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El espacio femenino
y masculino romano en la obra
de Jacques Louis David

Rita Nora Falcone y Marcela Patricia Pitencel[1]

Introducción

Relacionado con anteriores investigaciones[2], analizaremos en el presente trabajo la diferencia de los espacios femenino y masculino en el mito fundacional romano, el mismo fue elaborado en una situación de crisis política durante la tarda república y el inicio de la etapa imperial por historiadores y también por poetas. Lo que nos ocupa en esta nueva ponencia es un acontecimiento particular: el combate entre los horacios y los curaceos. Como este fue narrado por dos historiadores de distinto origen, un romano Tito Livio y de un griego Dionisio de Halicarnaso y cómo la Modernidad lo retrata.

La historiadora británica Mary Beard en su reciente libro La civilización de la mirada[3] nos plantea que “[…] lo que vemos es tan importante para nuestra comprensión de la civilización como lo que leemos y oímos”. Es así que en nuestra ponencia nos proponemos analizar la construcción de la comunidad cívica romana frente al parentesco a través del relato de Tito Livio y Dionisio de Halicarnaso, reutilizando el concepto de “emprendedores de la memoria”[4] y la recreación que durante el neoclasicismo francés se hace de esas historias.

A partir de los relatos de la Antigüedad, los “agentes de la memoria” son los pintores de la Modernidad, uno de ellos es el francés Jacques Louis David quien para su obra elige como tema dos momentos de las guerras que vivieron los primitivos romanos con sus vecinos y por motivos diferentes. Utiliza primero el conflicto con sus vecinos de Alba Longa en el Juramento de los Horacios (1784) y posteriormente con La Sabina de 1794 el enfrentamiento con los sabinos durante el reinado de Rómulo. Por otra parte, selecciona el alzamiento contra la República recién instaurada en Los lictores llevan a Bruto los cuerpos de sus hijos (1789), obra clave por el momento de la creación y de su exposición pero que no analizaremos en esta investigación. Por lo tanto, la influencia del mundo antiguo no es algo que haya permanecido convenientemente inmovilizado en el pasado remoto, este es reeditado por el pintor del siglo XVIII en pleno proceso revolucionario francés.

Nos surgen las siguientes preguntas: ¿Qué conservó David del relato histórico?, ¿Qué nos transmitió como agente de la memoria? y ¿Por qué?

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Juramento de los Horacios (1784).

Un relato en tiempo de crisis. El combate de los Horacios y los Curaceos

Tito Livio[5] en el libro I, (22 y siguientes) de su Historia nos presenta como el contexto del combate es el conflicto con los pueblos vecinos. Es durante el reinado de Tulio Hostilio, al cual describe como belicoso y que buscaba constantemente pretextos para la guerra, entre ellos se presenta el conflicto entre labradores romanos y albanos. En un primer momento hay una solicitud de reparación tanto por parte de Roma como de Alba Longa, a través de intermediarios, los legados romanos y albanos. Como los romanos no lograron las reparaciones que pretendían declararon la guerra a sus vecinos.

Para Livio (I, 23) la contienda es una guerra civil que enfrenta a padres e hijos, ya que los romanos provienen de la ciudad de Alba Longa. Los albanos procedieron a invadir el territorio romano. El líder albano Clulio muere en la batalla, esto genera la elección del sucesor, el dictador Metto Sufeccio.

Como el conflicto no finaliza se deciden por realizar una reunión entre el líder romano con el líder albano para tratar de buscar una alternativa que permita dirimir la disputa de dos pueblos unidos por el parentesco.

La propuesta es el combate entre los campeones de ambos ejércitos: los Horacios y los Curaceos. (I, 24). Hermanos gemelos, iguales en edad y fuerza. Sin embargo, no todos los autores coinciden en el origen de los hermanos, la mayoría sostienen que los Horacios eran romanos. Estos jóvenes debían combatir entre sí, y los que salieran victoriosos otorgarían el control de la región a su líder. Antes del combate se concreta un tratado en el que se establece que el pueblo vencedor ejercerá un mando suave y moderado sobre el vencido. El tratado fue sancionado por el fecial Marco Valerio.

El combate entre los Horacios y los Curaceos (I, 25) se desarrolla cuando los jóvenes avanzan para la pelea, ambos ejércitos los exhortan con gritos, el imperio depende de su valor y fortuna, lanzados al campo de batalla “solamente contemplan el triunfo o la esclavitud, el porvenir de su patria, cuya suerte será la que ellos le formen”

Durante el combate caen dos de los hermanos romanos, el tercer Horacio se hace perseguir por los Curaceos y separándolos mata de a uno a los tres, dando la victoria a Roma. De acuerdo al relato de Livio los jóvenes muertos son debidamente enterrados. Los albanos cerca de Alba Longa y los romanos cerca de Roma.

Realizados los rituales, en el siguiente parágrafo Livio nos relata la entrada de Horacio en Roma delante del ejército con los despojos de los vencidos, la hermana de Horacio, prometida en matrimonio con uno de los Curaceos, sale a su encuentro y reconoce el manto de su prometido en el hombro de su hermano. Se arranca los cabellos y llama llorando a su primo por su nombre. Entonces Horacio desenvaino la espada y la mato diciendo: “[…] ve con tu loco amor, a reunirte con tu esposo, tú, que olvidas a tus hermanos muertos, al que te queda y a tu patria. ¡Así perezca toda romana que se atreve a llorar al enemigo!” (I, 26)

Por el asesinato de su hermana, Horacio es llevado frente al rey, el monarca convoca a la asamblea del pueblo y nombra a los decenviros que juzgaran al fratricida. Los decenviros lo condenan a muerte, sin embargo, el padre apela a la asamblea resaltando las hazañas de su hijo. Entonces el joven guerrero es perdonado, el padre coloca una viga llamada luego el poste de la hermana y lo obliga a pasar bajo la misma con la cabeza cubierta. La joven prometida es enterrada en el lugar donde fue asesinada en una tumba de piedra labrada.

En su Historia de la antigua Roma, Dionisio de Halicarnaso[6] en el libro III, lo inicia con la genealogía de Tulio Hostilio, originario su padre de Medulia que fundaron los albanos y Rómulo la hizo colonia romana. Su madre desciende de la sabina Hercilia, quien fuera la principal responsable de la alianza sabino-latina. (III, 2) La imagen que nos brinda sobre el reinado de Tulio es la de un demagogo griego, este otorga tierras públicas a los ciudadanos indigentes, acabando con la servidumbre en tierras ajenas, incluyo dentro de los muros de la ciudad la colina llamada Caelio, donde todos los romanos que carecían de hogar obtuvieron por sorteo un terreno suficiente para construir sus casas y él inclusive tuvo su residencia allí. A diferencia de Livio, (2 y 3) el historiador griego plantea que la guerra es iniciada por los albanos, por la envidia que ocasionaba la prosperidad romana. En cuanto al origen de los combatientes (III, 13) nos da detalles de la intimidad de la familia. Sicinio un albano caso al mismo tiempo a sus dos hijas gemelas, a una con un tal Horacio, romano, y a la otra con Curacio, un albano. Las dos mujeres quedaron a la vez encintas, y dieron a luz en su primer parto a tres niños varones, y los padres aceptándolos como un buen augurio para la ciudad y para su propia casa, los criaron hasta la madurez. En Dionisio se presenta el dilema entre el parentesco y la comunidad política, la patria y los ancestros comunes.

El Horacio vencedor llegando a Roma:

[…] cuando estuvo cerca de las puertas, vio a una abigarrada multitud, que se espacia desde la ciudad y también a su hermana que corría hacia él. Desconcertado ante la primera impresión de que una doncella casadera abandonara su puesto en casa junto a su madre para unirse a una multitud desconocida, se hacía muchos razonamientos absurdos y finalmente se inclinó hacia los más prudente y generoso: que ella, en su deseo de ser la primera en abrazar al hermano indemne y queriendo saber por él las hazañas de los muertos, había pasado por alto el decoro cediendo a una debilidad femenina. Pero ella no se había arriesgado a recorrer caminos inusuales por añoranza de sus hermanos, sino dominada por el amor a uno de sus primos a quien su padre la había prometido en matrimonio, pasión que ella mantenía secreta [7].

Al ver el manto tejido por ella para su prometido, cubierto de sangre, se rasgó la túnica, golpeándose el pecho, gemía y llamaba a su primo. Interpelo a su hermano llamándolo infame por haberla privado del matrimonio y de no tener compasión para sus parientes muertos a los que llamaba primos. Su hermano le responde duramente diciéndole: “Falsa doncella, enemiga de tus hermanos e indigna de tus antepasados”. Después de asesinarla lo que ocurre con la joven casadera es todo lo contrario a lo planteado por Livio.

Justo y conveniente, no permitió que fuera conducido a casa el cadáver de su hija, ni consintió que la enterraran en la tumba de sus antepasados, ni hacerle funerales, ni sudario ni otros ritos acostumbrados, sino que, abandonada donde fue muerta los viandantes le tributaron los honores fúnebres amontonando tierra y piedra, como a un cadáver falto de que le hagan un sepelio.[8]

Se considera un asesinato tanto en Livio como en Dionisio, pero en el último el pueblo romano lo exime de la pena. Para aplacar a los dioses y expiar el fratricidio, el rey convoca los pontífices.

Espacio femenino y espacio masculino en la obra de Jacques Louis David

Karl Marx en el 18 Brumario[9] diferencia entre el inicio y el final del período revolucionario liberal y nos dice del mismo “[…] se vistió alternativamente con el ropaje de la República romana y el Imperio Romano”. Para el filósofo alemán se debe a que la estética de todo el período se desprende del estilo rococó del último momento del antiguo régimen para racionalizarse con la mirada antigua a través de las líneas precisas del neoclasicismo francés.

El juramento de los Horacios[10] es una pintura realizada por Jacques Louis David en su estancia en Roma durante 1784, siendo un óleo sobre tela, la obra tiene las siguientes dimensiones 330 centímetros por 425 centímetros. El pintor la presenta en la exposición en París en 1785. “En el cuadro, la escena representada se reduce a un par de figuras, casi sin comparsas, sin accesorios. Los protagonistas del drama como signo de su unanimidad y su resolución de, si fuera necesario, morir juntos por su común ideal […][11].

En el fondo de la pintura la perspectiva está presente siguiendo el modelo neoclásico con tres arcos de medio punto que reflejan una de las creaciones arquitectónicas romanas. El momento que retrata es un momento privado, la pintura, aunque geométricamente organizada presenta tres actos o tres espacios. Uno es el juramento de los jóvenes, el central es el padre quien sostiene las espadas de los guerreros para tomar el juramento, y el otro es el espacio femenino.

Mientras que los cuerpos masculinos están tensos, con claras líneas rectas. Las mujeres aparecen sentadas a un costado de la habitación con sus cuerpos curvados. Es significativa la actitud de estas, por un lado, mientras las dos jóvenes lloran y se consuelan, la mujer anciana protege de la visión a dos niños.

En el centro del cuadro están las espadas sostenidas por el padre. Las túnicas que resaltan un color más fuerte son las del progenitor y la del joven, que se presupone será el triunfador de la contienda contra sus primos. La escena en palabras de Hauser “[…] representa la ética de la revolución con sus ideales patrióticos- heroicos, sus virtudes cívicas romanas y sus ideas republicanas de libertad. Amor a la libertad y a la patria, heroísmo y espíritu de sacrificio”[12].

Conclusión

El espacio predilecto para Tito Livio como para Dionisio de Halicarnaso sin lugar a dudas es el masculino. Sus historias son historias de hombres y de guerras. En sus obras sin embargo podemos delimitar el espacio público y el espacio privado. El espacio femenino está delimitado por las murallas de la ciudad, muy pocas veces aparecen las mujeres extramuros; en contraposición el espacio masculino sobrepasa los límites geográficos de la ciudad y se extiende a las zonas conquistadas.

El espacio privado, el doméstico, cuyo centro es la casa (domus), es donde hombres y mujeres se relacionan en espacios que se superponen. Las obras de ambos historiadores se escriben en el contexto de la “República Restituta” de Augusto, el cual intentó afirmar la tradición utilizando como núcleo de control social a la familia. Así los historiadores tanto Livio como Dionisio no se apartan de la tradición convalidando a través de la producción de la memoria: la historia, las leyes sociales y el rol de la gens en la comunidad cívica.

La guerra y sus consecuencias son de interés para toda la comunidad, mientras los hombres luchan e integran el ejército, las mujeres quedan a cargo del domus y se espera de ellas la fidelidad como centro de la ideología conyugal (Lex Iulia de maritandis ordinibus del 18 a.C. que incluía la Lex de adulteriis coercendis y la Lex Papia Poppea nuptialis)[13]

El estado romano intenta pues apropiarse de la vida familiar y controlarla por medio de la tradición (mos maiorum) rescatada. Buena parte de los intelectuales de la época contribuyeron como productores de memoria al defender y exaltar la ética tradicional frente a una nueva ética que permitía más libertad a la mujer y un avance del espacio femenino sobre el espacio público masculino. Fueron los círculos provinciales más conservadores a los cuales pertenecen ambos historiadores los que reconstruyeron una “ideología familiar”. El antropólogo Maurizzio Bettini[14] crítica la obra de Livio cuando dice que “vela todas las estructuras de parentesco” como contracara tenemos a Dionisio quien nos muestra la genealogía de ambas gens, la latina y la albana, como así también los lazos de sangre y de historia familiar.

Lo que se desprende de ambos productores de memoria es que para los romanos los espacios se complementan, dado que las mujeres son el complemento indispensable del hombre, y aunque en teoría los espacios están bien delimitados, en la realidad de la época se confunden y se superponen, por eso la transgresión debe ser castigada y los espacios reubicados.

En la pintura de Jacques Louis David, el espacio representado es el del interior de la casa, la domus. El juramento sagrado ante el pater familiae, es de carácter privado ante la presencia de las mujeres y los niños de la familia. El artista francés elige sin lugar a dudas al griego Dionisio. A pesar de haber necesitado su estancia en Roma para pintar sobre romanos, la temática es romana pero la imagen de la familia Horacia, es la brindada por el griego al incluir entre el grupo de las mujeres, a la joven curacea desposada con uno de sus primos y que no aparece en ninguno de los relatos de los productores de memoria. Las mujeres representan el dolor por la pérdida del parentesco en beneficio de los valores de la comunidad cívica. Como sostiene Lynn Hunt, “[…] los símbolos y rituales políticos no constituían metáforas del poder, sino los medios y los fines del poder mismo”[15].

El agente de la memoria se anticipa al estallido de la revolución con un mensaje claro en cuanto a lo ideológico, la nación por sobre los intereses particulares. El juramento de lealtad será nuevamente recreado por David en su “Juramento del frontón”, símbolo sin duda del inicio de la revolución.


  1. Universidad Nacional de Mar del Plata.
  2. FALCONE, R., PITENCEL, M. “La reconstrucción de un topos. El rapto de las sabinas”. En: Actas del XII Coloquio Internacional de Historiografía Europea y IX Jornadas de Estudios sobre la Modernidad Clásica, 2017; FALCONE, R., PITENCEL, M. “Imágenes de la crisis a través del arte: el caso de Lucrecia”. En: VII Jornadas Nacionales y IV Internacionales Historia, Arte y Política, Departamento de Historia y Teoría del Arte, Facultad de Arte, Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, Tandil 23 al 25 de junio de 2016; FALCONE R., PITENCEL, M. “Crisis, memoria e identidad en la tardo republica romana”. En: XI Jornadas de Investigadores en Historia, 2016. Actas de las XI Jornadas de Investigadores en Historia; Falcone, R., Pitencel, M. “Lucrecia, lo visto y lo escrito. Violación y suicidio”, En: Actas del XI Coloquio Internacional de Historiografía Europea y VIII Jornadas de Estudios sobre la Modernidad Clásica, 2015; FALCONE, R., PITENCEL, M. “Amor, mujeres e Historia”, En: VI Jornadas de Filosofía Antigua “Dr. Francisco Olivieri”, 2015, ISBN 978-987-544-736-3 E-book y FALCONE, R., PITENCEL, M.; REINANTE, D. “Mito y Logos, la crisis a través de la memoria organizada”. En: VII Jornadas de Historia de la Filosofía Antigua “Dr. Francisco Olivieri”, 2016.
  3. BEARD, M. La civilización de la mirada, Barcelona, 2019, p.11.
  4. CANDAU, J., Memoria e identidad, Buenos Aires, 2001, p.121. JELIN, E., Los trabajos de la memoria, Madrid, 2002, p. 50.
  5. LIVIO, T. Storia di Roma dalla sua foundazione, con saggio di Ronaldo Syme. I Classici della Rur, Biblioteca universale, Milano, 1992, Introduzione e note di MORESCHINI, C. Produzione di Mario Scándola, volumen Primo (Libri I-II) Texto Latino a fronte. Livio, Tito; Ad urbe condita, Buenos Aires,1952.
  6. DIONISO DE HALICARNASO, Historia Antigua de Roma, Madrid,1984.
  7. DIONISO DE HALICARNASO, Historia Antigua de Roma, Madrid, Gredos, 1984.Libro III,21,2-3.
  8. DIONISO DE HALICARNASO, Historia Antigua de Roma, op. cit., Libro III,21,8-9.
  9. MARX, K. El 18 Brumario, Biblioteca virtual CLACSO.org.ar.
  10. COMBE, J. “El clasicismo francés y su prolongación”, En: HUYGHE, R. (Dir.) El arte y el hombre, Bs. As, 1967, p. 100.
  11. HAUSER, A., Historia social de la literatura y el arte, Buenos Aires, 1968, p. 325.
  12. Ibid., p.323.
  13. CANTARELLA, E. L’ambiguo malano, condizioni e imagine della donna nell’antichitá greca e romana, Roma, 1985, p. 226.
  14. Ibid, p. 229.
  15. HUNT, L., Política cultura y clase durante la Revolución Francesa, Córdoba, 2008, p. 103.


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