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Juan Carlos Bustriazo Ortiz, poeta tutelar del cancionero pampeano

Rubén R. L. Evangelista (Nombre artístico: Cacho Arenas)

Todo poeta, todo escritor verdadero, se define por sus obsesiones, y para Juan Carlos Bustriazo Ortiz la obsesión es La Pampa: sus 55 libros, a modo casi de una suma telúrica, revelan, con luminosa monotonía, con un fervor incesante, la mirada profunda que va del hombre al paisaje y que retorna trasfigurada, en un acto de identificación que tiene mucho de misticismo.

 

Dora Delia Battiston, 1982.

Provengo de la música y el canto, no de la literatura, pero nada de lo que he hecho desde mi condición artística es ajeno a la escritura, y en particular a la poesía pampeana. Mi cercanía con los poetas de Santa Rosa comenzó en la adolescencia, con Juan Carlos Bustriazo Ortiz, durante los años 1960 y 1961.

Como yo, que soy nacido en 1946, mi generación conoció el nombre del poeta y sus primeros versos cantados gracias a la difusión de las canciones que, en la segunda mitad de los años de 1950 y durante la década de 1960, musicalizaron sobre sus textos los compositores pampeanos Guillermo Mareque, Enrique Fernández Mendía, Argentino Calvo, Juan Neveu, Beto Urquiza y Rubén Rodríguez Poncetta. Y esa difusión se produjo gracias a los intérpretes instrumentales y vocales que rápidamente los tomaron e incluyeron en sus repertorios.

Aunque pueda parecer desmedida la afirmación, la canción fue, para el común de las personas, en esa etapa inicial, un medio informativo del acontecer poético de la provincia y de la región, complemento de las primeras publicaciones de la Dirección de Cultura de La Pampa en sus recordadas Plaquetas y Cuadernos Pampeanos de Poesía, que contenían obras de quienes integraban el movimiento literario “La Joven Poesía Pampeana” de 1957, entre ellos Juan C. Bustriazo Ortiz, Edgar Morisoli y Ana María Lassalle.

Entre sesenta y cinco y setenta años atrás, en nuestra provincia todavía se publicaban muy pocos libros de poesía local, y los que había no siempre eran visualizados por los incipientes compositores que –hay que decirlo– no tenían el hábito de las musicalizaciones (probablemente porque no hallaban poesía local que les generara esa inquietud).

Con relación al caso puntual del poeta Bustriazo Ortiz, yo diría sin exageración –se comparta o no–, que la canción es un componente esencial y vital de su obra poética, y que ha actuado sobre ella en una especie de simbiosis poesía–música y música–poesía de la que nunca hubiera podido sustraerse totalmente el poeta, porque lo hubiera excedido y, más aún, que de este modo obró para transfigurarlo y convertirlo en custodio de esa condición simbiótica, haciéndole ejercer tutelaje y vindicación de la canción e incluso del repertorio que edificaba con ella.

Esto es lo que me ha hecho pensar, al definir el enfoque de mi participación en este panel, que Bustriazo Ortiz con su poesía fue el referente, el guía fundante en la construcción del Cancionero de La Pampa.

Hasta mediados de la década de 1950, antes de que el guitarrista pampeano Guillermo Mareque creara la música para el poema de Bustriazo Ortiz, escrito en 1954 “Canción para la niebla puelche”, –obra que dio inicio al Cancionero Pampeano–, los intérpretes de folklore solistas y grupales de Santa Rosa, y probablemente del resto de la provincia, abordaban solamente obras del cancionero nacional.

Entonces debemos considerar que, cuando Bustriazo da a conocer el texto de esa primera obra musical, y otros materiales poéticos suyos dispuestos para la canción folklórica, entre sus pares y sus amigos músicos –asociado ya a compositores de la talla del guitarrista Guillermo Mareque y el pianista Enrique Fernández Mendía–, implícitamente inaugura la etapa musical folklórica pampeana de la canción propia, que llamo “contemporánea”, para situarla, sobre la línea del tiempo histórico de la canción folklórica de La Pampa, en la segunda mitad del siglo XX.

Y muy poco después se suma a Bustriazo Ortiz, el poeta Edgar Morisoli, también musicalizado por Mareque, cuando éste accede a fines de 1956 a la primera edición del libro de Morisoli Salmo Bagual, en la serie “Cuadernos Pampeanos de Poesía” de la Dirección Provincial de Cultura; allí aparece el texto de una Huella en el final del poema que da nombre al libro. Mareque la musicaliza con el nombre “Huella del Salmo Bagual”.

A partir de ese momento, en los seis a siete años subsiguientes, por caminos paralelos y de transcurrir simultáneo, Bustriazo y Morisoli son musicalizados múltiples veces; de este modo, y en este lapso, los intérpretes santarroseños pudieron incorporar todas las canciones de Bustriazo Ortiz a sus repertorios, tal el caso de la “Canción para la niebla puelche” antes mencionada, las zambas “Paisano Vincen”, musicalizada por Juan Neveu, y “De los ranchos” con música de Mareque, “Del Chalileo” y “Los manantiales”, ambas con músicas de Tino Calvo, “Zambita del Valle Hermoso”, musicalizada por el propio Bustriazo, “De Guatraché” y “Ranquelina”, zambas con melodías muy originales y bellas de Beto Urquiza, y “Procesión del agua”, musicalizada por Rubén Rodríguez Poncetta. Además, el pianista y compositor Enrique Fernández Mendía sumó a la serie de obras de Bustriazo “Milonga del silencio”, “Lululén” y “Canción de la Niña del Agua”.

Como puede verse, en muy poco tiempo los títulos de Bustriazo Ortiz ocuparon una parte muy destacada del espectro musical folklórico propio en La Pampa, y esa situación se incrementó a un ritmo constante a lo largo de los años, y hasta el presente, a través de sus poesías editadas antes y después de su muerte acaecida en 2010.

En cuanto al poeta Edgar Morisoli, digamos que se escuchaban, interpretadas por los grupos y solistas de entonces, las obras “Canción del amor perdido”, una zamba-canción, la mencionada “Huella del Salmo Bagual” y la zamba “Simón Peletay, baquiano”, todas también con música del gran guitarrista y compositor Guillermo Mareque. Es apropiado señalar aquí que el repertorio de canciones con textos de Morisoli, que empezó tímidamente en los años cincuenta, se expandió notablemente recién en los últimos veinticinco años, y actualmente es el segundo poeta pampeano recurrentemente musicalizado, con más de cien canciones de muy diversos compositores.

Los años setenta

En el umbral y el transcurrir de la década de 1970 se hace visible una segunda promoción de compositores que producen una importante cantidad de nuevas obras sobre textos de Bustriazo Ortiz: entre otros, Delfor Sombra, Oscar García, Lalo Molina, Pedro “Guri” Jáquez, Ernesto del Viso y quien esto escribe. La presencia de Bustriazo en los espacios de la noche santarroseña, especialmente las peñas de entonces, favoreció y estimuló el trabajo creativo con compositores e intérpretes como el “Dúo Sombrarena”, “Los Ranquelinos”, “Sur 4” y otros, hasta iniciada la segunda mitad del decenio por el silencio que impuso la dictadura en 1976. Y muchas de las obras nacidas en la década, incluido el período de facto, fueron difundidas a través de grabaciones y en vivo recién en los años ochenta, al regreso de la democracia. Las nuevas obras del poeta comenzaron a escucharse en los repertorios de los grupos “Agrupación Pampeana Confluencia”, “Cantizal”, “Cultrún”, “Los Montesinos”, “Epú Antú” y “Alpatacal”; y los solistas Lalo Molina, Delfor Sombra, Ernesto del Viso, quien esto escribe y otros. Guri Jáquez iba a ser el más prolífico y calificado compositor sobre textos de Bustriazo, además de un sobresaliente intérprete en canto y guitarra de esos nuevos materiales folklóricos.

Breve repaso de la relación artística con Bustriazo Ortiz en la etapa que se describe

En 1969 y 1970 aparecen en Santa Rosa, sucesivamente, los dos primeros libros de Bustriazo Ortiz: Elegías de la piedra que canta y Aura del Estilo; pero en 1971 Juan Carlos se traslada a Tucumán y allí oficia de ayudante en trabajos topográficos. El año 1972 lo encuentra de vuelta en esta ciudad, donde halla un refugio tal vez impensado y muy acogedor en la naciente peña “Temple del Diablo”, instalada en la esquina de las calles Centeno y Don Bosco.

El 29 de junio de ese año, en la reunión constitutiva de ese lugar que iba a funcionar como un centro cultural, hubo que darle nombre formal, institucional, y Juan Carlos sugirió que la peña cultural se llamara “Temple del Diablo”, en homenaje al gaucho –dijo él–, que antiguamente había ejecutado la guitarra en esas afinaciones no comunes, y en reconocimiento también a Guillermo Mareque, único guitarrista pampeano contemporáneo conocido por Bustriazo que sabía ejecutar y componer con temples de guitarra no convencionales.

En ese lugar y circunstancia –fui miembro de la conducción inicial de esa peña cultural– me reencontré con Juan Carlos, con quien había tenido cercanía artística en los años sesenta; en 1963 compuse la primera zamba con un texto de él, titulado “Zamba para mirarte”, obra musical inédita aún, y a partir de entonces lo frecuenté con regularidad durante todo el tiempo en que estuvo activa la peña. En esas incontables noches de música y poesía lo escuché leer sus poemas, que no dejaban de sorprenderme y emocionarme… De ese modo conocí, cuando estaba naciendo, el libro Las Pinturas, del que me dio copias de varios poemas que elegí, luego de escucharlos de sus propios labios en sucesivas jornadas peñeras, y sobre los cuales crearía más adelante nuevas canciones.

A mí me deslumbraba el colorido y ritmo en sus poesías, y me atrapaba, como a muchos que asistíamos a sus lecturas, el juego y alternancia constante e irreverente de palabras comunes con extraños y sonoros neologismos. Era una verdadera fiesta de la palabra, de nuevos sonidos que le daban una vitalidad y sentido tan intensos a los poemas, que era imposible abstraerse del encantamiento que producían. Esa era mi percepción, y creo que la compartíamos no pocos habitués del lugar.

Las lecturas de Juan Carlos se trasladaron después a la peña y café concert “El Encuentro”, que el bailarín y coreógrafo Fernando Inchausandague abrió en el Nº 557 de la actual Avenida San Martín Oeste, poco antes de que cerrara sus puertas la peña “Temple del Diablo”, y adonde fue a parar la bohemia santarroseña en el repliegue que progresivamente le impuso la inminencia de los ominosos años de la última dictadura cívico–militar–clerical.

La peña “El Encuentro” duró pocos años, y a partir de entonces, fue el pequeño ámbito del comedor o la cocina familiar el lugar de resistencia del pensamiento y la poesía; y allí estaba Juan Carlos Bustriazo Ortiz, como siempre, leyendo y haciéndonos conocer su incesante producción de poemas.

Censurado en esa etapa en la televisión, las radios y en espectáculos públicos, sobrevino para mí una época prolífica en lo compositivo, y así fue como nacieron, con poesías que me había ido obsequiado Juan Carlos, las siguientes obras:

En 1979 “Huellita achense”, del libro Huellas de la Pampa Honda/1957; y también la canción “Salió buscando las cabras”, sobre el texto del “Poema 6”, del libro Agua enjuta, guitarra…/1969.

En 1980 se gestó la canción “¿Adónde vas poeta nochernícola?” sobre el texto “Cuadragésima Tercera Palabra” del Libro del Ghenpin /1977. El 14 de julio de 1981 nació la milonga “Quetralón”, sobre el poema “Chillallón, chillallona, llama impía” del libro Las Pinturas /1972. También en 1981 el estilo “Gato yesca”, a partir del poema “Cuentos de los hornos, por Juan Namún” del libro Las Pinturas.

Todos los cambios de títulos de las canciones eran consensuados con el poeta, que admitía que había que acortarlos y simplificarlos para facilitar su memorización por la gente al momento de identificar y escuchar sus poesías en forma de canción.

El Cancionero de Bustriazo Ortiz

Algunos hechos puntuales fueron ratificando la permanencia, vigencia y consolidación de lo que podríamos llamar “Cancionero de Bustriazo Ortiz”.

En la sucesión de hechos musicales que involucraron a la obra de Bustriazo Ortiz, y que ocurrieron a lo largo de décadas a contar de los años sesenta, se fue visualizando, junto a la construcción del Cancionero Pampeano, el protagonismo que tuvieron un sinnúmero de canciones con versos del poeta, que nacieron sucesivamente de la inspiración de diversos compositores pampeanos, de la región y del país. Algunos de esos hechos importantes, entre otros, fueron:

 

1º El primer compositor no pampeano en musicalizar a un autor de nuestra provincia fue el guitarrista cordobés Carlos Di Fulvio. En 1970 Bustriazo Ortiz, había dado a conocer su libro Aura del Estilo, treinta y cuatro poesías que llamó “Estilos”. El intérprete y compositor Carlos Di Fulvio, musicalizó el texto Nº 2, titulado “Del arenal”, y lo integró como “canción” en el disco De regreso, simplemente, vinilo editado en 1972 en Buenos Aires por el sello Microfón.
Al año siguiente, 1973, el mismo sello le edita a Di Fulvio el disco rotulado Esperanza en los días que vienen, que incluyó la lectura del texto Nº 1, “De la niebla”, del mencionado libro.
La aparición de las dos obras de Bustriazo en sendos discos de Carlos Di Fulvio, conmovió al ambiente cultural de los pampeanos.

2º En 1980 la cantante santarroseña Hilda Alvarado gana la zona patagónica de un certamen de canciones organizado por SADAIC y el Canal 7 de Buenos Aires, interpretando el estilo “De la calandria”, de Bustriazo Ortiz, con música de Guillermo Mareque y Delfor Sombra. La versión de H. Alvarado quedó registrada en un disco colectivo con todos los ganadores.

3º En 1982 se forma el conjunto musical y vocal “Agrupación Pampeana Confluencia” para interpretar y documentar parte de la obra musicalizada de Bustriazo Ortiz. La escritora Dora Delia Battiston recordó esa circunstancia en el libro Historia del Cancionero Folklórico Contemporáneo de La Pampa, de 2009:

Hacia el otoño de 1982 se gestó entre varios músicos e intérpretes de la provincia de La Pampa la idea de unirse para homenajear al poeta Juan Carlos Bustriazo Ortiz. Y homenajear tiene aquí un significado muy concreto: cantar sus obras, actualizar, recrear un vasto y rico poemario regional (…) Se logró coincidir en un conjunto de obras que reflejaban, mediante una síntesis necesaria, la poesía total de Bustriazo Ortiz (…) Así nace y se define (la Agrupación Pampeana) Confluencia (…) Al mismo tiempo se vislumbró la posibilidad de una grabación, conviniéndose en que esta es la única manera de hacer trascender este homenaje en el tiempo, y lograr simultáneamente la expansión –difusión– de una obra considerada altamente representativa para la cultura de la provincia. (181)

Había un listado de veintiuna obras –la mayoría inéditas– de las cuales diecisiete se seleccionaron para ser cantadas en los conciertos en vivo. Y se editó un trabajo fonográfico con doce canciones, bajo el título Agrupación Pampeana Confluencia interpreta al poeta Juan Carlos Bustriazo Ortiz, la misma denominación de los recitales realizados con una sorprendente repercusión en el público.

La “Agrupación Pampeana Confluencia”, que más adelante grabó otras obras de Bustriazo en sucesivos discos, estuvo activa entre 1982 y 1989.

4º Las canciones de Bustriazo Ortiz tienen presencia predominante en el Cancionero de los Ríos –compendio de obras musicales y poéticas que tratan la problemática del corte, en la vecina provincia de Mendoza, de nuestro río Atuel–, libro publicado en 1985 y reeditado y ampliado cuatro veces, la última en 2015. El volumen incluye textos, partituras, videos y grabaciones de las obras musicales.
Del total de cuarenta obras incluidas en él, dieciocho musicalizan poemas de Juan C. Bustriazo Ortiz, lo que hace evidente que se trata del poeta que, en esa publicación, y tal vez en la producción poética total de La Pampa, ha tratado más veces la penosa situación de olvido y desamparo del habitante del Oeste, la vasta zona de la provincia atravesada por el cauce natural del río.
La fuerte presencia de Bustriazo en el Cancionero de los Ríos es claramente la confirmación de su preeminencia e influencia en el Cancionero Pampeano, en este caso con las tres vías posibles de difusión, el texto, la partitura y la grabación, que también formó parte de las ediciones del compendio.

5º En 2010 aparece en escena el grupo “Rojo Estambul”, liderado por Nicolás Blum y Josefina García. En 2011 graban su primer disco de estudio, Dulcegrafías Hondas, con composiciones propias sobre la poesía tanto inédita como editada del poeta pampeano Juan C. Bustriazo Ortiz. Colaboran muchos músicos, cantantes y escritores pampeanos en su realización. Una de las varias presentaciones en Santa Rosa, se realiza el 27 de julio de 2012 en el Teatro Español, bajo el título “Rojo Estambul interpreta a Bustriazo Ortiz”.
A partir de agosto de 2013, Dulcegrafías hondas de “Rojo Estambul”, comenzó a difundirse en la web. El material de la banda en homenaje al poeta Bustriazo Ortiz, pudo disfrutarse desde ese momento a través de Internet hasta tanto le fuera posible al grupo editarlo en forma convencional. “Este disco no es sólo una obra como homenaje, sino también una relectura de nuestro tiempo y desde nuestro lugar de la poesía de Bustriazo”, dijeron los artistas.

6º En 2015 se conoció la propuesta de un joven músico, compositor y cantor pampeano, Juan Olivera –nacido el 7 de octubre de 1984–, consistente en el tratamiento con imágenes en video, lectura de textos y canto de obras por él musicalizadas, de la poesía de Bustriazo Ortiz ; en una primera instancia se trató el contenido de Aura del Estilo, el mismo libro elegido por Di Fulvio tres décadas antes. Desde 2016 en adelante, la iniciativa de Olivera fue mostrada ante diversos públicos de Santa Rosa, Toay, ciudades de la Patagonia, Casa de La Pampa en Buenos Aires, La Plata, Uruguay, y otros sitios donde el artista santarroseño exhibió los respectivos materiales que la componen reunidos bajo el título Cuando la Poesía se hace Canto, y entre los que se destacan diez textos del poeta transformados en canciones. Juan Olivera explicó que la obra tiene el propósito de difundir y revalorizar el aporte poético-musical pampeano en el ámbito de la cultura nacional.

7º En la primera década de 2000 el joven y versátil músico piquense Mauricio Panero, con rastros y rasgos rockeros en su experiencia artística, compone una zamba sobre el texto de Bustriazo Ortiz titulado “De la ausencia”, y por otra parte, recientemente, en Santa Rosa, la novel pianista de música clásica y estudiosa de esa especialidad Viviana Dal Santo crea una segunda versión musical para el texto del poema “De la nostalgia”, obra de Bustriazo que ya había visto la luz en los años setenta en una bella zamba ya muy conocida, creación del prolífico compositor y cantor santarroseño José Gerardo “Lalo” Molina. Por otro lado, el músico Alejandro “Cucha” Rodríguez, nacido en Santa Rosa en 1975, en común con su grupo musical “Herejes bebedores de la noche”, musicalizaron en la década de 2010 más de treinta poemas de Bustriazo, a partir de los textos del libro Unca Bermeja, canciones dadas a conocer en el Centro Municipal de Cultura de Santa Rosa en 2014.

 

Está claro que hay una generación joven de compositores y compositoras que, arrobados por la poesía de Bustriazo Ortiz, reaseguran la continuidad del derrotero musical de sus poemas.

Algunas conclusiones

Por último, quiero apuntar que he observado que no pocos, entre quienes escriben sobre Bustriazo Ortiz, también mencionan la música en comunión con sus poesías.

En efecto, la alusión a la canción pampeana, de la que forma parte inseparable la obra poética de Juan Carlos Bustriazo Ortiz, está presente habitualmente en los escritos de analistas literarios, periodistas e investigadores de su obra, pues, lejos de haber antagonismo entre los versos escritos y sus musicalizaciones, resultan necesariamente complementarios. Estoy hablando de las canciones nacidas en torno a los textos de nuestro gran poeta.

Sin perjuicio de otros, que los hay, tres escritores que prologaron los Tomos 1 y 3 de Canto Quetral que reúne la obra total del poeta, abordan la existencia de la canción como elemento importante de la producción de Bustriazo Ortiz. El poeta Edgar Morisoli y la escritora Dora Battiston escribieron en el Tomo 1, publicado en 2008 por Editorial Amerindia, y el poeta patagónico Cristian Aliaga lo hace en el tomo 3, editado en 2019 por el gobierno de La Pampa a través de la Secretaría de Cultura provincial. Todos aluden en forma explícita a lo musical en algún momento de sus respectivos prólogos.

Morisoli dice en sendos pasajes: “Corroboré, al mismo tiempo, cuántos de estos poemas y sus melodías asociadas están guardados, casi intactos, en mi memoria”; y agrega luego:

Los (recuerdos) de aquel tiempo espléndido en que nos brindaba casi cotidianamente la oralidad de su creación (…), sea a través de los textos vueltos canciones por los músicos pampeanos (más de 40 en este Tomo I), sea de las propias lecturas del poeta en recitales, hogares amigos, peñas, asados, campamentos… (8)

Y Battiston escribe, en el mismo libro:

Los primeros seis libros de Bustriazo refieren, incesantes, al medio rural que materializan los poemas. Y muchos de esos poemas han circulado socialmente en la provincia bajo su forma musicalizada. Orientada en el orden de las especies, compositores y cantantes, (…) la colección se define en gran medida por su condición de cancionero. (18)

Agrego yo que ese conjunto de datos sobre las canciones, que podríamos identificar como “el repertorio de Bustriazo Ortiz”, es por cierto mucho más extenso que los más de 40 casos que menciona Morisoli en su texto, por lo que es una verdadera pena que en las dos versiones posteriores de Canto Quetral, Nº 2 y 3, se haya omitido la información musical respectiva. Sugiero que en próximas ediciones se incluyan de nuevo, porque esa data, además de otras ventajas, ayudaría a los compositores a no superponer musicalizaciones en obras que ya han sido tratadas.

Por su lado, finalmente, el poeta patagónico Cristian Aliaga, en el prólogo del Tomo 3 de Canto Quetral, se expresa así sobre la música en la obra de Bustriazo:

En sus obras iniciales el tono de Bustriazo Ortiz aparece más ligado a una experiencia tradicional con el lenguaje, emparentado con ritmos y técnicas propias del folklore y la música popular, tal como lo atestiguan posteriormente sus colaboraciones con grupos y autores que tomaron textos suyos para su repertorio, como Délfor Sombra, Huerque Mapu, Atahualpa Yupanqui y otros[1]. Bustriazo Ortiz indaga sobre los ritmos del folklore y la riqueza lingüística y cultural proveniente de los pueblos originarios, así como asimila recursos del habla popular y de la mixtura oral de pampeanos, inmigrantes y puelches. (14)

Finalizo mi intervención diciendo que Juan Carlos Bustriazo Ortiz, a quien también llamamos “El Penca Juan”, “El Nocturnálido”, “El Nochernícola”, seguirá tutelando por siempre, desde su inmensa obra poética, las expresiones musicales genuinas del Cancionero de todos los pampeanos.

Bibliografía

Aliaga, Cristián. Bustriazo Ortiz: un alquimista en busca del lenguaje total”. Prólogo de Canto quetral de J.C. Bustriazo Ortiz. Tomo 3. Santa Rosa, Secretaría de Cultura del Gobierno de La Pampa, 2019: 11-22.

Battiston, Dora. “Nacimiento de ‘Confluencia’ y semblanza del poeta Juan Carlos Bustriazo Ortiz”. Historia del Cancionero Folklórico Contemporáneo de La Pampa, de Rubén R.L. Evangelista, Santa Rosa, Ediciones Pitanguá, 2009.

“Celeste se va mi canto…”. Segundo prólogo de Canto quetral de J.C. Bustriazo Ortiz. Tomo 1. Santa Rosa, Amerindia, 2008: 13-19.

Bustriazo Ortiz, Juan Carlos. Elegías de la piedra que canta. Santa Rosa, Ediciones “Alpataco”. 1969.

Aura del estilo. Buenos Aires, Editorial Stilcograf, 1970.

Las pinturas. Santa Rosa, 1972. Inédito.

Agua enjuta, guitarra… Santa Rosa, 1969. Inédito.

Huellas de la Pampa honda. Canto quetral. Tomo 1. Santa Rosa, Amerindia, 2008.

Libro del Ghenpín. Santa Rosa, Cámara de Diputados de la Provincia de La Pampa, 2004.

Unca bermeja. Santa Rosa, Universidad Nacional de La Pampa, 1984.

Morisoli, Edgar. Salmo bagual. Santa Rosa, Dirección Provincial de Cultura, 1957.

— Juan Carlos Bustriazo Ortiz: mundo y lenguaje poéticos”. Primer prólogo de Canto quetral de J.C. Bustriazo Ortiz. Tomo 1. Santa Rosa, Amerindia, 2008: 7-11.

Pumilla, J. C. y R. Evangelista (compiladores y editores) Cancionero de los Ríos, Santa Rosa, Cámara de Diputados de la Provincia de La Pampa, 1985 / 2001 / 2007 / 2015.


  1. Si bien la cita del prólogo de Cristian Aliaga se hace por lo que concierne a la mención sobre lo musical, no puede dejar de decirse que en el párrafo hay una afirmación muy llamativa, quizás errónea, acerca de que el conjunto folklórico Huerque Mapu y el cantor y compositor Atahualpa Yupanqui hayan abordado materiales de Bustriazo Ortiz, información que no se ha conocido aquí en La Pampa. Consultado el historiador de la música popular Ernesto del Viso, quien conoce profundamente los repertorios de artistas nacionales, dijo no haber escuchado nunca obras de Bustriazo interpretadas por estos destacados artistas argentinos.


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