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Objetivismo e izquierda nacional en Poesía civil

Martín Baigorria (Universidad Nacional de Quilmes, CONICET)

Si la economía política no llega a Poesía civil (2001) de Sergio Raimondi como un asunto meramente teórico es porque esa reflexión va estrechamente unida a la experiencia local; de allí que Bahía Blanca sea el punto de observación privilegiado dentro del cual irán surgiendo toda una serie de temas actuales con varias ramificaciones en el pasado nacional. Esa elección tiene sus antecedentes más conocidos en El Guadal de Daniel García Helder y el Río sin orillas de Juan José Saer, en el Paterson de William C. Williams, así como también en una variante particular del ensayismo vernáculo. En particular la lectura político-económica en términos locales encuentra un precedente clave en los autores asociados a la izquierda nacional: Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, Hernández Arregui así como varios momentos de la obra de Ezequiel Martínez Estrada. Pese a que esta influencia no se subraye habitualmente, podría decirse que la incorporación de ese programa crítico constituye el momento estética e ideológicamente más ambicioso de Poesía civil, aquel en el cual se buscan articular contexto socio-económico y cultural, pasado y presente de la nación. Particularmente en la tercera sección de esta obra (“Para un discusión de la economía de exportación”) se ven desfilar toda una serie de diagnósticos históricos dirigidos a poner en entredicho los axiomas del relato liberal: la crítica del modelo agroexportador (99), la ilusión de progreso indefinido como consecuencia de la sumisión al capital extranjero (100), la disociación entre crecimiento económico y desarrollo regional (101), las nuevas formas de colonialismo (106), v. el libre comercio y la importación cultural (107), la discusión con los próceres de la historiografía oficial (92)­, llegando incluso hasta Rosas y el debate sobre el proteccionismo económico (109). La crítica al pensamiento liberal es así uno de los temas que permea todo el libro; ya sea desde la perspectiva de la disociación entre intereses económicos e interés colectivo, la distancia entre la cultura de la elite dominante y la realidad cotidiana, la polémica en torno a los vínculos entre soberanía económica y cultural o el papel históricamente contradictorio de las elites argentinas en la conformación de la identidad local. No se trata de un recuerdo nostálgico: Raimondi profundizará en esas discusiones reflexionando a su vez sobre la hipostasis entre geografía y capital, el vínculo entre romanticismo y liberalismo en el siglo XIX, o la legitimación posterior de ese proyecto ideológico en el lenguaje y el espacio público.

Mucho se ha dicho desde la década del noventa sobre la recuperación del ensayo nacional; llama la atención que de manera casi invisible haya sido este libro de poesía y no el ensayismo reivindicado en esos años una de las experiencias más logradas en ese sentido. Poesía civil lleva así adelante una re-disposición de los temas de la izquierda nacional desde la perspectiva de la poética objetivista, lo cual supone también historizar esas mismas preocupaciones estéticas. En el libro de Raimondi ambas perspectivas son de hecho inescindibles; análisis histórico-económico y lenguaje poético se sostienen en una doble premisa común: las filiaciones objetivistas del autor (localismo, realismo, lenguaje concreto en sus máximas posibilidades) responden al problema de la soberanía económica y cultural mientras que, por otro lado, las inquietudes nacionalistas del libro permiten ampliar al máximo las posibilidades de dicha poética, vinculándola con la historia y la economía política. Esa rehabilitación de la izquierda nacional redefine así la consigna “no ideas sino en las cosas” desde la perspectiva de una discusión que para el libro no habría sido aun completamente saldada. Y viceversa: la traducción de las preocupaciones de la izquierda nacional en clave objetivista actualiza esa reflexión, la convierte en una mirada novedosa en el contexto neoliberal de fines de los noventa.

Intereses económicos e intereses colectivos

La disociación entre intereses económicos y aspiraciones colectivas es un tema aludido más de una vez por Martínez Estrada en Radiografía de la Pampa:

El capital viene de lejos a Suramérica; los centros de riqueza que crea son excéntricos al trabajo y generan un ciclo de actividad que conduce como fin a la salida del rédito en calidad de materia prima también: de dividendo. Bancos, industrias, comercio, trabajan en función del prestamista incógnito. Su actividad está regulada por la utilidad del usufructo, y no de la utilidad pública, de las necesidades de la vida interior del país. Esa forma de gravitar alrededor de un centro remoto, está en la relación de satélite a planeta y de colonia a metrópoli (Martínez Estrada 1968: 94).

Poesía civil podría ser visto así como una discusión con Radiografía de la pampa en la que la pregunta principal pasa justamente por determinar hasta qué punto ese libro pudo cumplir con el programa anunciado en su título. Ya a fines de los años cincuenta ese interrogante había aparecido en textos claves como La formación de la conciencia nacional de Hernández Arregui o Los profetas del odio de Arturo Jauretche. Siguiendo a Marx, estos autores buscaron sistematizar esos cuestionamientos mediante la crítica de la economía política; las distintas brechas territoriales, económicas y culturales del país serán repensadas así desde la perspectiva del conflicto de clases y las relaciones entre base material y superestructura. Pero caído en desgracia el paradigma marxista durante los años ochenta y noventa, la concepción de los “dos países” postulada por el pensamiento nacional fue puesta bajo un halo de sospecha que alternativamente advertirá sobre sus tentaciones esencialistas, reaccionarias o sus vinculaciones con la violencia política, llegando a convertirse en un anatema dentro de la discusión intelectual; en el mejor de los casos, una pieza de museo antes que un concepto crítico capaz de explicar el presente. Poesía civil fue publicada en 2001 y puede ser leído también como una discusión con ese contexto ideológico. Tal vez por eso años después, en el prólogo a la segunda edición del libro (2010), Raimondi le concederá a esa visión escindida del país un valor programático:

(…) esos son momentos de una narrativa mayor y polémica: la de los dos modelos de producción. A menos que se crea que la disputas en torno al rumbo productivo de una nación suceden en un orbe indiferente a la vida social de cada día (…). El supuestamente ineludible destino agro-exportador no sólo está inscripto en las formas particulares de la dieta alimenticia de la sociedad; se inscribe también ‒con mayor, menor o nula conciencia‒ en la decisión en torno al uso de una palabra o a la elección de una imagen (Raimondi 2010: 12).

Podría decirse entonces que este autor lee el poema Sobre la corrupción de García Helder desde la perspectiva de Scalabrini Ortiz[1]: mientras para Helder lo importante es la atención al momento puntual frente a ese “hedor de pescados exangües / pudriéndose al sol sobre los mostradores / de venta, en la costa”, para Scalabrini esos pescados son también “moléculas inseparables del organismo económico”, moléculas cuyo carácter objetivo de mercancía y rol práctico en la sociedad ocuparán la reflexión de Raimondi (Scalabrini Ortiz: 5). De allí que en los términos de esta poética el detalle objetivista no tenga aún una historia, precisamente en el sentido en que lo señalaban los autores de la izquierda nacional: ellos configuran un vacío, un momento no narrado por la historia oficial ‒medios masivos, academia, etc.‒; no sugieren imágenes trágicas ni heroicas, carecen de brillo estético o intelectual pero no por ello son menos determinantes en términos colectivos, tal como puede verse en “La historia se ha de escribir sobre un playa pavimentada”:

Lo que habría que ver desde aquí no es la estólida / definición vertical de los galpones hechos ladrillo a ladrillo / sino por el contrario su dispersión horizontal / luego del efecto de un muy eficaz explosivo / accionado en condiciones verosímiles de precaución. / El número enorme de metros cuadrados que correspondieron / ayer al Estado y antes de ayer al Cangrejal / deberá convertirse en una amplia explanada de cemento / y vacío: sólo así podrá quedar despejado el paisaje / y recién entonces se podrá imprimir sobre su nada / la imagen del nuevo proyecto de los sueños: contenedores / sobre contenedores sobre contenedores. / Se trata de ofrecer la ilusión de que es posible empezar / de nuevo, y por lo tanto adecuar, como se hizo / un siglo atrás con este inhóspito lugar desde las exigencias de la empresa de ferrocarril, un pasado equivocado / a un porvenir cuyo esplendor ya ha sido comprobado / en otras latitudes. Es decir: el futuro existe, / si bien por ahora está a 12 o 16 horas de avión (Raimondi 2010: 100).

Esta es la historia del “Cangrejal”, convertido a fines del siglo diecinueve en puerto estatal gracias a la influencia económica del Buenos Aires Great Southern Railway o Ferrocarril del Sud; lugar donde ahora se haya emplazado el polo petroquímico. Las imágenes, los argumentos y las comparaciones históricas sirven para marcar la distancia que separa esa fantasía de progreso respecto de la realidad. No se hace hincapié en los actores históricos, con su respectiva identidad y connotaciones ideológicas, sino en las acciones (técnicas, logísticas, etc.) y los argumentos que las sostienen. En esa versión peculiar del objetivismo la propia observación empírica se halla afectada por los vínculos entre base económica y superestructura; de allí la sugerencia prescriptiva con la cual arranca este texto: ¿qué es lo que debe verse frente a un paisaje de galpones? Ahí surge inevitablemente una diferencia de Raimondi respecto del primer objetivismo: mientras en El guadal el argumento y el relato aparecían dispuestos en función de la imagen, no iban más allá; en Poesía civil el argumento y el relato intervienen sobre ella, la imagen se halla subordinada a estos últimos. La voz del “poeta menor” pide concentrar la atención sobre un aspecto contra-intuitivo del paisaje portuario: no “la estólida / definición vertical de los galpones” inmediata a la vista, sino su disposición dentro de un territorio con una historia propia, opacada por su más reciente homogeneidad funcional. Al igual que en los ensayistas de la izquierda nacional, la enunciación busca poner en relación distintos momentos de la experiencia histórica local: estos últimos se hayan compartimentados y acumulados desordenadamente de manera similar a esos “contenedores”; sus nexos sociales y económicos se sustraen al reconocimiento inmediato de los transeúntes. Esto último no es casual; la disyunción entre intereses económicos dominantes y realidad local va también acompañada por la tensión con un modelo cultural e ideológico dominante al nivel de la vida cotidiana:

Esto no es Florencia. No fue Florencia. No será / Florencia. Vayamos en auto si quieren, lleguemos / al borde mismo del muelle y veamos ya no el cerúleo / mar sino el barro canceroso de las islas de la ría / en la que guanacos habitan y ñandúes y peludos / y uno o dos hombres con minúscula y un lanchón. / “Aunque el término hombre es aplicado a todos, / pertenece propiamente sólo a aquellos que por medio / de las disciplinas liberales están convenientemente / educados para la formación humana (humanitas)” / (Cic. De rep. 1, 17, 28, tr. de Antonio Camarero). / Por entre las columnatas algo griegas de la UNS / Descendieron esos Hombres íntegramente formados, / conocedores del obligado servicio de la literatura / para la moral y la virtud, y de su fruto inequívoco / en beneficio del bien común: erudito libero digna. / Esta es su ciudad. Pasamos ahora frente a una pared / que exhibe el grafito CVM. Me lleva horas explicar / que no se trata de la preposición latina sino de la sigla / del Club Villa Mitre, cuyo equipo de fútbol milita / por el momento en el campeonato de la B Nacional. (“Civitas y humanitas”, Raimondi 2010: 80).

A Raimondi le interesa particularmente la discusión de la izquierda nacional con el lenguaje de la elite letrada. Más de una vez la enunciación de estos poemas se construye en base a una discusión con un adversario ideológico y cultural aludido de distintas maneras a lo largo del libro. Pero esta es una querella que el “poeta menor” elige librar en el terreno del adversario; como puede verse, la epanadiplosis se utiliza para poner en duda la presencia de un paradigma cultural europeo ‒la Florencia renacentista‒, asociado directamente a la recuperación del ideal humanista clásico. En el poema ese reconocimiento fallido va asociado a la noción de hombre universal que, sin embargo, entra en conflicto con la realidad de esos otros “hombres con minúscula”. Tampoco la perspectiva de clase es ajena a este análisis; esos letrados ‒que parecieran ver una Florencia rediviva en la ría bahiense o confunden una preposición latina con el nombre de un club de futbol‒ son los habitantes naturales del lugar: “Esta es su ciudad”; como representantes de la “Humanidad” son esos “Hombres” los que definen cuáles son los valores culturales virtuosos. Las implicancias cotidianas de esa hegemonía pueden comprobarse en “Pintores dominicales en Puerto Piojo”: al menos desde hace cuarenta años esos artistas ven siempre las mismas imágenes ‒“la lancha de los pescadores”, “las gaviotas” y “los marinos”‒ que excluyen sistemáticamente “los elevadores ingleses / (…) ayer, hoy los silos y el muelle Cargill / o la serie de tanques del proyecto Mega. Esto / que no es, no será, no fue belleza, está atrás, lejos” (Raimondi 2010: 116). Pero la reflexión sobre las raíces históricas de ese modelo cultural dará aún un paso más llevando a Raimondi a discutir con la tradición romántico-liberal argentina.

Crítica del romanticismo

Esas sucesivas disociaciones entre realidad e intereses económicos, entre realidad y expresiones culturales hegemónicas son, para Raimondi, procesos históricamente ligados a la recepción del romanticismo y la expansión del capital en la región pampeana. Como se señala en “Importación de libros en Buenos Aires, 1820”: la llegada de volúmenes de autores románticos y teoría económica por un lado, junto a la exportación de materias primas por el otro son un momento clave de las relaciones entre la antigua colonia y la metrópoli europea. Se trata de dos fenómenos paralelos aludidos varias veces a lo largo del libro: puede ser la imposición del principio de propiedad y la concepción de la poesía como dominio de valores eternos y supra-terrenales en “Ante un ejemplar de Defense of poetry…”; la mirada estrábica de la generación del ochenta en “Cotización del Endymion” ‒que observa los vagones llenos de trigo como si fueran espigas doradas salidas de un capítulo de La Eneida‒; o una escena histórica donde Sarmiento anuncia con metáforas hiperbólicas un progreso que no se preocupa por la soberanía económica o “el futuro desarrollo regional”. En todos estos casos se subraya un doble movimiento: aquel que sustituye el trabajo por su valor abstracto de mercancía y, al mismo tiempo, la imposición de las ideas con sus aspiraciones de progreso universal, tras cuyo discurrir epifánico o teleológico quedan suprimidas otras fuerzas históricas en pugna.

También en este aspecto el cuestionamiento que ‒siguiendo a Pound‒ García Helder opone a las abstracciones del simbolismo será retomada por Raimondi en su crítica a la ideología romántica; en ambos casos se apunta a desmontar las connotaciones estáticas de eternidad y perdurabilidad que esas poéticas creen entrever en los elementos del mundo exterior. En “La Naturaleza no es un Banco” se discute así la similitud natural entre el brillo de “un haz de trigo” y el “oro”; metáfora que identifica el mito de una naturaleza proveedora y todopoderosa con la idea de una riqueza material infinita. La idealización de los mercados extranjeros en detrimento del desarrollo local conduce a un choque entre la realidad concreta y las fantasías de ese “modélico destino agro-exportador” (Raimondi 2010: 99). Esta podría ser de hecho otra coincidencia entre objetivismo y pensamiento nacionalista: no comprender las características de un territorio y una coyuntura particulares va asociado a una estética deliberadamente idealizadora, abstracta u opaca, indiferente a aquellos aspectos que escapan a esas mismas concepciones. Si la izquierda nacional había polemizado con el grupo Sur haciendo hincapié en muchas de estas cuestiones, Raimondi recupera esta crítica y le confiere un marco cultural e histórico más sistemático, remitiéndolo a la recepción del lenguaje romántico en el Río de la Plata.

La discusión con la elite y la cuestión de la lengua

La pregunta es entonces cómo intervenir en los paradigmas definidos por la elite liberal. En el contexto democrático inaugurado en 1983 la estrategia de Raimondi se acerca a la concepción de la lucha ideológica teorizada por Gramsci: no se trata de situarse por fuera de la cultura hegemónica, aquella con más prestigio social, sino más bien de intervenir dentro de esos paradigmas, ya que ellos controlan las formas lingüísticas y estéticas a través de las cuales se expresan los valores de la cultura oficial ‒en términos gramscianos: el “sentido común”‒. La figura intermitente del “poeta menor” juega acá un rol significativo: personaje escindido entre la biblioteca de los clásicos y las necesidades del ciudadano promedio, mezcla de funcionario raso y transeúnte casual, toda la enunciación del libro se basa en dicha perspectiva cuya función es observar distintos aspectos de la realidad cotidiana: desde las condiciones laborales y los cambios tecnológicos en la producción hasta ordenar la casa, atender a un hijo, ir al dentista, etc.. Habría así un doble movimiento: esa voz no habla desde la exclusión, sino que asume para sí misma una condición ciudadana dentro del contexto democrático; aunque por otro lado sea precisamente esa situación civil, el punto de vista prosaico de las preocupaciones sociales, el que produce una fuerte contra-determinación en las nociones más convencionales de lo poético. La declamación, la hipérbole, la prosopopeya como estilización romántica de los autores greco-latinos son discutidos así mediante la inclusión de otros elementos del discurso clásico alineados con la propuesta estética del objetivismo: la hipotaxis, la claridad argumentativa, la incorporación de detalles cotidianos, el léxico siempre explícito y referencial ‒que busca desautorizar cualquier gestualidad esotérica‒ hasta llegar a la cita estradiana o la descripción del proceso de trabajo con una fruición detallista solo hallable en Jauretche. Esa construcción retórica muestra también entonces hasta qué punto la concepción de los “dos países” se pone de manifiesto al nivel del estilo; podríamos decir ‒a modo de hipótesis‒ que este apuntaría a expresar la tensión entre los imperativos de un modelo productivo con sus respectivas expresiones culturales frente a una coyuntura parcial e insuficientemente percibida. La combinación de retórica clásica e imagen objetivista permitirá así actualizar en el plano estético una reflexión que se había vuelto ilegítima, recuperando el filo más incisivo de sus argumentos sin caer en el homenaje o la nostalgia. Y ese es otro mérito de Poesía civil no suficientemente reconocido: darle nuevo valor comunicativo a una crítica reducida en los noventa a una variante retardataria del “populismo”.

Bibliografía

García H. El faro de Guereño. Buenos Aires, Libros de Tierra Firme, 1990.

Martínez Estrada, E. Radiografía de la pampa. Buenos Aires, Losada, 1968.

Raimondi, S. Poesía Civil. 2001. Bahía Blanca, 17grises editora, 2010.

Scalabrini Ortiz, R. Política británica en el Río de la Plata. Buenos Aires, Editorial Plus Ultra, 2001.


  1. “Puede ser que / haya en cada cosa un gesto, una cifra, / y que de las piedras se infiera / perdurabilidad, fugacidad de los insectos / y la rosa. Que perfumes, / sonidos, colores se correspondan, / o que arrojado contra los pinos endebles / el viento nos haga una advertencia. / Incluso que cualquiera de nosotros / se crea sacerdote de estos y otros símbolos, / cualquiera capaz de convertir / lo concreto en abstracción, lo invisible / en cosa visible, lo familiar, / lo inerte, lo alejado en sus contrarios. / Sea o no esto así, de algo estoy seguro: / no me conviene interpretar mensajes en nada, / menos aún, en este momento, / descifrar eso que las rachas del aire / traen hasta aquí –zumbido de moscas verdes, / hedor de pescados exangües / pudriéndose al sol sobre los mostradores / de venta, en la costa” (García Helder 1990: 43). De manera inversa, La vivienda del trabajador (publicado por García Helder en 2008) puede ser visto como un texto surgido de la lectura de Poesía civil.


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