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Continuidades y rupturas
en torno a la educación femenina en la monarquía hispánica
en el siglo XVIII

Un análisis a partir de los discursos ilustrados

María Cristina Galván[1]

Introducción

Mucho se ha escrito sobre el tema de la mujer, se ha estudiado su condición dentro del matrimonio, su papel en torno a la educación, su situación en el mundo del trabajo. Pero siempre el papel de las mujeres fue relegado a segundo plano, mientras el primero era ocupado por los hombres.

En el siglo XVIII se produce un cambio respecto a la valoración negativa que se tenía de las mujeres en los siglos anteriores, este cambio beneficia principalmente a las mujeres de los sectores altos y surgen autoras como Josefa Amar y Borbón[2] que se pronuncian en favor del talento de las mujeres.

Hubo una eclosión de estudios vinculada al feminismo como movimiento social y pensamiento crítico: de entonces datan las primeras aproximaciones y aportes realizados por M. Victoria López-Cordón[3], Margarita Ortega López[4], Isabel Morant[5] o Montserrat Carbonell, entre otras, a cuestiones como el trabajo de las mujeres en el marco del reformismo dieciochesco, los discursos sobre la feminidad o las continuidades y cambios legislativos en el Antiguo Régimen. Entendiendo por discurso el análisis de la realidad en diferentes niveles: ¿Cómo es la realidad? ¿Cómo se ve la realidad? ¿Cómo se distorsiona esa realidad a través de una mirada interesada? ¿Cómo se elaboró esa realidad? Esto es, como se llega al producto reflexivo, deliberado e intencional por el que elaboramos nuestra visión de la realidad con arreglo a nuestros deseos e intereses[6].

A principios de los 90, las investigaciones habían experimentado un indudable avance, desde esos años y hasta nuestros días se han ampliado y diversificado de forma notable. Las investigaciones de las últimas décadas sobre la vida y la representación de las mujeres en el siglo de las Luces han hecho emerger, en efecto, un verdadero filón y constituyen aportación teórica y metodológica que ha contribuido muy significativamente a enriquecer nuestra visión de la cultura y la sociedad españolas del siglo XVIII[7]. Cabe destacar que la labor de las mujeres como autoras en el siglo XVIII quedó en muchos casos limitada a la escritura de textos que no llegaban a alcanzar las prensas y que sólo se daban a conocer en sus círculos privados.

Este trabajo se basa en el análisis de las obras La Pensadora Gaditana, de Beatriz Cienfuegos[8]y El Pensador de José Clavijo y Fajardo[9], para de esta manera conocer y comprender el papel que las mujeres tenían en la sociedad, su talento, como la religión era considerada un factor importante dentro del mundo femenino y como las instituciones determinaban sus roles en la sociedad patriarcal arrastrados de siglos anteriores.

En el contexto ilustrado del siglo XVIII y como reacción a El Pensador de Clavijo y Fajardo, en 1763 Beatriz Cienfuegos creo La Pensadora Gaditana, considerada una de las primeras publicaciones periódicas escritas por una mujer. Bajo La Pensadora Cienfuegos publicaba sus ideas en forma de pensamientos representando un nuevo ideal de mujer que “piensa con reflexión, amonesta con madurez y critica con chiste”[10]. La Pensadora Gaditana se editó semanalmente entre Julio de 1763 y Julio de 1764. Era un periódico crítico sobre las costumbres masculinas y femeninas y otros temas de interés de la época, como ella indica, por tratarse de una mujer con menor dureza y mayor objetividad que el Pensador:

Hasta que, exaltado todo el humor colérico de mi natural (que no es poco) con las desatenciones, groserías y atrevimientos del señor Pensador de Madrid, en orden a lo que trata de nuestro sexo, he resuelto tomar la pluma, no para contradecirle ni tacharle sus asuntos, que este es ya camino muy andado; sino enseñarle (siguiendo su idea, guardando sus màximas y aspirando a un mismo objeto) a criticar defectos sin ofender privilegios [11].

Cabe mencionar que la autoría femenina ocupaba un segundo puesto con respecto a la labor de las mujeres como traductoras de textos masculinos escritos en otros idiomas. Era difícil, por lo tanto, ser reconocidas por su propio ingenio y creatividad, así como por su capacidad de dominar la técnica de la escritura[12]. Hay que mencionar que se tildaban los escritos femeninos con predominio de sensibilidad, esa facilidad para conocer lo sensible por parte del sexo femenino y que resumió bien Emilio Palacios: “aunque inferior su conocimiento en el campo de las ideas abstractas y teóricas, a excepción de las sutilezas del amor, ya que en esto dejan muy atrás al hombre más discreto”[13].

Pero no todas las mujeres que escribieron en el siglo XVIII lo hicieron sobre sentimientos. Encontramos un amplio panorama literario en el que los estudios llevados a cabo durante los últimos años muestran que, aproximadamente, unas doscientas mujeres tomaron la pluma en la España del setecientos. Fueron autoras de distintos géneros, dentro de los cuales historiadores y filólogos han hallado que su producción fundamentalmente dos rasgos distintivos: es apologética y exhortativa. Es decir, son discursos, en defensa de alguien o algo[14].

El Pensador de Clavijo y Fajardo fue uno de los periódicos más importantes de la segunda mitad del siglo XVIII en España. Aparecido en 1763, dedica cada número a un “pensamiento”. Clavijo se define a sí mismo como espectador de la realidad social, a partir la cual emite su opinión. La mayoría de sus pensamientos consisten en críticas sociales y costumbristas. Clavijo arremete contra la superstición, la charlatanería, las modas absurdas, las apariencias o la hipocresía, entre otros muchos temas sociales de su época.

Beatriz Cienfuegos supo hacer todo esto en un estilo muy sencillo y espontáneo, con la audacia de una mujer libre que busca cómo expresarse en un momento en que todos los caminos están bloqueados: “Mi inclinación es la libertad de una vida sin la sujeción penosa del matrimonio, ni la esclavitud vitalicia de un encierro”[15].

Sus discursos no se dirigen sólo a las mujeres, sino a todos los ociosos y a los privilegiados: “¿Qué derecho te ha dado este fingido honor de que haces alarde, para que usurpes a los pobres y les comas las cosechas de sus industrias”?

Fue una de las primeras aportaciones femeninas a la historia del periodismo español. Durante ese año se publicaron 52 pensamientos que pueden situarse en la línea de crítica social y de costumbres. Tanto en Inglaterra como en Francia hay constancia de una prensa escrita por mujeres, que se dedicaban a la crítica social, por lo tanto, no tendría que resultar extraño que Beatriz Cienfuegos fuese realmente una mujer sin embargo, la crítica lo ha puesto frecuentemente en duda.

Frente a estas opiniones, Ramón Solís en su obra Historia del periodismo gaditano afirma que se trata realmente de una mujer y Cintia Canterla[16] que ha estudiado ampliamente esta cuestión indica que es una mujer y que firma con su nombre apoyándose en dos aspectos importantes, en primer lugar en la existencia del apellido en Sevilla y en América y en segundo lugar en que la legislación de la época prohibía publicar libros o papeles con nombre falso y la publicación contaba con licencia de impresión.

En cuanto al estilo y adscripción genérica nos encontramos ante un tipo de prensa muy próximo a la literatura, que era corriente en la época. Principalmente en estos 52 pensamientos predomina el estilo ensayístico y tiene cabida la creación poética.

Toda mujer sabía que firmar con su propio nombre era arriesgarse al escándalo y al ludibrio; demostrar una cierta cultura era asimismo exponerse al ridículo y a ser mal vista por las mujeres de aquella sociedad.

En su obra, la Pensadora Gaditana tiene la intención de hallar los mismos defectos a corregir en los hombres que en las mujeres, tomar una posición imparcial, ser critica.

Beatriz Cienfuegos nació en Cádiz en 1701 y falleció en 1786, es considerada una pionera del periodismo español.

Los objetivos de este trabajo son conocer y comprender los cambios que se fueron dando en torno a la educación de las mujeres en la sociedad moderna, haciendo referencia a los espacios públicos y privados, y como estos aspectos femeninos fueron reflejados en la prensa de época, en autores como Cienfuegos y Clavijo y Fajardo.

Espacio público

Hay que mencionar la existencia de dos espacios diferentes en los que se desarrolla la vida social de las mujeres: el público y el doméstico (que no privado)[17]. Se ha dicho en numerosas ocasiones que las mujeres desarrollan su vida en el espacio doméstico, quedando el público al arbitrio y dominio de los varones. Èste hace referencia a la “domus”, al conjunto del grupo familiar organizado y estructurado en torno a un lugar de habitación propio, la casa. Se trata de un complejo organismo social. Encontramos a varones y mujeres, aunque la norma imperante coloca a las mujeres bajo la autoridad de los varones.

En ese espacio domestico la autoridad patriarcal ha reservado a las mujeres un cometido particular relacionado con la conservación y reproducción del grupo. Se vincula este papel con la procreación y se lo amplia a los cuidados y a la manutención cotidiana, pues se trata de “asuntos de mujeres”[18].

No ha de estar siempre ceñido el dòn de consejo à las pelucas, ni han de hacer sudar las prensa los sombreros; también los mantos tienen su alma, su entendimiento y su razón: ¿pues por que los hombres han de mandar, han de reñir, han de governar, y corregir, y à las pobrecitas mujeres, engañadas con el falso oropel de hermosas y damas, solo se les ha de permitir tiren gages de rendimiento fingido, y pasen plaza de señoras de teatro, que en acabándose la comedia de la pretensión, todo se oculta y todo se descubre, el engaño, y la falsedad?[19].

En el siglo XVIII tan sólo comenzaban a identificarse prioritariamente con los espacios de la política (entendido como exclusivamente masculino) y de la vida doméstica (considerado como responsabilidad primordial de las mujeres).

Es así que los roles de uno como de otro son diferentes, ambos son educados para la función que tienen que desempeñar; la mujer esta educada para el ámbito doméstico, se la educa para ser una esposa fiel, para ser madre, su ámbito es ese y no otro[20].

Según la mas común opinión masculina, parecerán paradoxas mis intentos, viendo que una mano, à quien naturaleza destinò para governar la aguja, manejar la rueca, y empuñar la escoba, se atreve, sin permiso de las Universidades, de los colegios, y las Academias, à tomar la pluma, ojear los libros, y citar Autores; y en tiempo en que solo pensamos en las modas, en los peynados, en las batas, y en los cortejos [21].

Educación

Cuando hacemos referencia a la educación en la modernidad, tenemos que tener en cuenta que dentro de esta sociedad había mucha desigualdad respecto al acceso a ésta. Ya que no recibían la misma educación los niños que habían nacido dentro de la nobleza que los que formaban parte del campesinado. Hay que tener en cuenta que se trataba de una sociedad patriarcal, por ende, surge la otra diferencia, ésta es respecto al género.

En la educación de las mujeres no se consideraba necesario transmitirle conocimientos de matemáticas, geografía o latín sino propiciar los valores del corazón, estos eran: sensibilidad, espontaneidad, paciencia, amor, sentimiento[22].

Las ambigüedades y limitaciones de los escritos educativos, los proyectos y las realizaciones ponen de manifiesto cómo, pese a los proclamados propósitos de remediar la ignorancia[23] de las mujeres, las propuestas iban básicamente orientadas a formarlas para un rol doméstico y social redefinido: el de esposas y madres entregadas y, en todo caso, mujeres capaces de satisfacer las obligaciones de la sociabilidad. Espíritu utilitario que contrasta con el modo en que muchas mujeres concebían su propia educación, como una puerta abierta al saber y un motivo de íntima satisfacción.

Hay que mencionar que la educación de las mujeres a finales del siglo XVIII era muy minoritaria, ya que no en todos los casos las niñas recibían una educación letrada establecida directamente para ellas, en muchos casos se veían beneficiadas por la instrucción que se les daba a sus hermanos varones, o se formaban a partir de la curiosidad por la lectura, saciada a partir de las bibliotecas de sus padres.

Desde el punto de vista de las mujeres el siglo XVIII resulta el más estudiado debido a la disponibilidad documental muy superior a la de los siglos anteriores.

Se puede mencionar en forma general los géneros a los que varias autoras formaron parte, aunque sin encasillarlas en forma permanente ya que practicaron varios géneros, estos son; dramaturgas, ensayistas o autoras de textos de tipo pedagógico, poetisas y las que publicaron en prensa, como la ya mencionada “Pensadora Gaditana”. Durante el estado ilustrado del siglo XVIII[24] hay datos estadísticos de las mujeres, cuántas eran, sus edades, estado civil, dónde vivían, en qué tipo de familias se insertaban, si trabajaban o no. En dicho siglo se produce un cambio en las representaciones sobre las mujeres, hay un reconocimiento individual de la mujer, se fue imponiendo un discurso sobre la igualdad de la inteligencia entre hombres y mujeres y de equilibrio en las posibilidades de los dos sexos[25].

Nos conceden los hombres à las mujeres (y en opinión de muchos como de gracia) las mismas facultades en el alma para igualarlos, y aun excederlos en el valor, en el entendimiento, y en la prudencia; y no obstante esta concesión, siempre nos tratan de ignorantes; nunca escuchan con gusto nuestros discursos; pocas veces nos comunican cosas sèrias; las mas alejan de nosotras toda conversación erudìta, y solo nos hablan de aquellos intereses que, por ser indispensables, se vèn en la precisión de tratarlos con nosotras [26].

La educación de las mujeres[27], en efecto, aparece como uno de los temas centrales y paradójicos de la Ilustración. El mayor interés por instruirlas se plasma ante todo en numerosos de textos morales y pedagógicos y novelas didácticas para formarlas en sus deberes, y que contienen propuestas algo más amplias y exigentes que antaño, incluyendo higiene y economía doméstica, rudimentos de Geografía e Historia, ciencias y lenguas extranjeras y saberes ornamentales, como la música o la danza.

Las investigaciones han comenzado a clarificar el papel de las mujeres como parte sustancial de las transformaciones culturales del siglo XVIII, en calidad de lectoras, escritoras y participantes en instituciones de sociabilidad intelectual.

Hoy quiero, deponiendo el encogimiento propio de mi sexo, dar leyes, corregir abusos, reprehender ridiculeces, y pensar como Vms. Piensan; pues aunque atropelle nuestra antigua condicion, que es ser siempre ser hypocritas de pensamientos, los he de echar à volar, para que vèa el mundo à una muger que piensa con reflexión, corrige con prudencia, amonesta con madurèz, y critìca con chiste [28].

Consideraciones finales

A modo de conclusión se puede establecer que en la sociedad moderna imperaba una cultura patriarcal, esto generaba que la mayoría de las mujeres fueran mujeres sin voz ni voto, mujeres sumisas, sujetas a la autoridad del padre, luego del marido y de los hijos varones.

Mucho se estudió y se escribió sobre el tema de las mujeres, pero siempre dejándolas a un segundo plano, donde el primer plano era ocupado por los hombres, se hacía lo que se conoce como “historia de los hombres”, donde las mujeres quedaban relegadas. Formaban parte del espacio doméstico, pero sus actividades dentro de este espacio hacia que sin querer participen del espacio público, aunque por supuesto en menor medida que el varón.

Las instituciones como el matrimonio, educación, en muchas ocasiones hicieron que las mujeres se vieran limitadas al acceso a este espacio público, ya que impartían obligaciones y deberes que dichas mujeres debían cumplir, sobre todo en lo que respecta a su rol de esposa y madre. Fueron estas instituciones las que sirvieron de instrumento a la sociedad patriarcal para lograr la “sumisión” de las mujeres. Aunque en forma inversa la institución de la educación quería ser utilizado por las mujeres para poder instruirse, demostrar su capacidad, su talento para poder manejarse de forma más amplia en el espacio público y salir del espacio privado al que según la opinión de la sociedad masculina de la época, le correspondía.

Junto a estas mujeres silenciosas, sin opinión ni personalidad propia, victimas fáciles por su indefensión, encontramos a mujeres de fuerte personalidad y carácter, que sabían hacer valer su voluntad y sus ambiciones, al lado de los hombres o frente a ellos, contrariando la ley en los mismos casos que lo hacían sus contemporáneos o buscando la defensa de la ley en pro de su libertad o sus derechos[29].

Durante el siglo XVIII se produjo una evolución positiva en la que al menos se constata una modificación de las viejas ideas sobre la supuesta inferioridad femenina. Si bien el cambio que se produce es gradual, hay un reconocimiento individual de la mujer, se fue imponiendo un discurso sobre la igualdad de la inteligencia entre hombres y mujeres y de equilibrio en las posibilidades de los dos sexos.


  1. Universidad Nacional de Mar del Plata.
  2. Discurso en defensa del talento de las mujeres y de su aptitud para el gobierno y otros cargos en que se emplean los hombres en Memorial Literario. Madrid, 1786.
  3. LOPEZ- CORDON, M. V. “Familia, sexo y género en la España Moderna”. Studia Histórica, Historia Moderna, Nº 18, 2009, pp. 105-134.
  4. ORTEGA LOPEZ, M. “La educación de la mujer en la Ilustración española”. En: Educación e Ilustración. Dos siglos de reformas en la enseñanza. Simposio Internacional, Madrid, 1988, 193-222.
  5. MORANT DEUSA, I. y BOLUFER PERUGA, M., “Historia de las mujeres e historia de la vida privada: Confluencias historiográficas”. Studia Històrica, Historia Moderna, Nº19, p. 3.
  6. GONZÀLEZ MEZQUITA, M. L. Oposición y disidencia nobiliaria en la Guerra de Sucesión Española. El caso del Almirante de Castilla. Valladolid, 2007.
  7. BOLUFER PERUGA M. “Las mujeres en la España del siglo XVIII: trayectorias de la investigación y perspectivas de futuro”. En: S. GIL-ALBARELLOS PÉREZ-PEDRERO y M. RODRÍGUEZ PEQUEÑO (Coords.), Ecos silenciados: la mujer en la literatura española: siglos XII al XVIII, Valladolid, 2006, 271-288.
  8. CIENFUEGOS, B. La Pensadora Gaditana. Cádiz, 1763.
  9. CLAVIJO Y FAJARDO, J. El pensador. Madrid, 1763.
  10. CIENFUEGOS, B. “La Pensadora Gaditana” op. cit., Pensamiento I.
  11. Idem.
  12. GONZÁLEZ HERAS, N. Tras la sombra de una obra teatral: Isabel María Morón y la autoría femenina en el siglo XVIII. Zaragoza, 2019.
  13. PALACIOS FERNÁNDEZ, E. La mujer y las letras en la España del siglo XVIII. Madrid, 2002, p.24.
  14. GONZÁLEZ HERAS, N. Tras la sombra…, op. cit.
  15. Idem.
  16. CANTERLA, C. (Ed.). La pensadora Gaditana de Beatriz Cienfuegos. Cádiz, 1996.
  17. DEL VAL VALDIVIESO, M. I. “Los espacios del trabajo femenino en la Castilla del siglo XV”. Studia Histórica, Historia Medieval, 26, 2008, p. 65.
  18. ORTEGA LOPEZ, M. ORTEGA LÓPEZ, M, “Casa o convento, la educación de las mujeres en la edad moderna y contemporánea”. Historia 16, 1988, Nº 145, p. 72.
  19. CIENFUEGOS, B. La Pensadora Gaditana...op. cit. Pensamiento I.
  20. BUENO DOMÍNGUEZ, M. L. “Reflexiones en torno a la historia de las mujeres. ¿Una historia coyuntural?” En: C. BARROS GUIMERANS (Coord.), Actas del I Congreso de Historia a Debate, La Coruña, 1995, T. 2, p. 292.
  21. CIENFUEGOS, B. La Pensadora Gaditana...op. cit. Pensamiento I.
  22. ORTEGA LÓPEZ, M. “Casa o convento, la educación de las mujeres en la edad moderna y contemporánea”. Historia 16, 1988, T. 145, p. 3.
  23. BOLUFER PERUGA, M. “Las mujeres en…”, op. cit.
  24. REYES GARCÍA HURTADO, M. (Ed.). El siglo XVIII en femenino. Las mujeres en el siglo de las Luces. Madrid, p. 21.
  25. Idem.
  26. CIENFUEGOS, B. La Pensadora Gaditana…op. cit. Pensamiento I.
  27. BOLUFER PERUGA M. “Las mujeres en…”, op. cit.
  28. CIENFUEGOS, B. La Pensadora Gaditana…, op. cit. Pensamiento I.
  29. CARLÉ, M. del C. “¿La mujer?, ¿las mujeres? (Castilla, siglos XIV- XV)”. Cuadernos de Historia de España, T. LXXVII, 2001-2002, p. 108.


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