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EL DIARIO

Viernes 23 de Marzo de 1906

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, febrero 22.

 

El proverbio “nadie es profeta en su tierra” ha sido desmentido.

Maurice Barrès[1], el nuevo académico, publicó en su infancia, con otros jovencitos, un periódico que se llamaba “Las manchas de tinta”, en el que se leía: este papel siendo literario no tendrá nada que hacer con el teatro.

Con tal motivo monsieur Jules Claretie[2], lector de las “Taches d’encre[3]“ le hizo esta predicción a su amigo:

“Tome usted nota del nombre de Maurice Barrès, mi profecía es que llegará a ser famoso”.

La vida de Barrès ha sido en otro sentido muy accidentada.

¿La de un hombre feliz?

¡Ay, de mí!, yo no escribiría al dedicarle mi retrato lo que él escribió en el suyo al dedicármelo: “Au général heureux[4]…”.

Su carrera no ha sido solamente literaria, habiéndose mezclado en muchos movimientos políticos: boulangismo[5], nacionalismo, antisemitismo, etc.

Y no le han faltado aventuras tempestuosas.

La turbamulta lo echó una vez abajo del coche en que iba, reduciendo este a pedazos.

Hubo un día en que escribió una carta, que se publicó, declarando que se retiraba para siempre de la política.

Pero a las tres semanas, se presentaba como candidato a una diputación.

Su último libro, “Viaje a Atenas[6]“, está escrito con el vigor de colorido que caracteriza todo lo suyo, lleno de movimiento, y lo transporta al lector encantado a la tierra clásica de Sócrates y Alcibíades. Es un curso de arte helénico.


Un soberano que abdica, que vuelve a la vida privada, después de cuarenta y tres años de labor constante y de haber compuesto en sus horas de ocio cien piezas de teatro es, bien puede decirse, el caso de Sir Francis Burnand[7], el cual en medio de una fuga entusiasta de elogios de todos los colores y matices de un pueblo libre, se retira de la redacción de “Mr. Punch” habiendo siempre estado en contacto con las realidades de la vida, con lo dulce y con lo amargo, con lo que en forma amena contiene profunda sabiduría y conocimiento del corazón humano, del sentimiento popular y de los intereses bien entendidos de la Patria; de suerte que es con razón fundada que el viejo “The Times[8]” dice: Porque “Punch” es una institución nacional”.

De veras que es un ariete como para estimular a los que esgrimen la pluma del gracejo chancero intencionado.


Con el nombre un poco largo de “Ensayo de una Psicología da la Inglaterra contemporánea”[9], monsieur Bardoux[10] acaba de dar a luz un libro, que constituye una contribución importante a la psicología social. Buscar en el carácter del temperamento británico y en la sociedad inglesa, los factores de las crisis belicosas es la esencia de este libro, y su autor ve la evolución de esas crisis, desde luego durante el período de calma pacífica que simboliza Gladstone, después en el despertar combativo” del que la guerra sudafricana es la reciente manifestación. Para llegar a ese doble análisis, monsieur Bardoux, nos da primero una definición psicológica del liberalismo de Cobden y de Stuart Mill, del idealismo de Carlyle, de Ruskin y de Dickens; en seguida un estudio histórico sobre los orígenes de la crisis liberal y del empuje imperialista. Tanto la definición como el estudio, todo el libro, en fin, están llenos de interés para el que quiere conocer bien la Inglaterra, con la que, no me cabe duda, está familiarizado monsieur Bardoux.


Es muy curioso y merece que se lea con atención, ahí, por las gentes trabajadoras para que comparen y no se sientan tan desgraciados. Es muy curioso lo que extracto de un largo memorándum de la señorita Tucker Talk, presidenta de la liga de trabajadoras de Londres. Habla ella:

“Bueno, para dar una idea del irritante escándalo, diré categóricamente que a una gran casa de Londres se le probó con sus propias órdenes escritas, de haber obligado a una obrera a trabajar a deshoras en confeccionar una pollera y un saco”.

“Necesita la autoridad vigilar e intervenir para evitar las multas, las mezquindades, los vejámenes, las arbitrariedades de que son víctimas las obreras. Hay patrones desalmados. Por ejemplo: en una sala en la que trabajan cuatrocientas muchachas (a las que se les hace pagar el gas y hasta el agua y las agujas y el hilo), todavía se les sisa de su salario que no puede ser más módico, ocho chelines por semana, se les sisa de dos peniques semanales por cabeza, costear el cocinero, que gana tres y cuatro libras por semana…”.

“Viene después el lado sanitario de la cuestión. La mala ventilación, que es cosa principal, y a la que el inspector debe prestar gran atención, como así mismo a los accidentes efecto de maquinarias defectuosas…”.

Todo esto y mucho más lo hemos de hacer llegar a oídos del señor ministro, al cual corresponde prestar, por deber y por caridad, amparo a los trabajadores de ambos sexos.


El acontecimiento del día es la Encíclica del Papa[11]. Como todo lo que lleva el sello del Vaticano, el tono es grande, elevado, elocuente y los principios constitutivos de la iglesia están en ella determinados con energía.

El Papa tiene razón de recordar que la iglesia, al través de las edades, ha pasado por crisis más terribles que las de la hora presente y que siempre ha salido victoriosa. La iglesia no es en efecto, solo el cuerpo místico de Cristo; es también una sociedad política y sus jefes, después de haber proclamado y sostenido los principios fundamentales, siempre también o casi siempre han sabido poner la razón práctica al lado de la razón pura. De ahí sus dogmas intactos y su autoridad poderosa. El Papa aconseja a los católicos franceses, por hoy, que tengan moderación.


Días pasados junto con mi sólita petitoria, como diría Cervantes, le mandé a “El Diario” un recorte con el retrato de cierta señorita inglesa, cuyo nombre no recuerdo ya, una monada, un poco sorda, ¡que tiene cien años!

Ahora leo en “Le Petit Journal” esta noticia:

¡¡Ciento diez y nueve años!! La persona de más edad en Alemania y probablemente en todo el continente, es una pobre viuda que habita en Spitzendorf, localidad de la Baja Baviera.

Josefa Eder nació el 19 de marzo de 1787 y está para cumplir 119 años.

Vive con su hija, enferma, que cuenta ochenta y cinco años.

No tienen más fortuna que la caridad pública.

Aunque Salomón haya dicho que el más feliz es aquel que no ha nacido, hay muchos que se miraran en este espejo, acariciando la existencia que, al fin y al cabo, tiene de todo; para muchos solo bueno, satisfacciones.

Por otra parte, no hay mal en esperar, y con Montaigne puedo exclamar (y ustedes también, ¿no es así?): “¡Oh, la valiente facultad! ¡La esperanza, que en un sujeto mortal, va usurpando el infinito, la inmensidad, la eternidad…!”

Como se ve, hasta en esto la Alemania le está sacando la oreja a los ingleses.

¡Cien contra ciento diez y nueve!

Está visto, así como no hay país que posea el secreto de la virtud, tampoco lo hay que pueda decir: aquí se vive más que en otra parte, pues cuando menos piensa la estadística lo rectifica.


Se ha abierto el parlamento inglés ayer con la pompa de siempre y por primera vez se ha visto a un obrero entrar en él, de uniforme lleno de entorchados y galones.

Ya saben ustedes que la victoria electoral de los “liberales” (coalición de radicales, de liberales puros, es decir, viejos “wigs”, de obreros, de semi-socialistas, de irlandeses autonomistas) es tan grande, tan sin precedente que el partido conservador resulta una minoría hasta cierto punto irónica e incomprensible para los que no conozcan muy bien el mecanismo del gobierno inglés; las anomalías de sus constituciones, las rarezas de sus costumbres y las versatilidades del pueblo, que en todas partes se cansa de los “mesmos” y se asusta cuando le presentan el cuadro de que tendrá que pagar la carne y el pan más caros, si bien hallando después la compensación en otras comodidades.

Esa minoría, oposición ahora, gobierno ayer, se roza con otra minoría oposición también, nuevo factor parlamentario, lo que se llama “Labour Party”, por eso dicho que el partido conservador resulta una minoría irónica.

Los que solo vean en lo que está pasando en Inglaterra la superficie de las cosas, no caerán en cuenta; los que a divisar el fondo alcancen estos, descubrirán que durante el gobierno conservador (muy calumniado) se ha venido preparando, lo que llamaré para darles a ustedes una idea en una frase: una revolución pacífica que le ha dado ser a un nuevo universo político.


¿Dónde se detendrá el movimiento de esa revolución que hiere tantos intereses a morales, materiales, tradiciones, creencias, usos, costumbres, preocupaciones (son una fuerza también), dónde? ¿Dónde está la hija de Priam? Se necesitaría una linterna perfeccionada de Diógenes para poder decir Casandra se contiene en este otro nombre.

Los tiempos llegarán; inter no llegan vean ustedes cómo se expresan las “Mujeres de la Unión Social y Política[12]” que quieren que se les conceda el sufragio activo, votar en las elecciones de diputados.

Vamos a obtener franquicia y nada nos detendrá, ha declarado la señorita Kenney, organizadora de la liga. Sin nosotras no habrá ya elecciones. Estamos dispuestas a sacrificar la vida para conseguirlo.


El yanqui (así escriben los españoles) de mi libro consabido[13] dice:

“No basta estar en regla en este mundo, es menester parecerlo también, porque dos tercios del éxito consiste en hacer que la gente piense que uno está en regla.”

Por consiguiente, nuestra conducta debe ser como la de todo el mundo, aunque seamos una excepción.

Que aproveche la filosofía del yanqui.


  1. Auguste-Maurice Barrès (Charmes-sur-Moselle, 1862 – Neuilly-sur-Seine, 1923) fue un escritor, político y publicista francés, hispanófilo, nacionalista, simbolista y, según algunos autores (Poliakov 2003 y Payne 1995), antisemita. Mansilla lo admira y lo menciona varias veces: tanto en sus páginas breves como en su ensayo Un país sin ciudadanos (1907). Desde 1906 y hasta su muerte formó parte de la Academia Francesa. Entre sus obras, cabe mencionar: Un hombre libre (1889), El jardín de Berenice (1891), Colette Baudoche (1909). (Extractado de VIAF: https://rb.gy/ymvgzp).
  2. Jules Arsène Arnaud Claretie (Limoges, 1840-1913) fue un novelista, dramaturgo, periodista y cronista de la vida parisina. Posteriormente fue director del Théâtre Français. El género en el que más se desarrolló fue la dramaturgia, como crítico de teatro de los diarios Le Figaro y Opinion Nationale y Journal des Voyages y como director del Théâtre Français. En 1888, fue elegido miembro de la Academia francesa. Es autor de unas ochenta piezas teatrales. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/95172612).
  3. “Manchas de tinta”.
  4. “Al general feliz”.
  5. El boulangismo fue un movimiento político francés de extrema derecha de finales del siglo XIX (1886-1891) que se opuso fuertemente al gobierno constituido como la Tercera República. Su nombre deriva del general Georges Boulanger, militar que se convirtió en ministro de Guerra, alcanzó gran popularidad por sus reformas e inquietó al Gobierno por sus discursos bélicos. El Gobierno lo depuso de su cargo de ministro de Guerra en 1889 y Boulanger le declaró la lucha a la Tercera República. Boulanger se volvió el portavoz de los grupos descontentos de la sociedad. Formó una coalición de grupos heterogéneos bajo la bandera de un nacionalismo fanático y de su persona. Para evitar que Boulanger llegara legalmente al poder, el Gobierno modificó el derecho electoral e inició un proceso jurídico en contra de Boulanger y sus seguidores. Ante esta situación, Boulanger huyó a Bélgica y el movimiento, privado de su líder, se desmoronó. Posteriormente, en 1891, Boulanger se suicidó. (Extractado de “Boulangisme”: https://rb.gy/8jcigx).
  6. Mansilla se refiere aquí a Le voyage de Sparta (1906), disponible en línea: https://rb.gy/h61yc9.
  7. Sir Francis Cowley Burnand (1836–1917), más conocido como F. C. Burnand, fue un escritor humorístico y comediante inglés, redactor de varias columnas cómicas en periódicos de la segunda mitad del siglo XIX. Además de varias piezas teatrales cómicas, creó la columna titulada “Happy Thoughts” para la revista Punch. (Extractado de VIAF: https://viaf.org/viaf/69306947/).
  8. Ver nota al pie de la PB.08.03.06 o índice onomástico.
  9. Tal vez Mansilla se esté refiriendo al ensayo titulado Angleterre et France: leurs politiques étrangères, essai d’une définition psychologique, el único de los hallados bajo este autor que presenta cierta afinidad temática con el título citado aquí.
  10. Jacques Bardoux (1874 –1959) fue un político francés que ocupó cargos públicos a partir de la década de 1930. Fue editor del Bulletin de la société d’études et d’information, junto con Émile Mireaux, y miembro del senado francés entre 1938 y 1944. En sus años de juventud (principios del siglo XX) escribió una tesis sobre Inlgaterra (probablemente se trate del texto citado aquí) y fue columnista de política exterior en el Journal des Débats. (Extractado de https://rb.gy/vsdvbi).
  11. Gravissimo Officii Munere (Gravísimo deber) fue la encíclica que el papa Pío X publicó el 10 de agosto de 1906, en la que reacciona en defensa de la Iglesia Católica y de sus bienes, tras la promulgación de la Ley de 1905 de separación de la Iglesia y el Estado. Dicha ley de laicidad establecía, entre otras cosas, que los bienes de la Iglesia pasarían a manos de las asociaciones cultuales (de culto) que pudieran establecerse o, caso contrario, a dominio público. Esto implicaba una repartición patrimonial a la que la Iglesia se resistió fuertemente. (Extractado y adaptado de: https://rb.gy/mzrqt7).
  12. La Women´s Social and Political Union fue un hito en la lucha de las mujeres por el voto femenino. La importancia histórica de sus gestiones y su legado, junto con algunas fotos de época, pueden recorrerse en: https://rb.gy/cujxlj.
  13. Se refiere al libro (ya citado en la PB.10.02.06 y en otras) de Lorimer, George Horace. Letters from a self-made merchant to his son being the letters written by John Graham … Boston: Small and Maynard, 1905.


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