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El viajero austral, kuñifal errante

Ma. Fernanda Delaloye (Universidad Nacional de Río Negro,
Universidad Nacional del Comahue)

Después de incorporarme como investigadora al proyecto que dirige Gloria Siracusa en la UNCo: “Emergencias de una literatura en tránsito: poéticas de migración en escritores hispanoparlantes de la última década del siglo XX y primeras del siglo XXI” y en el marco de mis estudios de grado; surgió la iniciativa de indagar sobre los viajes que fundan la literatura más austral del continente americano.

Me propuse profundizar el análisis de Gabriela Espinosa (2016) y revisar las inscripciones que emergen en algunos textos literarios del sur argentino-chileno sobre las experiencias migrantes. Los autores que hemos seleccionado comparten la particularidad de encontrar entendimiento en el poema inaugural de la literatura occidental, La odisea. El corpus está conformado por tres autores australes errantes: Jorge Spíndola (Comodoro Rivadavia, Argentina 1961) “Ítaca” (2013); Sergio Mansilla Torres (Chiloé, Chile 1958) “Regreso a casa” (2005) y Javier Milanca Olivares (Valdivia, Chile 1970) con “Ulises y octubre” (2015).

La literatura muchas veces es entendida metafóricamente como forma de viajar. Probablemente el relato de viaje más clásico, más citado y vuelto a narrar de la literatura sea el viaje de Ulises, quien regresa a su casa después de veinte años y de sortear innumerables aventuras. La odisea de Homero es el primer relato de viaje. Desde entonces, este tópico se ha constituido en una constante en la historia de todos los pueblos y la literatura se ha encargado de condensar los relatos más significativos en la voz de los viajeros, los migrantes. Entendemos, de acuerdo con Laura Pollastri (2012), la trashumancia como el mito de origen del escritor del sur puesto que el viaje corre por debajo de la historia de su literatura. Hay un debate permanente entre los escritores que pendula entre el “irse a” o “estar en”.

Gabriela Espinosa (2016) plantea que existe un espacio en el que es posible pensar una literatura que va más allá de las fronteras, lo denomina “área cultural sur”. Comprende desde el Río Biobío (Chile) y el Río Colorado (Argentina) hasta el extremo sur. Tomaremos esta área como marco geográfico por ser un espacio históricamente influenciado por viajes y viajeros. De hecho, el viaje es uno de los núcleos que Gabriela Espinosa encuentra para pensar esta área como un espacio común más allá de las fronteras territoriales; recupera el concepto de Ana Pizarro para denominarlos, “núcleos de densidad simbólica”.

Podemos pensar que la génesis del área cultural sur tiene un sustrato migrante puesto que los pueblos originarios que habitaron y habitan este territorio se caracterizan por ser nómades y por estar en permanente movimiento, adoptan la trashumancia como una forma de vivir. Incluso se desplazan a un lado y a otro de la cordillera y de lo que hoy entendemos como la frontera entre Argentina y Chile. Luego, desde la Independencia, con la constitución de los estados modernos y a lo largo de los siglos XIX y XX, diversos grupos de inmigrantes europeos arribaron a Chile y Argentina en busca de una tierra con más oportunidades. Dentro de lo que se comprende como “área cultural sur” es posible ver una preponderancia de inmigrantes galeses y alemanes. El impacto de esta inmigración europea, que en toda América fue muy grande, en Argentina y en Chile fue particularmente intenso por dos motivos: por la cantidad de inmigrantes recibidos y por la escasa población existente en el territorio. En Argentina se le suma la voluntad política de suprimir a las personas que originalmente habitaban estas tierras. Todos estos factores han dejado huellas profundas en la identidad del ser argentino. Un proyecto de país y de consolidación de un estado nación que continuó y cobró más solidez con la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento (1868-1874) y su intención de injertar en estas “tierras bárbaras” pedazos vivos de civilización: inmigrantes europeos.

Más adelante, durante los procesos dictatoriales de los años ’70 (1973 en Chile y 1976 en Argentina) a ambos lados de la cordillera sucedieron acontecimientos que provocaron fuertes migraciones desde los grandes centros metropolitanos hacia diferentes lugares. Las personas que, de alguna manera, representaban una amenaza para los regímenes dictatoriales y tenían posibilidad de viajar, se debatían entre dos opciones para preservar su integridad y la de su familia. Por un lado, hubo quienes se exiliaron en el exterior; otros, optaron por el insilio (Trigo 2003), es decir, se refugiaron en las zonas más australes de su país asumiendo que, con alejarse de los grandes focos urbanos e internarse en los rincones más profundos del interior, era suficiente para desaparecer del foco de amenaza. En Chile, Pedro Guillermo Jara (Jara, en Espinosa 2016) denomina a este acontecimiento como una “generación de la orfandad”. Con la clausura de los procesos dictatoriales, 1983 en Argentina y 1990 en Chile, la gran mayoría de las personas que de alguna u otra manera migraron, retornan. Desde entonces, estas latitudes se han convertido en lugares de tránsito para numerosos viajeros motivados por la belleza natural que se extiende a ambos lados de la zona cordillerana y por las posibilidades laborales que se le adosan a estos espacios, lo que Pollastri denomina “pecuniarización del espacio” (2016).

Estas aclaraciones nos permiten entender cómo es que gran parte de los escritores del área cultural sur tienen un doble origen y que sus escrituras se mueven pendularmente entre sus lugares de origen y sus lugares de acogida. Esto es importante a la hora de pensar las implicancias que conlleva en la constitución de la subjetividad la pertenencia a un lugar. El lugar donde se nace crea la memoria fundante del yo (infancia, amigos, familia, barrio, escuela) y crea una poética. Esos paisajes se transforman en moradas y generan narrativas que constituyen la memoria del yo. El lugar de origen funda la memoria, atraviesa al sujeto y luego de ese sujeto emerge una poesía.

Sergio Mansilla Torres (2016) habla de esto como una “poética territorializada”, es decir, es una forma de representar sujetos situados en un mundo y en un tiempo determinado. Esto da curso a procesos discursivos que develan, acusan la raíz del sujeto, lugar que no es extratextual ni es una determinada geografía reconocible o descriptible; sino que es la infraestructura espacial que provee de elementos materiales para que acontezca la subjetividad. Es donde se funda el yo, la memoria fundante del yo.

Voy a intentar ilustrar la teoría de Mansilla Torres con algunos fragmentos de los autores seleccionados. El primero de ellos es Jorge Spíndola quien nació en Comodoro Rivadavia, Chubut, en 1961. Luego migró a Trelew y, actualmente, vive en Valdivia, Chile. Producto, tal vez, de su tránsito es que escribe “Ítaca”, texto del cual recupero el siguiente fragmento:

cuando vuelves a Ítaca no vuelves a Ítaca exactamente porque ella no es la misma ni tú eres el de entonces. Cuando en sueños entras en la casa de la infancia y tu madre es esa mujer muy alta de espaldas en la luz, no vuelves a ningún sitio de esta tierra, sólo son reflejos (…) por un instante estás a punto de recordarlo todo para siempre pero las costas de esa isla ya son otras. Sustancia desvanecida en la memoria. Algunas noches sientes, sin embargo, que algo vuelve y navega en tu cabeza (…) siempre regresas al patio de la infancia a calmar los ladridos de ese perro (2013: 188).

Se puede observar cómo la voz narradora explica la experiencia del volver como parte constitutiva del viaje. En el fragmento observamos a un sujeto que no halla morada en ese volver. La angustia y la nostalgia por un pasado que se construye en la memoria de los viajeros como un paraíso perdido y que tiene que ver con los núcleos más primarios e íntimos: la infancia, la madre. La textualidad aparece como un espacio que trama la subjetividad.

Sergio Mansilla Torres (Chiloé, Chile 1958) además de ser un importante académico chileno es un reconocido escritor. En uno de sus textos, al igual que Spíndola y tantos otros, reelabora el viaje más clásico de la literatura occidental y escribe su “Ítaca”: “Y cuando, al fin, arribas a Ítaca no hay perro ni casa. Nadie ha oído hablar jamás de una tal Penélope; el nombre Ulises pertenece a un idioma desconocido. Lo que hay es una isla pelada” (2005: 23). Aquí también aparece un sujeto descentrado que al regresar no halla refugio. En otro de sus textos, “Regreso a casa” se pueden observar desde el título el descentramiento que produce en el sujeto volver a ese lugar idílico, a esa morada cómoda que es la infancia:

En mis sueños regreso a esas comarcas de la isla de Quinchao, igual que un paranoico vuelve a sus obsesiones. Porque lo que es inmutable es el dolor de la separación (…) Escribir poesía es una añoranza permanente que resulta de la necesidad de sentirse en casa en cualquier lugar de este mundo en el que estemos, lo que significa que escribir poesía es atestiguar que vivimos exiliados de la casa que nunca hemos tenido. Siempre camino a casa (…) Es un obsesivo diálogo con el campo húmedo de mi infancia (2005: 21).

Aquí es preciso hacer una distinción entre viajeros o migrantes e inmigrantes. Paula Meiss (2010) teoriza respecto del viaje migratorio y en relación a las tres instancias que lo constituyen, de acuerdo con sus afirmaciones: partir, viajar y volver. Es por esto que en todo relato de viaje migratorio es imprescindible, para que sea pensado como tal, volver. El inmigrante, en cambio, llega para radicarse en un lugar. Pensar el viajero como alguien que vuelve y narra su experiencia es fundamental porque solo se puede volver convertido en otro, alguien distinto, transformado por la experiencia del viaje. De ahí que el retorno es también doloroso, porque quien regresa, regresa devenido en otro ser, un ser atravesado por su experiencia migrante.

Por último, traigo a discusión “Ulises y octubre” un texto de Javier Milanca Olivares publicado en 2015 en Xampurria. Somos el lof de los que no tienen lof. Aquí aparece representada, con un estilo sumamente irónico, aquella generación de personas que se exiliaron durante los años dictatoriales en Europa y que Jara denomina “generación de la orfandad”. Desde su exilio, acumularon importantes títulos universitarios como: “Magíster en Pobreza, Marginalidad y Vulnerabilidad” o “Diplomado Internacional en Pobreza y Determinismo Económico Materialista Histórico” con la esperanza de regresar y construir un futuro mejor. Pero, como todo viajero, ese paraíso perdido al que se pretende regresar nunca es tal:

Se había convertido en un cruento relato de batallas y huidas, victorias y derrotas, escenas de lucha y llanto, destierro, encuentros y desencuentros, el retorno, la espera, el miedo (…) – ¡Chucha! –pensó– Este griego fatal lo escribió todo, la vida no es más que un poema homérico… (…) lo que le atormentaba era que ninguna Penélope lo esperaba a la vuelta de tan largo día (2015: 84).

En las palabras preliminares de Fernando Pairican explica el término “xampurria” para referir al doble exilio de Milanca pues no pertenece exclusivamente a la comunidad mapuche ni a la comunidad chilena; remite a la carga negativa que se le imprime a lo que es híbrido, a lo que no está completamente definido: al mestizo. A la necesidad del pensamiento occidental de erigir fronteras entre binarias y antagónicas: lo puro y lo contaminado; lo nuestro y lo ajeno. Milanca es un claro ejemplo de lo que Silvia Mellado (2014) denomina kuñifal. Este concepto remite a aquel sujeto que, de alguna manera, puede pensarse como huérfano puesto que no tiene una comunidad con la cual establecer lazos de reciprocidad y en la cual guarecerse. Es un ser desplazado que tiende a la idea de sujeto migrante, como ese ser que no se siente cómodo en ningún lugar. Pairican en el prólogo lo dice: “ha sufrido [Milanca] un doble desprecio: por un lado la sociedad chilena remarca los orígenes “indios”; y por el otro, la sociedad mapuche los orígenes chilenos” (2015: 10).

Hemos visto que los movimientos poblacionales diaspóricos y migratorios no solo se dan entre territorios sino entre culturas y entre lenguas. También, que los autores que hemos seleccionado parecen encontrar entendimiento en el poema inaugural de la literatura occidental. La historia de Ulises no es más que la de un migrante que luego de veinte años de exilio regresa a un lugar que en nada se parece al que dejó ni al lugar al que tantas veces volvió con la imaginación. Esto, de alguna manera, reconstruye también el planteo filosófico de Heráclito sobre la imposibilidad del ser humano de bañarse dos veces en el mismo río.

Ulises es el modelo del viajero y tal vez sea por eso que permanentemente se reescriba esta historia. Hay en estos sujetos viajeros una acuciante angustia de saberse desencajados, descentrados, sin poder hallar una morada en la cual sentirse cómodos. Su trashumancia los ha llevado a tiempos y lugares; por diversos derroteros que no son más que naufragios reiterados porque la experiencia del viaje los ha transformado para siempre. Solo se puede volver devenido en otro.

Este tiempo y lugar edénico al cual es imposible retornar da cuenta de una doble orfandad, no hay espacio ni cultura con la cual puedan identificarse. Ya no pertenecen a ninguna orilla porque todo viajero es un kuñifal errante.

Bibliografía

Espinosa, G. “Más allá de las fronteras: la literatura en el área cultural ‘Patagonia’”. Hammerschmidt, C. (Ed.). Patagonia literaria. Fundaciones, invenciones y emancipaciones de un espacio geopolítico y discursivo. Alemania – Londres, Inolas Publishers, 2016, pp. 47-64.

— “Volver a casa: entre el desarraigo y el amparo de la letra. A propósito de la poesía actual del sur de Chile y Argentina”. Patagonia literaria II. Funciones, proyecciones e intervenciones de autoría estratégica en la nueva literatura patagónica. Alemania – Londres, Inolas Publishers, 2016, pp. 313-332.

Manilla Torres, S. “Solo podemos vernos cuando relampaguea”. El camarote, n° 9, 2005. Bit.ly/3dPEdVG.

— “Poesía en los territorios Sur-Patagonia chilenos. Cuando los lugares se hacen metáforas”. Hammerschmidt, Claudia (ed.). Patagonia literaria. Fundaciones, invenciones y emancipaciones de un espacio geopolítico y discursivo. Alemania – Londres, Inolas Publishers, 2016, pp. 161-184.

Meiss, P. “La literatura migrante. ¿Hacia una hospitalidad planetaria?”. 452F, Revista Electrónica de teoría de la literatura y literatura comparada, n° 2, 2010, pp. 13-29.

Mellado, S. La morada incómoda. Estudios sobre poesía mapuche: Elicura Chihuailaf y Liliana Ancalao. General Roca, Publifadecs, 2014.

Milanca Olivares, J. Xampurria. Somos el lof de los que no tienen lof. Santiago, Pehuén, 2015.

Pollastri, L. “El sur en la palabra: meridionalidad y escritura”. Katatay Revista crítica de literatura latinoamericana, año VIII, n° 10, 2012.

Pollastri, L. “Literatura en el sur del mundo: Patagonia y escritura”. Patagonia literaria II. Funciones, proyecciones e intervenciones de autoría estratégica en la nueva literatura patagónica. Alemania – Londres, Inolas Publishers, 2016, pp. 313-332.

Spíndola, J. “Ítaca” Perro lamiendo luna y otros poemas. Buenos Aires, Jinete insomne, 2013.

Trigo, A. Memorias migrantes. Testimonios y ensayos sobre la diáspora uruguaya. Rosario, Beatriz Viterbo, 2003.



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