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El rey victorioso y el rey vencido: la España de Felipe II[1]

Ariel Gamboa[2]

Según el Diccionario de la lengua española de la RAE se entiende por “fracaso”: “[…] malogro, resultado adverso de una empresa o negocio; suceso lastimoso, inopinado y funesto o caída o ruina de algo con estrépito y rompimiento”[3]. Las tres acepciones por semejanza y por oposición orientan al lector en los intereses que tiene el presente trabajo: analizar las victorias y derrotas de la Monarquía Hispánica durante el reinado de Felipe II, principalmente, durante la década de 1580.

En una obra reveladora para los estudios de la historia de la incorporación de Portugal a los dominios de la Monarquía de los Austrias, Fernando Bouza demostró que el éxito de la guerra de Portugal para Felipe II fue sostenido gracias a una delicada negociación con las élites lusitanas, acuerdo sellado en las Cortes de Tomar de 1581[4]. Esta mirada de sobre la relación entre las coronas portuguesa y castellana, fue continuada por la extensa obra de Antonio Manuel Hespanha, quien, en la misma perspectiva, superaron la interpretación clásica, desde las miradas nacionalistas, tanto española como portuguesa sobre un conflicto dinástico acaecido en el último tercio del siglo XVI.

Mucho más cercano a nuestros días, Ricardo García Cárcel, en una obra que pone en discusión la Leyenda Negra de la España de Felipe II, también se interesó por la anexión de Portugal[5]. En esa obra magistral, el autor cita documentos conocidos dentro de los dominios portuguesas en los cuales se entiende que “Felipe II no estaba legitimando para hacer pactos de ninguna clase porque, como heredero de Fernando de Aragón, paradigma de perjurios políticos, nunca los respetaría”[6]. Más allá de las diferentes interpretaciones, Felipe II fue coronado rey de Portugal, residió en Lisboa hasta principios del año 1583, aunque nunca trasladó la cede de la corte oficialmente a la ciudad lusa, desde ella dirigió los destinos de su imperio durante dos años.

Diferentes obras sobre Felipe II y su tiempo coinciden en que los años victorioso del reinado fueron alrededor de la década de 1580, entre ellas, la Historia de Luis Cabrera de Córdoba (1619)[7] o la Historia de Antonio de Herrera (impresa en tres partes, 1601, 1606 y 1612)[8]. Este último también escribió Cinco libros de la Historia de Portugal y conquista de las islas Azores en los años 1582 y 1583[9]. En obras biográfícas, Geoffrey Parker titula los capítulos centrados en la década de 1580 como “El rey vencedor”, “Años de Triunfo” o “El monarca más poderoso de la Cristiandad”[10]. En efecto, la incorporación de Portugal (1580) o la toma de Amberes, que modificó notablemente la posición de la Monarquía en el asunto de los Países Bajos (1584), una sucesión de acontecimientos ubicó a Felipe II en el cénit de su reinado. Esta situación se debía, en parte, a las acciones de un conjunto de actores al servicio del monarca.

El Duque de Alba y Alejandro Farnesio son dos casos clave de individuos al servicio del rey, vitales en los asuntos internacionales del período. Excede los objetivos de este trabajo aludir al papel de Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel como noble y militar principal, puesto que mucho se escrito en biografía clásicas como las de autoría de Manuel Fernández Álvarez[11] o Henry Kamen[12]. Como ha demostrado Luis de Carlos[13], el príncipe de Parma fue uno de los más lucidos agentes que acompañó al rey en sus victorias, o que las ganó para gloria de él.

Los agentes de la monarquía circularon y constituyeron redes de relaciones de poder dentro del complejo entramado que formaron las casas reales, la corte y la administración del imperio. Notables estudios al respecto han abordado estas cuestiones. Las élites como agentes de articulación han sido analizadas profundamente por Bartolomé Yun[14]. Desde un enfoque centrado en los estudios cortesanos, donde la Corte es una comunidad de circulación de interés de poderes, Martínez Millán ha ampliado con detalle extremo el accionar del círculo cercano de los distintos monarcas de la Casa de Austria[15]. Respecto a la administración de los reinos, Feliciano Barrios, ha explicado cómo se gobernaba tan extensos dominios mediante un sistema de órganos y consejos en cuya cima se encontraba la autoridad regia.[16]Los canales de comunicación, los espacios de poder, las escalas, las dinámicas colectivas, son algunas de las dimensiones que historiadores desde una mirada global y/o trasnacional han abordado el papel de los agentes de la monarquía como figuras clave en los procesos de éxito o victoria. Sin desmerecer al monarca y sus decisiones personales, los estudios sobre estos agentes, parecen arrojar nuevas perspectivas sobre antiguos temas.

La muerte Don Álvaro de Bazán y Guzmán, I marqués de Santa Cruz, acaecida de el 9 de febrero de 1588 en Lisboa, privó a la expedición militar naval más ambiciosa de la época del hombre mejor preparado para llevarla con éxito adelante. Este agente clave en los servicios de la monarquía sigue siendo poco estudiado y conocido. En efecto, las obras de Altolaguirre y Duvale[17], de Cambra[18], Campo Muñoz[19], Cervera Pery[20], Rumeau de Armas[21], Serrano[22] o Vigón[23], constituyen en general biografías clásicas basadas en un análisis meramente empírico de diferentes documentos. No explorada aún, el fondo de los marqueses de Santa Cruz, depositado en el Archivo Histórico de la Nobleza, constituye un acervo documental que requiere ser examinado. El fondo está organizado en secciones como Genealogía, títulos y mayorazgos; Jurisdicción señorial, patrimonio, etc. Destaca en dicho fondos documentación referida las posesiones de la familia durante siglos, interesante de analizar la correspondencia oficial entre el I marqués y Felipe II y Juan de Austria.

Si la victoria en la guerra de anexión de Portugal fue el punto máximo para gloria y reinado de Felipe II, la empresa de Inglaterra ha sido considerado como el ejemplo por excelencia de la derrota y humillación del poderío naval español[24]. En este aspecto, un punto central a considerar por la historiografía ha sido el lugar del rey y sus hombres de confianza al momento de tomar las decisiones. En tal sentido, obras como la de Parker responsabilizan al rey prudente de los errores que pudieron generar el desastre la invencible[25]. En tal sentido, Parker alude a la empresa de Inglaterra como […] el secreto peor guardado de Europa”[26]. De alguna manera, esta mirada pone el acento cómo las decisiones personales modificaron el curso de los acontecimientos y en tal sentido el único y principal responsable de la derrota es el mismísimo monarca. Con una larga tradición en enfatizar la figura de Felipe II como el príncipe cristiano que, encerrado en su despacho, pasaban por sus manos infinidad de papeles, todas las decisiones eran producto de su único arbitrio[27]. No es esta una cuestión menor. Por más que las decisiones fueran tomadas finalmente por el monarca, este no se encontraba libre, para bien o para mal, de los intereses de sus hombres de confianza[28]. Diversos ejemplos a lo largo del reinado pueden ser mencionados: los miembros del séquito portugués, los antiguos preceptores del rey, los hombres de mayor experiencia, los miembros del gabinete de noche, los confesores, incluso los miembros de la propia familia real, son todos agentes intermediarios en las acciones y decisiones del monarca. Sin embargo, el tiempo que dilataba la llegada de noticias a los distintos territorios, y las nuevas órdenes del monarca para con los asuntos de situaciones en ámbitos tan diferentes y distantes como Italia, Flandes o Portugal, por no nombrar los dominios ultramarinos, ponían en jaque acciones decisivas que podía modificar drásticamente los resultados[29]. A la postre, la tensión entre las órdenes indicadas del centro tenía su impacto en los dominios. Esta preocupación ha llevado a generar importantes obras que discutieron conceptos aceptados como centro y periferia hasta los actuales estudios que redefinen al imperio como una monarquía global, compuesta, conectada, etc.[30]

La constitución de la Armada para terminar con el desafío inglés había sido pensado y sugerido por el marqués de Santa Cruz al rey varios años antes de la realización de la empresa. Sin embargo, como era costumbre, las urgencias se imponían a los asuntos importantes. La urgencia del rey era el conflicto de los Países Bajos. No fue hasta el año 1587 que luego de los saqueos de Cádiz y la muerte de la reina de Escocia, acontecimientos que colmaron la paciencia de Felipe II y llevaron a que todas sus energías y la de sus reinos se concentraran en Inglaterra[31].

Alcalá Zamora fue quien se interesó por desmitificar apelativos referidos a la “Grande y Felicísima Armada”[32]. Desde una perspectiva centrada en los asuntos internacionales y con un acabado conocimiento de la geopolítica de la época, centra su trabajo en el peso de las distintas historiografías con fuerte posicionamiento de facciones y bandos de poder. Por su parte, Robert Hutchinson[33] interesado en detectar las causas de los errores, atribuibles en buena medida a cuestiones de índole estrictamente militar, donde la técnica y la estrategia son en buena medida los principales inconvenientes en le desarrollo de las operaciones, así y todo, este trabajo posee una fuerte mirada en la perspectiva de la Inglaterra isabelina, sin dejar de lado las cuestiones del “grupo español”. En los últimos años novedosos resultados han surgido gracias a los trabajos de investigadores centrados en la arqueología militar naval[34]. La Dendroarqueología promete aportar datos específicos que permitirán enriquecer el debate y contribuir no sólo a los estudios de la historia naval y militar, sino a otros problemas de la historia en general.

Conclusión

Las visiones que la historiografía ha construido sobre el éxito y el fracaso del reinado de Felipe II ameritan una seria discusión respecto de los posicionamientos estrictos en el uso de los términos. La relatividad de los asuntos requiere de su revisión. Hasta dónde la victoria de Felipe II en la guerra de sucesión de Portugal pueden medirse en cuanto a que esta acción fue entendida como un pacto que tuvo vigencia en la medida en que las elites lusitanas pudieron continuar con el usufructo del imperio. Si bien es indudable el éxito militar de la campaña, gracias al accionar del duque de Alba y el marqués de Santa Cruz, en los años 1580 y 1581, ¿por qué dicho éxito no se mantuvo más allá de 1640? En la misma línea de reflexión podemos pensar en la relatividad el fracaso de la empresa de Inglaterra. Si bien la derrota naval de 1588, más allá de las causas, es indiscutible, ¿cuáles fueron los efectos posteriores de dicho accionar en los dominios ingleses durante el resto del reinado de Isabel y sus sucesores Estuardo? En buena medida, éxitos y fracasos son conceptos que impactan en la dimensión emocional de las generaciones y por ende de los historiadores. Felipe II fue victorioso en sus derrotas y derrotado también, incluso, en sus victorias.


  1. Este trabajo forma parte del Proyecto «Failure: Reversing the Genealogies of Unsuccess, 16th-19th Centuries (H2020-Marie Skłodowska Curie Actions, RISE, Grant Agreement, no. 823998).
  2. Universidad Nacional de Mar del Plata.
  3. RAE. Diccionario de la lengua española [En línea], 2021.
  4. BOUZA, F. Felipe II y el Portugal Dos Povos. Valladolid, 2010.
  5. GARCÍA CÁRCEL, R. El demonio del Sur. La Leyenda Negra de Felipe II. Madrid, 2017.
  6. Ibid., p. 225.
  7. CABRERA DE CÓRDOBA, L. de. Felipe II, rey de España. Madrid, 1876-77, 4 vols.
  8. HERRERA Y TORDESILLAS, A. de. Historia general del mundo del rey Felipe II, el Prudente. Valladolid, 1606-1612.
  9. HERRERA Y TORDESILLAS, A. de. Cinco libros de la Historia de Portugal y conquista de las islas Azores en los años 1582 y 1583. Madrid, 1591.
  10. PARKER, G. Felipe II. La biografía definitiva. Barcelona, 2017, pp. 505-758.
  11. FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, M. El Duque de Hierro: Fernando Álvarez de Toledo, III Duque de Alba. Madrid, 2007.
  12. KAMEN, H. El gran Duque de Alba: soldado de la España Imperial. Madrid, 2004.
  13. CARLOS BERTRÁND, L. de. Alexander. La extraordinaria Historia de Alejandro Farnesio. Barcelona, 2018.
  14. YUN CASALILLA, B. Las redes del imperio: élites sociales en la articulación de la Monarquía Hispánica, 1492-1714. Madrid, 2009.
  15. MARTÍNEZ MILLÁN, J. La corte de Felipe II. Madrid, 1999.
  16. BARRIOS, F. La gobernación de la Monarquía de España. Consejos, Juntas y secretarios de la Administración de Corte (1556-1700). Madrid, 2015.
  17. ALTOLAGUIRRE Y DUVALE, A. de. Don Álvaro de Bazán, primer Marqués de Santa Cruz de Mudela. Madrid, 1888.
  18. CAMBRA, F. P. de. Don Álvaro de Bazán, almirante de España. Madrid, 1943.
  19. CAMPO MUÑOZ, J. del. Breve historia del Palacio de Viso del Marqués. Madrid, 1988.
  20. CERVERA PERY, J. Don Álvaro de Bazán, el gran marino de España. Madrid, 1988.
  21. RUMEU DE ARMAS, A. Don Álvaro de Bazán, primer marqués de Santa Cruz en las Canarias. Las Palmas de Gran Canarias, 1947.
  22. SERRANO, L. España en Lepanto. San Lorenzo de El Escorial, 1986.
  23. VIGÓN, A. M. Guía del Archivo Museo “D. Álvaro de Bazán”. Viso del Marqués, 1985.
  24. MATTINGLY, G. La derrota de la Armada Invencible. Madrid, 2004.
  25. PARKER, G. El rey imprudente. La biografía esencial de Felipe II. Madrid, 2015, pp. 403-426.
  26. PARKER, G. Felipe II. La biografía definitiva...op. cit., p. 834.
  27. PARKER, G. El rey imprudente…, op. cit., p. 15. Cfr. Con: KAMEN, H. Felipe de España. Madrid, 1997, p 340.
  28. MARTÍNEZ MILLÁN, J. (Ed.). Felipe II (1527-1598). Europa y la Monarquía Católica, 5 vols. Madrid, 1998.
  29. PARKER, G. La gran estrategia de Felipe II. Madrid, 1998.
  30. GIL PUJOL, X. “Visión europea de la monarquía española como Monarquía Compuesta S. XVI-XVII”. En: RUSSELL, C. y ANDRÉS-GALLEGO, J. (Dirs.) Las monarquías del Antiguo Régimen, ¿Monarquías compuestas? Madrid, 1996, pp. 65-95.
  31. PARKER, G. El rey imprudente…op. cit., p. 412 y ss.
  32. ALCALÁ ZAMORA, J (Coord.). La empresa de Inglaterra: la Armada Invencible. Fabulación y realidad. Madrid, 2004.
  33. HUTCHINSON, R. La Armada Invencible. Londres, 2013.
  34. CRESPO SOLANA, A. “La Historia, ciencia aplicada: visiones interdisciplinares en la Dendroarqueología de las Armadas y flotas de Indias (siglos XV-XVIII). Conferencia pronunciada en el Panel inaugural del XIII Coloquio Internacional de Historiografía Europea y X Jornadas de Estudios sobre la Modernidad Clásica. Mar del Plata, 27,28 y 29 de noviembre de 2019.


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