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EL DIARIO

Jueves 1 de Febrero de 1906

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, diciembre 30 de 1905

 

El señor Emilio Ollivier[1], hablando de la actitud que debe observar el clero respecto a la ley de la separación, hace algunas observaciones y da algunos consejos.

La ley es mala, dice, pero con la esperanza de poder revisarla, es preciso tratar de sacar de ella el mejor partido posible.

La política de todo o nada ha producido siempre deplorables efectos, cuando no pudiendo tener todo, se resigna uno con altivez a no tener nada.

Servirse de una ley no es la misma cosa que aceptarla, es decir, adherir a ella con toda conciencia; y, por otra parte, que se la acepte o no, no por eso deja de existir. Yo no vacilo en creer que se deben aceptar las «pensiones» y crear las asociaciones «cultuales» (como español los franceses solo tienen «culte», «culto», y han adoptado «cultuelles»).

Las pensiones no son don que uno recibe: es una porción de la propiedad que nos pertenece; que se nos deja. Rehusarla sería decir: «como no nos habéis despojado bastante, guardad todo, señores».

Al papa, que poseía cierta extensión de territorio, solo le dejaron el Vaticano y Castellgandolfo. ¿Los rehusó? ¿Se le ocurrió la singular idea de contestar: «puesto que me habéis tomado algo, tomadlo todo»?

¿Por qué entonces exigirles a los pobres padres que discurran de otro modo?

La autoridad del señor Emilio Oliver es grande; ¿será escuchado?


«Tout passe».

El día de año nuevo el presidente de la república francesa recibirá como de costumbre al cuerpo diplomático.

Pero ya no se verá, presidiéndolo, al nuncio apostólico (no existe) considerado en todas partes decano «honorario» de dicho cuerpo, en cuyo nombre hablaba, como regla, con tacto admirable.

Tampoco se verá a los grandes dignatarios de la iglesia católica, presididos por el arzobispo de París, ofrecerle al primer magistrado del país, sus respetos y hacer votos por su salud y prosperidad.

Otro efecto de lo que imperfectamente se llama la separación de la iglesia y del estado.

En primer lugar, no es una sola la iglesia, sino que son varias iglesias las que han sido separadas, y en segundo, gramaticalmente hablando, debiera decirse separación de la iglesia del estado, o viceversa.

En cuanto al protocolo, habrá que reformarlo aquí, lo cual no dejará de ofrecer sus dificultades siendo como son, tan espinosos estos negocios de representación y precedencia.


El «libro blanco» que acaba de publicar el Vaticano[2] demuestra que la política de monsieur Combes[3]fue separación a todo trance, de modo que no ha habido cómo evitar sus consecuencias. Es decir, que se ha hecho lo que la mayoría del pueblo francés no quería.


No sé si ustedes recordarán lo que días pasados escribí sobre los rumores de guerra que circulaban y que todavía circulan.

Una de las más acreditadas revistas de Europa, «The Spectator»[4], confirma mi opinión en estos términos.

La nerviosidad y el temor que se han manifestado este verano en la opinión francesa han desaparecido completamente. Una revista de la situación militar hace ver que jamás el ejército francés ha sido tan formidable, y el pueblo francés arriba a reconocerlo.

(Algo parecido a esto le dije estando en Buenos Aires a mi ilustrado amigo el doctor Bibilone, que es el abogado que más a fondo sabe cosas de guerra, por las que tiene una pasión grande, pasión que alguna vez me ha hecho pensar: ¿este distinguido jurisconsulto no habrá errado su vocación?).

«The Spectator» continúa:

«Si la Francia se hallare completamente aislada, temeríamos que la tentación de obrar en el acto arrastrara al gobierno alemán, que a despecho de su fuerza aparente, es un gobierno nervioso; pero la Francia no se verá aislada mientras no desee ni provoque la guerra, mientras haga lo posible para preservar la paz, y si es obligada a aceptar la guerra, la Alemania sabe que la Gran Bretaña se pondría al lado de la Francia».

Agréguese a estas ligeras consideraciones de la gran revista inglesa las palabras cordiales, puede decirse, del emperador de Alemania, las que se le atribuyen al menos, y las parecidas que se dice ha proferido el rey Eduardo, y persistir en que no ha de seguir la fiesta en paz, hoy por hoy, me parece una manía.


También el señor Brunètiere[5], interrogado, ha resumido su opinión, coincidiendo con el señor Ollivier, citado más arriba, en estos términos:

«En la hora actual yo estoy como todos los católicos, me inclino a “acomodarme” con la ley, mas no a aceptarla».

Los católicos deben tener fe en el porvenir, y demostrar que están dispuestos a defender su causa».


Los signatarios del manifiesto «anti-militarista» acaban de ser condenados por el jurado del Sena con una extrema y legítima severidad.

Monsieur Gustave Hervé[6], el profeta, encabeza la lista con cuatro años de prisión. Monsieur Urbain Gohier[7], tan ruidoso, sale mejor parado, es curioso, por haberlo acusado su jefe de no estar completamente purgado del «virus patriótico».

Solo los caballeros Amilkar Ciprian[8] y la señorita (¡) Numieska han sido absueltos.

Evidentemente el jurado no ha visto inconveniente capital en que un italiano y una polaca sean malos franceses.

Esta sentencia firme, de la que se dudaba, satisface y aplaca la opinión.


Mr. Balfour[9], hablando la otra noche al inaugurar el «meeting» de la campaña electoral unionista en Londres, dijo que se aventuraba a sugerir que si el primer ministro (su sucesor Campbell Bannerman[10]), haría muchos discursos parecidos al de Albert-hall, con el que había deleitado a sus oyentes, mucho sería lo que descontentaría al país, mucho más de lo que él y sus amigos se imaginaban.

La reforma fiscal, a su juicio, era la gran cuestión con la que tendría que hacer el partido unionista volviendo al gobierno.

Planteada en sus términos más simples ahora ante el país, la consulta electoral próxima era:

¿Tendremos Home Rule[11]? Es decir, una Irlanda casi independiente.

Él pensaba como la inmensa mayoría de sus conciudadanos, que desterrar la religión de las escuelas elementales, la religión, sería descorazonar el sentimiento religioso.

Que por consiguiente la solución de la ley de 1902 era lo mejor, aunque no realizara un ideal.

Con que así poco tardaremos en ver el veredicto electoral del país, que no siempre significa la sanción parlamentaria, estando al caer las elecciones.


  1. Émile Ollivier (Marsella, 1825–Saint-Gervais-les-Bains, 1913) fue un abogado, político e historiador francés republicano, opuesto al emperador Napoleón III en sus inicios, gestor de una serie de reformas liberales. Entró en el gabinete y fue Primer Ministro de Francia cuando Napoleón cayó. En virtud de su producción como historiador, fue nombrado miembro de la Academia Francesa en 1870 pero nunca ocupó el cargo. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/59093008).
  2. “El libro Blanco del Vaticano”. España y América 4.1 (1906): 161-166.
  3. Émile, Justin, Louis Combes (Roquecourbe, 1835–Pons, 1921) fue un político francés de la Tercera República, presidente del Consejo de Ministros entre 1902 y 1905. Tras recibir una educación religiosa y formarse durante varios años en teología, literatura y medicina, Combes decide dedicarse a la política. Su ideología es liberal, democrática y profundamente anticlerical. En mayo de 1902 es nombrado presidente del Consejo de Ministros, dentro de la presidencia de Émile Loubet. La gestión parlamentaria de Combes se considera uno de los momentos culminantes del anticlericalismo republicano francés. Había frecuentes movilizaciones en favor de la Ley de Separación de la Iglesia y el Estado y acciones contra las prácticas católicas, como las procesiones, protagonizadas por los librepensadores, en las que se produjeron numerosos incidentes sociales. En esta campaña anticlerical Combes se convierte en su símbolo y en su héroe, mientras que para los católicos es la encarnación del diablo. (Extractado y traducido de Lalouette, Jacqueline (2004). «Émile Combes, portrait d’un anticlérical». L’Histoire (289). En línea: https://bit.ly/32gDA57).
  4. The Spectator es una revista inglesa fundada en 1828 y aún vigente (en línea: https://www.spectator.co.uk/). Sus ámbitos principales son la política y la cultura. Su línea editorial es conservadora y de centro-derecha. Sus archivos están disponibles en línea: https://bit.ly/35kCLKe y en The British Newspaper Archive: https://bit.ly/3k3c4xM.
  5. Ferdinand Brunetière (Tolón, 1849 – París, 1906) fue un escritor y crítico literario francés, asiduo colaborador de la Revue des Deux Mondes, que dirigió desde 1895 hasta su muerte. Es considerado tributario del positivismo, sobre todo en virtud de su teoría de la “evolución de los géneros”, con clara influencia del darwinismo. Adversario de muchas escuelas literarias de su época, Brunetière escribió contra Zola su libro La novela naturalista. Entre sus ensayos más célebres, se destacan: Manuel de l‘histoire de la littérature française (1897), La evolución de la crítica, La evolución de la poesía lírica en Francia durante el siglo XIX, Historia de la literatura francesa clásica. Ciencia y religión, y su estudio acerca de Honoré de Balzac (1905). Librepensador al principio, a lo largo de su vida se fue afianzando su evolución hacia el catolicismo, lo cual provocó muchas controversias; de esta orientación religiosa constituyen testimonios Sur les chemins de la croyance (1904) y, con carácter póstumo, Lettres de combat y Discours de combat. (Extraído y adaptado de Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). En línea: https://www.biografiasyvidas.com/biografia/b/brunetiere.htm).
  6. Gustave Hervé (Brest, 1871- París, 1944) fue un publicista y político francés de orientación socialista y posturas antimilitaristas. Sus artículos pueden consultarse en línea en la Biblioteca Nacional de Francia: https://bit.ly/32egNGX.
  7. Urbain Gohier (uno de los seudónimos de Urbain Degoulet, el otro fue Isaac Blümchen), (Versalles, 1862–Cher, 1951) fue un abogado, periodista y prolífico escritor francés, amigo de Emile Zola y favorable a Dreyfus y a la causa semita. En 1898 fue procesado tras la publicación de su panfleto antimilitarista El ejército contra la nación. (Extractado y traducido de Dictionnarire des Militants Anarchistes. En línea: https://bit.ly/3bMdwSj).
  8. Probablemente se trate de Amilcare Cipriani (Anzio, 1844 – París, 1918), un patriota anarquista italiano. Puede consultarse información sobre él en la Enciclopedia Treccani.
    En línea: https://bit.ly/2Fj7BrO.
  9. Para información biográfica de este personaje, ver la nota al pie de la Página Breve publicada el 10 de enero de 1906. De aquí en adelante, remitiremos a notas al pie de artículos anteriores indicando simplemente las siglas PB (por “Páginas breves”) y la fecha de publicación con el formato “día.mes.año” (en este caso, “PB.10.01.06”). También, agregaremos “índice onomástico” para los nombres que se encuentren allí descriptos.
  10. Ver la nota al pie PB.19.01.06 o índice onomástico.
  11. Ver la nota al pie PB.10.01.06 o índice onomástico.


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