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EL DIARIO

Viernes 6 de Abril de 1906

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, marzo 7.

 

En un pequeño volumen muy nutrido, muy comprensivo, muy neto, monsieur George Moreau[1] nos acaba de trasmitir sus impresiones de viaje por los Estados Unidos.

El título es ya de suyo sugestivo, sugerente, como Uds. gusten: “L’envers des Etats Unis[2]“. Léase: el reverso de la medalla de un gran país lleno de lacras, con negros, con vastos territorios ocupados aún por indios, territorios codiciados por compañías financieras, organizadas al efecto, con gobiernos locales y un gobierno federal que, sea cual sea la moral de los individuos, están muy lejos de ser recomendables; en otros términos de un gran país, que es generalmente conocido por las descripciones de un lirismo convencional o por las críticas caricaturescas que la práctica eminentemente americana del “bluff” ha inspirado al escepticismo muy avisado de algunos observadores.

Monsieur Moreau, nos dice, al fin, toda la verdad desnuda sobre este pueblo, que no es tan joven como parece, y que con cierta ligereza ha sido comparado a los romanos.

Monsieur Moreau, con lentes que no son los de Tocqueville ni los de Laboulaye[3], ha estudiado la constitución el suelo en que se mueve la inquieta ambición del “Uncle Sam”, las fórmulas que dirigen los más mínimos actos de los yanquis –o yankees, otra vez, como ustedes quieran–, los elementos que forman su personalidad social, las probabilidades que apoyan sus esfuerzos en el próximo e inevitable entrevero (melée) de los intereses.

Monsieur Moreau cree que el coloso tiene pies de barro y que sus peores enemigos están dentro de él mismo.

El alcoholismo, la invasión de sangre africana, la venalidad electoral, el exceso de producción industrial (ojo), los excesos del imperialismo con la reacción lo que no dejarán de provocar la rivalidad latente entre estados reunidos por un vínculo artificial, he ahí según monsieur Moreau no pocas defectuosidades de causas visibles de debilidad.

Monsieur Moreau va hasta decir que es permitido deducir, de todo lo anotado, que el gran imperio, desmembrándose, se dislocará tarde o temprano en varias partes, las cuales partes serán convertidas por la inquietud de su defensa al sistema de cargas públicas militares adoptado en Europa.

Semejante conclusión inesperada incita a meditar gravemente, pues, debe tenerse en cuenta que monsieur Moreau está muy lejos de ser un espíritu paradójico. Aquí concluyo esta noticia repitiendo: “y si lector dijeres ser”, comento, “como me lo contaron te lo “cuento”.


Aunque no, todavía tengo que hacer algunas reflexiones perfuncibrias (sic), inducido a ello por asociación de recuerdos y de ideas. Después de eso sí habré concluido el parágrafo.

Tenemos que mirar un poco atrás, a la época en que los Estados Unidos y España habían desenvainado la espada. Varios diarios franceses, entre ellos “La Patrie”, “Le Temps[4]“, “La France Militaire”, en reportajes muy largos algunos de ellos (el de “La France Militaire” duró tres días ocupando varias columnas), consignaron mis juicios sobre el “por qué” de la guerra. No era posible tener más telarañas que las que ofuscaban el criterio francés sobre ese “por qué” creyendo muchos, a pie juntillos, que los americanos del norte querían la independencia de Cuba por pura pasión liberal, sin cálculo ulterior, desinteresadamente, por desfacer entuertos a lo Don Quijote internacional. Me jacto, siendo como era partidario y amigo de España, de haber hecho sino cambiar totalmente la opinión, de haber hecho ver con claridad ciertos aspectos de la cuestión. Y me jacto más (vivimos mucho de estas satisfacciones platónicas), de haber pronosticado con acierto clarividente, aunque por España, cuya sangre castellana llevo en las venas, habría preferido mil veces equivocarme.

No me falta espacio. La hospitalidad de “El Diario” es amplia. Pero lo largo no cabe dentro de los lindes que me he trazado. Así, pues, tendrán ustedes que contentarse con dosis homeopáticas que extracto de mis apuntes impresos coleccionados.


Monsieur Moreau dice textualmente: “Sin querer absorber el continente meridional, el gabinete de Washington quiere reservarse en él monopolios “perfas et nefas”, y Napoleón III ha visto cerrársele las puertas de México por la presión del Norte. La doctrina de Monroe se resume así: Prohíbo a Ud. hacer lo que hago yo”.

Yo escribía en francés, hace diez años, cuando estalló la guerra hispano-americana, en “La France Militaire” (me traduzco a mí mismo):

“La doctrina Monroe[5] que los americanos del norte tienen la costumbre de “cacarear” tanto, doctrina en la que se han apoyado estos días para ponerse en campaña, no es ni más ni menos que una doctrina con “cuerdas” (á ficolles), según la explicación que se quiere dar de esta doctrina, tirar la cuerda buena –no hay más– es de lo que se trata”.

“¡La América para los americanos!”, dice en sustancia la doctrina Monroe. Pero, ¿a qué americanos?

A semejante pregunta no es posible dar sino una respuesta: “a los que son más fuertes”.

En mi librito “En vísperas[6]“, de hace tres años, yo decía: “Entre la declaración de Monroe (política a seguir) y lo que después se ha visto, –excursiones de contrabando en el terreno de los principios– hay un mundo”.

Agregaba muchas otras reflexiones; traía a colación lo que últimamente han escrito americanos de saber autorizados de los mismos Estados Unidos sobre las incoherencias de la “soit disant[7]” doctrina, que no es tal, porque doctrina es el conjunto de opiniones adoptadas por una escuela, o los dogmas profesados por una religión; y a esas reflexiones les agregaba, entre otras citas, lo que el presidente Palk[8] había manifestado, “que los Estados Unidos tienen “el deber de anexar territorios”, y lo que Mr. Blaine declaró a la faz del mundo: que los Estados Unidos son el único guardián” del tránsito por el istmo americano y el “árbitro” (es un protectorado) de las disputas entre los Poderes Latino-Americanos (!!).


Monsieur Moreau escribe: “Hoy día la Unión cae en el imperialismo. Uncle Sam declara que la América no le basta ya, que irá a tierra de África en protección de Siberia (cómico), a enredar en Marruecos, o en Asia, buscando algún provecho, en aliarse con el Japón. Va a abrir el canal de Panamá y verosímilmente hará pie en ambas riberas meridionales. Mr. Roosevelt se mete en todo”.

Yo escribía en “La France Militaire” demostrando “por qué” causas reales, materiales, –no sentimentales– es que los norteamericanos querían ver a Cuba independiente de España, dependiente de ellos en virtud de lo que llamaré la gravitación moral, yo escribía: “Cuba es al golfo de México lo que Gibraltar es al Mediterráneo. Como consecuencia de la posesión de esta isla, los Estados Unidos, los americanos dominarán sin disputas la navegación del mar de las Antillas, así como la del próximo canal interoceánico”.

Escribía más: “Para continuar sus éxitos marítimos, a los que les habrán tomado gusto, para extenderlos más, sobre todo para conservar sus nuevas adquisiciones, esperando siempre aumentarlas, la constitución de una flota formidable será decretada por la opinión pública americana y el gobierno de Washington no tardará en poner manos a la obra”.

Todo eso lo hemos visto ya, todo eso sigue viéndose y a los golpes de martillo que hacen retemblar los arsenales hay que agregar las disertaciones sabias del gran escritor marítimo Mahan[9], que, con un candor casi único, le remacha el clavo a lo que solo tiene un nombre: la moral del más fuerte.

La Europa se apercibe un poco tarde de que hizo mal en abandonar la España a su suerte, en lucha desigual.


Monsieur Moreau lo hace notar, yo, ya en la época a que me estoy refiriendo escribía en “La France Militaire”: “C’est la déchéance de l’ Europe, une défaite morale”.

Monsieur Moreau hace notar que los americanos del norte “son muy molestos”. Yo, ya lo escribí en aquel entonces usando esta expresión: “ils sont tres encombrants”; van a desequilibrar el concierto europeo, reclamando su parte en todo.

El profesor Izoulet[10] en el Colegio de France, con elocuencia y competencia, estudia, comenta las obras del ya citado Mahan y da algo así como un grito de alarma. “Tarde piace”. Hasta en Algeciras conferenciando está el gran país americano del norte, insaciable.


Monsieur Moreau habla en dos partes de la desmembración de lo que califica de gran imperio y de las deficiencias de su Constitución.

Yo, en “La France Militaire” ya encaré ese porvenir un poco remoto del punto de vista, complejo, conflicto de razas interno, conflicto de intereses entre los diversos componentes de la Unión, conflicto entre los ideales americanos de antaño y ogaño, recalcando sobre esto: los Estados Unidos de ahora no son los del tiempo de Washington y Franklin.

Monsieur Moreau, para dar fin a lo que me propuse decir abreviando en cuanto cabe, se detiene varias veces a reflexionar sobre las tendencias “expansionistas” de los Estados Unidos.

Yo escribía en “La France Militaire”: “La extensión de la Confederación de los Estados Unidos es desde hace tiempo su sueño”. Me acuerdo de haber leído, era yo capitán, que un miembro del Congreso de Washington gestionando su reelección les decía a sus presuntos electores (los aplausos fueron unánimes): “nuestra misión no estará concluida sino cuando contemos entre tras estrellas la Patagonia”.


Y este recuerdo coincide con algo que monsieur Moreau hace constar. Él y yo nos servimos (con diez años de intervalo) casi de las mismas expresiones, a saber: que el pueblo de los Estados Unidos toma fácilmente con los dientes el freno del entusiasmo (“s’emballe”). De ahí un peligro. Ese pueblo estupendo por su composición heterogénea, que habla varias lenguas, que tiene muchos órganos de publicidad, ignora, sin embargo, las cosas más elementales como, verbigracia, dónde está la Patagonia.

Hay un modo muy seguro de que lo tenga presente. Ya lo insinué en mi librito “En vísperas”. Eso necesitamos, no el “chaperón de la doctrina Monroe: la alianza entre Chile, la Argentina, el Brasil y el Uruguay. Bastaría esto. Hecho, y ahí tienen las líneas de una gran política. Nuestros estadistas argentinos, no nos llegarían estos ecos para mí (y lo creo para ustedes también) sumamente molestos que leo en “Le Temps”.

“Los Estados Unidos y la América Latina”.

Mr. Taft[11], ministro de la guerra, ha pronunciado el jueves en Chicago un discurso en el que declara que “según la doctrina Monroe, las fronteras de los Estados Unidos se extienden virtualmente hasta la Tierra del Fuego, es decir, hasta la extremidad de la América del Sur”.

“Los Estados Unidos necesitan para enviar cuerpos expedicionarios en socorro de todos los países americanos que pudieran ser invadidos. La marina, reducida a sus propias fuerzas, no podría luchar con ventaja contra ejércitos desembarcados en territorio americano”.

Lo que queda entre comillas, siendo textual, tiene un nombre: petulancia, y es un colmo de mal sentido internacional. No es en otros términos más que una variante de lo que decía el orador citado, postulando sufragios para volver al Congreso. Y el complemento referente a la Tierra del Fuego, “es decir, la extremidad de América del Sur”, es un comentario confirmatorio redundante de lo más arriba afirmado sobre la “ignorancia elemental” de la masa popular norteamericana. Nadie escribiendo aquí en Europa, ni entre nosotros, habría empleado esta albarda: Los filipinos, que pertenecen al archipiélago de Malaca en el mar de China. Lo desagradable (casi humillante) es, ¿quién le pone el cascabel al gato? ¿Quién se atreverá a decirle al gobierno de Washington: desaprobamos el lenguaje del ministro de la guerra Taft? No, no admitimos, ese “virtualmente”, protestamos; lo que el porvenir les reserve a los pueblos del Sur de América es asunto de ellos, no de anticipados entrometidos.


No terminaré, quiero, no puedo, sin decirles a ustedes el juicio de monsieur Moureau sobre la mujer americana del norte. Lo condensa así: “En el fondo son muy superficiales estas bellas de ultramar… En la escuela y en los cursos digieren mal un cúmulo de consideraciones para el uso del sexo débil y completan su educación leyendo cuanto les cae a la mano”.

Sobre este capítulo espinoso no tengo una opinión tan categórica como monsieur Moreau. Conozco los Estados Unidos bajo ciertos aspectos, los veo bien como con telescopio: ignoro el alma verdadera de la mujer americana del norte, que me parece más complicada que la de una española, una italiana, una francesa, una alemana, una inglesa, de las cuales algo sé por observación directa. “Et voilá”.


Me estoy diciendo: el lector habrá tragado lo antecedente con su santa paciencia. Pues a manera de algo que calma el tedio de los largos coloquios, sobre el mismo tema, ahí va algo que he leído ayer.

En la comida anual nocturna de la “Asociación Londinense de Correctores de la Prensa” bajo la presidencia de lord Montagu de Beaulieu[12], etc. etc., ponderando las aptitudes, casi el genio, que deben tener los correctores para descifrar las letras enredadas y corregir a los autores desgreñados, poco gramaticales se refirió este caso:

“Un autor francés escribió: el que quiere conocer el Amor debe salir de sí mismo (il faut sortir de soi)”.

El corrector, no hallándole sentido a la frase, la enmendó: Si alguien quiere conocer el amor debe salir de noche (il faut sortir le soir).

Lo que dice claramente, lo mismo que tantos otros ejemplos que citarse podrían, que hay corrector y “corrector trata”.


  1. Georges Pierre Moreau (Boissy-le-Sec, 1842–Marquette-lez-Lille, 1897) fue un sacerdote católico y autor francés. Entre sus obras (que van de 1880 a 1894) se destacan: La Iglesia de Francia y las reformas necesarias (1880), La pregunta clerical: el presupuesto para el culto (1881) e Hipnotismo (1891). (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/2737334).
  2. Este título aparece como “reeditado” en 1906. No hemos podido hallar el año ni la editorial de su primera edición.
  3. Édouard René Lefebvre de Laboulaye (París, 1811 – ibídem, 1883), conocido en los países de habla hispana como Eduardo Laboulaye, fue un jurista y político francés, diputado y posteriormente senador de la Tercera República francesa. Entre sus muchas obras, en general de corte ensayístico político o sátiras literarias, se destacan: París en Amérique (1863, bajo el nombre de doctor René Lefebvre), Contes bleus (1863), Le Parti libéral, son programme (1864), Le Prince Caniche (1868), La République constitutionnelle (1871). (Extractado y adaptado de VIAF: https://rb.gy/rwm2ph).
  4. Ver nota al pie de PB.05.03.06 o índice de publicaciones periódicas.
  5. Ver nota al pie de PB.10.01.06 o índice de eventos históricos.
  6. Mansilla, Lucio V. En vísperas. Paris: Garnier, 1904.
  7. “Según dicen”.
  8. James Knox Polk (Pineville, Carolina del Norte, 1795-Nashville, Tennessee; 1849) fue el undécimo presidente de los Estados Unidos. Gobernó de 1845 a 1849, representando al Partido Demócrata. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/90717491).
  9. Alfred Thayer Mahan (West Point, 1840Nueva York, 1914), fue un historiador y estratega naval estadounidense. Intervino fuertemente en la definición de una doctrina marítima expansionista y bélica para su país. Su obra The Influence of Sea Power upon History, 1660-17833​ (1890) tuvo mucha influencia en su época e impulsó a desarrollar una Armada poderosa. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/44302106).
  10. Jean Bernard Joachim Izoulet (Miramont-de-Quercy, 1854–París, 1929), fue un filósofo y catedrático de Filosofía social en el Collège de France. Entre sus obras se cuentan: La cité moderne et la métaphysique de la sociologie (1894), Renan et l’Angleterre, ou l’École de Manchester et la perdition de l’Occident (Paris: H. Floury, 1920), Sans Russie, pas de France! (Paris: H. Floury, 1920), La rentrée de Dieu dans l’école et dans l’État (Paris: Grasset, 1924). (Extractado de VIAF: https://viaf.org/viaf/41935597/).
  11. William Howard Taft (Cincinnati, 1857-Washington, D. C., 1930) fue el vigésimo séptimo presidente de los Estados Unidos (1909-1913) y presidente de la Corte Suprema (1921-1930). Perteneció al partido republicano. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/59091219).
  12. Henri Jean Baptiste Anatole Leroy-Beaulieu (Lisieux, 1842–Paris, 1912) publicista e historiador francés especializado en la historia de Rusia. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/61821143).


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