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Descendencia, generaciones y juventud

Gabriela Novaro y María Laura Diez

En los estudios migratorios la preocupación por la descendencia se focaliza fundamentalmente en la situación de los/as hijos/as nacidos en el país de origen y criados en destino y de las llamadas segundas generaciones. Nos proponemos abordar los debates sobre generaciones y descendencia, e introducir algunas referencias a los estudios de juventud y más concretamente sobre juventud migrante.

Para presentar las nociones de descendencia y generación buscamos claves en la teoría social y antropológica clásica, para luego exponer algunos puntos de partida del modo en que los estudios migratorios han abordado estas temáticas en particular en la región y en Argentina.

El interés por la descendencia, la herencia, la forma en que se define la continuidad de los grupos a través de las generaciones acompaña el desarrollo del pensamiento social. El supuesto de que en las llamadas “sociedades primitivas” el lugar de los sujetos se definía en gran medida por el nacimiento acompañó el desarrollo del evolucionismo y el funcionalismo (Maine, 1861/1893; Radcliffe Brown, 1986). Se reforzó también en el presupuesto de la centralidad de las relaciones de parentesco en la vida social. En los trabajos culturalistas norteamericanos las relaciones generacionales son fundamentales para abordar la conformación de la personalidad de los niños en distintas culturas (Mead, 1970). Desde perspectivas posteriores las experiencias distintivas en términos generacionales son abordadas en trabajos que focalizan en la reproducción de conocimientos y prácticas asociadas a las identificaciones colectivas y transmitidas por los antecesores (Lave y Wenger, 2007).

El trabajo clásico de Karl Mannheim resulta un antecedente fundamental del tema. Mannheim (1993) advierte la necesidad de identificar los acontecimientos que marcan la sucesión de una a otra generación, reflexión que anticipa una cuestión que en los contextos migratorios es relevante: la distinción entre una generación que ha migrado y otra nacida en el nuevo territorio, definida como “descendiente”. Para Mannheim la noción de generación permite entender las prácticas y conciencias distintivas de sujetos con experiencias históricas comunes e identificar los acontecimientos que marcan la sucesión de una a otra generación. Esto se corresponde con el énfasis que este autor pone en la conexión más que en la posición generacional, lo que nos invita a pensar la generación como forma de identidad contrastiva.

Este concepto fue puesto en relación con el de memoria, en tanto la memoria es pensada como objeto de las relaciones intergeneracionales y como producción de sentido de continuidad. Halbwachs (1950/2011) sostenía que son las distintas generaciones las que mantienen la memoria colectiva como historia viva. Este abordaje desde la dimensión generacional encierra la posibilidad de pensar en términos de genealogía la transmisión y la continuidad (o discontinuidad) de la memoria, en alusión a la conciencia de pertenecer a una cadena de generaciones de la que el individuo se siente heredero (Candau, 2008).

Los descendientes vienen hace años siendo tema de interés en los trabajos sobre migración. El aporte de Sayad (2010) resulta un antecedente fundamental en esta temática. Remitiendo al trabajo de este autor, diversas investigaciones europeas advierten el contenido extranjerizante de la utilización de categorías como “segunda generación”, “hijos de…” (García Borrego, 2003; Gil Araujo y Pedone, 2013), y asocian estas categorías a una forma de clasificación estigmatizante.

Desde una perspectiva distinta pero que también constituye un antecedente de la temática, los debates que en EE.UU. se han producido en torno a categorías como “asimilación segmentada” y “aculturación selectiva” (Portes y Rumbaut, 2010) aportan al análisis del tema, si bien ambas han sido profundamente debatidas.

También desde EE.UU., dentro de los estudios del transnacionalismo el trabajo de Levitt es un aporte para abordar las relaciones generacionales y las identificaciones de las nuevas generaciones en un lugar estratégico entre la sociedad de origen de sus familias y la sociedad de destino. Levitt propone pensar los campos sociales en los que trascurre la crianza como espacios que permiten reconstruir procesos vividos por los/as hijos/as de familias transnacionales, y reconocer su capacidad de invención de nuevas versiones de tradiciones traídas por sus padres (Levitt, 2010). Desde estas reflexiones la autora aporta para superar los binarismos asimilación-transnacionalismo.

Los estudios en clave generacional en contextos de migración son aún incipientes en Argentina, aunque reconocen antecedentes en autores como Neufeld y Thisted (1999), Gavazzo (2019), Pedone (2010), Trpin (2004), entre otros. En esta línea intentamos aportar hace unos años, centrados en los procesos de identificación y las experiencias formativas en contextos familiares, comunitarios y escolares que transita la población boliviana y sus descendientes en Buenos Aires (Diez, 2019; Novaro, 2019).

En textos previos señalamos el peligro de que la definición de segunda generación como una clasificación estigmatizante implique omitir los sentidos que para los propios colectivos migrantes tienen estas categorías que identifican a sus hijos; esto es, entendemos que éstas no deben caracterizarse solo como producto de una atribución externa, en tanto se asocian también al proyecto colectivo de “seguir siendo” y a la preocupación por la pertenencia de las nuevas generaciones. No es menor la diferencia entre la noción de “migrante de segunda generación” (registrada en Europa) y “boliviano de segunda generación” que registramos en nuestro trabajo (para aludir a aquellos nacidos en Argentina pero que se suponen parte del colectivo boliviano). Ésta además da cuenta del modo de pensar las adscripciones nacionales de las jóvenes generaciones con cierta autonomía de las pertenencias indicadas por el Estado (Novaro, 2019).

Trabajos ya mencionados de Europa y Estados Unidos destacan el lugar decisivo que en los proyectos migratorios ocupan los/as hijos/as (Pedone, 2010; Levitt, 2010) e introducen categorías específicas que resultan pertinentes para pensar las previsiones y decisiones que las familias toman para favorecer las “mejores condiciones de vida” en los jóvenes. En nuestras investigaciones nos hemos detenido en cómo la preocupación porque sus hijos “sigan siendo” (bolivianos) coexiste con aquella por que sean “alguien en la vida” (Novaro, 2019). En los estudios de la región “ser alguien” suele corresponder con modos de desmarcación de posiciones e identidades sociales de origen y el deseo de integración a la sociedad nacional (Salazar, 2007). Esto se asocia a apuestas familiares por la escolaridad, relacionadas con los sentidos promocionales de la escuela para distintas poblaciones “subalternas” de la región latinoamericana (Diez, Novaro y Martinez, 2017).

Las precisiones anteriores muestran la pertinencia de vincular los debates sobre generación y descendencia con los estudios sobre juventud.

Así como en la temática de la descendencia, se reconocen tempranos aportes de la antropología al estudio de la estructura de los grupos de edad. Los trabajos aludidos de Mead (1928) avanzaron en la desnaturalización de categorías como la de adolescencia, poniendo en cuestión su remisión a las crisis emocionales asociadas a esta etapa en Occidente. Si bien niños y jóvenes estuvieron presentes en la investigación etnográfica, se tendió a mirarlos desde un modelo que los ponía en espejo con imágenes adultas. Se destacaba su incompletud y priorizaba aspectos de su crecimiento y desarrollo equiparando transformaciones físicas/biológicas con cambios cognitivos y culturales (Franzé et al., 2011).

En las últimas décadas, fueron revisados los estudios que partían de la pregunta por el modo en que los jóvenes se convierten en miembros competentes de la cultura o son incorporados a la vida social encarnada por los adultos. Toren (2004) argumenta que la antropología debe partir de la premisa de que cada individuo a lo largo de la vida construye intersubjetivamente una forma de entender el mundo social; discute desde allí con concepciones que tienden a construir a los niños y jóvenes como receptores pasivos de valores y atributos. Estudios sobre juventud, etnicidad y procesos de identificación definen la concepción antropológica de grados de edad para avanzar desde una perspectiva intergeneracional. Plantean que los grados de edad inscriben subjetividades específicas y, por lo tanto, producen arenas o campos de disputas históricos y contextuales que deben reconstruirse en su particularidad (Kropff, 2008; Chaves, 2005).

Múltiples estudios comienzan a privilegiar la reconstrucción de las experiencias juveniles asociadas a la migración, con la intención de visibilizar a los jóvenes como agentes sociales en la producción y reproducción social, discutir las miradas estereotipadas sobre las generaciones y dar cuenta de las experiencias polivalentes (Franzé et al., 2011; Moscoso, 2009). Entre ellos, es posible identificar distintas dimensiones relacionales para pensar a los jóvenes atravesados por la experiencia migratoria en la región. Algunos destacan las posiciones de la juventud en las mencionadas genealogías familiares migrantes, otros focalizan en los procesos migratorios iniciados por los mismos jóvenes en situación de desigualdad (Gavazzo, 2019; Pacecca, 2013).

Dentro de las situaciones locales documentadas en Buenos Aires, analizamos la participación de los jóvenes en espacios formativos. Registramos cómo los jóvenes participan de experiencias ligadas a la reproducción social, y adquieren progresiva y diferencialmente saberes vinculados a aspectos productivos y expresivos que se asocian a la pertenencia al colectivo boliviano. En los contextos escolares registramos la situación de los jóvenes cruzados por múltiples mandatos de identificación y visibilización de sus referencias (Diez, 2019; Novaro, 2019).

Bibliografía

Candau, J. (2008). Memoria e identidad. Buenos Aires: Ediciones del Sol.

Chaves, M. (2005). Los espacios urbanos de jóvenes en la ciudad de La Plata (tesis de doctorado). Facultad de Ciencias Naturales y Museo, Universidad Nacional de La Plata.

Diez, M. (2019). Infancias y juventudes en contextos migratorios: educarse en tramas transnacionales. En K. Nuñez Patiño (coord.), Infancias. Diversas voces y experiencias con la niñez (pp. 149-165). México: Universidad Autónoma de Chiapas.

Diez, M.; Novaro, G. y Martinez, L. (2017). Distinción, jerarquía e igualdad. Algunas claves para pensar la educación en contextos de migración y pobreza. Cuadernos del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano, 26 (2), 23-40.

Franzé, A.; Jociles, M. y Poveda, D. (2011). Introducción. El estudio etnográfico de la infancia y de la adolescencia: posibilidades y retos. En M. Jociles, A. Franzé y D. Poveda (eds.), Etnografías de la infancia y la adolescencia (pp. 9-36). Madrid: Catarata.

García Borrego, I. (2003). Los hijos de inmigrantes extranjeros como objeto de estudio de la sociología. Anduli: Revista Andaluza de Ciencias Sociales, 3, 27-46.

Gavazzo, N. (2019). Boliviantinos y argenguayos: una nueva generación de jóvenes migrantes e hijos de inmigrantes en Buenos Aires. Series Las juventudes argentinas hoy: tendencias, perspectivas, debates. Buenos Aires: Grupo Editor Universitario.

Gil Araujo, S; Pedone, C. (2013). Políticas públicas y discursos políticos sobre familia, migración y género en contextos de inmigración/emigración: España, Ecuador y Colombia. En G. Karasik (coord.), Migraciones internacionales. Reflexiones y estudios sobre la movilidad territorial contemporánea (pp. 149- 170). Buenos Aires: CICCUS.

Halbwachs, M. (1950/2011). La memoria colectiva. Buenos Aires: Miño y Dávila.

Kropff, L. (2008). Construcciones de aboriginalidad, edad y politicidad entre jóvenes mapuche (tesis de doctorado). Facultad de Filosofía y Letras-Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.

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Mead, M. (1970). Cultura y compromiso. Estudio sobre la ruptura generacional. Buenos Aires: Granica.

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Moscoso, M. (2009). La mirada ausente: Antropología e infancia. Aportes Andinos, (24), Quito: Universidad Andina Simón Bolívar, Programa Andino de Derechos Humanos, 1-10.

Neufeld, M.R. y Thisted, A. (comp.) (1999). De eso no se habla: los usos de la diversidad sociocultural en la escuela. Buenos Aires: EUDEBA.

Novaro, G. (2019). Entre seguir siendo y ser alguien en la vida. Mandatos y herencias de los descendientes en contextos de migración. Actas III Jornadas de Migraciones de la Universidad Nacional de José C. Paz Cartografías en movimiento: memorias, violencias y resistencias (23 y 24 de mayo de 2019).

Pacecca, M. (2013). El trabajo adolescente y la migración de Bolivia a Argentina: entre la adultez y la explotación. Buenos Aires: CLACSO.

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Portes, A. y Rumbaut, R. (2001). Legacies. The story of the immigrant second generation. Berkley: University of California Press.

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Sayad, A. (2010). La doble ausencia: de las ilusiones del emigrado a los padecimientos del inmigrado. Madrid: Anthropos.

Toren, C. (2004). Becoming a Christian in Fiji: an ethnografphic study of ontogeny. Journal of Royal Anthropological Institute (N.S.), 10, 221-240.

Trpin, V. (2004). Aprender a ser chilenos. Identidad, trabajo y resistencia de migrantes en el Alto Valle de Río Negro. Buenos Aires: Antropofagia.



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