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EL DIARIO

Viernes 19 de Enero de 1906

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, diciembre.

 

En el momento en que me pongo a escribir, la política interna inglesa entra en un período que no puedo calificar sino de actividad expectante. No será largo. Cuando sir Henry Campbell Bannerman[1] haya disuelto el parlamento y sometido al país su programa será lo que sea. Hasta entonces toda profecía es fútil y pretenciosa. Para completar en parte mis informaciones sucintas anteriores sobre este particular, he aquí la lista de los sueldos (salarios dicen los ingleses) asignados por la ley a cada miembro del gabinete.

Lord canciller, sir R. T. Reid £10.000 (£6000 como lord canciller y £4000 como presidente de la cámara de los lores).

Primer ministro, primer lord de la tesorería, presidente del comité de defensa, Sir H. Campbell Bannerman £5000 como primer lord de la tesorería, no teniendo sueldo los otros empleos.

Lord presidente del consejo, el conde de Crewe, £2000.

Lord del sello privado, marqués de Ripon, no tiene sueldo.

Secretario del interior Mr. H. Gladstone, £5000.

Secretario de las Colonias, el conde de Elgin, £5000.

Secretario de la guerra, Mr. Haldane, £5000.

Secretario de la India, Mr. John Morley, £5000.

Canciller de hacienda (del Exchequer), Mr. Asquith, £5000.

No es fácil conocer el porqué de ciertas costumbres inglesas. De manera que ignoro por qué los otros ministros se denominan «secretarios» y el de hacienda canciller. En tanto lo averiguo se observará que el «salario» es el mismo.

Primer lord del almirantazgo, Lord Tweedmouth, £4500.

Secretario de Escocia, Mr. J. Sinclair, £2000.

Antes de proseguir haré notar que los ingleses emplean en donde nosotros ponemos la preposición «de», la preposición «para» que denota el fin de una cosa, la cual es quizá más racional que el «de» posesivo, aunque también es cierto que denota la materia de aquella.

Presidente del consejo de comercio, Mr. Lloyd George, £2000.

Presidente del consejo del gobierno local, Mr. John Burn, £2000.

Presidente del consejo de agricultura, conde Carrington, £2000.

Presidente del consejo de educación, Mr. A. Birrel, £2000.

Director general de correos, Mr. S. Buxton, £2500.

Canciller del ducado, Sir H. Fowler, £2000.

Secretario en jefe para Irlanda, Mr. Bryce, £4425.

Lugarteniente de (aquí es «de», no «para») conde de Aberdeen, £20.000 (veinte mil).

Lord canciller de Irlanda, lord Justice Walker, £8000.

Primer comisionado de obras, Mr. L. V. Harcourt, £2000.

Algunos personajes que han ocupado altos puestos son «pensionados». En este caso no son elegibles. En otros casos (la ley de pensiones, qué digo, las leyes de pensiones son curiosas y complicadas en Inglaterra), en otros casos, las pensiones se suspenden mientras el pensionado acepta el desempeño de un empleo cualquiera.


–Si el amor calculara podrían medirse sus consecuencias.

–Como regla es más fácil disimular lo que más complace que ocultar lo que nos mortifica.

–Hay gentes que creen que porque se mueven son hombres de acción.


José María de Heredia[2], he ahí un nombre simpático, interesante, ejemplar sobre todo para la generación que admiró a su maestro Leconte de Lisle[3].

Ninguno de ellos era nacido en Francia. Leconte de Lisle era «criollo» de la isla de Borbon y Heredia, español, nacido en Cuba. Y sin embargo nadie manejó mejor que ellos la lengua de Racine. Y es una curiosidad, y un caso instructivo para los que pretenden suplir la calidad con la cantidad, que Heredia fue famoso durante veinticinco años, antes de que publicara un solo libro. Meses y meses trabajaba y trabajaba antes de darle forma definitiva, antes de acabar de cincelar un soneto; y él realiza así en las letras el mínimum de producción y el máximum de crédito literario, y realiza también una rareza, que ha pasado a mejor vida dejando el recuerdo más amable como hombre social, como hombre de letras y de consejo, sincero cuando los menesterosos de reputación acudían a su casa de maestro sin disputa; maestro que encarna, añadiré, otra curiosidad artística: su gran obra, la de mayor aliento sostenido, Les Trophées, es una traducción de la autobiografía de la monja marcial Doña Catalina de Erauso (1604), que él completó con una brillante introducción poniéndola en prosa bajo el título de la «Monja Alférez».


Vivimos de impresiones perturbadoras de la conciencia anterior que tenemos de las cosas humanas.


Ni siquiera un epitome, dirá el lector, sobre la disputa entre Francia y Alemania, ¡disputa que ha puesto en peligro la paz del mundo!

Pues ni eso siquiera no cabiendo dentro de los estrechos lindes de estos apuntes a manera de índice.

Hay que contentarse con una síntesis cerrada que reduzco a esto: salió a luz el reclamado y esperado «libro amarillo» refiriendo cómo es que Francia ha sido moderada y agria Alemania, al discutir la cuestión de Marruecos, causa de la dimisión de T. Delcassé[4].

Son recuerdos, digamos, que causan cierta penosa impresión haciendo revivir la memoria de Dido, Eneas y la caída de Troya.

Lo que no se sabrá nunca, me parece, de un modo positivo es por qué el príncipe de Bulow[5], prototipo de moderación, ha estado tan agresivo.

Sea de ello lo que fuere «all is well that ends well», y la conferencia de Algeciras, que no será el reparto del león, pondrá punto final a este episodio, confirmando así lo que no ha mucho me decía mi amigo el general Türr: «la paix armée c’est la peur armée», que el poeta épico dijo bien cuando cantó: «que el miedo es natural en el prudente… y el saberlo vencer es ser valiente».

Esto es todo y no hay más para que se vea que los legajos encerrados en los grandes armarios de las cancillerías pueden caber en el hueco de una cáscara de nuez.


M. Rouvier[6] para eliminar todos los equívocos, ha manifestado finalmente en un discurso tan elocuente como conciso que la Francia no pretende Marruecos más que otras potencias, que solo quiere seguridades para su colonia de Argel, lo que es muy justo, y que, como acaba de ponerlo de manifiesto en el ya mentado, su política es de paz, de concordia y de lealtad.


A los que aman las investigaciones retrospectivas les recomendaré el último volumen del gran publicista ruso de Martens[7], reseña histórica anecdótica de tratados (1807 hasta 1820) en la que Napoleón y Alejandro I se destacan como dos modelos de duplicidad trascendental. Uno y otro confirma el dicho de Chamfort[8], que en este mundo, tan lleno de maravillas, tenemos tres clases de amigos: los que nos «aman», los que no se «curan» de nosotros y los que nos «detestan».


  1. Henry Campbell-Bannerman (Glasgow, 1836–Londres, 1908) fue un estadista británico, líder del Partido Liberal, Primer Ministro desde diciembre de 1905 hasta abril de 1908, luego de Arthur Balfour. Firme defensor del libre cambio, la autonomía irlandesa y de la mejora de las condiciones sociales. Tras la derrota electoral de 1900, consiguió una victoria arrolladora en las elecciones de 1906, en donde los liberales obtendrían su última victoria por mayoría absoluta en la Cámara de los Comunes. Durante su gobierno se introdujo legislación por la cual los sindicatos no se harían responsables de los daños producidos durante las huelgas, además de introducir comidas en los colegios para todos los niños, creó la primera pensión otorgada por el Estado a todos los mayores de 70 años y otorgó poder a las autoridades locales para adquirir tierras dedicadas a la agricultura de propietarios privados, asimismo, legisló medidas sobre desempleo, seguros de enfermedad y un sistema médico gratuito para asalariados. Terminó renunciando por problemas de salud, y fue sustituido por su canciller, H. H. Asquith. Algunos historiadores consideran que Campbell-Bannerman estableció las bases para el desarrollo de las «grandes reformas liberales» de principios del siglo XX, sin las cuales no hubiera surgido el Estado del Bienestar en el Reino Unido. En virtud de este importante legado de reformas sociales, se lo considera «el primer y único Primer Ministro radical británico», y el mejor líder dentro de los cuatro líderes que tuvo el Partido Liberal británico (Gladstone, Rosebery, Sir Henry Campbell-Bannerman y Asquith). (Extractado y traducido de Liberal Democrat History Group for the Study of Liberal Democrat, SDP and Liberal History. En línea: https://bit.ly/2Fqm2Kw).
  2. José María de Heredia Girard (Santiago de Cuba, 1842–Yvelines, 1905) fue un poeta y traductor francés de origen cubano, una de las principales figuras del parnasianismo. No debe ser confundido con el también poeta cubano José María Heredia (1803-1839). En 1863 conoció a Leconte de Lisle, su maestro, al cual dedicaría en 1893 su volumen de sonetos Les Trophées [Los trofeos]. Desde 1866 fue asiduo colaborador de la publicación Parnaso contemporáneo, en la que se incluye su célebre poema épico, “La desesperación de Atahualpa”. Sus poemas han aparecido en revistas como Revue des Deux Mondes, Les Temps y Le Journal des Débats. Además de destacado poeta parnasianista, contribuyó con sus traducciones de obras del español al francés a la difusión en Europa de la literatura colonial hispanoamericana. Entre sus traducciones más importantes se hallan la de la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo y la de Historia de la monja alférez, memorias de Catalina de Erauso. (Extractado y traducido del sitio oficial de L’Académie française. En línea: https://bit.ly/3m0QlZn).
  3. Charles Marie René Leconte de Lisle (Saint-Paul, 1818–Voisins-le-Bretonneux, 1894) fue el principal exponente del Parnasianismo en Francia, poeta y dramaturgo posromántico y un conocedor de la cultura griega antigua, de la cual tradujo obras de Homero, Eurípides, Horacio, Esquilo y Sófocles. Tras dos intentos fallidos, no logró ser electo miembro de la Academia Francesa, a pesar de haber contado con el apoyo de Victor Hugo. Historiador del cristianismo (Histoire populaire du christianisme, 1871) y de la Revolución francesa (Histoire populaire de la Révolution française, 1871), algunos de sus sonetos fueron recolectados y editados póstumamente por su discípulo, José María Heredia Girard, en el libro Derniers poèmes (editado en 1895 en París por Alphonse Lemerre). (Extractado y traducido del sitio oficial de L’Académie française. En línea: https://bit.ly/3bIEpXx).
  4. Théophile Delcassé (1852–1923) fue un político francés del partido radical, nombrado canciller entre 1898 y 1905. Se destacó por su oposición a Alemania y sus esfuerzos por concretar las alianzas con Rusia y Gran Bretaña, precursoras de la que luego se llamó Entente Cordiale, una serie de acuerdos iniciados en 1904 entre Inglaterra y Francia. Era un muy cercano a Léon Gambetta (1838-1882). (Extractado y traducido de Porter, Charles Wesley. La carrera de Théophile Delcassé. Pennsylvania: University of Pennsylvania Press, 1936). Disponible en: https://bit.ly/3m74wfy).
  5. El príncipe Bernhard Heinrich Karl Martin von Bülow (1849-1929) fue un estadista alemán, sucesor del príncipe Clodoveo de Hohenlohe-Schillingsfürst como canciller del Imperio alemán desde 1900 hasta 1909. Famoso por su espíritu bélico, su mandato se caracterizó por la obsesión en el aumento de recursos militares tendientes a convertir a Alemania en potencia mundial. Se le atribuye la frase: “To the meaningless French idealisms: Liberty, Equality and Fraternity, we oppose the three German realities: Infantry, Cavalry, and Artillery”. (Extractado y traducido de «Prussian Army of the Napoleonic Wars», en línea: https://bit.ly/33gaLVw).
  6. Maurice Rouvier (Aix-en-Provence, 1842–Neuilly, 1911) fue un banquero y político francés, perteneciente al grupo conocido como los Oportunistas, de corte liberal moderado. Fundó el periódico republicano L’Égalité en 1870. Elegido Primer Ministro de Francia en 1887 y entre 1905 y 1906. Fue también Ministro de Finanzas de Francia durante la presidencia de Léon Gambetta en 1867. Es recordado por sus políticas impopulares tendientes a evitar un conflicto con Alemania. En cuanto a la política exterior, su ministro Théophile Delcassé había llegado a un acuerdo secreto con España con respecto a la cuestión marroquí, lo que Rouvier le reprochó y éste renunció. Sus políticas exteriores, sobre todo en torno a la llamada “cuestión marroquí” son consideradas de marcado favoritismo hacia Alemania. En 1905 asumió la dirección del Ministerio de Relaciones Exteriores luego de que Théophile Delcassé renunciara tras el conflicto franco-alemán alrededor de Marruecos.
  7. Fedor Fedorovich Martens (1845-1909) fue un humanista ruso, diplomático y jurista especializado en Derecho Internacional. Representó a su país en las Conferencias de la Haya de 1899 y 1907, (donde redactó una cláusula famosa, hoy conocida como “Cláusula Martens”). Profesor en la Universidad de San Petersburgo, su mayor contribución académica fue la edición de una obra en 15 volúmenes que reúne todos los tratados internacionales firmados por Rusia entre 1874 y 1909. (Extractado y traducido de la entrada Fedor Fedorovich Martens (1845-1909), de la Peace Palace Library, Hague. En línea: https://bit.ly/2DIWsA3).
  8. Sébastien-Roch Nicolas, (seudónimo: Nicolás de Chamfort), (Clermont-Ferrand, 1741–París, 1794) fue un escritor moralista francés, lúcido y escéptico, miembro de la Academia francesa desde 1782. Entre sus obras se destacan las siguientes piezas de crítica literaria: Éloge de Moliére, couronné (1769), Éloge de La Fontaine (1774). En 1795 su amigo Pierre Louis Guinguené recopila sus dichos y máximas en el volumen Máximes, caractères et anecdotes, a partir de material recopilado de las notas manuscritas del autor. Algunos historiadores de la literatura fancesa lo consideran, por la amargura de sus escritos, un predecesor de voces como Ambrose Bierce y George Bernard Shaw. (Extractado y traducido del sitio oficial de la Académie Française. En línea: http://www.academie-française .fr/les-immortels/les-quarante-aujourdhui).


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