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La red genovesa de los Salvago y su participación en el tráfico de esclavos, 1630-1662

Nahuel Enrique Cavagnaro[1]

Introducción

La cercanía entre los hombres de negocios y las entidades políticas del Antiguo Régimen es una arista cada vez más abordada por el estudio de los historiadores. Al respecto, varios grupos de interés actuaron bajo el influjo de la Monarquía Hispánica que, en el transcurso del siglo XVI al XVII, produjo una serie de reformas tendientes a la adecuación a un sistema imperial. Las redes de mediadores, agentes de pago y emprendedores de ultramar se tornaron necesarios ante un imperio de alcance múltiple, pero fragmentado en diferentes realidades territoriales.

La capacidad de adaptación, especialización y gestión de los genoveses, junto con otras comunidades mercantiles, los promovió a formar parte de una alianza simbiótica y de condicionamiento recíproco, en términos de Manuel Herrero Sánchez[2]. Pero, los contactos económicos entre los ligures y las comunidades ibéricas trascienden cronológicamente al sistema hispano genovés.

Se podría mencionar que, las guerras entre las taifas árabes y los reinos católicos en los siglos IX y X hacían llegar a los puertos de Liguria una serie de cargamentos de bienes humanos que los mercantes genoveses remitían a sus colonias en Oriente. En este sentido, uno de los primeros lazos económicos entre Génova y las Monarquías Hispánicas fue forjado por la esclavitud. Desde el medioevo, los genoveses utilizaban las regiones orientales de Quíos, Laiazzo, Pera, Caffa, Tana y Famagusta para suministrar y recibir mano de obra esclava. Además, en el Atlántico se aventuraron tempranamente con los portugueses en diferentes operaciones navales conjuntas y habían traficado entre Cabo Verde y Canarias[3].

Pero en la edad moderna, la consolidación territorial de las conquistas de la Monarquía Hispánica en América, sumado a la anexión de la corona de Portugal, hicieron necesario la planificación de un sistema esclavista trasatlántico para suplir la falta de mano de obra en las colonias. Los portugueses se convirtieron, por la experiencia de sus factorías comerciales en África, en los mediadores mejor posicionados para organizar el tráfico de esclavos entre 1580-1640. El rey Felipe II, había protagonizado una serie de pactos con los rendeiros africanos en los cuales la monarquía se aseguró un tercio de las ganancias por comerciar, lo que contribuyó a fomentar e impulsar la colaboración entre los lusos, castellanos y andaluces.

Los genoveses junto con flamencos e ingleses comenzaron a tener una intervención fluctuante en estas operaciones, mejor posicionados para ser los acreedores financieros de la Real Hacienda. Si bien se pueden citar un cierto número de casos en que se hicieron con licencias y las comerciaron en Indias, sobre todo durante los reinados de Carlos V y Felipe II la colaboración fue matizada. Pero entre 1580 y 1640 la mayoría de los agentes utilizados fueron portugueses.

En esta coyuntura, los genoveses tuvieron una participación esporádica en el comercio esclavista que sin embargo es muy significativa para reflejar y entender el alcance de las redes que las protagonizaron, así como ilustrar lo diverso y complejo que fue la gestión del tráfico de bienes humanos hacia Hispanoamérica. Las licencias concedidas a Nicolás Salvago y Carlo Salvago, constituye un caso de extraordinaria continuidad documental entre Génova, Madrid, Sevilla y Buenos Aires que no se ha estudiado en profundidad. No obstante, si se ha mencionado en diferentes publicaciones de la historiografía argentina, española y francesa[4].

Este articulo intenta describir algunas cuestiones de la organización policéntrica de la red de Nicolás y Carlo Salvago, el vínculo aristocrático en el que tienen origen y su posible continuidad en asociaciones con la Monarquía Hispánica.

La red familiar de los Salvago entre Génova, Madrid y Lisboa

A partir de la reconstrucción de la red esclavista, se han hecho visibles otras dimensiones de las operaciones económicas de la rama familiar de los Salvago, como son su participación financiera en diferentes planos de la Monarquía Hispánica, su relación con la oligarquía de la República de Génova y su rol de mediación entre los hombres de negocios. Para no aislarlas de las posibles implicaciones del tráfico de esclavos se los resumirá brevemente.

El tejido familiar de Nicolás Salvago, deriva directamente de la unión matrimonial de Enrico o Arrigo Salvago, su padre, con Livia Doria, hija del doge de Génova Nicoló Doria, en este sentido el aumento progresivo del patrimonio de los Salvago deviene tanto de la línea familiar materna como de la paterna. Nicolás tenía como hermanos a Accelino, del que no se conocen muchos registros, Magdalena, Giulia, Carlo, María quienes serían de vital importancia en la gestión económica de la familia.

Enrico Salvago fue un notable hombre de negocios que oscilaba entre un agente hibrido al servicio financiero de diferentes entidades territoriales como Nápoles y Milán, además operaba como diplomático y hombre de política en la República de Génova[5].

Entre sus múltiples ocupaciones organizaba diferentes viajes comerciales entre Lisboa y el Brasil colonial en los cuales utilizaba como agentes a Vicenzo y Pietro Uccello oriundos también de Génova. Estos viajes se dan a conocer por un conflicto político suscitado en el interior de la República debido al secuestro de un navío propiedad de Salvago, llamado “Nostra signora della acqua Santa”, por parte de los holandeses en 1635 época en que el patriciado ligur se dirimía entre el padrinazgo de la Corona Hispánica o la cercanía a los Países Bajos. La embarcación, sobre todo, traficaba azúcar y madera de árbol de Pernambuco, desde 1630 y se había alquilado frecuentemente para otros negocios conjuntos entre genoveses y portugueses.

Según el testimonio de Emilio Sanguinetti la nave había sido construida en los astilleros de la ribera de Voltri, y se adecuaba por intermedio de Nicolás Salvago a la jurisdicción marítima castellana o portuguesa. Es decir, Nicolás Salvago se encargaba de tramitar las autorizaciones para navegar en diferentes ámbitos, así sacaba ventaja del comercio luso hispánico[6].

Mientras que, por intermedio de Livia Doria, los Salvago formarían parte de un selecto grupo aristocrático. El hermano mayor de Livia Doria, Giovanni Stefano Doria fue uno de los personajes más influyentes del patriciado ligur, doge de la República entre 1633 y 1635 y quizás el hombre más rico, en términos de Camila Salvago Raggi, “che forse in Italia vivese[7]. La cantidad de operaciones financieras se sostenían al mismo tiempo que su rol político ya sea en el senado, como procurador, o como doge. Privado de tener descendencia propia, apadrinó a sus sobrinos Nicolás y Carlo que posteriormente serían los principales beneficiarios de su vasta fortuna, mientras que su otro sobrino Luca Spínola heredaría un feudo[8].

Pero la relación con Gio Stefano Doria, no se remitía únicamente a un vínculo familiar, si no que involucró a los Salvago en una serie de inversiones financieras. En particular, Nicolás Salvago sería apoderado sucesivamente para representar los intereses del magnate en diferentes ocasiones:

En la década de 1630, fue el encargado de recibir y negociar las cantidades de los juros, derechos y rentas que se le adeudaban a Doria por su participación en los Medios Generales de 1608 y en las consiguientes diputaciones organizadas en Madrid, tras la crisis de 1607, lo que explicaba su cercanía a la corte.

Al mismo tiempo, Doria y Salvago consecutivamente, debido al poder del primero sobre el segundo, sometieron por medio de un préstamo a dos representantes de la alta nobleza castellana, al Marqués de Priego y Montalván y al Duque de Feria que se vieron obligados a afrontar y negociar una deuda de más de medio millón de reales de plata. Entre las varias condiciones de pago, el Marqués de Priego Alonso Fernández de Córdoba luego de la muerte de Gómez IV Suarez de Figueroa, e investido en consecuencia como nuevo Duque de Feria, debió ceder las rentas y alcabalas de la villa de Castro del Río por un periodo de cuatro años consecutivos[9].

Doria también participó en el litigio por deuda entre el Duque de Éboli, Nicolás Grimaldi con Nicolás Salvago, erigiéndose como garante, aunque también fue autorizado por Salvago para recibir las rentas en 1635.

Por último, Gio Stefano Doria heredó y profundizó la deuda de los miembros de la familia Gonzaga de Guastalla con los miembros de la familia Doria. En particular, el Conde Andrea Gonzaga perdió los feudos de Civitate y Molfetta, en el sur de la península itálica, aunque luego recompro el primero.

Estos negocios posicionaron a Nicolás y Carlo Salvago como respetados patricios genoveses y herederos de Gio Stefano Doria, quien murió sin dejar descendencia.

Livia Doria también tendría una activa participación económica pues muchas veces utilizaba diferentes agentes y notarios para recibir rentas que heredaba de Castilla, por parte de su padre Nicoló Doria y su hermano Gio Stefano. Así como María Salvago ampliaría, y solidificaría la pertenencia nobiliaria al casarse con Marco Antonio Grillo, y sería importante para la continuidad de los negocios e la familia en territorios hispánicos.

Las licencias de esclavos a Nicolás Salvago

Durante el periodo de unión de las coronas de Castilla y Portugal, los mercantes lusos se posicionaron como agentes ideales para abastecer las colonias de mano de obra esclava. En la medida en que se llevaba a cabo el tráfico, la corona hispánica fue adaptando un conjunto de mecanismos jurídicos para intentar regular el comercio y el traslado ultramarino.

Se dispusieron dos tipos de licencias: las primeras sometidas a venta y controladas por la Casa de Contratación de Sevilla que se otorgaban a los que, en la documentación se denominaban, asentistas de rentas: por ejemplo, entrarían en vigor a partir de 1595 hasta 1609, los asientos de los portugueses Rodrigo y Gonzalo Vaéz Coutinho y Pedro Gómez Reynel, quienes gozaron con las ventajas de enviar los esclavos por la ruta que considerasen más oportuna[10].

En segundo orden, un conjunto paralelo de licencias concedidas por la corona en gracia y merced como un poder excepcional: el caso más notorio son las cedidas al infante cardenal de Toledo don Fernando, quien automáticamente las revendió al genovés Nicolás Salvago para hacerse cargo de la organización del tráfico.

Aunque, también existieron los esclavos otorgados por la corte al banquero ligur Giacomo Saluzzi, en privilegio, cuyo pago se hizo efectivo a través del reclamo de Antonio Balbi. La capacidad de la Monarquía Hispánica para disponer de licencias de esclavos se explica como un posible instrumento de contrapeso contra las aspiraciones monopólicas de algunos asentistas [11].

Por consiguiente, entre 1600 y 1640 de la mano a las medidas normativas impulsadas por la Casa de Contratación, los asentistas tanto genoveses como portugueses consolidaron una serie de prácticas que oscilaban entre lo legal y lo ilegal para sacar más beneficio de las licencias: los términos de descaminos y arribos forzosos aparecen con frecuencia en la documentación de la época[12].

Además, se sucedieron una serie de eventos que anteceden a la apertura de Buenos Aires como puerto autorizado en los repartos esclavistas: El Río de la Plata, aunque estaba vedado desde 1584, había actuado como alternativa en algunos casos de necesidad ante las peticiones de los eventuales asentistas. En 1615 y en 1618 por ejemplo, el portugués Fernández De Elvas había despachado 450 esclavos[13].

Entre 1606 y 1629, se repetían las peticiones insistentes de las autoridades coloniales en Buenos Aires para posibilitar abrir el comercio, siempre con una respuesta negativa coherentes con la normativa general impulsada por el Consejo de Indias de aislar al puerto rioplatense de las rutas tradicionales del comercio Atlántico. Toda esta situación estimuló que el mercado bonaerense se volcara al contrabando como un medio de incentivar la economía local, un fenómeno alentado por los funcionarios coloniales y hombres de negocios autóctonos. Los mismos asentistas se aprovechaban de la condición fluctuante del puerto rioplatense para usarlo como receptor de mercancía sin marcar.

Los gobernadores y funcionarios coloniales, pese que participaban del entramado del comercio ilícito, intentaban reposicionar al mercado bonaerense como una alternativa. Así el procurador de Buenos Aires, Antonio León suplicó a la corte y al Consejo de Indias que se atendiera a los servicios prestados por la ciudad desde su fundación y accediera a la posibilidad de autorizar el tráfico y el intercambio entre Río de Janeiro, Sevilla, Angola y Buenos Aires[14].

De la mano con esta solicitud, la coyuntura internacional había cambiado por el comienzo de la Guerra de los Treinta Años y su respectivo correlato en el inicio del conflicto en el Atlántico. Al respecto, el asentista portugués Melchor Gómez Ángel había denunciado la perdida de no menos de veinte navíos cargados con piezas de Indias.

Así el rey Felipe IV mediante una Real Cédula de 1629, concedió en “gracia y merced” a su hermano, el infante cardenal y arzobispo de Toledo Fernando, 1500 licencias de esclavos negros para navegarlas al puerto de Buenos Aires. También requirió que el Consejo de Indias y la Casa de Contratación se encargase de regular la organización del tráfico, cuya gestión se había cedido al genovés Nicolás Salvago.

La administración de las licencias estuvo sujeta a polémica desde el punto de partida. Tanto el Consejo de Indias como la Casa de Contratación no parecían conformes con la decisión de abrir el puerto de Buenos Aires, referente a ello se exponían en 1629:

Obedeciendo a esta orden represento al consejo a Vuestra majestad los inconvenientes que se le ofrecían en consulta del mes de abril de este año y reparo en que será lo que se pedía en contra diversas cedulas y ordenes reales que lo prohíben en daño del comercio de las Indias [15].

Además, los funcionarios de la Casa de Contratación aludían que su rol era pensar y aconsejar “la mexor estrategia para este negocio” y que podría “quedar frustrada la gracia y merced que se le hizo al Infante”.

El Consejo de Indias propuso una serie de puertos alternativos debido a los inconvenientes que, de acuerdo con su visión, representaba la entrada de esclavos por el Río de la Plata por los antecedentes de descaminos y contrabando. Aunque los intereses del Consejo de Indias tendían a ser dispares, para el caso de Salvago los representantes exponían su falta de confianza hacia el genovés. Quizás se debiera al sometimiento a deuda de un miembro de la corte, como el Duque de Ferias, asunto que llegó a oídos del mismo mayordomo del rey.

Sin embargo, pese a las advertencias, se autorizó él envió de 1500 licencias de esclavos a Buenos Aires, por lo cual se abre un periodo de negociación entre Nicolás Salvago, la Casa de Contratación y el Consejo de Indias en las que se acordó el tiempo inicial, el tonelaje de los barcos, el precio de las licencias y los agentes utilizados por Salvago para organizar el tráfico lo que pone de relieve el alcance de la red utilizada por el genovés.

El despacho se realizaría en un lapso inicial de cuatro años y medio, exponiendo que era un margen temporal más que suficiente contemplando, incluso, la posesión holandesa en Pernambuco que podría dificultar la ruta en algunos periodos. Así como la imposibilidad de remontar ciertos ríos y aguas en determinados periodos del año.

Nicolás Salvago había solicitado poder navegar las licencias en navíos de doscientas toneladas, con intención de recoger el cargamento en Angola. El Consejo autorizó que los buques sean de ciento cincuenta toneladas, argumentando ser una capacidad más que suficiente para realizar los largos viajes y transportar las piezas. Además, se aceptaba la carga en demasía de 400 esclavos más la cantidad de las licencias para suplir aquellos que muriesen o enfermasen en el viaje, en este caso se comparaban con las prerrogativas que gozaban los asentistas de rentas.

Un rasgo particular, que denota las irregularidades cometidas en la gestión, fue que las embarcaciones se requisaban en el momento de la partida desde Cádiz o Sanlúcar de Barrameda, por lo que ciertamente, se pudieron cometer transgresiones en el momento de recoger los esclavos en Angola.

Paralelamente, Salvago pidió utilizar capitanes y factores portugueses y genoveses (especialmente los primeros por su conocimiento a la hora de negociar con los reinos africanos), para poder transportar las licencias. A pesar de ser un asunto controvertido en el seno de la Casa de Contratación, a instancias del Consejo de Indias, se dio el visto bueno para la petición del genovés a cambio de un pago de 2000 ducados y que los extranjeros regresasen al termino de los cuatro años estipulados. Esto refleja el arraigo de la red de los Salvago a mercados como Lisboa, donde se habían relacionado a los hombres de negocios lusos de origen converso contactos que ser habían gestado previamente al inicio del asiento esclavos.

Además, se envió la solicitud de en caso de eventualidad se pudieran despachar las piezas de Indias en diferentes puertos y se contempló la posibilidad de incluir a Cartagena y Veracruz por alguna vicisitud, salvo los dos últimos se le prohibió a Salvago navegar otras aguas de Hispanoamérica.

El precio de las licencias, libres de derecho, sería de 40 ducados más 20 reales de plata por el monto de aduanilla, esto coincidía con un paulatino aumento del coste de las mismas, durante el contexto de Unión de las Coronas.

Lo particular de la documentación sobre la negociación entre Nicolás Salvago y la Casa de Contratación, es la mención de que: se le darían las mismas prerrogativas, pedidos y ventajas que a los “asentistas de rentas”, aunque las licencias adquiridas por Salvago tenían un origen diferente.

A fines del primer plazo estimado para el cumplimiento de los envíos, Melchor Gómez Ángel competidor de Salvago denunciaba que el genovés cargaba muchas más piezas de las autorizadas, así como trayectos inusuales y despachos irregulares. Por el contrario, Nicolás Salvago argumentaba que quedaban aún esclavos por enviar. La Casa de contratación admitía:

Y por el mucho exceso que ha habido en la entrada de muchas cantidades de esclavos por el rio de la Plata y puerto de Buenos Aires devajo de la permisión y licencia concedida a Nicolás Salvago […] y asimismo los armadores y cargadores que han sido de Angola han cargado muchas cantidades fuera de los registros de que ha resultado que los derechos que se habrían de cobrar en los puertos por haber entrado en Buenos Aires[16].

En 1634, se detalla un arribo forzoso de una nave contratada por Salvago en la Isla de Santo Domingo, aludiendo un desvió de la ruta por una tormenta. En esta situación, el capitán del navío se vio obligado a vender un cargamento no autorizado de telas junto con parte de los esclavos, imponiéndosele a Salvago la suma de 14.000 reales por pena de descaminos. Según argumentaban los agentes de Salvago esas telas eran para comerciar con los reinos africanos[17].También ocurrió un incidente ese mismo año con otra embarcación que fondeaba en Puerto Rico cuando fue atacada por holandeses, en este caso a Salvago se le proporcionó otro barco.

En 1635, Melchor Gómez Ángel denunció que se habían despachado 1500 esclavos de Salvago directamente en el Perú[18]. Por ende, se conocía que el genovés había cometido irregularidades a instancias del tráfico esclavista.

Dos años más tarde, Nicolás Salvago hace una petición para permitir que un navío suyo llamado “la Vallena” viajara de Río de Janeiro a Buenos Aires con cartas y correspondencia. En este caso la Casa de Contratación advirtió que si Salvago enviaba alguna mercancía no autorizada esta se quemaría o si se trataba de más esclavos incurriría en la pena por descaminos. Este conjunto de irregularidades demuestra que las rutas seguidas y trazadas por los barcos del genovés no siempre fueron claras, y que el tráfico de bienes excedía al transporte de esclavos[19].

Al término del primer plazo estimado, en 1637 se concedió parte de las licencias restantes al portugués Martín Alfonso de Atayde junto con otras 375 piezas como recompensa de un servicio de transporte de levas y asientos militares para el infante Fernando. No obstante, automáticamente este revendió la responsabilidad de organizar el tráfico a Nicolás Salvago, al que se le renovó el contrato hasta 1643. La asociación de Atayde con Salvago pone de relieve el arraigo del genovés a las redes lusitanas (incluso se le autorizó partir desde Lisboa), lo que le permitió seguir usufructuando los beneficios de la trata esclavista.

El Consejo de Indias sospechaba que Nicolás Salvago había tercerizado las licencias a través de Atayde, pero por medio de una Real Cédula se autorizó a que el primero continuara introduciendo los esclavos. En esta segunda instancia, Salvago requirió que las naves partieran desde Lisboa, en vez de Sanlúcar de Barrameda o Cádiz a lo que el Consejo de Indias cedió.

Para organizar el transporte de esclavos Nicolás Salvago había contratado los servicios de varios capitanes, generalmente de origen portugués, para despachar las piezas en el puerto de Buenos Aires, pero a partir de allí, Salvago apoderó a su coterráneo Horacio Cota, su factor en la ciudad, para hacerse cargo de la distribución. Cota se insertó rápidamente en las redes de un hombre de negocios de origen canario que había ganado poder e influencia en el mercado colonial Pedro de Roxas y Acevedo.

Tanto Cota como Roxas se erigieron como distribuidores de las piezas arribadas al Río de la Plata. Por medio del padrinazgo Roxas conformó una red clientelar de mercaderes y clientes sujetos a partir de un mecanismo de fidelidad, y los que se encontraban en puntos más alejados del centro porteño estaban sometidos a deuda por medio del adelanto de mercancía, en este caso esclavos. Al poco tiempo, Horacio Cota comenzó a promover su propia red de contactos erigiéndose como un importante hombre de negocios en Buenos Aires, imitando a su superior y conservando su correspondencia a Nicolás Salvago.

En forma conjunta con las condiciones de apertura del puerto, las licencias de Nicolás Salvago tuvieron efectos considerables en el mercado bonaerense. De la mano con el crédito, el crecimiento de la inmigración indígena sumado al aumento de la importación de esclavos desde Angola incentivó la creciente economía colonial. El precio de las piezas y cargamentos de esclavos se acrecentaron para este periodo.

Incluso una vez consolidada la revuelta de Portugal, parte de los esclavos llegaron en ellos entre 1642 y 1643. Además, Nicolás Salvago, muere de forma prematura en diciembre de 1639 pero su hermano Carlo asume la tarea de enviar y consignar las licencias restantes, aunque el circuito se interrumpió parcialmente con la restauración de la Dinastía Braganza. La insistencia de Carlo Salvago por seguir participando del negocio esclavista se extendió hasta 1651, pues esperaba enviar los cargamentos restantes en un solo navío en el periodo de dos años[20].

Si bien el Consejo de Indias estimó la oferta, dado que solicitaron que el genovés presentase la documentación que lo avale para seguir con los repartos, las autoridades decidieron dar por finalizado el asiento en agosto de 1651.

El fin de los envíos esclavistas, no impidió que los Salvago siguieran usufructuando otros negocios en territorio hispánico.

Derechos, juros y herencias de los Salvago en territorios hispánicos

Las licencias de esclavos de Nicolás Salvago consistían en una porción de los negocios, operaciones e inversiones comerciales y financieras de la familia en la región Castellana y Andaluza y en las entidades políticas dependientes de la monarquía como Milán y Nápoles, y que gozaron de dinamismo sobre todo en la década de 1630. Esto se traduce en una multitud de herencias que emanaban desde Castilla, Andalucía y Granada para trasladarse a Génova en las décadas posteriores.

Entre los varios emprendimientos a escala ibérica, Nicolás Salvago se involucró en algunas oportunidades con hombres de negocios portugueses identificados como cristianos nuevos o conversos. Entre ellos Nuno Diaz Méndez de Brito, Miguel Báez, Jorge de Paz Silveira y Martín Blas de Vilas Boas además de los pleitos con Cristóbal y Melchor Gómez Ángel por el comercio de esclavos. Estos negocios oscilaban entre cambios de moneda, comercio de telas y otros encargos coherentes con la red de tráfico entre Lisboa y el Brasil colonial. Consecuentemente, los Salvago supieron ocupar un rol de mediación entre los intereses del patriciado genovés con los mercantes rusos promovidos durante las primeras décadas del siglo XVII.

Sin embargo, la temprana muerte de Nicolás Salvago, dejó a la familia sin representantes en la corte hispánica. Pero las operaciones conjuntas de los Salvago junto con Giovanni Stefano Doria, quien fallece en 1643, habían dejado una serie de operaciones crediticias por cobrar.

Carlo Salvago recibió en ese tiempo diferentes sumas de dinero entre Granada, Toledo y Córdoba producto de sus operaciones bancarias y por sus inversiones en puertos secos, lugares prefijados para el envió de mercancías[21].

De la mano con esto, Carlo y María Salvago fueron autorizados por la corona para recibir y cobrar “tanto juntos como separadamente rentas, juros y derechos de los reynos de España por ser herederos de Juan Esteban Doria y Marco Antonio Grillo”. Como normalmente se otorgaban, los hermanos Salvago podían hacer uso libremente para vender, ceder, renunciar o transferir a quien ellos quisiesen y considerasen, como así poner en arrendamiento extrajudicialmente las diferentes rentas y privilegios. El pago por el uso de los mismos se debía remitir a los procuradores.

La particularidad de los poderes se basaba en que los beneficiados estaban obligados “al favor que su majestad real y sus ministros les haya mandado a dar o daren” es decir, que a cambio de las prerrogativas para la ejecución de los derechos cedidos la corona reclamaba un nuevo servicio. El apoderado para recibir las sumas fue, el sobrino de Carlo y Nicolás, hijo de María Salvago y Marco Antonio Grillo, Doménico quien sería el responsable de gestionar un nuevo asiento de esclavos a partir de 1662.

Parte de las rentas pendientes de los Salvago en los territorios hispánicos serían recibidos en su nombre por Doménico Grillo que fue apoderado sucesivamente tanto por María y Carlo Salvago, así como por Leonardo y Livia, hijos de Carlo. Lo que promovió un proceso de reciclaje, renovación y sofisticación de viejas inversiones para transformarlos en nuevos servicios. Esto pudo ser el denominador común entre las licencias otorgadas a su tío Nicolás Salvago y el asiento monopólico del que gozó Doménico Grillo, quien tenía antecedentes cercanos para la gestión esclavista.

Otro indicador del mismo fenómeno es que Carlo Salvago había autorizado a Doménico Grillo para recibir y ejecutar parte de los beneficios pendientes de Nicolás Salvago en Castilla y en Andalucía. Entonces, Grillo asumió el lugar vacío que dejó la muerte de Nicolás Salvago, para la administración de los intereses de la familia en Castilla, Andalucía y en el sistema Atlántico.

La consignación de Doménico Grillo también fue coherente con el fin de un periodo de análisis, evaluación y precaución respecto a la continuidad de algunos asientos esclavistas después de 1641, debido a la guerra por la rebelión de Portugal, pese a algunas licencias concedidas a mercantes ingleses en la década de 1650. En relación, muchos asentistas continuaron y otros se retiraron. Por esto, la corona pudo haber comenzado a captar algunas familias que habían participado del tráfico para reacondicionar, renovar y relocalizar los antiguos contratos y dotarlos del marco normativo y jurídico correspondiente para controlar el mercado de licencias de manera más eficaz.

Consideraciones finales

La capacidad de la Monarquía Hispánica para generar licencias esclavistas y otorgarlas por un flujo paralelo catapultó a la familia Salvago a la organización del tráfico, aunque de manera irregular, durante más de una década hacia el puerto de Buenos Aires.

La presencia e historia de esta parentela en los territorios ibéricos, es coherente con una estrategia de la monarquía por distribuir lo más posible los usuarios de crédito, así poder solventar los gastos del Imperio. La necesidad de contar con alternativas de financiamiento contribuyó a captar nuevos hombres de negocios y posicionarlos como agentes en determinados espacios para mantener su cercanía a la órbita cortesana para utilizarlos cuando sea necesario.

Por otro lado, parte de los contactos con la aristocracia con la República de Génova y la pertenencia a un selecto grupo dentro del patriciado fue el factor decisivo que promovió a Nicolás Salvago a ocupar un lugar en Madrid, en proximidad de la corte del rey. El vínculo parental con Gio Stefano Doria, así como el rol de mediador que desempeñó Salvago en los negocios del magnate, garantizó la consolidación de la riqueza de estos dentro del entramado genovés.

La organización de los envíos y cargamentos de esclavos estuvieron sujetos a la revisión y vigilancia de la Casa de Contratación y el Consejo de Indias que no pudieron limitar las infracciones cometidas por el genovés que se las ingenió para introducir, muchas veces, más piezas de las permitidas. La red de traslado compuesta por agentes, la mayoría de procedencia portuguesa se insertó sobre otra que se ocupó de su distribución en el interior del mercado colonial, rutas que oscilaban entre la región cuyana y Potosí

Había un arraigo precedente que unía a los Salvago, en relación con los mercantes portugueses por su experiencia previa en el comercio de azúcar y otros bienes que se importaban desde el mercado colonial de Brasil. Estas ocupaciones se complementaban con inversiones financieras que parte de la familia realizaba, tanto por interés individual como por encargos de otros hombres de negocios genoveses.

En este sentido, los Salvago se erigieron como mediadores de algunos banqueros presentes en la Real Hacienda Castellana y sus respectivos emprendimientos, pero también el nexo que unió las operaciones de los genoveses con otros grupos de interés, como los conversos portugueses.

Nicolás Salvago sostenía varios frentes mercantiles en manera simultánea: el negocio textil, que involucraba el tráfico de algodón y telas obtenidas por intercambios con el mercado luso, el ya mencionado tráfico esclavista y las inversiones financieras que no solo involucraban la acción como asentista, sino también el sometimiento a deuda de varios aristócratas.

Al constituir un grupo restringido de personas, las operaciones de Gio Stefano Doria y la familia Salvago se consolidaron debido a un sistema de uso generalizado de procuraciones y poderes que posibilitaban a Nicolás Salvago proceder en nombre de Doria y sus parientes en Génova, así como ceder, vender o transferir las obligaciones de pagos a otros individuos y contratar dependientes ocasionales. Esto caracterizaba la naturaleza de sus emprendimientos comerciales y financieros.

A la muerte de los protagonistas de las inversiones, todas las herencias, juros y derechos recayeron en el hermano de Nicolás, Carlos Salvago que intentaría sin éxito revitalizar la organización del tráfico esclavista. Esto no significo un fin de los negocios de la familia Salvago en la Monarquía Hispánica, por medio de un sistema de poderes fue Doménico Grillo el encargado de continuar con los emprendimientos en Castilla y Andalucía.

Sería Doménico el encargado de recoger las rentas de algunos juros pendientes de Nicolás Salvago por lo que las licencias de esclavos, efectuadas por tío y sobrino, pueden estar más que relacionadas por medio de un caso de reciclaje de las viejas inversiones de los genoveses, para convertirse en un nuevo asiento esclavista monopólico bajo nuevas fórmulas normativas más perfeccionadas.


  1. UniTE, Universidad Nacional de La Plata.
  2. HERRERO SÁNCHEZ, M. “La República de Génova y la Monarquía Hispánica (siglos XVI-XVII)” Introducción. Hispania 2013, 65(219), pp.9-19. HERRERO SÁNCHEZ, M. “La quiebra del sistema hispano-genovés (1627-1700)”. Hispania 2005, 65(219), pp.115-151.
  3. Al respecto alguna bibliografía sobre los contactos comerciales entre genoveses, castellanos, aragoneses y andaluces: Gioffrè, D. “Il mercato degli schiavi a Genova nel secolo XV”. Flli Bozzi 1971. Vol, 11. Pistarino, G. “Tratta di schiavi tra Genova e la Spagna nel secolo XV”. Medievalia 1981, 7, pp.125-150.
  4. Parte de la historiografía que ha dado cuenta de las licencias a Nicolás Salvago: GARCÍA Montón, A. Ascenso Social y recreación familiar. Cuatro dedicaciones para los Grillo de Mondragone (1674-1723). En “Estrategias culturales y circulación de la nueva nobleza en Europa (1570-1707)”. 2015 pp. 73-94. Scelle, G. La traite négrière aux Indes de Castille. Contrats et traités, I, Paris, 1906. De Studer, E. La trata de Negros en Río de la Plata durante el siglo XVIII (No. 101). Universidad de Buenos Aires, 1958. Peralta Rivera, G. Los mecanismos del comercio negrero. Lima, 1990. Peralta Rivera, G. El comercio negrero en América Latina (1595-1640). Lima, 2005. Wasserman, M. “Círculos sociales, contextos normativos y crédito: Buenos Aires, siglo XVII”. Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, América Latina en la historia económica, México, 2013, 20(1), pp. 35-77. Vila Vilar, E. Hispanoamérica y el comercio de esclavos. Los asientos portugueses, Sevilla, 1977.
  5. ASG, N.A, leg 6539, testimonio de Emilio Sanguinetti 22/07/1633.
  6. ASG, N.A, leg 6539, testimonio de Emilio Sanguinetti 23/07/1633.
  7. Se retoma la recopilación familiar escrita por: Salvago Raggi, C. “Lontani Parienti”. Editorial Lindau 2016.
  8. ASG, N.A, leg 8082, testamento de Carlo Salvago y herencias de su hijo Leonardo Salvago. 18/12/1661.
  9. ASG, N.A, leg 6542, Testimonio de la deuda y su pago de Alonso Fernández de Córdoba a Giovanni Stefano Doria y Nicolás Salvago el 22/12/1637. La misma escritura refleja el apoderamiento de Nicolás Salvago.
  10. Caballos, E. M. “Las Licencias de esclavos negros a Hispanoamérica (1544-1550)”. Revista de Indias 1994, 54(200), pp.273.
  11. AGI, I.G, leg 2796. Real Cédula de 29/3/1629.
  12. Navarrete Peláez, M. “De las “malas entradas” y las estrategias del “buen pasaje”: el contrabando de esclavos en el Caribe neogranadino, 1550-1690”. Historia crítica, 2007, 34, pp. 159-183.
  13. Thomas, H. The slave trade: the story of the Atlantic slave trade: 1440-1870. New York, 1999.
  14. DE STUDER, E. La trata de Negros en Río de la Plata durante el siglo XVIII. Universidad de Buenos Aires, 1956. No. 101.
  15. AGI, I.G, leg 2796, Carta del 17/7/1630. AGI, I.G, leg 2767, ff 219. 9/2/1632.
  16. AGI, I.G, leg 2767, Lib 1 ff 208v-209r-210.
  17. AGI, I.G, leg 434, Lib 6ff 222r-223v.
  18. AGI, I.G, leg 2767, carta a la Real Audiencia de Santo Domingo. Descamino de Nicolás Salvago 6/5/1634. AGI, I.G, leg 2767. ff 264v 265r, petición del asentista de renta Melchor Gómez Ángel 29/4/1635.
  19. AGI, I.G, leg 2796, Real Cédula del 8/8/1639.
  20. AGI, I.G, leg 2796, Real Cédula de 26 /8/1651.
  21. ASG, N.A, leg 6546, poder de Carlo Salvago a Doménico Grillo para recibir rentas parte de la herencia de su hermano Nicolás Salvago 23/12/1658.


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