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Don Verídico, costumbrismo y absurdo

Jorge Warley (Universidad de Buenos Aires,
Universidad Nacional de La Pampa)

Mirados desde la actualidad, la característica más significativa de los relatos de Don Verídico es su incesante dispersión por los más diversos soportes significantes, al punto de correr a un segundo plano la procedencia autoral y su fechado. Chistes y cuentos que se rememoran y repiten, a veces apenas cambiados, otras mucho, sin que quien los convoca una vez más para animar cualquier encuentro sepa que tienen origen y dueño.

Pero el autor en cuestión existió. Julio César Castro, alias Juceca, nació en Montevideo en 1928. Desde 1958 comenzó a trabajar en la radio El Espectador; a la vez colaboraba en varios medios de prensa nacionales y extranjeros, como Ya, Misia Dura, Marcha, El Popular, El Dedo, Guambia; más tarde en Buenos Aires Crisis y El Porteño, entre otras.

Su gran éxito y creación casi única fue el personaje de Don Verídico, su diaria concurrencia a la pulpería “El Resorte” –que casualmente no tiene bolichero– y sus inigualables habitués, como el Tape Olmedo, la Duvija, Rosadito Verdoso. La saga llegó a principios de los años 1980 en CX 30 Radio Nacional de Montevideo; poco menos de una década antes, en 1972, la editorial Arca publicó Los cuentos de don Verídico.

Como dramaturgo fue autor de dos espectáculos unipersonales, ambos estrenados por Nidia Telles: La última velada (Teatro Circular, 1998) y Gracias por todo. Entre las obras teatrales de su autoría deben anotarse El contrabajo rosado (teatros Larrañaga de Buenos Aires y Arteatro de Montevideo), Están deliberando (Teatro Abierto, Buenos Aires), Combatiendo al amor (Buenos Aires, Argentina), además varias adaptaciones de sus cuentos fueron tomadas por diferentes elencos de Uruguay y Argentina Fue también autor del guión cinematográfico que dirigió Guillermo Casanova sobre el cuento “El viaje hacia el mar”, de Juan José Morosoli, donde también actuó. Fue guionista, además, de los filmes El muerto y Millonarios a la fuerza. La presencia de Juceca en el cine pasa también por su célebre personaje: hay cuatro cuentos de Don Verídico filmados en los años ochenta por el uruguayo Walter Tournier.

En Argentina escribió libretos para la televisión y durante veinticinco años lo hizo para el humorista Luis Landriscina, quien catapultó definitivamente a Don Verídico como uno de los personajes más célebres del Río de la Plata. Por su parte la actriz Dahd Sfeir, desde hace más de 20 años incluye textos de Julio César Castro en su más exitoso unipersonal.

En el Uruguay trabajó en televisión en los programas “Caleidoscopio”, conducido por María Inés Obaldía, “De igual a igual”, conducido por Omar Gutiérrez, y en la Televisión Nacional supo contar con un espacio propio de humor y reflexión llamado “Tarde piaste”, en el cual era común verlo vestido como gaucho contando, desde el personaje, los cuentos de Don Verídico.

Hay discos y cassettes con grabaciones del propio Juceca y otros autores que recrean las aventuras de Don Verídico, varios de los cuales han sido “recuperados” en Youtube.

En el prólogo de Salvador Puig para Don Verídico. Entretanto cuento (1992) puede leerse: “Los cuentos de Don Verídico, nacidos como libretos radiofónicos hace treinta años, pasaron más tarde al recuadro periodístico y terminaron en libro. Ese tránsito fue alterando perceptiblemente su forma, desde una dicción campechana y morosa a una expresión más concisa y condensada”. Y a continuación ejemplifica: “‘Nada, pero verde’, dice un personaje cuando mujer le pregunta qué ve con los lentes que se autofabricó. Ese remate de un cuento, publicado primero en Marcha y luego en libro, posiblemente no se le hubiera ocurrido a Julio César Castro en la época en que el actor Dante Ortiz daba al personaje la primera voz que tuvo, en los micrófonos de radio El Espectador. Es que Castro le daba ‘rollo’ al actor para que se deslizara por el libreto sin apuro por encontrarse con los golpes de gracia”.

La semblanza crítica de Puig es bien interesante y en un doble sentido. Por una parte da cuenta de cierta maduración en el estilo de Juceca –su “literaturalización”–, pero por otra, más importante aún, según nuestro juicio, testimonia de qué manera el pasaje de un soporte significante y un medio a otros

Cuando los “agarra” Luis Landriscina, y luego Juan Manuel Tenuta, y después el propio Juceca, los cuentos ya habían probado la imprenta. Y entonces los actores tuvieron que adaptarse a un guión más estricto, pero que curiosamente no había perdido nada de su eficacia oral. “Por ahí podría rastrearse la maestría de Castro en el manejo del lenguaje, siempre al servicio de una fantasía desbordada pero llevada ‘de la rienda’. Quizás el procedimiento de Castro para crear sus ficciones podría compararse con el de un Valle Inclán esperpéntico al que se le extirparan seriedad, acidez y afán moralizante”, indica Puig.

Otro de los aspectos que destaca este autor es cierto menosprecio en la consideración artístico de la obra de Juseca, en primer lugar porque en Uruguay el relato humorístico tradicionalmente ha sido considerado literatura “menor”. Mirado desde hoy, es precisamente esa “minoridad” la que fue encontrando en las narraciones de Juceca la mayoría de edad artística.

Del conjunto de las apariciones del Verídico de Juseca se ha seleccionado aquí, para enlistar los procedimientos humorísticos básicos que anudan sus narraciones sus guiones radiofónicos.[1]

Estos guiones, que se desparraman a lo largo de décadas, presentan ciertas características que sirven para enfatizar los “golpes” del humor en el marco de una estructura o esquema básico de bien interesante trayectoria dentro de la radio y la televisión argentinas. Nos referimos al marco de una escena dialogal donde el protagonista confronta con un presentador-partenaire. Es la tradición que supo volver famosas a Catita, Cándida y tantos otras encarnaciones de Niní Marshall que enfrentaban e impacientaban a Juan Carlos Thorry, o el Contra de Juan Carlos Calabró que sacaba de sus casillas a Antonio Carrizo y sus casuales invitados. Ese otro sirve como marco contrastivo que ya da la bienvenida y plantea un tema de charla, ya intenta atenuar los desvaríos de Verídico, le recuerda y lo devuelve al tópico tratado, retrocede cuando el viejo lo enfrenta o busca la complicidad e identificación de la audiencia cuando subraya las inverosímiles exageraciones en las que las narraciones se pierden.

Los procedimientos humorísticos

1. El personaje como estereotipo. Don Verídico abreva en la tradición popular del exagerado, un tipo cuyo origen se pierde en la historia del cuento oral y el chiste popular y que los sigue habitando hasta el día de hoy en el recreo de los colegios y en los tiempos vacíos de la oficina. Las exageraciones son evidentes para quienes leen o escuchan, quienes no dudan en atizar las enormidades que le escucha. El “exagerau” por lo general ni bien intuye que se ha pasado de la raya y siente la censura de los otros. La particularidad de Don Verídico es que carece de un límite tal, y por lo tanto se deja llevar por la inercia de la exageración, redobla la apuesta y su relato se pierde, en consecuencia, en la deformación de una hipérbole surrealista.[2]

Así, Don Verídico es un mentiroso, un bolacero. Desenfoca el topos del “paisano exagerado”, ofrece su grotesca deformación. Las gallinas que patinan sobre el hielo en el circo disparan, más bien, un humor absurdo y fantástico.

2.“Animalitos de dios”. En el mundo de la cultura campesina los animales ocupan, desde luego, un lugar destacado, así como la relación cotidiana que los hombres tienen con ellos. Ahora bien, en el mundo de don Verídico los animales se multiplican y causan gracia en su amuchamiento en una convivencia imposible. A un lado del destacado perro “Garufa” desfilan gatos, jirafas, elefantes, loros, caballos.

3. Don Verídico no es un buen contador de cuentos. En realidad ni siquiera se puede aseverar que lo que cuenta es un cuento; “el cuento de hoy” es un eufemismo, pura fórmula retórica de presentación. Esta característica se acentúa en los guiones radiofónicos. El humor está dado por un narrador que pasa de una historia a otra, se pierde en algún comentario, promete seguirla y después se olvida de por dónde iba, y es amonestado por el presentador que lo amonesta y advierte: “usted siempre se va por las ramas” “¿Qué le parece si vamos al cuento de hoy?”. La motivación realista de la falla está motivada por la desconocida pero sin duda avanzada edad de Verídico. El centro, en consecuencia, es el narrador no lo narrado: que alguien disfrute del fluir y el encantamiento de las palabras no significa que sepa bien cómo ordenarlas.[3]

De esa certidumbre se derivan otras consecuencias como, por ejemplo, el uso ridículo del humor. El presentador, debido a la marcación temporal obvia que marca el formato, dice: “pero no, dejémoslo ahí, mañana lo retomamos…”, para que en la entrega siguiente el tema en cuestión sea reemplazado por otro, o se lo retome más adelante. No se puede hablar de expectativa frustrada para la audiencia. Ese mismo presentador ha dicho antes: “don Verídico, el rey del cuento y del absurdo”, y al acercar los dos sustantivos el segundo contamina al primero y lo desfonda, lo vuelve borroso.

4. 
Boliche “El resorte”. El nombre enfatiza la naturaleza de sus habitués con la figura de la antítesis:[4] ninguno de sus parroquianos “salta”, se mueve demasiado, más bien se entregan a una quietud escenográfica. Sus habitantes suman una corte de esperpentos que no hacen más que comer y beber, entre mugre y pobrezas.


5. 
Los nombres de los personajes son el dominio del significante disparatado pero que funda un carácter. Los grupos, las familias, las genealogías y hasta los romances están determinados (motivados) por las resonancias del plano de la expresión: “eran cuatro, Apocado, Diminuto, Abreviado y Menudito (…) que supo estar casado con Compungida Bravata, que eran cuatro hermanas, a saber: Pesarosa, Deprimenda, Llorosienta y Compungida”, “Duvija”, “Rosadito Verdoso”, “el tape Olmedo”, “Lapidaria, Funebrera, Cementeria y Catacumba Fiestita”[5] ¿Son nombres? Con esa seriedad se los pronuncia.[6] ¿Son apodos? Popularmente los apodos son una consecuencia, el neobautismo (amical, jocoso, descriptivo, agresivo) que quienes lo rodean dedican al beneficiado a partir de un cierto dato evidente de su cuerpo, su oficio, su origen nacional o regional, su familia y otros muchos etcéteras; Verídico invierte la lógica en sus narraciones: lanza el apelativo y de inmediato la caracterología y hasta parte de las acciones y destino se presentan a continuación como un puro efecto.

Es demasiado nombre para la vida corta del cuento. Algunos de ellos sobreviven, insisten, sobre todo los parroquianos de “El Resorte”. Como buen viejo natural del pago, Verídico es su memoria, el depositario de todos los nombres, el memorioso de las relaciones de parentesco, un verdadero antropólogo amateur.


6.
El uso de muletillas características de Verídico: “¿Conoce?”, “¿Y yo que dije?”, “ tonces?”


7.
Discordancias semántica y lógica con sentido irónico: “¿Cuál era su principal ambición? No hacer nada” “éste no es lugar para compartir con animalitos. ¿Cómo que no, si recién vi una mosca dando vueltas al micrófono? La mosca no es un animalito. ¿Qué es entonces, un mueble?”.


8.
Literalización de metáforas.


9.
Homonimias. “La mosca es un insecto díptero de la familia de los braquíceros, no sé si conoce. De los Braquiceros conocí al menor, Yugular Braquicero, el casau con Timorata Gandul.” “La invitó a bailar un pericón con relaciones (…) ella se le enojó porque aquel lugar (…) no era el más apropiado para tener relaciones”, “la invitó a bailar un cielito (…), ella le dijo que no conocía el cielito (…) La sacó para afuera cosa de mostrarle el cielito, la lunita, las estrellitas…”

Ramón Gómez de la Serna (1930) buscó cimentar una filosofía del absurdo, en su época y a su manera; en ella el humor pretendía ocupar un rol psicológico catártico. El español explicó que gracias a la risa, muchas veces leve, gruesa otras muchas, el arte escapa de la tragicidad para crear otra cosa, diferente, nueva, nutrida por los excesos del humano simple antes que por algún tipo de grave revelación. Así escribió: “El humor entra en las cosas por el lado por el que no existen, y que es el que las revela más. Vive de poner en espectáculo lo menos espectacular”.

Bibliografía

Bajtín, M. La cultura popular en la Edad Meedia y en el Renacimiento. El contexto de Francois Rabelais. Madrid, Alianza, 1987.

Baudelaire, Ch. Lo cómico y la caricatura. Madrid, Visor, 1988.

Bretón, A. “Pararrayos”. Antología del humor negro. Barcelona, Anagrama, 1991, pp. 7-13.

Castro, J. C. Los cuentos de Don Verídico. Buenos Aires, Argentores/Biblos, 2014.

Eco, U. “Lo cómico y la regla”. La estrategia de la ilusión, Buenos Aires, Dela flor/Lumen, 1987, pp. 368-378.

Gómez de la Serna, R. “Gravedad e importancia del humorismo”. Revista de Occidente, n° 28, Madrid, 1930, pp. 348-391.

Loisi, M. “Prólogo” Los cuentos de Don Verídico de Julio César Castro (Juceca), Buenos Aires, Argentores/Biblos, 2014.

Puig, S. “Prólogo”. J.C. Castro. Don Verídico. Entretanto cuento. Montevideo, Arca, 1992.

Stilman, E. “Nota introductoria”. Ch. Baudelaire et alEl libro del humor negro, tomo 1, Buenos Aires, Siglo Veinte, 1977, pp. 7-13.

— “Nota”. Ch. Dickens et al. El libro del humor negro, tomo 2, Buenos Aires, Siglo Veinte, 1977, pp. 7-9.


  1. En realidad este escrito se centra en el análisis de la breve antología contenida en Castro, Julio César (Juceca), Los cuentos de Don Verídico (2014).
  2. “Surrealismo campero” lo llama Loisi en su prólogo (2014).
  3. “El querido don Verídico –sostiene Loisi– representa cabalmente lo que Sigmund Freud llamó ‘el principio del placer’. Don Verídico navega entre su mentalidad infantil y una absurda lógica, produciendo la carcajada por la sagrada culpa de ese ‘viejo contumaz’”(2014).
  4. Es un juego similar en el caso del cansino y aburrido perro que se llama “Garufa”, o con Don Verídico en relación a sus historias.
  5. Como se puede ver la antítesis es una recurrente figura de su estilo.
  6. Según Loisi: “Sus protagonistas son bufones serios, subordinados a sus encantos rurales.”


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