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Los cuentos de Charles Perrault (1628-1703) en el debate de los antiguos y modernos

Silvina Mariel Herbez[1]

En septiembre de1693 Charles Perrault, publicaba en Le Mercure Galant el cuento Los deseos ridículos. Luego en 1694 incluía este cuento en un libro junto a otros cuentos en verso. Más tarde, en 1696 nuevamente en Le Mercure Galant publica La Bella Durmiente del bosque, y finalmente en 1697 bajo el nombre de uno de sus hijos Pierre Darmancour, publica Contes de ma Mére l´Oye. Histoires de temps pasé. Estos cuentos que sobrevenían de la cultura folklórica y popular, Perrault los escribirá para los niños y adultos de la corte; y tendrán un éxito formidable que se verá reflejado en que los mismos vuelven a las lecturas populares a través de los cahiers blues.

Este hecho histórico y literario además de trascender por siglos en la literatura infantil, marcó una tendencia literaria e ideológica del momento en el cual el autor estaba inmerso: La Querella de los Antiguos y Modernos, y selló un momento político del absolutismo francés del siglo XVII.

Algunas de las preguntas que trataremos de responder, serán: ¿Cuál fue el interés de Charles Perrault al escribir y llevar estos cuentos populares a la corte? ¿Cuál era el posicionamiento del autor respecto a sus ideas filosóficas, religiosas y políticas que tal vez impregnaron su pensamiento? ¿Qué facciones políticas-literarias se disputaban por ganar el favor del rey, dentro de las ideologías e intereses artísticos del momento? ¿Qué importancia tendrían estos cuentos en la disputa de los Antiguos y Modernos?

Comenzaremos visualizando en sus Mémories[2], algunos aspectos de su vida, tanto personal como académica, para luego encontrar respuestas con relación a su interés de escribir los cuentos. Sus Memorias fueron escritas al final de su vida en el año 1700 y no vieron la luz de la edición sino recién después de su muerte ocurrida 1703.

La familia de Perrault sería originaria de Touraine, y de origen burgués. Charles nace el 12 de enero de 1628, en el seno de esta familia de alta burguesía junto con su mellizo François, que muere a los seis meses[3]. Tiene tres hermanos mayores, que serán de gran influencia en su desarrollo intelectual, académico y en su trabajo como funcionario real: Pierre, el Recaudador General de Finanzas; Claude, el médico y arquitecto y Nicolás el teólogo.

Desde chico mostró interés por las letras y el estudio, esto se debió a la manera en la cual el padre y la madre inculcaron el estudio y el espíritu de progreso que se iniciaba en esta época clásica. Perrault precisa que su padre […]ponía un cuidado especial en preparar a sus hijos, desde temprana edad, contra los errores populares, y en inspirarles las máximas más puras del evangelio y en abrirles el espíritu a los más bellos conocimientos”[4]. Este afán de sus padres en que Charles aprendiera de memoria los textos clásicos y tuviera una enseñanza progresista para su época hizo que lo inscribieran en el Colegio de Beauvais, situado en la calle Jean de Beauvois, de Paris, a la edad de ocho años y medio. Este Instituto perteneciente a la antigua Universidad de Paris era uno de los más prestigiosos colegios al cual los hijos de los parlamentarios y de la alta burguesía asistían en el siglo XVII y XVIII, y también fue uno de los principales hitos del jansenismo de la época[5].

¿Cuáles son los autores estudiados por Perrault a lo largo de su escolaridad entre 1636 hasta 1644? Como es normal en la época no se estudia ningún autor francés, sino que la enseñanza reposa sobre el latín, su gramática y sus autores, del período clásico: desde Cicerón y Virgilio hasta Juvenal. El griego también es importante, porque aún se refleja la influencia de los humanistas del Renacimiento. El sistema pedagógico de la época no era del todo coherente, se esforzaba en hacer que el alumno adquiera el latín sin transición desde su nodriza al absurdo de deletrear los libros latinos, por eso los oratorianos y jansenistas se esforzaban por aligerar la enseñanza mediante traducciones más libres y elegantes, y escritas en francés y no en latín[6].

El autor va definiendo en sus Memorias su actitud hacia las letras, que por cierto, todas sus lecturas contenían elementos y formas de lo Antiguo o clásico, aunque también introducían las disputas del momento y los debates que había en los colegios a partir del problema de la Sorbona sobre la publicación del bastión del jansenismo[7], Antoine Arnauld, titulado De la Fréquente communion.

Por una disputa, Perrault sale de la clase y lo sigue un compañero de apellido Beaurain, y comienza ahora una etapa de lecturas y de aprendizaje autodidacta. Los adolescentes se limitan a perfeccionar los textos con arreglo a las nuevas orientaciones más elaboradas por los oratorianos o en Port-Royal, refugio del jansenismo en Paris. La lectura de los textos integrales reemplaza a los fragmentos escogidos o a las versiones expurgadas. De esta manera, los jóvenes leen textos enteros o casi enteros y realizan sus propias traducciones, así como también leen en francés.

El primer libro que leen es la Biblia. Esto supone un clima favorable en la familia y también una orientación religiosa, un esfuerzo sincero y consciente por retornar a la letra y al espíritu de las Escrituras. De todas estas lecturas hicieron resúmenes o extractos que según cuenta nuestro autor les fueron muy útiles, o quizás más útiles que los textos que leían en la escuela[8]. No hay duda de que esta experiencia fue audaz, leer los textos en francés, incorporando así la historia nacional como algo prominente y novedoso, y que también marcará su pensamiento atraído a la modernización dentro de las disputas de los Antiguos y los Modernos.

Las lecturas que hace Perrault con su amigo ponen al descubierto muchos pasajes que el sistema educativo, inspirado en el proceso de confesionalización religiosa de la iglesia galicana, había vedado. En efecto, todas estas lecturas eran vaciadas de aquellos pasajes considerados de inspiración pagana o atea, con el afán de presentar al cristianismo como esencia. Así, ponen en evidencia esta contradicción, que los Antiguos hablan de la cultura antigua pagana. Es decir que esta cultura antigua es pagana y opuesta al humanismo cristiano. He aquí el principio de la querella de los Antiguos y Modernos que Perrault retomará como eje de su pensamiento y que le valdrá ciertas enemistades dentro de la Academia francesa[9]. El problema se plantea con una motivación inspirada en lo religioso.

Es evidente que los Perrault se inclinaban por esta doctrina teológica, el jansenismo, que finalmente se torna en disputa y adhesión política del momento. En el Catálogo de libros de Perrault y sus hijos, que publican para vender el 30 de mayo de 1729, se encuentran precisamente libros de corte jansenista[10], lo que hace evidente la adhesión al sistema por parte de la familia. Para la corte, el jansenismo tornaba ser una doctrina que atentaba con los propósitos políticos, alrededor de ella se agrupaban los opositores del sistema, y al ser orientada hacia el protestantismo, Luis XIV y sus ministros se opusieron a él. Creemos que Perrault abandona o se aleja lentamente en sus formas, al menos para orientarse en su posición de comisionado de Colbert y también con un interés en la identificación al sistema[11].

Nuestro académico estaba al pie de la moda, en cuanto a letras se refiere, y manejaba muy bien los escritos clásicos como así también los versos. El hacer parodias de los relatos de los héroes de la antigüedad, demuestra al menos cierta independencia de espíritu, y algunas de ellas evocaban aspectos políticos, con burlas a algún administrador, como es el caso del cardenal Mazzarino; y los procedimientos para hacer reír eran populares[12]. ¿Podría decirse entonces que al principio Perrault estaba con el clan de los Antiguos? ¿Perrault está dentro de esta facción antes de comenzar a trabajar con Colbert? ¿Esto muestra que era parte del sistema renacentista, donde los clásicos griegos y latinos estaban a la orden del día, o simplemente es parte de un proceso literario que el académico transitará?

A partir de 1665 Perrault será Supervisor general de la corte francesa, y en 1669 secretario de Estado de la Casa Real bajo la tutela de Jean Baptiste Colbert, Ministro de Finanzas. ¿Por qué un hombre de letras está interesado en trabajar en la administración de la corte real? ¿Cuáles son los intereses que se ponen en juego al encontrarse en esta posición?

Por el momento, el ministro Colbert se prepara a abordar de un modo nuevo los problemas de las bellas artes, así como también solucionar varios de los problemas de las finanzas reales que había dejado su antecesor, François Fouquet. Es así como Perrault estará bajo la tutela del ministro por 20 años, hasta dejar el cargo al hijo de Colbert, quien ocupará su lugar. Sin lugar a duda Perrault es hombre de la corte, y hombre del Siglo, en definitiva, hombre “moderno”.

Por lo que sabemos, Fouquet, como funcionario de la corte, fue un patrocinador de los Antiguos que financiaría a varios de sus autores, entre ellos a Nicolás Boileau-Despréaux, principal opositor de Perrault y a otros como Racine y La Fontaine.

Colbert crea, en el seno de la corte, la Academia de las inscripciones y bellas letras. El trabajo de nuestro académico será escribir leyendas y epígrafes a la gloria del rey, en tapices, medallas, monumentos y esculturas; supervisar y corregir los libros que hablaban de Luis XIV o que contribuían a justificar sus conquistas. De alguna manera todo el empeño era organizar el culto a la personalidad real, y también el cometido de contar la historia del rey a cargo de Racine y Despréaux, según cuenta en las Memorias, por encargo de Madame de Montespan[13].

Su trabajo de supervisor de las reformas de los edificios reales concuerda perfectamente con la construcción del reino.

Luego de salir de su puesto de comisionado de Colbert, Perrault escribe una serie de trabajos que están ligados a un proceso político de vaciamiento de ideas protestantes del pueblo y supersticiones, a raíz de la revocación del Edicto de Nantes. Esto obliga a los pocos protestantes que quedan, a exiliarse o bien convertirse al catolicismo. Reaparece de alguna manera la religiosidad del académico, la fuerte creencia en la religión y que, ahora también, debe contribuir al equilibrio moral y político del reino. La idea de un arte cristiano es menester descubrir como superior al arte pagano[14]. Idea que le valdrá para enfatizar el siglo moderno, francés y cristiano.

Por ello, el problema principal será la cuestión de la Querella de los Antiguos y los Modernos. Las disputas académicas de los Antiguos y Modernos se vieron reflejadas en dos clanes literarios que tuvieron pugnas importantes en la Academia de ciencias de la corte.

Esta querella tuvo su punto culmine en Francia entre los siglos XVII y XVIII. Comienza en el Renacimiento, cuando el mismo Petrarca engloba en el calificativo peyorativo de “modernos” toda la ciencia de las facultades de Teología y Derecho de su época, y al estilo gótico en las artes y las letras. Unos y otros son ahora herederos divididos del mismo Renacimiento y ciudadanos de la misma República de las Letras[15].

Todo comienza, según Perrault, después de escribir el poema El Siglo de Luis el Grande, presentado en ocasión de la convalecencia del rey luego de haber pasado por una operación. El poema le valió la irritación a M. Despreaux Boileau. Según nuestro autor este fue el disparador para escribir el Paralelo de los Antiguos y lo Modernos[16]. El Parallele[17], contiene diálogos entre tres personajes: el abate, el caballero y el presidente; tiene como marco Versalles, lugar emblemático en el cual el presidente no se había pronunciado desde hacía más de veinte años. Mientras que se examinan con cuidado las artes, las letras y las ciencias, regresan a un punto delicado e importante para la argumentación: la cuestión de la perfección. Hasta entonces atributo divino e ideal presupuesto al cristiano, la perfección se va “a humanizar”[18] En adelante el tema de la perfección, la religión y lo moderno estarán en las disputas literarias de la época.

Se platean en la Academia dos facciones literarias bien marcadas, las cuales tratan de obtener el favor del Rey en la disputa y también buscan triunfar en la corte como facción política-literaria preponderante. Definidas las dos facciones, tratarán de plantear las disputas en libretos de óperas, versos y poemas.

La defensa de Perrault hacia los Modernos sobre los Antiguos deriva necesariamente de su experiencia con el colbertismo y la filosofía cartesiana que florece en los pensamientos de los intelectuales modernos. Por ello la crítica del académico estará fuertemente disfrazada con arreglo a su perspectiva cristiana. El cristianismo moderno está fundado en el progreso de las ciencias y las técnicas, que para ser válido supone un esfuerzo en analizar históricamente el problema y en buscar el contraste con los Antiguos.

Básicamente, el problema estaría planteado en que los modernos son los humanistas que han buscado, establecido y traducido los manuscritos antiguos. Respetan a los artistas griegos y latinos y han contribuido al renacimiento de las nuevas investigaciones, pero al mismo tiempo luchan contra ese complejo de inferioridad que tales obras maestras podrían inspirar a los franceses. Lo que muestra justamente Perrault, es que ese progreso realizado por los modernos y por los franceses de su tiempo ha alcanzado una especie de umbral[19].

El absolutismo es un presentismo. El rey encarna doblemente el presente, como lugarteniente de Dios y como árbitro de la elegancia. Así se refuerza la centralidad del presente, hasta hacerlo un horizonte difícilmente superable[20].

Perrault quiere demostrar que el arte que se plantea en su generación debe ser moral y cristiano. La humanidad progresa y la prueba principal de ese progreso es el advenimiento del cristianismo que representa, en relación con el paganismo, un salto hacia adelante. Esta moral cristiana a la que han llegado los modernos de su momento es superior a la moral politeísta de los antiguos. Pero, si es así, conviene que tal progreso moral ingrese en las costumbres y se exprese, por ejemplo, en la literatura[21]. He aquí, tal vez, la explicación de escribir y llevar los cuentos a la corte. Estos cuentos de antaño, aunque viejos, pero franceses al fin, corresponden a la nueva civilización que depende de una moral más elevada que la moral pagana de los antiguos clásicos.

Como Boileau, Racine se dispone a convencer al rey de que una gloria que hunde sus raíces en la larga memoria literaria le conviene mucho más que una fama completamente moderna[22].

De esta manera las dos facciones comienzan a disputarse un lugar en la política o en las formas e ideologías políticas y estatales. Ambos bandos tratan de poner de su parte al rey, y de hacer inclinar un platillo u otro de la balanza con el peso de su heroica persona, su poder indiscutible y su indiscutida autoridad[23].

Por supuesto, el objetivo último es agradar al rey. Es a él a quien hay que convencer, él es quien puede recuperar al público para la razón de las letras, hay que evitar la ruptura con el Renacimiento.

La corte era una arena donde el rey observaba todas las facciones rivales, los que estaban a su favor y en contra, grupos de poder potencialmente peligrosos, y balanceaba. Los favores tenían que ser distribuidos para tener el mayor número de aliados posible y no dejar un grupo con monopolio que piense diferente. Existía una gran competición para aproximarse al rey[24].

De a poco los Antiguos van ganando poder y prestigio en la corte, y hasta obtienen del rey, tanto Boileau como Racine, el nombramiento para desempeñar funciones de historiógrafos reales en 1677, y alcanzan así el monopolio de la gloria del rey[25]. Para Perrault, letras y ciencias han progresado a la par. La abrumadora superioridad de los Modernos, y del siglo de Luis XIV, sobre los grandes siglos de la antigüedad y del Renacimiento, surge de este vasto y ambicioso escrutinio circular[26].

Finalmente, Perrault es expulsado de la Academia en 1683 y ésta, en adelante se convertirá en refugio de los Antiguos. Pero él no cesará en escribir y es, precisamente, después de su paso por la corte, y después de las querellas, que publica los cuentos. Así llegamos a la pregunta de inicio, ¿Por qué escribe Perrault los cuentos en este contexto de la corte?

Los cuentos responden en cierta medida a contribuir y defender la moral, las buenas costumbres y la honestidad. Por parte del cuentista, existen tres tipos de manipulación: una manipulación al servicio de la política cultural personal, -contribuir con la idea de lo moderno-, otra de tipo social, que presenta cierta imagen de la sociedad; y una tercera manipulación moralizadora, que obedece al código de la moral burguesa de fines del siglo XVII[27]. También podrían responder a una iniciativa pedagógica, primeramente, con sus hijos, teniendo en cuenta que su esposa Marie Guichon fallece dejándolo con sus hijos pequeños, el último con solo tres meses. Tal vez, esa responsabilidad moral de criar a sus hijos, mostrándoles buenos modales y costumbres ha sido su cometido pedagógico en esta literatura juvenil que aparece ya al final de sus días.[28]

Quizás, solo fue un pretexto para publicar obras de ficción que lo colocaba definitivamente de parte de los Modernos. ¿Por qué beber siempre en las fuentes de los Antiguos? Francia también tenía un pasado, una tradición viva que era la tradición popular: existía un material popular propiamente nacional[29]. Estos cuentos de viejas convienen más, responden a “nuestra civilización”, dependen de una moral más elevada, más “perfecta” que la pagana[30].

Se ve clara la intención de Perrault con la publicación de los cuentos, proporcionar a los niños franceses unos cuentos “maravillosos” que no le debieran nada a la mitología pagana y que los iniciaran en su propia lengua, y bajo el velo de la ficción, con los rasgos característicos de su propia cultura.

Por supuesto que, estos cuentos también se dirigen a los adultos. Los Pulgarcitos, las Bellas durmientes del bosque y las Cenicientas representan la lengua, la elocuencia y el ingenio francés. De esta manera Perrault refunda una mitología puramente francesa, moderna, racionalista, al estilo cartesiano y cristiana. Es otro Panegírico más en un estilo ya legendario como El Siglo de Luis el Grande[31]. ¿Será por ello que firma con el nombre de su hijo? ¿Esta vez querría ocultar su autoría? Esta es una hipótesis aún no resuelta.

Estas obras, publicadas primero en Le Mercure Galant, -revista que favorecía a los Modernos- rompieron con todo estilo antiguo y clásico para inaugurar un traspaso importante en las letras y la ideología hacia el siglo de las Luces.


  1. Universidad Nacional de Tucumán.
  2. PERRAULT, C. Mémories de L´Académie Françoise, et premier Commis des bâtimens du Roi. Avignon, 1759.
  3. Ibid., p. 5. “Je suis né le douziéme Jnvier 1628, y né jumeau. (Celui qui vinta u monde, quelquel heures avant moi, fut nommé François, y mourut fix mois aprés)”.
  4. Este texto lo escribió Pierre Perrault, hermano de Charles y abogado, del cual se cree que colaboró en su escritura, y contiene detalles importantes sobre ideas relativas a sus pensamientos y prácticas religiosas. La cita pertenece al prólogo no firmado que, según el académico, fue escrito por Pierre Perrault. Citado en SORIANO, M. Los cuentos de Perrault, Bs. As., 1975, p. 225.
  5. Ibid., p.229.
  6. SORIANO, M., op. cit., p. 230.
  7. El jansenismo era un movimiento filosófico-religioso que adoptaba las creencias o los postulados expuesto por Jansenio (Cornelio Jansen 1585-1638) Obispo de Ypres en 1636 y quien publicó entre otras cosas la obra más comúnmente llamada Agustinus. El interés de Jansenio era oponerse a los modernos pelagianos que defendían una concepción optimista del hombre y reducían al mínimo, o negaban, el poder y eficacia de la gracia divina. La doctrina jansenista se arraigó fuertemente en la Abadía cisterciense denominada Port-Royal situada a 37 kilómetros al sur de París, comandada por la madre Angélica, hermana de Arnauld. La doctrina jansenista fue condenada en 1641 por el Papa Urbano VIII. En adelante se irán cerrando escuelas pertenecientes a esta doctrina y en 1665 el Papa Alejandro VII impuso un “formulario de sumisión” que algunos debían firmar para revocar su adhesión. Ver en: Ferrater Mora, J. Diccionario de Filosofía. Bs.As., 1964; y, Voltaire. El siglo de Luis XIV. París, 1751, p. 420.
  8. PERRAULT, C. Mémories, op. cit., p. 6.
  9. SORIANO, M., op. cit., p. 239.
  10. PERRAULT, C. Catalogue des livres de Monsieur Charles Perrault et de Monsieur C. son fils, dont la vente à l’amiable commencera le lundi 30 may 1729, Paris, 1729, p.3. Algunos de los libros son: Regles de S. Agustín pour l´integlligence de sa Doctrine, ou refutation de Jansenius par S. Agustin, por Marnadé; La Perpetuite de la Foi de l´Eglise Catholique sur l´Eucharistie & sur les Sacraments, por Arnauld & Renaudot; entre otros.
  11. SORIANO, M., op. cit., p. 241-242.
  12. Ibid., p. 245.
  13. PERRAULT, C., Mémories, op. cit., pp. 40-42.
  14. SORIANO, M., op. cit., p. 298.
  15. FUMAROLI, M. Las abejas y las arañas. La Querella de los Antiguos y los Modernos. Barcelona, 2008, p. 27.
  16. PERRAULT, C., Mémories, op. cit., pp. 201-203.
  17. PERRAULT, C. Parallèle des Anciens et des Modernes. Vols 1-4, Paris, 1688-1697.
  18. HARTOG, F. De los antiguos a los modernos, de los modernos a los salvajes. Para una historia intelectual de Europa. México, 2015, p. 225.
  19. SORIANO, M., op. cit., p. 312.
  20. HARTOG, F., op. cit., pp. 227-228.
  21. SORIANO, M., op. cit., p. 313.
  22. Ibid., p.168.
  23. Ibid., p.174.
  24. HENSHALL, N. The Myth of Absolutism. New York, 2013, p. 52.
  25. FUMAROLI, M., op. cit., p. 209 y 211.
  26. Ibid., p. 214 y 215.
  27. ESCARPIT, D. La literatura infantil y juvenil en Europa. México, 1986, p. 56.
  28. FUMAROLI, M., op. cit., p. 226.
  29. ESCARPIT, D. op. cit., p. 54.
  30. SORIANO, M., op. cit., p. 313.
  31. FUMAROLI, M., op. cit., p. 226, 227.


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