.


  1. Universidad Nacional de Mar del Plata.
  2. OZANAM, D. “La diplomacia de los primeros Borbones (1714-1759)”. Cuadernos de investigación histórica, Nº 6, 1982, 171-193 (173).
  3. KAMEN, H. Felipe de España. Madrid, 1997 y Felipe V, El rey que reinó dos veces. Madrid, 2000. OZANAM, D. Les diplomates spagnoles du XVIIIe siècle. Introduction et répertorie bibliographique (1700-1808). Madrid-Bourdeaux, 1998. OCHOA BRUN, M. A. Historia de la diplomacia española. La diplomacia en la Era de la Ilustración I. Madrid, 2012.
  4. BETHENCOURT MASSIEU, A. Relaciones de España bajo Felipe V. Alicante, 1998. JOVER ZAMORA, J. M. España en la política internacional, siglos xviiixx. Madrid, 1999. OZANAM, D. “Los años clave (1711-1716). Asuntos exteriores”. En J. M. DE BERNARDO ARES y S. MUÑOZ MACHADO (Coords.), El Estado-Nación en dos encrucijadas históricas. Madrid, 2006, pp. 227-248. BÉLY, L. L’art de la paix en Europe. Naissance de la diplomatie moderne, XVe-XVIIIe siècle. Paris, 2007.
  5. GONZÁLEZ MEZQUITA, M. L. “Un aporte para el estudio de la Guerra de Sucesión Española. Reflexiones sobre la “edad oscura” de la moderna historiografía española”. En M. L. GONZÁLEZ MEZQUITA (Ed.), Actas del III Coloquio Internacional de Historiografía Europea: Investigaciones y Tendencias. Mar del Plata, 2002, s/p.
  6. OLAECHEA, R. “La diplomacia de Carlos III en Italia”. Revista de Historia Moderna (UA), Nº 8-9, 1990, p. 150.
  7. RODRÍGUEZ, M. R. Diplomacia y Relaciones Exteriores en la Edad Moderna: 1453-1794. Madrid, 2000, p. 161.
  8. LÓPEZ-CORDÓN, M. V. “Administración y política en el siglo XVIII”. Chronica Nova, Nº 22, 1995, pp. 185-209.
  9. LÓPEZ-CORDÓN, M. V. “Secretarios y Secretarías en la Edad Moderna: de las manos del príncipe a relojeros de la Monarquía”. Studia Histórica. Historia Moderna, Nº 15, 1996, p. 120.
  10. OZANAM, D. “La diplomacia de…”, op. cit., p. 176.
  11. LÓPEZ-CORDÓN, M. V. “Secretarios y Secretarías…”, op. cit., p. 131.
  12. Ibíd., p. 118
  13. DE CASTRO, C. A la sombra de Felipe V. José Grimaldo, ministro responsable (1703-1726). Madrid, 2004.
  14. LÓPEZ-CORDÓN, M. V. “Secretarios y Secretarías…” op. cit.
  15. GÓMEZ URDÁÑEZ, J. L. “El Absolutismo regio en España durante la Ilustración”. Brocar. Cuadernos de investigación histórica, Nº 26, 2002, p. 157.
  16. DE CASTRO, C. “El Estado español en el Siglo xviii: su configuración durante los primeros años del reinado de Felipe V”. Historia y Política, Nº 4, 2000, p. 168.
  17. OZANAM, D. “La diplomacia de…”, op. cit., p. 169.
  18. DEL CANTILLO, A. Tratados, convenios y declaraciones de paz y de comercio que han hecho con las potencias extranjeras los monarcas españoles de la casa de Borbón. Desde el año de 1700 hasta el día. Madrid, 1843, p. 149.
  19. OZANAM, D. “La diplomacia de…”, op. cit., p. 169.


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