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EL DIARIO

Martes 10 de Julio de 1906

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, junio 15.

 

Con cierta timidez me remite su autor lo que él llama “Mi porta munición”.

Como se comprende, debe ser un militar, y, en efecto, es de un camarada, mucho más joven que yo (no es difícil) del que vamos a charlar un instante, o, mejor dicho, de sus “recuerdos de la vida de aspirante 1876-1877”.

Si este compañero de armas no es catamarqueño, raspando le pasa.

Entre paréntesis les diré a ustedes que contrariamente a lo que antes acontecía no me parece que sabe mucho ni poco latín, lo cual no quita que su librito sea legible.

Consigno lo dicho porque los antiguos frailes de Catamarca formaron muchos latinistas de mérito, base de cultura si no indispensable en extremo utilísima.

No sabe a derechas el autor de la referencia (al final diré cómo se llama), si la evocación e impresión de sus recuerdos serán provechosas en algún sentido, y yo le digo que ha hecho bien en escribirlas en la forma y modo de narración sencilla que tienen.

Desde luego que mi sensación es esta: he ahí un relato veraz, sin zarandajas de pedante, que contiene mucha más ilustración histórica de lo que el relator se imagina. El escozor de escribir es una cosa y la idea de filosofar es otra.

Resulta del contenido de “Mi porta munición” que en su cuerpo se daban verdaderos tormentos con este arte casi científico, y que una vez más tenemos que reconocer sarcástico el hecho ante el artículo 18 de la Constitución que manda: “Quedan abolidas para siempre la pena de muerte por causas políticas, toda especie de tormento y los azotes”.

Y resulta algo más que dada la manera como ahora se recluta nuestro ejército –ya no son muchos los que pueden montar mulas “chúcaras”– y todavía resulta que si así seguimos pronto hemos de olvidar a montar a caballo a la criolla, lo que ustedes resolverán si será un progreso o lo contrario.

Confieso que en estos productos suelo hallar poca literatura al lado de mucha materia para hacerla y que siendo así me quedo con la sustancia, con los hechos, debiendo entenderse que cuando digo literatura hablo como el hombre de la calle.

En cuanto al autor, cuyo nombre ignoro, como ustedes, pues no firma poniendo solo “Catamarca, marzo 6 de 1905” y advirtiendo que lo que me manda es una segunda edición revisada, la primera que impresa en Córdoba, en cuanto autor que refiere con Martín Fierro.

“Males que conocen todos

Pero que nadie contó…”.

Siga, sin preocuparse mucho del qué dirán.

De lo que se escribe con formas más o menos concretas y sapiencia puede decirse como en química, nada se pierde, nada se crea (los hechos han sido), y así se va formando y acumulando el tesoro nacional histórico, literario, artístico, y el cuento se hace con el revólver del tiempo novela y la leyenda popular canto épico; y por si ustedes quieren la idea de otro modo, les recordaré el dicho de Goethe: “la historia de la civilización es como una gran fuga en la que la voz de todos los pueblos se hace oír a su vez”.

Por consiguiente, al lado de las obras de grandes vuelos caben las ramplonas. El sabio enseña y el ignorante también y a veces le enseña al sabio mismo.

Días pasados una francesa iletrada me hizo saber, confieso mi ignorancia (¿y uds?), que “caramillo” significa no solo “chisme” sino que es el nombre de un instrumento; de ahí que a los “porotos” les llamen por antonomasia “caramillo” en español y “flageolet” en francés.


En lo que llamaré mis lecturas policromas, con el lápiz de dos colores en la mano (azul y rojo, ya saben ustedes para qué uso diverso), suelo dar con algunas frases que siempre pensando en lo mismo me hacen discutir de aquesta manera (¡qué acicate el recuerdo de la patria!): no, esto no lo dejaré pasar inapercibido, es preciso que lo comunique a mis lectores de por allá, son los que me preocupan, para que mediten…

–La tierra es la fuente o la materia de donde se saca la riqueza; el trabajo del hombre es la forma que la produce y la riqueza en sí misma no es otra cosa que el alimento, las comodidades y las satisfacciones materiales de la vida.

–Solo el precio del mercado puede hallar la proporción del valor del oro a la plata, así como todas las proporciones de los valores.

–Cada país tiene su economía política que depende de sus circunstancias físicas y de su carácter nacional.

–La enorme riqueza de los Estados Unidos ha sido creada por la libertad y la energía del tráfico interno operando sobre recursos naturales de abundancia sin ejemplo.


Creo al contrario de Catulle Méndes[1], que las mujeres sirven para algo más que “arreglar” la casa, que tienen derecho a votar en las elecciones populares…Y después, ¿no querrán gobernarnos, quitándonos los calzones?


La cuestión, una de las cuestiones que en estos momentos fecundos en novedades se halla a la orden del día, es esta:

¿Tienen los obreros el derecho de concertarse por medio de coaliciones temporales o de asociaciones permanentes para abstenerse de trabajar?

La contestación es afirmativa.

Pero con esta reticencia explícita:

Los industriales o empresarios tienen a su vez el derecho legítimo de suspender o cesar aisladamente o poniéndose de acuerdo, las empresas cuyos gastos costean corriendo los riesgos.

Como se ve son dos derechos paralelos, un contrato bilateral con dos cláusulas implícitas.

En Alemania, a medida que la industria ha ido creciendo, empeñosamente se ha buscado el modo de refrenar el abuso de las huelgas.

Así el número de los “lock out” ha doblado allí desde hace dos años (254 en 1905 contra 120 en 1904), y las organizaciones patronales se multiplican.

Dos federaciones centrales, la Unión de las Asociaciones patronales alemanas y la Liga de las industrias alemanas, ligadas entre sí por un cartel o compromiso, agrupan numerosas uniones constituidas, ya sobre la base regional (Unión patronal de Hamburgo-Altona, Unión para la protección de los intereses mineros del distrito de Dortmund, etc., etc.), ya sobre la base profesional (Unión de la industria del fierro, Unión de las cervecerías del Rhin y de Westfalia, etc. etc.); estas uniones tratan para sus miembros de las respuestas que deben darse a las reclamaciones obreras.

En este medio ha nacido el “seguro” contra el riesgo de la huelga, ya por medio de sociedades especiales como la sociedad de indemnización mutua de Leipzig, Unión de los industriales alemanes de la metalurgia para reparar los perjuicios causados por las huelgas, mañana quizá la Unión de las sociedad para indemnizar en tiempo de huelga: aquí ensayando el seguro estricto que garantiza a los asegurados un derecho cierto a la indemnización, allí y con más frecuencia concediendo subvenciones fijadas libremente según las circunstancias; unas y otras limitando con prudencia y habilidad las indemnizaciones a una parte del perjuicio, alimentando sus reservas por verdaderas primas proporcionales al valor asegurado, y, sosteniéndose mediante combinaciones de seguro (una doble seguridad), en una serie de agrupaciones jerárquicas.

Ya lo ven ustedes, los alemanes no soslayan las cuestiones prácticas; allí donde aparece una enfermedad, lo que buscan no son paliativos sino el remedio profiláctico.

Como ahí en mi tierra nos estamos anticipando a una porción de dificultades, –por prurito de imitación– y diríase como si no tuviéramos otra cosa mejor que hacer, bueno es que tomen nota de estos expedientes trascendentales.

Prever es en estos negocios lo mismo que en otros es seguridad.

No hay que olvidar que la multitud va con preferencia del lado de las seducciones y no del lado de los intereses bien entendidos. Explotarla no es tan es difícil. Ya en un camino se quiere hasta el fin. A los que piden ocho horas de trabajo se les dice: es mucho, que ya Benjamín Franklin afirmaba que cuatro horas de trabajo serían bastantes para atender a todas las necesidades de la humanidad.

Y como el ingenio del hombre no tiene límites paradójicos, monsieur Henri Beaumont[2] cree haber probado en “L’Economiste Français”[3] que en las condiciones mecánicas de los Estados Unidos el trabajo de siete hombres basta para cultivar el trigo y recogerlo, molerlo y convertirlo en el pan que es necesario para alimentar a mil hombres.

De manera que por una serie de cálculos aritméticos se puede legar a saber, partiendo de esa base, que no hay que exigir a cada hombre más que “once minutos” de labor diaria.

Si esto no se llama ser reaccionario que me claven en la frente, otra demostración, y en cuanto a la probabilidad de ver desmentido el refrán del dicho al hecho hay un gran trecho, es muy sencillo; según estos visionarios, que pueden apelar hasta la revolución por la violencia, bastará reformar reorganizándola íntegramente la sociedad existente, abolir lo tuyo y lo mío, mediante reparticiones en extremo caritativas (sic); de modo que ya pueden irse ustedes atando los calzones.

El “beati possidetis[4]” evangélico que Bismarck aplicó a su manera, tendrá nuevos intérpretes si, así como corre la bola por acá rueda en otras partes.


Tengo a pecho informarlos a ustedes de todos los descubrimientos, o rectificaciones históricas que de la noche a la mañana nos brinda como sorpresa el espíritu de averiguación minuciosa.

Hemos visto no hace mucho a Nerón y Agripina y a otros con inesperado disfraz. Ahora se trata de un “proyecto de Totila” (lean ustedes bien), Totila que fue rey de los godos, de los cuales tenemos ahí alguna sangre.

Mr. Salomón Reinach[5] dice que durante el intervalo entre las dos conquistas de Italia por los bizantinos, reaccionó aquel, contra la política de asimilación seguida por Teodosio y sus sucesores. Agrega que hasta tuvo la idea de abolir en Italia la lengua latina y de hacer que se enseñara, en reemplazo, la de los godos por profesores de esta nación.

Nada de esto se lee en ningún autor griego, es cierto, ni latino de los que conocemos.

Pero Mr. Reinach hace ver que el cardenal Juan de Medicis[6], más tarde León X, obtuvo a este respecto un testimonio en un manuscrito griego, perdido a la hora de esta, que citó ante un humorista del tiempo, Alcyonius[7], que nos lo ha trasmitido.

Solamente el futuro papa atribuye el proyecto en cuestión a Atila, que no podía, siendo huno de nación, pensar en volver a tomar la lengua gótica, y que por otra parte nunca fue dueño de Italia.

Hay pues una corrección que se impone, esta: Totila por Atila.

Y ahí el texto más antiguo conocido sobre la enseñanza oficial de una lengua germánica y el primer ejemplo de una tentativa de los bárbaros para combatir la supremacía del latín.


  1. Ver nota al pie de la PB.20.04.06 o índice onomástico.
  2. Quizás se trate del diplomático británico Beaumont, Henry Hamond Dawson, Sir (1867-1949), autor de A journey to the Diamond Fields of Minas Geraes and Remarks on the province of Minas Geraes (London: Great Britain Foreign Office, 1899). (Extractado de: https://bit.ly/2Zmmxws).
  3. L’Économiste français fue un periódico hebdomadario y económico fundado por Jules Duval en 1862 y vigente hasta 1870. Para ver archivos del diario, puede consultarse en la sección “Presse” de Gallica: https://bit.ly/35qNFhI.
  4. “Propiedad feliz” es la traducción literal.
  5. Salomón Reinach (Saint-Germain-en-Laye, 1858 – Boulogne-sur-Seine, 1932) fue un filólogo, traductor e historiador del arte. Entre sus obras, cabe mencionar: Manual de filología clásica (1880-1884), Gramática latina (1886) y, sobre todo, Orpheus (1909), en donde plasma una visión general de la historia de las religiones. Por otro lado, se destacó en su enardecida defensa de Alfred Dreyfus lo que le valió perder su silla de diputado. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/59088392).
  6. Juan de Médici o Giovanni de Médici (en italiano) o Giovanni de las Bandas Negras o Giovanni dalle Bande Nere (en italiano) (1498-1526) fue un célebre condotiero italiano del Renacimiento. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/67276483).
  7. Pietro Alcionio (Venecia, 1487-Roma, 1527), fue un humanista y académico italiano. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/27280720).


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