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Ensalzando el espíritu
de Virgilio y Horacio

Educación, erudición y saber clásico en los Coloquios de Erasmo de Rotterdam
(siglo XVI)

Maricel Gómez[1]

Salutation. Remember you are at Basil, and not at Athens.
Answer. How do you then dare to speak latin when you are not at Rome?[2]
Pénétrer au cœur religieux du xvie siècle par ces voies peu fréquentées est un travail passionnant, qui permet de mieux comprendre la mentalité des lecteurs et le climat spirituel du temps, de montrer comment Érasme prolonge son œuvre en la défendant, de découvrir surtout le sujet fondamental des Colloques, sujet voulu par l’auteur, mais qui ne pouvait être avoué comme tel dans le titre de l’ouvrage, en raison de son genre littéraire et des circonstances historiques[3].

A comienzos de la primera mitad del siglo XVI, uno de los pilares clave de la instrucción intelectual tuvo que ver con la educación. Desde algún monasterio alejado del centro de las urbes, en el interior de las diferentes cortes europeas y hasta en los claustros universitarios de las capitales más distinguidas se ubicaron aquellas sedes que fueron testigos clave de la alfabetización a la que tenían acceso los sectores más privilegiados.

Esta fue, más que una necesidad, una prioridad de primer nivel para todos y cada uno de los eruditos que formaron parte del humanismo renacentista desde el momento mismo de sus orígenes. Con el objetivo de realizar un retorno a las fuentes en sus idiomas de origen para poder confeccionar una lectura diferente de la realidad en la que ellos vivían, el latín -y tiempo más tarde, el griego- fueron las claves para poder “resucitar” aquel espíritu de los clásicos para encaminar a una civilización que en palabras de Lorenzo Valla, no se podía permitir que se “barbarice” el lenguaje propio de la Roma clásica.

Uno de muchos que compartía la misma preocupación que el laureado humanista romano fue Erasmo de Rotterdam (ca. 1466- 1536). Erasmo no sólo defendió la importancia que tienen los idiomas clásicos para poder bucear en el amplio mar de la sabiduría humana, sino también se dedicó a criticar aquellos obstáculos impuestos en la educación de corte religioso echando grandes culpas a todos los escolásticos.

Este fue el combustible necesario para que nazcan los Coloquios. Estos tuvieron como propuesta principal otorgar un modelo de enseñanza a aquellos que estaban dando sus primeros pasos en el aprendizaje de las lenguas clásicas. Por otra parte, Erasmo los escribió para tenerlos como un manual de lengua latina con el cual entretener a los jóvenes de familias adineradas a las que sirvió. Luego, estos escritos se convirtieron en una producción definitiva donde se expresaba un espíritu de época en la cual todos los actores sociales (desde un pescadero hasta una mujer instruida) pasaban por su aguda mirada, mientras que al mismo tiempo esta serie de diálogos eran el medio por el cual Erasmo efectuaría un ejercicio de crítica social hacia aquello que, según su criterio, no contribuía al funcionamiento de la sociedad en la que vivía.

Por lo tanto, el objetivo del presente trabajo consistirá en realizar una lectura de una selección de estos coloquios para poder determinar, por un lado, hasta qué punto Erasmo pretendió inculcar una forma distintiva de enseñanza de una lengua en un diálogo basado en situaciones preferentemente cotidianas y, por otro, poder discernir aquellas ideas subversivas que pretendía instalar en el contenido de aquellas inocentes disquisiciones.

La hipótesis que queremos señalar radica en que teniendo en cuenta las diferentes fechas de reedición de la presente obra y los itinerarios intelectuales trazados por el mismo autor, estos Coloquios demuestran la pacífica convivencia entre las herencias latina y griega, en donde no se encuentra la preeminencia de una sobre la otra, sino que se hallan diferentes mosaicos de las mismas, vehiculizando el sugerente discurso establecido por su propio autor. Al mismo tiempo, se puede considerar que la instrucción intelectual va de la mano con el incipiente disciplinamiento de los propios cuerpos[4].

Para ello nos basaremos sobre un canon específico de coloquios teniendo en cuenta la edición original de 1522, pero también prestando atención a algunas modificaciones producidas en reediciones posteriores.

Bajo la protección de Minerva. Un breve comentario sobre el ambiente erudito en la Europa del Renacimiento

Imagina que los enfrentan a un ejemplo de sabiduría, a un humano que sea que haya gastado toda su pericia y adolescencia en aprender a fondo las disciplinas, y que haya perdido la parte más suave de la vida en continuas vigilias, preocupaciones, sudores y que ni aún haya gustado un cantillo de placer durante todo el resto de su vida […] consumido por una vejez contraídas muy anticipadamente. ¿Aunque qué importa cuando muere esa clase de gente que nunca ha vivido? En fin, ya aquí tienes la egregia imagen del sabio [5].

Es importante destacar en esta instancia la firme continuidad de los métodos de enseñanza del período medieval, en especial en el seno de los claustros universitarios. La instrucción de las disciplinas relacionadas al trivium (retórica, gramática y dialéctica) y al quadrivium (aritmética, geometría, astronomía y música) formaban parte sustancial de las currículas de las casas de altos estudios. Así, la gran mayoría de los humanistas se fueron inclinando por el refuerzo del trivium, fortaleciendo capacidades y materiales propios de la retórica y la gramática.

Si bien Eugenio Garín ha sostenido que la restauración de la Antigüedad -es decir, la recuperación de su significado en los rasgos humanos originales – fue el descubrimiento de lo clásico gracias por los humanistas[6], era necesario el obligado rescate de la herencia latina y griega. Para ello, era necesario tener en cuenta una serie de modificaciones respecto ciertos métodos que privilegiaban la memorización y repitencia de enunciados. Así, los textos que estuvieron destinados a ser “impresos” por la memoria (fórmulas aplicadas mecánicamente) se sustituyeron por textos compilados directamente de las fuentes[7].

De esta manera, los eruditos tuvieron las herramientas suficientes para poder interpretar de manera precisa el patrimonio escrito de los más prolíficos autores clásicos. Teniendo en cuenta que el eje troncal de los studia humanitatis estuvo pura y exclusivamente dictado en latín, a partir de fines del siglo XIV y comienzos del XV tuvo comienzo la difusión de la lengua griega en múltiples puntos de las ciudades-Estado italianas (como por ejemplo, Florencia), inmiscuyéndose gradualmente a otros puntos de la Europa de Occidente, o siendo adquirida por diversos estudiantes que viajaban a la península itálica[8].

Este acontecimiento tuvo un fuerte impacto en la formación intelectual de Erasmo. No es un hecho menor señalar que recién se especializó en el idioma griego cuando se encontraba promediando los 30 años. Compartió junto a su amigo Tomás Moro la sensibilidad propia de los escritos en lengua griega, animándose a traducir en conjunto varias obras de Luciano[9].

Más allá de su predilección por el mundo griego[10], Erasmo creía firmemente en privilegiar las letras humanas y el estudio de las letras sagradas por igual. Su monumental traducción del Nuevo Testamento (Novum Instrumentum) en 1516 constituyó un ejemplo de excelencia y un tratamiento original de las herramientas vinculadas a la filología.

En ese sentido, la veneración a los mayores nombres griegos y romanos sirvieron como estrategias no sólo gramáticas sino históricas en el momento de la confección de una obra que llegaría a reeditarse exitosamente por décadas: los Coloquios.

Los Coloquios de Erasmo: de material de enseñanza a objeto de crítica social

Como hemos comentado anteriormente, los Coloquios tuvieron diferentes propósitos a lo largo de la tarea erudita y literaria de su autor. En el principio, éstos funcionaban como materiales de uso didáctico para compartirlos con los jóvenes que se iniciaban en el aprendizaje de la lengua latina. Erasmo estaba al servicio de la instrucción de los hijos de los grandes nobles a los que alguna vez hizo gala de su conocimiento. En 1518 Johann Froben, amigo cercano e impresor del erudito, publicó una versión “clandestina” con los principales modismos y estructuras gramaticales provenientes de puño y letra, causando gran decepción e inconformismo por parte de nuestro erudito. Desde ese año y hasta el año de publicación original definitiva, Erasmo trabajó detalladamente en el contenido y el formato de los diferentes coloquios que se encontrarían en la edición final.

La primera edición oficial de los Coloquios vio la luz en 1522. Es importante destacar que en aquel impasse de cuatro años entre la edición “clandestina” y la versión definitiva el itinerario intelectual de Erasmo transitó diferentes etapas. Luego del resquebrajamiento confesional que implicó la presencia del monje Martín Lutero en 1517 con el inicio de la Reforma Protestante, dicho cisma afectó gravemente las relaciones entre el poder monárquico, el poder religioso y el papel de los humanistas a lo largo y ancho de Occidente. Las polémicas iniciadas en 1519 mediante el debate en Leipzig entre Lutero y el teólogo franciscano Johannes Eck y las discusiones entre el primero y Erasmo a principios de la década de 1520 tuvieron fuerte impacto en la producción intelectual de este último.

Si bien la función principal de estos coloquios estaba vinculada al aprendizaje del buen uso del latín, también expresaron todas aquellas disputas teológicas en las cuales Erasmo no quiso intervenir, pero que frente a la presión de las circunstancias tuvo que dar una respuesta inmediata. De esta manera los Coloquios contienen estos diferentes ingredientes, manifestando el presente intelectual de su propio autor.

El eje central de este conjunto de escritos se nucleaba en representar diferentes diálogos entre diversos actores sociales de aquella sociedad del siglo XVI: un joven estudiante, un pescadero, un abad, una joven noble erudita, un soldado, etc[11]. Todos estos participan en esta obra. Pero lo cierto es que Erasmo hace gala del recurso de la crítica social vehiculizándola mediante los intercambios entre los integrantes de este variopinto elenco.

Especialmente, son interesantes los diálogos que refieren a las prácticas vinculadas a la circulación del saber en los entornos clericales y por fuera de los mismos. En el coloquio “Courtesy in Saluting” / “Cortesía al Saludar”, vemos diferentes maneras en las que según el autor es posible saludar a otra persona de manera formal o informal. En el mismo, hay una charla entre Jorge y Livinus:

Livinus: If I must dye, I had rather dye once for all, than to be tormented with so many slops.
Jorge: Well, then, be your own doctor. If you can’t trust to a doctor, pray God be your physician. There have been some that have recover’d their health by putting on a Dominican or a Franciscan friar’s cowl [12].

Las mayores críticas desplegadas por Erasmo irán directamente a las órdenes mendicantes franciscana y domínica. Más allá de las internas que pueda expresar un agustino confeso, nuestro autor siempre vinculó a dichos grupos con las prácticas provenientes lanzadas por el escolasticismo. Aunque Cornelius Augustijn haya manifestado que sería conveniente desviar el análisis anti-escolasticista de Erasmo para prestarle atención a otros problemas de conjunto[13], en los Coloquios es indispensable tener en cuenta este tópico para evaluar las críticas a los métodos de enseñanza desplegados por la institución religiosa.

En relación a este último punto, podemos observar esta dinámica en el coloquio “Scholastic studies” / “Estudios escolásticos”:

Silvio: You say very true, and for that reason I have often wished he had a palsy in his arm.
Juan: It is not pious to wish ill to one’s Master: it is our business rather to take care not to fall under the Tyrant’s hands.
Silvio: Let us say one to another, one repeating and the other looking in the book (…)
Silvio: Come, be a good heart; for fear spoils the memory.
Juan: I could easily lay aside fear, if I were out of danger; but who can be at ease in his mind, that is in so much danger.
Silvio: I confess so; but we are not in danger of our heads, but of our tails”[14].

Podríamos anticipar de antemano que este fragmento del coloquio posee un fuerte componente autobiográfico. Erasmo ha transcurrido sus años de estudios dentro del monasterio de Deventer con gran pesar. Su vida dentro de ese espacio estuvo regida por el orden, la rigidez y la disciplina. Por lo tanto, si bien esa educación le sirvió para su futuro desarrollo en el campo de la erudición, la otra cara de la moneda la ocupaba los castigos físicos perpetrados por los mismos religiosos, muy comunes en aquellos tiempos. Esa es la advertencia final que sugiere irónicamente Silvio: no sólo están en peligro sus cabezas, sino también sus partes traseras.

Otro de los ejes fundamentales de análisis se vincula a los esfuerzos erasmistas de trazar una especie de “proto-disciplinamiento social”, en el cual describe formas de civilidad y maneras de comportamiento que deben efectuarse en el ámbito ciudadano[15]. Un ejemplo de ello lo podemos ver en el coloquio “The School-Master’s Admonitions” / “Las amonestaciones del Maestro de Escuela” ya que, si bien los infantes no son protagonistas absolutos de estos diálogos, los adultos son los que llevan el papel dominante:

 

Maestro de escuela: You seem not to have been bred at court, but in a cow-stall; you behave yourself so clownishly (…) Look fixed upon the person who speaks to you (…) Don’t stand titter, totter, first standing upon one foot, and then upon another, nor playing with your fingers, biting your lip, scratching your head, or picking your ears (…)”.

Niño: What if I shall try, Sir?

Maestro de escuela: Do so.

Niño: Is this right?

Maestro de escuela: Not quite.

Niño: Must I do so?
Maestro de escuela: That’s pretty well [16].

El maestro de escuela instruye al niño al comportamiento que éste debe tener cuando está en presencia de gente importante y respetable. Es importante resaltar que comportamientos tales como morderse los labios, rascarse la cabeza o las orejas eran en ese tiempo consideradas actitudes propias de las personas “bárbaras”. En ese sentido, la educación intelectual está justamente ligada con la educación de la integridad física. Incluso en líneas posteriores el maestro de escuela sugiere que en caso de que existiera algún sentimiento o algo por decir, es preferible que toda manifestación personal pase desapercibida y que al mismo tiempo no se traslade a cualquier movimiento corporal[17].

En ese sentido, en los coloquios oportunamente seleccionados, se podría considerar que bajo la lupa de Erasmo se prestó atención a las diferentes maneras en que los sujetos que educan se vincularon con sus educandos; no solamente estamos en presencia de una relación de poder, sino que también en las misma se puede inferir elementos que según nuestro autor obstaculizan el desarrollo de aquellas dinámicas de socialización del conocimiento. Asimismo, el lazo que une a la preparación intelectual junto al acostumbramiento físico de los individuos demuestra que no solo se buscaba instruir las mentes, sino también el cuerpo de cada individuo.

Conclusiones

Hasta aquí hemos tratado de comentar las diferentes trayectorias y cuestiones esbozadas en los Coloquios de Erasmo no sólo como un esfuerzo de inculcar la lectura y aprendizaje del latín, sino expresar un conjunto de representaciones acerca del mundo en el que el humanismo cultivó la difusión de la herencia grecorromana y la llevó como bandera.

Coincidimos plenamente con lo dicho por Roger Chartier, que sostenía que indudablemente la lectura es una práctica que siempre está encarnada en gestos, espacios y costumbres[18]. Todas y cada una de las sociedades han sido interpeladas por sus propias dinámicas y tradiciones, siendo estas expresadas por los eruditos en sus obras. En efecto, esto fue lo que sucedió con la obra que tratamos en este trabajo.

Sin embargo, quedan aún muchísimas otras cuestiones relacionadas al abordaje de nuestro objeto de estudio. Por un lado, sería interesante evaluar las críticas en el seno de los claustros universitarios y en las entrañas de la Iglesia respecto a los mensajes que Erasmo quiso transmitir. Por otro lado, indagar sobre los libros en los que se estos coloquios estuvieron inspirados podría ser una buena opción para rastrear las lecturas que el roterdamense tenía presentes en esos momentos de su creación. Finalmente, otro de los problemas complementarios a esta obra podría ubicarse en el lugar que tuvo el estallido de la Reforma Protestante en seno de los principales referentes humanistas. Si bien Erasmo tuvo sus grandes cortocircuitos con Lutero[19], aún queda en el tintero el debate por la paternidad de las ideas clave de la reforma religiosa, que para muchos especialistas constituye el inicio mismo de la Modernidad.

Sin duda, los Coloquios pueden ser leídos en distintos niveles, complementándose unos con otros. Material de lectura en un principio, escrito clandestino de por medio, vehículo de crítica social hacia el final. La riqueza polisémica de esta obra sigue interesando a propios y ajenos, desenterrando una producción que gozó de mala fama en vida de su autor gracias a sus críticos más acérrimos, pero que también se reivindica a sí misma como una de las más complejas creaciones erasmistas.


  1. Universidad de Buenos Aires.
  2. ROTTERDAM, E. de. The Colloquies of Erasmus. Londres, 1878, “Cortesía al saludar”.
  3. BIERLAIRE, F. Les Colloques d’Érasme. réforme des mœurs et réforme de l’Église au XVIe siècle. Lieja, 1978.
  4. La idea de disciplinamiento social estuvo también vinculada con la de “confesionalización”, teniendo en cuenta que en el siglo XVI la religión era un espacio obligado para la definición de identidades. Martínez Millán y Javier de Carlos Morales definen a la disciplina en los siguientes términos: La disciplina hace referencia a la disposición del hombre a uniformarse con los criterios inspiradores del “orden” en el que se encuentra inserto, y por lo tanto en la formación del Estado. El concepto de “disciplina” nos envía al individuo en su pura función social. A través de la disciplina se evocan dos legados más elementales y más fuertes que ligan al hombre a la sociedad: la transmisión del saber y las reglas de vida y comportamiento. Resulta evidente que entre los dos hechos existe una proporción de tipo funcional: no se da regla común de vida sin la posibilidad de transmitir y recibir normas de comportamiento como tampoco es pensable una tradición de normas sin la existencia de una organización sistemática de estas últimas en cuerpos definidos. La circulación estrecha entre ambos momentos puede asumir carácter virtuoso (civilización) cuando la identificación de los sujetos entre quienes van destinadas las normas y las normas mismas son satisfactorias, o carácter vicioso (represión) cuando tal identificación cae en crisis y necesita de una nueva sistematización o por degenerar las normas”. Ver MARTÍNEZ MILLÁN, J. y JAVIER DE CARLOS MORALES, C. Religión, política y tolerancia en la Edad Moderna. Madrid, 2011.
  5. ROTTERDAM, E. de. Elogio de la Locura. Buenos Aires, 2007, 25.
  6. GARIN, E. La Educación en Europa, 1400-1600. Barcelona, 1987.
  7. Idem.
  8. Según Jacques Lafaye, el impulso y la transmisión del griego se intensificó en el siglo XVI, momento donde la lengua comienza a “enseñorearse de Europa”. Este fenómeno se dio, entre otros mecanismos, gracias a los viajes de intercambio de los estudiantes universitarios hacia las ciudades italianas. Algunos notables ejemplos se pueden encontrar en Inglaterra por medio de eruditos de la talla de William Grocyn, Thomas Linacre o John Colet. Aunque Tomás Moro nunca haya puesto un pie afuera de Inglaterra, fue fuertemente influido por los eruditos anteriormente mencionados, y en especial de su mejor amigo, Erasmo. En el caso francés, uno de los casos paradigmáticos fue el de Guillaume Budé, embajador del rey ‘cristianísimo’ Francisco I en la Santa Sede y creador de la biblioteca real del castillo de Fontainebleau. La labor de la familia de impresores Estienne respecto a la difusión del griego no fue nada menor, teniendo en cuenta que a Robert Estienne lo compararon con Aldo Manuzio, el insigne impresor veneciano de obras griegas. Ver LAFAYE, J. Por Amor al Griego. La nación europea, señorío humanista (S. XIV-XVII). México D. F., 2014.
  9. Roland Bainton recuerda las vivencias de Erasmo respecto al desafío de la traducción del griego: He had already been entranced by Jerome and Augustine and had lectured on the Scriptures on Paris. Nor did Erasmus afterwards ever give up secular studies. On the second visit to England he was to be engaged with More in translating Lucian and subsequently brought out renderings of Euripides, Plutarch, Aristotle, Ptolemy and Galen. From the beginning to the end of his career he was dedicated to the dissemination of the classical Christian heritage. If Colet brought about any change it may have been to turn him from patristic to biblical studies and above all Colet’s regret that he did not himself know Greek convinced Erasmus the more that the mastery of this tool was next on the docket. And this goal, he believed, could be achieved not so well in England as in Paris which had some native greeks. Ver: BAINTON, R. H. Erasmus of Christendom. Londres, 1969.
  10. En su análisis de la obra cumbre de Tomás Moro, Utopía, Eric Nelson considera que Erasmo se ubicaría del mismo lado que su colega, ya que si bien a diferencia de la justicia romana (que supone que le da a cada uno lo que le corresponde), la justicia griega está convencida de la disposición de los elementos de acuerdo a los principios de la naturaleza. Ver NELSON, E. “Utopia through Italian Eyes: Thomas More and the Critics of Civic Humanism”. Renaissance Quarterly, Nº 59, 2006, p.1029-1057.
  11. Cornelius Augustijn hace un sutil comentario sobre la elección de los personajes realizada por Erasmo: “Llama la atención que casi no aparezcan niños y sí en cambio muchos jóvenes y un número considerable de mujeres que, para fastidio de todos los convencionalismos, a menudo platican con mucho ingenio. El clero -más el regular que el secular- y los moradores de los conventos salen mal parados casi sin excepciones”. Ver AUGUSTIJN, C. Erasmo de Rotterdam. Vida y Obra. Barcelona, 1986.
  12. ROTTERDAM, E. de. The Colloquies of Erasmus. Londres, 1878.
  13. “No sería justo juzgar a la teología escolástica a través de sus manifestaciones más degradadas o de las cáusticas burlas de Erasmo. Apenas iniciada la comprensión estrictamente filológica de un texto, se le sometía una crítica acerada. El auténtico objetivo del método escolástico no consistía, en última instancia, en la correcta interpretación literal de un enunciado, sino que se pretendía reconocer la verdad; de ahí que se considerará lícito tergiversar el texto por amor a la verdad y a la correcta comprensión. Ver AUGUSTIJN, C. Erasmo de Rotterdam…, op. cit., p.22.
  14. ROTTERDAM, E. de. The Colloquies of…, op. cit.
  15. Asimismo, Norbert Elias señala que los aportes erasmianos respecto a la conducta y los comportamientos humanos le dieron un nuevo sentido al concepto de ‘civilidad’. Sobre un tratado anterior a la producción de los Coloquios llamado De Civilitate morum puerilium (Sobre la civilidad), comenta: Trata de algo muy simple: de la conducta de las personas en la sociedad, especialmente (aunque no tan sólo) del «externum corporis decoro» (decoro externo del cuerpo). Está dedicado a un muchacho noble, a un hijo de un príncipe, para su adoctrinamiento. Contienen pensamientos muy simples con gran seriedad y, al mismo tiempo, con broma e ironía en un lenguaje claro y preciso. Erasmo habla por ejemplo de la apariencia de las personas y da consejos para que otros aprendan; pero también son testimonios de la observación humana, inmediata y viva, que él mismo acostumbraba a practicar. Ver ELIAS N. El Proceso de Civilización. Investigaciones Sociogenéticas y Psicogenéticas. México D, 2016.
  16. ROTTERDAM, E. de. The Colloquies of…, op. cit.
  17. Idem.
  18. CHARTIER, R. El Mundo como Representación. Estudios sobre historia cultural. Barcelona, 2005.
  19. Marcel Bataillon consideró que Erasmo descubrió en los Coloquios una fórmula maravillosamente flexible y atractiva para proponer ante la conciencia cristiana estos problemas que la revolución luterana no resuelve sino al precio de un cisma, y de los cuales la ortodoxia no puede desentenderse con una brutal negativa a tratar de ellos. Ver BATAILLON, M. Erasmo y España. México D. F., 2007.


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