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EL DIARIO

Miércoles 23 de Mayo de 1906

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, abril 26.

 

Conversemos hoy con un paisano que, con título archicriollo, ha tenido la bondad de mandarme sus “Cardos[1]”.

En otro tiempo los cardales eran guarida de malhechores.

Vemos, pues, qué desaguisados literarios se contienen, o pueden contenerse, en las páginas de Vicente Rossi[2], que es el autor de la referencia, cordobés o radicado en la docta Córdoba.

Responderé así a su deseo de conocer mi opinión, que, estando lejos, ha de tener poco peso.

En cambio de ello, o en compensación, ya tenía el joven literato el juicio crítico, en extremo lisonjero, del escritor L. Abeille.

Dice este: “Acabo de leer esas cien páginas en las que hay de todo, cuentos, anécdotas, descripciones, imágenes, poesías, pensamientos, siluetas, epopeya, todo perfectamente puesto en relieve”.

Después de esto yo no sé qué más puede apetecer una pluma novel.

Semejante estímulo es como para infundirle bríos, al más temeroso del qué dirán los aristarcos.

Por mi parte me reduciré a una fórmula, no siendo mi cuerda buscarle tres pies al gato. Pueden ustedes leer: que no me place desviar a alma viviente del sendero color de rosa de sus ilusiones.

Agregaré que si “Cardos” se hacen leer (son solo cien páginas), reza con ellos el dicho de Boileau[3]: todos los géneros son buenos menos el género fastidioso.

Esto no implica, absolutamente, que un libro siendo un mecanismo no contenga algo que debió omitirse y no poco que debió consignarse.

En otro tiempo los que escribían eran selección; ahora son colección, de ahí que lo que tenemos en cantidad deje que desear en calidad.

Y escribir bien continúa siendo lo que siempre será: un arte excelso por excelencia, que producirá no obstante más albañiles que arquitectos.

Así hemos llegado en el “processus” a confundir hasta hacerlas sinónimas dos palabras, escritor y literato[4].

El literato es siempre escritor y el escritor no es siempre literato.

Cuando digo escritor no me refiero a los plumistas galopantes.

Alberdi, como nuestro Vicente Fidel López, fue literato de vasta erudición. Juan María Gutiérrez era literato y José María Gutiérrez[5] escritor, Avellaneda y José Manuel Estrada[6] eran literatos, Florencio Varela[7], Cané padre[8] e hijo fueron literatos, Héctor Varela[9], Nicolás Calvo[10] y Federico de la Barra[11] fueron escritores espontáneos, galanos, incisivos y fecundos, muy representativos en su momento[12].

Con lo enunciado basta. Queda bien acentuado, me parece, el matiz, marcada la diferencia que hay entre escritor y literato. Y puesto que de escritores argentinos he hablado no quiero dejar de recordar un nombre ya olvidado (olvidamos ahí muy pronto, sobre todo a los del interior que en el interior se mueren). Me estoy refiriendo a don Pepe Posse[13], así le llamaban, que en Tucumán, tierra de fecundidad intelectual, vio la luz, que fue escritor exquisito, crítico fino, polemista temible, y que, si no hubiera amado tanto el dolce far niente” habría podido ser un Sarmiento; y no digo un Mitre porque su temperamento de pensador tenía más contactos con el romanticismo histórico del autor inmortal del “Facundo” que con la flema analítica del autor de “Belgrano[14]”.

De las observaciones precedentes no fluye que todas son flores en materia de cosa manuscrita, o impresa.

En ambos hemisferios los productores pululan, siendo a veces muy fastidiosos los literatos, muy divertidos los escritores y viceversa.

En cuanto a la utilidad de los aburridos a más de que sirven para ejercitar la paciencia (sin la cual no se arriba al conocimiento más o menos imperfecto de cosa alguna), tenga el lector presente el dicho de Emerson[15] que, traducido aproximadamente, en un inglés endiablado, dice así: “la Naturaleza es como un buen trapero que recoge y aprovecha todo remiendo, y retazo para nuevas creaciones”.

Pero vamos a “Cardos” que son diez y nueve cuadros descriptivos, en algunos de los cuales la demasiada luz ofusca.

Este ensayo no se resume, sería describir lo descrito: ni se le comenta tampoco; se le juzga y fecho se le dice al autor, repitiendo a L. Abeille: “¡siempre adelante!”

Ahora, permítame el crítico, juez de “Cardos” algunas observaciones someras, superficiales.

Dice él: “No nos preocupemos de las gramáticas basadas en sutilidades y escuchemos la lingüística, basada en la ciencia, en la sociología, en la historia”.

Es un modo de hablar erudito, que algunos aprovechando de lo que se le alcance, interpretará quizá así: “que si él habla 1a lengua castellana, yo hablo la lengua que me da la gana”.

Dejemos, sí, las gramáticas de lado. Un instante, sólo uno, ocupémonos de los vocablos líquidos.

Conforme con que “cuando no progresa un pueblo no necesita neologismos”.

Entendámonos, empero; es decir, no confundamos neologismos con solecismo.

No tomemos del extranjero idioma lo que ya tenemos y adecuado al genio de la lengua nativa y a su etimología.

No podemos reducir la cuestión a hacernos entender.

Si yo escribo lo que sigue todos me entenderán. Los que estén algo versados en lingüística dirán, eso no es ortografía ni española ni americana del Sur.

A ver:

La boz del animal se yama grito o kanto, en espezial si es de algún abe; ke, unas mas fuerte i otras más suabe, todas tienen el suyo, feo o bonito. Los pajariyos kantan y gorjean, los gorriones y poyos piopian; las perdizes, kantando, kuchichian; las gayinas, si ponen kakarëan.

Que pueblos del mismo origen no realicen la ley física de los cuerpos que electrizados en el mismo sentido se repelen, sino que realicen la de las afinidades selectivas se comprende, y entonces nada más natural que unos y otros se tomen algo.

Los españoles nos han dado su magnífica lengua vieja (y nos siguen dando ejemplos como los de un D. Juan Valera[16] y otros); nosotros les damos a ellos nuestros modismos, nuestros americanismos, y algunos verbos cómodos, verbigracia “presupuestar”.

Yo, ahora mismo, un poco más arriba pude emplear la palabra “zambardo” que no es castiza; pero que ya está en el diccionario de Zerolo[17], como muy bueno, y que es sonora.

Entre ingleses y americanos del Norte pasa idéntica cosa, bien entendido que los primeros no aceptan todo lo yanqui al tuntún.

A la hora de estar en Inglaterra protestan con excelentes razones irrefutables, a mi entender filológico, sobre los vocablos americanos del Norte “electrocute y “electrocution”, que algunos sin severamente puristas califican de “monstruosos” proponiendo en cambio “electrocide” o mejor que esto “electricide”.

Niegan estos, y en eso se fundan, que etimológicamente puedan significar las palabras testadas una persona o un agente que mata por “electrum”.

Se puede ser tolerante con la ortografía. Yo he conocido (entre ellos a un cierto Lucio V. Mansilla), escritores que de vez en cuando trocaban los frenos, y otros, pensadores intensos, sabios en derecho que, como Vélez Sarsfield[18], a cada paso confundían unas letras con otras. Por eso todas las buenas imprentas tienen un corrector “probo”, que rectifica los entuertos de letras y sintaxis.

Hay en todas las lenguas palabras que se hacen mundiales: record, sport, Lloyd, élite, pedigree, toilette, saudades, cicerone, soirée, débacle, débris, dilettante, season, bluff entrainer, entrainement, villa, chalet, chaperon, dock, corso e recorso, “gusto” (que los ingleses usan mucho) para sólo citar unas pocas.

Lo que en España no admiten, ni pueden admitir ni deben admitir son nuestros barbarismos como verbigracia “materia prima” por primera materia (prima y primera son cosas distintas), ni adjetivos como este que leo en “Cardos”: “brilloso” en vez de brillante (a qué seguir la enumeración); ni modismos como este que hallo en una revista científica “y si podemos “pasarnos” de esa primera etapa”, modismo que es un galicismo, que huele a plagio.

Las lenguas tienen una configuración, una estructura. Llenarlas de voces extrañas, raras, antojadizas, inventadas (habiendo otras preexistentes) es como agregarle pegotes caprichosos al dibujo de un estilo u orden arquitectónico cualquiera; sin hablar, protestan contra semejantes zarandajas.


Infinitas gracias le envío a la persona que se ha acordado de mí, tomándose la molestia de remitirme los “Ecos de las Mercedes”[19].

La propiedad en las expresiones es, valiéndome de otra figura, una exigencia de la armonía literaria.

Hacía mucho tiempo que no me caía a las manos lectura tan interesante bajo el triple aspecto científico, humanitario, y, de un modo reflejo, patriótico, pues, a no dudarlo, un país que estos productos da camina con paso firme, agigantado por la senda del progreso.

Se dice que la mencionada Revista es escrita por… no quiero atenuar la expresión, empleando otra técnica… se dice que es escrita por “locos”.

Conozco algunas revistas en ambos hemisferios, escritas por cuerdos que, francamente, no me parecen tan sensatas como esta que en estilo desgreñado consigna una porción notable de pensamientos profundos.

Es cosa de desear ser loco de verdad.

¡Qué intensidad en la intención sencilla, mordaz, burlona o de protesta, rebelión!

Decididamente Pascal, ese genio admirable, que hacía geometría instintivamente, dijo una verdad incontestable como un axioma: que “los hombres son tan necesariamente locos que sería ser loco por otro giro de locura el no ser loco”.

Y con esto mis parabienes desde lo más hondo, al director (¿cuerdo?) de los “Ecos de las Mercedes”.

Su obra buena le valdrá merced en otro mundo.


Estando para funcionar nuestro Congreso puede no estar de más este dato sobre los inclinados a hacerlo funcionar sin hueso.

En el Reichstag[20] alemán, en ochenta y cinco sesiones, se han pronunciado discursos que ocupan 5314 columnas in folio. He aquí el orden en que vienen los partidos:

Los socialistas ocupan 1157 columnas

El centro 595.

Los nacionalistas liberales 467.

Los liberales demócratas 421.

Los antisemitas 334.

La Unión liberal 290.

Los conservadores 215.

El partido del Imperio 207.

Los polacos 63.

Los otros grupos (alsacianos, güelfos, dinamarqueses) 38.

El récord le corresponde a Bebel[21], cuyos discursos ocupan 237 columnas.

El diputado del centro, Erzberger[22], le sigue con 209 columnas.

¿Dirán después que los latinos somos charlatanes?


Una coincidencia.

Escrito los parágrafos anteriores y como quien se detiene para tomar aliento leo en las “Varietés” del “Journal des Debats[23]” un artículo del doctor G. Daremberg[24] en el que, a propósito de un libro ilustrado del doctor Galippe[25] titulado “L’Heredité des stigmates de dégénérescence et les familles Souveraines[26]”, escribe esto: Tenemos entonces que entendernos sobre el valor del término “degenerado”. Mr. Galippe en la página 45 de su hermoso libro nos dice que la palabra “degenerado” no implica fatalmente la idea de decadencia física y mental. Todos los grandes hombres han sido degenerados superiores, es decir que han presentado una preponderancia exagerada en alguna o varias de sus facultades intelectuales. Sócrates, Pascal, Descartes, según Lelu y Galippe, han sido degenerados superiores. Procuremos entonces el ser degenerados superiores (no sé qué pensará mi amigo Ramos Mejía), puesto que los hombres absolutamente normales solo sirven para ser buenos porteros (aunque no tengan sentido común, como el gallego del doctor Lahitte, de mi “causerie” de marras), o excelentes dependientes.

Cultivemos por consiguiente, sería la consecuencia, el pequeño granito de locura que se transformará quizá en flor de genio. ¿Cuántos genios embotellados habrá en el asilo? Solo Dios lo sabe.


Un historiador que se corrige, me refiero a Agustin Filon[27].

Dice: “Me han señalado un error asaz cómico que he cometido en uno de mis folletines sobre el “ministerio de Edwin Drood”. Lo hago morir a Charles Dickens en un chalet en “Suiza”, pero ese chalet estaba construido en el jardín de casa de Gadshill, cerca de Rochester. La carta que recibo, y que explica mi zambardo, está escrita en muy buen francés y proviene de un pariente cercano del ilustre escritor.

Pastor S. Obligado[28] en su excelente repertorio la “Tradición Nacional” tan informativo, dice, escribiendo sobre la batalla de Obligado (20 de noviembre de 1845), que en ella fue derribado por un terronazo que lo dejó sin sentido el general Mansilla[29] (el otro más viejo que este), lo cual no es exacto.

Fue derribado por una gruesa bala de hierro fría llamada “biscaïen”.

Está en el Museo Histórico en una caja de plata esférica.

Alguna vez referiré algo, que con ello se relaciona.

Hoy por hoy me despido de Vds. pensando: si Agustín Filon se ha corregido, ¿por qué no enmendaría su plana histórica, muy animada por otra parte, Pastor S. Obligado?

 

***

 

P. D. Tengan paciencia Zuviría, Onrubia[30], el autor de “mi porta munición” y otros a quienes ya les llegará su día.


  1. Rossi, Vicente. Cardos. Córdoba: Imprenta Argentina, 1905.
  2. Vicente Rossi (Santa Lucía, 1871–Córdoba, 1945) fue un periodista, escritor y editor nacido en Uruguay y residente en Córdoba desde 1898, donde pasó el resto de su vida. En 1904 fundó la Imprenta Argentina, usina de ediciones indeleblemente inscripta en el origen de la actividad editorial cordobesa. A través de ella, Vicente Rossi dio a conocer a una generación entera de intelectos locales como Arturo Capdevila, Raúl y Arturo Orgaz, Martín Gil, Enrique Martínez Paz, Ignacio Ferrer, Dardo Rietti, Justino César, Leopoldo Velasco, Carlos R. Melo, entre otros. La Imprenta Argentina era además foco de encuentros que mantenían viva parte de la vida pensante progresista, a una década de comenzado el siglo. Su primer libro fue Cardos, una serie de relatos gauchescos editado en 1905. Entre 1907 y 1910 publicó en una revista porteña una serie de cuentos que firmó con el seudónimo William Wilson -homenaje explícito a Edgar Allan Poe- y que reunió luego y editó con el título de Casos policiales, en 1912. Esa publicación supuso un temprano antecedente de la narración policial detectivesca en la Argentina, que seguía los modelos de Poe y de Arthur Conan Dolyle. En 1910 dio a luz sus ensayos sobre Teatro Nacional Rioplatense, contribución al análisis y a la historia del género dramático de esa región cultural. En 1917 comenzó a publicar una serie de cuadernillos sobre temas filológicos e idiomáticos, los Folletos lenguaraces, que aparecieron hasta 1945. Fueron la tribuna del autor para opinar y arremeter contra el academicismo. Rossi se preocupaba por resaltar la lengua popular viva, el cocoliche inmigrante, el habla del criollo, del negro y del indio. Su obra más renombrada y también ignorada o fue Cosas de negros, de 1926, en la que propone la tesis –aún vigente–del origen afro del tango y de la milonga (puede leerse en línea: https://archive.org/details/VicenteRossi1958CosasDeNegros). (Extractado de Ramés, Víctor. “Nos vemos en la imprenta de Vicente Rossi”, Diario Alfil, 8 de julio de 2015. (En línea: https://bit.ly/32fzqdv). (En VIAF: http://viaf.org/viaf/261608668).
  3. Ver nota al pie 13 de PB.12.01.06 o índice onomástico.
  4. Sandra Contreras, en su artículo “Lucio V. Mansilla, ¿literato?” (Anclajes, vol. XXIII, n.° 1, enero-abril 2019, pp. 1-17), comenta esta reflexión de Mansilla en torno a los literatos y los escritores: “En ´Páginas breves´, la columna con la que colabora semanalmente en El Diario entre 1906 y 1911, un Mansilla que comienza a registrar –tardíamente– los efectos de la democratización en la escritura y que señala –aunque sin mayor alarma– que “vivimos en una época” en la que “son raros los que no se consideran aptos para escribir sobre cualquier cosa en cualquier forma”, se vuelve proclive también a distinguir entre “escritor y literato”. El literato, dice Mansilla en la columna del 23 de mayo de 1906, siempre es escritor, mientras que el escritor no siempre es literato” (p.7).
  5. José María Gutiérrez (Buenos Aires, 1831–Buenos Aires, 1903) fue un educador, editor y político argentino, que ejerció como Ministro de Justicia e Instrucción Pública de la Nación durante las presidencias de Nicolás Avellaneda y Carlos Pellegrini. Por los datos biográficos que pudimos hallar hasta ahora, no parece haberse dedicado a la literatura. Quizás Mansilla lo confunde con Ricardo Gutiérrez (1838-1896) o, más probablemente, con Tomás Gutiérrez (1839-1881), autor de las novelas sentimentales de folletín Carlota o la hija del pescador (1858). Sobre este último, ver Molina (2011), p.416. (En VIAF: http://viaf.org/viaf/46434978).
  6. José Manuel Estrada (Buenos Aires, 1842 – Asunción, 1894) fue un profesor, escritor y político argentino, representante del pensamiento católico. Entre sus obras, cabe mencionar: El génesis de nuestra raza (1861), El catolicismo y la democracia (1862), Ensayo histórico sobre la revolución de los comuneros del Paraguay en el siglo XVIII (1865). Fue, junto con Mansilla, el promotor del Círculo Literario. (Extractado de Bruno, Paula. «El Círculo Literario (1864-1866): un espacio de conciliación de intereses». Prismas 16.2. (2012): 167-170. En línea: https://bit.ly/32e5ApH). (En VIAF: http://viaf.org/viaf/70321823).
  7. Florencio Varela (Buenos Aires, Virreinato del Río de la Plata, 1807-Montevideo, 1848) fue un escritor, editor, periodista y político argentino radicado tempranamente en Uruguay, a raíz de la enemistad de su familia con el gobierno de Rosas. Hermano menor del poeta Juan Cruz Varela, considerado epítome de la poesía clasicista del Río de la Plata. Ferviente unitario, fue miembro de la Asociación de Mayo formada por la generación del 37. Fundó en 1845 el periódico El Comercio del Plata, desde donde presentó batalla al gobierno federal. Fue asesinado por los hombres de Oribe en Montevideo en 1848. En 1859 se publicaron sus Escritos Políticos, Económicos y Literarios. En 1974 y 1975 la Revista Histórica del Museo Histórico del Uruguay publicó el Diario de viaje a Inglaterra y Francia en 1843 y 1844, que había permanecido inédito hasta ese momento en que el historiador Félix Weinberg lo editó con un valioso estudio introductorio. Sostuvo una intensa correspondencia amistosa con Juan María Gutiérrez (que abordé en mi artículo “Un corazón porteño….”,https://bit.ly/3k8pwkh). En VIAF: http://viaf.org/viaf/11867966).
  8. Ver nota al pie de la PB.10.01.06 o índice onomástico.
  9. Ver nota al pie de la PB.30.04.06 o índice onomástico.
  10. Nicolás Antonio Calvo (Buenos Aires, 1817–París, 1893) fue un jurista, político, diplomático y periodista argentino, que se destacó como líder del partido federal en el Estado de Buenos Aires –durante la década de 1850– y partidario de la reunificación de éste con la Confederación Argentina. Publicó en vida su epistolario, bajo el título Colección de las interesantes cartas de Nicolás A. Calvo. Buenos Aires: Imprenta El Siglo, 1879. (Extractado de Academia Argentina de Letras, en línea: https://bit.ly/2ZnPWX2). (En VIAF: http://viaf.org/viaf/35859789).
  11. Federico de la Barra (1818-1897), padre de la escritora Emma de la Barra, es autor de las obras: Narraciones (1845-1847), La comunidad de San Carlos y sus detractores (1867), La vida de un traidor: Justo José de Urquiza (publicada post-mortem, en 1915). (Extractado de WorldCat: shorturl.at/hJRS4). (En VIAF: http://viaf.org/viaf/280936404).
  12. Para las notas de este párrafo nos hemos regido con el criterio –común a la anotación de todas las Páginas Breves– de aclarar datos bio-bibliográficos mínimos sólo de aquellos autores que consideramos probablemente desconocidos para nuestro lectorado. De este modo, omitimos las notas al pie sobre personajes canónicos como, en el caso de este párrafo, Alberdi, Miguel Cané hijo y Juan María Gutiérrez.
  13. José Posse (San Miguel de Tucumán, 1816 – ídem, 1906) fue un periodista y político argentino, gobernador de la provincia de Tucumán entre 1864 y 1866. Fundó y dirigió varios periódicos, entre ellos, El Nacionalista, en 1869; La Libertad, en 1872; La Razón, en 1873. Más tarde fue director y redactor de El Orden, en 1884, y Tucumán Literario cuatro años más tarde. Gran amigo y defensor acérrimo de Sarmiento, las cartas intercambiadas entre ambos fueron recopiladas en el libro Correspondencia Sarmiento-Posse, 1845-1888. Buenos Aires: Ed. Museo Histórico Sarmiento, 1946). (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/50287601).
  14. Mitre, Bartolomé. Historia de Belgrano y de la Independencia argentina. Buenos Aires: Imprenta de la Juventud Argentina, 1857.
  15. Ralph Waldo Emerson (Boston, 1803–Concord, 1882) fue un escritor, filósofo y poeta estadounidense. Líder del movimiento del trascendentalismo a principios del siglo XIX, sus ideas contribuyeron al desarrollo del movimiento del «Nuevo Pensamiento», a mediados del siglo XIX. Era profundamente antiesclavista y tenía una idea inmanente de la religión. Entre sus obras más importantes, se cuentan: The Transcendentalist (1841), Lecture on the Times (1841), Man the Reformer (1841), The Method of Nature (1841), The Transcendentalist (1842), The Young American (1844). (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/27079964).
  16. Juan Valera y Alcalá-Galiano (Cabra, Andalucía, 1824–Madrid, 1905) fue un escritor, diplomático y político español, autor de una obra extensísima en diversos géneros literarios: epistolar, periodístico, crítica literaria, poesía, teatro, cuento y novela. Aunque su novela más conocida hoy es Pepita Jiménez (1874), cabe señalar que sus obras completas ocupan 53 volúmenes (editadas en Madrid: Imprenta Librería Alemana [Carmen Valera y Sánchez Ocaña], 1905-1935). Otras novelas que han tenido gran repercusión fueron: Las ilusiones del doctor Faustino (1875), El comendador Mendoza (1877) y Un poco de crematística (1877). (Extractado de Hurtado, Antonio Moreno “Don Juan Valera y su relación con las literaturas extranjeras”, 2015. En línea: shorturl.at/oxQ46). En VIAF: http://viaf.org/viaf/46770556).
  17. Diccionario enciclopédico de la lengua castellana. Contiene las voces, frases, refranes y locuciones de uso corriente en España y América, las formas desusadas que se hallan en autores clásicos y la gramática y sinonimia del idioma, todo ilustrado con ejemplos y citas de escritores antiguos y modernos; la biografía de los hombres que más se han distinguido en todos los tiempos, la geografía universal, la historia, la mitología, etc., etc., 2 t. París: Garnier Hermanos, 1895. Explica el lexicógrafo Manuel Alvar Ezquerra: “A finales del siglo xix se publica el Diccionario enciclopédico de la lengua castellana (1895) del canario Elías Zerolo, del granadino Miguel de Toro y Gómez y del colombiano Emiliano Isaza, que contaron con algunos colaboradores. Su punto de partida es la edición inmediatamente anterior del publicado por la Academia. Son nuevos los numerosos nombres propios que confieren a la obra el carácter de enciclopédico, junto a las frecuentes voces de los ámbitos científicos y técnicos, así como voces regionales, especialmente de América, cuya fuente es el diccionario de Salvá publicado pocos años antes por la misma casa editorial. También emplearon otras obras lexicográficas, tanto americanas como de este lado del Atlántico” (15). (Alvar Ezquerra, Manuel. “El Diccionario enciclopédico de la lengua castellana de E. Zerolo, M. de Toro y Gómez y E. Isaza, y su versión extractada”. Revista de Filología, 36; marzo 2018, 15-33. En línea: shorturl.at/bho18).
  18. Dámaso Simón Dalmacio Vélez Sarsfield (Amboy, 1800 – Buenos Aires, 1875) fue un abogado y político argentino, autor del Código Civil de Argentina de 1869, vigente hasta 2015. (Extractado del sitio de la Universidad Nacional de Río Cuarto. En línea: https://www.unrc.edu.ar/unrc/n_comp.cdc?nota=23774 ). (En VIAF: http://viaf.org/viaf/76700076).
  19. “En el mes de septiembre de 1905, el periódico Ecos de las Mercedes presentó su primer número entre los medios gráficos argentinos. En aquel año, 1905, ejercía la dirección del Hospicio de las Mercedes –hoy Hospital Municipal “Dr. José Tiburcio Borda”– el Dr. Domingo Cabred, quien desempeñó el cargo entre los años 1892 y 1922. Fue Cabred el gestor y propulsor de esta publicación. […] Ecos de las Mercedes era un periódico con formato de revista de un tamaño de 18 por 26.5 centímetros aproximadamente, conteniendo alrededor de 14 páginas por número. […]. Su tirada en los años 1905 y 1906 no excedió los 600 ejemplares, siendo de 500 ejemplares la tirada habitual. Se editó con regularidad hasta los comienzos del año 1907”. (Extractado del sitio Temas de Historia de la Psiquiatría Argentina. En línea: shorturl.at/djFMT).
  20. “Parlamento”.
  21. Ver nota al pie de PB.27.03.06 o índice onomástico.
  22. Erzberger, Matthias (Württemberg, 1875 – Schwartzwald, 1921) fue un político central alemán recordado por sus demandas de paz durante la Primera Guerra Mundial y por servir como signatario alemán del armisticio de Compiègne que puso fin a la guerra. Fue asesinado por la organización terrorista de extrema derecha llamada “Organización Cónsul”. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/14927251).
  23. Le Journal des Debats es un periódico francés publicado entre 1789 y 1944 (con algunos cambios de título). Entre sus colaboradores, se cuentan Victor Hugo, Eugène Sue, Hyppolite Taine y Julio Verne. Sus archivos están disponibles en línea en el sitio de Gallica: https://bit.ly/33iiRgw).
  24. Daremberg, Georges (1850-1906) fue un médico francés especializado en tuberculosis. Miembro de la Academia de Medicina de Francia y asiduo colaborador del Journal des Debats. Entre sus estudios, se cuentan: De l’évolution variable de la tuberculose expérimentale y Du traitement hygiénique de la tuberculose et spécialement de la cure à l’air et au repos. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/7147213).
  25. Victor Galippe (1848-1922), fue un microbiólogo francés especializado en higiene dental. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/27854580).
  26. Galippe, Victor. L’Heredité des stigmates de dégénérescence et les familles Souveraines. Paris: Masson, 1905. (Disponible en línea: https://bit.ly/2Fg8iSY).
  27. Pierre Marie Augustin Filon (1841–1916) fue un profesor francés de retórica y autor de numerosas obras de ficción y de libros sobre política inglesa contemporánea. Entre sus obras, se cuentan: Prosper Mérimée (1894), Le Théâtre anglais (1896), Sous la tyrannie (1900), La Caricature en Angleterre (1902). (Extractado y traducido de Encyclopædia Britannica. En línea: https://bit.ly/3bJNz5O). (En VIAF: http://viaf.org/viaf/103210965).
  28. Pastor Servando Obligado (1841–1924) fue un escritor, abogado y militar argentino. Fue hijo de Pastor Obligado, primer Gobernador constitucional de la Provincia de Buenos Aires. De joven, fue militar: en septiembre de 1861 luchó en la batalla de Pavón y participó más tarde, como capitán, en la Guerra de la Triple Alianza. Entre 1888 y 1920 publicó Tradiciones de Buenos Aires, Tradiciones y recuerdos y Tradiciones argentinas. Estas obras reúnen gran cantidad de anécdotas y relatos que recogen las costumbres de la vida cotidiana de la época. Además de estos libros también escribió en La Revista de Buenos Aires, Correo de Ultramar, Atlántida, Caras y Caretas, La Nación, La República, El Nacional, La Tribuna y La Razón. En 1937 su fondo documental fue donado a la Biblioteca Nacional junto a una gran cantidad de libros y folletos que se encuentran integrados en las colecciones de Libros y Tesoro de la Biblioteca Nacional. Pueden consultarse en: https://bit.ly/2Zqk4RK. (Extractado de VIAF: https://viaf.org/viaf/60506579/).
  29. Lucio Norberto Mansilla (Buenos Aires, 4 de marzo de 1792 – Buenos Aires, 10 de abril de 1871), padre de los escritores Lucio Victorio y de Eduarda Mansilla de García (entre otros hijos), fue un militar y político argentino que participó en la guerra de independencia, la Guerra del Brasil y en la Batalla de la Vuelta de Obligado. (Extractado y adaptado de VIAF: http://viaf.org/viaf/63070871).
  30. Emilio Onrubia (Paraná, 1849 – Buenos Aires, 1907) fue un periodista, militar, novelista y autor de teatro argentino. Abuelo de la escritora anarquista Salvadora Medina Onrubia y autor, entre otras obras, de las piezas teatrales: La copa de hiel (1885), El Demócrata (1885), Sin horizonte (1889), El Payador (1900). Extractado de Pellettieri, Osvaldo. Historia del teatro argentino en Buenos Aires: La emancipación cultural (1884-1930). Buenos Aires: Galerna, 2002. En línea: https://bit.ly/2RggQvw.


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