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La literatura en Salta,
un campo en/de disputa

Raquel Guzmán (Universidad Nacional de Salta)

Trazar el estado de situación de la producción literaria localizada en un sitio específico plantea problemas de orden teórico y metodológico que no se avienen con la sola descripción de acontecimientos. Si analizamos la situación en Salta desde la noción de campo literario, podemos ver la fuerte relación que establece con el campo de poder tensado en torno a las clásicas dicotomías Provincia / Nación[1], capital / interior de la provincia, capital económico / capital simbólico afectando posiciones y disposiciones de autores, lectores e instituciones. Por otra parte, hablar de un “estado actual” implica desambiguar un término que remite a una temporalidad difusa y escurridiza, y situarla en una Provincia como Salta abre imágenes y representaciones de orden histórico e ideológico que acentúan la complejidad de nuestro objeto de estudio. Se trata entonces de construir una “escena literaria”[2] donde se entrecruzan variables heterogéneas en tensiones recíprocas y dando cuenta de cierto modo de producción y circulación de los intercambios discursivos.

Dadas así las cosas, situamos tres variables de análisis para abordar esta literatura que alcanzó en los últimos años un alto nivel de productividad y difusión: las posiciones de los agentes, las luchas simbólicas y los modos de difusión.

Agentes, actores, autores

La transformación del campo literario salteño en el presente siglo puede situarse específicamente con la irrupción del grupo Kamikaze[3]. Eran, en su mayoría estudiantes de la carrera de la Letras de la Universidad Nacional de Salta que apenas comenzados sus estudios desembarcaron con una producción variada y confrontativa, además organizaban lecturas, publicaciones artesanales, blogs y poco después performances en los más distintos lugares, la propia Universidad, bares, salas autogestionadas. Su posicionamiento se definía por diferencia con la gestión de las instituciones apoyadas por empresas por un lado, y por otro, con los artistas que buscaban reconocimiento y notoriedad, los “faranduleros”.

Desde el inicio construyen una contra-genealogía, al reivindicar a Jesús Ramón Vera –poeta, docente, comparsero– y a Jesús Ferreyra –poeta, docente, comunista y deliberadamente outsider. Dos autores que se ocupan del barrio, la villa, las pérdidas y que eluden sistemáticamente toda relación con las instituciones y sus representaciones estereotipadas, como dice Ferreyra, “esa idea de que en Salta en cada esquina hay un cantor y un poeta, son cosas que ha metido el conservadurismo local”.

Los nuevos grupos se convierten en espacios permeables, donde los autores transitan, conforman nuevos colectivos, generan ediciones. Identificamos aquí, además de Kamikaze, Ya era, Equus Pauper, Alto Yuyo donde circulan autores como José González, Alejandro Luna, Mariano Pereyra, Fernanda Salas, Luz Saravia, Carlos Varas Mora, Diego Ramos. Según Daniel Medina –escritor, periodista– Kamikaze tenía cierta belicosidad, que ningún grupo la tuvo. En un texto difundido en 2006, decían:

Un gran circo recorre la ciudad, devora sus orillas, se derrama, hace estragos en el centro, toca la pared, le abre un surco, una pequeña grieta al enorme molde de fabricar catedrales rosas repugnantes, se contrae y crece, pequeños hombres son los habitantes de este circo; ninguno es dios; pero entre sus atracciones se cuentan el hombre que siempre tiene hambre (…) y la hilera inconmovible y culebreante formada por los culos apretados de tantos poetisos, poetudos bajo el sol junto a la madre poesía.

Un momento fundamental de esta movida lo da la aparición de Crack libro de poemas de José González. La apuesta que aglutina este libro y que se bifurcará luego en las publicaciones de todo el grupo es el cuestionamiento a la representatividad de la literatura salteña, y en un gesto político confronta con el imaginario conservador de la provincia. La serie de 29 poemas se presenta como un discurso disperso, agrietado por la rabia, con algo de absurdo, mucho de ironía y una voz enunciativa desencajada, burlona y despectiva. A modo de ejemplo veamos el poema 22:

estoy otro lado
la mariposa cortada en partes
por las hormigas

que se cague

dibujito del odio escrache en los ojos
no mires
no mires

se ha aplicado la tumba
y todo el mundo policía
vigila los rostros rotos

alambra el mundo con borde atravesado
sólo el llanto quiebra límites en las caras

escritura sin palabras

Como importante índice de lectura en el paratexto de estas publicaciones dice “ISBN: insanos sí, boludos no”.

La producción de estos autores ha sido analizada en estudios de Susana Rodríguez (2013), Julieta Colina (2018), Andrea Mansilla (2018) que reconocen el impacto de estas publicaciones y la tensión con diversos frentes: con los autores de la generación inmediatamente anterior –Carlos Juárez Aldazábal, Geraldine Palavecino, Eduardo Robino– y cuyo discurso había continuado el fluir de la literatura local. El segundo frente fueron las instituciones interpeladas por este discurso extraño, provocativo, crítico que –sentían– amenazaba los cimientos de su constitución; y el tercero, un sector de la crítica académica que quedó sin respuesta frente a un fenómeno que excedía sus paradigmas, y esperaba el juicio del tiempo.

Se insertó así un fenómeno desconocido en la literatura salteña que tenía carácter gregario, donde todos los integrantes fracturaban paradigmas, insertaban nuevos temas, desarticulaban convenciones, quebraban los límites de las convenciones del lenguaje literario, hacían ostensible la injusticia, las hipocresías sociales y los juegos de poder. Por otra parte, apostaban también a desacralizar la literatura, quitar los géneros, las firmas, las clasificaciones, los prestigios. Julieta Colina afirma:

Hablar de YA ERA es referir a un proyecto que rebasa la experiencia pura y formalmente literaria a partir de la gestión de diversas actividades comunitarias (ferias de libros, talleres de artesanías, de reciclado y de malabares y espectáculos de títeres). De hecho, la intención primordial de este grupo colectivo de trabajo tiene que ver con lograr el acercamiento de la cultura cualquiera producida por cualquiera a gente cualquiera (2018).

En una provincia clasista, con rígidas estructuras de poder, plena de estereotipos, los libritos con tapas de tetrabrik de Ya era provocaban escozor primero, rechazo después y con frecuencia descalificación. Pero a la vez –como afirma Fernanda Salas (2018) que comparte estos desafíos colectivos– genera nuevos públicos para la literatura y nuevas formas de acercamiento ya que los procesos de producción quedan a la vista. Un libro puede comenzar con una frase de una intervención artística, que va reconfigurándose entre la experiencia y la memoria, como Las visitas de Fernanda Salas, o revisar las historias provincianas en clave esperpéntica como Oparricidios de Daniel Medina. Y de eso se trata, de desmontar los mitos de una cultura de claustros, justamente “matar los opas”. La producción posterior de estos autores fue afianzando un reconocimiento por parte de lectores y críticos[4]. En esta línea se inscriben dos libros que llamaron la atención en los circuitos de recepción local, por un lado Jaguares, los dueños de la medianoche (poemas, 2013) de David León, construido sobre figuras superpuestas donde los relatos de la dictadura emergen entre imágenes televisivas, comics y juegos electrónicos; y por otro Dioses del fuego y otros relatos (2014) de Fabio Martínez que recibió el Premio Provincial de Cuento, un conjunto de relatos que focaliza las relaciones entre adolescencia, violencia y crisis sociales.

Por cierto que estos parricidas emergen en un campo literario altamente institucionalizado, con escritores que llevan construida una obra y una imagen autorial de fuste. Estos escritores, reconocidos y prestigiosos pueden adscribirse a dos grupos, los que viven en la provincia –o pasan parte de su vida aquí– y los que migraron. En Salta fue presencia activa del campo literario Teresa Leonardi Herrán[5] poeta, crítica, ensayista, gestora cultural autora de una importante obra poética. También lo son hoy Liliana Bellone –poeta, narradora– Belén Alemán –poeta y coordinadora del grupo Lecturarte– que, con distintos tonos y maneras, se implican e implicaron en la actividad literaria a través de presentaciones de libros propios y ajenos, prólogos, conferencias, artículos periodísticos, participación en antologías locales y nacionales. Paralelamente Carlos Maita –multipremiado poeta y ensayista–, Santos Vergara –narrador y gestor cultural–, Blanqy Omar –poeta y crítica– y Hugo Rivella –reciente ganador del Premio Leonor de Poesía en España– son algunos de los escritores que tensan el campo entre capital e interior provincial, con el capital simbólico construido a través de redes que perforaron los límites provinciales. Son, además, quienes abren las puertas a los jóvenes autores a través de talleres, antologías, encuentros, ferias que potencian el “rumor literario” donde se sostiene la producción. Podríamos incluir también aquí a poetas y narradores reconocidos por los Premios Literarios Provinciales, entre muchos otros[6]: Marcelo Sutti, Gloria Lisé, Edmundo del Cerro, Beatriz Martínez, Darío Villalba.

Entre los migrantes se destacan Leopoldo “Teuco” Castilla con una obra insoslayable que, publicada en distintos lugares del país y el exterior, se expone siempre en Salta donde su autor es una presencia frecuente y altamente reconocida que, sin embargo, no ha generado aún significativas respuestas críticas. También Santiago Sylvester –poeta y crítico– figura controversial por su acendrada preocupación por la tradición y la dificultad para incorporar en sus estudios transformaciones y cambios. La construcción de su figura patriarcal y su vocación genealógica ha provocado rispideces y debates en revistas y reuniones literarias públicas. También podemos incluir aquí a Carlos Juárez Aldazábal –escritor, crítico y editor– radicado en Buenos Aires y de fluida comunicación con algunos autores de las jóvenes generaciones.

Esta proliferación y variedad da cuenta de los diversos modos cómo la literatura se apropia de las circunstancias particulares de la sociedad local, de las representaciones del universo literario y de los avatares de los sujetos para encontrar formas propias de producción. Si nos atenemos a los postulados de Zulma Palermo estaríamos hablando de una práctica de “lugarización”[7] en tanto reorganizan y recrean un espacio de polémicas ostensibles en algunos casos y larvadas en otros. Esta plurivocidad pone también en evidencia los interrogantes, las respuestas posibles, y los modos de ficcionalizar una escena cultural altamente productiva.

Luchas simbólicas y representaciones

En un sondeo realizado en función de esta participación[8], se pudo advertir que los escritores/as salteños/as, a la hora de señalar obras relevantes de la última década realizan un doble movimiento, hacia el pasado para reconocer la edición de obras reunidas / obras completas de Jacobo Regen, Teresa Leonardi, Walter Adet, César Alurralde, realizada por el Fondo Editorial[9] que sostienen la genealogía literaria de la Provincia; y un movimiento orientado a reconocer obras de autores jóvenes, muchas veces ediciones de autor, artesanales. Entre éstas los consultados distinguen títulos como Poemas Virales de Carlos Varas Mora, Las visitas de Fernanda Salas, Hueco de Macarena Diosque, y la Antología Espejos de papel del colectivo Habitadas por las Letras[10]. Un tercer grupo –que sigue el pulso de las publicaciones más que generacionales– lo constituyen las publicaciones surgidas de los Premios Provinciales[11], son ediciones que circulan en distintos ámbitos –dentro y fuera de los límites de la Provincia– y constituyen un importante canal de difusión de la producción local.

Consultados acerca de los liderazgos o autores de referencia en el contexto local, los/as escritores/as no reconocen referentes que ejerzan un magisterio a la manera de autores como Dávalos, Castilla o más recientemente Teresa Leonardi Herrán. No obstante reconocen el impacto de las Antologías de la Literatura del Noa de Sylvester, la profundidad poética de Leopoldo Castilla, o la consideración internacional de la narrativa de Bellone, más allá de que sus búsquedas exploren otras posibilidades.

En estos cruces poesía feminista, narrativa de ciencia ficción, formas transgenéricas, novela negra fraguan una producción literaria ocupada de develar las distintas caras de la ciudad y la época, pobreza, droga, violencia, abuso de poder, atravesadas por las huellas de la dictadura, el desasosiego de los jóvenes, las insoportables estructuras patriarcales. Este diálogo pasado / presente[12] genera las condiciones de posibilidad de los textos y, en el caso de la literatura de Salta tiene un papel preponderante ya que –como dijimos antes– los neotradicionalismos son discursos que interpelan constantemente.

Las formas que aparecen como réplicas discursivas dan cuenta de una literatura de contundente voluntad crítica y política que procura demoler el edificio de los sectores conservadores agrupados bajo el rótulo de “oligarquía salteña” grupo variopinto que controla económicamente la Provincia. Como afirma Juan Díaz Pas, no se trata de autores marginales, sino escritores críticos que apelan, desde la literatura, a desmontar el aparato de control ideológico del arte en la Provincia. Este gesto fue abriendo un campo de posibilidades, que resituó las posiciones de los agentes en el campo. La retórica de la fragmentación, la ostensión de las partes de un cuerpo siempre fragmentado, desarmado, deshumanizado, las metáforas de caída o de repetición inútil, la inversión de símbolos de la cultura religiosa y las convenciones sociales, la muerte como disolución cotidiana, lo imperceptible de los cuerpos, se convirtieron en recurrencia.

De esta manera se genera un “campo estratégico” definido por la específica apuesta discursiva de corroer ciertas formas literarias y las instituciones que sostienen su práctica. Con la mira puesta en Bukowsky y Perlongher primero, y en el comic, la ciencia ficción y la novela negra después, se configuran nuevos lugares para lo literario. Quizás esto explica la cantidad y dispersión de los grupos y talleres de escritura cuyos integrantes migran constantemente, fundan nuevas propuestas, arman redes por fuera de los circuitos provinciales y son a la vez escritores, gestores, críticos, difusores, editores. Las posiciones asumidas en el campo de fuerzas sellaron alianzas con otros autores, periodistas y críticos de forma más o menos velada, acicateadas por los debates sociales, los conflictos económicos, las luchas políticas[13].

Entiendo que uno de los efectos más interesantes de esta dinámica del campo es que abre prometedoras expectativas, por el continuo reacomodamiento de posiciones diferenciales. Cabe aclarar que no se trata tampoco de posiciones que permitan ser alineadas en dos ejes –conservador / crítico, religioso / laico, institucional / subterráneo, genérico / transgenérico, homogéneo / heterogéneo, culto / popular, tópico / distópico, empresarial / artístico– sino que se trata de micro-luchas para conservar o transformar la relación de fuerzas, y por ende la distribución del capital simbólico según las reglas de juego que lo sostienen y las coerciones estructuradas en ese campo a lo largo del tiempo. El impacto de los grupos literarios gestados desde la universidad generó una desviación diferencial dentro de las posibilidades que el discurso académico le abría por un lado y por otro en el marco que el resto de los agentes le concede a la institución universitaria. Como afirma Bourdieu, “cada productor, escritor, artista, científico, elabora su propio proyecto creador en función de la percepción de las posibilidades disponibles (…) inscriptas en su habitus” (1997: 64).

Lucila Lastero en su ensayo “Salta, la fea. Representaciones de la ciudad en la poesía salteña contemporánea”[14], confronta dos imágenes de la ciudad, una utópica que se sintetiza en la expresión “Salta, la linda” y se corresponde con la tradición folclórica, indisolublemente unida a la promoción turística, un locus amoenus, además de modelo de ciudad donde abundan la riqueza cultural y la estética. Frente a ella una imagen heterotópica donde Salta ya no es la ciudad idílica sino un lugar hostil y opresor donde se descubre el otro lado de un paisaje y de una comunidad, y que Lastero identifica como “Salta, la fea”. La primera representación se sostiene en el discurso oficial, la tradición literaria, mientras que a la segunda –si bien le reconoce antecedentes– la identifica con la proliferación de imágenes escatológicas, desfiguraciones del paisaje, parodias que aparecen en la poesía de autores como Carlos Varas Mora, Juan Díaz Pas, Diego Ramos y en la narrativa de Daniel Medina y Mario Flores. Cita como ejemplo un poema de Ramos que retomamos: “La tradición”:

Cuatro siglos usa el mismo poncho
Valle hermoso e ingenuo
No vas ni venís
Levantate los flecos, mirate

Los pies amputados…

Difusión, reconocimiento y mercado

Consultados acerca de sus prácticas, los escritores y escritoras reconocieron la proliferación de talleres literarios como una actividad que ha marcado las apuestas literarias en la última década. Teresa Leonardi Herrán, Liliana Bellone, Roberto Salvatierra, José Agüero Molina, Fernanda Álvarez Chamale, Fabio Martínez, Santos Vergara, Alejandro Morandini, Mario Flores, Rodrigo España han sido entre otros, autores dedicados a coordinar talleres de lectura, escritura y que también gestionaron publicaciones de los asistentes.

Es decir se trata de una escena literaria donde participa gran cantidad de autores y autoras, de distintas edades, formaciones y pertenencias que se alternan constantemente en el escenario: los colectivos conformados en torno a la Revista Sonámbula y la editorial “Ay Caramba”[15]; “Killa”, la productora y editorial de la poeta Fernanda Salas[16]; el grupo y la editorial Sinergia liderado por Horacio Herrera y que proviene de los talleres literarios de Agüero Molina. “Cuadernos del Trópico”, “La cocina de Gómez”, “Cofar” son otros nucleamientos de escritores de varios años de permanencia y coordinados por autores con reconocimiento dentro y fuera de la provincia, Santos Vergara, Juan Ahuerma, Atilio Romano[17], José de Guardia, respectivamente. También talleres con perspectiva feminista como los coordinados por Jacqueline Manoff en el espacio La Minga articulan la práctica literaria con otras actividades artísticas y sociales.

Estas actividades se visibilizan en las Ferias de las distintas provincias, tanto Ferias de Libros –Jujuy, Salta, Tucumán– como Ferias temáticas entre las que se cuentan Sumergible (Jujuy), FILT (Festival Internacional de Literatura de Tucumán), FIDEO (Festival Intergaláctico de Escritores Oficial), BANZAI (Encuentro de escritores Jujuy) y constantes “Encuentros de escritores” en diversos lugares del NOA, donde se afianza una dinámica de circulación.

A la vez los mismos autores son el público más activo, consumidor de las producciones y asistentes a eventos, lo que constituye a la vez una posibilidad y un límite. Las redes sociales, por cierto son parte del backstage de estas producciones que se difunden a través de Facebook principalmente pero utilizan también Instagram y plataformas de acceso a textos completos. Ahora bien, estos grupos están orientados sobre todo a la gestión cultural, organización de actividades, difusión, articulación con otras prácticas artísticas pero la escritura sigue en el terreno individual, como afirma Medina “Ninguno de los grupos actuales tiene un manifiesto. No veo a nadie levantando banderas de una estética”.

Colofón

El breve panorama trazado hasta aquí permite observar un estado de debate de las imágenes que funcionan como estereotipos de la Provincia difundidas a través de dos escenarios privilegiados, la Casa de Salta y la Feria del libro de Buenos Aires, y que se corresponde con la construcción de un canon en la continuidad de la línea Dávalos-Castilla. Un segundo rasgo es la consolidación de la actividad colectiva como un modo de sostener la práctica literaria, pero también de defender o conquistar espacios de producción o visibilización. En tercer lugar cabe poner de relieve que hay un capital cultural en pugna y para muchos escritores la literatura es el modo de operar sobre las representaciones y los imaginarios, por ello sus envites buscan efectos concretos.

Decidir entre proyectos individuales o colaborativos, entre conservar o transformar, entre abrir o cerrar los propios límites será la manera de construir una literatura que desde la Provincia potencie nuevas representaciones, nuevos modos de relación en un mundo dinámico. Quizás como decía Kamikaze en el 2006, “la poesía de Salta, después de la poesía de Salta, es un arrojo”.

Bibliografía

Bourdieu, P. Razones prácticas. Sobre la teoría de la acción. Barcelona, Anagrama, 1997.

Colina J. “Se hace poesía al publicar. Experiencias editoriales independientes y artesanales en Salta” Cartografías literarias. De la democracia al bicentenario en el Noroeste argentino. Compilado por R. Guzmán. Buenos Aires, Teseo, 2018.

“Comunista, maradoniano y azabache”. Diario Cuarto Poder. 26 mayo, 2015.

Guzmán R. “La noción de ‘escena literaria’ como posibilidad de estudio de la literatura del NOA” La literatura del Noroeste argentino. Reflexiones e investigaciones. Tomo I. Dirigido por A. Nallim, L. Massara y R. Guzmán. Prohum-UNJu, 2011. https://bit.ly/2VKuhXg.

Mansilla A. “Múltiples representaciones de la violencia en la literatura joven. Fabio Martínez, Daniel Medina y la resignificación del espacio de la salteñidad”. Cartografías literarias. De la democracia al bicentenario en el Noroeste argentino. Compilado por R. Guzmán. Buenos Aires, Teseo, 2018.

Palermo Z. “De cánones y lugarizaciones” La literatura del Noroeste argentino. Reflexiones e investigaciones. Tomo II. Dirigido por A. Nallim, L. Massara y R. Guzmán. Prohum-UNJu, 2012. https://bit.ly/2Z1PCh8.

Rodríguez S. “Nueva narrativa salteña o la imposición de una ciudad desquiciada”. La literatura del Noroeste argentino. Reflexiones e investigaciones. Tomo III. Dirigido por A. Nallim, L. Massara y R. Guzmán. Prohum-UNJu, 2018. https://bit.ly/38sUUVO.

Salas F. “Dónde estamos”. La literatura del Noroeste argentino. Reflexiones e investigaciones. Tomo III. Dirigido por A. Nallim, L. Massara y R. Guzmán. Prohum-UNJu, 2018. https://bit.ly/38sUUVO.

Sosa C.H. “Figuraciones del presente en la narrativa de Fabio Martínez”. Cartografías literarias. De la democracia al bicentenario en el Noroeste argentino. Compilado por R. Guzmán. Buenos Aires, Teseo, 2018.

Sosa C.H. “Ciencia ficción a la criolla: Detrás de las imágenes de Daniel Medina” Verbo De Minas, Juiz de Fora, ago./dez. 2018, pp. 163-193.

Sylvester S. Poesía joven del Noroeste argentino. Buenos AiresFondo Nacional de las Artes, 2008.

Tizón H. No es posible callar. Buenos Aires, Taurus, 2004.


  1. “Y sin embargo, la provincia –no me refiero a aquellos lugares alejados de lo urbano, sino a un estado del sentimiento y la memoria de cada individuo, que puede alojarse incluso en un barrio metropolitano- es el verdadero mundo del artista. Fellini decía que el artista es un provinciano que se encuentra a sí mismo en algún lugar entre la realidad física y la metafísica, y añadía que ante esa realidad somos todos provincianos. En ese entremedio que él llamaba provincia, en ese borde entre el mundo que vemos, tocamos, medimos y el mundo intangible, está el verdadero reino del artista” (Tizón 2004: 60).
  2. “Es aquí donde se instala la propuesta de este trabajo, frente al agotamiento de las periodizaciones canónicas, estudiar la literatura del NOA como constitución escénica donde múltiples interlocutores debaten y polemizan en /por el ejercicio de los discursos y donde confluye pasado / presente; oralidad / escritura; lo culto / lo popular; canon /márgenes; capital / interior; lo legible / lo escribible” (Guzmán 2011: 104).
  3. En 2008, Santiago Sylvester publicó Poesía joven del noroeste argentino, libro en el que incluye autores nacidos entre 1967 y 1988, el penúltimo de esos poetas es Juan Manuel Díaz Pas (1984) integrante de un grupo que –consideramos– abre esta nueva etapa de la literatura en Salta, y que se aglutinan en torno a una editorial artesanal, Kamikaze.
  4. Cfr Sosa Hernán (2018).
  5. En 2018 el fallecimiento de Teresa Leonardi Herrán, sumado al de Jacobo Regen –poeta– y César Alurralde –cuentista–, ha provocado un fuerte impacto en la comunidad literaria salteña donde se sucedieron distintos homenajes.
  6. Forman parte también de este grupo algunos autores ya citados.
  7. “Es esta cartografía de orden cultural con un distinto enfoque geopolítico la que nos impele a señalar las relaciones entre lo que llamo localización de la cultura y su relación con las subjetividades para intentar luego la compleja tarea de colaborar –desde cada uno de los lugares que participan en la formación de entidades mayores– para un posible encuentro de la plenitud “que la historia insiste, una y otra vez en aplazar” (Palermo 2012: 68).
  8. Respondieron a la encuesta los siguientes autores y autoras: Carlos Yudi Machur, Mario Flores, Juan Manuel Díaz Watson, Lucila Lastero, Leopoldo Castilla, Santiago Sylvester, Ángel Martín Haza, Claudia Villafañe Correa, Mónica Ovejero, Elisa Moyano, Daniel Medina y Alejandro Morandini.
  9. Este Fondo atiende a publicaciones de distintos ámbitos de la Cultura. Se puede consultar en http://www.culturasalta.gov.ar/contenidos/fondo-editorial/54.
  10. Publican en esta Antología Marcela Ruiz, Daniela Rangeón, Ana Caniza, Silvia Alurralde, Violeta Paputsakis y Guadalupe Cornejo.
  11. La Secretaría de Cultura de la Provincia de Salta organiza todos los años los Concursos Literarios Provinciales, cuyo premio es la publicación y distribución de los ejemplares. Los géneros convocados son: Novela, Cuento, Poesía, Teatro, Ensayo, Literatura infantil. Se presentan en un acto especial en la Feria del Libro en Buenos Aires.
  12. Una “escena literaria” se define por el comportamiento de ciertas variables que pueden seguirse, tales como: diálogo pasado / presente; diálogos autor / lector; diálogos intertextuales, diálogos metatextuales; debates escénicos; debates front page / back stage (Cfr Guzmán 2011).
  13. En este campo resulta muy relevante la lucha por el control de los espacios públicos y la distribución de recursos económicos y estratégicos entre los distintos agentes. Esto fue muy evidente en el conflicto entre el gobernador Urtubey (marzo 2019) y los artistas sobre todo de teatro, pero de modo menos visible es una situación constante, en los premios literarios, las agendas de actividades, el programa de ferias, los criterios del Fondo Editorial de la Provincia.
  14. Inédito.
  15. Daniel Medina menciona la labor de diversos colectivos, como el nucleado en torno a la revista Sonámbula y la editorial “Ay Caramba” con Alejandro Chiri, Benjamín Liendro, Rafael Caro y César Martínez entre sus integrantes. Publican poesía y narrativa propia y de autores de otros países, privilegian la Ciencia Ficción y el “realismo sucio”.
  16. “Durante muchos años Salas se tomó el trabajo de descubrir nuevas autoras en blogs (o cualquier otro dispositivo digital), publicarlas. También creó espacios de lectura pública (Pollera Pantalón, Slams). El trabajo fue importantísimo (…) fue el marco de creación del grupo integrado por Fernanda Chamale, Florencia Arias y Fernanda Salas (…) con un punto temático común: la poesía feminista” (Medina, ver nota n° 15). En esta línea también un colectivo de reciente formación es el encabezado por Violeta Paputsakis, “Deshabitadas por las letras”, que ya publicó libros individuales y una plaqueta en conjunto.
  17. Este autor reside actualmente en Barcelona y se ha ocupado de difundir la poesía de Salta en ese ámbito.


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