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Poder, tensiones y negociación

Una aproximación a las relaciones entre la monarquía católica y las élites sicilianas a través del virreinato de Fernando de Acuña (1489-1494)

Cecilia Lagunas y Gonzalo Granara[1]

Introducción

El período de los Reyes Católicos fue identificado tradicionalmente con la construcción de una monarquía centralizada en la Península Ibérica, conceptualizando a la Corona como el núcleo que permitió cohesionar entidades geográficas heterogéneas[2]. Sin embargo, los aportes de la nueva historia política han permitido recuperar la importancia de las instancias de negociación entre el gobierno central y las élites territoriales como un factor fundamental para la unidad en pluralidad de la Monarquía Católica[3].

Cada territorio de la Monarquía mantuvo sus corpus jurídicos e instituciones de gobierno específicas[4]. La diversificación de niveles del poder estuvo sostenida en una heterogeneidad de sistemas políticos y jurídicos de “tradición medieval”[5]. En este marco, las peculiaridades del Reino de Sicilia están vinculadas con su carácter de primer territorio extra-ibérico integrado a un Rey peninsular[6] y gobernado de forma “paccionada” [7] mediante la figura del virrey[8].

La gobernabilidad del Virreinato de Sicilia dependía de un delicado equilibrio. Los conflictos de potestades y jurisdicciones irán creciendo en el transcurso del siglo XVI y XVII, teniendo en cuenta la superposición de los poderes virreinales, las instituciones estrictamente reales y aquellas que eran autóctonas del reino, sean laicas o eclesiásticas[9]. Este aparente desorden organizativo se sustentaba el respeto de la individualidad de cada dominio, creando un relativo espacio de toma de decisiones entre Rey” y “Reino”[10].

De esta forma, es necesario poner en relación las formas del disciplinamiento social (estatal y religioso) con el análisis local y regional de las alianzas de poder que tejieron los grupos dominantes en el escenario mediterráneo de la Monarquía Católica. Debemos tener en cuenta una perspectiva política ampliada (centro del poder y territorios “mundiales” aglutinados por la Corona), pero también el contacto de las normas jurídicas y religiosas de disciplinamiento con la vida cotidiana de las mujeres y varones en sus escenarios comunitarios (familias, linajes, monasterios, órganos del poder, etc.).

La presente ponencia se propone efectuar una aproximación a la relación entre la organización político-institucional del Reino de Sicilia y la Monarquía Católica a través de la construcción de redes sociales y de poder -clientelares, familiares y de servicio- durante el mandato virreinal de Fernando de Acuña, noble castellano, junto a María de Ávila, mujer de la oligarquía abulense (1489-1494).

Los documentos utilizados como insumo principal corresponden a los cuatro tomos editados del monasterio abulense de Las Gordillas[11], que incluyen tres cartas de Fernando El Católico al Virrey[12]. También fueron instrumentadas crónicas complementarias que permiten contextualizar las fuentes e incorporan información relevante, como la de Giovanni Di Blasi elaborada a partir de los Anales del Reino de Aragón escritos por Jerónimo Zurita[13].

Fernando de Acuña en el Virreinato de Sicilia (1489-1494)

María Dávila provenía de una rica familia de pañeros integrante de la oligarquía urbana abulense que experimentó un importante ascenso social en el siglo XV. María, punto cúlmine de este proceso, tuvo una relación muy activa con la religiosidad y la corte isabelina. Primero se casó con el tesorero real Núñez de Arnalte. Luego de enviudar, concertó matrimonio con Fernando de Acuña gracias a la mediación de Isabel La Católica. Terminó sus días como abadesa de Las Gordillas, Monasterio de fundación propia[14].

Fernando formaba parte de las ramas menores de la Alta Nobleza al servicio de los Reyes Católicos[15]. Había detentado varios cargos en el aparato central de la Monarquía: Capitán de Hombres de Armas, Gobernador y Justicia Mayor de Galicia y Capitán Real dedicado a la “pacificación” del norte de Castilla[16]. En el año 1485 fue distinguido con el cargo de Virrey de Sicilia, instalándose en Palermo junto a María Dávila.

A fines del siglo XV los poderes del Virrey carecían de delimitaciones claras, obligando a recurrir a miembros de la nobleza de mayor confianza real[17], lo que justifica la elección del matrimonio para esta tarea[18]. El traslado a Italia implicó la proyección de la pareja hacia un escenario ampliado, bajo nuevas circunstancias. Fernando y María trasladaron sus redes familiares y clientelares a Sicilia[19], entre los que se cuentan criados, religiosos y artistas[20]. Estas redes vinieron a sumarse a las que el virrey debía construir en Sicilia para poder hacer efectivo su mando. Las fuentes citadas en la introducción permiten abordar esta dinámica del gobierno virreinal a través de tres problemáticas: la defensa militar, las reformas económicas y el ejercicio de la Justicia Real.

En primer lugar, es necesario tener en cuenta que en el siglo XV que el dominio siciliano detentaba una importancia estratégica para la Corona. De la estabilidad de Sicilia dependía la totalidad del sistema de seguridad en la península y el mediterráneo[21]. Su defensa permitía contrarrestar la amenaza de las fuerzas militares francesas[22] y de la expansión del Imperio Turco, así como controlar la piratería bereber veneciana[23]. Si el tándem Nápoles-Sicilia-Malta era considerado la “bisagra central del mar”[24], Sicilia era la “frontera y antemuralla de la Cristiandad”[25].

El período de gobierno de Fernando Acuña y María de Ávila (1489-1494) precedió a las guerras italianas[26]. Ante lo inminencia de la conflictividad con la monarquía francesa y la lucha constante contra la piratería, la defensa militar de Sicilia estaba bajo la atenta observancia de los monarcas, como puede observarse en las solicitudes de Fernando el Católico al virrey:

[…] plázenos que la artillería que havéys fallado en essa ciudad de Palermo sea qual dezís. Creemos que las armas y artillería que allá embiamos al tiempo que recebiréys la puente haya llegado en la fortificación y reparo desse reyno [Sicilia] e yslas de Malta, Pantanalca y del Gozo […]. Es cosa, como veréis, muy neccesaria […], usad en todo de la diligencia que en caso que tanto importa se requiere[27].

Inferimos que el énfasis puesto por el Rey se vincula con que gran parte del apoyo de las élites italianas residía en la confianza que podía generar la protección armada de la Corona castellano-aragonesa, teniendo en cuenta las múltiples amenazas[28]. Fernando de Acuña debía darle continuidad al compromiso del Reino con la Monarquía.

En segundo lugar, en la carta de recomendaciones que el Rey envió en el primer año de mandato del virrey se le encarga la implementación de una medida comercial delicada:

[…] encomendamos un negocio […], acerca la prohibición de los brocados, sedas y paños stranjeros en [Sicilia], y que no podiessen entrar paños en aquél, salvo de nuestros reynos de la Corona de Aragón, faziendo con esto ciertas limitaciones en el vestir de la gente desse reyno. Antes […] queríamos saber qué daño se seguiría e nuestra corte por la dicha prohibición y limitación, para que concertásemos con estos nuestros reynos de Aragón que se impusiesse en los paños tanto derecho que ygualasse o emendasse el año que nuestra corte ahý recibiera por causa de la dicha prohibición[29].

Se debe interpretar esta medida comercial en el contexto de la imperiosa necesidad de recuperar la economía de Cataluña, dominio en ruina tras las contiendas civiles que acompañaron la unión de Castilla y Aragón[30]. El encargo del monarca denota la intención de proteger la producción pañera de ciudades catalanas en aprietos económicos[31].

No obstante, favorecer los intereses comerciales de Cataluña podía poner en riesgo la relación con las élites sicilianas. Fernando el Católico le solicita al virrey que evalúe el impacto de imponer la importación de paños aragoneses. Este asunto podría traer tensiones dentro de la población local, sobre todo en los sectores urbanos que controlaban el comercio y tenían relevancia financiera.

Precisamente, el virreinato gozaba de una situación de autonomía debido a su unión “por contrato” con la Corona[32]. El virrey debía pivotear entre las pretensiones de las élites territoriales y los intereses de la Corte Real[33], evitando la enajenación de las fuerzas locales. La introducción de novedades podría vulnerar el “pacto constitucional”: la observancia de las “leyes antiguas” era condición necesaria para la fidelidad del Reino[34].

En tercer lugar, la defensa de la Justicia y protección a los vasallos reales fue otro de los principios generales que orientaban las acciones de gobierno virreinales[35]. En la misma carta citada, Fernando el Católico le comunica al virrey:

[…] vimos lo que nos screvís de la presión de Metali, de micer Francisco de Lázaro y micer de Colasabia, y sumariamente entendimos los delictos de que fasta la hora eran acusados. Y cómo havíades fecho sequestrar sus bienes. Todo nos ha mucho plazido por el zelo de la justicia, aunque por cartas de otros lo supimos primero que por las lustras. […] Mucho nos plazerá que de todo lo que occorrire seamos antes avisados por vuestras cartas que por la de otros y con expressay particular mención de todas las cosas y de las culpas que fueren presos[36].

Aunque el rey expresa conformidad con las decisiones virreinales, reprende al vice-regnícola por no comunicarse con celeridad. Este discurso puede manifestar la tensión latente entre el control sobre las acciones del virrey y los riesgos de desacreditarlo, ya que en última instancia representaba la potestad del Rey en Sicilia. Cuestionar la medida aplicada por el virrey implicaría minar el prestigio real ante los vasallos[37].

Asimismo, en otra carta fechada en el año 1490 Fernando El Católico le ordena a Fernando de Acuña que encarcele y embargue los bienes de un miembro de la nobleza italiana, y detentor del cargo virreinal durante los años 1479-1483, Gaspar Despes, Conde de Sclafana[38]. Aparentemente, los “abusos” de Despes generaron un gran descontento en los estamentos locales. Las acciones legales emprendidas en su contra son esgrimidas como una medida de protección del monarca hacia sus vasallos sicilianos[39].

Sin embargo, después de la muerte del virrey María de Ávila ingresará en una disputa judicial por los perjuicios provocados al Conde. Fernando el Católico ordenó al nuevo virrey, Juan de Lanuza, que retenga los bienes de María hasta la resolución del conflicto[40]. Finalmente, la viuda perderá el litigio en 1495, viéndose obligada a efectuar una compensación monetaria de noventa onzas y siete tarenos[41]. Generalmente, la Corona utilizaba el aparato de Justicia para resolver intrigas locales, permitiendo posteriormente un restablecimiento del estado de cosas previo[42].

Los Reyes Católicos habían dispuesto la limitación trianual del cargo de Virrey para evitar la connivencia con los poderes locales e incrementar el control sobre sus funciones[43]. No obstante, entendieron que el mandato de Fernando de Acuña fue favorable y decidieron realizar una excepción para su permanencia en el cargo[44]. En 1494 el virrey fue prorrogado nuevamente por tres años. Participó del Parlamento General de Palermo en octubre, en el que solicitó subsidios con el pretexto de mantener alejada la amenaza turca y obtuvo una donación de cien mil florines a pagar en tres años. No pudo usufructuarlos: murió el 2 de diciembre del mismo año[45].

A partir de su fallecimiento, Doña María administró sus bienes gananciales y familiares, movilizando las redes ampliadas en Italia, hasta su regreso a Ávila en 1496. Los recursos liberados por el último Parlamento fueron gestionados por la viuda y dirigidos principalmente a organización del ámbito funerario de su esposo, además de pagar las deudas contraídas durante el ejercicio de las funciones virreinales[46].

Los documentos contienen numerosas acciones emprendidas para honrar la memoria personal de su difunto marido, quien había expresado su deseo de ser enterrado en la capilla de la Catedral de Catania, advocada a Santa Águeda[47]. María se encargó de concretar la construcción de su sepulcro, fundar una capellanía, encargarse de su dotación y proveer los recursos necesarios para construir una capilla mayor en la Iglesia Santa María de Jesús de Catania[48]. Aunque cumplió con las mandas testamentarias en Catania, no descuidó las donaciones religiosas para Palermo, sede arzobispal, gestionando activamente su patrimonio. Por ejemplo, dispensó ornamentos de culto y otros instrumentos litúrgicos a la Iglesia palermitana de Santa María de Jesús. La entrega fue realizada mediante Gonzalo de Turro, criado de Fernando de Acuña[49].

La Monarquía estuvo articulada en torno a centros urbanos, puntas de lanza para ejercer un control administrativo y espacios donde se construyeron formas específicas de interacción[50]. Sicilia presentaba un carácter urbano policéntrico que dificultaba el establecimiento de consensos, ya que existía una competencia entre las élites de Palermo y Mesina por ser “cabeza del Reyno” [51]. Los monarcas conservaban el equilibrio repartiendo mercedes entre ellas[52], tal como lo hacía el Virrey y su corte[53].

Las católicas majestades cedieron a Fernando y María la heredad palermitana de la Ziza para que pueda afincarse en Italia[54]. En el caso de Mesina, se registran numerosas deudas con letrados y vecinos locales[55], información que invita a inferir que el matrimonio había establecido redes clientelares en la zona que venían a sumarse a las que trasladasen desde su lugar de procedencia[56]. Por ejemplo, María nombra procuradores a los mesinenses Juan Enrique Scaconte[57] y Álvaro de Zarza[58].

Reflexiones finales

A lo largo de este trabajo, intentamos demostrar cómo la autoridad de Fernando de Acuña y María de Ávila quedó inserta en un espacio ampliado. Las condiciones específicas del Reino de Sicilia y su anexión a la Corona de Aragón le otorgaron una fisonomía peculiar al gobierno del Virrey. Los organismos representativos del reino, entre ellos el Parlamento siciliano, permitieron inferir la idea de reino paccional y la visión de las élites locales sobre la soberanía real.

Por su parte, los virreyes debían representar el poder monárquico en territorio siciliano, vinculándose con las ciudades y poderes eclesiásticos del reino para asegurar el dominio territorial de la Corona al mismo tiempo que incrementaban su propio prestigio y el estatus familiar gracias al ejercicio de funciones en el aparato central.

El reinado de las católicas majestades (1474-1516) perfiló las estructuras de poder en los dominios hispánicos, con un diseño perfilado en la centralización y “castellanización” administrativa y política, continuada posteriormente por los Austrias. Las “instrucciones” instauradas por la nueva dinastía no hacen más que formalizar las cartas a Fernando de Acuña analizadas en este estudio. El gobierno de los Reyes Católicos prefigura la plena integración de Sicilia en el sistema mediterráneo Habsburgo.

Sin embargo, la creación de aparatos periféricos de poder no se produce armónicamente, y esta cuestión quedó evidenciada en la realidad siciliana. Los siglos XVI y XVII estuvieron signados por las tentativas de erosionar los derechos e instituciones particulares de Sicilia[59]. Cada avance contra las defensas forales sicilianas generó reacciones locales que generaron diferentes centurias de inestabilidad[60]. La capacidad de limar las resistencias, violentas o mediadas por los canales institucionales[61], estuvo condicionada por coyunturas internacionales e internas que modificaron la posición de la Monarquía Católica, generando momentos de fortaleza o debilidad[62].


  1. Universidad Nacional de Luján.
  2. Desde el fallecimiento de Juan II de Aragón en 1479, los Reyes anexaron a sus dominios a Sicilia, Cerdeña, Mallorca, Cataluña y Aragón. En PARDO DE GUEVARA VALDÉS, E. “El reinado de los Reyes Católicos: política interior” En: ÁLVAREZ PALENZUELA, V. A. (coord.) Historia de España de la Edad Media. Barcelona, 2002.
  3. Existe una vasta bibliografía que, influenciada por la sociología y la antropología políticas, se han preocupado por las redes de poder y la movilidad social. En esta ponencia nos interesa destacar especialmente dos: MARTÍNEZ MILLÁN, M. “La integración de las elites sociales en las monarquías dinásticas a través de relaciones no institucionales”. Mélanges de l’école française de Rome, 116(2), 2004, pp. 527-543. CHACÓN JIMÉNEZ, F. y MONTEIRO, N. Poder y movilidad social. Cortesanos, religiosos y oligarquías en la Península Ibérica (Siglos XV-XIX). Madrid, 2016.; YUN CASALILA, B. (Dir.) Las redes del Imperio. Élites sociales en la articulación de la Monarquía Hispánica, 1492-1714. Buenos Aires, 2007.
  4. La idea de diversos países o territorios bajo el dominio de un solo soberano ha sido denominada comúnmente como “estado compuesto”. ELLIOTT, J. “Una Europa de Monarquías Compuestas” En: España, Europa y el mundo de ultramar (1500-1800). Madrid, 2010, pp. 31-32.
  5. PARDO DE GUEVARA VALDÉS, E. op. cit., pp. 884-886.
  6. Las élites sociopolíticas de Sicilia recurrirán frecuentemente a las “Vísperas Sicilianas” como mito fundante para rechazar la subordinación ante el Rey de Aragón. En este levamiento antifrancés de 1282, la élite siciliana habría ofrecido la Corona a Pedro III de Aragón en detrimento de los derechos angevinos, apoyados por la autoridad papal. De esta forma, se configura la idea del Reino de Sicilia colocado voluntariamente bajo la protección del Rey de Aragón. En: PÉREZ BUSTAMANTE, R. “El Virreinato de Sicilia” En: El Gobierno del Imperio Español. Los Austrias (1517-1700). Madrid, 2000, p. 225.
  7. GARCÍA MARÍN, J. M. “En torno a la naturaleza del poder en la Monarquía de los Austrias”, En: García Marín, J. M. Teoría política y gobierno en la Monarquía Hispánica. Madrid, 1998, p. 67.
  8. RIVERO RODRÍGUEZ, M. “La fundación del Consejo de Italia. Corte, grupos de poder y periferia (1536-1559)”. En: MARTÍNEZ MILLÁN, J. M. (ed.). Instituciones y élites de poder en la monarquía hispana durante el siglo XVI. Madrid, 1992, p. 200.
  9. CIARAMITARO, F. “Virrey, gobierno virreinal y absolutismo: el Caso de la Nueva España y del Reino de Sicilia”. En Studia Histórica, Historia Moderna, Nº30, 2008, pp. 243 y 259.
  10. RIVERO RODRÍGUEZ, M. op. cit., p. 219.
  11. LÓPEZ, C. L. Documentación medieval del Monasterio de Las Gordillas. Ávila, 1997.
  12. LÓPEZ C.L. Op.Cit. DOC. 338, 358 y 360.
  13. DI BLASI, G. E. Storia cronologica dei vicerè, luogotenenti e presidenti del Regno di Sicilia. Palermo, 1842.
  14. Entre diversos estudios que hemos publicado sobre María Dávila, ver: LAGUNAS, C. y GRANARA, G. “María de Ávila y el ascenso social de una familia abulense en el siglo XV”, En: GLORIA FRANCO RUBIO (eds.) Herederas de Clío: mujeres que impulsaron la historia. Madrid, 2014, pp. 297-315.
  15. Fernando fue el tercer hijo de del I Conde de Buendía y Señor de Dueñas, Don Pedro de Acuña, protagonista activo de los conflictos militares de la Castilla bajomedieval. La familia de Don Fernando había sido leal a la causa isabelina durante los conflictivos comienzos de su disputa por el poder de la península y el gobierno de los territorios Para una cronología detallada de los sucesos históricos que llevaron a Isabel al poder de los reinos hispánicos, ver los Capítulos 1-8 de SUÁREZ, L. Isabel I, La Reina (1451-1504). Barcelona, 2002. Para más información sobre el linaje Acuña y su señorío en Dueñas, ver ORTEGA CERVIGÓN, I. “Apuntes sobre los señoríos palentinos de los Acuña, condes de Buendía, a finales de la Edad Media” En: PITTM, 78, Palencia, 2002, pp. 93-113.
  16. RUIZ-AYÚCAR, M. J. “El sepulcro de Don Fernando de Acuña en la Catedral de Catania”. En: LEXICON. Storie e architteura in Sicilia e nel Mediterraneo, n°13, 2011, pp. 70-77.
  17. En un principio, los únicos autorizados a gobernar el virreinato eran personas de sangre real aragonesa o “naturales del reino”. Sin embargo, debido a los cambios dinásticos y la expansión territorial aragonesa obligaron a modificar esta situación. HERNANDO SÁNCHEZ, C. J. “Los Virreyes de la Monarquía Española en Italia. Evolución y práctica de un oficio de gobierno” En: Revista Studia, 26, 2004, pp. 51.
  18. HERNANDO SÁNCHEZ, C. J. op. cit., p. 51.
  19. GRUZISNKI, S. Las cuatro partes del mundo. Madrid, 2010, pp. 48, 49, pp. 309-311.
  20. Probablemente, el caso más relevante sea el de Vasco de la Zarza, destacado artista abulense que había trabajado para los encargos artísticos de María en Ávila y se dedicaría a la escultura en el sepulcro de Fernando Núñez en Sicilia. En RUIZ-AYÚCAR, M. J. op. cit., pp. 75-77.
  21. SUÁREZ, L op. cit., p. 428.
  22. En TUÑÓN DE LARA, M., VALDEÓN BARUQUE, J. y DOMÍNGUEZ ORTIZ, A. (Ed.) Historia de España. Barcelona, 1998. Op. Cit., pp. 200-202.
  23. Ribot García señala distintas fases en la organización de la defensa de Italia. La primera de ellas, etapa que nos ocupa en este apartado, se extiende desde finales del siglo XV hasta mediados del XVI. Las guerras hispano-francesas hacen que la Monarquía de Francia sea la principal amenaza, hasta su detención en el año 1559. Aunque los turcos también representen un peligro en el mediterráneo, la expansión del Imperio Otomano y el auge berberisco serán la principal preocupación en las últimas décadas del siglo XVI y las primeras del XVII. Esta fase se caracterizaría por el enfrentamiento “contra los infieles”. La guerra de los treinta años y la segunda parte de la guerra de Flandes vendrán de la mano del final del protagonismo turco, quedando relegado el peligro exterior a los corsos berberiscos. RIBOT GARCÍA, L. “Las provincias italianas y la defensa de la monarquía” en Manuscrits, Nº13, 1995, pp. 101-103.
  24. MESA CORONADO, M. “El Virreinato de Sicilia en la Monarquía Hispánica. Las instituciones de gobierno (1665-1675)”. Estudios Humanísticos. Historia, Nº12, 2013, pp. 163.
  25. SCIUTI-RUSSI, V. “La Inquisición Española en Sicilia”. Studia Histórica, Historia Moderna, N.º 26, 2004, p. 76.
  26. A partir del ascenso de Carlos VIII de Francia al trono, la política tuvo un giro agresivo, intentando recuperar la hegemonía sobre el espacio mediterráneo. Por cuestiones de extensión y razones que escapan al objeto de estudio, no es posible detallar todos los sucesos. Sin embargo, cabe destacar que luego de una alianza entre Fernando de Aragón y el papado, Francia invadió militarmente al reino de Nápoles, reino vecino de Sicilia, para hacerse del control del territorio negado por el sumo pontífice. Fernando e Isabel lograron contener militarmente la situación y pusieron coto a las pretensiones francesas. En: SUÁREZ, L. op. cit., pp. 421-427.
  27. LÓPEZ C.L., op. cit., DOC. 338.
  28. GARCÍA MARÍN, J. M. op. cit., pp. 68.
  29. LÓPEZ C.L., op. cit., DOC. 338.
  30. En las Cortes de Barcelona de 1480-1481 se había garantizado al Principado el monopolio del coral sardo y la exportación de textiles a Italia, como gesto de acercamiento con los comerciantes catalanes. Para una explicación detallada sobre la situación económica de Cataluña tras la guerra civil y el plan reformista de las católicas majestades, ver PARDO DE GUEVARA VALDÉS op. cit., pp. 896 y 897; y SUÁREZ, L. op. cit., pp. 334-348.
  31. Los centros textiles catalanes por excelencia fueron Barcelona, Perpiñán Puigcerdá, Tarrasa, Vic o Gerona. La industria textil lanera del Principado, con orígenes en las postrimerías del Siglo XII y comienzos del XIV, se vio afectada por un período recesivo durante la segunda mitad del siglo XIV y el XV. Sin embargo, el comercio catalán fue el más importante de la Corona de Aragón y principal beneficiario de la expansión político-militar de la baja Edad Media. La producción y comercialización estaba en manos de una poderosa “burguesía” catalana que controlaba tres grandes rutas. La del Mediterráneo occidental incluía el sur de Francia y las islas de Cerdeña y Sicilia. VALDEÓN BARUQUE, J. op. cit., pp. 135, 136, 170 y 171.
  32. Entre otras prerrogativas, Disponía de múltiples privilegios que reservaban diversos oficios y beneficios a “nativos del reino RIVERO RODRÍGUEZ, M. op. cit., pp. 34 y 35.
  33. HERNANDO SÁNCHEZ, C. J. op. cit., pp. 53 y 58.
  34. La modificación de las “leyes antiguas” implicaba la participación de las dos partes contrayentes, operando la fórmula pactum transivit in contractum RIVERO RODRÍGUEZ, M. “Doctrina y práctica política en la monarquía hispana las instrucciones dadas a los virreyes y gobernadores de Italia en los siglos XVI y XVII”. Investigaciones históricas: Época moderna y contemporánea, N.º 9, 1989, p. 200.
  35. RIVERO RODRÍGUEZ, M op. cit., p. 199.
  36. LÓPEZ C.L., op. cit., DOC. 338.
  37. MESA CORONADO, M. op. cit., p. 171.
  38. LÓPEZ C.L., op. cit., DOCS. 357; DI BLASI, G. E. Op. Cit. p. 96.
  39. DI BLASI, G. E. op. cit., pp. 96 y 97.
  40. LÓPEZ C.L., op. cit., DOC. 362.
  41. Ibid., DOCS. 363, 372, 380 y 385.
  42. SCIUTI-RUSSI, V. op. cit., p. 86.
  43. MESA CORONADO, M. op. cit., p. 167.
  44. DI BLASI, G. E. op. cit., p. 96.
  45. Ibid., pp. 96 y 97.
  46. LÓPEZ C.L., op. cit., DOCS. 361.
  47. RUIZ-AYÚCAR, M. J. op. cit., pp. 72 y 73.
  48. LÓPEZ C.L. op. cit., DOCS. 366 y 386.
  49. Ibid., DOCS. 367.
  50. MANTECÓN, T. y CASTELAO, O. “Identidades urbanas en la Monarquía Hispánica: policía y cultura cívica”. En: Identidades urbanas en la monarquía hispánica (siglos XVI-XVIII). Compostela, 2015, p. 23.
  51. RIVERO RODRÍGUEZ, M. op. cit., p. 35.
  52. Por ejemplo, Palermo conservaba la sede de la coronación de los soberanos y la Corte virreinal, mientras que Mesina poseía la exclusiva acuñación de moneda. En: GARCÍA MARÍN, J. M. Op. Cit., pp. 51-53.
  53. BERMEJO MALUMBRES, E. (2013) Política artística en el Virreinato de Sicilia bajo el gobierno de Don García de Toledo (1564-1567). Zaragoza, 2013, pp. 12 y 13.
  54. LÓPEZ C.L., op. cit., Tomo IV. DOC. 355.
  55. Ibid., Tomo IV. DOC. 370, 372 y 375.
  56. Aún después de regresar a su Castilla natal y haber vendido la Siza, María mantiene comunicación con un procurador italiano (Francisco de Beaumunt), se preocupa por el cultivo de la heredad y el pago de los censos correspondientes a las autoridades locales, tanto civiles (cabildo de Catania), como eclesiásticas (Iglesia de Palermo). LÓPEZ C.L., op. cit., DOCS. 406.
  57. LÓPEZ C.L., op. cit., DOC. 386.
  58. Ibid., DOC. 373.
  59. GARCÍA MARÍN, J. M. “España, Italia y el peso del Imperio (Siglos XVI-XVII)”. Texto de la Lección Inaugural del Curso Académico 1996-97 de Historia del Derecho. Córdoba, 2006, p 44.
  60. RUIZ RODRÍGUEZ, M I. “La Inquisición Siciliana”. Revista de la Inquisición, 9, 2000, pp. 103 y 104.
  61. PEÑA IZQUIERDO, R. “El Virrey de Sicilia Portocarrero y la revuelta de Mesina a través de la correspondencia con el plenipotenciario español en Venecia Marqués de Villagarcía (1677-1678)”. En: Tiempos Modernos: Revista Electrónica de Historia Moderna, Vol. 2, No. 4, 2001, 1-25.; RIBOT GARCÍA, L. “Las revueltas italianas del siglo XVII” En: Studia Histórica, Historia Moderna, Nº26, 2004, pp. 101-128.
  62. RIBOT GARCÍA, L. op. cit., pp. 97-122.


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