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Marcas discursivas regionales en Plaza de los Lirios, una novela del mendocino José María Borghello

Rodolfo Fernando Suarez (Universidad Nacional de Cuyo)

Introducción

Las indagaciones sobre regionalismo literario o literatura regional han abierto interrogantes sobre la validez de estos conceptos y sus caracterizaciones a partir del panorama diverso que ofrece el espectro de obras identificadas bajo estos términos. Hemos tomado como base de la presente investigación las reflexiones realizadas en el trabajo denominado “Regionalismo literario: historia y crítica de un concepto problemático”, de Molina y Varela, 2018. Allí se presentan las distintas posturas y consideraciones que a lo largo de la historia crítico-literaria han ido cargando de connotaciones diversas (muchas veces en tensión) a los conceptos de Literatura Regional y Regionalismo. De este trabajo rescatamos ahora solo la definición de “lo regional” como componente discursivo y categoría de análisis que implica la relación del hombre con el medio geo-cultural que elige como propio, lo distintivo de dicha región a partir de lo cual se crea y difunde una imagen de la zona, y la visibilidad del “locus” enunciativo (Molina y Varela: 125).

Conviene aclarar que no toda alusión regional indica que la obra presenta una poética regionalista, sino que solo se establece un “pacto de lectura comunitario o comarcano. El autor implícito puede establecer guiños de complicidad con sus convecinos mediante sobrentendidos y alusiones precisas que solo los próximos pueden desentrañar, pero sin pretender construir un texto regionalista” (Molina y Varela: 127).

A las peculiaridades de una zona, la denominamos “regionalidades”, según propone el brasileño Arendt.

A partir de estos conceptos pretendemos hacer foco en las marcas discursivas regionales presentes en Plaza de los lirios a fin de demostrar que Borghello, sin pretender hacer una obra regionalista, manifiesta sobre la superficie textual un interés por dar cuenta de ciertas “regionalidades” como guiños a los lectores vecinos. Si bien el autor desarrolla una trama basada en los conflictos de las relaciones y vivencias homosexuales dentro de una sociedad provinciana, las diversas formas en que se llevan a cabo esos “guiños” al lector evidencian una crítica solapada a la cultura mendocina de una época determinada y por ende, ciertos aspectos de la relación del autor con su entorno geo-cultural.

Plaza de los lirios es una historia centrada en la adolescencia y juventud de Flavio, un muchacho perteneciente a una familia que supo disfrutar los beneficios de la clase privilegiada de la Argentina de mediados del siglo XX pero que, por diversas circunstancias tanto sociales como privadas, se ve afectada por la pérdida de los bienes y la consecuente decadencia económica. Los conflictos rondan en torno a las represiones familiares y sociales a partir de la homosexualidad del protagonista. Después de algunos amoríos pasajeros y problemáticos, Flavio conoce a Nicolás, un albañil con quien emprende una relación amorosa atravesada por la diferencia de clase social, de costumbres y de perspectivas. Junto a este eje narrativo, una serie de personajes y espacios profundizan los conflictos y presentan las problemáticas domésticas y sociales. El rol de los familiares es decisivo en la trama. Travestis, delincuentes, albañiles y obreros completan el cuadro de acción. La historia concluye con la muerte de Nicolás después de un deterioro físico progresivo, la demolición de la casa familiar –alguna vez, signo de la opulencia– y la partida de Flavio a Buenos Aires. Los episodios transcurren en diversos espacios de Mendoza, a los que se alude, generalmente, de forma implícita. Por ello, interesa reconocer las marcas discursivas que remiten al ámbito geo-cultural al que hace referencia el autor. No todas estas marcas son reconocibles con el mismo grado de efectividad; esto dependerá de ciertas condiciones del lector, como así también de la voluntad o intención del escritor.

En lo referente al lector, la posibilidad de decodificar las marcas discursivas regionales dependerá de su grado de experiencia en la región aludida o del conocimiento en torno a ella, como así también de otros factores variables y diversos tal como el conocimiento enciclopédico, la pertenencia o no a un grupo generacional determinado, la identificación con el entorno, etcétera. Hablamos según la teoría de Rastier de los semas inherentes y semas aferentes.

Nos preguntamos, pues, de qué diversas formas el lector ubica ellocus” enunciativo o los rasgos distintivos geo-culturales de una región específica o comarca a partir de las alusiones que aparecen en la superficie textual de una obra. Para dar respuesta a ello, proponemos la siguiente clasificación:

a) Alusiones regionales explícitas: marcas discursivas regionales fácilmente reconocibles por los lectores. Son distintivas de la literatura regional, ya que justamente son las que con mayor facilidad permiten reconocer el espacio geo-cultural al que se alude.

En Plaza de los lirios no abundan estas marcas discursivas, apenas unas tres o cuatro veces se nombra a Mendoza, pero estas son suficientes para encuadrar los hechos en dicha provincia: “Don César, ya postrado, asistía al derrumbe acelerado de su mundo, a las negociaciones infructuosas de su mujer que culminaron poco después cuando debieron trasladarse a la ciudad de Mendoza, a la Casa Grande” (21).

Es destacable, en este sentido, que la provincia que más se nombra en la novela es Buenos Aires; y esto presenta un contraste significativo entre el aquí y el allá y entre el pasado y el presente, contraste que describiremos más adelante.


b) Alusiones regionales implícitas: se trata de marcas que no aluden directamente al espacio-región en el que se ubican los hechos, sino que a través de ciertas inferencias o relaciones permiten a los lectores determinar el “locus” enunciativo. El reconocimiento o no de dichas marcas dependerá del grado de conocimiento y pertenencia del lector sobre la región aludida, como así también de su experiencia. De estas hay cuatro tipos:

  • Alusiones codificadas excluyentes: marcas geo-culturales reconocibles a partir de una experiencia compartida por el escritor y el lector. Aluden a rasgos, lugares, fenómenos, hechos históricos, que son propios y exclusivos de un espacio geográfico determinado y, que fuera de este espacio, o bien no son identificables, o bien poseen otras connotaciones. Se trata de la elección de uno o varios “semas aferentes” por parte del escritor. Nótese en la siguiente cita la importancia que posee el reconocimiento de estos semas:
En su breve paso por la comisaría había conocido a un criminal. Volvió a verlo en las celebraciones de la Vendimia; al llegar el momento de la coronación, él le musitó al oído:
–Robaré una corona de diamantes y te haré mi Reina. (34)

Las palabras “vendimia”, “corona”, “coronación” y “reina” se cargan de semas aferentes para circunscribir los hechos a un espacio y un tiempo determinado, muy típicos de Mendoza: la Fiesta y la coronación de la Reina de la Vendimia. Fuera de este espacio, la acción no posee el mismo significado: si bien, la corona de diamantes ofrecida por el ladrón y el estatus de reina al que pretende elevar a Flavio tiene una carga valorativa universal, en Mendoza posee además una valoración regional y tradicional, una importancia tal que puede superar lo universal. Los semas aferentes, en este caso, elevan aún más el valor de las palabras que el ladrón le dirige a Flavio en su cortejo romántico.

  • Alusiones codificadas parciales: en este caso, las marcas regionales no son exclusivas de un espacio geo-cultural determinado, sino que pueden adjudicarse también a otra/s región/es, pero a partir de ciertos referentes co-textuales el lector las asocia al espacio al que alude el escritor y de esta manera excluye a las demás regiones. Por lo tanto, dependen de otras marcas regionales más precisas para poder ser relacionadas con el espacio aludido en la totalidad de la novela.

En Plaza de los lirios, una vez que se ha establecido ellocus” enunciativo, una vez que el lector sabe que se está hablando de Mendoza, aparecen innumerables marcas discursivas regionales que ubican al lector mediante alusiones significativas. Por ejemplo, se habla de “provincias vecinas” nombrando a San Juan y San Luis; o se describen paisajes del piedemonte y de alamedas alejadas de la ciudad. Mendoza no es la única provincia colindante con San Juan y San Luis, ni es la única que posee paisajes del piedemonte o alamedas, pero al haber sido nombrada con anterioridad, se sobreentiende el espacio referenciado. Rescatamos una de las más importantes, según nuestra apreciación, dado el significado que adquiere en la novela esta descripción:

–Andá a tu casa, no seas loca, ha comenzado a correr zonda y nadie andará por las calles (…)
Abre el postigo y mira el jardín que el viento pretende arrasar (…) sale al jardín, al aire ardiente, a las calles enturbiadas por ese viento polvoriento, dispuesta a trastornar al mundo.(…)
La calle era un vacilante túnel de confusas nubes de tierra, apenas alumbraban las luces de los faroles, un soplo caliente lo ahogó, se apoyó contra la pared. (240-2)

El viento zonda, que no es exclusivo de Mendoza pero que en esta provincia posee una carga valorativa de gran importancia, funciona simbólicamente como la representación del estado de ánimo de Flavio, quien se encuentra molesto por la ausencia de Nicolás, su amante, incómodo por el reconocimiento social que alcanza por haber ganado un concurso literario, encolerizado con sus parientes a quienes solo les interesa el prestigio de tener un artista en la familia. Es bajo las fuertes ráfagas de este viento que Flavio se entrega en una iglesia abandonada a unos delincuentes con los que se topa en las calles de un barrio, sosteniendo el diploma del concurso literario bajo su cuerpo mientras es abordado por seis hombres. Al finalizar esta secuencia, el simbolismo se intensifica:

–¡El zonda tiene la culpa!
–¡Vamos querida! Farsas a mí no, que te conozco bien, vos te aprovechás del zonda, que no es lo mismo. (247)
  • Alusiones generacionales: existen marcas regionales reconocibles por ciertas generaciones de lectores y no identificables (o difícilmente identificables) para otras generaciones que no poseen la experiencia necesaria. También se trata de “semas aferentes”, por lo que estarían emparentadas con las alusiones codificadas excluyentes; pero en este caso dichos semas están dirigidos a una clase aún más acotada de lectores que no solo comparten una experiencia geográfica excluyente con el escritor, sino además, una experiencia temporal.
–¡Ah querida, qué mañana aquella! Recién abrían el mercado, ese que queda en la parte vieja de la ciudad, allí donde están las tiendas de los árabes, yo regresaba a casa de un encuentro amoroso. (89)

Para aquellos que poseen la debida experiencia, podrán ubicar el espacio geográfico al que se hace referencia en este pasaje. Se trata de la 4ta Sección de la ciudad de Mendoza, precisamente en la zona conocida como La Alameda, en donde funcionó hasta la década del 70 (período en el que se llevan a cabo parte de las acciones de la novela) el Mercado Municipal la Pirámide. Dicha zona también fue conocida por la cantidad de tiendas de telas de dueños árabes. Por lo tanto, existe aquí un guiño de complicidad para los lectores que no solo comparten un conocimiento geográfico, sino también una vivencia de época.

  • Alusiones mediadas: finalmente, podemos distinguir algunas alusiones solo reconocibles a partir de explicaciones extra-textuales. Se trata de marcas discursivas geo-culturales que solo pueden ser interpretadas a partir de otros textos (críticas, estudios, investigaciones, entrevistas, etc.). El lector precisa de la mediación de un crítico, del propio autor o de una voz autorizada que explicite la relación entre lo textual y el espacio geo-cultural aludido.

En el caso de Plaza de los lirios, el autor ha dado nombres ficticios a personas y lugares reales. En una entrevista a un diario local, Borghello deja claro que al escribir esta novela tuvo la intención de “rendir como una especie de homenaje a esas personas que uno amó, para que no murieran del todo” (Los Andes: 3). A partir de una primera investigación realizada para mi tesis de licenciatura pude acercarme a algunos conocidos del escritor, quienes manifestaron que la novela está cargada de lugares, personas y anécdotas reales, si bien no termina de ser una novela autobiográfica. Mediante diversas entrevistas se develaron algunas de estas referencias: la Plaza de los lirios, según los entrevistados, es la céntrica plaza San Martín de Mendoza, en donde por aquellos años en la que está ambientada la trama era un lugar de reunión de las travestis. Los barrios que llevan nombres ficticios como el “barrio de las latas”, o el “barrio de las sapas”, son reconocidos barrios de la región emergentes en aquella época; por ejemplo, el barrio “La Favorita”. El cine en donde se produce uno de los primeros encuentros de los amantes, es una sala ya desaparecida que llevaba por nombre “La Bolsa”, ya que se hallaba cerca de la Bolsa de Comercio de Mendoza, y en el que solo entraban hombres. Estas y otras referencias –que no se remiten solo al plano regional– son posibles de decodificar mediante explicaciones extra-textuales.

Cada una de las marcas regionales con las que Borghello circunscribe los hechos a la provincia de Mendoza tienen una intención de demarcar un “aquí” y un “allá”. Habíamos dicho que la provincia que más aparece nombrada en la novela es Buenos Aires y no Mendoza, a pesar de que los hechos sucedan en esta última. Los conflictos presentan muchas veces, a lo largo de la trama, un personaje principal que huye del ambiente represivo familiar y social; y Buenos Aires es el escape, la huida a un mundo que funciona como refugio. Un detalle importante se aprecia en las descripciones: Borghello, como dijimos, utiliza nombres ficticios y alusiones para señalar los espacios de la provincia; pero no para Buenos Aires, siendo más preciso en las ubicaciones:

La Torre de los Ingleses, la plaza del Retiro… llegó hasta ella atraído por un recuerdo (…) Le pidió al chofer que fuera por Leandro Alem. Las fachadas de los cafetines se alineaban por debajo de la Recova. (198)

Durante toda la novela se establece un permanente ir y venir de Mendoza a la Capital como respuesta al desasosiego de Flavio por no encontrar satisfacción en la provincia. Cuando la situación lo supera, ya sea por las decepciones familiares o amorosas, su vía de escape es Buenos Aires. Entonces Mendoza se erige como el espacio que lo reprime, “siempre será así en esta provincia” (80), reflexiona una vez Flavio cuando piensa que sus hermanos o algún amigo de ellos lo pueden descubrir en la Plaza de los lirios. Sin embargo, la Capital tampoco aparece como el lugar apacible que satisface sus expectativas. Aquí y allá los conflictos lo superan.

Como una metáfora de su propia vida o como un presagio de sus últimos días, Borghello estructura la novela a partir de una vía férrea de constantes idas y vueltas, de Mendoza a Buenos Aires: “La vía del tren es una línea recta. Cíclica” (197), dice el narrador. La novela culmina con el personaje principal marchándose a la Capital. Mendoza ya no tiene nada que ofrecerle: Nicolás, su amante, ha fallecido; la casa de su infancia es demolida y la familia se disuelve.

Borghello había nacido en el barrio de Flores, a los dos años su familia se muda a Mendoza y ahí transcurre toda su vida. Pero unos años antes de morir, vuelve a Buenos Aires y, en el 2000, culminan sus días. La provincia de Mendoza no lo vio ni nacer ni morir, pero sí deambular por las calles, los cines, los bares, los barrios y las plazas; espacios que quedaron retratadas en su novela; como la Plaza de los lirios, refugio de las travestis de antaño, espacio de ficción que evoca una realidad mendocina de décadas pasadas.

Bibliografía

Arendt, J. C. “Do outro lado do muro: regionalidades e regiões culturais”. Revista Rua, vol. 2, n°. 18, 2012, 82-98. Bit.ly/2Z6nf1f.

Borghello, J. M. Plaza de los lirios. Una particular relación, sin concesiones ni excusas. Buenos Aires, Editorial Galerna, 1985.

Molina, H. y F. Varela (Dir.). Regionalismo literario: historia y crítica de un concepto problemático. Mendoza, Biblioteca Digital de la Universidad Nacional de Cuyo, 2018.

Rastier, F. Semántica interpretativa. México, Siglo XXI, 2005. Bit.ly/2BLM9u9.



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