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Migraciones temporales

Germán Quaranta

Las migraciones en América Latina al inicio de la segunda mitad el siglo XX, en el marco de la teoría de la modernización, se asociaban al cambio definitivo de residencia de un ámbito rural a otro urbano, componente de un proceso de cambio social caracterizado como el pasaje de una sociedad tradicional a otra moderna (Germani, 1969).

En esos años, las perspectivas estructuralistas interpretan a las migraciones como ajustes de la distribución de la población entre espacios con distinto nivel de desarrollo económico. Los procesos de industrialización y urbanización funcionan como polos de atracción, mientras que las situaciones de estancamiento en el medio rural operaban como polos de expulsión, en un contexto de desarrollo desigual y desequilibrios regionales que desembocan en la generación de bolsones de excedentes de mano de obra (Singer, 1975).

Hasta esa fecha, los estudios académicos en nuestro continente consideran la migración un fenómeno del capitalismo, descuidan el estudio de la movilidad en las sociedades precapitalistas, y priorizan el interés por los desplazamientos que involucran un cambio de residencia definitiva de la población. Las migraciones temporarias, que la antropología estructural funcionalista británica abordó como circulación entre ámbitos rurales y urbanos para el continente africano, no concitan la atención en la academia de nuestro continente hasta ese momento.

Las migraciones temporarias, entendidas como movilidades que no implican un cambio de residencia permanente y presuponen el regreso del migrante al lugar de origen, reciben el interés de los académicos latinoamericanos a partir de la segunda mitad de la década del setenta. En el marco de enfoques estructuralistas que abordan la articulación funcional de la economía doméstica campesina y la capitalista (Meillassoux, 1977), las migraciones temporarias de trabajadores agrícolas latinoamericanos se asocian a la demanda laboral de espacios de agricultura empresarial que se vinculan con la oferta de mano de obra de áreas campesinas (Balan, 1980).

Este enfoque sostiene que la articulación entre estructuras agrarias capitalistas y estructuras agrarias campesinas o minifundistas es motorizada por las oportunidades de empleo y las diferencias salariales existentes entre regiones. Los factores de atracción y expulsión generan las corrientes migratorias entre las áreas campesinas y las áreas de agricultura empresarial. Estos flujos migratorios pueden ser de carácter pendular, movimientos poblacionales temporarios entre el lugar de origen y el lugar de destino, o circulares, movimientos poblacionales que conectan una serie de destinos sucesivos entre la partida y el retorno (Reborati y Sabalain, 1980).

En el mundo anglosajón estos fenómenos se abordaban a partir de la noción de circulación que abarca desde distintas perspectivas teóricas la multiplicidad de formas de movilidad no incluidas en la idea de migración definitiva (Protero y Chapman, 1985).

En América Latina, a partir de los años 80, se incorpora al estudio de las migraciones temporarias la capacidad de agencia de los actores sociales a partir del concepto de estrategia de vida familiar en el marco de las tendencias post-estructuralistas del momento (PISPAL, 1986).

Las migraciones laborales transitorias, utilizando este concepto, se explican recurriendo a las prácticas sociales destinadas a la reproducción de los hogares que operan como base de la organización social de la movilidad. Un ejemplo típico de estas prácticas son las migraciones por relevos de los miembros jóvenes de las familias campesinas que se trasladaban a la ciudad para trabajar y envían remesas a los hogares, cuando éstos forman hogares independientes son relevados por otros integrantes más jóvenes de sus familias en origen (Arizpe, 1978).

Para entender las migraciones temporarias, sus formas de movilidad, los miembros incluidos de las familias, los tiempos de la migración, etc., es necesario considerar el tipo, la composición y el tamaño del hogar, las actividades económicas realizadas y la división familiar del trabajo. Estas estrategias de vida familiar relacionadas con la migración temporaria pueden asociarse a niveles diferenciales de fecundidad según condición asalariada o campesina de los hogares y el tamaño y la cantidad de generadores de ingresos de éstos (Forni, Benencia y Neiman, 1991).

En este marco, las migraciones son consideradas un proceso en el cual los sujetos participan de forma diferencial según su dotación de recursos, motivaciones y posición en la estructura social. Al mismo tiempo, las estrategias empresariales de contratación de mano de obra inciden sobre las características que las migraciones temporarias adquieren y el perfil socio-demográfico que presentan los trabajadores migrantes (Bendini, Radonich y Steimbreger, 2001).

Las migraciones temporarias como condición para acceder a un empleo están presentes en hogares de campesinos y de asalariados agrícolas tanto de residencia rural como urbana. En muchas circunstancias, la falta de oportunidades de empleo local obliga a los trabajadores a desarrollar migraciones temporarias de forma “permanente” para trabajar y garantizar la continuidad de los hogares ante la ausencia de alternativas locales de ocupación (De Moraes da Silva, 1998). Estas formas de circulación son conceptualizadas como nomadismo laboral ya que los desplazamientos desplegados entretejen y articulan a lo largo del año distintos lugares de trabajo y, en algunas ocasiones, los trabajadores pierden la referencia a un espacio de residencia del hogar (Lara Flores y C. de Garamount, 2003).

La mirada sociológica del fenómeno incluye desde fines del siglo pasado un uso extendido del concepto de red social. Esta noción permite entender la movilidad considerando la acción y las relaciones sociales a partir de las actividades domésticas, las prácticas de reclutamiento y el acceso al trabajo, la resolución de los dilemas que los migrantes enfrentan en las zonas de destino como el alojamiento, y las prácticas de resistencia desplegadas por estos sujetos sociales (Menezes, 2002).

El mundo académico anglosajón en sus estudios sobre países de África y Asia también recurrió a la noción estrategia de hogar y, asociado a ésta, al concepto de rural livelihoods diversification para dar cuenta de la circulación y las migraciones temporarias (Ellis, 1998). Este concepto incluye las diferentes formas de movilidad que los miembros del hogar despliegan para llevar cabo un conjunto de actividades, tanto rurales y urbanas como agrícolas y no agrícolas, que posibiliten la reproducción de la unidad (Rigg, 2007). La movilidad se explica tanto desde la agencia como de las estructuras e instituciones de la vida social y económica, y las formas que asume son definidas a partir de la idea de patrón migratorio que da cuenta de la composición y las características de las corrientes considerando, por ejemplo, participantes, destinos y duración de la migración (De Haan, Brock and Coulibaly, 2002).

En América Latina, la diversificación de las actividades de la población rural asociada a su movilización se aborda a partir de los conceptos pluriactividad y multiocupación de los hogares que obtienen sus ingresos del trabajo asalariado agrícola y de las ocupaciones no agrarias de forma creciente en el marco de procesos de desagrarización de la ruralidad. Los asalariados del “campo” provienen mayormente de hogares sin accesos a medios de subsistencia alternativos al salario y pierden ‒de forma progresiva‒ la condición campesina. La población rural, ante la crisis de la economía campesina y las restricciones de los mercados laborales urbanos, desarrolla nuevas formas de movilidad tanto entre el campo y la ciudad como entre zonas rurales (C. de Grammont, 2009).

Avanzada la primera década del siglo actual, la antropóloga mexicana Sara Lara Flores (2010) nos brinda uno de sus importantes legados académicos a través de la aplicación y profundización del concepto de proyecto migratorio, vinculado a la geografía francesa, en sus investigaciones sobre la movilidad de la población rural mexicana. Los migrantes mediante sus proyectos participan en determinados territorios migratorios que construyen a partir de su saber circular, a la vez que estos territorios circunscriben a los actores de modo escalar y jerárquico. Estos enfoques de la constitución territorial y de la circulación de tono fenomenológico otorgan a los territorios migrantes de carácter translocal un papel central a la hora de entender las estrategias de reproducción subyacentes a la movilidad.

Estos conceptos fueron de gran utilidad para comprender la movilidad de trabajadores frutihortícolas que organizan sus desplazamientos a partir de proyectos que encadenan migraciones tanto en el interior mexicano como hacia Norteamérica. En esos desplazamientos los migrantes generan asentamientos poblacionales que constituyen los espacios de residencia en las zonas de producción y la base desde donde se organiza la migración hacia EE.UU. Para dar cuenta de estas formas de movilidad que combinan y relacionan distintos tipos de “migraciones” se desarrolla el concepto de encadenamientos migratorios. Estos implican nuevas formas de movilidad y saberes circulatorios que organizan articulando migraciones internas y transnacionales (Lara Flores, 2011).

En nuestro país, el equipo del Grupo de Estudios Sociales Agrarios de la Universidad Nacional del Comahue, coordinado por Mónica Bendini, utiliza un enfoque sociológico del concepto de proyecto migratorio definido en el marco de las estrategias de reproducción, que resalta para su definición la importancia de las trayectorias y la posición social de las familias (Bendini, Steimbreger, Radonich y Tsakoumagkos, 2012). Estos autores comparten la idea de que la movilidad constituye una práctica de reproducción en el marco de la división territorial del trabajo familiar según condiciones de género y generación, que se expresa en el proyecto migratorio. La incorporación de la mirada diacrónica mediante la noción de trayectoria es clave en esta construcción conceptual (Pedreño Cánovas, Alzamora Domínguez, Castellanos Ortega, García Borrego, y Torres Pérez, 2013).

Los investigadores de la Universidad Nacional de Comahue a partir de estos esquemas conceptuales estudian las migraciones temporarias de asalariados agrícolas del noroeste argentino que se ocupan en los mercados de trabajo de la fruticultura del norte de la Patagonia. La movilidad de estos trabajadores depende fundamentalmente de su condición social en origen, la residencia rural o urbana, las actividades económicas en los lugares que habitan y las inserciones en los mercados de trabajo de destino. Estos elementos permiten comprender las estrategias de reproducción de los hogares que se centran en la movilidad, sumado al análisis intergeneracional a partir de la dinámica diacrónica del proyecto migratorio de las familias, en el marco de procesos de cambio social como la urbanización de los asalariados migrantes temporarios y la crisis de la economía campesina (Bendini, Steimbreger, Radonich y Tsakoumagkos, 2012).

Más recientemente, en nuestro país, se estudian las migraciones temporarias de la población rural de la provincia de Santiago del Estero recurriendo a la combinación de los conceptos de estrategias laborales de vida y patrones migratorios. Las estrategias de los hogares fundamentan su reproducción crecientemente en los ingresos provenientes del trabajo migrante y de las transferencias monetarias de la protección social. Bajo estas condiciones, se incrementa la presencia de hogares nucleares, se reduce su tamaño medio y aumenta la cantidad de unidades con único generador de ingresos laborales. La movilidad adquiere la forma de circulación entre el hogar y los lugares de trabajo a lo largo del año, y los migrantes son en su gran mayoría hombres en edades centrales de trabajo cuya posición en la familia es principalmente cónyuge y, en menor medida, hijo (Quaranta, 2017).

Los estudios de las migraciones temporarias y la circulación de la población rural diversificaron las herramientas conceptuales utilizadas para su abordaje. Un punto común en la mayoría de los desarrollos fue el desplazamiento de la noción de migración por el concepto de movilidad (Arias, 2020). Este concepto permite integrar y abordar de forma coherente la multiplicidad de modalidades y la diversidad de composiciones que incluyen los patrones migratorios y estudiarlos a través de los conceptos de proyecto migratorio y/o estrategia de vida familiar.

El último concepto enfrenta críticas originadas en la sobrerracionalización que produce de los comportamientos sociales en el marco de las unidades domésticas que, por un lado, brinda una imagen próxima a un tipo de acción social con arreglo a fines asociada a la elección racional y, por otro, esconde los procesos de individuación existentes en las familias. Precisamente, la utilización del concepto proyecto migratorio, que reconoce sus antecedentes en la geografía francesa, responde a esta crítica y preocupación conceptual.

La noción de proyecto migratorio de acento sociológico se encuentra asociada de forma estrecha a las estrategias de vida familiar a partir de la organización de la reproducción de la unidad doméstica. La incorporación de los fenómenos diacrónicos vinculados a la movilidad a partir de las trayectorias de las familias y sus integrantes es un aporte clave de esta perspectiva para abordar los procesos de cambio social.

Los enfoques analizados comparten una perspectiva post-estructuralista aunque presentan diferencias en las formas en que combinan las estructuras y los sujetos para estudiar la movilidad. La diferencia central se encuentra en el lugar que ocupan las unidades domésticas para entender las prácticas migratorias. Mientras que los estudios de tono fenomenológico priorizan las prácticas como productoras de territorio, las perspectivas focalizadas en las estrategias de hogares enfatizan las prácticas en seno de la reproducción de los hogares.

Bibliografía

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