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Las literaturas de la Argentina
en clave bicultural-bilingüe

Fronteras, heterodoxias e interpelaciones
sobre el propio objeto de investigación

Andrea Alejandra Bocco (Universidad Nacional de Córdoba)

A la hora de enseñar y reflexionar sobre “la” literatura argentina damos por sentado un acuerdo sobre ese objeto. Sin embargo, podemos revisar esta situación y repensar algunos constructos de base que aparecen más o menos cristalizados en nuestro campo de estudios; tal el caso de “literatura nacional” o “literatura argentina”. La tradición crítica y académica construyó estos conceptos como únicos, homogéneos, parametrados desde algunos centros de saber que impusieron sus propias lógicas, sus localizaciones, sus corpus específicos y diferenciados como generales y generalizables. Entonces lo que es una literatura local, termina adquiriendo la categoría de nacional (Cornejo Polar 1987; Heredia 2003 y 2006).

De este modo, cabe interrogarnos: ¿qué significa hablar de literatura “nacional”?, ¿qué extensión tiene ese concepto?, ¿puede enunciarse en singular? Esta discusión tiene su espacio en la RELA, desde hace ya un tiempo. Al respecto, una posibilidad para iniciar un desmontaje es pensar la literatura argentina como una totalidad heterogénea (Cornejo Polar 1994) multitemporal y plurilocalizada que contiene series literarias construidas en tensión, textos canónicos y no canónicos, legitimados y periféricos, inscriptos en la letra o en la palabra oral; leer unos sin los otros reduce el problema a una supuesta homogeneidad de un canon aparentemente estable (Bocco 2011). De esta manera, el objeto que enseñamos-investigamos nos presenta una serie de desafíos que implican deconstrucciones, interpelaciones, debates y redefiniciones.

En este marco, desde nuestras investigaciones, consideramos dos nociones que ofrecen posibilidades problematizadoras: heterodoxia (Corona Martínez 2013) y frontera (Grimson 2003; Bocco 2016; Cebrelli y Bocco 2018). Adquieren especial relevancia y operatividad a la hora de ahondar en la conflictividad que tiene la idea de una literatura argentina pensada desde la homogeneidad, cuando intentamos analizar, sistematizar y poner en relación la producción de escritores (principalmente poetas) provenientes de diferentes etnias aborígenes que producen en lenguas originarias y en español. Nos interesa detenernos especialmente en esta particularidad, a partir de los casos de escritores descendientes de diversas etnias aborígenes que producen en las últimas décadas en Argentina y que ya han constituido un corpus más que importante y merecedor de la atención de la crítica.

En estos últimos tiempos ha llamado nuestra atención los modos de expresión que los miembros de diferentes comunidades aborígenes del país fueron asumiendo desde distintos soportes: radios comunitarias, páginas web, libros digitales o impresos fundamentalmente de poesía e historia. Es sabido que, a lo largo de nuestra historia fundacional decimonónica, las estrategias discursivas y las prácticas político-culturales del Estado funcionaron para invisibilizar las diferencias étnicas en desmedro de la presencia de aborígenes y afrodescendientes.

Estos ocultamientos y el enmascaramiento en una presupuesta “blanquidad” tuvieron algunos momentos de crisis. En este sentido, desde fines del siglo XX se fueron produciendo algunos procesos interesantes de visibilización. Un punto que podemos señalar fue la reforma constitucional de 1994 en la que se incluyó el derecho de los pueblos originarios. Otro punto responde a una serie de políticas públicas que se sostuvieron sobre todo desde 2004 (y hasta 2015) que incluyen el Plan Nacional de Derechos Humanos –con capítulos referidos específicamente a pueblos originarios que se lanza justamente en el 2004[1]– y la Ley de Educación Nacional de 2006 que incorpora la modalidad de educación intercultural bilingüe. Finalmente, tal como señala Alejandra Cebrelli, sobre todo desde 2008 los pueblos originarios, a través de sus dirigentes, se movilizaron mediante tres estrategias: una de carácter judicial por dos vías (la tramitación de la personería jurídica y la realización de denuncias penales y civiles); otra es la organización de un movimiento de lucha que estrecha vínculos entre paisaje, medioambiente y oportunidades económicas; la tercera es la búsqueda de la visibilidad mediática que se da como resultado de la implementación de medidas colectivas tales como cortes de ruta, marchas, entre otras (Cebrelli 2011).

Estos procesos de visibilización, por un lado, implican otro de reetnización que colaboró en la ampliación de posibilidades para la autorrepresentación y la toma de la palabra en el espacio público (Cebrelli y Arancibia 2012). Por otro, no están exentos de nuevas formas de estigmatización racista: la reemergencia de los pueblos originarios en el siglo XXI significó que desde los medios tradicionales de comunicación, por ejemplo, muchas veces se los tilde de extranjeros, terroristas, invasores, delincuentes, atrasados, etc. De algún modo, esta reacción expone lo conflictivo y peligroso que resultan las manifestaciones de las voces subalternizadas para los sectores de poder y, también, lo conflictivo de las configuraciones de significaciones en las fronteras culturales.

En este marco, entonces, en el campo específico de la literatura argentina asistimos también a un tenue proceso de visibilización de las producciones poéticas producidas por descendientes y miembros de diferentes etnias aborígenes. De golpe irrumpen en escena con premios, ediciones en libros, notas en los diarios y suplementos culturales, participación en espacios académicos como disertantes, conferencistas, invitados. Por ejemplo, el último Congreso Internacional de la Lengua Española desarrollado en la ciudad de Córdoba este año contó con la participación de dos poetas mapuches de Chubut, Liliana Ancalao y Viviana Ayilef, en el Bloque 5 “Poesía de las lenguas originarias”. A su vez en el “contracongreso” organizado en simultáneo por la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC hubo conversatorios, paneles y presentaciones de libros dedicados específicamente a la poesía mapuche, pero llamativamente solo con poetas trasandinos; de hecho, Liliana Ancalao se sumó a una de estas actividades por expresa solicitud del poeta mapuche santiaguino David Añiñir. Otro dato que no debe pasar desapercibido es que muchos de estos escritores que producen en forma bilingüe son estudiantes o egresados de nuestras universidades nacionales públicas.

Hemos mencionado a Ancalao y Ayilef, pero deberíamos incorporar también los nombres de Rubén Curricoy, Aylin Ñamcucheo, María Elena Millanahuel, Mario Ñancupe, Laureano Huaiquilaf, Ñancu Rupai, entre otros y otras de origen mapuche que producen sostenidamente literatura. A su vez, la lista se amplía y diversifica: Mario Castells, poeta guaraní que reside en Rosario; Juan Chico, de origen qom y Lecko Zamora, quien escribe en wichi (ambos del Chaco); Sandro Rodríguez, poeta y músico diaguita residente en Salta; Víctor Zarate, de origen qom y residente en Formosa; Mariela Jorgelina Tulián de la comunidad comechingón de Córdoba. Esta enumeración nos brinda un primer panorama de una producción bicultural, que en su mayoría es bilingüe (ya sea en forma de autotraducción o de combinación de ambas lenguas en la misma escritura del texto).

Esta irrupción en el mundo literario de escritores provenientes de diversas etnias y que hacen ingresar sus lenguas originarias nos introduce, desde mi perspectiva, una nueva problemática a la hora de conceptualizar el constructo “literatura argentina”: ¿cómo consideramos a estas producciones?, ¿de qué maneras las hacemos dialogar con el resto de la discursividad literaria de Argentina?, ¿cómo enfrentamos la problemática lingüística?, ¿cómo las nominamos?

La noción de heterodoxia literaria posiblemente nos abra algunos caminos. Se trata de un concepto que nuestro equipo de investigación (bajo la dirección de Cecilia Corona Martínez hasta 2018 y desde ese momento a cargo mío) ha venido elaborando y al que hemos concebido, en primer término, como una categoría no apriorística, ni estable sino que se define históricamente (Corona Martínez 2013: 11). De este modo, lo heterodoxo ingresa a un campo de disputas de sentidos, legalidades, posicionamientos con la autoridad rectora y sancionadora de la ortodoxia, de la hegemonía. Desde esta lucha, la heterodoxia se asienta y construye tradiciones culturales, intelectuales y vitales descentradas de las lógicas opresoras, coloniales.

Concebida así, esta categoría nos ofrece un costado más que interesante para considerar la producción bilingüe y bicultural de los escritores argentinos provenientes de diferentes etnias, a la que podemos considerar heterodoxa. Por ejemplo, entra claramente en polémica con concepciones que, al parecer, definen la literatura nacional, tales como la lengua nacional; conflictúa toda idea de identidad nacional homogénea; desubica las lógicas coloniales. De este modo, la heterodoxia literaria opera como principio conceptualizador y puerta de ingreso para estas producciones a la “categoría de la literatura argentina”, que inmediatamente empieza a requerir pensarse como plural y diversificada.

Por otra parte, las mismas condiciones de bilingües y biculturales de estas producciones exigen el ingreso de otra categoría, la de frontera. Esta noción “constituye en sí misma una operatoria analítica, una metodología de trabajo y un posicionamiento político que posibilita reflexionar sobre los procesos de significación situándose en un lugar liminal” (Cebrelli y Arancibia 2017). El funcionamiento de una frontera en una textualidad opera como índice de alteridad en un arco que va de la extrañeza al reconocimiento.

Estas producciones literarias transidas de multiculturalidad significan cruces de fronteras; las constituyen y son constituidas por ellas. Por lo tanto, exigen al aparato crítico, a los investigadores, a los agentes académicos lecturas que puedan advertir estas complejidades, semiotizar las diferencias sin anularlas. Tal vez, el gran desafío teórico-crítico que debamos enfrentar sea navegar en una dualidad: aborigen-criollo; oral-escrito; tradición-innovación; lengua aborigen-lengua española. Claramente no las podemos ver desde la etnoliteratura porque son producciones que construyen una poética propia pero que no puede separarse de los saberes ancestrales de la propia comunidad de origen. La oralitura, entonces, puede que sea una categoría necesaria para integrar a nuestros estudios sobre estas literaturas. La oralitura –tal como el poeta mapuche-chileno Elicura Chihuailaf la caracteriza– es escribir al lado de la oralidad, de la fuente, de la memoria de los mayores, los antepasados, pero recreada a partir de vivencias propias y actuales (Del Campo 2000). Ancalao (que adhiere a esta noción de oralitura) nos ofrece una muestra de ella en el poema (en español y en mapudungun) “Cuando me muera” publicado en Mujeres a la intemperie-Pu Zomo Wekuntu Mew (2009):

“Disparen nomas, estoy
acostumbrado a morir”
(de un relato oral)

cuando me muera deberé cruzar el río
cuando me muera deberé cruzar el río
qué perro hará de guía si no tengo
un perro flaco que olerá mi cobardía
irá a mi lado
y estará la vieja en la balsa
le entregaré dos llankas
para que me cruce
las piedras arrancadas de cuajo
de mi garganta
de mi estómago
crecidas en los dolores
en los gritos que no pude gritar
cuando se agrandaban mis ojos
y hacía que vivía (Ancalao 2009: 36)

Estas reflexiones que hasta aquí he compartido están impulsadas por algunas preocupaciones. En primer lugar, poner profundamente en crisis la representación de literatura argentina que hasta aquí se ha construido desde el campo de la crítica académica: en singular, parametrada desde una región, homogeneizante. En segundo lugar, agregar un elemento de mayor complejidad aun al desmontaje de ese constructo: frente a la decisión teórica de concebirlo en plural (las literaturas de la Argentina), entender que esa pluralidad debe incluir el plurilingüismo y la diglosia.

Partir, entonces, de estos postulados supone enfrentarse a algunas cuestiones teórico-metodológicas a resolver. Por una parte, estas producciones literarias a las que me he referido como bilingües y biculturales ¿deben pensarse como un conjunto en sí mismo, heterodoxo, a hacer dialogar con la literatura “ortodoxa”, canónica, monolingüe? ¿O es necesario, a su vez, no mirarlas desde la homogeneidad supuesta de producciones vinculadas a “lo aborigen”, como si ese campo no fuera en sí mismo ya una diversidad? Si reterriorializamos nuestras literaturas de la Argentina desde un principio, por ejemplo, regionalizador o geocultural, ¿las producciones de nuestros escritores descendientes de diversas etnias, cómo funcionan / integran cada región o geocultura? Por otra parte, las directas vinculaciones de estas oralituras con las culturas de pueblos aborígenes “supranacionales”, ¿cómo las hace funcionar dentro del constructo literatura nacional? ¿Debemos ignorar sus presencias porque nos corren los límites territoriales de nuestro país?

Tal vez se puedan pensar desde la matriz lotmaniana, con la lógica de las semiósferas en donde –tal como ya apuntara unas páginas atrás– la frontera habilita e instala la traducción como mecanismo esencial de la significación. Entonces los diálogos, los cruces, las derivas serán multidireccionales. Creo que necesitamos esbozar respuestas a algunos de estos interrogantes porque esas culturas, esas “lenguas escoradas”[2] (Rojas 2009), olvidadas a la fuerza han decidido no callarse

Bibliografía

Ancalao, L. Mujeres a la intemperie-Pu Zomo Wekuntu Mew. Buenos. Aires, El suri porfiado, 2009.

Bocco, A. “Literatura de fronteras: heterodoxias en la literatura nacional”. Corona Martínez, C. (Directora). Heterodoxias y sincretismos en la literatura argentina, Córdoba, FFyH, 2011, pp. 17-38.

Bocco, A. “Literatura fronteriza: un modo de emergencia de la heterodoxia literaria”. Corona Martínez, C. y Bocco, A. (Comps.). Más allá de la recta vía, Córdoba, Solsona, 2016.

Cebrelli, A. Narrativas, identidades y territorios. Representaciones sociales y comunicación. Salta, CIUNSa, 2011.

Cebrelli, A. y Arancibia, V. “Palabras (entre)cruzadas, imágenes (des)encajadas Regímenes de visibilidad de los Pueblos Originarios de San Martín del Tabacal”, 2012. Bit.ly/2CVFDRF.

Cebrelli, A. y Arancibia, V. “Estudios de Frontera (Primera Parte)”. Cuadernos de Humanidades, N° 29, Facultad de Humanidades, Universidad Nacional de Salta, 2017, pp. 13-16. Bit.ly/2ZudLfi.

Cebrelli, A y Bocco, A. “Estudios de frontera (segunda Parte)”. Cuadernos de Humanidades, n° 29, Facultad de Humanidades, Universidad Nacional de Salta, 2018, pp. 13-18. Bit.ly/31D3hN5.

Corona Martínez, C. (Dir.). Mapas de la heterodoxias en la literatura argentina. Córdoba, Babel, 2013.

Cornejo Polar, A. “La literatura latinoamericana y sus literaturas regionales y nacionales como totalidades contradictorias”. Pizarro, A. (comp.) Hacia una Historia de la Literatura Latinoamericana. México, El Colegio de México, 1987, pp. 123-131.

Cornejo Polar, A. Escribir en el aire. Ensayo sobre la heterogeneidad socio-cultural en las literaturas andinas. Lima, Horizonte, 1994.

Del Campo, V. “Elicura Chichuailaf: en la oralitura habita una visión de mundo”. Aérea, n° 3 Santiago de Chile, 2000, pp. 49 a 59.

Grimson, A. La nación en sus límites. Contrabandistas y exiliados en la frontera Argentina-Brasil. Gedisa, Barcelona, 2003.

Heredia, P. “El corpus de la literatura argentina en las fronteras históricas y culturales del Cono Sur. Interrogantes frente a los procesos de integración regional”. Revista Silabario, año VI, n° 6,  Córdoba, 2003, pp. 95-106.

Heredia, P. “Reflexiones en torno a la crítica literaria argentina en relación con las construcciones identitarias de las Literaturas Nacionales”. Silabario, año VI, n° 6, Córdoba, 2006, pp. 75-88.

Rojas, R. La lengua escorada. La traducción como estrategia de resistencia en cuatro poetas mapuche. Pehuén, Santiago de Chile, 2009.


  1. Como consecuencia de este Plan se promovió, por primera vez, la realización de una Encuesta Complementaria de Pueblos Indígenas.
  2. Rodrigo Rojas reflexiona sobre la poesía mapuche producida en Chile y al trabajar sobre su resistencia al orden monolingüe, plantea que despliega una legua escorada: “esta estrategia consiste en la escritura de una lengua inclinada hacia otra. Esa otra no está presente en la página, no es una lengua ágrafa, sino un idioma olvidado a la fuerza. Mediante palabras incrustadas, sintaxis forzadas o elementos del texto orientados a la representación oral, se está dando peso y forma a un cuerpo ausente, a esa lengua otra, al original inaccesible del cual sólo podemos atisbar fragmentos” (2009: 143).


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